40469(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 060.  

         

Bogotá,  D.  C., febrero veintisiete (27) de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Acomete  la  Sala  el  análisis  sobre  la  admisibilidad   del   libelo   de   casación  presentado  por  el  defensor  de  JUAN    MARTÍN    SULBARÁN    PARADA  con  el objeto de sustentar el recurso extraordinario de casación  interpuesto  contra  la  sentencia  proferida  el  27  de  septiembre de 2012, a  través  de  la  cual el Tribunal Superior de Cúcuta confirmó la dictada el 23  de  julio  anterior  por  el  Juzgado Cuarto Penal del Circuito con Funciones de  Conocimiento  de  la  misma ciudad, que condenó al mencionado, y a Luis  Alberto  Rangel Cuberos,  como  coautores del delito de homicidio  agravado.   

HECHOS  

Fueron   declarados  por  el  ad     quem,     de    la    siguiente  forma:   

“Los  hechos  sucedieron  el 25 de julio de  2011,  hacia  las 10 de la noche en el barrio Once de Noviembre del municipio de  los  Patios,  en  la  calle  23  8-55,  cuando  fue  ultimado por dos individuos  utilizando  un  arma  de  fuego,  el  menor JERP, quienes luego de darle muerte,  emprendieron  la huida en un vehículo Chevrolet Spark de placas URM-599 que fue  inmovilizado  por la Policía Nacional y se logró la captura de sus ocupantes y  se procedió a su captura”.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

Con  fundamento  en los hechos narrados, se  llevó  a  cabo  audiencia preliminar concentrada el 27 de junio de 2011 ante el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  con Función de Control de Garantías de Los  Patios  (N. de Santander), durante la cual se legalizó  la    captura    de    JUAN    MARTÍN    SULBARÁN  PARADA y Luis Alberto Rangel  Cuberos,     a     quienes     la     Fiscalía  formuló  imputación  por  los  delitos  de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal de armas de fuego de defensa  personal  agravado,  delincuencias  que  los  mencionados no aceptaron y por las  cuales  se  les  impuso  medida  de  aseguramiento de  detención preventiva en establecimiento carcelario.   

El  31  de  agosto  ulterior,  la  Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación  en  contra  de  los  procesados como presuntos  coautores  materiales  de  los mismos delitos (arts. 103 y  104, núms. 6 y  7,  y  365, modificado por el 38 de la Ley 1142 de 2007 y 19 de la 1453 de 2011,  núms.  1  y 5),      que luego ratificó en desarrollo  de  la  audiencia  de  formulación  de acusación celebrada el 29 de septiembre  postrero   ante   el   Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento de Cúcuta.   

En  el mismo despacho judicial, se evacuaron  las  audiencias  preparatoria  y  de  juicio oral. Al término de esta última y  anunciado  el  sentido  condenatorio del fallo, el 23 de julio de 2012 profirió  sentencia    de    primer    grado   por   medio   de   la   cual   condenó  a JUAN  MARTÍN  SULBARÁN  PARADA  a  la  pena  principal  de  quinientos  cincuenta y un (551) meses de prisión y a  las  accesorias  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  y  privación del derecho a la tenencia y porte de armas de fuego por  un  período  de  doce  (12)  años  y  a Luis  Alberto  Rangel  Cuberos  a la pena  principal  de  quinientos  (500) meses de prisión y a  las  accesorias  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  y  privación del derecho a la tenencia y porte de armas de fuego por  un  período  de  diez  (10)  años,  como coautores penalmente responsables del  delito  de homicidio agravado, aun cuando suprimió la circunstancia específica  de  agravación del numeral 6° del art. 104, correspondiente a haber actuado en  sevicia,  deducida  en  la  acusación.  Así mismo, los absolvió del delito de  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal agravado.   

En la decisión, además, el juzgado negó a  los  dos sentenciados el subrogado penal de la condena de ejecución condicional  y el sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Contra  esta decisión interpusieron recurso  de  apelación  los defensores de los implicados, sobre los cuales se pronunció  el  Tribunal  Superior  de Cúcuta el 27 de septiembre siguiente, impartiéndole  confirmación.   

En desacuerdo con la providencia anterior, el  defensor  de JUAN MARTÍN SULBARÁN PARADA,   de   forma   exclusiva,   promovió  recurso  extraordinario  de  casación,  por  cuyo  motivo  la demanda presentada oportunamente con el fin de  sustentarlo  se  remitió  a  esta  Sala,  aprestándose  al  estudio  sobre  su  admisibilidad.   

LA DEMANDA  

         

          Presenta  dos cargos contra el fallo impugnado, ambos por la vía de  la  causal  tercera  del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, por violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de error de hecho por falso raciocinio  (primera  censura) y falso juicio de identidad (segunda censura), cuyo contenido  se puede extraer de la siguiente forma:   

          Primer cargo (error de hecho por falso raciocinio):   

          Para  el  actor  se  violaron  las  reglas  de  la  sana crítica y,  particularmente,   el  principio  lógico  de  no  contradicción,  “al  examinar  la  prueba  que  respalda el elemento objetivo del  delito,  en  otra  forma,  el  aspecto  material de la conducta, o el tipo penal  objetivo,  a  diferencia  del  tipo  penal  subjetivo,  que implica una forma de  responsabilidad penal, de culpabilidad”.   

          Indica  al  respecto  el  demandante  que  la prueba recaudada en la  etapa  investigativa  con el fin de demostrar el aspecto material de la conducta  “como;    informes,    prueba    tecnocientífica  (necropsia),  documental,  como; certificado de defunción, estudios balísticos  y  otros,  no  se  pueden  utilizar  como  prueba  de responsabilidad penal para  comprobar  el  tipo subjetivo, más allá de toda duda, pues, hoy día la prueba  se  realiza  ante  el  juez  de  conocimiento,  de manera directa”.   

          No  obstante,  señala,  el  juez  ad quem  al  confirmar  el fallo de primera instancia sustentó  la  prueba de responsabilidad penal “no sólo en las  evidencias  físicas,  elementos  materiales  probatorios  y demás elementos de  juicio  propios  del  aspecto  material  de  la conducta allí cita (sic),  sino  en  unas  inferencias  poco  lógicas,  sin  la  demostración  de  los  hechos  indicadores que impliquen un  fundamento  serio  y  objetivo  de  culpabilidad,  para  caer  en  el precipicio  especulativo”.   

         Acto  seguido,  afirma  que  en  la  audiencia del juicio oral no se  debatió  la  prueba  de  cargo  en  que  se  sustentó  la condena “sino  por  el contrario todo lo recogió en el curso del proceso  penal,  ya  en  su  etapa  investigativa,  o  en  su etapa del juicio oral, dice  estricta  referencia  a  la  demostración  de  la  materialidad  de la conducta  punible,  y  se  repite,  como  el  informe  de  la  policía  de vigilancia, la  investigación  de  campo  -FPJ-11, la inspección técnica al cadáver, formato  único  de  noticia  criminal  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  las  fotografías,  planigrafía,  fotografías  de  los  investigados,  entrevistas,  informe  investigador  de  laboratorio FPJ-13-, información de contactos con el  agente,     diligencia    de    necropsia,    y    el    propio    escrito    de  acusación”.   

          En  ese  orden,  encuentra  que  no hay una sola prueba “ya   de   tipo  testimonial,  ora  de  orden  indiciario,  o  de  naturaleza   documentológica   o   técnica,   allegada   en  la  audiencia  de  juzgamiento,  ante  el  juez  de  conocimiento,  y obviamente debatida de manera  adversativa,   que   comprometa   seriamente   a   mi   defendido”.   

          Por  lo  anterior, insiste en la violación del principio lógico de  no  contradicción,  pues una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo, lo que  ocurre  cuando  una  prueba  sirve,  como  aquí se verificó, para demostrar la  materialidad    del    delito   y,   al   mismo   tiempo,   la   responsabilidad  penal.   

          De  ese  modo, solicita casar el fallo y, en su lugar, absolver a su  prohijado.   

          Segundo cargo (error de hecho por falso de identidad):   

          El  censor asegura en este reparo que se distorsionó la prueba y se  le  hizo  producir efectos que objetivamente no se establecen de ella, porque el  padre  y  la novia de la víctima no fueron testigos presenciales de los hechos.  Igualmente,  dado  que  de  los  testimonios  de  los  uniformados  Wilson   Sierra   Vesga   y  Alexander  Hernández Solano, así como de  los  informes de policía, se infirió “la veracidad  y  credibilidad  de prueba de cargo, para justificar la responsabilidad penal de  JUAN  MARTÍN  SULBARAN  PARADA y, desde luego, la sentencia condenatoria, fuera  de     todo     contexto    jurídico    y    penal    probatorio”.   

          Se  distorsionó el dicho de los uniformados que intervinieron en la  captura    de    los    implicados,    asegura,    porque   ellos   “no  conocieron  sino  de  una  parte de los hechos, cuando ya se  había   realizado   la   acción   criminal   contra   el   menor  –víctima,  y  por  lo mismo, no puede  servir  como  prueba  penal  de  responsabilidad,  si  acaso  de la materialidad  aciaga”.   

          Adicionalmente,  toda la prueba recopilada en el plenario, advierte,  se    dirige    a   demostrar   la   materialidad   del   delito,   “pero  no hay un solo testimonio que acredite la intervención de  JUAN  MARTÍN SULBARÁN PARADA, como coautor de la conducta punible, y aún más  corroborando  lo  que acabo de manifestar no se le encontró residuos de disparo  en las manos”.   

          En  esos  términos,  colige  que  el  sentenciador  distorsionó la  prueba incurriendo en el yerro de apreciación reseñado.   

Con fundamento en lo expuesto, depreca casar  el fallo y, en su lugar, absolver a su defendido.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Según criterio reiterado de esta Sala, para  que  la  demanda de casación sea admitida, acorde con las preceptivas previstas  en  la  Ley  906  de  2004,  resulta  imperativo el cumplimiento de una serie de  presupuestos  orientados  a  que  contenga una exposición lógica y debidamente  argumentada,  como  así  se  desprende,  en  primer  lugar, de lo normado en el  inciso segundo del artículo 184, según el cual:   

“(N)o   será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no  desarrolla   los   cargos   de   sustentación…”  (subraya fuera de texto).   

Igualmente y en segundo orden,  de  lo  advertido  en  el  artículo  183  del  mismo  estatuto,  modificado  por  el  98  de  la  Ley  1395  de  2010,  conforme   al  cual  el  recurso  extraordinario  de  casación   se   interpondrá  mediante  demanda           “que   de  manera   precisa   y  concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”  (subraya  fuera de  texto).   

A   los  criterios  contenidos  en  estas  disposiciones,  se  aúna  la  necesidad  de  proferir el fallo con el objeto de  cumplir  alguno  de los fines del recurso, a los cuales refiere la última parte  del  segundo  inciso  del mencionado artículo 184 de la misma codificación, al  señalar    que    también    se    inadmitirá    la    demanda   “cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso”.   

Es  decir  que  con  la  Ley  906  adquieren  significativa  importancia  los  fines  del recurso, hasta el punto de que en el  inciso  siguiente de la misma preceptiva, se establece que la Corte “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior  conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Del  mismo  modo es viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  pero  no  se  hace  necesario proferir fallo de  fondo, se procederá a su inadmisión.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  ha llevado a exigir que, para su admisión, de la demanda debe aflorar  la  necesidad  del pronunciamiento de fondo para satisfacer alguno de sus fines,  no  otros  que  los  previstos  en  el  artículo  180  del  estatuto  procesal.   

Pues bien, con respecto a la demanda allegada  por   el   defensor   de   JUAN   MARTÍN  SULBARÁN  PARADA,  dígase  que no satisface los presupuestos de  admisibilidad   señalados   en   precedencia,   por   las  siguientes  razones:   

1.   Frente   a  ninguno  de  los  dos  cargos contenidos en el libelo el  actor   cumple   con   el  imperativo  de  señalar  la  finalidad  del  recurso  interpuesto,   desconociendo,   como   se   acaba  de  señalar,  su  naturaleza  teleológica,  en  sentido  de, conforme al artículo 180 del estatuto procesal,  estar  instituido  para materializar “la efectividad  del  derecho  material,  el  respeto de las garantías de los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia”,  debiendo aflorar el vínculo entre  la  propuesta  contenida  en  la censura y uno cualquiera de tales objetivos que  dotan de sentido al recurso extraordinario.      

2.  La  fundamentación  de los cargos no se  corresponde  con  la esencia de los yerros de apreciación probatoria invocados,  esto  es,  con  el error de hecho por falso raciocinio del primer cargo y con el  falso  juicio  de  identidad del segundo, ni con ningún otro yerro admisible en  esta sede con la entidad de resquebrajar el fallo.   

En  cuanto  al planteamiento de la  primera censura porque está sustentado  sobre premisas erróneas.   

En efecto, aun cuando asiste razón al actor  al  indicar  que  este  error  apreciativo  de  las  pruebas  se  produce por el  desconocimiento  de  las  pautas  de la sana  crítica, entre las cuales se  encuentran  las  leyes  de  la  lógica  y,  particularmente, el principio de no  contradicción, su propuesta no demuestra ese predicado.   

Ciertamente,  asegura  el  libelista que, en  esencia,  tal postulado se violó porque la prueba que sustenta el tipo objetivo  o  materialidad  de  la conducta, no puede servir al mismo tiempo para sustentar  el tipo subjetivo, como se hizo en el fallo.   

Tal  aseveración no es cierta, los diversos  elementos  de  juicio  recaudados en forma regular, legal u oportuna al proceso,  en  el  marco  del  sistema  penal  acusatorio  con inmediación ante el juez de  conocimiento  y  en  desarrollo  del  juicio  oral,  pueden  sustentar  tanto la  materialidad  del  delito o aspecto objetivo del tipo, como el aspecto subjetivo  o  actuar  culpable.  No  se encuentra la razón par que opere una exclusión en  los términos referidos por el censor.   

Así, vbg., el protocolo de necropsia a más  de  corroborar,  por el tipo de lesiones ocasionadas y los elementos usados, una  hipótesis  delictiva,  como que el deceso fue producto de una acción homicida,  perfectamente  puede servir para sustentar la responsabilidad o inocencia de una  persona  implicada  en  su  comisión, porque las lesiones encontradas coinciden  con  el  arma  hallada  en  su  poder o no, gama de circunstancias que se pueden  presentar  respecto de cualquier prueba, luego no resulta admisible el referente  de exclusión señalado por el actor.   

Contrario sensu un  buen  ejemplo  de quebranto al principio de no contradicción se encuentra en la  propia  disertación  del  actor  al asegurar en algunos pasajes que las pruebas  sustento  de  la  responsabilidad  de  su  prohijado no fueron practicadas en el  juicio  oral  y  en otros sostiene lo contrario, lo cual configura un defecto de  argumentación  que  también  conspira  contra  el  entendimiento  cabal  de la  censura.   

Además, la propuesta tampoco está cimentada  en  la  realidad  del  fallo,  pues  verificados  los medios de prueba sobre los  cuales   está   basada  la  declaratoria  de  responsabilidad  de  JUAN  MARTÍN SULBARÁN PARADA, se observa  que  en  su  totalidad  fueron  practicados  en  el  juicio oral ante el juez de  conocimiento  y cosa muy distinta es que soporten prueba de carácter indiciario  en  su  contra,  la cual, a juicio personal del defensor, no tiene la entidad de  demostrar  su  responsabilidad,  pues,  desde  su estricto punto de vista, sólo  sirve  en  tal  dirección la prueba directa, crítica que ha debido orientar de  otra forma, no a partir de su simple disparidad personal.   

De  cualquier modo, los elementos materiales  de  prueba  recaudados por los investigadores y que sirvieron para corroborar el  dicho    del   señor   Pedro   Ramírez,  padre  de  la víctima y, a la postre, para edificar los sólidos  indicios     de     responsabilidad     que     comprometen    a    SULBARÁN  PARADA, junto con Luis  Alberto  Rangel Cuberos,  como  coautores  del homicidio agravado  por  el  cual  se  procede,  fueron  debidamente aducidos al juicio oral, por lo  tanto,  no  le  asiste  razón  al  actor al señalar  que se quedaron como  simples actos de investigación no incorporados al juicio oral.   

En   la  segunda  censura,  por  su  parte, el casacionista cuestiona el  fallo  por  incurrir  en  el  denominado  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad  por  tergiversación de la prueba, por lo que bien está rememorar su  naturaleza   y   el   ejercicio  argumentativo  a  emprender  para  tenerlo  por  debidamente demostrado.    

         

          Pues  bien,  de  acuerdo con la jurisprudencia reiterada de la Sala,  se  incurre  en  esta  modalidad  de  yerro  cuando  el  juzgador  tergiversa  o  distorsiona  el  contenido  objetivo  de  la prueba, hasta el punto de ponerla a  decir algo que ella no expresa materialmente.   

Por ese mismo, como mucho lo ha enfatizado la  Sala,  este  un  yerro  de  contemplación objetiva de los medios de convicción  surgido  luego  de  confrontar  su  expresión material con lo consignado por el  sentenciador  acerca de ella, el cual, además, para que tenga concreción, como  cualquier  error  de  apreciación  probatoria, debe recaer sobre un elemento de  juicio trascendente frente a la decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva, resulta necesario para  quien  propone  esta  clase  de  error, ante todo, individualizar o concretar la  prueba  sobre  la  cual  recae  el  supuesto  yerro; luego, evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su  sentido.   Acto  seguido, debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  ha  de mutarse a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

En  ese orden de ideas, el yerro no procede,  en  contraposición,  cuando  lo  que  se  pretende  es  discutir  en torno a la  credibilidad que ofrece el medio de prueba.   

         Y  es precisamente esa falencia la que se acredita en esta censura,  en  cuanto  para  el actor la tergiversación probatoria obedece al hecho de que  no  se  le  otorgó  a los medios de prueba sobre los  cuales  se  fundamentó la  declaratoria   de   responsabilidad   de   su   prohijado   el   valor  que  él  considera,   esto  es,  porque  se  le  concedió         mérito   a   los   testimonios  del  padre  y la novia de la víctima  sin   haber   sido   testigos  presenciales  de  los  hechos,   así   como  al  dicho  de los uniformados,  prueba  técnica e informes, que avalaron el dicho del  primero,   quien   pudo   ver   a   los   implicados  pocos  segundos  después de  perpetrado   el   delito   brindando   algunas   de  las    características  físicas   de   los  dos  agresores     y    del  automotor  en  el  que  emprendieron    la    fuga,    cuya   información  permitió darles posterior  captura           al           coincidir  plenamente  los     datos     aportados.   

         Con     esa    postura    el   demandante   simplemente   pretende  desconocer  la  credibilidad  que  surge de la prueba  de  carácter indiciario en  general,  pues a su juicio  sólo  serviría  para  sustentar  una  decisión la prueba directa,  tesis  incorrecta, máxime cuando, como  en  este caso, es de tal solidez que no sólo acredita  la   materialidad   del   homicidio,  como  dice  el  censor,        sino       el       indiscutible  compromiso  penal  de  los  procesados      JUAN     MARTÍN     SULBARÁN    PARADA    y   Luis   Alberto   Rangel  Cuberos,  como  coautores de tal ilicitud.   

La  actitud  consistente  en  limitarse  a  cuestionar  la prueba desde una perspectiva personal, como mucho lo ha sostenido  la  Sala, no sólo deja sin demostración el error formulado, sino que, además,  atenta  contra  la naturaleza extraordinaria del recurso de casación -en cuanto  se  concentra  en  la producción de errores que afectan la constitucionalidad o  legalidad  del  fallo,  sin que constituya una tercera instancia- y con la doble  presunción  de  acierto  y legalidad que lo gobiernan -en cuya virtud prevalece  el    juicio    del    sentenciador    sobre    la    opinión   subjetiva   del  recurrente-.   

Los  precedentes  defectos argumentativos de  los  dos  cargos  instaurados  permiten a la Sala razonablemente concluir que la  demanda  no  cumple con las exigencias de argumentación y lógica contenidas en  las  normas  referidas  al  inicio  de la parte considerativa de esta decisión,  motivo por el cual se impone su inadmisión.   

Se   arriba   a   idéntica   conclusión,  adicionalmente,  porque  del  contenido  de  la  demanda y de la revisión de la  actuación  no encuentra procedente la Sala la necesidad en este caso de superar  los  defectos  reseñados en procura de cumplir alguno de los aludidos fines del  recurso  extraordinario previstos en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004 y en  tanto  no  se  advierte la posibilidad de corregirlo oficiosamente por concurrir  la  causal de nulidad o por advertir vulneración de garantías fundamentales de  las diversas partes.   

   

Ahora  bien,  habida  cuenta que contra la  decisión  de  inadmitir  las  demandas  de  casación  procede  el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, habrán de seguirse  las  reglas fijadas por la Sala para su aplicación1.   

        En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor   del   procesado  JUAN  MARTÍN  SULBARÁN  PARADA,  por  las  razones  consignadas en la anterior  motivación.   

        Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

        Notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ                      GUSTAVO  ENRIQUE   MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                 JULIO    E.    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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