40870(09-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

      Aprobado     Acta    No.  336   

Bogotá  D.C.,  Octubre nueve (9) de dos  mil trece (2013)   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  apropiada  argumentación  de  la  demanda de  casación  presentada por la defensora de RAMIRO PIEDRAHITA TAMAYO, en contra de  la  sentencia  de 11 de diciembre de 2012, mediante la cual el Tribunal Superior  de  Medellín confirmó la emitida por el Juzgado Segundo Penal del Circuito con  Funciones  de  Conocimiento  de Bello, por cuyo medio lo condenó como autor del  delito de homicidio culposo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico fue presentado por los  falladores así:  

“El 18 de agosto  de  2009,  el  señor  Ramiro  Piedrahita  Tamayo  se movilizaba en su vehículo  camioneta  de  placas  QAC-752 por la carrera 52 de esta población (Bello) y al  llegar  al  cruce  con  la calle 51 colisionó con el vehículo Twingo de placas  MOO-626,  conducido  por la señora Erika Marcela Villada que a raíz del choque  fue  a  parar  contra la puerta de un establecimiento de comercio donde justo se  encontraba  el  menor  Santiago  Yepes  Valle,  quien  como consecuencia de ello  falleció en el acto”.   

En  audiencia  preliminar  cumplida  el 4 de  junio  de  2010 ante el Juez Segundo Penal Municipal con Funciones de Control de  Garantías  de  Bello,  la  Fiscalía  formuló  imputación en contra de RAMIRO  PIEDRAHITA  TAMAYO  y  Erika  Marcela Villada López, por el delito de homicidio  culposo, cargo que éstos no aceptaron.  

Presentado  el escrito de acusación el 2 de  julio   de   2010,   sólo   en   contra   de   PIEDRAHITA  TAMAYO  —porque   en   cuaderno   separado  se  solicitó    luego    en    favor   de   Erika   Marcela   Villada   López   la  preclusión—,  correspondió  al  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Bello adelantar el 8 de  noviembre    de    2010    la    respectiva   audiencia   de   formulación   de  acusación.  

Evacuada  en  el  citado  despacho  judicial la audiencia de juicio oral  y  anunciado el sentido  de  fallo, mediante sentencia de  23    de   agosto   de  2012    fue  condenado  RAMIRO PIEDRAHITA TAMAYO como autor del delito objeto  de    acusación,    a    las   penas   de  treinta y dos (32) meses de prisión,  multa   de   veintiséis   punto   sesenta   y  seis  (26,66)                  s.m.l.m.v.,  también  a  las accesorias  de    inhabilitación    para    el    ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas,    así    como   a   la   privación  del derecho a conducir automotores y motocicletas por el  mismo  lapso  de  la  sanción  aflictiva  de  la  libertad,  concediéndole  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

   

En    virtud    del    recurso    de  apelación     formulado     por     la          defensora         del        procesado, el  Tribunal      Superior      de      Medellín      a      través   de   sentencia   de  11         de        diciembre     de     2012, confirmó la  condena,  razón  por  la  cual  aquella impugna  extraordinariamente  con la  respectiva   demanda   de   casación,   de   cuya  admisibilidad  se  ocupa  la  Sala.   

DEMANDA  

   

Al  amparo  de  la  causal contemplada en el  numeral  3°  del  artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004 propone un cargo que  escinde en los siguientes aspectos:  

1.             Error de hecho  por  falso  juicio  de identidad en la apreciación del  testimonio  de  Erika Marcela Villada, al afirmar que el semáforo estaba en luz  verde  para  ella,  así  como  en la atestación de Mario Arturo Aguilar Torres  quien  la  corroborara,  porque  “más  allá de una  apreciación  lógica  y  racional  de  los  hechos  conforme a las reglas de la  experiencia,  el  croquis  del  accidente, que no había sido puesto en duda por  nadie  en  este  proceso,  demuestra  que más que la precisión acerca de si el  semáforo  se encontraba en rojo o en verde para tal o cual conductor, el exceso  de  velocidad que conducía Erika Marcela Villada, que el propio Tribunal acepta  como  probado,  la  revela  como causa determinante del accidente”.  

   

Estima que el juzgador supuso una prueba que  jamás  fue  considerada  al  concluir que quien conducía a exceso de velocidad  era  PIEDRAHITA  TAMAYO,  pues  nadie lo afirmó, ni hubo señal de frenada para  tal determinación.  

De  igual  forma,  señala  que “se      distorcionó—sic—  gravemente,  no  solo  la lógica, la verdad física e histórica, sino procesal  de  los  hechos y el sentido común” ante la absoluta  incoherencia  de  los  testigos que no aportaron elementos de juicio suficientes  para establecer la verdad.  

Que  precisamente  el  Tribunal  ignoró las  graves  contradicciones  del  testigo  Mario  Arturo Aguilar Torres tanto en sus  entrevistas  como  en  la  testificación en juicio, cuando ante el Organismo de  Tránsito  afirmó que vio la colisión, resultando inverosímil su presencia en  el  lugar  de  los hechos, pues ante la posición en que dice haberse encontrado  le   era   imposible   continuar   la   marcha    sobre  el  cruce  de  las  avenidas.  

De  otro lado, expresa que no obstante haber  renunciado  el  acusado  a  su  derecho  de  rendir  declaración en juicio, los  falladores  ignoraron  sus  “testimonios”  recogidos  en  el  fallo contravencional de tránsito y ante la  Fiscalía.   

   

A  su turno, aduce que Erika Marcela Villada  dio   una   versión  confusa,  contradictoria  y  mentirosa,  y  el  Ad  quem  la  valoró,  desdeñando las  pruebas  técnicas  del proceso contravencional de tránsito y otras presentadas  en  el  juicio penal a través de estipulaciones probatorias, las cuales tenían  incidencia   para   valorar   la   denominada  “ola  verde”.   

   

Explica  que  según  el  fallo  del ente de  transporte,  que fue objeto de estipulación probatoria, el accidente ocurrió a  las  12:50  del mediodía, pero según otra estipulación sucedió a la 1:30 pm,  no   existiendo   así   certeza  ni  siquiera  de  la  hora,  lo  que  tendría  trascendencia  frente  a  los  volúmenes  de  tránsito  y funcionamiento de la  citada        “ola       verde”.   

2.                  Falso        juicio       de  convicción   al  declarar la responsabilidad del  procesado  a  pesar  de  haber concluido previamente que podía tener asidero la  tesis  defensiva  acerca de que el vehículo conducido por Erika Marcela Villada  colisionó  al maniobrado por aquél, para afirmar seguidamente que la posición  final  y  la  trayectoria  de  los  automóviles  demostraban  que  el  Mazda se  movilizaba   a   alta   velocidad,   pues  su  desplazamiento  y  viraje  fueron  prolongados.   

Por  último,  anota  que  el  Tribunal  se  equivocó  cuando  admitió  que  la velocidad con la que manejaba Erika Villada  era  excesiva,  pero  “terminó  con un razonamiento  empírico  carente  de fundamentación lógica al afirmar que el vehículo Mazda  se movilizaba a alta velocidad”.   

3.            Falso  juicio de convicción  cuando  el  juez  plural  determinó  que  aunque el vehículo del  procesado  no  golpeó  a  la  víctima,  actuó  imprudentemente  al pasarse el  semáforo  en  rojo  incrementando  el  riesgo que se concretó en el resultado,  porque  con  ello  se  aceptó  que  no  creó el riesgo, y por ello habría una  concurrencia de culpas, la cual fue desconocida en las instancias.   

4.            Falso juicio de convicción cuando  en  el  fallo  se  concluyó  que  no se podía trasladar la  responsabilidad  a  Erika Marcela Villada por no haber frenado, justificando eso  con  el  argumento  de  que  ella  perdió  el  control del vehículo, porque en  criterio  de  la demandante “en sana lógica fáctica  y   jurídica   constituye   una  evidente  negligencia  e  impericia  de  dicha  conductora”,  pues  cualquier  chofer  en las mismas  circunstancias  habría  podido  frenar  y  evitar  la colisión, máxime que la  evidencia  procesal  señala  que  el vehículo conducido por aquella golpeó al  manejado por RAMIRO PIEDRAHITA.   

Por  último,  advera  que  la  propia Erika  Marcela  manifestó  a la Fiscalía que su carro no sufrió avería, pero según  certificación  de  la  aseguradora  Royal & Sun Alliance Seguros (Colombia)  S.A.,  las reparaciones del Twingo ascendieron a $9.529.816,oo, además, ella es  reincidente  contraventora  de  las  normas del Código Nacional de Tránsito al  tener  reportados  hasta  el  mes  de  febrero  de  2010  cuatro  accidentes  de  tránsito,  dos de ellos en la misma esquina de la carrera 52 con calle 51 y una  retención  del  automotor, sin asistir a las audiencias o al curso de seguridad  vial  propios  de ese procedimiento contravencional, ni pagar las multas, cuando  a  cambio  el  enjuiciado  no ha tenido alguna contravención de tránsito en la  ciudad de Medellín.   

5.            Falso  juicio de convicción  al  apreciar  “la prueba denominada ola  verde”,   ignorando  su  verdadero  sentido,  toda  vez  que  “es un fenómeno  inducido  intencionalmente  en el cual una serie de semáforos se coordinan para  permitir  el flujo continuo de tráfico sobre varias intersecciones en una misma  dirección.  Cualquier  vehículo  que  se  mueva  a  lo  largo  de la ola verde  aproximadamente  a  una velocidad establecida por los controladores de tráfico,  verá  una  cascada  progresiva  de  luces  verdes y no tendrá que detenerse en  intersecciones”.   

6.            Falso  juicio  de existencia  al  ignorar  la decisión de la  Inspección de Tránsito del  Municipio  de  Bello,  introducida  mediante estipulación probatoria, así como  las  pruebas  practicadas  allí  conclusivas  de  que  la responsabilidad en el  accidente corresponde a Erika Marcela Villada.   

Finalmente, denuncia que el Tribunal soslayó  que  la  declarante  Elsa  Mónica  Meneses  tenía  en  su  poder  un documento  contentivo  de  las  preguntas  y  respuestas  formuladas  por  la  Fiscalía en  audiencia.   

Consecuentemente,  solicita a la Corte casar  la   sentencia   a   fin   de   absolver   a   su  asistido  de  responsabilidad  penal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Con  anterioridad  la  Sala ha precisado que  para  acceder  a  esta  sede  extraordinaria  es deber ineludible del demandante  justificar  la  impugnación  acorde con las finalidades legales establecidas en  el  artículo  180  de  la Ley 906 de 2004: Si se trata del interés personal en  aras  de  la  efectividad  del derecho material, el respeto de las garantías de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por estos, o por el  interés general de la unificación de la jurisprudencia.   

         

En  ese  orden,  al estar la pretensión del  demandante  demarcada  por  el carácter teleológico de la casación, concurren  como  presupuestos procesales de la impugnación no sólo los aspectos objetivos  acerca  de  que se trate de sentencias de segundo grado y que se haga dentro del  término  establecido, sino que los elementos subjetivos relativos al interés y  legitimidad  para  acceder  al  recurso  adquieren un plus ya que necesitará la  acreditación  de la afectación de derechos o garantías fundamentales, además  de  señalar  la causal por la que opta con el desarrollo adecuado de los cargos  que  le  dan  sustento, así como demostrar la necesidad del fallo de casación,  so  pena  que  por  su  incumplimiento  el libelo no sea admitido, tal y como lo  dispone el artículo 184 de la ley en comento.   

Tampoco escapan al recurso los requerimientos  metodológicos   necesarios   que   implica   un   ataque   técnico–jurídico    que    como    control  constitucional  y  legal  se  realiza  al  fallo  de segundo grado. Ello apareja  observar  las reglas de coherencia, precisión y  claridad que conduzcan al  cabal  entendimiento  del embate, porque en manera alguna se trata de reabrir el  debate   probatorio   o   de   revisar   in  integrum  o  ex  novo  la actuación procesal.   

En  efecto,  no  basta  que  el  recurrente  presente  su  oposición  a  la valoración probatoria obtenida a través de las  instancias,  o  muestre  su  enfoque  sobre  un tema jurídico específico; debe  enseñar  en  su disquisición la existencia de errores manifiestos y esenciales  con  incidencia  en  el  sentido  de  la  decisión  en  que hayan incurrido los  funcionarios en su labor juzgadora.   

Las  anteriores precisiones le permiten a la  Corporación  advertir  que  si bien la defensora delimitó los errores tanto de  hecho  como  de  derecho  en  la  apreciación  probatoria, el desarrollo de los  mismos  no  consulta la técnica casacional, lo que vaticina la no admisión del  libelo, como pasa a explicarse:   

Es  sabido  que  cuando  se  elige la causal  primera  de  casación,  específicamente  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial  por  discrepancias  en la aprehensión y valoración probatorias por  parte  del  fallador,  compete  al  demandante,  además  de  individualizar  el  elemento  de  convicción  en  el cual recae el vicio, identificar su clase, sea  error   de   hecho  en  sus  diversas  modalidades:  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  o  invención  del  medio  probatorio;  falso  juicio  de  identidad  por  distorsión  o  tergiversación  de  su  contenido fáctico; o falso   raciocinio   al   infringir  los  postulados  de  la  sana  crítica  y  derivar conclusiones que contravienen los  principios  lógicos,  las leyes de la ciencia o las máximas de la experiencia.  O  si  se  trata  de  un  error de derecho   debe   explicar   si  el  yerro  consistió  en  un  falso  juicio  de  convicción por negarle  el  valor  conferido  por  la  ley  u otorgarle un mérito diverso del que le es  atribuido   legalmente,   o   un   falso  juicio  de  legalidad  por valorar el juzgador alguna probanza con  defectos formativos en su incorporación o aducción procesal.   

En  este caso, la  libelista   propone  en  primer  lugar  un   falso   juicio  de  identidad    respecto   de   las    declaraciones    de    Erika   Marcela   Villada  y  Mario  Arturo Aguilar Torres quienes  coinciden   en  afirmar  que  la  luz  del  semáforo  indicaba  luz  verde  para  ella,    sin  embargo,  incurre     en     una     aporía    (enunciado  que expresa una inviabilidad  de         orden         racional),   cuando  seguidamente  agrega  que  “más que la precisión  acerca  de  si  el  semáforo  se  encontraba en rojo o en verde para tal o cual  conductor,  el  exceso  de velocidad que conducía Erika Marcela Villada, que el  propio  Tribunal acepta como probado, la revela   como   causa  determinante  del  accidente”.   Así,  lejos de precisar qué  aspecto    de   tales   dichos   fue   mutado   o   distorsionado   judicialmente,  le resta importancia a  la  señales luminosas que guían el tráfico al decir que lo fundamental era el  exceso  de  velocidad  a la que conducía Erika Marcela.   

En   vez   de  decantar  el  error  en  la  aprehensión  de  tales  medios  probatorios,  cae  en uno de valoración cuando  anota  que no se consultó la lógica, el sentido común, ni la verdad física e  histórica,  y  que  no  se  advirtieron las contradicciones de los declarantes,  postulado  propio de un falso raciocinio, sin que tampoco explore de qué manera  fue  pretermitida  la  libre y racional apreciación probatoria, para evidenciar  que:   i)   la  decisión  cuestionada  careció  de una argumentación estructurada coherentemente como lo  enseña  la  lógica; ii) las  consideraciones  judiciales distan de la forma como se aplican los principios en  un  espacio  teórico  específico; o iii)  no se consultaron los juicios formados a partir de comportamientos  sometidos   a   la  identidad  circunstancial  que  arrojan  las  reglas  de  la  vida.   

Ni  siquiera  para demeritar la credibilidad  otorgada  a  las  manifestaciones de Erika Marcela Villada expone cuáles fueron  las  pruebas  objeto de estipulación probatoria relativas a la programación de  los    controladores    de    tráfico    para    la   denominada   “ola  verde”  y  su  incidencia  en el  sentido  de  la  decisión,  sin demostrar así algún desafuero intelectivo por  parte del fallador.   

La   contradicción   indisoluble   en  el  planteamiento  de  la defensora se patentiza cuando destaca que como su asistido  renunció  al derecho de rendir declaración en juicio, el Tribunal debió tener  en     cuenta     los    “testimonios”   que   él  rindió  en  el  proceso  contravencional  ante  la  Inspección  de  Tránsito, con lo cual, además de no precisar de qué forma la  falta  de apreciación de los mismos incidió en el fallo de condena, olvida que  en  el  sistema  de enjuiciamiento criminal implementado por la Ley 906 de 2004,  sólo  se  consideran pruebas las que han sido presentadas y sometidas al debate  en  el  juicio  oral,  según  el  principio  de  inmediación contemplado en el  artículo  379:  “El Juez  deberá  tener en cuenta como pruebas únicamente las que hayan sido practicadas  y   controvertidas  en  su  presencia”,  y  lo  dispuesto  en  el artículo 16 del mencionado ordenamiento:  “En  el  juicio únicamente se estimará como prueba  la  que haya sido producida o incorporada en forma pública, oral, concentrada y  sujeta    a    confrontación    y    contradicción    ante    el    juez    de  conocimiento”.   

La Corte destaca que aquí la defensa no hizo  evidente  su  interés  en  hacer valer esas atestaciones previas del procesado,  pues  ni  las anunció en el descubrimiento probatorio, y el desistimiento a que  el  incriminado  se presentara en calidad de testigo y ser oído, como prueba ya  decretada,  se  dio  ya  en  la  audiencia  de  juicio  oral, privando así a la  judicatura de escuchar sus explicaciones.   

De  otro  lado,  cuando denuncia el error de  derecho   por   falsos   juicios  de  convicción  comete  graves  impropiedades  reduciéndose  su  planteamiento  a  una  nueva  valoración probatoria desde su  visión  de los hechos, al insistir en el que vehículo de Erika Marcela Villada  fue el que golpeó al conducido por el incriminado.   

No cuestiona la idoneidad de algún elemento  probatorio  como  para  desarrollar  el error en la contemplación jurídica del  mismo  por  parte  de  los  juzgadores, desdeñando que la modalidad de yerro de  derecho  por  la  que opta ocurre respecto de medios probatorios a los cuales el  legislador  expresamente  les  ha  asignado  un  específico valor demostrativo,  cuando  el  juzgador  en  la  estimación  de  los  mismos  se  aparta  de  esos  parámetros  legales, bien por asignarles un alcance diferente o por negarles el  mérito señalado en la ley.   

Sofísticamente  la recurrente indica que el  Tribunal  pese  a que  admitió la posibilidad de la tesis defensiva acerca  de  que el vehículo de Erika Marcela golpeó al de PIEDRAHITA TAMAYO, concluyó  que   éste   era  quien  conducía  a  alta  velocidad,  porque  claramente  la  Corporación  indicó  que  si bien ese fenómeno de manera general “puede  tener  algún asidero en las leyes de la física, advierte  la  Sala  que  la posición final de los vehículos y la trayectoria de cada uno  de  ellos  indica  que  el vehículo Mazda [conducido  por  el  procesado], se movilizaba a alta velocidad, ya  que  su  desplazamiento  y  viraje  fue  prolongado,  puesto  que  el  cambio de  movimiento es proporcional a la fuerza motriz”.   

Pero  además,  esquiva  la  impugnante  la  conclusión  de  los   falladores  acerca  de  que  la  causa  necesaria  y  eficiente  para  producir  el  resultado,  muerte  del menor, obedeció a que el  incriminado  no atendió la señal de detención que le indicaba la luz roja del  semáforo,  infringiendo  así  el deber objetivo de cuidado que le era exigible  en  ese momento, para lo cual tuvieron en cuenta no sólo las manifestaciones de  Erika  Marcela  Villada,  sino  las de Mario Arturo Aguilar Torres, quien estaba  ubicado  detrás  de aquella en su vehículo esperando el cambio del semáforo y  narró  cómo  ella  arrancó  cuando  la  luz  verde le indicó, para luego ser  colisionada por la camioneta Mazda que avanzaba por la carrera.   

Y  aunque  la demandante en relación con el  testigo  Mario  Aguilar  Torres  siembra contradicciones con sus manifestaciones  hechas  en  sus  entrevistas  y  ante el organismo de tránsito que adelantó el  respectivo   trámite  contravencional,  además  de  que  no  identifica  tales  inconsistencias,  es  evidente,  como  lo  resaltaron  los  juzgadores,  que  la  credibilidad  del  testigo  no  fue  impugnada en debida forma por la defensa en  desarrollo  del  juicio  oral  al  realizar   el  cotejo respectivo con esa  atestación  previa,  pues  sólo  intentó  hacerlo  a  través del croquis del  accidente,  pero  no  con  la aludida entrevista o con lo plasmado en el proceso  contravencional.   

La  Sala  con  anterioridad   ha   precisado   la  connotación  probatoria  que  revisten  las  declaraciones  previas  y  los  informes  en las actuaciones que se surten en el  sistema  acusatorio  colombiano en el sentido que si bien no tienen el carácter  de  prueba  autónoma  e  independiente en los términos del artículo 347 de la  Ley  906  de 2004, pueden ser valorados en su contenido cuando frente a ellos se  ha  ejercido el derecho de contradicción durante el juicio oral a través de la  impugnación   de   la   credibilidad  del  testigo,  ya  que  en  esos  eventos  se  entienden  incorporadas al testimonio rendido en  dicha            fase            procesal1.   

Impropiamente  funda  un  falso  juicio  de  convicción  “en la apreciación y valoración de la  prueba  denominada  ola  verde”, porque en sí no es  esta  una  prueba,  ni  menos  se le ha asignado legalmente un determinado valor  suasorio.  Como  se explicó en el fallo, fue objeto de estipulación probatoria  el  hecho  de  que  los equipos controladores del tráfico que correspondían al  corredor   de   la   carrera  52  entre  calles  50  y  53  estaban  programados  sincrónicamente   “con  el  fin  de  minimizar  la  cantidad  de  paradas  en  el  desplazamiento  en  este  corredor  y  evitar  la  formación   de  colas  sobre  el  mismo”,  pero  se  desestimó   la   tesis   de   la   defensa   relativa  a  que  la  “ola  verde”  amparaba  a  PIEDRAHITA  TAMAYO  y  por eso podía cruzar la vía en cualquier momento, porque se trataba  simplemente   de  la  regulación  del  tráfico  que  aminoraba  el  tiempo  de  detención,  sin  que  pudiera  “aceptarse que la ola  verde  faculta  a  los  conductores para que violen las normas de tránsito y se  pasen  los  semáforos cuando estos están en rojo, como ocurrió en el presente  caso”.   

Igual  destino  se  avizora  al  plantear la  defensora  un  falso juicio de convicción cuando se concluyó judicialmente que  no  se  podía trasladar la responsabilidad a Erika Marcela Villada por no haber  frenado  su  automotor,  porque  no  repara  en  sí  en algún medio probatorio  sometido  en  su  valoración  al  método  de  la  tarifa  legal.  Además,  la  situación   que  pretende  destacar  —ausencia  de  frenado  por  parte  de la otra conductora—, para configurar así la figura de la  compensación  de  culpas, fue sopesada por el juez plural para desecharla, pues  aun  de  admitir  que  ella  no logró frenar, lo que pudo obedecer a múltiples  causas  ante  la  repentina  aparición  de  la camioneta que no le dio tiempo a  ejecutar  esa  maniobra,  no  podía  atribuírsele jurídicamente el resultado,  pues  “ese  no fue el riesgo que se actualizó en el  resultado,  ya  que a quien le tocaba acatar la correspondiente señal de pare y  detener  la  marcha era al acusado Piedrahita Tamayo, mientras que la conductora  del  automóvil  podía  adentrarse confiada en la intersección vial, pues así  se  lo  indicaba  la  señal  luminosa del semáforo, sin que nada le permitiera  presagiar  que  alguno  de  los conductores que se desplazaban por la carrera no  iba   a   acatar   la   señal   luminosa   que   lo   compelía  a  detener  la  marcha”.   

Y por último, el falso juicio de existencia  por  no  haber valorado el  fallo proferido por la Inspección de Tránsito  del  municipio  de Bello, en el cual se exoneró de responsabilidad a PIEDRAHITA  TAMAYO,  recayendo  la  misma  en  Erika  Marcela  Villada, en las sentencias se  recalcó  que  esa  decisión  contravencional  no  obligaba  a adoptar la misma  determinación  en  sede  penal dado el carácter ontológico y teleológico que  las distingue.   

Además  se  destacó  que en la providencia  contravencional  no se argumentó razonadamente por la vía científica, lógica  o  experimental  el  porqué  de  las  pruebas  se  arribaba  a esa conclusión,  constituyéndose  así  una  falacia  por  petición  de  principio,  al dar por  probado  lo  que  se  debía  probar,  evento que obviamente le minaba cualquier  fiabilidad.   

También  se  queda  vacua  la queja de la  defensora  relacionada  con  que  a  una  testigo  le  fue encontrado un escrito  contentivo  de preguntas y respuestas, porque no explica de qué manera influyó  ese  incidente para arribar al fallo de condena. Precisamente tal situación fue  analizada por el Tribunal en los siguientes términos:   

“Expone  el  recurrente  que  la  prueba  testimonial    está    viciada    porque    a    una   de   las   testigos  de cargo, Elsa Mónica Meneses,  se  le  entregó  días  antes  del  juicio  un  documento  contentivo de varias  preguntas  con  sus  respectivas  respuestas (folios 129 y 130) relacionadas con  los  hechos  objeto de controversia, hecho que para la Sala es digno de reproche  pero  que  no  incide ni resta credibilidad a los otros testigos, ya que ninguno  admitió  en  el  juicio  haber recibido documento similar, a lo que se suma que  los  relatos  de los testigos de la Fiscalía fueron coherentes y lógicos, y en  ellos  no  se  observa  contradicción  alguna  o  semejanzas tales que permitan  inferir  que  están relatando un libreto aprendido con anterioridad, como es lo  que sugiere el reparo de la defensa”.   

En este orden, deviene palmario que el libelo  contiene  grandes  falencias,  que en manera alguna pueden ser subsanadas por la  Corte  en virtud del principio de limitación que rige esta extraordinaria sede,  máxime  que las discrepancias con las consideraciones judiciales no son por sí  solas suficientes para invalidar el fallo.   

Como  se  concluye  que  la demanda no será  admitida,  es  necesario  señalar  que  no  se  observa  con ocasión del fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación violación de derechos o garantías del  procesado  PIEDRAHITA TAMAYO, tampoco se ve la necesidad de superar los defectos  del  libelo  para  decidir  de  fondo, según lo dispone el inciso 3º del   artículo  184  de la Ley 906 de 2004, para motivar la intervención oficiosa de  la Corte.   

Precisión final  

Contra  la  decisión  de no admisión de la  demanda  de  casación procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo  establecido en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004,    

En mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO   ADMITIR  la    demanda       de      casación         interpuesta   por   la   defensora  del   procesado  RAMIRO  PIEDRAHITA  TAMAYO,  por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia   

en los términos precisados por la Sala en la  presente decisión.   

        Notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                          MARÍA          DEL         ROSARIO         GONZÁLEZ         MUÑOZ          

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                 LUIS     GUILLERMO     SALAZAR  OTERO    

                           

JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sentencia de casación de 9 de noviembre de 2006,  radicación  25738.  En  el  mismo  sentido  auto  de  7  de  febrero  de  2007,  radicación 26727.     

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