41083(09-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

    Aprobado  Acta  No. 336   

Bogotá D.C.,  Octubre nueve (9) de dos  mil trece (2013)   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  apropiada  argumentación  de  la  demanda de  casación  presentada por el defensor de CARLOS MARIO HERRERA PELÁEZ, en contra  de  la sentencia de 1° de febrero de 2013 mediante la cual el Tribunal Superior  de  Medellín  confirmó  la   emitida  por el Juzgado Diecinueve Penal del  Circuito  del mismo Distrito Judicial, por cuyo medio lo condenó como autor del  concurso delictual de estafa y fraude procesal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El supuesto fáctico que generó la presente  actuación fue declarado por el Tribunal así:   

“CARLOS  MARIO HERRERA PELÁEZ celebró un  contrato  de  compraventa  con los hermanos FRAY ARGIRO, MARÍA GRACIELA, MARÍA  CRISTINA,  ANA  CECILIA,  FRANCISCO  JAVIER  y  ROSA  ÁNGELA  CARMONA  AGUDELO,  CAROLINA  y  DAVID ALEJANDRO CARMONA ORTIZ, el 19 de diciembre de 2008, mediante  el  cual  éstos vendían a aquél cuatro apartamentos ubicados en la carrera 50  N°  44-41  del  municipio  de  Bello, por un valor total de $250.000.000,oo que  debía  cancelar  el  comprador  al  momento  de  la firma de la escritura en la  Notaría 18 de Medellín en esa misma data.   

“Ese  día, los vendedores suscribieron la  escritura   pública   N°  3.427,  pero  el  comprador  no  se  hizo  presente.  Posteriormente  les  solicitó  un  plazo  de  2  meses para conseguir el dinero  prometiéndoles  pagar  intereses. Fue así como el mes de enero de 2009 HERRERA  PELÁEZ  entregó  al  señor  FRAY  ARGIRO  CARMONA  AGUDELO cuatro cheques por  $265.000.000,oo   girados   contra   la  cuenta  corriente  02401337  del  banco  Santander, los que fueron devueltos por insuficiencia de fondos.   

“El  11  de  febrero,  HERRERA  PELÁEZ se  presentó  a  la  Notaría 18 y firmó la escritura pública 3.427. El 26 de ese  mismo  mes  y  año,  los  vendedores  le  presentaron al comprador un documento  privado  mediante  el cual resolvían el contrato de promesa de compraventa ante  el  incumplimiento  en  el  pago  por  parte  de  éste,  dejando sin validez la  escritura pública mencionada.   

“Sin  embargo,  ante  la  insistencia  del  comprador,  decidieron hacerle entrega de los inmuebles como arrendatario por el  término  de  2 meses contados a partir del 26 de febrero de 2009, con el fin de  permitirle  la  consecución  del  dinero  para  pagarles.  Este  documento  fue  protocolizado en la Notaría y suscrito por las partes.   

“El  22  de  julio de 2009, los vendedores  suscribieron  la  escritura  2.599  mediante la cual se resolvía el contrato de  compraventa,  pero  el  señor  HERRERA PELAÉZ no acudió a la cita, en cambio,  posteriormente  se  presentó a la Notaría y reclamó una copia de la escritura  3.427  y  la  registró  en  la  Oficina  de  Registro de Instrumentos Públicos  —zona  norte—,  a  su nombre para después, el 27 de  agosto  de  esa  misma  anualidad,  constituir  hipoteca  abierta sin límite de  cuantía    por    valor   de   $454.410.000   con   la   empresa   ‘Comercializadora   Nacional  Mayorista  S.S.’   por  los  cuatro  apartamentos,  los  cuales  fueron  embargados por el acreedor al no cancelar la  deuda  hipotecaria,  proceso  que cursa en el Juzgado Catorce Civil del Circuito  de Medellín”.   

Ante  el  Juez  Segundo  Penal Municipal con  Funciones  de  Control de Garantías de Medellín se cumplió, el 13 de enero de  2011,  la  audiencia  preliminar de legalización de captura de HERRERA PELAÉZ.  Allí  mismo  la  Fiscalía  le formuló imputación por la posible comisión de  los  delitos de estafa en concurso homogéneo concurriendo también el de fraude  procesal  y  solicitó  que fuera afectado con medida de aseguramiento privativa  de  la  libertad  en  el  lugar del domicilio, petición que le fue aceptada. El  imputado no aceptó los cargos.   

El  11  de  febrero  de  2011  la Fiscalía  presentó    escrito    de   acusación,   y   el   15   de   abril  siguiente  se  cumplió  en  el  Juzgado  Diecinueve Penal  del  Circuito  con Funciones de Conocimiento de Medellín       la      correspondiente      audiencia      de     formulación de cargos.   

Surtidas  en   el   citado   despacho   judicial  las  audiencias  preparatoria y de juicio oral, se anunció sentido  de  fallo  de  carácter  condenatorio  como  autor  de los delitos de  estafa  en  masa  y  fraude  procesal  para     finalmente    emitir    fallo,  el  22  de agosto de 2012,     al  imponerle   las   penas  de  noventa  y  seis  (96)  meses  de prisión, multa de  doscientos  (200)  salarios mínimos legales mensuales  vigentes   e   inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  sanción aflictiva de la libertad, sin  concederle  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena, ni la  prisión domiciliaria.   

En   virtud  del  recurso  de  apelación  interpuesto  por el defensor del procesado, el Tribunal Superior de Medellín  a  través  de  sentencia  de  1°   de   febrero      de      2013     confirmó    la    condena,  razón  por  la  cual  aquél  insiste  a  través  de  la  impugnación extraordinaria allegando la respectiva  demanda  de  casación,  de  cuya admisibilidad se pronuncia la Corte.   

DEMANDA  

Primer cargo  

Acude a la causal prevista en el numeral 1°  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004  para denunciar la violación al  principio  de  congruencia,  porque  el  ilícito  de  estafa  consagrado  en la  acusación  fue  diferente  del  que  se  emitió  sentencia, pues allí se hizo  alusión  a  ocho  estafas en total identificando plenamente a las víctimas, en  tanto  que  en ésta se habló de delito masa como si los sujetos pasivos fueran  indeterminados.   

Que    por    lo   tanto,   “se  ha  incurrido  en  una  violación  directa  o indirecta del  bloque  de  constitucionalidad,  de  la  Constitución o de una ley de contenido  sustancial”.   

Segundo cargo:  

Pregona  la violación al debido proceso por  haberle dado trámite oficioso a un delito que requería querella   

Aduce que si el punible de estafa se consumó  con  la venta de los inmuebles mediante escritura de 19 de diciembre de 2009, la  entrega  de  cheques por valor de $65.000.000,oo y $70.000.000,oo es una mínima  cuantía  que  implicaba  agotar  el requisito de procedibilidad previsto en los  artículos  artículo  70  y  74  del  Código  de  Procedimiento Penal, estando  legitimado  para  formular  la  querella  únicamente  el  sujeto  pasivo  de la  acción.   

Explica  que  con la denuncia presentada por  Argiro  Carmona  quiso   representar  ilegalmente  a  las  demás personas,  porque  el  cheque  girado  a  su favor no fue devuelto pues nunca lo consignó,  además,  los  títulos  valores fueron girados en febrero de 2009 y la denuncia  formulada  en  octubre  de  ese  mismo  año,  estos  es, más allá de los seis  meses.   

Agrega  que  con  este proceder la fiscalía  violó  el  principio  de   legalidad,  el  debido  proceso  y la seguridad  jurídica   y   que   “actuar   contrario   a  las  disposiciones  normativas  es  incurrir en una vía de hecho, las vías de hecho  son  actuaciones  caprichosas violatorias  del debido proceso y causales de  nulidad.  Por  tal  razón se ha incurrido en una violación directa o indirecta  del  bloque de constitucionalidad, de la Constitución o de una ley de contenido  sustancial”.   

Tercer cargo:  

Estima  que fue infringido el debido proceso  por adelantar penalmente un asunto civil.   

Expone   que   el  acto  jurídico  de  la  compraventa  fue  perfecto,  tenía  la vocación de transferir el dominio de un  inmueble y así se hizo al llevarlo a registro.   

En ese sentido, indica que toda diferencia se  debió  dirimir  en  la  vía civil, dado que ante la no cancelación del dinero  estaban  las  herramientas  como  resolver  o rescindir el contrato “ante  el  incumplimiento de la obligación de hacer o no hacer o  utilizar un mecanismo más ajustado a derecho”.   

Cuarto cargo:  

Anuncia  la  violación  al  principio  de  legalidad,  porque  no se tipificó la conducta de estafa al no mediar engaño o  error,   pues  era  una  transacción  bien  definida,  realizada  por  personas  plenamente     capaces,     con     suficiente     formación    académica    y  experiencia.   

Para  el  defensor,  la  promesa de pagar el  precio  no  es  inducción  en  error,  además,  no se dijo en el fallo de qué  manera   se  mantuvo  en  error  a  las  víctimas,  de  ahí  que  “se  ha  incurrido  en  una  violación  directa  o indirecta del  bloque  de  constitucionalidad,  de  la  constitución o de una ley de contenido  sustancial”.   

Quinto cargo:  

En  esta  oportunidad cuestiona el delito de  fraude  procesal  endilgado  a  su  asistido ya que en su parecer se vulneró el  principio de legalidad ante la atipicidad de la conducta.   

Afirma  que  como  las  escrituras públicas  contentivas  de  actos  jurídicos  traslaticios de dominio legalmente deben ser  llevadas  ante  el registrador para perfeccionar el acto, el haber presentado su  defendido  la  escritura  para  su  anotación  no  es un engaño a tal servidor  público,  máxime  que  los  requisitos  allí  exigidos  se  cumplieron  y  el  documento  privado  de prometer resciliar el contrato no era vinculante, de ahí  que  se  haya  incurrido  en  un  “falso  juicio de  raciocinio”               —sic—,  al  apreciar  lo  concerniente a la  presentación de la escritura para tal anotación.   

Consecuentemente, pide a la Corte declarar la  nulidad de lo actuado y revocar la sentencia condenatoria.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El   carácter    teleológico   del  recurso de casación de propender por   

la  efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos   a   estos,  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  impone  al  demandante,  además  de  presentar  y  desarrollar  los cargos de acuerdo a las  causales  taxativamente  señaladas, demostrar la necesidad de fallo para que se  satisfagan alguna de tales finalidades.   

Para  el  fin  anterior,  al tratarse de un  recurso  extraordinario, el  casacionista  debe  observar  reglas  de  coherencia,  precisión    y    claridad   que   conduzcan   al   cabal   entendimiento   del  reparo,  so pena que por su  incumplimiento  el  libelo  no  sea admitido, tal y como lo dispone el artículo  184  de  la Ley 906 de 2004.   

Por   ello,   la  Corte  al  estudiar  la  admisibilidad   de   la  demanda  debe  verificar  la  necesidad        de        su       intervención,  caso  en el cual incluso  se   deberán   superar   las   falencias  técnicas  formales con su consecuente  admisión. Así mismo, aún  en  los eventos en que esté  formalmente  correcta  dentro  de  la  causal  aducida,  tiene  la facultad para  no  admitirla cuando de su  contenido    se    evidencia    que   no   se   precisa   de   fallo.   

Las  anteriores precisiones conceptuales le  permiten  a  la  Corporación  advertir que la pretensión del censor acerca del  examen  de la legalidad del fallo carece de las elementales normas de claridad y  precisión,  al  punto  que  ni  siquiera  se  puede calificar el libelo como un  simple  alegato de instancia ante la incoherencia que se advierte la cual impide  entender           los          vicios  que  denuncia           ni           identificar         sus consecuencias.   

A   manera   de   aporía   denuncia  coetáneamente  vicios de estructura o de garantía dada  la  afectación  del  debido  proceso  y de las garantías fundamentales como la  legalidad  y  tipicidad,  con  la  infracción de la ley sustancial, sin tampoco  precisar  en  estos  últimos  si  se trata de yerros  de   juicio   directos   o   mediados  en  el  proceso  de  aprehensión  o  valoración  de las pruebas,  propio de una infracción indirecta.   

De  esa  manera,  la  postura  del libelista  contraviene  los principios lógicos de no contradicción y de razón suficiente  que  imponen,  de  un  lado,  evitar  la  presentación de postulados que por su  contraste  se opongan, y de otro, que la fundamentación para cada censura ha de  bastarse a sí misma.   

Es  que el soporte jurídico y argumentativo  del    reproche   que   se   basa   en   vicios   in  procedendo,  difiere  del  que  se  relaciona  con los  yerros  in  iudicando en que  puede  recaer  el  juzgador,  pues  para  éstos  últimos  se impone admitir la  validez  de  la  actuación  y  formular  una  solución  acorde  con  el  vicio  (interpretación  errónea,  aplicación  indebida  o  exclusión  evidente,  si  se  trata  de la violación  directa  de  la norma sustantiva, o por las dos últimas modalidades, en caso de  la  infracción mediada por yerros probatorios), lo que no sucede con la censura  basada   en   la  anulación,  precisamente  por  el  desafuero  que  afecta  el  diligenciamiento.   

Ni  para  una  u otra vía logra el defensor  motivar  la  atención  de  la  Sala  tendiente  a  aprehender  el estudio de la  legalidad   de  la  sentencia,  por  cuanto  si  se  tratara  del  desafuero  de  estructura,  porque  no  se  demostró la realización de la conducta punible de  estafa  por  parte  de  su  asistido  —lo    cual    simplemente    enuncia,    sin    algún    desarrollo  argumentativo—,   para  deprecar  así  la  anulación del diligenciamiento, no sujeta su discurso a los  principios  que orientan la declaración y convalidación de las nulidades a fin  de   advertir   la   entidad   del  vicio  procesal  y  las  normas  que  estima  conculcadas.   

Y  si  fuera  la  infracción  de  la  ley  sustancial  no  hace  la  proposición  jurídica  con  las  normas de carácter  sustancial  trasgredidas  por el juzgador, pues solamente anota que “se  ha  incurrido  en  una  violación  directa  o indirecta del  bloque  de  constitucionalidad,  de  la  Constitución o de una ley de contenido  sustancial”,  sin  especificar  los  preceptos  que  definen  y  sancionan el concurso de delitos de estafa y fraude procesal por los  cuales fue acusado y condenado HERRERA PELÁEZ.   

De  esa  manera el recurrente se queda en el  simple  enunciado de los yerros, falencia que claramente lo lleva a no acreditar  su  incidencia en la decisión. Por ello desdeña que el Tribunal, además de no  advertir  alguna  incongruencia  en  la modificación del concurso de delitos de  estafa por el delito masa, estableció su falta de entidad:   

“…el  error del juzgador al incrementar  el  quantum punitivo por el delito masa y no por el concurso real del inciso 1°  del  artículo  31 del texto penal no trasciende en lesión al debido proceso ni  al  derecho  de  defensa  como  argumenta  el  disenso,  pues  cuando  el  a quo  estableció  el  incremento  de  una  tercera  parte  (por el delito masa), ello  resulta  menos  gravoso  que  si  aplica  la  disyuntiva  del  incremento por el  concurso  real  del  inciso  1°  como  lo  había  solicitado  la  Fiscalía (8  estafas),  pues  en  esta  alternativa  se  puede avanzar hasta otro tanto de la  sanción  individualizada  para  el  delito  base.  De  otro  lado,  no se puede  modificar  el  quantum punitivo dispuesto por la primera instancia para respetar  el  principio  de  no reforma en perjuicio, pues como se indicó en precedencia,  la    decisión   del   a   quo   en   esta   materia   resulta   favorable   al  sentenciado”.   

De otro lado, alejado de la realidad procesal  y  de  manera  sofística,  el  demandante  escinde los varios cheques dados por  HERRERA  PELÁEZ  como  pago  de  la  obligación,  de  ahí  que afirme que los  títulos   valores   de   $65.000.000,oo  y  $70.000.000,oo,  eran  “mínima  cuantía” (esto es, que para  el  año 2009 cuando fueron entregados no superaban el monto de los 150 salarios  mínimos  legales  mensuales), y que por ello requerían querella, desconociendo  que  independientemente  de  que  fueron varios vendedores, el valor total de la  compraventa  fue  de  $250.000.000,oo  tal  y  como  se indicó en la promesa de  compraventa   y  en la escritura pública 3427 del 19 de diciembre de 2008,  lo cual incluso fue objeto de estipulación probatoria.   

En ese mismo reparo, confunde el defensor la  especificidad  del  embate  en  sede de casación en lo que tiene que ver con el  error   de  hecho,  con  el  concepto  de  vía  de  hecho  reconocido  jurisprudencialmente  por  el  juez constitucional en sede de tutela  para  revisar las decisiones que contarían de manera ostensible el ordenamiento  jurídico  en  sus  aspectos sustantivo, orgánico, procedimental o fáctico que  exige  la  actuación arbitraria o caprichosa del funcionario judicial, que a la  postre  afecta  las  garantías  fundamentales  de las partes, tesis que tampoco  desarrolló el impugnante.   

A   su  turno,  en  mera  declaración  de  propósitos  se  queda  el  censor  al  minimizar  la conducta desplegada por su  defendido  en  el  sentido  de  que  cualquier  conflicto  suscitado  entre  los  contratantes  se  debió tramitar por la vía civil, cuando claramente el delito  atentatorio  del bien jurídico del patrimonio económico se estructuró, porque  “se   demostró  con  suficiencia  que  desde  que  [HERRERA  PELÁEZ] firmó el contrato de promesa de compraventa, eludió el pago  de  los  apartamentos,  incumplió  las  citas  en  la  Notaría para firmar las  escrituras  y hacer el pago correspondiente, giró cheques de una empresa con la  cual  tenía  clarísimos vínculos, así la defensa pretenda hacer creer que no  era cierto, que resultaron sin fondos”.   

Igual   postura   se  advierte  cuando  el  impugnante  considera  normal  el  hecho  de  que su defendido presentó ante el  Registrador  de  Instrumentos  Públicos la escritura pública de compraventa de  los  inmuebles para la anotación respectiva, porque el juzgador con base en las  pruebas  concluyó  que  claramente  aquél lo hizo con el propósito de obtener  decisión  que  lo  acreditara  como propietario, ocultando al servidor público  dos  actos  que  invalidaban  la  escritura  pública 3427 de 19 de diciembre de  2008;  la  resolución  del  contrato de 26 de febrero de 2009 y la escritura de  resciliación   2599   del  22  de  julio  de  la  misma  anualidad,  “ocultamiento que hacía de la escritura pública 3427 un medio  fraudulento  idóneo  para  inducir  en  error  al Registrador y así obtener el  registro  de  una  propiedad  que  por  derecho no le correspondía, para quince  días  después,  el  27 de agosto de 2009, constituir una hipoteca sobre dichos  inmuebles a favor de un tercero….”   

Así, son manifiestos los desaciertos en que  incurre  el  libelista en la formulación de los reproches, a lo que se suma que  no  se apega a lo que objetivamente demuestra el proceso, lo que mina la aptitud  necesaria  para  su  admisión,  además  que  el  desarrollo  de  los cargos no  acredita  en  lo  más  mínimo  la  trascendencia de los supuestos yerros ni el  logro de los fines del recurso extraordinario.   

Como        se    concluye   que    la demanda  no  será  admitida,  es  necesario  señalar  que  no  se  observa con ocasión del fallo impugnado o  dentro  de  la  actuación  violación  de  derechos  o garantías del procesado  HERRERA  PELÁEZ,  tampoco se ve la necesidad de superar los defectos del libelo  para  decidir  de fondo, según lo dispone el inciso 3º del  artículo 184  de   la  Ley  906  de  2004,  para  motivar  la  intervención  oficiosa  de  la  Corte.   

Precisión final  

Contra  la  decisión  de no admisión de la  demanda  de  casación procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo  establecido en el artículo 184 de la ley en comento.   

En mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO         ADMITIR    la              demanda    de    casación     interpuesta   por  el   

defensor   del   procesado      CARLOS     MARIO     HERRERA  PELÁEZ, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia   

en los términos precisados por la Sala en la  presente decisión.   

        Notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                          MARÍA          DEL         ROSARIO         GONZÁLEZ         MUÑOZ          

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ               LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO     

                           

                                                         

                                                                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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