40669(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 060.   

Bogotá,  D. C., veintisiete (27) de febrero  de dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  HUGO   PÁRAMO   RODRÍGUEZ   contra   la  sentencia  del  16  de  agosto  de 2012 mediante la cual el Tribunal Superior de  Ibagué,  al  revisar  por  vía de apelación el fallo del 30 de mayo del mismo  año  proferido  por  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Espinal, condenó  al  procesado  a  las  penas  principales  de 30 meses de prisión y 30 salarios  mínimos   legales   mensuales   de   multa,   así   como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por igual  lapso,  como  autor responsable de los delitos de estafa y usurpación de marcas  y patentes.   

HECHOS  

          Los  que  encontraron  demostrados  los  falladores  de instancia se  pueden resumir de la siguiente manera:   

          El  día 16 de julio de 2003, en el inmueble situado en la calle 6ª  No.  9-33  del  Espinal  (Tolima),  el  señor  Gabriel  Ernesto   Molina   Lemus   compró   a   HUGO   PÁRAMO  RODRÍGUEZ  4  litros  del  producto  NOMINEE  SC100, por  la  suma de $1.500.000, insumo destinado para labores de agronomía, pero que al  pretender  ser  usado  por  el  adquirente  descubrió  éste que en su interior  contenía agua y que las tapas venían pegadas con pegadit.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  21  de  febrero de 2004 la Fiscalía  Octava  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  Municipales  de Espinal (Tolima)  inició la correspondiente investigación.   

2.  Asignada  la  actuación  a  la  Unidad  Nacional  de  Fiscalía Especializada en delitos contra la propiedad intelectual  y  las comunicaciones, se escuchó en declaración de indagatoria a HUGO PÁRAMO RODRÍGUEZ.   

3.  Clausurada  de  la  fase instructiva, la  Fiscalía  Séptima  Seccional  de Bogotá calificó el mérito del sumario el 8  de  marzo  de  2006  con resolución de acusación contra el antes mencionado, a  quien   atribuyó   los   delitos   de   estafa   y   usurpación  de  marcas  y  patentes.   

4.  Ante  la  apelación  interpuesta por la  defensa,  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá confirmó  el pliego acusatorio en proveído del 18 de marzo de 2008.   

5. El trámite de la etapa del juicio corrió  a  cargo  del  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Espinal, en cuyo desarrollo  realizó  las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento,  tras  lo cual puso  término  a  la  instancia  con  la sentencia del 30 de mayo de 2012, en la cual  impuso    a    PÁRAMO    RODRÍGUEZ    las  penas  principales  de  30  meses  de  prisión  y  50 salarios  mínimos  legales  mensuales de multa, así como la accesoria de inhabilitación  para   el   ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas  por  el  mismo  lapso.   

6.  Por vía de apelación proveniente de la  defensa,  el Tribunal confirmó la condena, pero redujo la sanción pecuniaria a  30 salarios mínimos legales mensuales.   

7. Contra el fallo de segundo grado el mismo  sujeto  procesal  promovió  el  recurso  extraordinario  de  casación, el cual  sustentó oportunamente.   

LA  DEMANDA   

         El  impugnante formula un único cargo contra el fallo del Tribunal,  el  cual  dice apoyar en la causal primera de casación de la Ley 600 de 2000, a  cuyo  amparo  denuncia  la  existencia  de un error de hecho por falso juicio de  identidad en la apreciación de las pruebas.   

          Para  sustentar  el reproche sostiene que en este caso no se cumplen  los  requisitos  exigidos  para  dictar  sentencia de condena, los falladores no  efectuaron  una  verdadera e integral valoración de las pruebas y los elementos  probatorios  recaudados  por  la Fiscalía no son suficientes para desvirtuar la  inocencia del procesado.   

          Así,  en  relación  con  el  delito  de  estafa,  aduce  que en el  expediente  no  obra  prueba  alguna  indicativa  del  engaño o la parafernalia  desplegada  por  el  acusado, sino, por el contrario, se sabe que la víctima es  una  persona  con  amplia  experiencia  en  el  campo de la agronomía, por cuya  razón  debía  conocer  más  que  nadie los establecimientos confiables en los  cuales   podía  adquirir  el  supuesto  producto  que  compró  a  PÁRAMO  RODRÍGUEZ y desconfiar, por ende,  si se lo ofrecían por debajo del precio comercial.   

          En  su  criterio,  no  es  posible  afirmar  en  este  evento que el  producto   estaba   revestido  de  su  originalidad,  pues  es  precisamente  la  experiencia  la que lleva a conocer las herramientas con las cuales “trabajamos  a  diario y una persona letrada y experta en el tema,  como  lo  es  la  víctima,  debió  advertir la posible situación de treta”.  Más  aún,  considera  que no se cuenta con evidencia  acerca  de  cuál  fue  el producto vendido por PÁRAMO  RODRÍGUEZ  a la víctima, pues pudo ser uno parecido o  también  que  la  sustancia  no  tenía  la  misma  calidad del producto que se  esperaba comprar.   

          Según  el  demandante, “existen empresas  que  aprovechando el buen nombre de otras, usan marcas o enseñas que hacen caer  en  error  al  comprador,  empero  cualquier  afirmación que se haga acerca del  caso     resulta    diáfana   (sic),  pues  repito,  no  se  llegó  a  la verdad probatoria acerca del  producto  vendido  por PÁRAMO RODRÍGUEZ, quien no tiene conocimiento acerca de  la   industria   agronómica.   Igualmente  podríamos  predicar  que  por  este  desconocimiento  de los insumos agrícolas, éste obró con el convencimiento de  que  estaba  vendiendo un producto bueno, pues así como se acoge la tesis de la  víctima  sin  sustento probatorio alguno, podríamos elucubrar que el encargado  obró de buena fe”.   

          En  síntesis,  estima que en este caso no se estructuró el engaño  exigido  para  la  configuración  de la estafa. Al respecto pasa a referirse en  forma  extensa  a lo que entiende la doctrina por engaño y su exclusión cuando  la  víctima  infringe  sus deberes de autotutela, citando además en extenso la  sentencia  de  esta  Corporación  proferida el 10 de junio de 2008 dentro de la  radicación  28693,  para  concluir  insistiendo  en  la  no  tipificación  del  mencionado  punible  y  en la no existencia de certeza de la responsabilidad del  procesado.   

          Respecto  del  ilícito  de  usurpación  de  marcas  y patentes, el  casacionista  diserta  acerca  de  los  elementos  estructurales de ese punible,  citando  para el efecto la Decisión 486 de la Comisión de la Comunidad Andina,  tras  lo  cual  concluye  que  cuando  se trata de determinar la aplicación del  precepto  penal en alusión el funcionario judicial debe tener en consideración  que  el bien jurídico tutelado es el orden económico y, así mismo, estimar la  protección  del consumidor, el resguardo de las condiciones de credibilidad, la  confianza  en  el mercado y los derechos legalmente reconocidos de quienes allí  intervienen.   

          En  ese  orden, es la de la opinión que en el presente caso el bien  jurídico  no  se  ha  soslayado,  “pues la supuesta  conducta  desplegada  por  el  agente no encuadra en la descripción típica del  delito,   toda   vez  que  no  aconteció  ninguna  violación  a  la  propiedad  intelectual,  no  se  adulteró  ninguna  marca  o  patente,  no existió un fin  comercial.  Por  otro  lado,  el  caudal  probatorio  que soporta este delito es  endeble  no  existe  evidencia  de que HUGO PÁRAMO haya querido hacer uso de la  marca  “NOMINEE  SC100”,  no  se ha demostrado siquiera que en realidad haya  existido  la  venta  de  este  producto,  inclusive,  así  haya  ocurrido  esta  (sic) no se ha demostrado que  el   producto  haya  sido  adulterado,  nada  nos  indica  que  los  recipientes  encontrados  estuviesen  destinados para algún fin ilícito, no se puede hablar  de  antijuridicidad,  como  quiera  que  no  se  ha  amenazado  siquiera el bien  jurídico   protegido,   de   tal   suerte   que   no  concurren  los  elementos  normativos    para   haber   declarado   la   existencia  de  este  injusto  penal”.   

          En  suma,  considera  que  para el caso del delito de usurpación de  marcas  y  patentes  tampoco  se  ha desvirtuado la presunción de inocencia, en  cuanto  el procesado “pudo haber actuado de buena fe,  quizá  tenía el convencimiento fidedigno que lo que presuntamente vendió a la  víctima  era  el  producto  original,  pues  no  es  conocedor de esta clase de  productos,  máxime  tratándose  de  una  marca  que  no  tiene  notoriedad, ni  siquiera  el  juzgador  pudo  haber  tenido  la certeza acerca de la calidad del  producto  pues  no  existe prueba científica o testimonial que ello lo indique,  simplemente  la denuncia de la víctima, quien tiene la misma credibilidad de mi  cliente,  convirtiéndose  las  aseveraciones  hechas  en  la  providencia meras  (sic)     conjeturas,  suposiciones y apreciaciones alejadas de la sana crítica”.   

          De  esa  manera,  solicitó casar la sentencia impugnada para, en su  reemplazo, absolver al procesado.   

ALEGATOS DEL NO RECURRENTE  

          El  apoderado  de  la  parte civil solicita inadmitir la demanda, en  primer  lugar,  por  cuanto  el  actor  no fundamentó la necesidad del fallo de  casación  y,  en  segundo  término,  porque  el  libelo  presenta  defectos de  técnica  al  denunciar un error de hecho por falso juicio de identidad, pero en  cuya  demostración  expone  en  realidad  un  debate  jurídico  en  torno a la  tipicidad    y    antijuridicidad    de    la   conducta   desplegada   por   el  acusado.   

          Subsidiariamente,  impetra  no casar la sentencia impugnada, pues en  ningún  momento  la  víctima  descuidó  sus  deberes de autotutela y, de otra  parte,  aparece  demostrado  en  los  autos  que  el procesado vendió al señor  Molina  Lemus  un  producto  adulterado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

La  demanda  instaurada  por  el defensor de  HUGO PÁRAMO RODRÍGUEZ será  inadmitida, por las siguientes razones:   

         

De acuerdo  con lo previsto en el inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, el recurso extraordinario de  casación  procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  trata  de delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo máximo exceda de ocho años.   

Ahora  bien,  el inciso tercero de la citada  disposición  faculta  a  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia para  admitir  de  manera  excepcional  las  demandas de casación interpuestas contra  sentencias   de   segunda   instancia   proferidas  por  autoridades  judiciales  diferentes  a las ya mencionadas o relativas a delitos que tengan señalada pena  de  prisión  inferior  a la prevista por el legislador para acceder a esta vía  de  impugnación  extraordinaria o para los no sancionados con pena privativa de  la   libertad,   cuando   ello   fuese   necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  nacional  o  para garantizar derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley.   

         

          En  relación  con  lo  anterior,  la  Sala  ha  sido  insistente en  señalar  que  cuando  se  trata  de  la casación discrecional al demandante le  corresponde     exponer     con     claridad     y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina, bien para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de  qué  manera  la  decisión solicitada tiene la dual  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de guía a la actividad  judicial.  Por  su  parte,  si  la  pretensión  del  casacionista  se orienta a  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e  indicar  las normas constitucionales o legales que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido1.   

         En     el     caso     materia     de  estudio,   el   recurso  sólo  procedía  por  vía  discrecional     o    excepcional,    pues  los  delitos  por  los  cuales  se dictó la sentencia tienen  señalada  pena de prisión cuyo máximo no excede de ocho (8) años. En efecto,  el  ilícito  de  estafa está contemplado en el artículo 246 del Código Penal  de   2000,   norma  que  lo  sanciona  con  prisión  de  dos  (2)  a  ocho  (8)  años2,   extremos   punitivos  que,  en  el  presente  evento,  como  lo  consideró  el  Tribunal,  se reducen para quedar de uno (1) a dos (2) años por  cuanto  la  cuantía  del  delito  no excedió de diez salarios mínimos legales  mensuales.  Por  su parte, el punible de usurpación    de    marcas    y   patentes   se   encontraba            descrito  para la fecha de los hechos en  el  artículo  306  ibídem,  el cual lo reprimía con  prisión        de        dos       (2)    a  cuatro    (4) años.   

El libelista olvidó la exigencia procesal en  mención,   limitándose   a   invocar   el   recurso   por  la  vía  común  u  ordinaria,   creyendo  tener  pleno  acceso  a  esa  modalidad  del recurso  extraordinario  de  casación,  sin  advertir  que lo procedente era acudir a la  vía excepcional.   

          Por  esa  razón,  optó  por denunciar la existencia de un error de  hecho,  sin justificar la procedencia del recurso por alguno de los dos factores  que  habilitan la casación excepcional. Es decir, se abstuvo de explicarle a la  Corte  si  pretende  el  desarrollo  de la jurisprudencia o si su aspiración es  obtener la protección de garantías fundamentales.   

         El  actor,  por tanto, no hizo ningún esfuerzo para persuadir a la  Sala  sobre  la  necesidad  de admitir el libelo, circunscribiéndose a postular  un   error  de  juicio,  aspecto  frente  al cual la  Corte   tiene   ampliamente   fijado   su   alcance   y   fundamento.   

          Más  aún,  el  cargo  en concreto formulado no se allana a cumplir  las   pautas   de   sustentación   exigidas  por  la  ley  procesal  y  por  la  jurisprudencia  de  la Sala, cuya satisfacción resulta insoslayable aún en los  casos  de  casación  discrecional,  como  está previsto en el inciso final del  artículo 205 arriba citado.   

          En  efecto,  el  único  reproche  postulado  lo  apoya en la causal  primera  de  casación,  sin   precisar si se trata de violación directa o  indirecta  de  la  ley  sustancial, cuyos motivos de impugnación extraordinaria  están  insertos  en la causal invocada, con naturaleza y alcance diversos, pues  mientras  en  la  infracción directa corresponde plantear un discurso netamente  jurídico,  en  la  violación  indirecta  el  ataque  debe  dirigirse contra la  apreciación que el juzgador efectúa respecto de las pruebas.   

          Desde  luego,  en  cuanto el actor denuncia la presencia de un error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad, bien puede concluirse que acude a la  infracción indirecta de la ley sustancial.   

Así  entendida la censura, ha de señalarse  que  el  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad se presenta cuando el  juzgador  distorsiona  el  sentido  material  de la prueba en cuanto la cercena,  adiciona  o  translitera.  Para su demostración, es deber del actor identificar  el  medio  sobre  el  cual  recayó  el  dislate,  realizar  un  cotejo entre su  contenido  y  aquel que le atribuye el fallador, precisando los apartes donde se  presenta    la    distorsión   y   luego   acreditar   la   trascendencia   del  yerro.   

El  libelista,  ni de lejos, se esfuerza por  cumplir  la  aludida  carga  de sustentación. No precisa el elemento probatorio  sobre  el  cual habría recaído el dislate, mucho menos indica el contenido del  mismo  ni  lo  contrasta  con  el  atribuido  por  el  sentenciador  en  orden a  evidenciar  la  tergiversación.  Como  es  apenas  lógico,  tampoco explica la  incidencia del yerro en las conclusiones probatorias del Tribunal.   

Contrariamente,  se  limita a afirmar que en  este  caso  no  concurren  los  requisitos  exigidos  por  la  ley procesal para  proferir  sentencia de condena, acudiendo para el efecto a argumentos tales como  el  de  predicar  la  inexistencia  de  prueba  demostrativa del engaño o de la  adulteración  de  marca  o  patente  alguna  y,  en  fin, aduciendo la falta de  acreditación  de  la  responsabilidad  del  acusado  en los punibles imputados,  controvirtiendo  de  esa  manera  el  mérito  asignado  por  el  Tribunal a las  pruebas,   a   partir  del  cual  esa  corporación  evidenció  establecido  lo  contrario.   

Con tal forma de razonar el actor olvida que  en   sede  de  casación  no  resultan  admisibles  ese  tipo  de  controversias  probatorias,  dada  la  doble presunción de acierto y legalidad que acompaña a  la   sentencia   impugnada,  a  cuyo  tenor  las  conclusiones  probatorias  del  sentenciador   prevalecen   sobre  las  de  los  sujetos  procesales,  salvo  la  demostración  de  error  ostensible  mediante las exigencias de fundamentación  demandadas  por  la  ley  y  la  jurisprudencia,  lo  cual  no  acontece en este  caso.   

Es  de  anotar  que  si bien el casacionista  evoca  la  sentencia  de  la  Corte  de  fecha  10  de junio de 20083, en la cual se  prohíja  la  tesis  según  la cual el no uso de los mecanismos de autotutela a  disposición  de  la víctima descarta la existencia del delito de estafa, es lo  cierto  que  no realiza esfuerzo alguno por acreditar la similitud de los hechos  ocurridos  en  el  presente  caso  con  los  que sirvieron de base al precedente  citado,  ni  tampoco  se  ocupó  de rebatir los razonamientos del Tribunal, que  halló  acreditado  el  engaño  desplegado  por  el procesado, sobre la base de  hacerse  pasar  como  agricultor  para  vender  a la víctima un producto de esa  naturaleza,  con  un  precio  moderadamente  inferior  al  comercial  y  el cual  figuraba  en  apariencia  con  el  respectivo  sello de protección, pero que en  realidad se encontraba adulterado.   

En   consecuencia,  habida  cuenta  de  la  inadecuada  sustentación  del  único  cargo  propuesto, la Sala inadmitirá la  demanda objeto de examen.   

         Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  HUGO  PÁRAMO RODRÍGUEZ, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del estatuto procesal penal, contra la  anterior               decisión      no      procede     recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO             JULIO        ENRIQUE        SOCHA       SALAMANCA                    

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Entre   otros,   auto  del  18  de  abril  de  2007,  radicación  26916,  entre  otros.   

2  La  norma  también  establece  como  pena  principal  multa  de 50 a 1.000 salarios  mínimos  legales  mensuales, pero para efectos de determinar la modalidad de la  casación   solamente   se   tiene   en   cuenta   la   pena   privativa  de  la  libertad.   

3  Radicación 28693.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *