40875(04-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

     FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

Aprobado  acta Nº  172   

Bogotá,  D.C.,  junio cuatro (4) de dos mil trece (2013).   

V   I   S   T   O  S   

La Sala resuelve acerca de la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de  Omar  Alonso  Llorente  Tabla, contra la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá el 18 de diciembre de  2012,  mediante  la  cual  revocó la proferida por el Juzgado Catorce Penal del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  el  15 de julio del mismo año, y lo  condenó  como autor de la conducta punible de actos sexuales abusivos con menor  de 14 años, agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  Tribunal de la siguiente manera:   

“La  señora  María  Denis  Piza Ureña,  progenitora  de  la  menor  M.A.P.U., de 9 años de edad para entonces, refirió  que  en  el  mes  de  diciembre de 2009, cuando se encontraba en el municipio de  Saldaña  (Tolima),  recibió  una  llamada de su hermana Ninfa, quien le pidió  que  tuviera  cuidado con su menor hija, en razón de que otro familiar observó  que   Omar   Alonso  Llorente  Tabla  –cuñado- le tocaba las orejas con mucha confianza.   

“Igualmente manifestó que en ocasiones en  que  la  niña  iba  a  la casa de su hermana, aparecía con dinero que empleaba  para  comprar  gaseosas  y  papas  y  al  indagarle  por el origen del mismo, le  contaba que se le había dado  el mencionado sujeto.   

“Amén que con ocasión de los rumores le  pidió  a su amiga Omaira que le indagara a la menor sobre la actitud que venía  asumiendo,  oportunidad  en  que  ésta  le contó que era objeto de tocamientos  sexuales  por  parte  Omar Alonso; que cuando iba a visitar a la tía, aquél le  bajaba  la  ropa  interior  a la altura de la rodilla, le besaba la vagina y los  senos,  le  manipulaba  los  genitales  por  debajo  y  encima de las prendas de  vestir,  la  colocaba a observar películas pornográficas y que en una ocasión  le  propuso  que  se  dejara  meter el ‘cosito’  en  su  cavidad  vaginal  y  le  daría  diez mil pesos, dinero que aceptó, pero no  accedió a tal acto”.   

2.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación  el  13  de  diciembre  de  2010,  presentó escrito de  acusación     contra    Omar    Alonso    Llorente  Tabla,  por  el delito de actos sexuales con menor de  14  años  agravados,  en  concurso homogéneo y sucesivo, según lo estipulado,  entre   otras   normas,   en   los   artículos   209   y  211.  2  del  Código  Penal.   

3. El expediente pasó al despacho del Juez  Catorce  Penal  del Circuito con Funciones de Conocimiento de Bogotá, autoridad  que  el  25  de  julio de 2012, dictó sentencia de primera instancia, en la que  absolvió    al    citado    acusado    de   los   cargos   atribuidos   en   la  acusación.   

4.  Apelado  el fallo por la fiscalía y el  apoderado  de  la  víctimas, el Tribunal Superior de Bogotá el 18 de diciembre  de  2012,  al  resolver  el  recurso,  lo  revocó  y  en  su  lugar, condenó a  Omar  Alonso Llorente Tabla  a   la   pena   principal  de  175  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  periodo  de  la  restrictiva  de  la  libertad, como autor de la conducta  punible  de  actos  sexuales  con  menor  de  14  años  agravado,  en  concurso  homogéneo y sucesivo.   

Contra la anterior decisión, la profesional  del  derecho  que vela por los intereses del procesado  interpuso recurso de casación.   

S  Í  N  T  E  S  I  S   D E L   L I B E L O    

El  defensor  con  base  en la causal   tercera,  según la sistemática reglada en el Código de Procedimiento Penal de  2004,  presenta un sólo reproche contra el fallo, así:   

Único cargo  

Acusa  al  sentenciador  de  haber  violado  indirectamente  la  ley  sustancial,  en tanto considera que hubo una exclusión  evidente  de  los  artículos  7°  del  Código  de Procedimiento Penal, 12 del  Código  Penal  y  29  de  la  Constitución  Política, derivada de manifiestos  desconocimientos  de  las  reglas  de producción y de apreciación de la prueba  sobre la cual se fundó el fallo recurrido.   

Estima que el juzgador incurrió en un error  de hecho por falso juicio de identidad.   

Como   elementos   de   conocimiento  mal  valorados,  cita  la  versión  del perito sicólogo de la Policía Nacional, la  “narración  de  la  denunciante”,  el  testimonio  de  Omaira  Barbosa, el informe médico de Jairo León Cardona y el relato hecho  por  la  menor  en  la  Cámara  de Gessell. Igualmente advierte que el fallador  dejó  de  apreciar  las  declaraciones  de  Claudia  Piza  y María Inés Peña  Prieto.   

La  casacionista encaminada a demostrar los  aludidos  yerros  procede a trascribir el testimonio de María Danis Piza Leña,  en  orden  a  evidenciar  un  supuesto  error  de hecho por falso raciocinio que  cometió  el  sentenciador al apreciarlo, para luego concluir que se vulneró la  regla  de la experiencia, según la cual, cuando se trata de delitos sexuales la  reacción  de  los  padres  es  la  de  acudir  de  manera  inmediata  ante  las  autoridades,  situación  que  aquí  no  ocurrió,  no  obstante que los hechos  acaecieron  en  el año 2004, la deponente sólo los puso en conocimiento de las  autoridades en el año 2010.   

En    otro   acápite   que   denominó  “Error    de    hecho   por   falso   juicio   de  existencia”,  manifiesta  que el Tribunal trató de  dar  fuerza  persuasiva  a  la  anterior declaración con la versión del perito  sicólogo,   pero   no   se   “reparó”  que  el testimonio del experto que rindió en el acto público  fue  el de leer el informe que suscribió, respecto de una entrevista de la cual  no hay prueba en el proceso.   

En relación con la declaración de Claudia  Milena  Urueña,  manifiesta  que ésta fue omitida en el análisis individual y  mancomunado  de los medios de convicción, elemento de juicio que habría podido  establecer  que  los  hechos  delictuosos no se podían cometer en la forma como  fueron  narrados,  abriéndose  camino la duda en favor de su procurado, para lo  cual procede a copiar varios fragmentos de la enunciada versión.   

En lo atinente a María Inés Peña Prieto,  también  la  califica  como  ignorada  en el acto de apreciación, probanza que  como  la  anterior,  de  haber  sido  apreciada  habría  generado la duda en el  fallador,   en   cuanto   a   la  existencia  del  hecho  y  por  lo  mismo,  la  responsabilidad del acusado.   

En otro acápite que llamó “Error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad”, cita    el  informe  del  perito  José  Orlando  Acuña  Guerrero, puesto que la demandante  estima  que  el  deponente  no aportó elementos relevantes acerca de los hechos  narrados  por  la  menor,  en  la  medida  en  que  se limitó al leer su propio  informe,  anunciando  que  había  unas  grabaciones pero no fueron aportadas al  trámite.  Además,  anota  que  no  comparte  la  coherencia  lógica que se le  atribuye  al  relato  de  la  menor, por ejemplo, en lo que atañe al dinero que  presuntamente  recibió,  toda  vez  que la madre dice que no vio el emolumento,  “aunque   si   un   talego   de   papas   y   una  gaseosa”.   

Como conclusión dice que la declaración  de  María  Alejandra Piza Urueña es acomodada, “en  cuanto  a  los  hechos  sin  descartar  la  ocurrencia  de los mismos, elementos  característicos   que   son   probablemente   creíbles  a  lo  contestado  por  ella”,   complementando   igualmente  que  no  fue  valorada adecuadamente por el Tribunal.   

En   lo   que  denominó  “Noticia   Criminal”,  estima  que  el  juzgador  le  da  la  “calidad de prueba”,  sin que le consten los hechos a la denunciante, puesto que la  madre de la menor habla de simples rumores entre los familiares.   

Así  mismo,  dice  que  la  deponente hace  mención  acerca  de  hechos ocurridos en el periodo comprendido entre octubre y  noviembre  de  2009,  es  decir,  “con  un  año de  atraso”.   

Contrario a lo inferido por el sentenciador  de  segundo  grado,  le  resulta  contrario a la lógica y al sentido común que  “una  madre  no pueda hablar con su hija y que deba  recurrir  a  otra persona que a su vez niega que la hayan solicitado el favor de  hablar con la menor”.   

Respecto    de    la    “morosidad”  en  la  formulación de la  denuncia,  esa  particular  situación para el juzgador no genera duda razonable  acerca de la existencia del acontecer fáctico.   

En  torno  al  testimonio de Omaira Barbosa  Bautista,  sostiene  que  ésta  le  transmitió  su inconformidad al procesado,  concluyendo  que la niña fue presionada a “confesar  algo  que  la  madre  no  le  dijo”, emergiendo, por  tanto,  la duda de su dicho.   

En  lo  atinente  al  protocolo  de  examen  médico   legal,   afirma   que  fue  omitido  y  se  cercenaron  parte  de  las  conclusiones,  lo  cual incidió en el juicio de responsabilidad, en tanto de no  haberse  incurrido  en ese desatino, se habría reconocido la duda a favor de su  defendido,  habida  cuenta  que  llevaría  a  no  darle  crédito a la versión  rendida  por  el  sicólogo  de  Policía  Judicial,  el  cual no tenía ninguna  especialización.   

Dice  que  por las mismas acotaciones no se  tendría  esa  versión como testigo directo, máxime cuando la información que  suministró   refiere  a  un  mes  de  noviembre  pero  admitió  desconocer  la  fecha.   

Y  por  último, el testimonio de la menor,  que  en  sentir  de  la  libelista,  tampoco  fue correctamente apreciado, en la  medida  en  que  el  juzgador  de  segunda  instancia  puntualizó  acerca de la  retratación, sin señalar a cuál versión se refería.   

Comenta  que  los vicios son trascendentes,  puesto  que  incidieron de manera adversa en el juicio de responsabilidad contra  el  procesado,  razón  por  la  cual  depreca  de  la  Corte casar la sentencia  impugnada y por lo mismo, confirmar el fallo de primer grado.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         

La   casación   en   la   Ley   906   de  2004   

De   tiempo   atrás   la   Corte   tiene  establecido1,   en   criterio  que  en  esta  ocasión  se  reitera,  que  esta  impugnación  no  ha  sido  concebida  como  un  instrumento que dé cabida a la  continuación  del  debate  surgido  por  razón  del  proceso, pues el mismo se  entiende  culminado,  a  manera  de  instancia  adicional  a  las normativamente  previstas  para el respectivo trámite, sino que por el contrario, corresponde a  una  sede  única en la que se parte del supuesto que el juicio ha terminado con  la  emisión  de  la sentencia de segunda instancia, y que ésta no solamente es  acertada   sino   ajustada   en   un   todo   al  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación compete al demandante.   

Los   intervinientes   en  la  actuación  judicial,  sólo pueden lograr dicho propósito a través de la presentación de  una  demanda  escrita,  en  la  que  se  identifique  la sentencia recurrida, se  acredite  la legitimidad y el interés para recurrir, se expresen con claridad y  precisión  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de  la pretensión, y se  demuestre  la  objetiva  configuración  de  uno  o  varios  de  los  motivos de  casación    taxativamente   previstos   por   el   Código   de   Procedimiento  Penal.   

En el libelo debe demostrarse así mismo, la  necesaria  intervención  de  la  Corte para cumplir, en el caso concreto, uno o  más  de  los  fines  inherentes  al recurso extraordinario, los cuales aparecen  previstos  en  el  artículo  180  de la Ley 906 de 2004. De ninguna otra manera  podrían  ser  entendidas las expresiones contenidas en los artículos 181 y 183  ejusdem,  según  las  cuales, la casación resulta procedente contra sentencias  de  segunda  instancia,  “cuando afectan derechos o  garantías  fundamentales”,  y que en la demanda se  deben    señalar    “de    manera    precisa   y  concisa”,    las   causales   invocadas   y   sus  fundamentos.   

La  Corte  insiste  en  indicar  que  en el  sistema  procesal  reglado  en  la  Ley  906 de 2004, no se exonera al censor de  cumplir  con  unos  mínimos  requisitos  de  forma  y contenido que le permitan  superar  el  necesario  juicio  de  admisibilidad que por ley compete realizar a  esta  Corporación,  con  claro  desarrollo  en  el artículo 184 del mencionado  estatuto,  que  la  faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en las  cuales  se  establezca  que  el  impugnante  carece  de interés, o cuando no se  señala  el  motivo  de  casación  en  que  apoya la pretensión desquiciatoria  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  o  se  dejan  de desarrollar clara y  precisamente  los  cargos  que  a su amparo pretendió formular, “o  cuando de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso”.   

Entre    los   mencionados   requisitos  establecidos  en  el  original artículo 183 de la Ley 906 de 2004, esto es, con  anterioridad  a  la modificación introducida por el artículo 98 de la Ley 1395  de    20102,  se destaca que al actor corresponde interponer el recurso dentro  de  la  oportunidad legalmente prevista, es decir, dentro del término común de  los  60  días  siguientes a la última notificación de la sentencia de segunda  instancia,  y la carga de acreditar la existencia de interés, en orden a acudir  en sede extraordinaria.   

Al  demandante igualmente compete señalar,  además,   con   absoluta  precisión,  la  causal  o  causales  que  apoyan  su  pretensión;  enunciar,  desarrollar y sustentar de manera clara el reproche que  a  su  amparo  pretenda  proponer  y  demostrar con la nitidez requerida, que la  intervención  de  la  Corte  en  el  asunto  particular, resulta necesaria para  cumplir  alguna  de las varias finalidades previstas para el recurso, tales como  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes  en  el  proceso,  la  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

En   dicho   sentido   la   Sala   tiene  establecido:   

“La   debida  sustentación  del  cargo  propuesto  implica  para  el  censor,  entre  otras exigencias, desarrollarlo en  forma  completa,  conforme  al  principio de sustentación suficiente, de suerte  que  la demanda se baste a sí misma para lograr la infirmación total o parcial  de  la  sentencia,  según  el  caso,  y  hacerlo  de manera clara y precisa, en  términos  tales  que  el  alcance de la impugnación surja nítido, para que el  juez   de   casación   pueda   dar   a   los   reproches   planteados  adecuada  respuesta.   

“También   es  exigencia  indeclinable  demostrar  que la intervención de la Corte es necesaria para la realización de  los  fines  de  la  casación,  lo  cual  significa  que  la demanda, además de  hallarse  adecuadamente  presentada y debidamente sustentada (idoneidad formal),  debe  ser fundada (idoneidad sustancial), es decir, estar razonablemente llamada  a   propiciar   la   infirmación   total  o  parcial  de  la  sentencia,  o  un  pronunciamiento unificador de la Corte sobre el tema debatido.   

“A   esta  conclusión  se  llega  tras  consultar  el  contenido del artículo 184 ejusdem, donde se incluye como causal  de  no selección de la demanda de casación, el que se advierta fundadamente de  su  contexto  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  propias  del  recurso,  es  decir,  que  no  sea  necesario para materializar la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes  y  la  reparación de los agravios inferidos a éstos (artículo  180)”3.   

En todo caso, la adecuada sustentación del  recurso,   sin   la   cual  no  es  posible  acceder  a  éste,  “exige  que  el  demandante  demuestre  que  el juzgador cometió un  error  al  tomar  la decisión, bien de juicio (in iudicando) o de actividad (in  procedendo),  para  cuyo efecto no basta afirmar que una determinada infracción  se   cometió,   sino  que  es  necesario  precisar  en  qué  consistió,  qué  repercusiones   o   implicaciones   tuvo   en   la   decisión  recurrida,  qué  consecuencias  desfavorables  se  derivaron  de ella para la parte impugnante, y  por  qué  la intervención de la Corte es necesaria para el cumplimiento de los  fines   del   recurso”4.     

         

Presupuestos   de   lógica   y   debida  fundamentación de la infracción indirecta de la ley material   

         

         

En  esta  modalidad  de  vulneración de la  norma,  se acepta que el error del  juzgador ocurrió de manera mediata, es  decir,  en  la  elaboración  del  juicio  de  hecho  derivado  de errores en la  apreciación  de  la  prueba, falencia que se ve reflejada en la aplicación del  derecho.    

En   el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista  compete  enseñar  a  la  Corte  en qué consistió el error en la  valoración  de  los  medios  de  convicción,  es  decir,  si fue de hecho o de  derecho  y  el  falso  juicio  que  lo determinó, esto es, si es de existencia,  identidad, raciocinio, legalidad o convicción.   

Y   por   último,  evidenciar  cómo  el  mencionado  vicio,  incidió  en la aplicación del derecho, en la medida en que  se  seleccionó  una  norma  que  no  era  la llamada a gobernar el asunto o, se  excluyó  otra  que  sí  resolvía todos los extremos de la relación jurídico  procesal.   

Calificación de la demanda  

         De  entrada  la  Sala advierte que el único cargo postulado por la  defensa  contra  el  fallo del Tribunal, no reúne los presupuestos de lógica y  debida fundamentación para su admisibilidad. Veamos:   

         El  censor  acusa que el juzgador incurrió en yerros al valorar la  prueba   de   carácter   testimonial,   así   como   también  “omitió”   otros   en   ese  acto  de  apreciación  probatoria,  errores  que  condujeron  a  que  se  excluyera en la  elaboración   del  juicio  de  derecho,  los  artículos  7°  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  12  del Código Penal y 29 de la Constitución Política.  Sin  embargo,  la  Corte en espera a que enseñara en qué consistió el aludido  desatino,  dedicó  la labor argumentativa a presentar una personal opinión, en  relación  con  el  mérito  suasorio  dado  a unos declarantes que a su juicio,  llevaban  al grado de conocimiento de la duda, por lo que el fallo debió ser de  naturaleza absolutoria.   

         En  esa  desafortunada  labor argumentativa, el libelista procede a  predicar  que  el  juzgador  incurrió  en  errores de hecho por falso juicio de  identidad,  existencia  y raciocinio, haciendo del cargo una sola confrontación  de  tesis,  en  torno  al  mérito  dado a las versiones juramentadas del perito  sicólogo,  la  madre  de  la víctima, la del médico Jairo León Cardona y por  supuesto, el relato de la menor.   

         Así  mismo,  incurriendo  en  el  principio  de no contradicción,  denuncia  sobre el mismo elemento de juicio (el testimonio de María Inés Peña  Prieto,  el  informe  médico  legal  y  la versión de la niña) tanto el falso  juicio  de  existencia  como  el de identidad y raciocinio, lo cual riñe con la  lógica,  en  la  medida  en que anuncia que el medio de prueba fue omitido y al  mismo  tiempo, sostiene que sí lo fue pero en su valoración se trastocaron las  reglas  de  la  sana  crítica,  al  mismo  tiempo  que  fue distorsionado en el  contenido objetivo.   

         Ahora  bien, en lo que atañe al error de hecho por falso juicio de  identidad,   la   censora   en   vez   de  enseñar  en  qué  consistieron  las  tergiversaciones  del  contexto  material  de  la  prueba,  al punto que se hizo  derivar  una  verdad  que  no  revela  la misma, procede a realizar una personal  crítica  probatoria,  cuando  por  ejemplo,  aduce que la declaración de José  Orlando  Acuña  Guerrero  no aportó nada a la investigación, puesto que en el  juicio  se  limitó  a  leer  el  informe  que rindió en su calidad de perito y  omitió  presentar  unas  grabaciones,  que  el  relato de María Alejandra Piza  Urueña  es  acomodado,  a  la  denuncia se le dio la calidad de “elemento   de  conocimiento”,  máxime  cuando  no  se  tuvo  en  cuenta  la  morosidad  en poner en conocimiento de las  autoridades  los  presuntos  hechos  delictuales y que de la narración que hace  Omaira  Barbosa  Bautista emerge como conclusión que la víctima fue presionada  a    “confesar   algo   que   la   madre   no   le  dijo”.   

         En  esa  medida,  toda  esa amalgama de argumentos jamás indica la  existencia  de  un  error  en  la  actividad  probatoria,  sino,  como  se  dijo  anteriormente,  una  personal  forma  de  valorar  las  probanzas, obviamente de  manera diferente a la del sentenciador.   

           Ahora  bien,  en  lo que atañe a los demás falsos juicios, esto  es,  de  existencia  y raciocinio, la demandante los introduce en las anteriores  hipótesis,  sin  que  demuestre la real ocurrencia de los citados desatinos. Es  más,  en  cuanto  al  último  falso juicio que determina el error de hecho, si  bien  hace  alusión  a  que  el juzgador transgredió la lógica y reglas de la  experiencia,  de todas formas lo dejó a mitad de camino, en la medida en que se  quedó  en  el  plano de la simple postulación, habida cuenta que se abstuvo de  demostrar  su  existencia  y  de  enseñar  su  incidencia frente a las plurales  decisiones adoptadas en el fallo.   

         Recuérdese  que cuando la censura se intenta por la vía del error  de  hecho  por  falso raciocinio, al actor compete indicar cuál es el principio  de  la  ciencia,  la  ley  de  la  lógica  y/o  la  máxima  de  la experiencia  quebrantada,  de  qué  manera lo fue, y cómo el desatino condujo al fallador a  predicar  conclusiones absurdas, así como su puntual trascendencia con la parte  dispositiva    de    la    sentencia    recurrida,    evento    que   aquí   no  ocurrió.   

Ante esa simple discrepancia de criterios,  deviene la inadmisión de la demanda.   

Resta  señalar  que no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  cuyo  trámite  fue  señalado  en auto del 12 de diciembre de  2005, adoptado en el radicado 24322.   

         

        En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

         

        1.      INADMITIR   la  demanda de casación presentada por  el  defensor de Omar Alonso Llorente Tabla.   

2.  De conformidad con lo dispuesto en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

         

         

        Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                     GUSTAVO E.  MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                                             JAVIER  DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

         

                                                        

    

1 Cfr.  auto de casación del 5 de diciembre de 2007. Rad. 28653.   

2 Ley  1395  de 2010. Art. 98. “El artículo 183 de la Ley 906 de 2004 quedará así:   

“Artículo  183. Oportunidad.  El  recurso  se interpondrá ante el Tribunal dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  última  notificación y en un término posterior  común  de  treinta (30) días se presentará la demanda que de manera precisa y  concisa señale las causales invocadas y sus fundamentos.   

Si  no  se  presenta  demanda  dentro  del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso de reposición”.   

3 Cfr.  por   todos,    auto   de   casación   de   9   de  junio  de  2008.  Rad.  29019.   

4 Cfr.  Auto casación de 26 de septiembre de 2007. Rad. 28053.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *