40688(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 060.  

          Bogotá   D.C.,   febrero   veintisiete   (27)   de  dos  mil  trece  (2013).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala en punto de la admisión  del  libelo  de  casación  presentado por el defensor del   procesado  BALMES   ALBERTO   NÚÑEZ   MONTALVO   para  sustentar  el  recurso extraordinario de casación interpuesto  contra  el  fallo de segundo grado proferido por el Tribunal Superior de Bogotá  el  3  de  septiembre de 2012, confirmatorio del dictado por el Juzgado 50 Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad  el 14 de octubre de 2011, mediante el cual  condenó   al   mencionado   como   determinador  del  delito  de  peculado  por  apropiación.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los   primeros   se   declararon   por  el  ad  quem  de  la  siguiente  forma:   

“BALMES ALBERTO NÚÑEZ MONTALVO, laboró  en    ‘Puertos    de  Colombia’,   Terminal  Marítimo  y  Fluvial  de Barranquilla, desde el 8 de mayo de 1974 hasta el 1 de  noviembre  de  1990,  fecha  a  partir de la cual renunció voluntariamente para  acogerse  al  programa  de  retiro  voluntario planteado por la empresa, como se  estipuló  en acta de conciliación que suscribió con el representante legal de  aquella,  en la que se acordó además que recibiría una bonificación especial  de  $3.000.000.oo,  sus  prestaciones sociales, anticipo de pensión por la suma  de  $9.864.601.20 y pensión de jubilación por la suma de $411.025.05, efectiva  a  partir  del  25 de noviembre de 2001, fecha en que cumpliría los 50 años de  edad,  la  cual  se  materializó  mediante  Resolución  N°  043268  de  17 de  diciembre  1990,  con  inclusión  de todos los factores salariales devengados a  los   que   tenía   derecho,   de   conformidad  con  los  cánones  legales  y  convencionales vigentes.   

No  obstante  lo anterior, con el objeto de  conseguir  la  reliquidación  de  las  prestaciones sociales e incremento de la  mesada   pensional,   por  medio  de  varios  abogados  presentó  reclamaciones  administrativas,  instauró  sendos  procesos  laborales ordinarios y acción de  tutela  contra  la  empresa portuaria, por cuyo medio reclamó el reconocimiento  de   acreencias   inexistentes,  que  no  constituían  factor  salarial  o,  ya  satisfechas por la entidad.   

Como  consecuencia  de  algunas  de  estas  acciones,  el  Juzgado  Tercero  Laboral del Circuito de Barranquilla en proceso  ordinario  laboral  profirió fallo el 29 de junio de 1993, en el que condenó a  Puertos  de  Colombia  a  pagar  al  prenombrado,  apoderado  por  Luis  Alberto  Gutiérrez  Alfaro,  un  total de $18.279.633.62, por concepto de diferencias de  primas  proporcionales  de  antigüedad  y de servicios, reajuste de cesantías,  anticipo  de  jubilación,  sanción  moratoria  y  costas, suma que canceló la  demandada,  el  1°  de  diciembre  de ese mismo año, mediante Resolución 296.  Monto   que,   al   reliquidar   el  mandamiento  de  pago,  se  incrementó  en  $4.544.781.57,  que  se pagó a través de la Resolución 932 de 29 de agosto de  1994.   

El  20  de  agosto  de  2003,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Santa Rosa de Viterbo, en sede de consulta,  revocó  íntegramente tal sentencia, al establecer que los reajustes ordenados,  se   sustentaron  en  prueba  ineficaz,  la  sanción  moratoria  no  era procedente por cuanto la demandada  reconoció  y  pagó  de  conformidad con la ley, los salarios, las prestaciones  sociales,  las  cesantías  así  como  la  pensión de jubilación, y no había  lugar  a  la  condena  en costas por expresa prohibición de la ley vigente para  esa  época,  irrogando  mayores  perjuicios  a  los intereses económicos de la  accionada,  razones que además, llevaron a una de las integrantes de la Sala de  Decisión  Civil- Familia-Laboral, a aclarar su voto, en el sentido de compulsar  copias para investigación penal y disciplinaria.   

Recurrida  en casación esta decisión, por  el  abogado  Luis  Alfonso Leal Núñez, designado por NÚÑEZ MONTALVO, la Sala  Laboral  de la Corte Suprema de Justicia en proveído de 29 de noviembre de 2004  no  casó  la sentencia, en tanto concluyó que no había lugar a reliquidación  alguna,    por    cuanto    la   empresa   no   incurrió   en   las   omisiones  demandadas.   

Así  mismo,  el Juzgado Octavo Laboral del  mismo  Circuito  Judicial, en fallo emitido el 26 de septiembre de 1994 condenó  a   Foncolpuertos   a   pagar   $63.929.460,30  a  favor  de  NÚÑEZ  MONTALVO,  representado  por  el mismo Gutiérrez Alfaro, por concepto de reliquidación de  sus   prestaciones   sociales   (prima   de  antigüedad,  prima  de  servicios,  cesantías),  producto  de  computar en la liquidación dos días de salario que  descontó   la  empresa  y  el  valor  de  $3.000.000.oo  correspondiente  a  la  bonificación  convencional  reconocida  al ex portuario al acogerse al programa  de  retiro voluntario, y la consecuente sanción moratoria; condena que el 27 de  octubre  de  esa  misma  data,  incrementó  ese  Despacho en $6.895.390.oo como  consecuencia  de  la  reliquidación  del  mandamiento de pago solicitada por el  apoderado.   

Sentencia  que en sede de consulta, revocó  la  Sala  Laboral  del Tribunal Superior de Armenia, en proveído de 30 de enero  de  2004,  absolviendo a la entidad demandada, al establecer que no había lugar  a  incluir  la  totalidad  del  tiempo  de  servicios,  por  cuanto  los 2 días  descontados  correspondían  a  permisos  no  remunerados,  y  la  bonificación  reclamada no tenía carácter salarial.   

Por otra parte, a través de Resolución No.  1436  del  15  de  noviembre  de  1994,  el  Fondo reconoció, mediante trámite  administrativo,   a   NÚÑEZ   MONTALVO   pensión   proporcional  especial  de  jubilación  retroactiva  al  año  1991,  prevista  en  el  artículo 113 de la  Convención  Colectiva  de Trabajo del Terminal de Barranquilla vigente para los  años  1991  y  1993,  por  valor de $344.406,44 y ordenó pagar a su apoderado,  Bernardo  Yepes  Lalinde,  la  suma  de  $13.883.574.89  por concepto de mesadas  atrasadas  y  adicionales de diciembre con sus respectivos reajustes pensionales  desde  el  l°  de  enero  de  1991  al  31  de  octubre de 1994, modificando la  Resolución  No.  038781  del  14  de  enero de 1991 mediante la cual la empresa  reconoció el derecho y anticipo de la misma.   

Prestación que, a través de la Resolución  1282  de 12 de junio de 1995, se reajustó con fundamento en los reconocimientos  efectuados  en  la  sentencia emitida el 26 de septiembre de 1994 por el Juzgado  Octavo,  fijando  la mesada pensional en $1.441.705.29, con la consecuente orden  de pago de las pensiones atrasadas en cuantía de $23.924.728,93.   

De  otro lado, el 17 de febrero de 1997, el  abogado   Bernardo   Yepes   Lalinde   instauró   acción   de   tutela  contra  Foncolpuertos,  invocando  protección al derecho de petición, debido proceso e  igualdad,  con  lo que pretendió la reliquidación de nuevo de las prestaciones  sociales  por  varios  factores  como  prima  de  antigüedad, cena y descanso y  bonificación  de  $30.000,  supuestamente  no  incluidos en la liquidación, el  reajuste  de  la  pensión y la cancelación de las diferencias de mesadas, cuyo  amparo  denegó  el  juez constitucional- Juez Quince Civil del Circuito de esta  ciudad- en proveído del 11 de marzo siguiente.   

Tutela  que  fue  objeto  de investigación  penal,-  radicado  0297, por el ejercicio temerario de la acción constitucional  y  actuar  de  los  accionantes  sin  justo  título  pretendiendo  el  pago  de  acreencias  laborales  ya  satisfechas  o  indebidas,  según compulsa de copias  ordenadas  por  la  Corte  Constitucional  en  sentencia T-10 del 27 de enero de  1998,  mediante  la  cual revisó el fallo junto con otras acciones interpuestas  contra la mencionada entidad”.   

Por  razón  de  los  sucesos anteriores, se  dispuso  la  apertura  de  investigación  penal,  en  cuyo  marco  se vinculó,  mediante   indagatoria,   a  BALMES  ALBERTO  NÚÑEZ  MONTALVO     y     al     abogado     Bernardo  Yepes  Lalinde.  Al  segundo en  mención,  la  Fiscalía le precluyó investigación mediante resolución del 22  de junio de 2005.   

Cerrado  el  ciclo  instructivo,  la  misma  entidad  calificó  el  mérito  del  sumario  el  31  de  agosto  de  2006  con  resolución   de  acusación  en  contra  de  NÚÑEZ  MONTALVO  “como  presunto  determinador   del   delito   de   peculado   por  apropiación”  (art.  133  del Decreto Ley 100 de 1980), al tiempo que le precluyó  investigación   “como  presunto  determinador  del  delito de prevaricato por acción”.   

Contra esta decisión la defensa del acusado  interpuso  recurso  de  apelación,  el cual fue resuelto por el fiscal 24 de la  Unidad  de Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá el 31 de mayo del año  siguiente  decretando  la   nulidad  parcial  de  lo  actuado  “únicamente  en  lo que se refiere a la resolución acusatoria y  a  las  determinaciones  consecuenciales  adoptadas en torno al restablecimiento  del  derecho,  a  fin  de  que  la  Fiscalía  a  quo  motive en debida forma la  decisión     proferida    el    31    de    agosto    de    2006”.   

En  tal  virtud, la actuación retornó a la  Fiscalía  de  origen,  donde,  mediante  proveído  de  31  de  julio  de 2007,  profirió    nuevamente    resolución   de   acusación   contra   NÚÑEZ      MONTALVO     “como   presunto   determinador   del   delito  de  peculado  por  apropiación”  (art.  133  del  Decreto  Ley  100 de  1980),    al    tiempo    que    le    precluyó   investigación   “como   presunto  determinador  del  delito  de  prevaricato  por  acción”.    

Esta decisión también fue impugnada por la  defensa  del  convocado  a juicio, por cuyo motivo se pronunció el mismo fiscal  de   segunda  instancia  el  11  de  julio  de  2008,  esta  vez  impartiéndole  confirmación.   

La   subsiguiente   fase  del  juicio  fue  adelantada  por  el Juzgado 41 Penal del Circuito de esta ciudad ante el cual se  surtieron  las  audiencias  preparatoria  y  de juzgamiento; empero, en razón a  medida   de   descongestión   implementada   por  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura1,  el proceso se reasignó al Juzgado 50 Penal del Circuito de igual  sede,  el cual profirió fallo el 14 de octubre de 2011, por cuyo medio condenó  a   BALMES   ALBERTO   NÚÑEZ  MONTALVO  a  las  penas  de seis (6) años de prisión, multa por valor de $  364.848.772,82  e  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena aflictiva de la libertad, así como al  pago  de  indemnización  por daños y perjuicios en las cuantías establecidas,  al  tiempo  que  le  negó  el  subrogado  penal  de  la  condena  de ejecución  condicional y el sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

          Contra  la  anterior  sentencia  interpuso recurso de apelación, en  forma  exclusiva,  el  defensor  del  sentenciado,  el cual fue resuelto el 3 de  septiembre  de     2012  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá,  impartiéndole  confirmación.   

          Inconforme con el fallo del ad  quem, el nuevo defensor del sindicado  interpuso  recurso  extraordinario  de casación, luego oportunamente sustentado  mediante  demanda.  Dentro  del  término  dispuesto  para  los  no recurrentes,  presentó escrito el apoderado de la parte civil.   

EL LIBELO  

          Plantea  un  único  cargo  con  fundamento  en la causal primera de  casación  del artículo 207 de la Ley 600 de 2000 -violación directa de la ley  sustancial-  “por aplicación indebida, en su cuerpo  segundo,  del  artículo  223 del Decreto Ley 100 de 1980; violando el artículo  29   de   la   Constitución   Política   de  Colombia,  el  artículo  24  del  Decreto        Ley 100 de 1980 y los incisos 3° y  4°    del    artículo    30    de    la   Ley   599   de   2000”.   

         Acto  seguido  señala  que  el  fundamento  del cargo estriba en la  aplicación  del  artículo  23  del  Decreto  Ley 100 de 1980, al señalar como  determinador   a   su   defendido,   lo  cual  resulta  claramente  inaceptable,  “ya  que las condiciones especiales del     autor  para el determinador no se dieron conforme a la norma  que  lo recita, pues el recurrente sí actuó activamente en todas las etapas de  los  procesos  laborales  y  no tenía mayores condiciones que los determinados,  como lo acepta el ad quem”.   

          Su  defendido,  acota  en la anunciada dirección, siempre confirió  poder   para   reclamar   las   acreencias  laborales;  es  decir,  “actuó  materialmente  en la ejecución de todas las actuaciones  consideradas  punibles,  siendo  contrario  a la interpretación sobre la figura  que   del   determinador   ha   plasmado   la   honorable   Corte   Suprema   de  Justicia”,  en  tanto es claro que quien ostenta esa  condición   no   participa  materialmente  en  la  ejecución  de  la  conducta  delictiva,     situación    no    verificable    respecto    de    NÚÑEZ  MONTALVO,  amén  de  que  a esa  misma  conclusión  se llega por virtud del principio de accesoriedad en materia  de participación.   

          De   lo   anterior   colige   que  el  interviniente,  contrario  al  determinador,  de una u otra manera contribuye o aporta a la ejecución material  de  la  conducta  punible  sin  que  ello  indique tener una condición personal  superior al funcionario público peculador.    

          Así  mismo, permite inferir que el determinador limita su actividad  a  influir sicológicamente sobre el determinado para hacer nacer en él la idea  criminal  -o  reforzar la existencia- y la obtención de realizar el ilícito; y  aunque  exista  un  acuerdo,  ninguna  función  o  rol puede éste asumir en la  ejecución  material  del  delito,  porque  si  hace  un  aporte sustancial a la  empresa  común, pasaría a ser coautor. En otras palabras, indica, “el       particular      (extraneus),      que      mediante  acuerdo  influye en un servidor  público  (intraneus);  por  su condición personal de superioridad hacia éste;  para   cometer  un  delito  público  propio,  si  no  desempeña  ningún  rol  funcional  en  la ejecución material de la conducta v  ningún  aporte  sustancial hace al propósito común,  es  simple  determinador” (subrayas tomadas del texto  original).   

          Entonces,  indica,  si  un  particular,  sin condición superior del  servidor  público,  ejecuta  alguna  función  y  hace  un aporte material a la  empresa,    se    convierte    en    “…coautor   del   delito   especial   sin  cualifícación…”    y,   bajo   esa   perspectiva,  “al tenor de los precedentes de la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  se torna en interviniente  (C.S.J.  –  S.C.P. Sentencia del 8 de julio de 2003,  rad.  No. 1219)”.   

      

          Por   lo   tanto,   prosigue,  los  elementos  configurantes  de  la  coautoría  deben  extenderse  a  la  figura  del  interviniente  y  encontrarse  presentes  en  su  conducta  para poder predicar tal condición en un particular  (extraneus)  que  contribuya  o  aporte  a  la  comisión  de  un delito propio,  especial  o  de  infracción  de  deberes,  “sin que  tenga  ningún  tipo  de  superioridad frente al servidor público que cometa el  peculado,   porque  si  se  da  lo  último,  estaríamos  en  presencia  de  un  determinador y aquel el determinado”.   

          En   el  asunto  de  la  especie,  pregona,  la  Fiscalía  admitió  expresamente   en  la  indagatoria,  cuando  refirió  en  forma  general  a  la  participación  de  su  procurado  en  los  hechos delictuales imputados, que no  sólo   actuó   mediante  acuerdo  previo  con  jueces  y  funcionarios  de  la  administración  pública,  sino,  también,  con  división del trabajo y, a su  vez,  que  él  hizo  un  aporte  material  a  la  empresa  común,  lo cual fue  ratificado en la sentencia recurrida.   

          Por  razón  de  lo  expuesto, dice, nace la verdadera condición de  interviniente  de  su representado, como así lo ha declarado esta Sala en otros  asuntos  de  defraudación  a  Foncolpuertos  respecto  de  los abogados que han  promovido los procesos.   

          De  cualquier forma, concluye, “la norma  aplicada  indebidamente,  determina  que  NÚÑEZ MONTALVO tenía una condición  especialísima  frente  a  jueces  o administradores de la cosa pública, cuando  ello  no  es así, y lo contenido en el artículo 23 del Decreto Ley 100 de 1980  o  de  los  incisos  1o  y  2o  del artículo 30 de la  Ley  599  de  2000  cambian  el  titulo  con el cual se aplicó el tipo penal al  recurrente,  haciendo  de  esta forma la conducta típica, cuando en la realidad  es  atípica  o,  en  el  mejor  de  sus efectos, disminuyendo el cuanto máximo  punitivo  (sic), generándose  la  prescripción de la acción penal, por la cual se debió precluir la acción  penal  en la etapa instructiva o absolver en la sentencia del 3 de septiembre de  2012  por  parte  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bogotá D.C.,  pues  la  norma  que  debió  aplicarse  correctamente,  siendo  violada,  es el  artículo   24  del  Decreto  Ley  100  de  1980  o  los  incisos  3o         y         4o  del  artículo  30  de  la Ley 599 de  2000”.    

          Luego  de  transcribir las dos últimas normas en cita, afirma que a  consecuencia  de  lo expuesto se vulneraron el  debido proceso y el derecho  de  defensa  “que tienen los ciudadanos acusados de  defenderse  del  gran  poder del Estado y para ello es fundamental contar con la  aplicación  precisa  para  el  acto  que  se  imputa,  sin  que  se  amplifique  jurídicamente   hechos  que  están  demostrando  la  norma  jurídica  real  a  aplicar”.   

          Así  las  cosas,  depreca  casar totalmente la sentencia y proceder  a  sustituir  la  sentencia  recurrida,  “aplicando  las disminuciones punitivas  que   las   norma  (sic)  a  aplicar   debieron   haber   sido   aplicadas   por  el  Tribunal”.   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

          El  apoderado judicial de la Nación -Unidad Administrativa Especial  de  Gestión  Pensional  y  Contribuciones Parafiscales de la Protección Social  UGPP-constituida  debidamente  como  parte  civil  en  la actuación, dentro del  traslado  dispuesto  para los no recurrentes presenta escrito en tal condición,  donde solicita la inadmisión de la demanda.   

          En  sustento de su solicitud advierte, en primer lugar, que el   libelo  es confuso, toda vez que “no indica en forma  clara  y precisa los fundamentos …porque a pesar de que enuncia una violación  directa  dirige  el  fundamento  del  cargo  invocando  el  artículo  29  de la  Constitución  Política  pasando  a  señalar el contenido de la norma en cita,  acerca  del debido proceso, la nulidad de pleno derecho y la prueba obtenida con  violación del debido proceso”.   

          Igualmente,  puntualiza,  incurre  en el  yerro  de  no  señalar  la norma que a consecuencia de la pregonada aplicación  indebida  ha debido ser aplicada, con lo cual, además, viola algunos principios  de  casación  como  los  de  limitación, el de mínimos lógicos y coherencia,  trascendencia     y,     especialmente,    el    de    proposición    jurídica  completa.   

          En  segundo orden, aduce que en relación con la responsabilidad del  procesado  obran  suficientes  pruebas  orientadas  a  demostrar que actuó como  determinador  al  otorgar  poderes  a  varios  profesionales  del  derecho  para  promover  y  llevar  hasta  su  culminación  procesos  ordinarios  y ejecutivos  laborales  y  lograr así el reconocimiento de prestaciones sociales a su favor,  a  sabiendas de que carecía de legitimidad para reclamarlas en tanto ya habían  sido  liquidadas  por  la  empresa al momento de su desvinculación y máxime se  constata  ese  conocimiento,  porque  hizo  parte  del  sindicato de la empresa.   

            

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  única  censura  formulada  en  la  demanda  presentada  por  el  defensor   de   BALMES   ALBERTO   NÚÑEZ  MONTALVO  se  debe  inadmitir, pues desatiende las exigencias de  lógica  y  debida  argumentación  que  regulan  este  extraordinario  recurso,  contempladas  en  el numeral 3° del artículo 212 de la Ley 600 de 2000, según  el    cual    la    demanda   de   casación   deberá   contener   “[L]a  enunciación  de  la  causal  y la formulación del cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las  normas  que  el  demandante estime infringidas”  y  en  el  numeral  subsiguiente,  cuando  exige  que  “si   fueren   varios   los  cargos,  se     sustentarán     en     capítulos     separados”,  no  obstante “es permitido  formular   cargos   excluyentes   de   manera    subsidiaria”.     

Lo  anterior, en tanto no existe claridad en  relación  con  la  causal  invocada  con  el  fin  de derruir el fallo, ni para  determinar  las normas supuestamente infringidas en la sentencia recurrida, como  tampoco para establecer su pretensión definitiva.   

Sobre  lo  primero,  empiécese por destacar  cómo  si  bien  el  actor  invoca  la  causal  de  violación directa de la ley  sustancial  y en tal sentido correctamente indica que su controversia no girará  en  torno  de  los  hechos  ni  respecto  de  la  valoración de las pruebas que  sustentaron  la  determinación,  a la par refiere a la transgresión del debido  proceso  y  del  derecho  de  defensa, con los mismos fundamentos expuestos para  sustentar el motivo pretextado.   

Tal  forma  de  concebir el ataque configura  quebranto  de  principios  basilares  de  la  actividad casacional en procura de  conseguir  demandas que satisfagan las exigencias argumentativas propias de este  medio  extraordinario  de  impugnación  de naturaleza rogada, tales como los de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales,  coherencia, no exclusión y no contradicción, en tanto la Sala no se  ocupa         de        libelos        confusos,        contradictorios        o  ambiguos.                 

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Contrario  a  lo  que  se persigue con estos  postulados,  en  el  único  reparo  formulado,  como  con tino lo señala en su  alegato   el   sujeto   procesal   no  recurrente,  se  entremezclan  propuestas  antagónicas,  como  lo  es la violación de la ley sustancial, en cualquiera de  sus  manifestaciones,  ya  sea  de  forma  directa  o indirecta, con la nulidad,  consecuente  con  la  violación del derecho de defensa pretextada, porque en el  primer  caso se acepta la validez de la actuación procesal por cuanto el ataque  se  circunscribe  a  errores  de juicio o in iudicando  en  los  que  incurre  el  sentenciador  al momento de  fallar,  mientras  que  en  el  segundo  precisamente  se  discute ese aspecto a  través   de   yerros   in  procedendo  o de procedimiento.   

Todavía más confusa se torna la censura, en  segundo  lugar, cuando no dimanan con claridad sus fundamentos jurídicos ni las  normas sustanciales que a juicio del actor han debido aplicarse.   

Ciertamente,  aun cuando el reparo pareciera  encaminarse  hacia  la  demostración  de  que NÚÑEZ  MONTALVO  no debe responder a título de determinador,  grado  de  participación por el cual fue acusado y luego sentenciado, sino como  coautor  y,  por  ende  reclama  en  alguna  parte de la censura, a la luz de la  jurisprudencia  de la Sala, su reconocimiento como interviniente con la condigna  reducción  punitiva  que  tal  situación apareja por virtud del último inciso  del  artículo  30 de la Ley 599 de 2000 y, en vista de ello, la declaratoria de  prescripción  de  la  acción  penal  consolidada en la fase instructiva, luego  indica  que su compromiso fue como cómplice, citando las normas que regulan una  y otra figura.   

Es decir que finalmente la censura evidencia  confusión  en  torno a la forma de participación que pretende sea reconocida a  favor  de  NÚÑEZ MONTALVO,  esto  es,  si  coautoría, en cuyo caso debería aplicarse el descuento punitivo  correspondiente   a   la  calidad  de  interviniente,  o  complicidad,  con  una  aminoración  punitiva  de una sexta parte a la mitad, así como respecto de las  normas  sustanciales  transgredidas  por  inaplicación,  pues en respaldo de su  contradictoria  sustentación  alude  a  las  preceptivas  que  regulan  los dos  fenómenos.   

    

Ante tal dubitación (coautor-interviniente o  cómplice)   era   apenas  lógico  que  la  pretensión  también  se  mostrara  contradictoria,   pero   aún   más   discordante   con   cualquiera  de  tales  posibilidades,  es  que  a  la par refiera a la atipicidad del comportamiento en  procura  de  la  absolución  de  su patrocinado y, para empeorar la situación,  como  ya  se dijo, al también hablar de la prescripción de la acción penal en  la   fase   instructiva   de   la  actuación,  para  terminar,  en  un  mar  de  contradicciones,  clamando  en  la  parte  final  por  las escuetas “disminuciones  punitivas  que las norma  (sic)  a aplicar debieron haber sido aplicadas por el  Tribunal”.        

La confusión reinante en el escrito se basta  a  sí  misma para dar al traste con la admisibilidad del único cargo planteado  en  la  demanda,  por  evidenciar  que no goza de la indispensable presentación  clara  y precisa exigida en la normatividad legal, amén de carecer, igualmente,  de  una argumentación coherente que permita su cabal comprensión al involucrar  coetáneamente aspectos de diferentes causales de casación.   

Pero   también   se  llega  a  esa  misma  conclusión  cuando se advierte que la propuesta resulta  intrascendente en  la  medida  en  que  no  rebate  la totalidad de los argumentos expuestos por el  ad   quem   para  inferir,  acertadamente,  que  el  ex portuario NÚÑEZ MONTALVO  actuó  como  verdadero  determinador  de la conducta,  acorde  con el claro cumplimiento de los presupuestos de esta figura, precisados  por  la  doctrina y la jurisprudencia sentada por esta Colegiatura. Al respecto,  dijo el Tribunal:   

“Por todo lo anterior, es indudable que el  procesado  procedió  como  determinador  como  quiera  que  con la conducta que  desplegó,   a   través  de  los  abogados,  ejecutó  los  ilícitos  y  obró  activamente  para  promover  los  citados  procesos  laborales  y  presentar las  diversas  solicitudes,  todas  por  la  información  personal  de su situación  laboral  y  los  documentos  necesarios,  sin los cuales no habría sido posible  realizar  las  reclamaciones y así provocar la expedición de fallos favorables  que  ordenaban  pagos  de conceptos e indemnizaciones moratorias indebidas en su  favor  y  el  de terceros, en perjuicio del patrimonio público, a sabiendas que  no eran legítimos.   

En efecto, la prueba obrante en el plenario,  a  saber,  todas  las  sentencias  laborales  aludidas,  de  primera  y  segunda  instancia  y  la  proferida por la Sala Laboral de la Corte Suprema de Justicia,  las  resoluciones emanadas por Foncolpuertos, las planillas de pago y la hoja de  vida  del  ex  portuario,  permiten  ver a las claras que sin sustento alguno se  accedió  a  las  indebidas  pretensiones, disponiendo de esa manera el traslado  ilícito  de  bienes de la Nación al patrimonio del procesado y sus apoderados,  con  lo  cual  adecuaron su conducta al tipo penal de peculado por apropiación,  el  cual  se  materializó al recibir éstos, los pagos ilícitamente adquiridos  que la entidad ordenó en cumplimiento de las condenas impuestas.   

Ciertamente, como lo determinó el Tribunal  en  sede  de  consulta  y  lo  ratificó  luego  la Corte Suprema de Justicia en  casación  al  revisar  el  fallo  emitido  en  primera instancia por el Juzgado  Tercero  Laboral  del Circuito de Barranquilla, las pretensiones que formuló el  abogado  Gutiérrez  Alfaro  acorde  con el poder que le confirió el procesado,  carecían  de  soporte  jurídico,  como  quedó  visto  en precedencia, pues la  empresa  canceló  en  oportunidad  y  de  conformidad  con las normas legales y  convencionales  la  totalidad  de  sus  prestaciones  sociales  y  reconoció la  pensión  de  jubilación,  con inclusión en la liquidación de la totalidad de  los   factores   salariales   exigidos   y   causados  en  el  último  año  de  servicios”2.   

Y  ante  el  cuestionamiento  elevado por el  mismo  sujeto  procesal  para sustentar el recurso de apelación contra el fallo  primera   instancia   en   punto   de  dicha  forma  de  participación,  adujo:   

“Es  por lo anterior, contra lo que alega  el  recurrente,  que  no hay duda en la calidad de determinador que se imputa al  enjuiciado  NÚÑEZ  MONTALVO  en  la  ejecución de los ilícitos, pues, con la  indudable  intención  de  apropiarse de cuantiosas sumas de dinero, a sabiendas  que  no  le  asistía  ningún  derecho,  dado  el conocimiento que tenía de la  normatividad  legal  y  convencional que lo regía, por el tiempo que laboró en  empresa  -más de l6 años- y su pertenencia al sindicato, actúo en connivencia  con  sus  abogados,  para  demandar reliquidaciones, por presuntos errores en la  liquidación   inicial  de  sus  prestaciones  sociales  y  con  ello  sanciones  moratorias  por  cifras  extraordinarias que era en últimas lo que pretendían,  aprovechando  el  caos  y  corrupción que se presentó con ocasión del proceso  liquidatorio de la entidad portuaria   

(…)  

En este orden de ideas, es claro que NÚÑEZ  MONTALVO   incidió   para   que   sus  abogados  realizaran  las  reclamaciones  judiciales,  y  por  su  intermedio, a los jueces laborales y funcionarios de la  empresa  Puertos  de  Colombia y Foncolpuertos, orientado a conseguir una y otra  vez,  se  itera, la reliquidación de sus prestaciones sociales, el ajuste de la  pensión  de  jubilación  en  cuantía  mayor  así  como  el reconocimiento de  enormes  sumas por sanción moratoria, demandando con este propósito, de manera  fraccionada   y   sucesiva,   el   reconocimiento  de  acreencias  laborales  ya  satisfechas o inexistentes, como se estableció en la actuación.   

En  suma,  ha  de  concluirse que la prueba  confluye  a  demostrar  el  compromiso  penal en calidad de determinador, que le  asiste  al  procesado,  en tanto, es claro que su comportamiento fue intencional  pues  tenía  el  conocimiento  básico  necesario para saber que no le asistía  ningún  derecho,  por ende, de la irregularidad en los fallos que en contravía  de  la  ley  y  la  normatividad convencional reconocieron acreencias indebidas,  conducta  ésta  que,  según la experiencia adquirida en el conocimiento de los  procesos  penales  asociados  al  desfalco  a  Foncolpuertos,  se generalizó al  interior  del  gremio  portuario,  lo  cual  motivó  la  condena  de servidores  públicos  por  situaciones  como  las  que  aquí  se investigan”3.   

Corolario  de lo expuesto se inadmitirá la  demanda,  tras  comprobarse  que  no  satisface  los  requisitos  argumentativos  referidos  en  las normativas citadas al inicio de este acápite considerativo y  en  tanto  a  la  Sala le está vedada su corrección, en virtud el principio de  limitación  que  rige en esta sede consagrado en el artículo 216 de la Ley 600  de  2000.   Por  consiguiente,  se  procederá a ordenar la devolución del  expediente  al  despacho  de  origen,  tal  como  lo  señala  el  artículo 213  ibídem.    

Además,  porque no se advierte que se haya  incurrido   en   violación   de   garantías   fundamentales   que  reclame  la  intervención  oficiosa  de  la  Sala,  como así lo prevé el artículo 217 del  mismo estatuto.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del  procesado  BALMES ALBERTO NÚÑEZ MONTALVO,  de conformidad con las razones manifestadas en la parte motiva de  esta providencia.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ    MUÑOZ                        GUSTAVO ENRIQUE  MALO      FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                 JULIO     E.    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Mediante Acuerdo PSAA11-8455 de 2011.   

2  Págs. 28-29 del fallo de segundo grado.   

3  3  Págs.  31  y  35,  36  ibídem.     

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