40748(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 419   

Bogotá, D.C., once (11) de diciembre de dos  mil trece (2013).   

V    I   S   T   O  S   

Procede la Sala a verificar los requisitos de  lógica  y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por el  defensor  de  OMAR ALIRIO MONDRAGÓN MUÑOZ.    

H E C H O S  

Fueron   expuestos   por  el  ad  quem  en  los  siguientes  términos:   

“Según  escrito  de acusación realizado  por  la Fiscalía, los hechos acaecieron el día 22 de mayo de 2011 en las horas  de  la  madrugada,  en  el  barrio  12  de  octubre  de  la ciudad de Medellín,  específicamente  en  la  carrera  83B con calle 99B, se encontraban Jean Pierre  Muñoz  Manco,  Duván  Cortes  Muñoz y Luís Arcadio Muñoz Oquendo ingiriendo  licor  en  vía  pública,  a  eso  de  las  2:30 am., en vista de que se había  acabado  el  licor  que  estaban  ingiriendo,  Jean  Pierre  y  Luís Arcadio le  solicitaron  a  Duván que fuera a comprar más, pero ante la negativa de éste,  ellos  decidieron  ir.  En medio del camino fueron sorprendidos por OMAR  ALIRIO MONDRAGÓN MUÑOZ, quien con  arma  blanca  propinó  a  Jean  Pierre Muñoz Manco varias puñaladas, en total  doce  (12),  por  las  cuales  falleció  momentos después en el Hospital Pablo  Tobón Uribe”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Culminado  el  juicio  oral  y anunciado el sentido condenatorio del  fallo  por  el  Juzgado Veintiséis Penal del Circuito de Medellín (Antioquia),  estrado  judicial al que correspondieron las diligencias, se dictó sentencia el  9  de  diciembre  de  2011,  a  través  de  la  cual  se  impuso a OMAR  ALIRIO  MONDRAGÓN  MUÑOZ  la  pena  principal  de  prisión  por  treinta  y  cinco  (35)  años  y  la accesoria de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por veinte  (20)  años,  al  haber  sido  hallado autor responsable del delito de homicidio  agravado  (artículos  103,  104,  numerales  6°  y  7°,  del  Código Penal),  negándosele    la    suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la  pena.1   

2.  Impugnada  esta  determinación  por  la  defensa,  fue  modificada  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Medellín  -Sala  Penal-  el  28 de noviembre de 2012, en el sentido de fijar la  pena  de  prisión  en  cuatrocientos  diez  (410) meses al excluir la causal de  agravación  contemplada  en  el  artículo 103, numeral 6°, del Código Penal,  confirmándola       en       lo       demás.2   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El defensor de OMAR  ALIRIO   MONDRAGÓN   MUÑOZ   interpuso  el  recurso  extraordinario   para   postular  un  cargo  principal  y    uno    subsidiario  en contra del fallo de segunda instancia, al amparo de  la  causal  prevista  en  el  artículo 181, numeral 3°, de la Ley 906 de 2004.   

Luego  de  reseñar  la  actuación procesal  surtida,   en   el   cargo   principal   denuncia  la  existencia  de un error de derecho por falso juicio de  legalidad,  toda vez que, en su sentir, la sentencia condenatoria se fundamentó  exclusivamente  en  prueba  de  referencia  inadmisible, ya que aun cuando en el  trámite  milita  la  declaración  de  Luis  Arcadio  Muñoz  Oquendo,  testigo  presencial  de los sucesos investigados, esta dicción, en su criterio, también  es  de  referencia. Por ende, asegura, en las diligencias no obran probanzas que  en  forma  directa  y  fidedigna  den  cuenta  del  modo  en  que acaecieron los  acontecimientos.   

Y  en  el  cargo  subsidiario,  denuncia  un  error  de  hecho por falso  juicio  de identidad que, sostiene, recayó en las declaraciones de Nadir Marín  López,   Álvaro   Gómez   Ramos,   Julio   César  Rincón,  Norberto  Alonso  Aristizabal,  Diana  Marcela  Alzare,  Víctor  Hugo Duque Manco, Duván Cortés  Muñoz  y  Luis  Arcadio  Muñoz  Oquendo,  pues, considera, el Tribunal les dio  “un   alcance   probatorio   del   cual   carecen,  incurriendo,  por  lo  mismo,  en  relación  con sus dichos, en falso juicio de  identidad”.  Señala, que la valoración dada a estos  testimonios  fue  errada  porque  los  indicios construidos a partir de ellos no  cuentan  con  un  hecho  indicador  acreditado, destacando que el testigo Muñoz  Oquendo   “nunca   manifestó   que   OMAR  ALIRIO  hubiese sido la persona que  lesionó a Jean Pierre en múltiples ocasiones”.   

De  esta  manera,  concluye  el  censor,  el  juzgador  conculcó  el principio de in dubio pro reo,  por  lo que pide casar la sentencia impugnada y, en su  lugar,  dictar  el  fallo  que  corresponda  en  el  que  se  ordene la libertad  inmediata e incondicional de su prohijado.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1. Desde ya debe indicarse que la demanda que  ocupa  la  atención  de  la  Sala carece de los mínimos presupuestos legales y  jurisprudenciales que darían paso a su admisión.   

2.  El  proceso penal se caracteriza por una  serie  de etapas concatenadas, revestidas de un plexo de garantías, durante las  cuales    se   somete   a   controversia   de   la   jurisdicción   un   asunto  jurídico-procesal  cuya  discusión  culmina  con  la sentencia, determinación  susceptible  de  impugnación  por  vía  de  la  apelación y en aras de que la  inconformidad  de  quien la interpone sea solventada por el superior jerárquico  del  funcionario  que  la  emitió  para  que  la confirme, modifique o revoque,  cuando a ello hubiere lugar.   

Ello  explica  porqué  el  debate sobre las  aristas  de  interés  para  el  ejercicio de la acción penal culmina en dichos  escenarios,  es  decir,  durante  el  decurso de las instancias, previéndose la  existencia  de  un  recurso  extraordinario,  la casación, solamente cuando por  específicas                 causales3  se  pretenda  un  estudio  respecto  de la legalidad de la sentencia por parte de la  Corte Suprema de Justicia.   

No  se  trata  el instituto, entonces, de un  espacio  propicio para prolongar la controversia que feneció con la emisión de  una  providencia amparada con la presunción de acierto y legalidad, ya que esta  decisión  únicamente  es  discutible  a través de la demostración de errores  atribuibles  al  juzgador  y,  de tal magnitud, que sólo con la casación pueda  restaurarse la legitimidad de la pieza procesal atacada.   

En   ese   orden,   existen   parámetros  conceptuales  que  hacen  de  la  demanda  correspondiente un escrito sometido a  estrictas   y  específicas  reglas  de  postulación  que  bajo  la  égida  de  principios  como  el  de  autonomía,  limitación, prioridad, entre otros, debe  bastarse  a  sí  misma para demostrar tanto la existencia del yerro planteado y  su  trascendencia,  siendo  premisa  fundamental  en  esta  sede  que  la simple  discrepancia  de  criterios  no  constituye  un  asunto con la viabilidad de ser  auscultado en sede extraordinaria.   

3. Lo anterior se menciona para reiterar que  ninguno  de  estos  aspectos  lógico-conceptuales  fueron  considerados  por el  recurrente  pese a que en el libelo hizo extensa trascripción de jurisprudencia  relacionada  con  el  particular, ya que únicamente plasmó en su escrito ideas  genéricas  ausentes  de  contenido  y  descontextualizadas  desde todo punto de  vista,  si  de derruir la presunción de legalidad de las sentencias atacadas se  trataba,  pues  la  postulación  de  los  cargos  la  circunscribe  a  la  mera  enunciación  teórica  de  los  supuestos  yerros denunciados, y que por demás  resulta   desacertada,   si   se  repara  en  el  alcance  de  las  hipotéticas  infracciones planteadas:    

3.1.  El  falso  juicio  de legalidad que le  atribuye  a la sentencia del Tribunal por presuntamente vulnerar la prohibición  de  dictar  condena  con  fundamento  exclusivo  en  prueba de referencia, no se  ajusta  a  la estructura lógica con la que ha de acreditarse la presencia de un  error  de  esta  índole,  como  quiera que la senda adecuada para evidenciar un  vicio  de esta naturaleza es el falso juicio de convicción, por trasgresión de  la  tarifa  legal negativa consagrada en el artículo 381, inciso 2°, de la Ley  906   de  20044.  En  estas  condiciones,  la  labor  demostrativa de la censura es  equivocada,  toda vez que entremezcla diversas críticas que en ocasiones aducen  que  las declaraciones obrantes en las diligencias se allegaron de manera ilegal  al  catalogarse  de  prueba de referencia inadmisible al no encontrarse prevista  dentro  de  las  posibilidades  relacionadas  en  el artículo 438 ibídem, y en  otros  acápites  refiere  que  aun  aceptándose su incorporación al juicio no  podían   sustentar   la   sentencia,  sintetizándose  en  ese  orden  diversas  divagaciones  que  impiden establecer cuál es en concreto la modalidad de error  que  se  plantea, faltándose así al deber de claridad y debida fundamentación  que debía regir la sustentación del ataque.   

Ahora  bien,  frente  a este panorama, ha de  decirse  que  además  ningún  esfuerzo  argumentativo  se  acomete  en  pos de  evidenciar  ya  bien  sea  una u otra irregularidad, pues no se explica en forma  consistente  porqué  los  testimonios  rendidos  en  el  juicio  son pruebas de  referencia.  Es  decir,  no  se  aprecia  en  él  cargo razones que soporten el  alcance  de  las  afirmaciones  que  en  el  se  hacen  diferentes  a  la  llana  discrepancia  con  las  decisiones de la judicatura, limitándose el defensor al  señalamiento  de  anomalías  sustanciales  y  procesales  de manera dispersa y  especulativa,  aunado  a  que analiza de modo sesgado el proveído del Tribunal,  por  ejemplo,  en lo que tiene que ver con el testimonio de Luis Arcadio Oquendo  Muñoz,  parcializa  su  contenido omitiendo deliberadamente la referencia a los  acápites  en los que indicó cómo mientras acompañaba al obitado en búsqueda  de  licor,  presenció  el ataque mortal del que fue víctima frente al cual, al  instante,  optó  por correr para buscar ayuda. Sobre el particular, esto fue lo  que   dijo   el   ad  quem:   

“Según  relató Luís Arcadio: “En ese  momento  estábamos  Luís  Arbeláez  alias  “El  Paya”,  Andrés  “alias  “Sancocho”,   Jean  Pierre,  OMAR  ALIRIO  MUÑOZ  y  yo  Luís Arcadio, todos se iban desplazando, hubo  un  momento  en que nos quedamos Jean Pierre, Duván Cortés y yo Luís Arcadio,  cuando  se  nos  acabó  el  aguardiente,  le  dijimos  a  Duván  que fuera por  aguardiente,  en  ese  momento Jean Pierre me dijo tío, vamos los dos, luego en  el  sector de Palomares ahí se encontraba OMAR ALIRIO  y  ahí ocurre la tragedia, habíamos caminado más o  menos  12  metros después de pasar el teléfono, y en ese momento atacan a Jean  Pierre  por  el costado izquierdo, yo miré el arma, es un arma bastante grande,  cuando  a él le dan la primera puñalada, yo salgo a correr en busca de ayuda a  la  casa,  le  aviso  a  mi hermano, Oscar Muñoz, Santiago, Andrés Felipe y yo  Luís  Arcadio,  cuando  llegamos  a  donde  estaba  Jean  Pierre lo encontramos  inconciente,  tirado  en  el  andén de la carrera 83 frente a una pollería que  hay   cerquita   y   cerca   de   la   casa   de   una  señora  que  tiene  una  salsamentaria”.5   

Ninguna   consideración   le   merece  al  demandante  el  contenido  de este testimonio y únicamente, de forma simplista,  aduce  que,  desde  su  punto  de  vista,  constituye  prueba  de referencia sin  acompañar   este   enunciado,   se   insiste,   con  algún  soporte  bien  sea  argumentativo,  jurídico  o siquiera gramatical. Incurre así en una ostensible  falencia  al  desconocer  en absoluto el principio lógico de razón suficiente,  que  le  acarreaba  demostrar  la  infracción  que  pregona  en  la  demanda de  casación,  en  lugar  de  dedicarse  a la exposición de escuetas afirmaciones,  confusas           y           temerarias.6   

3.2.   Para   mayor   claridad   de   este  diagnóstico,  debe  indicársele  al  recurrente  que  no puede pregonar que el  testimonio  de  Luis Arcadio Muñoz Oquendo es prueba de referencia al cotejarse  el  contexto  en  que  este fue suministrado con la definición consignada en el  artículo    437   de   la   Ley   906   de   20047,  además  de que en su relato  dio  cuenta  de  circunstancias  de  las  que  pudo  percatarse  por percepción  directa,   según   lo   trascrito.  En  ese  mismo  sentido,  tampoco  podrían  catalogarse  las demás declaraciones aportadas al juicio en forma absoluta como  prueba  de  referencia,  en  la  medida  que  el  Tribunal  destacó  de  manera  pormenorizada  los  aspectos  puntuales  que transmitieron los diversos testigos  durante  su  intervención  y  que  llegaron a su conocimiento también por vía  de   apreciación  inmediata, e igualmente aclararon los juzgadores, que si  bien  éstos  no  presenciaron  el  momento  preciso  en  que  se  dio  la aleve  agresión,  si  repararon  en  diversas  situaciones  que  permitieron  elaborar  plurales  indicios  que, a la postre, robustecieron la conclusión referida a la  responsabilidad   de  MONDRAGÓN  MUÑOZ  en   aquella,   en  los  términos  consignados  en  los  fallos  de  instancia:   

“Es  claro, según la teoría del caso de  la  Fiscalía  y la prueba testimonial practicada en el proceso, que las únicas  personas  que estuvieron presentes en el momento en que Jean Pierre fue atacado,  fueron  Luís  Arcadio  y  la  víctima.  Hasta  ese  momento  sabemos que Luís  Arcadio,  aparte de la víctima y el presunto victimario, es un testigo directo,  por  lo tanto, su declaración en juicio, tiene una especial connotación debido  a  los  indicios  que  se  desprenden  del  análisis  en  conjunto  del recaudo  probatorio  […]  La interpretación que hace la Sala de lo ocurrido conforme a  la  acusación  y  la  valoración  de los testimonios, es que se pueden deducir  aspectos  muy  importantes,  pues  obsérvese como Luís Arcadio narra de manera  clara  y  sucinta  como  ocurrieron  los  hechos, el lugar, el momento en que la  víctima  fue  atacada, quienes estaban cerca en ese preciso momento, el tipo de  arma utilizada y la región anatómica del primer ataque.   

Es  de notar que los testigos plantean unas  situaciones   antecedentes   entre   la   víctima   y  el  presunto  victimario  OMAR  ALIRIO,  evento  en  donde  se  cataloga  al  acusado  como  un ciudadano violento por la comunidad e  inclusive  presenta  antecedentes  penales por un punible de hurto. Los testigos  Víctor  Duque  y  Luís  Arcadio  Muñoz  dan  cuenta  de  un evento en el cual  OMAR  ALIRIO  amedrenta  y  amenaza  a  Jean  Pierre con quitarle la vida luego de golpearlo. Que si bien no  se  tiene  certeza  de  los motivos que fundamentan las amenazas, al parecer por  vicio,  tal  y como lo manifestó Luís Arcadio en otra ocasión, es posible que  había  serios  problemas  entre  estos  dos sujetos, lo que doctrinariamente se  conoce  como  “indicio  de  manifestaciones  anteriores”,  cuales fueron las  amenazas  de  muerte  de  quien es hoy acusado por la Fiscalía como responsable  del                 homicidio…”.8   

“Sobre  la  presencia  de  OMAR  ALIRIO  en el lugar de los hechos,  también  responde el señor Duván Esneider, al señalar que antes de que Luís  Arcadio   y  Jean  Pierre  fueron  a  comprar  la  medio  de  ron,  OMAR  se  hallaba  en  la  esquina de la  cuadra  en  unas  rejitas,  y  cuando  ellos  ya  se  habían  ido, OMAR  ya no estaba por ahí. Esto permite  concluir  que  el punto inicial de ubicación del procesado y desde donde estaba  maquinando  el  momento  del  ataque,  fue el referido por el testigo Duván, es  decir,  -en  unas  rejitas-  pero  ya cuando inicia el recorrido Luís Arcadio y  Jean  Pierre  a comprar el licor, no lo vio y la explicación está cimentada en  que  el acriminado se trasladó hasta donde se encontraba la cabina telefónica,  a la espera de la víctima.   

Sinceros y creíbles son los testimonios de  Luís  Arcadio  y Duván, al señalar que no vieron la persona que asesinó a su  sobrino  y  primo  respectivamente,  lo  que  también  permite  entregar  total  credibilidad,   cuando   señalan   que  OMAR  ALIRIO  era  la  única  persona  que se encontraba instantes  previos a la ocurrencia del hecho criminal.   

Téngase  en  cuenta  que  el testigo Luís  Arcadio  si  bien  dice  no  haber  visto quien fue la persona que asesinó a su  sobrino,  también  es  cierto que en el momento en que se estaba perpetrando el  vil  asesinato,  ya  no advirtió la presencia de OMAR  ALIRIO  en  la  cabina  de teléfono cuando salió en  busca  de  ayuda  y  donde  instantes antes lo había visto, lo que sin esfuerzo  alguno  lleva  a  este juzgador a colegir que no lo vio, porque precisamente era  la  misma  persona  que  en ese momento se encontraba en la ejecución del hecho  criminal.  Es  que  si  no  era  la  misma  persona que se hallaba cometiendo la  conducta  delictiva,  cómo  se explica que no haya optado por acudir en defensa  de  su  vecino  y  amigo Jean Pierre, o que porqué no pidió ayuda o le prestó  los  primeros  auxilios?  […]  Por el contrario OMAR  ALIRIO, no solo había sido visto en forma sospechosa  por  Luís  Arcadio, instantes por no decir, segundos antes del asalto criminal,  sino  que  además  en  el  momento de su captura tenía la camiseta manchada de  sangre,  como  algo  evidente  que  resultó  para  el patrullero de la policía  Gómez  Ramos  y  que  así  lo  informó  en testimonio rendido en audiencia de  juicio  oral,  un  hecho  indicador  que  lo  relaciona  en forma directa con lo  sucedido la madrugada del 22 de mayo del cursante año […]   

De otra parte y a fin de darle mayor fuerza  a    la    sindicación    que    se    hace    del    implicado    MONDRAGÓN  MUÑOZ,  se dieron a conocer  los  problemas  y  amenazas  de las que había sido objeto la víctima por parte  del  acusado.  Para  dar  fe  de ello, se tiene el testimonio del señor Víctor  Hugo  Duque  Manco,  primo  de  quien  resultó  fallecido en los hechos que nos  concita   […]  Fue  enfático  en  relatar  que  le  tocó  presenciar  varias  situaciones         donde         estaba         involucrado        MONDRAGÓN, pero en especial la ocurrida  hace  año  y  medio,  día  domingo a eso de las 11:00 de la mañana, cuando al  salir   al  balcón  de  su  casa,  pudo  apreciar  una  algarabía  en  la  que  OMAR  estaba  agrediendo a  Jean  Pierre,  le  estaba  dando  puños  sin que se pudiera defender, solo pudo  soltarse  y  salir  corriendo,  pero  la respuesta verbal del agresor no se hizo  espera   y  le  gritó  “si  te  dejas  ver  pirobo,  te  mato”.9   

Nótese que son argumentos plausibles los que  respaldan  la  conclusión  de  los  juzgadores  y  de cara a ellos el libelista  llanamente  plasma  su  inconformidad, con elucubraciones abstractas que carecen  de  cualquier respaldo conceptual, método que pasa por alto el carácter rogado  de  la  casación  y,  se repite, el deber de debida fundamentación del recurso  extraordinario,  razones por las que el cargo principal  será  inadmitido.   

3.3.  Aprovecha la Corte la oportunidad para  anotar  que la prohibición legal incluida en la Ley 906 de 2004, concerniente a  la  imposibilidad de proferir sentencia condenatoria con fundamento exclusivo en  prueba  de  referencia,  no  conlleva a que el razonamiento indiciario haya sido  proscrito,   pues   a   partir   de   prueba  directa  sobre  un  hecho indicador relacionado con las aristas  de  interés  para la acreditación de una conducta punible, es factible arribar  al  conocimiento  requerido  para dictar fallo de responsabilidad por vía de un  método  de  inferencia lógica, cobrando relevancia en aras de la demostración  de  dicho  hecho  indicador únicamente que el mismo esté respaldado con prueba  practicada  en  el  juicio  oral,  frente  a la cual sea viable el ejercicio del  derecho  a  la contradicción y a la confrontación.10   

En este sentido, recientemente se pronunció  la Sala:   

“La  Corte  quiere reiterar que el citado  artículo  381  de  la  Ley  906  de 2004, consagra una tarifa legal negativa al  reglar  la  improcedencia  de  dictar  fallo  de naturaleza condenatoria, basado  únicamente en prueba de referencia.   

Empero,   en  la  labor  de  apreciación  probatoria  el  juzgador  puede  arribar  al grado de conocimiento más allá de  toda  duda  acerca  del  delito  y la responsabilidad del acusado, utilizando la  mencionada  prueba  de referencia, bajo el supuesto que al juicio oral, público  y  concentrado  se  allegaron  otros  elementos de conocimiento que confirman su  contenido, en relación con los mencionados aspectos.   

Es  decir, que cuando se trata de la prueba  de  referencia,  la  actividad  probatoria  compete  estar  centrada, en orden a  realizar  una corroboración periférica, en torno al contenido de aquella y que  comprometa la responsabilidad del acusado.   

En  la labor verificadora y con sustento en  el  principio de libertad probatoria que regla el artículo 373 de la Ley 906 de  2004,  según  el  cual,  los  hechos  y  circunstancias  de interés “para la  solución  correcta  del  caso,  se  podrán probar por cualquiera de los medios  establecidos  en  este Código o por cualquier otro medio técnico o científico  que  no  viole  los  derechos humanos”, entre ellos, los indicios, el operador  puede  basar  el  juicio  de  responsabilidad  del  acusado, siempre y cuando se  arribe al grado de conocimiento más allá de toda duda.   

En  síntesis,  la  sistemática  procesal  contenida  en  la Ley 906 de 2004, establece que el fallo de condena no se puede  soportar  en  prueba de referencia, a menos que los hechos incriminantes para el  acusado  se  puedan corroborar con otros elementos de juicio allegados al debate  público   y   hubiesen   sido  susceptibles  de  confrontación”.11   

3.4.    En    cuanto   al   cargo        subsidiario,  debe recordarse que tratándose del falso  juicio  de  identidad  este  se concreta respecto de determinado medio de prueba  legal  y  regularmente  aportado  cuando el juzgador hace atribuciones fácticas  trascendentes  que no corresponden a su contenido (falso juicio de identidad por  adición),  o  porque recorta aspectos sustanciales de su texto (falso juicio de  identidad  por cercenamiento o supresión), o porque muda o cambia el sentido de  su   expresión   literal   (falso   juicio   de  identidad  por  distorsión  o  tergiversación),  eventos  en  los  que  se  pone a decir a la prueba lo que no  expresa materialmente:   

“Cuando  se  alega   esta   especie   de   vicio,   se   exige   al   demandante  identificar  inequívocamente  la  prueba  sobre  la  cual  recae  la  incorrección  que  se  denuncia,  asistiéndole  primero  el  deber  de  revelar  lo que fidedignamente  dimana  de  ella  de  acuerdo  con  su  estricto  contenido material, y luego la  obligación  de  precisar  en  qué  aspecto  radicó  la  desfiguración  de su  literalidad,  bien  por  supresión,  ya  por adición, ora por tergiversación,  ejercicio  que  se  lleva  a  cabo  mediante una elemental confrontación de las  precisiones  hechas  en  el  fallo  acerca  de  su tenor, con lo que en realidad  enseña    ésta”.12   

Se  aduce  en  el  reproche  que el Tribunal  cercenó  las  declaraciones  aportadas  a  la  actuación,  pero  brilla por su  ausencia  el  cotejo  de  la  materialidad  objetiva  de  los testimonios con el  contenido  literal  de  lo  esbozado  por el juzgador acerca de ellos, para así  advertir  en  qué consistió la presunta supresión y su eventual incidencia en  la   estructura   argumentativa   de   la   sentencia,  afincándose  el  error,  exclusivamente,  en la valoración probatoria que de los testimonios efectuó la  Corporación  que  al analizar el particular, en ningún momento incurrió en la  tergiversación endilgada.   

En consecuencia, puede afirmarse sin duda que  la  materialidad  de los citados medios de conocimiento no se modificó y el que  no  se  le haya dado a estos el alcance probatorio pretendido por el recurrente,  no puede ni llega a configurar el error planteado.   

Además,  el libelo resulta manifiestamente  infundado  y  contradictorio  cuando asegura que en la labor constructiva de los  indicios  se  encuentra  ausente  la prueba sobre el hecho indicador, pues de la  trascripción  realizada en precedencia es diáfano que los razonamientos de los  juzgadores  tuvieron  como  punto  de  partida  prueba  legalmente aportada a la  actuación,  consistente  precisamente  en  los  testimonios cuya valoración se  cuestiona,  dicciones  que  dieron  cuenta de diversas variables a partir de las  que  se  llegó  al conocimiento de circunstancias relacionadas con una conducta  típica, antijurídica y culpable.   

Así  las cosas, se está ante una falencia  adicional  consistente  en la trasgresión al principio de corrección material,  según   el  cual,  las  razones,  fundamentos  y  contenido  del  ataque  deben  corresponder  en  un  todo  con la realidad procesal13,  pues  en las sentencias se  decantó  de  manera prístina, se recalca, el contenido y alcance de los medios  de  convicción  que  permitieron  evidenciar la responsabilidad de MONDRAGÓN  MUÑOZ  en los acontecimientos  por  los  que  fue  convocado  a  juicio por la Fiscalía, situación matizada y  distorsionada en el discurso del casacionista.   

4.  De  este modo, el libelo que ocupa a la  Sala  no  supera  la  exposición de críticas subjetivas inanes en cuanto a los  elementos  de  juicio  obrantes  en  las  diligencias  que  ni siquiera podrían  constituir  un  alegato de instancia idóneo, ya que no se ajusta su contenido a  la  materialidad  de  lo  actuado  y se limita a la postulación de afirmaciones  genéricas  encaminadas  a  prolongar  una  discusión  probatoria  ya  fenecida  esperando  que la Sala examine libremente la presencia de eventuales anomalías,  equiparándose  el  recurso extraordinario, equivocadamente, a una fase auxiliar  para insistir en una controversia ya definida.   

5.  En  fin,  el censor se aparta  de   la   dialéctica   connatural   a  la  casación y   

pretende  imponer  su llana inconformidad a  través  de  un escrito en el que sin rigor alguno cuestiona, de forma errónea,  las  decisiones  judiciales producto de un proceso como es debido. Por tanto, al  carecer  la demanda presentada del sustento conceptual y argumentativo propio de  esta   sede,   conforme   se   indicó   en   precedencia,   será  inadmitida, además porque del estudio del  expediente  no  se  observa violación de derechos fundamentales o garantías de  los  sujetos  procesales  que  den  lugar  a superar sus defectos en orden a una  determinación  de  fondo,  ni  se  percibe  de su contexto que se precise de un  fallo  para  cumplir con alguna de las finalidades del recurso (Artículo 184 de  la Ley 906 de 2004).   

6.  Por  último, valga recordar que contra  esta  decisión  procede  el mecanismo de insistencia, conforme los lineamientos  delineados  en  la  providencia  de  12  de  diciembre  de 2005, proferida en el  radicado 24322.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  OMAR     ALIRIO    MONDRAGÓN    MUÑOZ.   

Contra  esta  decisión  es  procedente  la  presentación del mecanismo de insistencia.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                                         MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                       

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                                                                   EYDER                  PATIÑO  CABRERA        

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folio   77   y   siguientes   cuaderno   actuación   

2  Fl. 105 y s.s c.a 2   

3  Ley 906 de 2004, artículo 181   

4  Cfr.  en lo pertinente Rad. 40619, auto de 15 de mayo  de 2013 y Rad. 40591, auto de 31 de julio de 2013   

5  Cfr.   Fl.   14   sentencia   Tribunal   /  Fl.  118  c.a   

6  Sobre  el contenido y alcance de este principio, así  como  su  incidencia  en  casación,  puede consultarse Rad. 41370, auto de 6 de  agosto de 2013   

7  Artículo  437.- Noción. Se considera como prueba de  referencia  toda declaración realizada fuera del juicio oral y que es utilizada  para  probar  o  excluir  uno  o  varios  elementos  del  delito,  el  grado  de  intervención  en  el  mismo, las circunstancias de atenuación o de agravación  punitivas,  la  naturaleza  y  extensión  del  daño irrogado, y cualquier otro  aspecto  sustancial  del  debate,  cuando  no  sea  posible  practicarla  en  el  juicio”.   

8  Cfr.  Fl. 15 y s.s sentencia Tribunal / Fl. 119 y s.s  c.a   

9  Cfr.  Fl.  28 y s.s sentencia primera instancia / Fl.  90 y s.s c.a   

10  Cfr.  Rad.  38773,  sentencia  de  27  de  febrero de  2013   

11  Rad. 40893, auto de 4 de junio de 2013   

12  Ver,  entre  otras,  Rad.  23667,  sentencia de 11 de  abril de 2007    

13  Cfr. entre otros Rad. 42194, auto de 9  de octubre de 2013, Rad. 41412, auto de 8 de octubre de 2013     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *