40418(12-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 458  

          Bogotá    D.C.,    diciembre    doce   (12)   de   dos   mil   doce  (2012)   

VISTOS  

Corresponde a esta Colegiatura verificar los  requisitos   de  crítica  lógica  y  suficiente  demostración  en  el  libelo  casacional  presentado por el defensor de DANILO DÍAZ  FONSECA,  contra  la  sentencia  de  segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena  el  30  de  mayo de 2012,  confirmatoria  de  la  dictada  el  4  de  agosto de 2008 por el Juzgado Segundo  Promiscuo  del  Circuito  de  Turbaco,  por  cuyo  medio  condenó al mencionado  ciudadano  como  coautor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos de  homicidio     en     Samuel     Alonso    Marimón  Moreno.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  diligenciamiento    fueron   sintetizados   en   el   fallo   del   ad quem, así:   

“Ocurren el 24 de  junio  de  2007,  siendo  aproximadamente la 1:10 horas de la madrugada, en esta  municipalidad,  en inmediaciones de la Troncal de Occidente, frente a la iglesia  Bethesda,  el  señor Samuel Alonso Marimón Moreno, quien se desplazaba rumbo a  su  casa  en  una  motocicleta  de  placas CTF 53 A, conducida por el procesado,  señor  DANILO  DÍAZ  FONSECA, y dos menores de edad hijos del occiso, luego de  salir  de  la  fiesta  de  15 años de su también hija Dannis Patricia Marimón  Castro,  se  le  acercaron  dos  sujetos en una motocicleta Boxer color rojo; al  escuchar   el  motor  del  otro  rodante  DANILO  DÍAS  FONSECA  disminuyó  la  velocidad,  momento  que  aprovecharon  los  victimarios  para  impactar  en dos  oportunidades  con  proyectiles de arma de fuego a Marimón Moreno en la cabeza,  causándole       la       muerte      de      manera      inmediata”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La  Fiscalía  Seccional  de Turbaco dispuso  inicialmente  la correspondiente indagación preliminar, para luego de practicar  algunas  diligencias  declarar abierta la instrucción, en desarrollo de la cual  vinculó   mediante   indagatoria   a   DANILO  DÍAZ  FONSECA,   definiéndole  su  situación  jurídica con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva sustituida por domiciliaria, como posible coautor del  concurso de delitos de homicidio y porte ilegal de arma de fuego.   

Culminada  la  instrucción,  el mérito del  sumario  fue calificado el 11 de diciembre de 2007 con resolución de acusación  en  contra  del  procesado como presunto coautor del citado concurso de delitos,  decisión  confirmada  en  segunda instancia por la Unidad de Fiscalía Delegada  ante   el   Tribunal  de  Cartagena  mediante  proveído  del  31  de  enero  de  2008.   

El  juicio  correspondió  adelantarlo  al  Juzgado  Segundo  Promiscuo  del  Circuito  de  Turbaco,  despacho  que  una vez  realizada  la  audiencia  pública  profirió  fallo  el  4 de agosto de 2008, a  través  del cual condenó a DÍAZ FONSECA  a  la  pena  principal  de  ciento  noventa  y  dos (192) meses de  prisión,  a  las  accesorias de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  y  a  la  privación  de la tenencia de armas por el mismo  lapso,  y  al  pago  de  la  correspondiente  indemnización  de perjuicios como  coautor del concurso de delitos objeto de acusación.   

En  la misma providencia le fue negado tanto  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional,  como  la  prisión  domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

Impugnada  la  sentencia por el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Cartagena  la confirmó mediante fallo del 30 de mayo de  2012,  contra  la  cual  el  mismo  profesional interpuso recurso de casación y  allegó oportunamente el respectivo libelo.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  de  la  Ley 600 de 2000, el recurrente denuncia la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial derivada de un error de hecho por  falso  juicio  de  identidad  en cuanto considera distorsionadas las pruebas por  parte de los falladores.   

          Destaca  que  se  desfiguró  la  prueba indiciaria o circunstancial  pues  se  edificó  el indicio de falsa justificación a partir de asumir que su  asistido  mintió  en su declaración inicial, sin que se pueda colegir en grado  de  certeza  que  aquél  es  responsable,  máxime si nadie lo vio disparar, de  manera que no se arribó a la certeza requerida para condenar.   

          A  partir de lo expuesto, el defensor reclama la casación del fallo  atacado,  para  en su lugar dictar sentencia absolutoria a favor de DANILO DÍAZ FONSECA.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Tiene  dicho  esta  Colegiatura  que  en  la  constatación  de  las  exigencias  para  concurrir  a  este mecanismo de impugnación extraordinaria le  compete  verificar  que  los  recurrentes formulen sus reproches con sujeción a  los  requisitos de lógica y adecuada argumentación definidos por el legislador  y  desarrollados  por  la  jurisprudencia,  a  fin  de  evitar  que este recurso  extraordinario  se convierta en una instancia adicional a las ya surtidas. Tales  requerimientos  se  orientan  a  conseguir  libelos  enmarcados  dentro  de unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo de los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  pues  no  corresponde  a  la  Colegiatura  en su función constitucional y legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias  alegaciones de los impugnantes en casación.   

Además, de conformidad con el artículo 213  de  la  Ley 600 de 2000, “si el demandante carece de  interés  o  la  demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

Precisado  lo anterior se tiene, que si bien  el  demandante hace explícito su interés en atacar la prueba indiciaria, no se  percata  que  para  emprender tal cometido debía identificar con claridad si la  equivocación  se  cometió  respecto  de los medios demostrativos de los hechos  indicadores,  la  inferencia lógica, o en el proceso de valoración conjunta al  apreciar  la  articulación,  convergencia y concordancia de los varios indicios  entre  sí,  o  entre  éstos  y  las  restantes  pruebas,  para  llegar  a  una  conclusión fáctica desacertada.   

Tampoco  tiene  en  cuenta  que  si el error  recayó   en   la   apreciación   del   hecho   indicador,   en   cuanto   debe  acreditarse   necesariamente  con  otro  medio de prueba, imprescindible le  resultaba  establecer  si  se  trató  de un yerro de hecho o de derecho, a qué  especie corresponde y cómo se acredita su ocurrencia en el asunto.   

Olvida que si el error se ubica en el proceso  de  inferencia  lógica,  ello supone partir de aceptar la validez del medio con  el  cual  se  acredita  el  hecho  indicador  y  demostrar que el juzgador en su  apreciación  se  apartó  de  las  leyes  de  la  ciencia, los principios de la  lógica  o  las  reglas  de  la  experiencia, para acto seguido señalar en qué  consiste  y  cuál  es su aplicación correcta, así como su trascendencia en la  decisión impugnada.   

Igualmente,  no atiende que si lo pretendido  es  denunciar  un  error de hecho por falso juicio de existencia de un indicio o  un  conjunto  de  ellos, lo primero que debe acreditar es la existencia material  en  el proceso del medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la validez  de  su aducción, qué se establece de él, cuál mérito le corresponde y luego  de  realizar  el  proceso  de inferencia lógica a partir de tener acreditado el  hecho  base,  exponer el indicio que se estructura de conformidad con las reglas  de  la  experiencia,  para  ahí  sí,  poner  de  presente  su  articulación y  convergencia con los otros indicios o medios de prueba.   

En suma, palmario resulta en punto del ataque  a  la  prueba  indiciaria,  que  el  censor no se sujeta a las reglas lógicas y  argumentativas  para configurar de manera adecuada su censura, circunstancia que  permite  advertir  serias  incorrecciones  lógicas  y  de  acreditación  en el  libelo.   

De otra parte constata la Colegiatura que en  el  desarrollo del reparo el impugnante tampoco es claro en señalar cuál es la  crítica  que  formula contra los supuestos indicios establecidos en el fallo de  segundo  grado,  pues  si bien plantea un falso juicio de identidad, no tiene en  cuenta  que  tal yerro tiene lugar cuando los falladores valoran la prueba, pero  al  considerarla  distorsionan  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola.   

En punto de dicha postulación corresponde al  impugnante  identificar  mediante  el  cotejo  objetivo  de lo dicho en el medio  probatorio  y  lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a la prueba,  los  efectos  producidos  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada, tópico  de   improcedente   demostración  con  el  simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del  actor sobre el medio de prueba cuya tergiversación denuncia, en  cuanto  es  su obligación acreditar materialmente la incidencia del yerro en la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de la ley sustantiva en la  sentencia,  esto  es, señalar la modificación sustancial del fallo atacado con  la  corrección  del  error y la debida valoración de la prueba en conjunto con  las demás, labor no asumida por el censor en este caso.   

Como viene de verse, es claro que en evidente  olvido  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad de la que se encuentra  revestido  el  fallo,  el  censor  únicamente orientó su esfuerzo a exponer en  forma  global  e  imprecisa  su  particular  ponderación  probatoria,  pero sin  detenerse    a    observar    las    reglas    propias    de   este   medio   de  impugnación.   

Las          citadas  falencias  imposibilitan  a  la  Sala  acometer  el estudio del libelo, pues si éste no corresponde a un alegato  de  libre  confección,  su  presentación  con  base  en  asertos  subjetivos  y  sin  atenerse a alguna de  las  reglas lógicas y argumentativas que lo gobiernan, obliga a la Corporación  a  inadmitir  la  demanda  de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 213 de la  Ley  600  de  2000,  pues  en  virtud  del  principio de limitación que rige el  trámite  casacional  la  Corte  no  se  encuentra  facultada  para enmendar las  falencias de aquella.   

         Casación oficiosa   

         

Advierte la Corporación en el asunto objeto  de  estudio  que  en  la  sentencia  de  primer  grado,  luego  de efectuarse el  ejercicio   de   tasación   de  la  pena  principal,  dispuso  el  a  quo que el procesado sería sometido a  la  pena  accesoria  de “prohibición de porte y uso  de  arma  de  fuego  por  el  término igual al de la pena principal”, esto es, por dieciséis (16) años.   

A su vez, al desatar el recurso de apelación  interpuesto  por  la defensa, el Tribunal confirmó integralmente lo decidido en  la  sentencia  de  primera  instancia,  incluido  claro  está, el quantum de la  mencionada pena accesoria.   

Ahora bien, como la comisión del delito tuvo  lugar  el  24 de junio de 2007, no hay duda que para la dosificación de la pena  accesoria  el  juzgador  debió  tener  en  cuenta  no  sólo  el inciso 3º del  artículo  52 de la Ley 599 de 2000, sino que le correspondía integrar su texto  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 51 del mismo estatuto, el cual señala que  dicha sanción tendrá una duración máxima de quince (15) años.   

Así las cosas, observa la Sala que la citada  pena  accesoria  impuesta  a  DANILO DÍAZ  mediante el fallo de primera instancia, a la postre confirmado por  el  Tribunal, desborda el límite máximo establecido por el legislador para esa  sanción.   

De lo expuesto resulta razonable concluir que  los  falladores  no  dieron  aplicación  al artículo 51 de la Ley 599 de 2000,  pese  a  ser el precepto llamado a regular la imposición de tal pena accesoria,  con  lo  cual   quebrantaron  el  derecho fundamental al debido proceso del  acusado,  en cuanto atañe a ser juzgado “conforme a  leyes  preexistentes” (inciso 2º del artículo 29 de  la  Carta  Política),  pues  impusieron  una sanción que desborda los límites  cuantitativos  dispuestos  por  el  legislador  en  la  codificación sustancial  vigente.   

Considera  entonces  la  Colegiatura, que se  impone  casar  parcialmente  el  fallo  de segundo grado, en cuanto se refiere a  restaurar  el  derecho  fundamental  vulnerado,  en  el  sentido de modificar el  quantum  de la pena accesoria de privación del derecho a la tenencia y porte de  armas,  para  fijarlo  en  quince  (15)  años,  conforme  a las previsiones del  artículo 51 de la citada legislación punitiva.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.          INADMITIR  la  demanda  de  casación interpuesta por el defensor del  procesado   DANILO  DÍAZ  FONSECA,  por las razones  expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

2.            CASAR oficiosa y  parcialmente  el fallo de segundo grado, para tasar en quince (15) años la pena  accesoria  de  privación  del derecho a la tenencia y porte de armas impuesta a  DANILO  DÍAZ  FONSECA,  de  conformidad con lo argumentado en esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

                                                                                                           Impedido   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                   JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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