41182(04-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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      CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado  acta Nº  172   

Bogotá   D.C., junio cuatro (4) de dos mil trece (2013).   

V   I   S   T   O  S   

La  Sala  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Alfonso   Pérez   Sandoval   contra  la  sentencia  dictada  por el Tribunal Superior de San Gil, el 5 diciembre de 2012,  mediante  la cual revocó la proferida por el Juzgado Primero Penal del Circuito  de  Villavicencio,  el  8 de mayo del mismo año, y lo condenó como autor de la  conducta punible de actos sexuales con menor de catorce años.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  sentenciador de segundo grado de la siguiente manera:   

“De  acuerdo  con  lo  informado  en  la  denuncia  presentada  por  la menor :D.P.G., de cinco años de edad, acompañada  por  su  señora  madre,  se  sabe que los fines de semana se quedaba durante el  día  en la vivienda de sus abuelos paternos, donde vivía su progenitor Alfonso  Pérez  Sandoval,  y  uno de esos días, el 2 de septiembre de 2006,  éste  la  llamó  para  la  sala,  le  quitó los pantalones y el interior, le toco la  vagina,  la  volteó  y  le  hizo lo mismo por detrás, advirtiéndole que no le  fuera a decir a la mamá ni a nadie”.   

2.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  8 de abril de 2008, calificó el mérito del  sumario  con  resolución de acusación contra Alfonso  Pérez  Sandoval  por  el  delito  de  actos sexuales  abusivos  con  menor  de  catorce  años,  agravado,  según  lo previsto en los  artículos 209 y 211 numeral 4°, de la Ley 599 de 2000.   

Recurrida  la anterior decisión, un Fiscal  Delegado  ante el Tribunal Superior de Villavicencio, el 25 de julio de 2008, la  confirmó.   

3.  El  expediente pasó al Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  autoridad  judicial  que  el 15 de  diciembre   de   2010,   absolvió  al  procesado  del  cargo  atribuido  en  la  acusación.   

4.  Apelado el fallo por el apoderado de la  parte  civil,  el  Tribunal  Superior de San Gil, en razón a lo ordenado por la  Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, mediante Resolución  N°   PSAA11-8188  de fecha 16 de junio 2011 como medida de descongestión,  el  5  de  diciembre  de 2012, al desatar el recurso, lo revocó, y en su lugar,  condenó   a   Alfonso  Pérez  Sandoval  a  la  pena  de  38  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término,  como  autor de la conducta punible de actos sexuales con menor  de  catorce  años,  conforme  a  lo  reglado  en  el  artículo 209 del Código  Penal.   

Vale aclarar que la Corporación de segunda  instancia  no  atribuyó  al procesado la circunstancia de mayor pena estipulada  en el artículo 211 numeral 4°, de la Ley 599 de 2000.   

5.  La  defensa  técnica  de  Pérez  Sandoval  interpuso  recurso  de  casación.   

SÍNTESIS    DEL  LIBELO   

Basado  en  la  causal  tercera,  según la  sistemática  reglada en la Ley 600 de 2000, postula un sólo reproche contra la  sentencia de segundo grado, así:   

Único cargo  

Acusa  que  el juzgador dictó sentencia en  una  providencia viciada de nulidad, en tanto privó a la defensa del derecho de  recurrir   el   fallo  “condenatorio”.   

Después  de enunciar el artículo 29 de la  Constitución   Política,   el   Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos  y  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos,  así  como  también  otros instrumentos internacionales, argumenta que las personas que son  declaradas   responsables  carecen  de  la  oportunidad  de  recurrir  el  fallo  condenatorio  en  esa  instancia,  lo  cual  vulnera  los principios de la doble  instancia  y  de  igualdad,  puesto  que  se le priva del derecho de recurrir la  decisión de carácter condenatoria.   

Admite  que  el  recurso  extraordinario de  casación   le  impide  plantear  argumentos  libres  de disenso, dadas las  exigencias  “técnicas y de lógicas argumentación  exigibles en la sustentación”.   

Dice  que  para  que  un  reproche  en sede  casacional  prospere,  debe  cumplir  los  principios  que  rigen  la casación,  afirmando  que  este libelo será uno más de aquellos que la Sala estime que no  reúne las anteriores exigencias, en orden a su admisibilidad.   

Anota  que  la acción de revisión tampoco  atemperaría  la exigencia de la doble instancia, en tanto para su postulación,  se requiere que la sentencia se encuentre ejecutoriada.   

Ante   esta   situación   advierte   que  “el  artículo  191  de  la  Ley  906  de  2004  es  inconstitucional  al  no  permitir la doble instancia, puesto que únicamente se  satisfizo  dicha garantía a las víctimas cuando recurrieron el fallo de primer  grado”.   

En   lo  que  llamó  el  “caso  concreto”, reitera lo expuesto y  dice  que  su  procurado  fue  absuelto  por  el  juzgado  de conocimiento, cuya  decisión  fue revocada en segunda instancia, el procesado y la defensa técnica  no  convalidaron  la  situación  irregular  y  que  el  Tribunal al conocer del  recurso  de  apelación   debió  declarar la invalidez de lo actuado, para  que  el  juzgador  de  primera  instancia  subsanara  el  error  en la actividad  probatoria.   

Por  lo expuesto, depreca de la Corte casar  la  sentencia  impugnada y en su lugar, declarar la nulidad de todo lo actuado a  partir  de  la  audiencia  de  juzgamiento,  inclusive, para que se subsanen las  irregularidades,  conforme a los errores in iudicando advertidos por el Tribunal  al conocer el recurso de apelación.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

El demandante equivocadamente manifiesta que  acude  a  la  casación ordinaria, sin tener en cuenta que según lo previsto en  el  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, al citado recurso se accede de dos  maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede contra las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  y  el Tribunal Superior Militar, por delitos sancionados con  pena privativa de la libertad superior a 8 años; y   

b)  La  excepcional, que procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas  con  pena  privativa  de  la libertad igual o inferior a 8  años,  y por los jueces penales del circuito por cualquier delito, evento en el  cual  la  Sala  podrá  admitir  la  demanda cuando lo considere preciso para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna las demás formalidades.   

En  esa medida, fácil resulta advertir que  en  este  asunto sólo procedía la casación excepcional y no la ordinaria como  lo  manifiesta el demandante, toda vez que la conducta punible de actos sexuales  con  menor  de  catorce  años por la que fue condenado el procesado, tiene pena  privativa  de  la  libertad  que  no  supera  los  ocho  años  de  prisión  (5  años).   

En  consecuencia,   la  Corporación  calificará  la  demanda  bajo  los  parámetros  de  la discrecional y no de la  común como lo propone el libelista.   

    

1. Si lo anterior era así, el actor  debía   cumplir   los  demás  presupuestos  de  la  casación  excepcional,  a  saber:     

Como  también  lo  tiene  dicho  la Corte,  cuando  de  este  medio  de impugnación excepcional se trata el demandante debe  exponer  así  sea  de  manera sucinta pero clara qué es lo que pretende con el  recurso,  teniendo  como  norte  que  solamente procede para el desarrollo de la  jurisprudencia o para garantizar los derechos fundamentales.   

En tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de la jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en el libelo si  con  la  impugnación  de  la  sentencia  de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución al asunto y a la par servir de  guía a la actividad judicial.   

Y respecto de la protección de los derechos  fundamentales,  el  recurrente  está  obligado a desarrollar una argumentación  lógica  dirigida  a evidenciar el desacierto, siendo imperioso que demuestre el  desconocimiento  de  una  garantía por quebrantamiento de la estructura básica  del  proceso  o  por  violación de un derecho fundamental, e indicar las normas  constitucionales  que  protegen el derecho invocado y su concreto conculcamiento  con la sentencia.   

Además,  las  razones  que  debe aducir el  demandante  para  persuadir a la Corte sobre la necesidad de admitir la demanda,  deben  guardar  correspondencia  con los cargos que formule contra la sentencia.   

En   otras  palabras,  corresponde  haber  perfecta   conformidad   entre   el   fundamento  de  la  casación  excepcional  (desarrollo  de  la jurisprudencia y/o protección de garantías fundamentales),  el  cargo  o  los cargos que se presenten contra el fallo y por consiguiente, la  postulación de los mismos.   

Los    anteriores   requisitos   fueron  incumplidos,  en  la  medida  en  que  el libelista se abstuvo de informar, así  fuera   de   manera  somera,  el  motivo  por  el  cual  acude  a  este  recurso  extraordinario,  esto es, para la protección de los derechos fundamentales y/ o  el desarrollo de la jurisprudencia.   

Sin embargo, conforme al único reproche que  postula  contra  la sentencia de segunda instancia, se podría pensar que el fin  de  la  impugnación  es  la  protección  de  los  derechos  fundamentales  del  procesado,   por   no  habérsele  garantizado  la  doble  instancia  del  fallo  condenatorio  dictado  por  el  Tribunal,  para lo cual presenta los respectivos  argumentos.   

    

1. De  todas formas, el único cargo  incumple los presupuestos de lógica y debida fundamentación.     

En efecto, en relación con la acreditación  de  la  causal de nulidad, si bien la Sala ha dicho que es menos exigente que la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar  el  límite  de  la  actuación  a partir de la cual se  produjo el vicio.   

De   igual  forma,  compete  informar  la  cobertura  de  la  invalidez,  evidenciar  que  procesalmente  no  existe manera  diversa  de  restablecer el derecho afectado y lo más importante, comprobar que  la   anomalía   denunciada   tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración   de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede fundarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Corte,  es  claro  que  el  libelista  está  planteando  la transgresión de la  garantía  judicial  de  la  doble  instancia, en tanto  en su sentir se le  cercenó  al procesado el derecho a recurrir a través del recurso de apelación  el fallo de condena dictado en segundo grado.   

En  esa medida, el discurso argumentativo  debió   estar  dirigido  a  demostrar  que  de  acuerdo  con  los  instrumentos  internacionales,  el  marco constitucional y la sistemática procesal reglada en  la  Ley  600  de  2000,  resulta  procedente interponer el recurso de apelación  contra una decisión dictada por el Tribunal en segunda instancia.   

El   censor  fundó  el  reproche  basado  únicamente   en  señalar  las normas que presuntamente fueron avasalladas  por  el juzgador de segundo grado y a informar que los presupuestos de lógica y  debida  fundamentación,  así  como  también  los  principios  que informan la  casación,  le  cercenan  la  posibilidad  de  postular  una  censura  de manera  libre.   

Así  mismo,  sostiene  que  la  acción de  revisión  tampoco   satisface   la  protección  del  postulado de la  doble  instancia,  el  cual  en  su  sentir  únicamente  fue  protegido  a  las  víctimas.   

En  tales condiciones, es evidente que las  hipótesis  planteadas  por  el censor son insuficientes para poner en evidencia  la  vulneración  del  mencionado  postulado. Así mismo, tampoco demostró qué  perjuicio  le  trajo  al  procesado  la  presunta  agresión de dicho principio,  máxime  cuando  recurrió  el  fallo  de  segunda  instancia  a  través  de la  casación.   

3)   El  censor  pone  en  evidencia  el  desconocimiento  de  la  estructura  del  proceso  penal, según la sistemática  reglada  en la Ley 600 de 2000, como así la Corte lo ha destacado, entre otros,  en   auto   de   31   de   julio   de   2009,  dictado  en  el  radicado  31300.  Veamos:   

Los  recursos  han  sido consagrados desde  antaño  por  los  distintos ordenamientos procesales, como el derecho subjetivo  que  tiene  la  parte  que se considera agraviada por una decisión judicial, en  orden  a  impugnarla,  a  fin  de  pedir  su  reforma o anulación, total o  parcial,  ante  el  mismo  juez  o  tribunal que lo profirió o ante su superior  funcional.   

Por  tanto,  el  sistema  procesal  penal  colombiano  descansa  sobre  los  postulados del Estado social y democrático de  derecho    e    instituye    la    doble    instancia    como    una   garantía  fundamental1  que  integra  el debido proceso previsto en el artículo 29 de la  Carta  Política  y  lo desarrolla el artículo 185 del Código de Procedimiento  Penal   de   2000,  según  el  cual,  “Contra  las  providencias  proferidas  dentro  del  proceso  penal,  proceden los recursos de  reposición,    apelación    y    de   queja…”.   

Por su parte, el artículo 191, estatuye la  procedencia  de  la apelación, salvo disposición en contrario, “contra  la  sentencia y las providencias interlocutorias de primera  instancia”.   

Así las cosas, la apelación constituye  el  más  importante y utilizado de los recursos ordinarios, teniendo por fin la  revisión  por  el  órgano  judicial  superior,  de  la  sentencia  o  auto del  inferior.   

En  consecuencia,  la institución de este  medio  de  impugnación  responde  al  principio fundamental del “doble  grado  de jurisdicción”, por el  que  la  causa  no  está  definitivamente terminada con la sentencia del primer  juez,  sino  que  a instancia de  la parte agraviada (condenado, víctima o  tercero)  debe  recorrer un segundo estadio y sufrir un nuevo examen y una nueva  decisión del juez de apelación.   

En tales condiciones, el principio de la  “doble    instancia    o    doble    grado    de  jurisdicción”,  fundado  en  la  relación  con  la  subordinación  y superioridad jerárquica entre los  jueces  y  tribunales,  no es otra cosa que un segundo  examen  de  la  causa  y  se  explica históricamente en la necesidad de ofrecer  mayores  garantías  a  las  partes  y a la comunidad en general, y producir una  sentencia            más            justa2,  y  para  que  en  toda  controversia  los  sujetos  procesales puedan obtener dos  decisiones  (principio del doble grado) sobre la cuestión debatida, de modo que  la  posterior  se sobreponga a la anterior, aun cuando ésta fuese perfectamente  justa e inmune de errores.   

Desde  el  punto  de vista constitucional,  este  principio  ha  sido  ampliamente  analizado por la Corte Constitucional en  distintos  pronunciamientos,  y  así  por  ejemplo, en sentencia C-153 de 1995,  puntualizó:   

“El principio de la doble instancia como  regla  general,  reconocido  antes  a  nivel  legal,  tiene  en la Constitución  Política  una  consagración  expresa  en  los arts. 29, 31 y 86. La segunda de  estas  disposiciones  de  modo general regula el principio y prohíbe además la  reformatio in pejus en los siguientes términos:   

“Toda sentencia judicial podrá ser apelada  o consultada, salvo las excepciones que consagre la ley.   

“El  superior  no podrá agravar la pena  impuesta cuando el condenado sea apelante único”.   

“Se  desprende  del  anterior  contenido  normativo  que  el principio de la doble instancia, soportado en el mecanismo de  impugnación  a través de la apelación y en la institución de la consulta, no  tiene  un carácter absoluto, en el sentido de que necesariamente toda sentencia  o  cualquier  otra  providencia  judicial  sea  susceptible  de  ser  apelada  o  consultada,  pues  su  aplicación práctica queda supeditada a las regulaciones  que  expida  el  legislador  dentro  de  su  competencia  discrecional, pero sin  rebasar   el   límite   impuesto   por   los  principios,  valores  y  derechos  fundamentales  constitucionales,  específicamente  en  lo  que  atañe  con  el  principio  de igualdad. En tal virtud, so pretexto de ejercer la competencia que  emana  de  la  referida disposición, no le es dable al legislador al regular la  procedencia  de  la  apelación o de la consulta establecer tratos diferenciados  que  carezcan  de  una  legitimación  objetiva,  en cuanto a los fundamentos de  hecho   y   de   derecho   que   los  justifican,  su  finalidad,  racionalidad,  razonabilidad y proporcionalidad.   

“Sobre  el  punto  es  ilustrativa  la  sentencia                  C-345/933,    en    la    cual    se  dijo:   

“Así  pues,  el  artículo  31  superior  establece  el  principio  de  la  doble  instancia,  de  donde  se  deduce el de  apelación  de toda sentencia, pero con las excepciones legales, como lo dispone  la  norma constitucional. Excepciones que se encuentran en cabeza del legislador  para  que  sea  él  quien  las  determine,  desde  luego,  con  observancia del  principio  de  igualdad,  que no permite conferir un tratamiento desigual cuando  no sea razonable o justo”.   

“La  doctrina  admite  que el recurso de  apelación  hace  parte  de la garantía general y universal de impugnación que  se  reconoce  a  quienes han intervenido o están legitimados para intervenir en  la  causa  para obtener la tutela de un interés jurídico propio, con el fin de  que  el  juez  de grado superior revise y corrija los defectos, vicios o errores  jurídicos  del  procedimiento  o de la sentencia en que hubiere podido incurrir  el  a-quo. Su procedencia se determina en los estatutos procesales, atendiendo a  la  naturaleza  propia  del  proceso y de la providencia y la calidad o el monto  del agravio inferido a la respectiva parte.   

“La  naturaleza  propia  del  recurso de  apelación,  según  la  delimitación  conceptual que se ha hecho, se acomoda a  las  exigencias  del  principio  de  igualdad  que  consagra  el  art.  13 de la  Constitución,   pues   constituyendo   un  mecanismo  o  garantía  general  de  impugnación  no  le es dable al legislador, en principio, establecer diferentes  tratamientos  en  relación  con  los  sujetos  procesales  intervinientes en el  correspondiente   proceso   judicial;  en  otras  palabras,  las  condiciones  y  requisitos  para tener derecho al recurso de apelación deben ser uniformes para  dichos                  sujetos.”4   

En   consecuencia,  se  infiere  que  la  apelación     se     caracteriza    por    ser    un    recurso    ordinario,  porque no se exigen causales  especiales     para     su     formulación     y     admisión;    devolutivo,   entendido como el puro  y  simple  paso  de  la  cognición  del  procedimiento  del  juez  a    quo    al    juez    ad  quem,  es  decir,  se  transfiere la  cognitio  causae a un juez  de    grado    superior;    suspensivo,  en  la medida que algunas resoluciones (sentencia o auto que pone  fin  al  proceso)  queda  en suspenso su ejecución, en tanto no sea resuelta la  alzada  por  el  juez de segundo grado.  Sin embargo, últimamente en mayor  número  de  resoluciones  se  concede  la apelación sin efecto suspensivo y su  cumplimiento   no   se   interrumpe,  ni  el  curso  de  la  actuación  (efecto  devolutivo),   en  otros  eventos,  el  cumplimiento  de  la  decisión recurrida queda suspendida (efecto  diferido),  en  los  casos  expresamente señalados por la ley.   

En  este  mismo  sentido,  este  medio  de  impugnación,  se  erige  en  un  acto  procesal  sujeto  a ciertas formalidades  representadas  por  los  requisitos de admisibilidad y procedencia, como son: i)  la  presentación  dentro  de  los  términos  establecidos  por  la ley, ii) la  legitimación  procesal  para  interponerlo  (personería  e  interés), iii) la  adecuación  del recurso y la indicación del agravio, como también del vicio o  error  que  lo  motiva  (sustentación);  y  iv)  que la providencia apelada sea  susceptible  de ser atacada por este medio, pues no todas las decisiones admiten  tal recurso.    

Adicionalmente,   la  apelación  es  un  mecanismo  que  se  promueve a iniciativa de las partes o terceros legitimados y  procede  contra autos y sentencias siempre y cuando no hayan adquirido autoridad  de   cosa   juzgada.   Además,   es  un  medio  de  impugnación  que  contiene  intrínsecamente  la  institución  de  la  nulidad,  como garantía fundamental  integradora del debido proceso.   

En  síntesis,  deviene  concluir  que  es  incontrovertible  que  el  recurso de apelación resulta extraño al trámite de  la  segunda  instancia,  en tanto el principio de la doble instancia, consagrado  constitucionalmente  en  el  artículo  31  de  nuestra  Carta  Política, sólo  garantiza   dos   niveles  de  decisión,  tal  como  ocurrió  en  el  presente  caso.   

Por   lo   expuesto,   el   libelo   se  inadmite.   

        Resta  señalar  que  no se observa que con ocasión del fallo impugnado o dentro de la  actuación  se  hayan  violado derechos o garantías de los intervinientes, como  para  que tal circunstancia imponga superar los defectos de la demanda, en orden  a  decidir  de  fondo,  según  lo  dispone  el  artículo  216 de la Ley 600 de  2000.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    por    el  defensor  de  Alfonso Pérez Sandoval.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y  cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                    FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                               GUSTAVO E. MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                            JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Sentencia del 30 de noviembre de 2006, radicación 22230.   

2 Auto  del 26 de enero de 2006, radicación 24843.   

3   M.P. Alejandro Martínez Caballero.   

4 En el  mismo  sentido,  ver sentencias de la Corte Constitucional C-054 de 1997 y C-047  del 1º de febrero de 2006, entre otras.     

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