40774(04-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 404  

Bogotá   D.C.,  cuatro (4) de diciembre de dos mil trece (2013).   

VISTOS  

De  acuerdo con lo dispuesto en el artículo  213   de   la   Ley   600   de  2000,  procede  la  Sala  a  la  “calificación  de la demanda” casacional  presentada  por  el  apoderado  de la Empresa Manser S.A., reconocida como parte  civil,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal  Superior  de Bogotá el 11 de septiembre de 2012, confirmatoria de la dictada en  primera  instancia  por  el Juzgado Cuarenta y Uno Penal del Circuito Adjunto de  la  misma ciudad el 20 de abril de la citada anualidad, por cuyo medio absolvió  a  los  acusados  MILLER CASTAÑO PADILLA y  JUAN  PABLO ANDRADE BLANCO, procesados por el punible de falso testimonio.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio  fueron  sintetizados  en el fallo el ad  quem en los siguientes términos:   

“Ante el Juzgado  26  Civil  del Circuito de Bogotá, MILLER CASTAÑO PADILLA y JUAN PABLO ANDRADE  BLANCO,  socios  de  las  empresas  TÉCNICOS DIESEL ASOCIADOS LTDA y PETROLABIN  LTDA,  faltaron a la verdad al desconocer el acuerdo suscrito el 28 de agosto de  1996,  entre MILLER CASTAÑO PADILLA y JUAN CARLOS LONDOÑO ARIAS, representante  legal  de  MANSER  LTDA,  en  el  que a ésta se le reconoció la titularidad de  1.920  acciones  en  la  empresa  TÉCNICOS  DIESEL ASOCIADOS LTDA, y el acuerdo  firmado  entre  VÍCTOR  MANUEL  MADIEDO  CAPEDA  y el último de los nombrados,  igualmente  el 28 de agosto de 1996, en el que a MANSER LTDA se le reconoció la  propiedad    de    960    acciones    en    la    mentada    empresa”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Surtida    inicialmente   la   fase   de  investigación  previa,  la  Fiscalía  Seccional de Bogotá declaró abierta la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo  fueron  vinculados a través de indagatoria  MILLER      CASTAÑO     PADILLA     y  JUAN  PABLO ANDRADE BLANCO,  resolviéndoles  su  situación jurídica el 7 de febrero de 2008  absteniéndose de imponerles medida de aseguramiento.   

Cerrada  la  instrucción,  el  mérito  del  sumario  fue  calificado  el  19  de  noviembre  de  2009  con preclusión de la  investigación,  decisión  que  al  ser  impugnada por el apoderado de la parte  civil  fue  revocada  por  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá  mediante  proveído  del  18 de marzo de 2010, para en su  lugar  proferir  resolución  de  acusación  en contra de los procesados por el  delito de falso testimonio.   

La  fase  del  juicio  fue adelantada por el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito de Bogotá, despacho que una vez surtida la  ritualidad  dispuesta  para  este  ciclo  por el legislador y celebrada la vista  pública,  remitió  la  actuación  a  su  homólogo  el Juzgado Cuarenta y Uno  Adjunto,  el  cual  profirió  fallo  el  20  de  abril  de 2012, por cuyo medio  absolvió a los acusados.   

Impugnada la sentencia por el apoderado de la  parte  civil,  el  Tribunal  Superior de Bogotá la confirmó mediante decisión  del 11 de septiembre de 2012.   

Contra   el   proveído  del  ad   quem   el   mismo  sujeto  procesal  interpuso   recurso   de   casación  y  allegó  la  respectiva  demanda,  cuya  admisibilidad se estudia en esta providencia.   

EL LIBELO  

El  demandante  formula  tres reproches, que  postula y desarrolla en los siguientes términos:   

1.            Primer cargo: Violación indirecta de la  ley sustancial por falsos juicios de existencia por omisión   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el  recurrente  afirma  que  el  Tribunal  incurrió en falsos  juicios  de  existencia  que generaron la aplicación indebida del artículo 7º  de  la Ley 600 de 2000 y la falta de aplicación de los artículos 442 de la Ley  599 de 2000 y 232 de la citada normativa procesal.   

          1.1.                      Como  “Primer Falso  Juicio  de  existencia”  refiere  que  en el proceso  obran  los  interrogatorios  de  parte  que como prueba anticipada rindieron los  procesados  en  el Juzgado Veintiséis Civil del Circuito de Bogotá, los cuales  se aportaron junto con la denuncia.   

          Refiere  que  también  fueron  aportados  en  original,  luego  del  desglose,   los   acuerdos   privados   entre  MILLER  CASTAÑO  en  representación  de  Petrolabin  Ltda  y  Víctor        Manuel       Madiedo.   

          Acto  seguido  manifiesta que el Tribunal concluyó que MILLER  CASTAÑO reconoció su firma en la  declaración  extrajuicio  del  28  de  febrero  de  2003,  pues  no  negó bajo  juramento  el  acuerdo,  pero  el  ad quem  “no  cayó  en cuenta, que no solo se  trataba  tan solo de que el procesado reconociera o no su firma en el documento,  sino  verificar  en  qué consistía el documento, esto es, verificar conforme a  su  texto,  si  el  procesado,  actuando  en representación de PETROLABIN LTDA,  había  hecho  una  transacción  comercial con MANSER LTDA en virtud del citado  ACUERDO      PRIVADO,      o      no     lo     había     realizado”.   

          Igualmente   indica   que   al  responder  la  pregunta  novena  del  interrogatorio      extra      proceso      MILLER  CASTAÑO  reconoció  que  no se le ha pagado a Manser  Ltda,  porque  no  se  hizo  ninguna  transacción  comercial con dicha empresa.  Considera   que  tal  afirmación  es  falsa,  pues  él  mismo  reconoció  que  “de  un  total de siete mil cuarenta (7.040) cuotas  sociales  que  tiene  PETROLABIN  LTDA  en la empresa TÉCNICOS DIESEL ASOCIADOS  LTDA,  mil  novecientas  veinte  (1.920)  cuotas sociales son de propiedad de la  empresa    MANSER    LTDA.    En    consecuencia    si   existió   transacción  comercial” entre dichas empresas.   

          De   manera   similar   cuestiona   la  respuesta  que  MILLER  CASTAÑO dio a la décima pregunta  del  interrogatorio  sobre  la  citada  relación  comercial  y  puntualiza  que  “el  Tribunal no cayó en cuenta en la modalidad de  Falso  Testimonio  en  que incurrió CASTAÑO PADILLA, no de negar la existencia  del  Acuerdo  Privado en su aspecto formal en razón de reconocer su firma en el  mismo,  sino de negar que se hubiere hecho una transacción comercial con MANSER  LTDA   en   virtud   del   contenido   de   dicho   Acuerdo  Privado”.   

1.2.          Como “Segundo  Falso  Juicio  de  existencia” advera que el Tribunal  en  los  párrafos  3º  y  4º  de  la  página  16  sostiene  que CASTAÑO  PADILLA no reconoció el acuerdo  privado,  pues se trata es de “una garantía de pago  de  comisiones que se le debían pagar al señor LONDOÑO ARIAS, concluyendo que  la  verdad o falsedad de dicha aseveración no puede determinarse a partir de lo  que dice dicho documento en sí mismo”.   

          Considera   que   contrario   a  lo  dicho  por  el  juez  colegiado  “la  verdad o falsedad de si el acuerdo privado era  una  garantía de pago de comisiones, empezaba a determinarse a partir del texto  o    contenido    del    tantas   veces   citado   Acuerdo   Privado”,  máxime  si  el  contenido  de tal documento no alude a que se  trate de una garantía de pago de comisiones.   

De  otra  parte  señala que “el  documento  que  dejó  sin  piso  alguno  la coartada de que el  Acuerdo   Privado  CA  1172965  era  una  garantía  de  pago  de  comisiones  o  bonificaciones  para  LONDOÑO  ARIAS,  es el contrato TDA-001-98 que suscribió  VÍCTOR  MANUEL  MADIEDO en representación de TÉCNICOS DIESEL ASOCIADOS LTDA y  que  tuvieron  su  inicio  en  enero  de  mil novecientos noventa y ocho (1998),  obviamente   prueba   no   tenida   en  cuenta  por  el  Tribunal  en  el  fallo  acusado”.   

1.3.          Como “Tercer  Falso  Juicio  de  existencia” indica que el Tribunal  ignoró  el  acuerdo privado CA-1172965, así como otros medios probatorios pues  en  dicho documento se reconoce “la real y verdadera  participación  accionaria  de  MANSER LTDA de 1.920 cuotas sociales del capital  social       de       TÉCNICOS      DIESEL      ASOCIADOS      LTDA”.   

Asevera  que  también se ignoró el acuerdo  privado  CA-1172964  en el cual VÍCTOR MANUEL MADIEDO  CEPEDA  “reconoció que de  las  5.360  cuotas  de  interés  social  que figuran a su nombre, él es real y  verdadero  dueño de 4.400 cuotas sociales y que la sociedad MANSER LTDA es real  y  verdadera  dueña  de  960 cuotas sociales que corresponden al 6% del capital  social”.   

          Indica  que con otros medios probatorios se acredita que Manser Ltda  sí  tenía  participación  accionaria  en  Técnicos Diesel Asociados Ltda, lo  cual  fue  desconocido  por  el  ad  quem  al  concluir  que  los acusados no mintieron ante la jurisdicción  civil.   

          1.4.                      Como  “Cuarto Falso  Juicio  de  Existencia”  señala  que contrario a lo  asumido  por  el  Tribunal,  la  capitalización  de la empresa Técnicos Diesel  Asociados  Ltda  no  se  realizó  como  lo  declararon  los  procesados  en los  interrogatorios  de parte, sino  “tal como reza  la    mencionada    escritura   pública,   todo   lo   cual   fue   corroborado  pericialmente”.   

          Considera  que  no  se  tuvieron  en  cuenta en el fallo atacado sus  memoriales  del  5  y  9  de mayo de 2009, a través de los cuales solicitó una  inspección  judicial  a  la  empresa Técnicos Diesel Asociados Ltda en orden a  establecer los estados financieros de la compañía.   

          Tampoco  se  ponderó el oficio No. 384 de la Fiscalía Seccional de  Bogotá  por  cuyo  medio  solicitó la documentación contable deprecada por la  parte civil.   

          De  la misma manera echa de menos un memorial que presentó el 24 de  agosto  de  2006, así como la Resolución del 7 de noviembre de 2006, por medio  de  la cual la Fiscalía accedió a lo solicitado por la parte civil en punto de  determinar  de  qué  manera  se  efectuó  la  capitalización accionaria de la  citada empresa.   

          Igualmente  dice que no se tuvo en cuenta que conforme a la Acta No.  34  de socios del 5 de marzo de 2001 se dice que la revaloración del patrimonio  se  hará  con las utilidades por distribuir de ejercicios anteriores, pese a lo  cual   CASTAÑO   PADILLA  declaró  que el incremento de capital se hizo con el aporte de los socios y con  préstamos de los mismos a la empresa.   

          Resalta  que  también  JUAN PABLO ANDRADE  declaró  contrario a la verdad que la revalorización  del  capital  no se adelantó con las utilidades, máxime si con tal proceder se  debieron  revalorizar  las  participaciones  de  Manser Ltda en Técnicos Diesel  Asociados Ltda.   

1.5.          Como “Quinto  Falso  Juicio de Existencia” menciona que el Tribunal  “no cayó en cuenta” que  JUAN  PABLO  ANDRADE  negó  bajo  juramento  el  acuerdo  privado  CA-1172965,  y dijo que sí se le pagó a  Manser Ltda el 18% de las cuotas sociales.   

          Considera     no     creíble     lo    dicho    por    ANDRADE    BLANCO,    acerca   de   que  “ni  JOSÉ DOMINGO GALLEGO, ni HENRY MORALES, ni su  único  socio  y  amigo  personal MILLER CASTAÑO le informaron acerca de dichas  participaciones  accionarias  que  tenían  LONDOÑO  ARIAS  como  JAIRO PERALTA  mediante     representación     de     GALLEGO     DE    LA    ROSA”.   

          Estima  “inaceptable  que  se le crea a  ANDRADE  BLANCO,  que  su  amigo  íntimo  de  toda  la  vida  y único socio en  PETROLABIM  LTDA  no  le  informó  a  ANDRADE  BLANCO de la existencia de dicho  Acuerdo  Privado,  que  por  sí  solo  le  reducía  la  real participación de  PETROLABIN  LTDA  en  TÉCNICOS DIESEL LTDA en un 12%, sin contar con el acuerdo  privado  que  firmó  VÍCTOR  MADIEDO  a  Londoño Arias, igualmente a favor de  MANSER  LTDA,  que les reducía la participación accionaria en un 6% adicional,  para  un  total de reducción del 18% del capital accionario en TÉCNICOS DIESEL  ASOCIADOS LTDA”.   

          1.6.                      Como  “Sexto  Falso  Juicio  de  existencia”  expresa  que  no se tuvo en  cuenta   un  cheque  que  por  $10.000.000.oo  giró  el  11  de  mayo  de  1998  ANDRADE    BLANCO    en  representación  de  Petrolabin  Ltda  a favor de Manser Ltda, tratándose de la  misma  empresa  que  firmó  a favor de Manser Ltda el reconocimiento de dominio  ajeno  de  1.920  cuotas  sociales  de  que trata el acuerdo privado CA-1172965,  “desconocido     y     tergiversado”.   

          Destaca  que  el  cheque fue producto de distribución de utilidades  de  la  sociedad  Técnicos  Diesel  Asociados  Ltda, según lo declaró en este  diligenciamiento     Londoño    Arias,  lo  cual  demuestra que sí existían vínculos comerciales entre  las  dos empresas, “en virtud de ser PETROLABIN LTDA  testaferro  civil  de  MANSER LTDA de 1.920 cuotas de TÉCNICOS DIESEL ASOCIADOS  LTDA,      conforme      al      Acuerdo      Privado     CA-1172965”.   

1.7.                 Como        “Séptimo  Falso Juicio de Existencia” el  demandante  señala  que no se tuvieron en cuenta las nuevas versiones sobre los  hechos  expuestas en el juicio, en especial por MILLER  CASTAÑO  quien  pese a haber negado la participación  accionaria  de  Manser  Ltda  en  Técnicos  Diesel Asociados Ltda, en audiencia  pública     reconoció    que    cuando    los    procesados    “compraron  una participación de TDA a los vendedores JOSÉ DOMINGO  GALLEGO   y   HENRY   MORALES,   éstos   les   manifestaron  que  existía  una  participación  privada  de  JAIRO PERALTA y de JUAN CARLOS LONDOÑO”.   

          Señala  que  MILLER CASTAÑO  se contradice pues en el interrogatorio de parte de los años 2002  y  2003  que  dio  lugar  a este averiguatorio dijo que el documento CC1 era una  garantía  para  el pago de comisiones o bonificaciones, ahora, al ponérsele de  presente  nuevamente el documento en el juicio, cambia la versión para sostener  que  no  recuerda  haber  hecho transacción comercial alguna con Manser Ltda, y  más  adelante refiere el mismo acusado que firmó varios documentos en blanco a  Londoño para garantizar el  pago  de  unas comisiones, sin tener en cuenta que ya pericialmente se acreditó  que  los  acuerdos  privados  corresponden  al  mismo  tipo  de  tinta  y fueron  elaborados      por      la      misma      impresora      tipo     inject, luego no se trata de un documento  firmado   en   blanco   que   luego   fue   llenado,   como   lo   pretende   el  procesado.   

          En  cuanto  atañe  a  JUAN PABLO ANDRADE  BLANCO  asevera que éste reconoció que al llegar a la  gerencia   de  Técnicos  Diesel  Asociados  Ltda,  existía  el  pago  de  unas  comisiones  o  bonificaciones  a  favor  de  Londoño  Arias  por  la  gestión  de  conseguir contratos, las  cuales  se  pagaban  sin  importar  el  resultado y eran cobradas por el cuñado  Juan        Carlos        Londoño.   

          Colige  de  lo  anterior  que  las  comisiones  se  acordaron  en el  contrato   TDA   001-98   suscrito   entre   Víctor  Madiedo  como  representante legal de Técnicos Diesel  Asociados  Ltda  y  no  en  el acuerdo privado, luego mintieron al negar la real  participación   accionaria   de   Manser   Ltda   en   los  interrogatorios  de  parte.   

          Advera    que    contrario    a    lo    dicho    por   ANDRADE  BLANCO,  Manser Ltda si existió  desde  1988,  según  se  acreditó  con abundantes pruebas sobre el particular,  amén  de  estados  financieros,  comerciales  y  tributarios,  declaraciones de  renta, extractos de cuenta corriente, contratos, etc.   

          Puntualiza   que   el   falso   testimonio   en  el  cual  incurrió  JUAN   PABLO   ANDRADE  se  refiere  a haber negado bajo juramento la existencia de un acuerdo privado entre  CASTAÑO    PADILLA   en  representación  de Petrolabin Ltda, y a su vez, haber tergiversado la fuente de  capitalización  accionaria  realizada en el 2001, todo ello con el fin de negar  a Manser Ltda el derecho a participar de tal capitalización.   

          Acerca   de   la  declaración  de  José  Domingo  Gallego  de  la  Rosa  indica que en lugar de  desvirtuar  el  delito  corrobora  lo  dicho  por  el denunciante, pues dijo que  vendió    acciones    en    un   24%   a   Londoño  Arias  y  también  a  Jairo  Peralta,  pero  él  seguía  figurando,  dado que los  últimos  eran  directivos  de  Lasmo  Oil,  empresa  de la cual era contratista  Técnicos   Diesel   Asociados   Ltda,  pero  estaban  protegidos  con  acuerdos  privados.   

          También  dijo el testigo que una vez se hizo reparto de utilidades,  parte   de   ellas   fueron  recibidas  por  Londoño  Arias,  así  como las bonificaciones para las esposas  de los socios.   

          Manifiesta  que  lo  anterior fue corroborado con la declaración de  José  Fernando  Díaz,  de  manera  que puede concluirse más allá de toda duda que los procesados faltaron  a   la  verdad  en  los  interrogatorios  de  parte  realizados  en  el  Juzgado  Veintiséis Penal del Circuito de Bogotá.   

Respecto  del  testimonio  de  Jairo  Peralta indica que da pábulo a la  prueba  de  cargo,  pues  por ser ejecutivo de Lasmo Oil no podía aparecer como  socio  de  Técnicos  Diesel Asociados Ltda, de manera que pese a haber comprado  parte  de  la  empresa seguía figurando Gallego de la  Rosa, con quien suscribió acuerdos privados que daban  cuenta de tal situación.   

          Pregunta   el   apoderado   de   la   parte   civil  “dónde  está  la  prueba  que  los  hoy  sindicados pagaron a Juan  Carlos  Londoño  y/o  Manser  la  citada  participación  accionaria del 18% en  Técnicos  Diesel  Asociados  Ltda  con sus debidos rendimientos? Por qué no la  han  aportado  los  procesados a todo lo largo de estos años para exonerarse de  todo   tipo   de   responsabilidades?   Se   repite,   sencillamente  porque  no  existe”.   

          Acerca  de  lo  expuesto  por Luis Eduardo  Morales,   contador  de  Técnicos  Diesel  Asociados  Ltda,  expone que si bien no  fue  testigo  de  la  celebración  del acuerdo privado en 1996, toda vez que se  desempeñó  como  contador  entre  los  años  2002  a  2005,  lo cierto es que  Gallego   de  la  Rosa  le  presentó   a   Juan   Carlos   Londoño  y  lo  incluyó  en  la  lista de personas que compraron la citada  empresa.   

          Como  el  mencionado  testigo  dijo  que  no  aparecía  un registro  contable  acerca  de  la  participación  de  Manser  Ltda  en  Técnicos Diesel  Asociados  Ltda, el impugnante destaca que ello resulta obvio, pues precisamente  para  eso se realizó el acuerdo privado que tendría efectos entre las partes y  sus    herederos,    en    cuanto    Manser    Ltda   fue   un   “accionista real y oculto”.   

          En  punto  de  lo  declarado  por  Víctor  Madiedo  resalta que reconoció su firma en el acuerdo  privado  1172964,  así como en el pagaré que por doce mil dólares le firmó a  Londoño Arias. No obstante,  señaló  que  no  podía  decir que tales documentos fueran verdaderos y que no  recordaba haber tenido relaciones con la empresa Manser Ltda.   

          Concluye  el  demandante  que con tal declaración se probó que sí  hubo  un  acuerdo  privado, pues Manser Ltda es dueña de 920 cuotas sociales de  Técnicos  Diesel  Asociados Ltda, y que pese a reconocer su firma y aceptar que  tales  documentos  se  elaboraron  en  la casa de Juan  Carlos   Londoño,  calla  la  verdad  al  decir  que  desconoce  su  contenido,  máxime si se encuentra procesado por tales hechos en  fase de juicio oral.   

          Considera  violados  los principios de eficacia probatoria, toda vez  que  no  se  tuvieron  en  cuenta  las  pruebas oportunamente incorporadas en la  instrucción   y  en  el  juicio,  de  modo  que  se  incurrió  “en  una  violación indirecta de la ley sustantiva, al desfigurarse  y  desconocerse  los  hechos  por  desconocimiento de dichas pruebas”.   

          A  partir  de lo expuesto, el recurrente solicita a la Sala casar la  sentencia  se segundo grado, para en su lugar dictar fallo de condena contra los  procesados   como   autores  del  delito  de  falso  testimonio  y  disponer  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios, así como el embargo definitivo  sobre  un  inmueble de propiedad de JUAN PABLO ANDRADE  BLANCO.   

2.            Segundo cargo: Violación indirecta de la  ley sustancial por falsos juicios de convicción   

          Bajo  la égida de la causal primera de casación, cuerpo segundo el  apoderado  de la parte civil manifiesta que los falladores incurrieron en falsos  juicios  de  convicción  que condujeron a la aplicación indebida del artículo  7º  de la Ley 600 de 2000, falta de aplicación de los artículos 442 de la Ley  599 de 2000 y 232 de la Ley 600 de 2000.   

2.1.          Como “Primera  Modalidad  de  Falso  Juicio  de Convicción” refiere  que  el  Tribunal  concluyó  que  el  dictamen  pericial de daños y perjuicios  rendido  por  la  perito  Martha Zúñiga  no prueba la participación accionaria de Manser Ltda en Técnicos  Diesel  Asociados  Ltda,  “ya que en su sentir, este  medio   probatorio   únicamente   transcribió   parte  del  contenido  de  los  denominados acuerdos privados”.   

          Advera  que  la  perito tuvo en cuenta las escrituras, así como los  acuerdos  a fin de establecer los porcentajes, todo lo cual aparece en un cuadro  técnico,  en  el  que  se  concluye  que Manser Ltda es titular de 2.880 cuotas  sociales que corresponden al 18% del capital social.   

          Entonces  dice  que  “la conclusión de  que  dicha  pericia  no  es  prueba de la participación accionaria en mención,  constituye  un evidente desconocimiento de un hecho, acreditado a través de uno  de   los   medios   de   prueba   previstos   en  el  Código  de  Procedimiento  Penal”,  con desconocimiento de los artículos 233 y  249 del mismo ordenamiento.   

2.2.          Como “Segunda  Modalidad  de  Falso  Juicio  de Convicción” señala  que  si  bien  el  Tribunal  reconoció  lacónicamente  que está descartada la  alteración  de  los  acuerdos  privados,  a  partir  de  lo  cual  concluye que  MILLER  CASTAÑO aceptó que  Manser  Ltda  era  propietaria  de  1.920 acciones en Técnicos Diesel Asociados  Ltda  y  “pareciera” que  al  haber  desconocido  ese  hecho  en  su  declaración  rendida  en el Juzgado  Veintiséis  Civil  del  Circuito  de  Bogotá  incurrió  en el delito de falso  testimonio,  acto  seguido  “concluye (agregamos sin  respaldo  en  medio probatorio alguno), que sin embargo, examinada la situación  con  mayor  detenimiento,  pronto  se  advierte  que  MILLER CASTAÑO PADILLA no  cometido tal conducta punible”.   

          Expresa  que  “Lo que es, es; mas no un  parecer  de  lo  que efectivamente es. Ser o no ser será siempre el dilema, con  lo  cual,  no  podemos  seguir distorsionando los hechos realmente demostrados y  proceder  a  demeritar  el  grado de convicción obvio que emana de determinadas  pruebas  para  concluir  la  inexistencia  de  delito,  a  espaldas  del  acervo  probatorio  puntualizado,  para  eclipsarlo  con  un  concepto  teórico, que no  corresponde  a  los  supuestos  del  caso  que  nos  ocupa, ya que bien se tiene  demostrado,  que por el contrario, los procesados faltaron a la verdad de manera  objetiva   y   subjetiva,   conforme   se   demostró  en  los  dos  (2)  cargos  anteriores”.   

          Agrega   que   “el   falso  juicio  de  convicción  que  nos ocupa, consistió en que el Tribunal, al dictamen pericial  documentológico  le  demerita  sus alcances probatorios, ya que con el mismo no  solo  se  descartaba  que  el  contenido  de  los  susodichos  Acuerdos Privados  hubieran  sido  objeto de intercalación posterior o alteración alguna, como se  planteó  por  la  defensa,  sino que bien por el contrario, con esta prueba, de  manera  esencial y trascendente, queda sin piso alguno la coartada de la defensa  de  que  cuando  se  suscribieron esos Acuerdos Privados, las expresiones MANSER  LTDA sencillamente no existían”.   

          Con  base  en  lo  anterior el recurrente depreca a la Sala casar la  sentencia  se segundo grado, para en su lugar dictar fallo de condena contra los  procesados   como   autores  del  delito  de  falso  testimonio  y  disponer  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios, así como el embargo definitivo  sobre  un  inmueble de propiedad de JUAN PABLO ANDRADE  BLANCO.   

3.            Tercer cargo: Violación indirecta de la  ley sustancial por falsos juicios de identidad   

También  al  amparo de la causal primera de  casación,  cuerpo  segundo,  el  apoderado  de  la  parte  civil  afirma que el  Tribunal  incurrió en errores trascendentes por falsos juicios de identidad que  condujeron  a  la aplicación indebida del artículo 7º de la Ley 600 de 2000 y  la  falta de aplicación de los artículos 442 de la Ley 599 de 2000 y 232 de la  citada normativa procesal.   

          Señala  que  las  pruebas  fueron  tergiversadas en su apreciación  para  concluir  en  forma  contraevidente  y  artificiosa  que  los  acusados no  cometieron el delito de falso testimonio.   

3.1.          Como “Primera  Modalidad  de  Falso Juicio de identidad” señala que  el  documento tergiversado en su contenido fue el acuerdo privado No. CA-1172965  del  28  de  agosto  de  1996,  pues el “Tribunal no  cayó  en  cuenta  que  del  total de las 16.000 cuotas sociales que componen el  capital  social  de  la empresa TÉCNICOS DIESEL ASOCIADOS LTDA conforme se dice  expresamente  en  el  numeral  3 de dicho Acuerdo Privado, 1.920 cuotas sociales  corresponden  o equivalen al 12% del capital social de dicha empresa, además de  que  en  dicha  diligencia  de  interrogatorio,  se le puso de presente el texto  original   del   Acuerdo   Privado   No.   CA-1172965   del   28  de  agosto  de  1996”, aspecto que fue así dilucidado por el perito  en su dictamen del 22 de marzo de 2011.   

Puntualiza  que tal aspecto no fue ponderado  por  el  ad quem, de modo que  “el  procesado,  por  medio de este Acuerdo Privado  CA-1172965  del  28  de agosto de 1996 que se le puso de presente, sí se había  comprometido  a  representar  el  12%  del  capital  social  de  TÉNICOS DIESEL  ASOCIADOS  LTDA  que  había reconocido a favor de MANSER LTDA, por consiguiente  resulta  totalmente  equivocada  y contraevidente la conclusión del Tribunal de  que  es claro que el procesado dijo la verdad, cuando realmente se ha demostrado  todo  lo contrario, esto es, que faltó a la verdad  de manera consciente y  voluntaria”.   

3.2.          Como “Segunda  Modalidad  de  Falso  Juicio de identidad” indica que  “el  Tribunal  no cayó en cuenta que el mencionado  Acuerdo  Privado  CA-1172965 del 28 de agosto de 1996, consagró precisamente al  respecto  una  eficacia  interpartes”, motivo por el  cual  no era aplicable el artículo 366 del Código de Comercio en el sentido de  realizar  la  cesión de acciones a través de escritura pública, como lo adujo  el ad quem.   

Resalta  que  no  se procedió de tal manera  para  no  hacer  público  el  conflicto  de  intereses en el cual se encontraba  Londoño  Arias como persona  natural  o  socio  de  Manser  Ltda, y por ello, “el  Tribunal  desconoció el hecho objetivo e impajaritable  (sic) que el documento en mención, por su naturaleza  de  privado  y  confidencial, había consagrado una eficacia entre las partes, o  sea  entre  los  socios de Petrolabin Ltda (entiéndase los dos procesados y sus  herederos)  y  los  socios  de MANSER LTDA (entiéndase Juan Carlos Londoño, su  esposa  Adriana  Vargas  y  sus  herederos),  sin que para la eficacia jurídica  fuera  necesario  elevarlo  a  escritura  pública  y  menos  registrarlo  en el  registro  mercantil  para  que  tuviera  efecto  entre  dichas partes, ya que de  hacerlo,   se  evidenciaba  el  conflicto  de  intereses  mencionado”.   

          En  sentido  similar  argumenta  que “el  Tribunal,  de  manera  ilegal,  desconociendo  el  principio de autonomía de la  voluntad  de  las  partes,  art. 1602 CCC, no cayó en cuenta, que precisamente,  las  partes  regularon  de  manera  expresa y clara la eficacia de dicho acuerdo  comercial,  señalando  que  sería una eficacia entre las partes y determinando  cómo  se  haría operativa la misma”, y por ello, el  referido  acuerdo  es  existente  y  válido,  sin  que sea de competencia de la  jurisdicción  penal dilucidar su eficacia en punto de la ausencia de requisitos  de forma.   

          Con  fundamento  en  lo  anotado,  el  apoderado  de  la parte civil  solicita  a la Colegiatura casar la sentencia se segundo grado, para en su lugar  dictar  fallo  de condena contra los procesados como autores del delito de falso  testimonio  y  disponer  la  correspondiente  indemnización de perjuicios, así  como  el  embargo  definitivo  sobre  un  inmueble  de propiedad de JUAN PABLO ANDRADE BLANCO.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  sentado  la  Corporación  que  en el  estudio  sobre  los requisitos de admisibilidad de las demandas casacionales, es  de  su  resorte  verificar  que  los  recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a  los  requisitos  de  crítica  lógica  y sustentación suficiente  definidos  por el legislador y desarrollados por la jurisprudencia, a fin de que  este    recurso   extraordinario   no   se   convierta   en   una   tercera  instancia.  Tales  exigencias se  orientan  a  conseguir  libelos enmarcados dentro de unos mínimos lógicos y de  coherencia  en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en  cuanto  resulten  inteligibles  por ser precisos y claros, pues no corresponde a  la  Sala en su función constitucional y legal develar o desentrañar el sentido  de  confusas,  ambivalentes  o contradictorias alegaciones de los impugnantes en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si  el  demandante carece de interés o la demanda  no  reúne  los requisitos se inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

De  manera  conjunta  sobre  las  censuras  propuestas  encuentra  la  Sala  que  el  apoderado de la parte civil postula en  forma  independiente  tres especies de reproches, esto es, por falsos juicios de  existencia  por  omisión  de  pruebas,  falsos  juicios de convicción y falsos  juicios   de   identidad,  sin  que  se  advierta  un  criterio  específico  de  selección,  pues no identifica cuál de las censuras es principal y cuáles son  subsidiarias,   de   modo   que   hay   falencias   en  la  ordenación  de  los  reproches.   

Adicionalmente  se  constata  la  autónoma  intrascendencia   de   cada   uno   de   los  cargos,  pues  resulta  claro  que  individualmente  carecen de aptitud suficiente para de manera insular derruir la  presunción  de  acierto  y  legalidad del fallo, dado que, en caso de prosperar  uno  de  ellos,  subsistirían  otros  soportes  de  la decisión atacada que la  mantendrían  incólume,  motivo  por  el cual debieron ser propuestos de manera  conjunta  y  sin  dejar  apartes  capaces  de  cimentar  las  conclusiones de la  providencia.   

En  tal caso, correspondía al recurrente no  proponer  varios  cargos  independientes, sino un único reproche con fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, esto es, por violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de errores de hecho por falsos juicios  de  existencia  por  omisión  y  falsos  juicios  de identidad, y de errores de  derecho  por  falsos juicios de convicción, es decir, por yerros en punto de la  apreciación  de  las  pruebas,  los  cuales  confluyen,  en  su criterio, en el  quebranto mediato de la ley sustancial.   

          Como  ya  ha  tenido  oportunidad  de  decirlo  la  Corte  en  otras  ocasiones,  es  frecuente que se confundan los cargos,  reparos,    reproches   o  censuras  con  los  errores  o    yerros      y,      por     ejemplo,     se     propongan     –   como  en  este  caso  –   varios   reparos   por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, cada uno fundado en un yerro propio de dicha  causal  y  todos  en  procura  del mismo cometido, sin tener en cuenta que de no  formularlos   en  forma  articulada  y  conjunta,  individualmente  considerados  carecen  de  aptitud  suficiente  para de manera insular derrumbar la sentencia,  dado  que,  en  caso  de prosperar, subsistirían otros soportes de la decisión  atacada  que  la  mantendrían indemne, circunstancia que denota intrascendencia  de  los  cargos1     y     falta     de     técnica2.   

Advierte la Sala que en el rito casacional es  posible  plantear  varios  errores  de  igual o diversa naturaleza dentro de una  censura  o  cargo, siempre que entre ellos no haya contradicción. Así pues, no  puede  invocarse  simultáneamente  dentro  de  un  reproche, un falso juicio de  existencia  por  omisión  de determinado medio probatorio, y a la par, respecto  de  esa  misma  prueba  postular un falso juicio de identidad por cercenamiento,  pues  o  el  medio  de convicción fue marginado, o fue mutilado, circunstancias  sustancialmente diversas y excluyentes.   

También  resulta contrario a la técnica de  este  recurso  extraordinario  que  dentro  del  mismo  cargo se invoquen varias  causales            de           casación3,  como cuando sincrónicamente  se  denuncia la violación directa e indirecta de la ley sustancial, pues en tal  caso   se   quebranta   el  principio  de  autonomía  de   las   causales,  según el cual, a cada  una  de  ellas  corresponde un objeto y un discurso que les son propios, máxime  cuando  la  primera  tiene por objeto una problemática exclusivamente jurídico  – conceptual, mientras que  la    segunda    se    perfila   hacia   la   indebida   ponderación   de   las  pruebas.   

Es  oportuno  señalar  que  con base en una  misma   causal   pueden   edificarse   varios  cargos,  como  cuando  ellos  son  excluyentes,  cada  uno  sustentado  en  uno  o más errores no contradictorios.  Piénsese  en  quien invoca dos reproches, ambos bajo la égida de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial;  el primero, sustentado en errores por falso  juicio  de  identidad  y  falso  raciocinio  respecto  de  la  misma prueba para  deprecar  la  declaración  de inocencia del procesado, y el segundo, apoyado en  sendos  falsos juicios de existencia sobre dos medios probatorios, en procura de  conseguir  el  reconocimiento  de  un  estado  de  ira e intenso dolor. En estas  hipótesis,  aunque las pretensiones son sustancialmente excluyentes (una en pro  de  la  declaración  de  inocencia,  la  otra en busca de la disminución de la  pena),  procede  de  manera adecuada el actor al proponerlas de manera separada,  en   diversos   cargos   y   colocando  a  la  segunda  como  sucedánea  de  la  primera.   

Efectuadas  las anteriores precisiones, como  en   el   primer  reparo  el  demandante  postula  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial por falsos  juicios  de  existencia  por  omisión,  es  pertinente señalar que dicho yerro  acontece  cuando  pese  a  estar  la prueba en el diligenciamiento es totalmente  marginada  en  la  apreciación judicial, caso en el cual debe el censor indicar  el   elemento   probatorio  omitido,  cuál  es  la  información  objetivamente  suministrada,  el  mérito  demostrativo  al  que  se  hace  acreedor y cómo su  estimación   conjunta  con  el  resto  de  pruebas  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  de  la  sentencia impugnada, deberes a los cuales no se sujetó el  casacionista.   

En  efecto,  constata  la  Sala  que si bien  identificó  los  medios  de prueba que considera marginados por los falladores,  sin  dificultad  se advierte que su queja carece de sustento, como que todas las  consideraciones  de los fallos de primera y segunda instancia giran alrededor de  los   interrogatorios   de  parte  que  como  prueba  anticipada  rindieron  los  procesados  en  el  Juzgado Veintiséis Civil del Circuito de Bogotá, así como  sobre  los  acuerdos privados, al punto que el texto de estos aparece transcrito  dentro  de  las consideraciones de la sentencia del ad  quem.   

Asunto  diverso  es  que el recurrente no se  encuentre  conforme  con  las  ponderaciones que sobre los mismos efectuaron los  falladores,  caso  en  el  cual  le correspondía plantear un error de hecho por  falso   raciocinio,   el   cual   tiene  lugar  cuando  los  sentenciadores derivaron de la prueba deducciones  contrarias  a  los principios de la sana crítica, esto es, los postulados de la  lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de la experiencia.   

Tratándose  de  dicho yerro, corresponde al  libelista  establecer  qué  dice  en concreto el medio probatorio indebidamente  ponderado,  qué  se  infirió  de  él  en  la  sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado,  proceder que en este asunto no acometió el apoderado de la parte  civil.   

          Ahora,  en  cuanto  atañe a que fueron pretermitidos sus memoriales  del  5  y  9  de mayo de 2009, a través de los cuales solicitó una inspección  judicial  a la empresa Técnicos Diesel Asociados Ltda en orden a establecer los  estados  financieros  de  la  compañía,  el  oficio  No.  384  de la Fiscalía  Seccional  de  Bogotá  por  cuyo  medio  solicitó  la  documentación contable  deprecada  por  la  parte  civil,  un  memorial que presentó el 24 de agosto de  2006,  así  como  la  Resolución  del  7 de noviembre de 2006, no encuentra la  Colegiatura  de  qué  manera  dichos  elementos  podrían  tener  la  virtud de  desvirtuar las conclusiones del fallo atacado.   

Sobre   la  pretermisión  de  las  nuevas  versiones   sobre   los   hechos   expuestas   en  el  juicio  por  MILLER  CASTAÑO,  observa la Sala que la  denuncia  no  apunta a un falso juicio de existencia por omisión, el cual, como  ya  se  advirtió,  supone la marginación total de la prueba, en este caso, del  dicho  del  procesado,  sino a la ponderación que de ella se derivó, de manera  que  corresponde  a  un falso raciocinio por violación de las reglas de la sana  crítica,  o bien a un falso juicio de identidad que precisamente se configura a  partir  del cercenamiento de fragmentos del medio de convicción, lo cual denota  falencias en el planteamiento del censor.   

          Acerca   de  la  capitalización  de  la  empresa  Técnicos  Diesel  Asociados  Ltda, cuya Acta No. 34 de socios del 5 de marzo de 2001 echa de menos  el   recurrente,   baste  señalar  que  el  Tribunal  sobre  el  particular  es  contundente  al  decir  en el fallo que “se trata de  un  hecho  no  comprendido  dentro  de  la  imputación  fáctica  hecha  en  la  acusación”,  motivo  por  el  cual la prueba si fue  sopesada,  pero  no con el alcance pretendido por el casacionista, circunstancia  que descarta el falso juicio de existencia por omisión.   

Ahora,  en  cuanto  se  refiere  a que no es  creíble  lo  dicho  por  ANDRADE  BLANCO,  acerca  de  que  “ni  JOSÉ  DOMINGO  GALLEGO,  ni  HENRY MORALES, ni su único socio y amigo personal MILLER CASTAÑO  le  informaron acerca de dichas participaciones accionarias que tenían LONDOÑO  ARIAS   como   JAIRO   PERALTA   mediante   representación  de  GALLEGO  DE  LA  ROSA”,  sin  dificultad  se  logra verificar que tal  discurrir  no  es propio del error de hecho por falso juicio de existencia, sino  del  falso  raciocinio, caso en el cual correspondía al actor asumir las cargas  de  postulación y demostración de tal especie de yerro, las cuales no asumió,  quedándose  en  la  simple y llana expresión de su particular ponderación del  asunto.   

          En   punto   de   la   apreciación  judicial  del  cheque  que  por  $10.000.000.oo  giró  el  11  de mayo de 1998 ANDRADE  BLANCO  en  representación de Petrolabin Ltda a favor  de  Manser Ltda, advierte la Colegiatura que una vez más el demandante pretende  imponer  su  criterio  de  valoración,  sin  tener en cuenta otros elementos de  juicio  que  a la postre edificaron el fallo de absolución, no sustentado en la  declaración  de  inocencia  de  los acusados, sino en aplicación del principio  in dubio pro reo, máxime si  la   Fiscalía   en   la   audiencia   pública   deprecó   la  absolución  de  aquellos.   

Es  claro que si el recurrente afirma que el  acuerdo   privado   1172965   fue   “desconocido  y  tergiversado”, incurre en una contradicción lógica  al  adverar que no fue apreciado (falso juicio de existencia por omisión), pues  huelga  señalar  que  si  fue marginado, no pudo ser tergiversado, en cuanto la  tergiversación de su contenido descarta su omisión integral.   

          De  otro  lado  se  tiene  que  si  el  apoderado  de la parte civil  considera     que    MILLER    CASTAÑO  declaró  en los años 2002 y 2003 en un sentido y en el juicio lo  hizo  en  otro,  es  palmario  que  el  yerro  no  puede  ser el falso juicio de  existencia,  sino el falso raciocinio, falencia que denota inconsistencias en la  postulación del reparo.   

          Respecto  de  la  declaración  de  José  Domingo  Gallego  de  la  Rosa pueden ofrecerse iguales  consideraciones  a  las  precedentes, es decir, la prueba no fue omitida, asunto  diverso  es que el casacionista no esté de acuerdo con su apreciación, aspecto  que  corresponde  al  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  no  invocado ni  desarrollado por él.   

Impera  señalar  que  no  se aviene con las  exigencias  propias  de  esta  impugnación extraordinaria que en el acápite de  falsos  juicios  de  existencia  por  omisión, proceda el recurrente a plantear  toda  suerte  de  apreciaciones  ya  alegadas  en  la audiencia pública y en la  impugnación  del  fallo  de  primer grado, sin guardar consonancia con el cargo  postulado,   como   cuando  expresa  su  criterio  sobre  las  declaraciones  de  José   Fernando   Díaz,  Jairo  Peralta, Luis   Eduardo   Morales  y  Víctor Madiedo.   

          Las   razones  expuestas  resultan  suficientes  para  inadmitir  la  censura.   

Con    relación    al    segundo  cargo, en el cual el apoderado de  la  parte civil denuncia la violación indirecta de la ley sustancial por falsos  juicios  de  convicción,  es oportuno puntualizar que dichos yerros  se presentan cuando los falladores niegan  al  medio  demostrativo  el  valor  que  la  ley le ha conferido o le otorgan un  mérito  diferente  al  atribuido  legalmente, cuya ocurrencia es excepcional en  atención  a  que el estatuto procesal penal no conserva el método tarifario de  apreciación  probatoria,  caso  en  el  cual, corresponde al actor demostrar la  infracción  de  la tarifa de valoración dispuesta por el legislador, así como  su injerencia en el sentido del fallo.   

Precisado lo anterior, encuentra la Corte que  el  recurrente  únicamente orientó su esfuerzo a plasmar su descontento con la  apreciación  de  ciertas  pruebas,  tales como el dictamen pericial de daños y  perjuicios    rendido    por    la   perito   Martha  Zúñiga   y   el   dictamen  sobre  la  ausencia  de  adulteración  en  los  acuerdos  privados,  sin  demostrar  de  qué  manera el  legislador  otorgó  a tales elementos de juicio un determinado peso específico  probatorio,  circunstancia  que le impide estructurar la acreditación del falso  juicio de convicción postulado.    

          Ahora,  si  la  queja  apunta  a  deplorar  las conclusiones que los  falladores   extrajeron   de  tales  medios  probatorios,  es  evidente  que  le  correspondía  invocar  el error de hecho por falso raciocinio, desde luego, con  el  deber de acometer las reglas de acreditación inherentes a tal postulación,  es  decir,  demostrar el quebranto de las reglas de la sana crítica (principios  de     la     lógica,    máximas    de    la    experiencia    o    postulados  científicos).   

          El reparo debe ser inadmitido.   

Respecto del tercer  cargo,  en  el cual se postula la violación indirecta  de  la  ley sustancial por falsos juicios de identidad, rememora la Sala que tal  error   acontece   cuando   los  falladores  al  ponderar  el  medio  probatorio  distorsionan  su  contenido  cercenándolo,  adicionándolo  o tergiversándolo,  motivo  por  el  cual corresponde al demandante identificar a través del cotejo  objetivo  de lo dicho en el elemento de convicción y lo asumido en el fallo, el  aparte  omitido  o añadido a la prueba, los efectos producidos a partir de ello  y,  lo  más  importante,  cuál  es la trascendencia de la falencia en la parte  resolutiva  de  la  sentencia atacada, tópico de improcedente demostración con  el  simple  planteamiento  del criterio subjetivo del recurrente sobre la prueba  cuya   tergiversación   denuncia,   en   cuanto  es  su  obligación  acreditar  materialmente  la  incidencia  del  yerro  en  la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de  la  ley  sustancial en el fallo, esto es, señalar la  modificación  sustantiva de la sentencia atacada con la corrección del error y  la  debida valoración de la prueba, en conjunto con las demás, obligaciones no  asumidas rigurosamente por el casacionista.   

En  efecto,  aunque  identifica  las pruebas  sobre  las  cuales recayó el yerro, es evidente que pese a referirse al acuerdo  privado  CA-1172965  del  28  de agosto de 1996, una vez más el apoderado de la  parte  civil  pretende  imponer su criterio sobre el de los falladores, pero sin  señalar  el aparte cercenado o agregado a la prueba, como tampoco su injerencia  en el sentido de la decisión.   

Además,   si   considera  “totalmente  equivocada y contraevidente la conclusión del Tribunal  de  que  es  claro  que  el  procesado  dijo  la  verdad, cuando realmente se ha  demostrado  todo  lo  contrario, esto es, que faltó a la verdad  de manera  consciente   y  voluntaria”,  palmario  resulta  que  ingresa  en  el  discurrir  propio  del  error de hecho por falso raciocinio, no  consonante  con  la  postulación de la censura, proceder que conspira contra el  principio   de   claridad  y  nitidez  obligatorio  para  quienes  concurren  en  casación,  en  cuanto  es  su  deber  expresar  los  asertos de “forma  clara y precisa”, según lo exige  el   numeral   3º   del   artículo   212   de   la  legislación  adjetiva  de  2000.   

          El cargo debe ser inadmitido.   

También  se  tiene que si bien el censor en  los  tres  cargos propuestos considera vulnerado en forma indirecta el artículo  232  de  la  Ley  600  de  2000,  observa la Sala que dicho precepto no tiene la  condición  de  sustancial,  en  cuanto  no  define  conductas delictivas o hace  referencia  a  la  punibilidad  o  a la responsabilidad, sino que sólo tiene la  virtud  de  servir  como  medio  o  instrumento  para arribar a los fines de las  disposiciones  sustantivas,  equívoco  que  se  desentiende  de  la  preceptiva  contenida  en  el  numeral  1º  del  artículo  207  de  la  referida normativa  procesal,    según    la    cual,    la   casación   procede   “cuando   la   sentencia   sea   violatoria   de   una  norma           de          derecho          sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta    inexcusable    (numeral    3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más para advertir  incorrecciones   lógicas  y  de  fundamentación  en  la  presentación  de  la  demanda.   

De  acuerdo  con  lo  expuesto, considera la  Colegiatura  que olvidando la dual presunción de acierto y legalidad de la cual  se  encuentra revestido el fallo, el casacionista orientó su esfuerzo a exponer  toda  suerte  de  situaciones  que  en  su criterio condujeron a la sentencia de  absolución,  pero  sin detenerse a observar las reglas propias de este medio de  impugnación.   

Así   las   cosas,  si  el  impugnante    no    ajustó   su   demanda   a  las  mencionadas  exigencias     dispuestas     para    postular    y    demostrar    los         reproches contra el fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se  encuentra  facultada  para enmendar las falencias de aquella, de conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano  la inadmisión del libelo.   

         Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,  violación de derechos o garantías, como para que tal circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le  confiere   el  legislador  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado de la parte civil, de conformidad con las razones  expuestas en la anterior motivación.   

Según   lo  dispuesto  en  el  artículo 187 del Código de Procedimiento Penal, contra este  proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO   FERNÁNDEZ  CARLIER                                       MARÍA        DEL        ROSARIO       GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                                ÉYDER      PATIÑO  CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Auto del 9 de noviembre de 2009. Rad. 32244.   

2 Cfr.  Sentencia del 26 de enero de 2011. Rad. 31021.   

3 Cfr.  Auto del 3 de diciembre de 2009. Rad. 32984.     

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