40502(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 60.   

Bogotá, D.C., veintisiete de febrero de dos  mil trece.   

VISTOS  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora de los procesados FAUSTINO  ESCOBAR  GÓMEZ,  SINFOROSO  PÉREZ  MORENO  y FREDDY RAMÍREZ TORRES, contra la  sentencia   de   segunda   instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Villavicencio  el  24  de julio de 2012, que revocó, parcialmente, la sentencia  proferida  el  17  de  enero  de  2011  por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito  Especializado  de  la misma ciudad, que absolvió, entre otros, a los procesados  arriba  citados y, en su lugar, los condenó a las penas principales de 96   meses  de  prisión  y  multa  de  2.700  s.m.l.m.v.  como autores del delito de  concierto para delinquir agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  Siguiendo  lo  anotado  en el escrito de  acusación,    los    primeros    fueron   relacionados   así   en   el   fallo  impugnado:   

“La génesis de la presente investigación  radica  en  el  mensaje  enviado  por  el  señor  Fiscal 33 Seccional de Puerto  Inírida,  Guainía,  en  donde  se  da  a  conocer  la  presencia  de Grupos de  delincuencia  organizada,  ERPAC en cabeza de alias CUCHILLO; así mismo refiere  el  Fiscal  que  igualmente  el  Comandante  del Departamento de Policía de esa  localidad  está enterado de esa situación, e incluso había sido citado por un  ciudadano  para  comentarle  algo  con  relación a estos hechos. Así mismo, en  escrito  anónimo,  se  nombra  a  JOSE  VALLES y a ULISES GARZÓN SÁNCHEZ como  presuntos colaboradores de este grupo de autodefensa.   

“Con  fecha  mayo  2 de 2008 se realiza el  respectivo  programa  metodológico  y  se  expiden  las respectivas órdenes de  Policía  Judicial, entre ellas establecer cuál fue el ciudadano que se reunió  con  el  comandante  de  Policía  de Guainía, e identificar e individualizar a  JOSÉ VALLES y ULISES GARZÓN SÁNCHEZ.   

“Posteriormente,   se   allega   informe  ejecutivo  signado  por  el  Pt.  Julián  Andrés Henao Quintero, adscrito a la  Sijin  Degun,  en donde señala que recibida la información por un ciudadano de  comunidad  indígena,  da  a  conocer  sobre  la presencia de varios sujetos que  andan  armados,  así como un sinnúmero de entrevistas a diferentes personas de  la  comunidad de Inírida y sitios aledaños a esta capital del departamento; en  vista  de  que  la conducta por la que se debiera continuar la investigación es  de  competencia  de  este  despacho  judicial,  se  remite  por competencia a la  Fiscalía Especializada.   

“Asumiendo  la  investigación  el  día  10/09/2008  y  luego  de  una serie de pesquisas y actividades investigativas se  logra   la   identificación   e   individualización  plena  de  los  presuntos  responsables  de  estos  hechos,  a  quienes  posteriormente se solicita ante el  señor  Juez  Segundo  Penal  Municipal  las  respectivas órdenes de captura, a  quienes se sindica de pertenecer al ERPAC.   

“En   tal   razón   se   tiene  que  la  organización  al  margen  de  la  ley  conocida  como  Ejército Revolucionario  Popular    Antiterrorista    Colombiano,    Erpac,   constituye   un   fenómeno  postdelictual,  nacido  del proceso de desmovilización de grupos de autodefensa  del  año  2006, cuando bajo el mando de PEDRO OLIVEIRO GUERRERO CASTILLO, alias  “Cuchillo”,   de  su  hermano  DUMAR  DE  JESÚS  GUERRERO  CASTILLO,  alias  “Carecuchillo”,  entre otros, en jurisdicción del municipio de San Martín,  Departamento  del  Meta,  se  creó una nueva organización al margen de la ley,  dándosele  en  llamar  Erpac o “Los Cuchillos”, el cual se replegó por las  sabanas  de los municipios de San Martín, Puerto Gaitán, traspasando hasta los  departamentos  de  Guaviare  y  Vichada,  sosteniendo  cruentos  combates con la  igualmente  organización delictiva conocida como “Los Macacos”, esto con la  finalidad  de  establecer  zona  de influencia o corredores de seguridad para el  negocio del narcotráfico.   

“Para ello, además del empleo de armas de  fuego,  la organización al margen de la ley establece una red de comunicaciones  que  se  interrelaciona  a  través de los denominados “puntos”, quienes son  los  encargados  de  prestar  seguridad  a las vías por donde movilizan insumos  para  el  procesamiento de narcóticos, así como de sustancias estupefacientes,  además  se  encargan de informar acerca de la presencia de la Fuerza Pública y  de  las  autoridades.  A  su  vez  se  encargan de cobrar sumas de dinero por el  trasporte  de  mercancías,  ganados  y  productos,  cobrando  las  mal llamadas  “vacunas”    de    que    son    víctimas    comerciantes,    ganaderos   y  finqueros.   

“La denominada organización Erpac obedece  a  una estructura en donde cada uno de sus integrantes se dedica a la ilegalidad  en  sus  comportamientos,  habida cuenta que muchos de ellos fueron acogidos por  el  Programa  de  Desmovilización  promovido  por  el  Gobierno  Nacional  y no  obstante  los privilegios que les fueron otorgados, reincidieron en la comisión  de  conductas  ilícitas  propias  de  las mal denominadas bandas criminales que  para  el  caso  siguen  las  orientaciones  de PEDRO OLIVEIRO GUERRERO CASTILLO,  alias   “Cuchillo”   y   su  accionar  está  íntimamente  ligado  con  las  actividades   propias   del   narcotráfico,   prestando  seguridad  a  toda  su  infraestructura,  de  lo  cual  como  medio  de  financiación  obtienen jugosos  dividendos económicos…”   

Dentro   de   la   investigación,  fueron  identificados  como  presuntos  integrantes  de la organización al margen de la  ley,  entre  otros,  FAUSTINO  ESCOBAR  GÓMEZ,  alias “Asprilla”, SINFOROSO  PÉREZ  MORENO,  alias  “Bisco” (sic),  y FREDDY RAMÍREZ TORRES, alias  “Sebastían  o  Alejandro”,  contra  quienes,  ante  el  respectivo  Juez de  Control  de  garantías, se formuló imputación por el delito de concierto para  delinquir   y   se   les   profirió   medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva.   

Radicado escrito de acusación, la audiencia  de  formulación  se celebró el 19 de mayo de 2010 por el Juez Cuarto Penal del  Circuito  Especializado  y  en  sesiones  del  25  de junio, 12 de julio y 27 de  agosto del mismo año, se realizó la audiencia preparatoria.   

El juicio oral se inició el 13 de octubre de  2010  y  concluyó, tras varias sesiones, el 30 de diciembre siguiente, fecha en  la  cual  anunció  el Juez de Conocimiento el sentido absolutorio del fallo, al  cual dio lectura en audiencia celebrada el 17 de enero de 2011.   

Contra  la  anterior  decisión,  el  Fiscal  Primero  Especializado  interpuso recurso de apelación, dando lugar al fallo de  segunda  instancia  proferido el 24 de julio de 2012 por el Tribunal Superior de  Villavicencio,  en  el  cual  se confirmó la absolución a favor de seis de los  acusados  y  se  revocó  en contra de FAUSTINO ESCOBAR GÓMEZ, SINFOROSO PÉREZ  MORENO  y  FREDDY  RAMÍREZ  TORRES,  a  quienes  se  les  condenó  a las penas  señaladas  al  inicio de esta decisión, negándole los mecanismos sustitutivos  de   suspensión   condicional   de   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

          Contra  el  fallo  del  Tribunal,  la defensora presentó demanda de  casación.    

SÍNTESIS   DE   LA  DEMANDA   

Al amparo de la causal tercera del artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, la defensora de FAUSTINO ESCOBAR GÓMEZ, SINFOROSO  PÉREZ  MORENO  y  FREDDY RAMÍREZ TORRES, acusa la sentencia de ser violatoria,  por  vía  indirecta, de la ley sustancial, por error de hecho derivado de falso  raciocinio,  que  condujo a la indebida aplicación de los artículos 9, 10, 11,  29  y  340, inciso segundo, del Código Penal, por inobservancia de lo dispuesto  en los artículos 380, 381 y 404 de la Ley 906 de 2004.   

En  orden a la demostración y sustentación  del  cargo,  la defensora aduce que en la apreciación conjunta de la prueba, el  Tribunal  inobservó  las  reglas  de la sana crítica al no acatar el principio  lógico  de razón suficiente, que de haber observado le habría permitido hacer  inferencias   acertadas,   manteniendo   la   sentencia  absolutoria  de  primer  grado.   

Recuerda que en el fallo absolutorio, el Juez  de  primera  instancia  consideró  que  si  bien  no  existía  duda  sobre  la  materialidad  del delito imputado, dado que se comprobó la existencia del grupo  armado   ilegal   que   lideraba   Pedro   Oliveiro   Guerrero  castillo,  alias  “Cuchillo”,  no  sucede  lo mismo respecto a la prueba de la responsabilidad  de  los  acusados,  dadas  las  deficiencias  en el trabajo de identificación e  individualización,    originadas    en   el   errado   procedimiento   de   los  reconocimientos  a  través  de  fotografías,  porque  no  se  cumplió  con lo  dispuesto  en  el artículo 252, error que precisamente llevó a descartarlos en  esa instancia.   

Y  como  las  únicas  pruebas  legales  que  subsisten  son  los  testimonios  de  Fredy  Rivas  Lara  y Ángel Augusto Ortiz  Forero,  su  análisis  y  valoración no le otorgaron al funcionario de primera  instancia  el  grado  de  certeza necesario para sustentar fallo de condena, por  las razones que explicó detalladamente.   

Agrega que a pesar de ello, para el Tribunal  los  vicios  enrostrados  por  el  juez  de  primer  grado  al  procedimiento de  reconocimiento,  constituyen “irregularidades que no  desvertebran  la  prueba  en  su conjunto” y que, por  tanto,   lo   surgido  de  esas  actuaciones,  resulta  racionalmente  adecuado.   

De  otro  lado,  frente a los testimonios de  Rivas  Lara  y  Ortiz  Forero,  señala  que  aunque  el Tribunal diferenció la  situación   de   los   seis  acusados  respecto  de  quienes  se  confirmó  la  absolución,  de  la  de  quienes  se  revocó  para  condenarlos  por el delito  imputado,  en  esa  valoración  el  juzgador  hizo  un  análisis fragmentado y  descontextualizado,    sin    reparar    en    el    dicho   integral   de   los  testigos.   

Ello, porque frente a los absueltos afirma  que  los  testimonios  de  cargo  no  tienen  la fuerza suasoria suficiente para  sostener  una  condena, debido a las imprecisiones, confusiones, ambigüedades y  vaguedades  que encierran; pero curiosamente, al referirse a lo declarado contra  sus  tres  defendidos,  consideró  que  sus  afirmaciones sí son certeras para  sustentar el juicio de responsabilidad.   

     Cuestiona  que  en  esa  valoración,  que  afecta  a  sus  representados, el fallador no explica de qué  manera  y  en  qué  otra  fuente  de  conocimiento  se  basó  para  tener como  demostrada  la  pertenencia  de  los  testigos  Rivas  Lara  y Ortiz Forero a la  organización criminal.   

De  esa manera, dice, el proceso inferencial  realizado   por   el   Tribunal   del   dicho   testimonial  es  “corto  y  escaso”,  ya  que no analiza,  como  lo  hizo el juez de primera instancia, la innegable evidencia de que en el  curso  del  juicio  oral  no  se  aportó  prueba alguna demostrativa de que los  mencionados  testigos  de cargo efectivamente pertenecieron a las Erpac, además  de  que  ambos  tenían  un indiscutible interés de continuar disfrutando de la  situación  de  inmunidad  en  la que de facto los colocó la Fiscalía, la cual  podía    prorrogarse   con   el   señalamiento   que   hicieron   contra   los  procesados.   

Según  la  defensa,  resulta  equivocada la  conclusión  sobre lo certero del señalamiento en contra de sus tres defendidos  condenados,  porque  las  mismas declaraciones apuntan hacia otras direcciones y  sentidos,   máxime   cuando  el  delito  que  se  investiga  es  un  delito  de  participación  de  sujetos  en  organizaciones ilegales de poder, las cuales se  ubican  en  contextos  de terror y amedrentamiento de la población civil, en el  que  las  personas  se ven forzadas a asistir a reuniones programas por el grupo  armado  ilegal,  por  lo  que cobra perfecta validez el razonamiento del juez de  primera  instancia,  según  el  cual no se puede condenar a los acusados por el  solo  hecho  de  que  los  testigos  de  cargo  los  vieron  en  el lugar de las  reuniones.   

   Acusa  de ligeros los señalamientos  que  hacen los testigos Rivas Lara y Ortiz Forero contra FAUSTINO ESCOBAR GÓMEZ  y FREDY RAMÍREZ TORRES.   

Después de traer un cuadro comparativo sobre  lo  que  dijo cada uno de los mencionados testigos contra los nueve involucrados  al  inicio  de  la  investigación,  insiste en que si el principio de la razón  suficiente  de  un  fallo debe buscarse en el apoyo o fundamento material de sus  enunciados,  es  decir,  en  las  pruebas;  en el presente caso es claro que los  testimonios  de  Jhon  Fredy Rivas Lara y Ángel Augusto Ortiz Forero, no pueden  tomarse  como  fundamento  para  sostener  la  responsabilidad de los procesados  condenados,  imponiéndose la aplicación del in dubio  pro reo.   

Pide,  en  consecuencia,  que  se  case  la  sentencia  y  en  aplicación del principio invocado, se restaure la absolución  proferida   en   primera  instancia  por  el  Juez  Cuarto  Penal  del  Circuito  Especializado de Villavicencio a favor de sus defendidos.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

         Pacífica  y  reiteradamente   ha  enseñado  la  Corte  que  la  demanda  de  casación  ha de  comportar  un  mínimo  rigor  lógico  jurídico  y  argumental,  porque,  entre otras razones, la    decisión    judicial   impugnada   arriba   a   esta  sede  con una doble connotación  de acierto y legalidad, presunción que sólo es posible  derruir  a  través  de  criterios  claros, lógicos,  coherentes  y  fundados,  derivados del compromiso de  demostrar   la   violación   en  la  cual  incurrió  el  fallador,  suficiente  para   desvirtuar  el  contenido  de  verdad  de  la  sentencia,  en  el  entendido  que, de no haberse  materializado  el  yerro,  otra hubiese sido la decisión y precisamente así se  ofrece     trascendente     recurrir     al    mecanismo    extraordinario    de  impugnación.   

         En  el  presente  evento,  la  demandante  incurre  en  insuperables  deficiencias  de argumentación respecto del único cargo formulado al amparo de  la  causal  tercera  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004, alegando la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, por error de hecho derivado de un  falso raciocinio.   

          Es   cierto  que  cuando  se  acusa  de  equivocada  la  estimación  probatoria  porque  el  juez,  por  desa­tender  los  principios  de  la  sana  crítica, llega a inferencias  erróneas  de  los  hechos objetivamente vistos, surge el vicio denominado falso  raciocinio,  modalidad  del  error  de  hecho  cuyo  planteamiento en casación,  reitera  la Sala, le impone al actor la obligación de demostrar que el juzgador  se  apartó  caprichosamente  de los postulados de la lógica, los principios de  la  ciencia,  o  las  reglas  de  la  experiencia, y que este error condujo a la  declaración  de  una  verdad  fáctica  distinta  de  la que revela el proceso.   

          La  censora  enuncia  que  la  fuente del error de raciocinio en que  incurrió  el  Tribunal,  se origina en el desconocimiento del principio lógico  de  razón  suficiente,  porque  al  valorar  la prueba testimonial de cargo, no  analizó  aspectos  esenciales  como:  (i)   la  falta  de  prueba  demostrativa  de  la  pertenencia  de  los  declarantes  Rivas Lara y Ortiz Forero a la organización criminal conocida como  “Erpac”;   (ii) su  indiscutible  interés  de  disfrutar de los beneficios que por colaboración en  los     señalamientos,     les     otorgó     la    Fiscalía;    (iii)  y las imprecisiones, ambigüedades  y  vaguedades  en los señalamientos efectuados contra otros de los vinculados a  la  investigación,  que  llevaron  a restarles poder suasorio para sostener una  condena en su contra.   

                     

          El   principio   de  razón  suficiente  es  un  asunto  de  lógica  argumentativa,  que  como  lo ha señalado la Sala, está referido al fundamento  del  juicio  acerca  del  cual  se  busca  predicar  su  veracidad y, por tanto,  concierne  de manera directa al soporte del objeto de conocimiento o al cimiento  de  los  enunciados  que  se  predican  del  objeto  de conocimiento1.   

De  esa  manera,  el  principio  de  razón  suficiente  no  obedece cabalmente a los postulados aristotélicos de la lógica  clásica  –principios  de  identidad  (‘a’         es        ‘a’),  no  contradicción  (‘b’      no      es      ‘no            b’)  y  tercero  excluido  (‘c’    es   forzosamente   ‘d’         o         ‘no            d’)-,  sino  que  responde a un concepto  más  emparentado  con la gnoseología introducido por Leibniz, que se justifica  como  que  sólo  se  puede  dar  por  conocido lo que se explica con un número  suficiente            de           razones2.   

Por lo tanto, cuando la demandante alega que  las  pruebas  valoradas  por  el  Tribunal no eran suficientes para condenar, no  alude  realmente  a  un problema de lógica argumentativa, sino a un problema de  insuficiencia  probatoria,  pues  su  demostración  opera  como consecuencia de  verificar  que  no  existen  elementos  de  juicio  suficientes para soportar la  decisión,   circunstancias  que  pueden  obedecer  a  variados  motivos  y  que  implican,   en   casación,   demostrar  esos  vicios  autónomos,  vale  decir,  determinar las causas y no la sola consecuencia.   

Ello explica que la argumentación central de  la  demanda  gire  en  torno de la falta de acreditación de que los testigos de  cargo  pertenecían  o  pertenecieron  al  grupo  armado  ilegal en el que dicen  militaron   junto   con  los  aquí  condenados,  al  tiempo  que  cuestiona  la  credibilidad  que  otorgó  el  fallador  a tales testimonios, cuando los mismos  fueron   desestimados   para   sostener   la   absolución   a  favor  de  otros  vinculados.       

Sin  embargo, tales cuestionamientos que, se  reitera,  configuran  la  causa  central  de  la  queja  de la impugnante, no se  acompañan  de  una  argumentación  seria,  demostrativa  de  la  ocurrencia de  errores de apreciación probatoria por parte del fallador.   

Lo  primero,  porque  tratándose  de  la  acreditación  de  que  los testigos pertenecían a la agrupación delincuencial  denominada   ERPAC,   olvida   la   censora   que  en  un  sistema  de  libertad  probatoria3   

como  el  que  impera en nuestro país, al  conocimiento  de  los  hechos se llega por la vía del análisis racional propio  de  la  sana  crítica y no a través de criterios matemáticos, cuantitativos o  de  valor preestablecido, motivo por el cual, en la generalidad de los casos, un  hecho  o  circunstancia  trascendente  para  el  proceso  puede  demostrarse por  distintas  fuentes  de  conocimiento,  sin que se constituya en camisa de fuerza  alguna  en  particular,  aunque,  desde  luego, dependiendo del objeto concreto,  unos medios pueden ser más efectivos que otros.   

En  razón  de  ello,  si  una  sola  prueba  -dígase  testimonial  o  de  cualquier  otra  naturaleza  permitida en la ley-,  comporta  suficiente  credibilidad  y  alcance  demostrativo, ella por sí misma  puede  conducir  a cubrir las exigencias del artículo 381 de la Ley 906 de 2004  para  definir  responsabilidad penal, independientemente de que no existan otras  que  la  respalden  o  que  otras  se  alcen en su contra, siendo jurídicamente  inaceptable  exigir  esa especie de prueba de lo probado,  como lo pretende  la casacionista.   

Ello  porque  si  al  juzgador  de  segunda  instancia  le  merecieron credibilidad las afirmaciones de los testigos de cargo  en  cuanto  a  su militancia en el grupo armado, tal prueba era suficiente, a la  luz  de  la libertad probatoria, para tener por demostrado el hecho, sin que sea  exigible,  en  sana  crítica,  la  existencia de otros elementos de juicio para  llegar a ese convencimiento.   

De  manera  que  no le asiste la razón a la  casacionista  cuando  alega  la ausencia de prueba demostrativa de la militancia  de  los  testigos  de cargo en la organización criminal, en la medida en que el  hecho  podía  probarse  con  el  mismo testimonio de quienes así lo afirmaron,  siempre  que  en  ellos se encontrara eficacia demostrativa en tal aspecto, como  así lo asumió la segunda instancia en el fallo impugnado.   

         

Además,   la   discusión  acerca  de  la  credibilidad   otorgada  por  el  Tribunal  al  dicho  de  los  testigos  en  el  señalamiento  de  los  procesados  FAUSTINO  ESCOBAR  GÓMEZ,  SINFOROSO PÉREZ  MORENO  y  FREDDY  RAMÍREZ  TORRES,  lo  único  que deja entrever es una clara  oposición  a  la  valoración  probatoria  asumida  por  el  fallador, pero sin  evidenciar  yerros  en sus razonamientos, los cuales deben prevaler por la doble  presunción de acierto y legalidad que los preside.   

          En  este  punto,  no desconoce la Sala que en su potestad valorativa  el  Tribunal  consideró  que aunque los testimonios de  Rivas Lara y Ortiz  Forero  no  tenían  la  fuerza  suasoria  necesaria  para  edificar un fallo de  condena  contra  los  acusados  Carlos  Arturo Correa Uribe, Jhon William Correa  Uribe,  Diulmar  Adolfo  González  Ospina,  Samuel  González  Ramírez,  Adán  Calderón  Bermúdez  y  Donaldo Mesa Sanabria, sí la tenían para sustentar la  condena  contra SINFOROSO PÉREZ MORENO, FREDY RAMÍREZ TORRES y FAUTINO ESCOBAR  GÓMEZ.   

          Pero  esa  conclusión  fue  ampliamente  explicada  al  analizar la  situación  individual  de  cada uno de los acusados, ofreciéndose una serie de  razones  completamente válidas para descartar esa contundencia incriminatoria a  favor de unos y asumirla en contra de otros.   

          Así,  a  manera  de  ejemplo,  en los casos de Carlos Arturo Correa  Uribe  y  Jhon  William  Correa  Uribe, dijo el Tribunal que uno de los testigos  sólo  atinó  a  señalar  que  los  había visto en una ocasión manejando una  embarcación  para pasar el rio, mientras que el otro refirió haberlos visto en  una  reunión,  sin  concretar papel alguno dentro de la organización criminal,  razón  por  la cual se concluyó que tales señalamientos dejaban serías dudas  sobre su militancia en el grupo.   

          En  el  caso  de Dulmar Adolfo González, destacó la poca seguridad  con  que  el  deponente  Rivas  Lara  dijo  haberlo visto en una ocasión con el  Comandante  “Covey”,  mientras  que el testigo Ortiz sólo expuso que vino a  una  reunión  del  grupo, procedente de otro departamento y que de él escuchó  comentarios  de  que  tenía que ver con los “gatilleros”, señalamiento que  para  el  fallador  de segunda instancia es “débil” y “muy contingente”  al  punto  que  no  logra dar el conocimiento necesario, más allá de cualquier  duda razonable, para sustentar en su contra una condena.   

          Respecto  del  incriminado  Adán  Calderón  Bermúdez, destaca las  confusiones  en  que  incurren  los testigos en el reconocimiento fotográfico y  sus  declaraciones  en  el  juicio  oral,  además  de  que  fue muy precaria la  información  que  suministraron sobre su rol en el grupo armado, circunstancias  que  dejaban serias dudas sobre su real militancia en la organización criminal,  las  que  impedían,  igual  que en los casos anteriores, el proferimiento de un  fallo condenatorio en su contra.   

En  cambio,  en  relación  con  los  aquí  condenados la situación es muy distinta, de acuerdo con el fallo:   

SINFOROSO  PÉREZ  MORENO  fue señalado por  Ortiz  Forero,  de  manera contundente, seria y segura, especificando el rol que  cumplía dentro de las ERPAC.   

“El señalamiento, dijo el Tribunal, surge  no  por  conjeturas  o inferencias del testigo al haberlo visto eventualmente en  una  reunión de ese grupo criminal, o porque lo haya escuchado de comentarios o  rumores,   sino   porque   ciertamente  lo  percibió,  le  recibió  y  le  dio  información  en  su  labor  de  “punto” o informante de los movimientos del  ejercito regular y de lo que pasaba en esa zona.”   

Destacó  el  Tribunal,  igualmente,  que el  testigo  merece  credibilidad no sólo porque no evidenció confusión alguna en  el  señalamiento,  sino  porque  da  razón  de  su  dicho  y  en  ello mostró  sinceridad.   

Por  su  parte, respecto de FAUSTINO ESCOBAR  GÓMEZ,  se  destaca  que el señalamiento efectuado en su contra por el testigo  Rivas   Lara,   “resulta  certero,  contundente,  no  solamente  en su reconocimiento del acusado, sino en lo de su actuación con las  ERPAC,   donde   fungía   incluso   como  capitán  (segundo  al  mando)…  El  conocimiento  de él y del rol que cumplía, nace de haber sido su compañero en  las  labores  de patrullaje, además de haberlo visto en varias formaciones y en  reuniones de esa agrupación delincuencial.”   

Igual  que  en  el  caso  anterior,  para el  Tribunal  el  testigo merece plena credibilidad porque el conocimiento tiene del  actuar  del  procesado en el grupo armado, “no es una  inferencia  o  conjetura,  sino  que surge como una realidad percibida de manera  personal  y  directa, nada menos por haber sido su compañero en tales andanzas,  señalándolo  inclusive  espontáneamente como “capitán”, esto es, como un  mando  medio  de ese irregular ejercito al servicio del narcotráfico como ya se  analizó en el acápite anterior.”   

Aunado  a  ello  se  destaca  que el testigo  Ángel  Augusto  Ortiz  dijo  haberlo  visto  en  una reunión del grupo armado,  describiendo claramente sus características físicas.   

Finalmente,  en  relación  con el procesado  FREDY  RAMÍREZ  TORRES  trajo a colación los reconocimientos fotográficos por  parte  de  los  testigos  y  su  ratificación  en  la audiencia de juicio oral.   

Igualmente,  se  transcriben  apartes de las  declaraciones  hechas por los testigos en el curso de sus testimonios el juicio,  para  mostrar  de  que  manera  el  señalamiento  efectuado en su contra emerge  serio, concreto y seguro.   

Se destaca que “el  conocimiento  que  el  testigo  Ortiz Forero tiene de él (el procesado RAMÍREZ  TORRES)  y del rol que cumplía al servicio de la citada organización criminal,  es      por      haber     compartido     actividades     propias     de     esa  organización.”   

Para el fallador es completamente creíble el  dicho  del testigo de cargo, “porque no tiene ninguna  duda  en  el  reconocimiento  del  acusado, lo conocía bien por tratarlo muchas  veces,  por  eso  su  conocimiento  es directo y personal de lo que hacía y, su  declaración     por     demás    está    bien    circunstanciada.”   

De esa manera, se evidencia que el Tribunal  ofreció  múltiples  razones  para  diferenciar la situación de cada procesado  frente  a  la  prueba  incriminatoria constituida por los testimonios de los dos  desmovilizados  del  grupo  armado, sin que tales razones sean enfrentadas en la  demanda,  en  orden  a  demostrar  que  ellas  vulneran  los dictados de la sana  crítica.   

En  suma,  como  el  cargo lo aprovechó la  casacionista  para  introducir su interesada visión de la credibilidad que debe  darse   a  los  testigos  presentados  por  la  Fiscalía  y  jamás  aborda  la  demostración  de  un  vicio de raciocinio, necesaria se alza la inadmisión del  libelo.   

De  otro  lado,  la Corte no observa algún  tipo  de  irregularidad que reclame su intervención oficiosa, a fin de proteger  garantías fundamentales.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

Primero.      Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora de los procesados FAUSTINO  ESCOBAR  GÓMEZ,  SINFOROSO  PÉREZ  MORENO  y  FREDDY  RAMÍREZ TORRES, por las  razones expresadas.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004, es facultad de éste demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Ver,  entre  otras,  sentencia  de  casación  del  2  de  julio de 2008, radicado No.  27.690.   

2  En  ese sentido, ver auto del 7 de marzo de 2012, radicado No. 38.441.   

3  Artículo  373 de la Ley 906 de 2004: “Los hechos y  circunstancias  de  interés  para  la  solución  correcta del caso, se podrán  probar  por  cualquiera  de  los  medios  establecidos  en  este  código  o por  cualquier  otro  medio  técnico  o  científico,  que  no  viole  los  derechos  humanos”.     

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