42671(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE        SUPREMA        DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 419  

Bogotá  D.C.,  diciembre once (11) de dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Procede  la  Colegiatura  a  verificar  el  cumplimiento  de los requisitos de lógica y acreditación suficiente dispuestos  en  la  ley,  respecto  de  la demanda casacional presentada por la defensora de  LIDA MARCELA MUÑOZ CUADROS,  contra  el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior de Cali el 30  de  agosto de 2013, confirmatorio del proferido por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  Especializado  de la misma ciudad el 15 de mayo del año referido, por  medio   del   cual   condenó   a  la  mencionada  ciudadana  y  a  Nora  Liliam  López López como coautoras  del concurso de delitos de trata de personas.   

HECHOS  

          Los   sucesos   que   dieron   lugar  a  este  averiguatorio  fueron  sintetizados en el fallo del Tribunal,  así:   

“Mediante labores  de  investigación  policial  se  precisó  que  entre los años 2007 y 2008 las  ciudadanas  Merly  Dayana  Osorio,  Claudia  Patricia  Rodas  y  Eliana Patricia  Cortés fueron víctimas de delito de trata de personas.   

“Se  determinó  que  la  señora Nora Liliam López contactó a las citadas ciudadanas a través  de  Internet, para luego presentárselas a Lida Marcela Muñoz quien se encargó  de  realizar los trámites para que las referidas mujeres viajaran a Curazao, en  donde  serían  recibidas  por  el  señor  Raynold  Wilsoe  Bernard con miras a  trabajar    como    bailarinas    en    un   establecimiento   denominado   Rice  Café.   

“La  víctimas  afirman  que  una vez llegaron a Curazao fueron explotadas sexualmente, en donde  se  les  obligó  a  ejercer  la  prostitución  en  condiciones míseras y cuya  remuneración   era   captada   por   el   dueño   del   establecimiento   Rice  Café”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          A  instancia  de  la  Fiscalía,  el  17 de enero de 2012 el Juzgado  Octavo  Penal  Municipal con funciones de control de garantías de Cali declaró  ausentes  a  LIDA  MARCELA MUÑOZ CUADROS  y  Nora Liliam López López.  Posteriormente  en  el mismo despacho se realizó la audiencia de  formulación  de  imputación  y  les fue impuesta a solicitud del ente acusador  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  intramural, como posibles  coautoras del delito de trata de personas trasnacional.   

         Presentado  el  escrito de acusación, tuvo lugar la correspondiente  audiencia  en  la  cual  fue  imputado  a las acusadas el concurso de delitos de  trata de personas trasnacional.   

         Culminado   el   juicio,  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cali  dictó  fallo  el  15  de  mayo de 2013, por cuyo medio  condenó  a  LIDA  MARCELA  MUÑOZ  y  Nora  Liliam López López  como  coautoras  del  delito  objeto  de  acusación.  La sanción  principal  fue  tasada para la primera –  que  a  través de su defensora demandó en casación –  en doscientos veintiocho (228) meses  de  prisión y multa por 2.400 salarios mínimos legales mensuales vigentes y la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo lapso de la pena privativa de libertad.   

          En   la  misma  oportunidad  le  fue  negada  tanto  la  condena  de  ejecución   condicional   como  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

           Impugnado  el  fallo  del  a  quo  por  el  defensor de LIDA  MARCELA  MUÑOZ, fue confirmado por  el  Tribunal  Superior  de  Cali  mediante  proveído  del 30 de agosto de 2013,  contra  el cual el mismo abogado interpuso recurso de casación, pero la demanda  fue allegada por otra profesional.   

EL LIBELO  

Expone  la  recurrente  que  “cabe  la  casación  discrecional” cuya  finalidad  es el restablecimiento de la garantía de presunción de inocencia de  su  asistida,  pues  debió  aplicarse el principio in  dubio pro reo.   

Entonces,  procede  a transcribir apartes de  los  artículos 29 de la Carta Política y 7º de la Ley 906 de 2004, igualmente  trae   a   colación   fragmentos  de  doctrina  extranjera,  de  jurisprudencia  constitucional  y  de  esta  Sala  de  Casación sobre el principio in   dubio   pro   reo   y  la  referida  presunción.   

          Propone  un  cargo  por  violación  directa  de  la  ley sustancial  derivada  del  desconocimiento  de  la presunción de inocencia que condujo a la  aplicación  indebida  del  artículo  188 A del estatuto punitivo, toda vez que  los  falladores aceptaron la “falta de certeza sobre  la   existencia  misma  de  la  conducta  punible  o  sobre  la  responsabilidad  jurídicopenal del acusado”.   

          Precisa  que  no  cuestionará la valoración de las pruebas, y acto  seguido   asevera  que  “no  se  demostró  que  mi  prohijada  fuera  la  que  captara,  trasladara,  acogiera  y  recibiera  a  las  testigos,  ya que en el delito de trata de personas, la consumación tiene lugar  cuando  se  traslada  al  individuo dentro del territorio nacional o al exterior  recurriendo       a      cualquier      forma      de      violencia”.   

También dice que no se comprobaron los fines  de    explotación,   ya   que   las   facturas   aportadas   por   Merly  Osorio no reúnen los requisitos de  “un  documento  jurídico  que  establezca un trato  comercial,  genera  la  duda  ya  que  en  ningún  momento tiene la firma de mi  prohijada”.   

          Igualmente  señala  que  no  se  demostró  que Rice Café fuera un  sitio  con  condiciones infrahumanas, ya que la prueba testimonial no basta para  acreditarlo.   

          Considera  violado el derecho el debido proceso y a la defensa de su  asistida  al ser declarada persona ausente, pues ha ingresado y salido del país  en múltiples ocasiones sin que se haya hecho efectiva su captura.   

          Más  adelante  trascribe  la  misma  doctrina  foránea,  así como  apartes  de  jurisprudencia  constitucional  y  de  esta  Corporación  sobre la  presunción  de inocencia, y cita análisis sobre los verbos rectores del delito  de trata de personas.   

Finalmente dice que el fallo debe ser tenido  como  injusto,  motivo  por  el  cual  se  debe  casar,  para en su lugar dictar  sentencia  absolutoria  a favor de LIDA MARCELA MUÑOZ  CUADROS.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Si bien en la Ley 906 de 2004 no se distingue  entre  recurso  de  casación por la vía común y por la discrecional en cuanto  se  marginó la exigencia de la cantidad de pena máxima del delito para acceder  a  dicha  impugnación,  es del resorte del recurrente demostrar el quebranto de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo  cual exige contar con interés para  impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de sustentación del  recurso  y  demostrar la necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de  los  fines  establecidos  por  el  legislador  en  su artículo 180, esto es, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  adjetiva.   

         Ahora,  en  el  examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  es  deber  de  la  Sala  constatar  en la formulación y  desarrollo  de  las censuras el acatamiento de las exigencias de lógica y   pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan    a    conseguir    la    estructuración  de  los libelos dentro de unos mínimos lógicos y de  coherencia  en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y claros, pues no corresponde a  la  Sala  en  su  función  reglada  de  orden constitucional y legal, develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de sustentación”, el libelo será inadmitido.   

Ab initio encuentra  la  Sala  que sin percatarse que se procede en este diligenciamiento con base en  las   reglas   definidas  en  la  Ley  906  de  2004,  la  defensora  invoca  la  “casación         discrecional”,  propia  de  la Ley 600 de 2000, falencia que denota confusión  en el planteamiento de ataque a la sentencia del Tribunal.   

Como  la  recurrente  en  el cargo propuesto  denuncia  la violación directa de la ley sustancial, es pertinente recordar que  tal  quebranto  tiene  lugar  cuando  a  partir de la apreciación de los hechos  legal   y   oportunamente   acreditados   dentro   del   diligenciamiento,   los  sentenciadores  omiten  aplicar la disposición que se ocupa de la situación en  concreto,  en  cuanto  yerran  acerca  de  su existencia (falta de aplicación o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los hechos probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan efectos diversos o  contrarios a su contenido (interpretación errónea).   

En  tal caso, sin que interese la especie de  vulneración  directa  de  la  preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores  recae   sobre   la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito     estrictamente     jurídico,  sea  porque  se  dejó  de  lado  el  precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a  una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

Desde luego, no se debate allí la actividad  probatoria   ni   su   ulterior  ponderación  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En  el  cargo  examinado  en  punto  de  su  admisión  se observa que, en evidente falta a la verdad, la demandante dice que  acude   a   la   violación   directa   porque   los   falladores  aceptaron  la  “falta  de  certeza sobre la existencia misma de la  conducta    punible    o    sobre    la   responsabilidad   jurídicopenal   del  acusado”,  situación  que  no  se  presenta en este  asunto,  pues  tanto  en la decisión de primera, como de segunda instancia, los  sentenciadores  fueron  claros  al  señalar que se demostró con suficiencia la  materialidad  del  concurso  de  delitos,  así  como  la  responsabilidad de la  acusada,  de manera que no era posible acudir a la violación directa de la ley,  como impropiamente lo realizó la impugnante.   

Además, pese a decir expresamente que no se  ocupará  de  la  valoración  de  las  pruebas,  la  libelista orienta su labor  precisamente    a    censurar    que    “no    se  demostró  que  mi  prohijada  fuera  la que captara,  trasladara,  acogiera  y  recibiera a las testigos, ya que en el delito de trata  de  personas”  (subrayas  fuera  de  texto);  no  se  comprobaron  los  fines  de  explotación,  ya  que  las  facturas aportadas por  Merly  Osorio no reúnen los  requisitos  de un documento, y no se demostró que Rice Café fuera un sitio con  condiciones  infrahumanas,  críticas  que  huelga  decirlo  no  corresponden  a  debates  jurídicos  sobre un tema, en cuanto apuntan a deplorar la apreciación  de  los medios de convicción, discurrir propio de la violación indirecta de la  ley.   

Se  trata de un proceder ambiguo e impreciso  que  se  desentiende de lo exigido en el artículo 183 de la Ley 906 de 2004, al  señalar  que  el  recurso se interpondrá “mediante  demanda  que  de  manera precisa y concisa señale las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”    (subrayas    fuera    de   texto),  pues  si  lo  preciso  alude  a  lo  exacto, riguroso,  estricto  o  minucioso,  y  lo conciso se refiere a lo breve, sucinto, escueto o  directo,  no  se  aviene  con  tal  exigencia dispuesta por el legislador que la  recurrente  postule simultáneamente la violación directa e indirecta de la ley  sustancial,  sin  percatarse que una y otra corresponden a temáticas diversas y  que su objeto y demostración son también diferentes.   

Adicionalmente advierte la Colegiatura que si  bien  la  actora  cita  extensos  apartes  de doctrina foránea y jurisprudencia  nacional,   no   se   esfuerza   por   articularlos   con   el  caso  objeto  de  estudio.   

En cuanto atañe a la reclamación que cifra  en  la falta de aplicación del principio in dubio pro  reo,  era  imprescindible  que señalara la vía de su  impugnación,  esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o indirecta. Si  postulaba   la   primera,   le   correspondía   demostrar  que  los  falladores  reconocieron  en  las consideraciones de la providencia atacada la existencia de  dudas  trascendentes  de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad de la  conducta  o  la  responsabilidad  de  la  procesada  y, pese a ello, profirieron  sentencia  de  condena  con exclusión evidente de la disposición normativa que  contiene  el  principio,  cuando  debían  en  consonancia  con  su  exposición  absolver,  circunstancia  que  no  tuvo lugar en el fallo impugnado, pues por el  contrario,    señaló    el   ad   quem:   

“Debe  puntualizarse  que  de  los  testimonios  de  las  señoras Merly Dayana Osorio,  Claudia  Patricia  Rodas  y Eliana Patricia Cortés se  extrae  sin lugar a dudas la configuración del ilícito y la responsabilidad de  la procesada” (subrayas fuera de texto).   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

De  otra  parte  impera  señalar, que no se  aviene  con  el principio de autonomía de las causales que en el mismo reparo y  en  forma  sincrónica,  la  defensora  denuncie la violación directa de la ley  sustancial,  la  violación  mediata  de  la ley, la vulneración del derecho de  defensa y el quebranto del derecho al debido proceso.   

         Puede  verificarse  que la censora sólo  dirige  su  labor  a  deplorar  en  forma  desordenada,  confusa  y  sin un hilo  conductor  la  condena  de  su asistida, pero no atina a señalar con precisión  cuál  es  su inconformidad, y lo más importante, de qué manera los falladores  erraron  gravemente  en  la  aplicación  de  la  ley, en la apreciación de los  medios  probatorios  o en la guarda de la legitimidad del trámite, olvidando la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  la  cual  se  encuentra revestida la  sentencia objeto del recurso.   

De   acuerdo   con   las   consideraciones  precedentes,  habida  cuenta  que  el  libelo  de  casación no corresponde a un  alegato  de  libre  e  informal  elaboración,  su  presentación  con  base  en  apreciaciones  confusas e ininteligibles de la defensora y sin atenerse a alguna  de  las reglas lógicas y argumentativas que gobiernan este medio extraordinario  de  impugnación,  impone  la  inadmisión  de  la  demanda  de  acuerdo  con lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de 2004, pues en virtud del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,  la  Corte  no se  encuentra facultada para enmendar tales falencias.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia   impugnada  o  dentro  del  curso  de  la  actuación  procesal,  violación de derechos o garantías, como para adoptar la  decisión  de  superar  los defectos de la demanda y decidir de fondo, según lo  dispone el inciso 3º del artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  el  libelo  casacional  presentado  por la defensora de la  procesada  LIDA  MARCELA  MUÑOZ CUADROS por     las     razones    expuestas    en    las    consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de  2004,  es  facultad  de  la demandante  elevar petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO   FERNÁNDEZ  CARLIER                                       MARÍA        DEL        ROSARIO       GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                                ÉYDER      PATIÑO  CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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