40834(15-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 148.   

Bogotá  D.C.,  mayo quince (15) de dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala en relación con la  admisión  de  la  demanda de casación discrecional presentada directamente por  el   procesado   DARLES   AROSA   CASTRO,  en  su  condición  de  abogado,  contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  por  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  Adjunto de  Villavicencio  el 15 de agosto de 2012, mediante la cual confirmó la dictada el  30  de  abril anterior por el Juzgado Quinto Penal Municipal Adjunto de la misma  ciudad que lo condenó por el delito de inasistencia alimentaria.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  episodio  fáctico  que  originó  esta  actuación  fue  relatado  por  el ad quem, de la siguiente forma:   

“Fueron  denunciados  por Miriam Patricia  Nudelman  Forero,  quien  indicó que su denunciado convive con su hija Carolina  Pineda  Nudelman,  con  quien  procrearon a M.A.A.P.1,  pero que el padre, quien en  principio   se  negó  a  reconocerla  como  hija,  no  ha  cancelado  la  cuota  alimentaria  a  partir  de  junio de 2006 (la denuncia se presentó en agosto de  2006).   

Que  la cuota alimentaria fue fijada por el  Juzgado  Segundo  de Familia en el valor de $ 300.000oo más el incremento anual  decretado por el Gobierno Nacional.   

Se allegó copia del registro civil en el  que  el  denunciado  figura como padre de la menor M.A., con lo que se demuestra  el  parentesco y el surgimiento de la obligación alimentaria en cabeza de AROSA  CASTRO              DARLES”.     

Con  base  en  los  hechos  denunciados, se  dispuso  la  apertura  de  instrucción, en cuyo marco fue vinculado  DARLES  AROSA  CASTRO,  en  calidad de  persona  ausente, en contra  de   quien,  previo  cierre  de  investigación,  se  profirió  resolución  de  acusación  el  18 de mayo de 2010 como posible autor del delito de inasistencia  alimentaria,  determinación  que  fue  confirmada el 29 de junio del mismo año  por un Fiscal Delegado ante el Tribunal de Villavicencio.   

La   etapa   del   juicio   correspondió  adelantarla  al  Juzgado Quinto Penal Municipal de la misma ciudad, ante el cual  se     evacuó  la  audiencia  preparatoria  y  se  inició la de  juzgamiento.  Luego,  la  actuación  fue  reasignada  a  un  juzgado adjunto al  mencionado,  el  cual,  tras  finiquitar  la  referida  vista  pública,  dictó  sentencia  el  30  de  abril  de  2012,  por  cuyo medio condenó a DARLES    AROSA   CASTRO   como   autor  penalmente  responsable del mismo delito que sustentó la acusación a las penas  principales  de  veinticuatro (24) meses de prisión y multa por valor de quince  (15)  salarios  mínimos  legales  mensuales y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  pena privativa de la libertad.   

Igualmente,   lo   condenó  al  pago  de  perjuicios,   a  la  vez  que  le  concedió  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

El Juzgado Cuarto Penal del Circuito Adjunto  de  esa  misma ciudad, con ocasión del recurso de apelación interpuesto por la  defensa   del   sindicado  contra  el  anterior  fallo,  lo  confirmó  mediante  providencia  del  15  de  agosto ulterior.     

Inconforme con la sentencia del ad-quem,  el procesado, en su condición  de  abogado, interpuso recurso extraordinario de casación, después sustentado,  dentro  del  término  legal,  mediante  libelo,  de cuya admisibilidad se ocupa  ahora la Sala.      

LA DEMANDA  

          Antes  de  formular  los  cargos, el casacionista señala a espacio  que  en  este  asunto  se  cumplen  los  presupuestos  para acudir al recurso de  casación   por  la  vía  discrecional,  al  verificarse  transgresión  de  la  garantía  fundamental  de presunción de inocencia, disertando sobre su alcance  con    apoyo   en   la   jurisprudencia   de   esta   Sala   y   de   la   Corte  Constitucional.           

         Más  adelante,  instaura  tres  reproches  al  fallo impugnado con  fundamento  en  la  causal primera prevista en el artículo 207 de la Ley 600 de  2000.  El  primero,  por  violación  directa  de  la  ley sustancial y, los dos  restantes, por la senda de la transgresión indirecta.   

Primer  Cargo.  Violación directa de la ley  sustancial:   

Comienza  por  señalar que el sentenciador  vulneró    el    principio    de    presunción   de   inocencia   “y,  como  consecuencia  de  la  violación  a  tal  garantía, o  derecho  fundamental,  aplicó indebidamente una norma de derecho sustancial: el  artículo    233    del    Código    Penal,    que   define   la   inasistencia  alimentaria”   

Acto  seguido recuerda las formas cómo, de  acuerdo  con  el  criterio  de  la  Corte,  se  debe  atacar  el  quebranto  del  in  dubio  pro  reo en sede  casación,  en  el  marco  de  la  causal primera del artículo 207 del estatuto  procesal penal.   

Al   respecto,   indica   que   atacará  “las  consecuencias jurídicas extraídas por el ad  quem   de  esa  valoración  fáctico  probatoria”,  procediendo   a   reiterar  in  extenso  las  glosas  previas  sobre el alcance y naturaleza de la garantía  de presunción de inocencia.   

A  su término, recuerda cómo los hechos  que  dieron  lugar  a  su  condena  refieren  al  presunto  impago de las cuotas  alimentarias   debidas   a  su  hija  menor  M.A.A.P.  durante el período comprendido entre junio de 2006 y  marzo  de  2007;  sin  embargo,  añade, durante el debate probatorio el juez de  primera  instancia  fue  enfático  en afirmar que el testimonio de Carolina  Pineda,  única  deponente  de  cargo,  junto  con  dos declaraciones más rendidas en el proceso, dejaba muchas  dudas, por lo cual se prescindió de continuar con su práctica.   

A  continuación,  refiere  a  “lo  que  se  dijo  en  las  sentencias,  que permite inferir que  existen     dudas     sobre     la    comisión    del    punible”.   

Así,  en  cuanto  al fallo de primer grado  anota  que  al  desconocer  los pagos efectuados y las razones por las cuales se  expidieron  recibos  de  pago, sencillamente se acepta que su veracidad está en  duda,  e  igual  lectura  surge cuando afirma que los mismos no brindan certeza,  “es  decir  que le generan dudas y son precisamente  esas  apreciaciones  las que debieron ser tenidas en cuenta al momento de emitir  el  fallo,  debiendo conceder al suscrito el beneficio de la duda”.   

Y,  con  respecto  al  fallo  de  segunda  instancia,  porque   al  acoger  totalmente el dicho de la denunciante y su  hija  Carolina  “habrá  de persistir la duda en lo  que  atañe  a  las  manifestaciones  de la testigo, por expresa indicación del  fallador  de  primera  instancia,  razón  por  la cual habrá de medirse con el  mismo  rasero  las  declaraciones  que  fueron  tenidas  como  válidas  en esta  instancia    y    que    devienen    de    la    señora   Pineda”.   

Culmina  su disertación señalando que con  ocasión  del vicio de juicio aludido, se violaron los artículos 29 de la Carta  Política,  7,  que consagra el principio in dubio pro  reo,  y 232, estos dos últimos del estatuto procesal  penal;  así  como el 233 del ordenamiento sustantivo.   

Segundo cargo. Violación indirecta de la ley  sustancial:   

A  juicio del actor se configuró porque el  sentenciador  de segundo grado “usó como fundamento  de   su   decisión   una  prueba  testimonial  de  la  cual  el  ad-quo  había  prescindido”, refiriéndose a la única testimonial  de  cargo  obrante  en  el  proceso  “y con ella se  pretende  eliminar  el  valor probatorio de los recibos de pago suscritos por la  deponente y pagados por el suscrito”.   

Luego  de  referir  al  contenido  de  los  artículos  277  y  13  de  la  codificación  procesal  penal,  transcribe  las  observaciones  que  al  testimonio  de Carolina Pineda  realizó   el   a   quo  en la diligencia del 9 de diciembre de 2011, vicio de  juicio  que  trajo  como consecuencia  “por una  parte  al  hecho  de  impedir que mi apoderado pudiese interrogar a la deponente  Carolina  Pineda  Nudelman  el día 28 de febrero del corriente año, puesto que  conforme  manifestación  hecha  en  la  citada  audiencia,  prescindía  de esa  prueba”.   

Al prescindir de ella, asegura, “se  entendía  que  no  sería  tenida  en  cuenta al momento de  valorarla  para  expedir  el  correspondiente  fallo,  sin  embargo sorprende el  descubrir  que la citada probanza conservó toda su validez, en consideración a  que  la  totalidad  de  la  sentencia  se  erige  precisamente  con  base en las  afirmaciones hechas por esta testigo”.   

Actitud con la cual, añade, se vulneró el  derecho   de   contradicción   por  impedir  la  controversia  de  “las  afirmaciones  dañinas  desplegadas  por Carolina Pineda en  sus dos intervenciones”.   

A  lo  anterior  se  suma que se le otorgó  credibilidad  a  pesar  de  las  grandes  contradicciones  en  que incurre dicha  testigo.   

Tercer cargo. Violación indirecta de la ley  sustancial, error de derecho:   

Se   estructura,  según  el  censor,  al  “no  exigir  continuidad  de  la  declaración  de  Carolina  Pineda  Nudelman en la audiencia pública”  luego  de  haber sido interrumpida por el juez de primera instancia, con lo cual  se cercenó de paso el derecho de defensa.   

Destaca,  en  seguida,  que  la  sentencia  atacada  carece  de  pruebas para condenarlo, pues se basa en los testimonios de  “madre  e  hija  (abogadas)  fraguando un resultado  benéfico  desde  el  punto de vista económico, moral y social, pues las cuotas  alimentarias  sí  fueron  sufragadas  por  el  suscrito, diferente es que no se  hubieren   destinado   al   real   propósito   de   las   mismas”.   

De  igual  modo,  advera  más adelante, se  conculcó  el  principio  de investigación integral previsto en el artículo 20  del  ordenamiento  adjetivo  penal,  pues  el  juez de primer grado, reitera, no  exigió  la  comparecencia  de  la  señora  Carolina  Pineda  “en  la  continuidad   de  la audiencia pública”, amén  de  que  en  el  proceso  de  custodia  que  ella  incoó se  compulsaron  copias  para  investigarla por falso testimonio, por lo que se debe  tener  cuidado  extremo  en  su  valoración,  “pues  históricamente  queda  demostrado  que  no tiene recato alguno en mentirle a un  funcionario judicial”.   

Por  razón de lo expuesto y en aplicación  del   postulado   in   dubio   pro   reo,   solicita  casar el fallo impugnado y, en su lugar, absolver a su defendido.   

En acápite final señala que aporta con la  demanda  certificación  expedida  por el Juzgado Primero de Villavicencio donde  consta  que nunca fue citado ni intervino en el proceso de custodia de su hija y  que  la  misma  nunca  fue  otorgada a Miriam Nudelman  Romero,     “desvirtuando     lo     por     ella     pregonado”.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         El  presente asunto sólo permite acceso al medio extraordinario de  casación  por la denominada vía excepcional o discrecional, en virtud a que no  es viable la senda normal o tradicional.   

         En  efecto, según el inciso 1º del artículo 205 de la Ley 600 de  2000  el  recurso  extraordinario  de  casación  procede  contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores de Distrito  Judicial  y  por  el  Tribunal Penal Militar, cuando se trate de “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Sin  embargo,  cuando  el  fallo de segundo  grado  no  es  emitido  por los mencionados Tribunales o el delito por el que se  procede   tiene   pena   privativa  de  la  libertad  inferior  al  quantum   señalado  en  precedencia  o  sanción  no  restrictiva de la libertad, el inciso 3º del mencionado artículo  faculta  a  esta  Sala  para admitir discrecionalmente y, de manera excepcional,  las  demandas  de  casación  presentadas “cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos  por la ley”.   

         En  el  asunto  objeto  de  estudio  se advierte que ni el fallo de  segunda  instancia  fue  proferido  por  las  autoridades judiciales mencionadas  expresamente  en la preceptiva legal aludida, en tanto se trata de una sentencia  dictada  por  un  juzgado  de  circuito,  ni  se  cumple  con  el presupuesto de  procedibilidad  referido a la pena máxima establecida para el delito por el que  se procede.   

Sobre   esto  último  repárese  que  al  sindicado    DARLES   AROSA   CASTRO   se  le  atribuye  la conducta delictiva de inasistencia alimentaria  suscitada  para  cuando  se encontraba vigente el artículo 233, inciso segundo,  de       la      Ley      599      de      20002,  que  lo  sancionaba con una  pena máxima de cuatro (4) años de prisión.   

Si  ello  es  así,  no  surge  conclusión  distinta  a  la  de  que  al  impugnante  sólo le quedaba como alternativa para  acudir  a  esta medio de impugnación la vía discrecional prevista en el inciso  tercero  de  la  última norma en cita, asumiendo, por tanto, las obligaciones y  exigencias       dispuestas       por       el      legislador      en      esta  materia.             

De  tiempo  atrás tiene señalado la Corte  que  en  punto  de  la casación discrecional compete al demandante expresar  con  claridad y precisión los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  sea para proveer un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial  o  en procura de proteger las garantías fundamentales de las partes o  intervinientes  procesales,  en  virtud de la naturaleza eminentemente rogada de  este medio de impugnación.   

         Si  de  lo  primero  se  trata,  deberá  demostrar la necesidad de  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de un tema  jurídico  especial,  ya  sea  para unificar posturas conceptuales encontradas o  con  el  fin  de  actualizar  la  doctrina  o  para  abordar  un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la utilidad de brindar solución al asunto y, a la par, servir de guía a  la actividad judicial.   

Y  si  el  objetivo  trazado es asegurar la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación  de demostrar la  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento en el fallo recurrido, circunstancias  que,  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la sola referencia  descriptiva hecha en la sustentación.   

         Pues  bien,  no  obstante  que  el  actor invoca uno de los motivos  previstos  para  justificar  el  acceso  a la modalidad discrecional del recurso  extraordinario,  en este caso la violación de una garantía fundamental como lo  es  la  presunción  de  inocencia,  lo  cierto  es que del desarrollo posterior  plasmado  en  las  tres  censuras  formuladas  contra  el  fallo impugnado no se  evidencia su concreción.   

Lo  anterior, por cuanto en el fondo de los  planteamientos  lo  que primordialmente subyace es su disentimiento con la forma  como  fueron  valorados  los  medios  de  prueba  en  los  fallos  de instancia,  controversia  que,  como  lo  tiene sentado la Corte, no guarda relación con la  protección  de  garantías fundamentales salvo aquellos particulares eventos en  que  se  adviertan  defectos  graves  de motivación3,  punto sobre el cual nada se  dice en la demanda.   

         Igualmente,  porque  las  insulares  referencias a la violación de  otras   garantías   (derecho   de   defensa,  contradicción  e  investigación  integral),   entremezcladas   antitécnicamente   con   los   vicios  de  juicio  enunciados,  carecen  de  desarrollo  adecuado tornándose contradictorias, como  más adelante se explicará.   

         De   cualquier   manera  deviene  como  conclusión  ineludible  la  inadmisión  del  libelo,  en  tanto  ninguno  de  los  reparos  cumple  con los  presupuestos  mínimos de lógica y argumentación, exigidos en el artículo 212  de la Ley 600 de 2000.   

Así,   por   ejemplo,   sucede   con  el  primer  cargo, por cuanto no  obstante  invocar  expresamente  la  causal  de  violación  directa  de  la ley  sustancial,    no    cumple    con    los    presupuestos    inherentes   a   su  naturaleza.   

Ello, toda vez que es de la esencia de este  motivo  casacional  sujetarse  a  los  fundamentos fácticos y probatorios de la  decisión  impugnada,  como quiera que el error se contrae a un debate puramente  jurídico  que  surge  de  la  falta  de  aplicación (no se selecciona la norma  llamada  a  regular  el  caso),  de  su  aplicación  indebida  (se  escoge para  solucionar  el  caso  una preceptiva que no es atinente) o de su interpretación  errónea  (en  donde  si  bien  se  selecciona la normativa correctamente, se le  otorga una hermenéutica equivocada).   

De modo que, aun cuando esta causal también  recae  en  la vulneración de preceptos sustanciales, no guarda relación con la  crítica  fundada  en  la  incorrecta  apreciación  de las probanzas, cuya vía  expedita  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación es la violación  indirecta  de  la ley sustancial, a condición de que el censor demuestre que el  fallador  incurrió  en  los  ya  referidos  errores  de hecho o de derecho, los  primeros  producto de falsos juicios de existencia, de identidad o raciocinio y,  los  segundos,  por  los  llamados falsos juicios de legalidad o de convicción,  que  a  su  vez generan violación de la ley sustancial, bien porque el precepto  aplicado  no  debió  serlo o en cuanto se dejó de aplicar el llamado a regular  el caso.    

Precisamente  por la disímil esencia entre  las  dos  causales  aludidas se colige también que son excluyentes y, por ende,  deben  ser  formuladas a través de reparos independientes, con el fin de evitar  la  vulneración  de  principios regentes de la materia casacional, como son los  de  autonomía  y  no  contradicción,  consagrados  en  procura de preservar la  claridad  y concisión que debe evidenciar la demanda con miras a su admisión y  estudio.   

Contrariando las premisas anteriores, en el  reproche  objeto  de  estudio  se  incurre  en dicha falencia cuando anuncia que  tiene  sustento  en  la violación directa y, acto seguido, en su desarrollo, se  aparta  de los presupuestos fácticos y probatorios del fallo, para discrepar en  punto  del  valor  otorgado  a la prueba sustento de la condena, particularmente  del  mérito otorgado al testimonio de Carolina Pineda  Nudelman  porque a su juicio no debió ser considerado  para  sustentar  su  responsabilidad penal en atención a los reparos realizados  durante  su  práctica  por  el  a  quo  en  desarrollo de la audiencia pública, postulación eventualmente  compatible con la causal de violación indirecta.   

Corolario   de   lo  dicho,  surge  como  conclusión  que  la  violación  directa  de  la  ley sustancial no era la vía  apropiada  para impugnar la decisión de acuerdo con el planteamiento del censor  y  que, desde esa perspectiva, incurre en un defecto insalvable que conduce a la  inadmisión  del  libelo,  cuando,  so  pretexto  de  tal  motivo, involucra una  discusión  referida  al  mérito  probatorio, lo que atenta contra la necesaria  diafanidad   que   debe   evidenciar  el  escrito  casacional.      

     

        Situación   similar   se   presenta   frente  a  los  dos  cargos  restantes,  donde  a más de  utilizar  una redacción confusa que no cumple con los presupuestos de claridad,  invoca  la  causal  de  violación  indirecta  de  la  ley sustancial y a la par  refiere  a  la  transgresión  del  derecho  de  defensa  y de los principios de  contradicción probatoria e investigación integral.   

Tal  forma de concebir el ataque configura  quebranto  de  principios  basilares  de  la  actividad casacional en procura de  conseguir  demandas que satisfagan las exigencias argumentativas propias de este  medio  extraordinario  de  impugnación  de naturaleza rogada, tales como los de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales,  coherencia, no exclusión y no contradicción, en tanto la Sala no se  ocupa         de        libelos        confusos,        contradictorios        o  ambiguos.                 

         Los   dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

         El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Contrario  a  lo que se persigue con estos  postulados,  en  los dos reparos objeto de análisis, se entremezclan propuestas  antagónicas,  como  lo  es la violación de la ley sustancial, en cualquiera de  sus  manifestaciones,  ya  sea  de  forma  directa  o indirecta, con la nulidad,  consecuente  con  la  violación  del derecho de defensa, de contradicción o de  investigación  integral  pretextados,  porque  en  el  primer caso se acepta la  validez  de  la  actuación  procesal  por  cuanto  el  ataque se circunscribe a  errores   de   juicio  o  in  iudicando  en  los  que incurre el sentenciador al momento de fallar, mientras  que  en  el  segundo  precisamente  se  discute  ese aspecto a través de yerros  in   procedendo   o   de  procedimiento.   

La  confusión  reinante  en el escrito se  basta  a  sí  misma  para  dar  al traste con la admisibilidad del único cargo  planteado  en  la  demanda,  por  evidenciar  que  no  goza  de la indispensable  presentación  clara  y  precisa  exigida  en  la  normatividad  legal, amén de  carecer,  igualmente,  de  una  argumentación  coherente  que  permita su cabal  comprensión  al  involucrar  coetáneamente  aspectos de diferentes causales de  casación.   

Pero   lo   más   grave  frente  a  esa  postulación   es   que   en   ninguna   de  las  tres  propuestas,  cumple con las exigencias argumentativas  de  la  causal  de  violación  indirecta de la ley sustancial, pues se limita a  expresar  su  punto  de  vista  personal  sobre  su  apreciación.                    

La   actitud   consistente   en  exponer  abiertamente  su  criterio  personal en punto de la valoración de las probanzas  -la   cual,   dicho   sea  de  paso  según  lo  atrás  advertido,  tampoco  es  comprensible-  deja  sin demostración los errores formulados y, además, atenta  contra  la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación –en   cuanto   se   concentra  en  la  producción  de errores que afectan la constitucionalidad o legalidad del fallo,  sin  que constituya una tercera instancia- y con la doble presunción de acierto  y   legalidad  que  lo  gobiernan  -en  cuya  virtud  prevalece  el  juicio  del  sentenciador sobre la opinión subjetiva del recurrente-.   

Para   terminar,   cabe  acotar  que  la  pretensión  del  libelista  encaminada  a  que se tengan en cuenta elementos de  juicio  que  acompaña  a  la  demanda  no sólo desconoce la naturaleza de este  medio  extraordinario  de impugnación, sino que resulta del todo extemporánea,  pues   a  esta  altura de la actuación procesal se encuentran vencidos los  términos  para  incorporar  medios  de  persuasión, con lo cual   se  quebranta  el  derecho  de  contradicción probatoria que le asiste a los demás  sujetos procesales.   

Los crasos defectos argumentativos puestos  de  manifiesto,  permiten  a  la  Sala razonablemente concluir que la demanda no  cumple  con  las exigencias contenidas en el reseñado numeral 3° del artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000, motivo por el cual, como se indicó en la parte  inicial  de  este  acápite  considerativo, se impone su inadmisión  y  la  devolución  del  expediente al  despacho   de  origen,  tal  como  lo  precisa  el  artículo  213  ibídem.    

Finalmente, dígase que la Sala no advierte  que  dentro  del  presente  trámite  y  en  la  sentencia  se haya incurrido en  violación   de   garantías   fundamentales   que   reclame   su  intervención  oficiosa.   

         

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  DARLES AROSA  CASTRO,  por  las  razones  expuestas  en la anterior  motivación.   

        Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ    MUÑOZ                     GUSTAVO           ENRIQUE           MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO           JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Como  esta providencia puede ser publicada, se omite el nombre de  la  menor,  de  conformidad con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de  la  Ley  1098  de  2006  “por  la cual se expide el  Código   de   la   Infancia  y  la  Adolescencia”.   

2  Previamente  a la entrada en vigor de la Ley 1181 de 2007, a través de la cual,  fundamentalmente, se incrementó la punibilidad del delito.   

3 Cfr. Sentencia del  9 de  febrero de 2006, radicación 26493.     

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