40181(10-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 454  

Bogotá  D.C., diciembre diez (10) de dos mil  doce (2012)   

VISTOS  

Conforme  a los lineamientos definidos en el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, emprende la Sala la constatación de las  exigencias  de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente en la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   de  los  procesados  CRISTIAN       CAMILO       OSPINA       CARVAJAL      y  ALEXANDER  DUQUE  PATIÑO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá el 24 de agosto de 2012, a través de la cual los  condenó  como  coautores  penalmente  responsables  del  concurso de delitos de  hurto  calificado  agravado y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal,  decisión  revocatoria  del  fallo  absolutorio  de primer grado dictado el 7 de  mayo  de  la  misma  anualidad por el Juzgado Treinta y Nueve Penal del Circuito  con funciones de conocimiento de Bogotá.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio   fueron   adecuadamente  sintetizados  por  el  Tribunal  en  los  siguientes términos:   

“El  día  2 de  agosto  de 2011, hacia las 6:30 p.m., en el sector de Kennedy de esta ciudad, al  llegar  a su casa el señor JOSÉ LUCIANO BUENHOMBRE MUÑOZ, en compañía de su  hermano  JOSÉ  VICENTE BUENHOMBRE MUÑOZ, procedente del Banco BBVA, localizado  en  el  Centro  Comercial  Plaza  de  las Américas, donde cambió un cheque por  $5.991.000.oo,  fue  asaltado  por  ALEXANDER  DUQUE  PATIÑO  y CRISTIAN CAMILO  OSPINA  CARVAJAL  y otros dos individuos que lograron escapar, todos movilizados  en  dos  motocicletas, quienes bajo la intimidación de un revólver, con el que  hicieron   dos   disparos,   le   hurtaron   a  aquél  la  mencionada  suma  de  dinero”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada el 3 de agosto de 2011  ante  el  Juzgado  Veinticuatro  Penal  Municipal  con  control de garantías de  Bogotá    se    impartió    legalidad    a    la   captura   de   ALEXANDER      DUQUE     y  CRISTIAN  CAMILO  OSPINA, oportunidad en  la  cual  la Fiscalía les imputó la comisión del concurso de delitos de hurto  calificado  agravado  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de defensa personal  agravado, a la cual no se allanaron.   

En  la  misma  diligencia, a instancia de la  Fiscalía  les  fue  impuesta  medida  de aseguramiento de detención preventiva  intramural.   

          Presentado  el  escrito  de  acusación,  el 7 de septiembre de 2011  tuvo  lugar  la  correspondiente audiencia, en la cual la Fiscalía insistió en  la   imputación   de   los   referidos  delitos,  sin  que  los  procesados  se  allanaran.   

Surtido el debate oral, el Juzgado Treinta y  Nueve  Penal  del  Circuito  con  funciones de conocimiento de Bogotá profirió  fallo   el  7  de  mayo  de  2012,  por  cuyo  medio  absolvió  a  DUQUE  PATIÑO y  OSPINA  CARVAJAL.  Impugnada  esta  decisión  por  la  apoderada  de  la  víctima, el Tribunal Superior de Bogotá la revocó mediante  sentencia  del  24  de  agosto  de  2012, para en su lugar condenarlos a la pena  principal   de   diecinueve   (19)  años  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  coautores  penalmente  responsables del concurso de delitos  objeto de acusación.   

          En  la  misma  providencia les fue negada la suspensión condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión domiciliaria sustitutiva de la  intramural, y se ordenó su captura.   

Contra   el   proveído  del  ad  quem  el  defensor  de  los  acusados  interpuso  recurso  extraordinario de casación, y allegó el respectivo libelo,  cuya admisibilidad se estudia en este auto.   

LA DEMANDA  

Luego    de    reseñar    in  extenso  los  hechos  y la actuación  procesal,  el  demandante  postula la “VIOLACIÓN DE  LA  LEY  SUSTANCIAL  POR  VÍA  INDIRECTA  HERROR (sic)  DE  HECHO”,  para lo cual  aduce  que “la violación se concreta en la falta de  aplicación  de  los  artículos  29  y  228  de  la  Constitución Política de  Colombia,  debido  proceso;  del  Código  Penal  artículos  6, legalidad, 9 la  conducta  punible  y 32, ausencia de responsabilidad numerales 1º caso fortuito  y  fuerza  mayor,  8º  obrar  bajo  insuperable  coacción  ajena  y  9º obrar  impulsado  por  miedo  insuperable  y  la  aplicación  indebida  del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  906  de  2004),  aunque  no es norma sustancial, son  normas  rectoras  de  obligatorio  cumplimiento,  artículo  7º  presunción de  inocencia  e  in  dubio  pro  reo;  artículo 8º defensa; artículo 12 lealtad,  también  se  dejó  de  aplicar  los  artículos  380,  381 y 382 ibidem, todos  referidos  a los criterios de valoración probatoria, conocimiento más allá de  toda  duda  acerca  del  delito  y  de  la  responsabilidad de los acusados para  condenar  y  conocimiento  de  cada  uno de los medios de prueba que no viole el  ordenamiento jurídico”.   

          Acto  seguido cita fragmentos de lo declarado por los Subintendentes  Víctor  Hugo Barragán Martínez, Gabriel Rodríguez  Montealegre  y Jhon Alfredo  Sánchez  Tique,  así  como lo dicho por los hermanos  Buenhombre Muñoz, y procede  a  ofrecer  sus  glosas,  para  concluir  que sus asistidos fueron indebidamente  capturados  por  los  miembros  de la policía en la búsqueda de los verdaderos  autores del delito investigado.   

          Señala  que el Tribunal incurrió en falso juicio de identidad pues  “apreciando las pruebas transgredió los postulados  de  la  lógica,  las leyes de la ciencia y las reglas de la experiencia, cuando  sin  ninguna  valoración  rigurosa  de  la  prueba,  asume  como propio que los  acusados  CRISTIAN  CAMILO OSPINA CARVAJAL y ALEXANDER DUQUE PATIÑO, utilizando  un  medio  motorizado  hurtaron  el dinero a los hermanos BUENHOMBRE MUÑOZ, sin  observar  los  principios  de  la  sana  crítica  como  método  de valoración  probatoria”.   

          De   otra   parte   afirma   que   el  ad  quem  incurrió  “en  un  falso  raciocinio,  al  decir  que  mis defendidos cometieron el delito de hurto  porque   los   hermanos   BUENHOMBRE   dijeron   que   los  habían  reconocido,  desconociendo  y  quitando  valor  de  certeza  a  la  prueba  acreditada por la  defensa,  desconociendo las inconsistencias de los testimonios de los policiales  que  conocieron  el  caso  como  ya  se  explico  (sic)  en  precedencia.  La  valoración  en  conjunto de la  prueba  por  parte  del Tribunal, seguramente, habría arrojado una decisión en  derecho y en justicia”.   

También   añade   que   “no  se  probó  la  existencia  del arma de fuego al momento de ser  capturados,  no  se  les  encontró  ningún  vestigio de que portaran armas, no  fueron  sometidos a examen de balística, salvo las presuntas víctimas, ninguna  otra  persona  escuchó  disparos,  ni  siquiera  la  policía del cuadrante que  participó  en  la captura de los acusados, no se demostró que la presunta arma  utilizada  para  el hurto fuera apta para disparar, no se demostró que terceras  personas   ajenas a los acusados portaran armas que fueron utilizadas en el  presunto hurto”.   

Advera que se incurrió en un error de hecho  por   falso   juicio   de   existencia,   pues   el   Tribunal   “deja  de  considerar  objetivamente  sin  recortar  o  cercenar los  testimonios      de      los      testigos     de     la     defensa”.   

          A  partir  de lo anterior, el demandante solicita a la Sala casar el  fallo  atacado,  para  en su lugar confirmar la decisión absolutoria de primera  instancia a favor de sus asistidos.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha  puntualizado  la Corte que si bien en el  estatuto  procesal  de 2004 no media distinción entre el recurso extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó la exigencia de  la  cantidad  de  pena  máxima del delito para acceder a dicha impugnación, es  claro  que  corresponde  al  recurrente  demostrar  el  quebranto  de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo establece  el artículo 184 de la citada legislación adjetiva.   

         Ahora,  en  el  examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  es  deber  de  la  Sala  constatar  en la formulación y  desarrollo  de  las censuras el acatamiento de las exigencias de lógica y   pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional  a  las  ordinarias.  Tales  requisitos se orientan a conseguir el  desarrollo  de  los  libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  esto es, precisos y claros, pues no corresponde a la Corte  en  su  función reglada de orden  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Advertido   lo   anterior,   encuentra  la  Colegiatura  que el demandante se sustrae de lo dispuesto en el artículo 183 de  la   Ley   906   de   2004,   según  el  cual,  corresponde  al  censor  acudir  “mediante    demanda    que    de    manera  precisa  y  concisa  señale las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”  (subrayas  fuera  de  texto),  pues  si  lo preciso alude a lo exacto, riguroso, estricto o  minucioso,  y  lo  conciso se refiere a lo breve, sucinto, escueto o directo, no  se  aviene  con  tal  exigencia dispuesta por el legislador que postule un falso  juicio  de  identidad,  acudiendo  para  ello  a  deplorar  en  forma  sumamente  genérica   y   vaga   la   transgresión  de  “los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  y  las  reglas  de la  experiencia”,   así   como   de   “los  principios  de  la  sana  crítica como método de valoración  probatoria”.   

          Impera  señalar  que  el  falso juicio de identidad acontece cuando  los  falladores  al  ponderar  el  medio  probatorio distorsionaron su contenido  cercenándolo,   adicionándolo   o   tergiversándolo,   motivo   por  el  cual  correspondía  al  demandante  identificar  a  través del cotejo objetivo de lo  dicho  en el elemento de convicción y lo asumido en el fallo, el aparte omitido  o  añadido  a  la  prueba,  los  efectos producidos a partir de ello y, lo más  importante,  cuál  es la trascendencia de la falencia en la parte resolutiva de  la  sentencia  atacada,  tópico  de  improcedente  demostración  con el simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del  recurrente  sobre  la  prueba cuya  tergiversación  denuncia,  en  cuanto es su obligación acreditar materialmente  la  incidencia del yerro en la falta de aplicación o la aplicación indebida de  la  ley sustancial en el fallo, esto es, señalar la modificación sustantiva de  la  sentencia atacada con la corrección del error y la debida valoración de la  prueba,  en  conjunto  con  las demás, obligaciones no asumidas en forma alguna  por el libelista.   

En  efecto,  es  evidente  que en manifiesto  desconocimiento  de la presunción de acierto y legalidad del fallo, el defensor  procede  a  plasmar su personal percepción fragmentaria e imprecisa del asunto,  sin  demostrar  en  concreto  en  qué consistió la tergiversación, añadido o  supresión  de  alguna  prueba por parte de los falladores, y cómo tal proceder  condujo  a  edificar  la  sentencia de condena, pues únicamente se esfuerza por  crear  una hipótesis ajena a la realidad probatoria, esto es, que sus asistidos  cumplían un cometido legal cuando resultaron capturados.   

Como también el recurrente plantea un error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  olvida  en  forma  ostensible sus deberes de  señalar  con precisión qué dice en concreto el medio probatorio indebidamente  ponderado,  qué  se  infirió  de  él  en  la  sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar  a  un  fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de  sus   representados,   proceder   que   en  este  asunto  tampoco  acometió  el  defensor.   

Por  el  contrario,  se  quedó en el simple  planteamiento  de su parecer, como cuando dice, sin señalar la fuente y validez  de  su  aserto que “La valoración en conjunto de la  prueba  por  parte  del Tribunal, seguramente, habría arrojado una decisión en  derecho  y  en  justicia”,  o  al  afirmar que no se  probó la existencia y funcionamiento del arma de fuego utilizada.   

Como  finalmente  el  censor  advera  que se  incurrió  en  un  error de hecho por falso juicio de existencia por omisión de  pruebas,  es  pertinente  destacar  que  tal equívoco tiene lugar cuando pese a  estar  la  prueba  en el diligenciamiento no es objeto de apreciación judicial,  caso  en  el cual debe el actor indicar el elemento probatorio omitido, cuál es  la  información  objetivamente  suministrada, el mérito demostrativo al que se  hace  acreedor y cómo su estimación conjunta con el resto de pruebas conduce a  trastrocar   las   conclusiones   de   la   sentencia  impugnada,  deberes  cuyo  cumplimiento no asumió el impugnante.   

Causa curiosidad, por decir lo menos, que sin  el  más  mínimo  esfuerzo por argumentar sobre el punto, el demandante invoque  la    violación   de   normas   sustanciales,   referidas   a   “la  ausencia  de  responsabilidad  numerales  1º  caso  fortuito y  fuerza  mayor,  8º obrar bajo insuperable coacción ajena y 9º obrar impulsado  por  miedo  insuperable”, temáticas que el actor no  dice,  ni  la  Sala  consigue  vislumbrar,  cómo  podrían tener cabida en este  diligenciamiento.   

Los   mencionados  equívocos  en  el  discurrir del recurrente imposibilitan a la Sala acometer  el  estudio  de  la  demanda,  pues  si  no  se  trata  de  un  alegato de libre  confección,    su    presentación    con   base   en   análisis   probatorios  fragmentarios  e imprecisa,  y  sin  atenerse a las reglas lógicas y argumentativas que la gobiernan, obliga  a  la  Sala  a inadmitirla de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  pues  en  virtud  del  principio  de limitación propio del  trámite  casacional,  la  Corte  no  se encuentra facultada para enmendar tales  incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación   procesal,   violación   de   derechos   o   garantías  de  los  acusados, como para adoptar la  decisión  de  superar  los defectos de la demanda y decidir de fondo, según lo  dispone el inciso 3º del artículo 184 de la citada legislación.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional   presentado   por   el  defensor  de  los  procesados    CRISTIAN   CAMILO   OSPINA   CARVAJAL  y    ALEXANDER    DUQUE  PATIÑO   por   las   razones   expuestas   en   las  consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                   JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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