40116(10-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No. 106  

             Bogotá,     D.  C.,  abril diez (10) de dos mil trece (2013).   

VISTOS:   

El Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Quibdó,  mediante  sentencia  proferida  el  29  de  junio  de 2012, declaró a  ARSENIO    DE    JESUS   VALOYES   PINO,  exjuez  Segundo  Civil Municipal de la  mencionada  ciudad,  como  autor  responsable  de  los  delitos  de peculado por  apropiación  a  favor  de  terceros  y  prevaricato  por  acción, al admitir y  tramitar  la  demanda  ejecutiva  de  mayor  cuantía  presentada  por el señor  EDISON PARRA MOSQUERA contra  la Gobernación del Chocó.   

El  aludido  fallo,  fue  impugnado  por  la  defensa   mediante   el   recurso   de   apelación  que  se  resuelve  en  este  pronunciamiento.   

HECHOS:  

El   13   de  abril  de  2007,  el  señor  EDISON      PARRA      MOSQUERA      presentó    demanda    ejecutiva   contra   la   Gobernación   del  Chocó1,  aportando  como  prueba  de  su “título ejecutivo complejo”:  copias  simples de la sentencia de tutela proferida el 20 de mayo de 2002 por el  Juzgado  Único Civil de Circuito de Quibdó, del acuerdo de pago suscrito el 31  de  octubre  de  2002  por  el apoderado de 32 extrabajadores de la Contraloría  Departamental  y  el  representante  de esa entidad, y del auto No. 795 del 7 de  noviembre  del  2000 proferido por el Juzgado Único Laboral del Circuito de esa  misma ciudad.   

El   17  de  abril  de  2007,  el  acusado  ARSENIO    DE   JESÚS   VALOYES   PINO,  actuando  como  titular del Juzgado Segundo Civil Municipal de la  mencionada  sede  judicial,  decidió admitir esa demanda, tramitándola como un  proceso  ejecutivo  de mayor cuantía, bajo el radicado No. 2007-00284, y libró  mandamiento  de  pago  contra  la  entidad  demandada por la suma de ciento once  millones  quinientos  sesenta  y  tres  mil  seiscientos cincuenta y nueve pesos  ($111.563.659.00)  y  los intereses moratorios que se generaran hasta el momento  en  que  se hiciera efectivo el pago, todo ello conforme a los valores expuestos  por el demandante.   

Posteriormente, el 10 de mayo del mismo año,  ordenó  el  embargo  de  la  cuenta  No.110.380.01148-6 denominada “Sistema   General   de  Participaciones  Educación  DEPTO.  del  Chocó”  administrada  por  el Banco Popular, por la  suma  de  doscientos  veintitrés  millones  de  pesos ($223.000.000.00), previa  presentación  de  póliza  judicial  por  el  valor  de la caución impuesta al  actor2.   

El 3 de septiembre de 2007, el exjuez VALOYES  PINO  dictó  sentencia  para seguir con la ejecución, tras negar la excepción  de    “pago   de   la   obligación”  presentada por la entidad territorial, al considerar que los actos  administrativos   aducidos   como   prueba   no   ofrecían  la  certeza  de  la  materialización  del cumplimiento de la obligación3,  y  solicitar  al  ejecutante  presentara la liquidación del valor adeudado.   

Seguidamente,  dentro del término legal, el  134   

y   175   

de septiembre del mismo año, el ejecutante  y     el     apoderado     de     la    demandada6,   presentaron,   en   forma  conjunta, ante el despacho la   

liquidación del crédito del proceso por un  valor  de  $263.572.744.00, al comprender dicha cuantía los intereses generados  desde  el  “15 de noviembre de 2002 al 31 de agosto  de  2007”,  renunciando  a  las costas del proceso y  solicitando levantar las medidas cautelares impuestas.   

En efecto, dicha petición, fue aceptada por  el  exfuncionario  judicial  mediante  proveído  de  sustanciación  del  17 de  septiembre             de            20077   

,  al  ordenar  la  entrega  de  los dineros  retenidos      en      títulos      judiciales8 por una cantidad de doscientos  sesenta  y  tres  millones  quinientos  setenta y dos mil setecientos cuarenta y  cuatro pesos ($263.572.744.00).   

Finalmente,  el  11  de octubre de aquella  anualidad,  declaró  terminado  el  proceso  por  pago total de la obligación,  ordenando  el  desembargo  de  los saldos bancarios y los remanentes9   

.  

Con fundamento en escrito anónimo dirigido a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  recibido  el  25  de marzo de 2008, se  denuncia  las  decisiones  irregulares  proferidas  durante  el  trámite  de un  proceso  ejecutivo  adelantado  por  el Juez Segundo Civil Municipal de Quibdó,  que   conllevaron   en  la  apropiación  de  dineros  de  la  Gobernación  del  Chocó.   

ANTECEDENTES    PROCESALES:   

1.  La  Fiscalía  Once  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Quibdó,  a  través de proveído del 11 de mayo de 2009  ordenó   la   apertura   formal  de  instrucción  en  contra  de  ARSENIO  DE  JESÚS  VALOYES  PINO,  como  presunto  autor  del  delito  de  prevaricato  por acción en concurso con el de  peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros,  a efecto de determinar las  irregularidades  en  torno  al  trámite  judicial  adelantado  con motivo de la  demanda   ejecutiva   instaurada   por  EDISON  PARRA  MOSQUERA,  quien  actuaba  como cesionario10   de   las  acreencias  laborales  reconocidas a las señora NANCY  BELTRÁN  PALACIOS,  extrabajadora  de la Contraloría  Departamental del Chocó.   

2.  Practicadas algunas pruebas, entre ellas  un   dictamen  pericial  y  unas  testimoniales,  el  funcionario  investigador,  vinculó  el  3  de diciembre de 2009 al exjuez mediante indagatoria11;   para,  seguidamente,   el   15   de  marzo  de  2010,  definirle  situación  jurídica  exclusivamente  por  el  delito  de peculado por apropiación, absteniéndose de  hacerlo  por  el  punible  de  prevaricato  por  acción, en consideración a la  aplicación  favorable  de  las  normas  procesales  contenidas en la Ley 906 de  200412.   

3.    Tras    el    cierre    de    la  investigación13, el 23 de junio del 2010, el  exjuez   VALOYES   PINO  fue acusado por los delitos de prevaricato por acción  y  peculado  por  apropiación  a  favor  de terceros,  resolución  contra  la cual el procesado interpuso el  recurso  de  reposición  y, en subsidio, el de apelación, los cuales le fueron  resueltos  en  forma  negativa  a  sus  pretensiones14.   

4. Ejecutoriado el vocatorio a juicio el 3 de  noviembre             de             201015, el conocimiento del proceso  lo  asumió  la  Sala  Única  del Tribunal Superior de Quibdó, ante la cual se  adelantaron  las audiencias preparatoria y pública de juzgamiento el 9 de marzo  de 2011.   

5.  El  29 de marzo de 2012 la Sala Penal de  Descongestión    del    Tribunal    de    Quibdó16  produjo  fallo de carácter  condenatorio,  contra  el  que se interpuso recurso de apelación que ahora debe  resolverse.   

LA      SENTENCIA    IMPUGNADA:   

La Sala Penal de Descongestión del Tribunal  Superior  de  Quibdó,  consideró  que  se encuentran reunidos los presupuestos  exigidos  por  el  artículo  232  de  la  Ley  600  de  2000  para  condenar  a  ARSENIO JESUS VALOYES PINO,  como autor de los delitos de prevaricato por acción y  peculado   por   apropiación   a   favor  de  terceros,  por  las  razones  que  siguen:   

    

1. El  extitular  del Juzgado Segundo  Civil  Municipal  de Quibdó dio trámite a un proceso ejecutivo no obstante que  carecía  de  jurisdicción  y  competencia, pues aquella estaba radicada en los  jueces   administrativos,  mientras  que  ésta  correspondía  a  un  juez  del  circuito,  en  razón  a  que  el  demandante  solicitó  adelantarlo contra una  entidad        pública,        Gobernación        del       Chocó, y el valor de la pretensión aducida en  la  demanda ($111.583.659.00) lo ubicaba en un proceso de mayor cuantía. De tal  forma,  concluye,  que  la  decisión  adoptada  por el acusado, contrariaba los  preceptos  consagrados  en  los  artículos  14,  15,  19, 20, 85 del Código de  Procedimiento   Civil,  así  como  el  artículo  82  del  Código  Contencioso  Administrativo, expresando:     

“de acuerdo a lo dicho por el procesado y  por  su  defensor  en  audiencia pública, el acusado, sabía que en razón a la  cuantía  era  incompetente  para conocer del proceso antes referenciado; empero  se  adjudicó  su  conocimiento  con  el  pretexto  de  que  actuaba  como  Juez  constitucional  en procura de dar cumplimiento a un fallo de tutela que ordenaba  el  pago  de  unas  acreencias laborales y que a la fecha de presentación de la  demanda  no  se  había  cumplido  la orden contenida en la misma”17.   

    

1. El exjuez  libró  mandamiento  de  pago  ejecutivo  al  interior de dicho proceso, sin que  existiera  un título ejecutivo idóneo, por cuanto los documentos anexados a la  demanda  no establecían el monto de lo adeudado, ni cuantificaba el valor de la  acreencia,   menos  aun  cumplían  con  la  exigencia  de  ser  primera  copia,  contrariando  los requisitos consagrados en el artículo 488 del C.P.C. Señaló  en lo atinente a este tópico el a quo:     

“No  puede  admitirse que la sentencia de  tutela  y el acuerdo de pago, constituyan un título ejecutivo complejo que como  lo  ha  denominado  la  doctrina  y  la jurisprudencia, es el que se integra por  varios  documentos  que  tienen vida jurídica propia aunque dependiente, de los  cuales  resulta  una obligación clara, expresa y exigible a cargo del deudor…  situación  diametralmente  opuesta  a  los  documentos  con  que se tramitó el  proceso        de        la        referencia18…  del  análisis  de  los  documentos   aportados   se   colige  que  aquellos  contienen  una  obligación  indeterminada  pecuniariamente por parte de la Gobernación del Departamento del  Chocó  a  favor  de  varias  personas,  entre  ellas  la  señora NANCY BELTRAN  PALACIO…  así  como tampoco se establece en forma determinable los intereses,  ya  que  aunque aparezcan unos valores a cancelar, en un estipulado lapso, no se  establece    el    valor    de   lo   adeudado.”19   

    

1. VALOYES  PINO  decretó la práctica  de  medidas  cautelares  que  afectaron  dineros que estaban en cabeza del   Departamento  del  Chocó,  recursos  del  “Sistema  General  de  Participación  Educativa”, generando un  detrimento    patrimonial    por    la   suma   de   $   263.572.744.     

Expresó     la     Corporación    de  instancia:   

“En  el  dosier aparece acreditado que el  procesado  libró  mandamiento  de  pago  por  la  suma de $111.563.659.00, y la  relación  de  los  títulos  de  depósito judicial que por mandato expreso del  Juzgado  Segundo  Civil  Municipal de Quibdó, cuyo titular era para entonces el  funcionario  acusado,  fueron  cancelados  por  el  Banco Agrario mediando orden  judicial.  Por ese irregular actuar funcional se pagaron las siguientes sumas de  dinero:   

[$]  223.000.000  millones   de   pesos  el  14  de  septiembre  [,  $]  80.000.000  millones  de  pesos  el  11 de octubre de  2007.   

Hay  que advertir que de estos $80.000.000,  el  demandante  devolvió  como remanente al departamento del Chocó el valor de  $39.427.256”20.   

Con  relación  al elemento subjetivo de las  conductas  imputadas,  el Tribunal consideró necesario precisar las diferencias  conceptuales  y normativas de las figuras del cumplimiento del fallo de tutela y  el  desacato,  en  orden  a  refutar  el  argumento  defensivo atinente a que el  procesado  ajustó su comportamiento a derecho, al ejercer la administración de  justicia  en  la  manera consagrada en el artículo 27 del decreto 2591 de 1991,  expresando:   

“se  equivoca  la  bancada  de la defensa  cuando  afirman  que  para  tramitar  el  proceso  ejecutivo  que da cuenta este  asunto,   el   juez   estaba   facultado   como  juez  Constitucional  para  que  efectivamente  se  protegieran  los  derechos  de  la favorecida con el fallo de  tutela  de  segunda  instancia a que se ha venido haciendo alusión, porque como  se  ha  [afirmado] de manera  reiterada,     la     tutelante     ya     había     vendido    sus    derechos  litigiosos.”21   

De  esa  forma,  termina,  desestimando  la  alegada  “ausencia  del dolo en la ejecución de la  conducta  que  se  tacha de prevaricadora, [por haberse  encontrado  el acusado] convencido de que actuaba como  Juez   Constitucional”22,   bajo   las   siguientes  consideraciones:   

“[L]o  lógico  que  un  caso  como éste hubiese ocurrido sería haber  rechazado  la  demanda  por falta de competencia y jurisdicción, sin embargo el  aquí  procesado  optó  deliberadamente por la aplicación más ilógica, la de  adjudicarse  la  competencia actuando como Juez constitucional, lo que para esta  célula  judicial  constituye  un afán desesperado del procesado para asumir el  conocimiento  del  proceso  que da cuenta este asunto, para obtener un fin que a  todas  luces  resultaba  ilícito…  Es  decir  que  la  interpretación que el  procesado  le  dio al artículo 23 del decreto ley 2591 de 1991, fue acomodada a  los   fines   torticeros   que  perseguía,  desvirtuándose  así  la  supuesta  convicción  que  tenía  de  actuar  conforme  a  derecho, pues lo que hizo fue  buscar  un gazapo jurídico para irradiar en el entorno procesal una postura que  claramente  contravenía  el ordenamiento jurídico y particularmente las normas  penales”23   

Y  en  relación con la conducta peculadora,  infirió   demostrado  el  elemento  subjetivo,  afirmando  que  “desde  el  mismo  inicio  del  proceso  ejecutivo,  al arrogarse el  procesado  una  competencia  que  no detentaba, tuvo la representación sobre la  consecuencia  de  sus  decisiones”, pues la orden de  pago  que emitió el acusado contra el departamento del Chocó constituyó “un  aporte  vital”  para  obtener  la  disponibilidad  jurídica  de  los  dineros  públicos y facilitar el cobro de los valores del caso sub judice.   

En   cuanto   a   la  antijuridicidad  del  comportamiento,  afirmó  el  a  quo,  que  le  resulta “notorio” que con el  trámite  del  proceso  ejecutivo  en  las  condiciones  en  que lo adelantó el  entonces  titular  del  Juzgado Segundo Civil Municipal, se afectó el principio  de  confianza  social  que  subyace  a la actividad del servidor público y, por  ende,   se   lesionó   el   bien   jurídico  tutelado  de  la  administración  pública.   

Conforme  a  lo  anteriormente reseñado, el  Tribunal  resolvió  imponerle a ARSENIO JESUS VALOYES  PINO  las penas principales  de  98  meses  de  prisión y multa por $167.204.277; así como, la accesoria de  “inhabilitación  permanente  para  el ejercicio de  derechos      y      funciones     públicas.”24; y  al  negarle  los  mecanismos  sustitutivos  de la pena privativa de la libertad,  ordenó   librar  la  respectiva  orden  de  captura  una  vez  ejecutoriada  la  decisión.   

LA IMPUGNACIÓN:  

La  decisión  que viene de reseñarse, fue  recurrida  en  apelación  por  la  defensa,  mediante  la  presentación de dos  escritos,  en  los  que  en  forma  desordenada  manifiesta  como  motivos de su  inconformidad:  i)  La  existencia  en  el  acervo  de prueba demostrativa de la  licitud  de  la  actuación  a  cargo del exjuez, y ii) la ausencia de elementos  suasorios  de  los  ingredientes  subjetivos  exigidos  por los tipos penales de  prevaricato  por  acción  y  peculado  por  apropiación  a  favor de terceros.   

Así,   dentro   del   acápite  titulado  “Que  sea  una  providencia  o acto manifiestamente  ilegal”,  adujo  el  recurrente que no se reúne tal  elemento  normativo  exigido  por  el tipo penal de prevaricato por acción, por  cuanto  su  defendido se enfrentó a un caso difícil, en el que optó por hacer  una   interpretación  de  rango  constitucional,  al  hallarse  frente  a  unas  reclamaciones  arbitrariamente  incumplidas  y  un  acuerdo  de  pago igualmente  desatendido;  de  tal  forma, que al advertir que no se había hecho efectivo el  derecho  sustancial después de una lucha litigiosa en contra de la gobernación  del  Chocó desde el año 1992, se vio compelido a buscar la ejecutividad de una  orden  judicial emanada del juez constitucional, a través del proceso ejecutivo  “propio   de   la   manifestación   civil  de  la  jurisdicción”, la cual en  su    criterio,    “no  desnaturaliza   la   forma   y   contenido   de   la  providencia,  [por]  un  simple  y  sencillo argumento  ontológico[:] en la medida  que  el  ser  del  documento sigue invariable e inmutable, el procedimiento para  hacerlo  efectivo  no  puede  comportar  que se mute su esencia y por dicha vía  desconocer  que se trata de un fallo de tutela, y desde esa perspectiva, el juez  aplicó    también   la   ley,   precisamente   en   el   marco   de   la   ley  Constitucional.”25   

Para  fortalecer  su  argumento,  acota las  consideraciones  expuestas  por  la Corte Constitucional en la sentencia SU-1158  de  2003,  enfatizando  en  los  párrafos  atinentes  a  la  competencia  de la  autoridad  constitucional y la relación de esa temática con la efectividad del  amparo       del       derecho       conculcado26.   

En otro aparte del recurso, bajo el título  de:   “Las   normas   de   competencia”,  luego  de  breves  referencias  a la actuación surtida por su  defendido  en la primera etapa del proceso ejecutivo27   

, y algunas consideraciones generales sobre  las  normas  del  Código  de  Procedimiento  Civil  que fijan la competencia en  razón   al   monto  de  las  pretensiones,  afirma  el  recurrente  que  dichas  preceptivas  “resultarían meridianamente claras”,  sino  fuera,  porque jamás han contemplado o previsto  que  el  título  ejecutivo  esté  comprendido  por  un  fallo  de  tutela,  razón por la que arguye que su  defendido       se       enfrentó      a      un      caso      “Borderline”28   

,  en  el  que  actuó bajo la consideración  de  que la disposición que gobernaba el asunto era  el  artículo  86  de  la  Constitución  Política29   

Anota  enseguida  que  los  errores  en  la  asunción    de    jurisdicción    y    competencia    son   tan   “comunes”  que  el legislador dispuso  de   varios  “correctivos  dentro  del mismo procedimiento civil, tales como: los  recursos    y    las    nulidades    procesales”30.   

Los   referidos  supuestos  lo  llevan  a  sostener,  en  un  nuevo  acápite que denominó: “La sentencia de tutela como  título  ejecutivo”,  que  en  “los requisitos del  título  ejecutivo  contemplados  en  el artículo 488  del   Código   de   Procedimiento  Civil,  no  se  encuentra  el  requisito  de  subsidiariedad,  esto  es,  que no haya otro mecanismo de cumplimiento, dado que  el  mismo  puede  estar  en  cualquier  documento  que  cumpla los requisitos de  contener  una  obligación clara, expresa y actualmente exigible.”31   

Aunado  a  que, en criterio del recurrente,  “de la simple lectura de  los  documentos, esto es, la sentencia de tutela 062 del 20 de mayo de 2002 y el  acuerdo  de  pago,  [si  bien es cierto ]no  se revela la cifra exacta a cancelar,  [también  lo es que] sentaron una base de lo adeudado  por  el  departamento  del  Chocó, resultando determinables las sumas… por el  juramento  estimatorio  presentado  por el demandante,  [el   cual   al   no  haber  sido]  objetado  por  la  contraparte,  pues ésta no presentó excepciones frente a la características y  naturaleza   del   título,   y   menos  aun  respecto  de  la  cuantía  de  lo  adeudado…      [lo      que]      reforzó  el  convencimiento del Dr. Arsenio de Jesús… de que su  actuar     estaba     ajustado    a    derecho”32.   

Bajo    el    título   “Facultades  del  Juez  Constitucional  para  dar cumplimiento a las  órdenes  de tutela y ausencia del dolo”, reiteró la  defensa,  que  se  desvirtúa  en  el  caso sub judice  la existencia del elemento normativo del tipo penal de  prevaricato, en razón a que:   

“el         convencimiento  que  tuvo el señor ARSENIO de concebirse como juez  constitucional,    [lo]  llev[ó]   a   realizar  interpretaciones   de   índole  constitucional  en  el  asunto  sometido  a  su  conocimiento.    [De   manera   que]   no  es manifiestamente contrario a la ley hacer efectivo el derecho  sustancial  frente  a la norma procesal, ya que la misma Constitución Política  ordena  que  dentro  de  las  actuaciones  de  los  operadores  judiciales  deba  prevalecer  el  derecho  sustancial.  Razonamiento que acompañó a mi defendido  dentro  de las actuaciones judiciales aquí cuestionadas, haciéndolo caer en un  error,  pero  no  en  una  vulneración  evidente del ordenamiento jurídico, de  donde  fuerza  concluir  que sus actos procesales no fueron realizados a título  de dolo.”   

En  el  último  acápite,  cuestiona  la  afirmación  de  la  Sala  Penal  relativa  a que cuando el exjuez Segundo Civil  Municipal  profirió  sentencias  condenatorias  en contra de la Gobernación de  Quibdó,  su  conducta  se  tipifica en el delito de peculado por apropiación a  favor  de  terceros,  pues  considera  que  se  trata  de una conducta atípica,  “por      ausencia     de     todo     elemento  subjetivo”33.   

Igualmente,   alegó   que   “no  se  logró  demostrar  el  elemento  subjetivo  del  injusto  relacionado  con  la  voluntad del procesado dirigida a establecer relaciones de  apropiación  y  disponibilidad plena de los dineros del Departamento del Chocó  a  favor  de  terceros.”34   

Con  sustento en las anteriores razones, la  defensa   del   procesado   VALOYES  PINO   solicita   se  revoque  la  sentencia  impugnada y, en su lugar, se absuelva de todos los cargos.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE:   

1. Competencia  

A  la  Sala  de Casación Penal de la Corte  Suprema   de   Justicia   le   corresponde  desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto,  de  acuerdo  con  la  competencia que le asigna el numeral 3° del  artículo  75  de  la Ley 600 de 2000, toda vez que la acción penal es ejercida  contra  el  exjuez  Segundo  Civil  Municipal  de  Quibdó, quien fue juzgado en  primera  instancia  por  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de la misma  cuidad, por conductas realizadas en ejercicio de sus funciones.   

Conforme  a lo estipulado en los artículos  31  de la Constitución Política y 204 del estatuto procesal penal en mención,  la  labor  de la Corte se contraerá a examinar los aspectos sobre los cuales se  expresa  inconformidad,  incluyendo,  como  lo autoriza esta última preceptiva,  los temas inescindiblemente vinculados al objeto de la censura.   

2.     Análisis     del     escrito  impugnatorio.   

Como quiera que la impugnación se contrae a  cuestionar  los  fundamentos  que tuvo el Tribunal para proferir la sentencia de  condena,  al invocar el recurrente, en primer lugar, que es atípica la conducta  delictiva  de  prevaricato  por acción atribuida a su defendido, como resultado  de  haber  obrado  el  procesado  bajo un error de tipo respecto del ingrediente  normativo    “manifiestamente   contrario   a   la  ley”;  y  en segundo término, que es inexistente el  delito  de  peculado  por  apropiación  por ausencia de todo elemento subjetivo  exigido  por el tipo penal consagrado en el artículo 397 de la Ley 599 de 2000,  esto   es,  el  dolo  y  la  “voluntad  dirigida  a  establecer  relaciones de apropiación y disponibilidad plena de los dineros del  Departamento      del     Chocó     a     favor     de     terceros”35,  se  impone  por  la  Corte  examinar  si  el  supuesto  de  hecho  sobre  el  cual  edificó el a  quo  la responsabilidad del procesado,  aparece  acreditado  a través del material probatorio recaudado, en el grado de  certeza   requerido  por  el  inciso  2º  del  artículo  232  del  código  de  procedimiento penal.   

     

i. Del  prevaricato por acción.     

Como claramente se advierte, los motivos de  inconformidad  del  recurrente  apuntan a pregonar la licitud de la actuación a  cargo  del  exjuez,  oscilando  sus  alegaciones  entre  la falta de adecuación  típica     por     ausencia     del    ingrediente    normativo    “manifiestamente    contrario    a    la    ley”   y  la  existencia  de  un error de tipo sobre ese elemento objetivo,  que   al   excluir   el  dolo,  convertiría  en  atípica  la  conducta  de  su  defendido.   

Con  el  propósito de abordar el análisis  del  anterior  cuestionamiento,  resulta  necesario  tener en cuenta que el tipo  penal  de  prevaricato  por acción se encuentra definido en la Ley 599 de 2000,  así:   

“Artículo  413.  Prevaricato  por  acción. El servidor público  que  profiera  resolución,  dictamen  o concepto manifiestamente contrario a la  ley,  incurrirá  en  prisión  de tres (3) a ocho (8) años, multa de cincuenta  (50)  a  doscientos  (200)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas de cinco  (5) a ocho (8) años.”   

En su aspecto objetivo, se ha considerado un  ilícito  de  resultado,  eminentemente doloso en el que la descripción típica  tiene   la  siguiente  estructura  básica:  a)  Tipo  penal  de  sujeto  activo  calificado,  para  cuya comisión se requiere la calidad de servidor público en  el  autor,  aspecto  que  no  ofreció ningún tipo de controversia y, b) Que se  profiera  una  resolución, dictamen o concepto contrario a la ley, es decir que  exista  una  contradicción  evidente  e  inequívoca  entre  lo resuelto por el  funcionario    y   lo   mandado   por   la   norma36.   

La jurisprudencia de la Corte, a propósito  del  elemento normativo manifiestamente contrario a la  ley, ha considerado:   

“que   la   contradicción   entre  lo  demandado   por la ley y lo resuelto sea notoria, grosera o “de tal grado  ostensible  que  se  muestre  de  bulto con la sola comparación de la norma que  debía  aplicarse…  que  para  hablar  de  prevaricato es necesario establecer  cuándo  los  argumentos  del servidor, dentro de un campo determinado, resultan  aceptables,  pues  una interpretación loable frente a las singulares trazas que  ofrece  un  caso  puede  permitir  el  rechazo  del  prevaricato…  que  si  el  comportamiento  del funcionario no está acompañado de razones justificatorias,  es  decir,  acordes con los hechos y con el precepto legal, si obedece a su mero  capricho,  el  acto  es  manifiestamente contrario a la ley (ibídem); y que tal  delito  se  configura  si  el  servidor  público  profiere  concepto, dictamen,  resolución,  auto  o  sentencia  manifiestamente apartado de la norma jurídica  aplicable  al  caso,  haciendo  prevalecer  su  capricho sobre la voluntad de la  disposición  legal, lo que significa comparar el mandato legal contentivo de la  norma   con   lo   hecho   por  el  funcionario.”37   

De  tal forma que el juicio de tipicidad de  la  conducta  que  se  predica  prevaricadora, involucra una labor compleja, por  cuanto  no basta efectuar una constatación objetiva entre lo que la ley manda o  prohíbe  y  lo  que  con  base  en  ella  se  decidió; sino que, además, debe  adelantarse  un  juicio  de  valor  a partir del cual se establezca si   la   ilegalidad   denunciada   resiste   el   calificativo  de  ostensible38,    pues    el    elemento   normativo  “manifiestamente  contrario a la ley”,  impone  un  análisis  de la concurrencia del ánimo consciente y  voluntario    de    transgredir    la    ley    por    parte   del   funcionario  judicial.   

Sobre  ese punto, y para permitir una cabal  comprensión   de  los  hechos,  necesario  resulta  hacer  un  recuento  de  la  actuación  adelantada  por  ARSENIO DE JESUS VALOYES  PINO,  en  aquel entonces, titular del Juzgado Segundo  Civil  Municipal,  con  motivo  de  la demanda ejecutiva que instauró el señor  EDISON PARRA MOSQUERA contra  la   Gobernación   del   Chocó.   Del   anexo  correspondiente,  se  establece  que:   

    

1. El  19  de  febrero  de  1992  el  Contralor  Departamental  del  Chocó,  mediante  resolución  No. 171, declaró  insubsistente  el  nombramiento como oficinista, nivel administrativo, grado 02,  de    la    señora   NANCY   DEL   CARMEN   BELTRAN  PALACIOS39.     

    

1. El   Tribunal   Contencioso  Administrativo  del  Departamento  del Chocó, en sentencia del 12 de septiembre  de    199740,  decretó  la  nulidad  de  la  referida norma, disponiendo que se  entendiera  para  todos  los  efectos  legales  que  no  existió  solución  de  continuidad  en  la  prestación del servicio y, por ende, ordenó se cancelaran  todos  los  sueldos,  primas,  bonificaciones y prestaciones dejados de percibir  por  la  extrabajadora;  así  como, su reintegro a un cargo de igual o superior  categoría  del  que  tenía  al  momento  de  haber  sido desvinculada. La alta  corporación  en  la  misma  fecha,  profirió  similares  decisiones a favor de  treinta y cuatro extrabajadores de ese ente departamental.      

    

1. Una   vez   ejecutoriadas  las  respectivas  sentencias  y  cumplido el plazo estipulado en el artículo 177 del  Código  Contencioso  Administrativo, el abogado RAFAEL ENRIQUE FIGUEROA LOZANO,  representando  a  la  señora  BELTRAN  PALACIOS  y a otros 31 poderdantes más,  presentó  demanda  ante  el  Juzgado Único Laboral del Circuito de Quibdó, la  que  fue  admitida,  mediante  auto  del  15  de  febrero  de  1999; librándose  mandamiento  de  pago  el  14  abril  del  mismo  año,  contra  la Contraloría  Departamental  del  Chocó  por  valor  de  MIL  SEISCIENTOS  MILLONES  DE PESOS  ($1.600.000.000).     

    

1. El 25 de enero de 2000 el Tribunal  Superior  de  Quibdó, declaró  la nulidad de todo lo actuado a partir del  auto  admisorio  de  la  demanda,  al  considerar que en los procesos ejecutivos  laborales  debían  aplicarse las regulaciones del proceso ejecutivo singular de  mayor  cuantía  del Código de Procedimiento Civil, conforme lo ordenado por el  artículo  40  de  la  Ley 446 de 1998. Contra esta decisión no se interpuso el  recurso de reposición consagrado en el artículo 348 del C.P.C.     

    

1. El  15 de febrero de 2001 la Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura, consideró  que  la  referida providencia configuraba una vía de hecho, concedió la tutela  incoada  por  el apoderado de los extrabajadores, ordenando dejarla sin efectos;  empero,  tras  ser  impugnado  el  fallo  de  tutela,  el Consejo Superior de la  Judicatura,  lo revocó con el argumento de advertir que el accionante no había  intervenido   para   pedir   la   reposición   del  auto  anulatorio,  haciendo  improcedente  la  tutela.  Por  las  razones expuestas, el proceso ejecutivo fue  archivado definitivamente.      

    

1. El 23 de abril del 2000, el abogado  FIGUEROA  LOZANO  presentó  ante  el  Juzgado  Único  Laboral  del Circuito de  Quibdó,  demanda  ejecutiva  laboral  contra  el  departamento  del Chocó y la  Contraloría  General  del  Chocó, la que fue admitida el 7 de noviembre de ese  año,   librándose  orden  de  pago  por  vía  ejecutiva  laboral  de  primera  instancia,  junto con el decreto de embargo y secuestro de los créditos que por  vigilancia  fiscal llegara a tener la primera entidad antes mencionada por valor  de   $4.000.000.000,   sin   especificar   el   valor   para  cada  uno  de  los  demandantes.     

    

1. Empero,  resultaron  inanes  las  referidas  medidas  cautelares,  como  quiera que la Dirección General de Apoyo  Fiscal  del  Ministerio  de Hacienda, a través de la resolución No.0560 del 29  de  marzo  de 2001, aceptó la solicitud del Departamento del Chocó de acogerse  a  la Ley 550 de 1999, esto es, a un acuerdo de reestructuración de pasivos, en  la  que  por  haberse  incluido  las  acreencias  laborales objeto de la demanda  laboral,  se  generó  la  devolución  de  los  títulos  de depósito judicial  embargados  por  cuenta  del  referido  trámite,  a las arcas fiscales del ente  territorial.     

    

1. No  obstante,  el Juzgado Único  Civil  del Circuito de Quibdó, mediante fallo de tutela del 20 de mayo de 2002,  al   conocer   en  segunda  instancia  de  la  problemática  anteriormente  descrita,   amparó  los  derechos  fundamentales  al  mínimo  vital,  vida  y  salud de los tutelantes, encontrándose entre ellos la  señora  NANCY  BELTRAN  PALACIOS;  revocó las decisiones proferidas en sentido  adverso  por los Juzgados Primero y Segundo Civil Municipal de esa misma ciudad,  y  conminó  al  Departamento del Chocó para que en un término de quince días  procediera   a   cancelar   las   acreencias   laborales  de  cada  uno  de  los  accionantes.     

    

1. Al incumplirse la orden emitida en  el  fallo de tutela, a solicitud del apoderado de los extrabajadores, el Juzgado  Primero  Civil  Municipal  de  Quibdó  dio  apertura  al trámite incidental de  desacato,  durante el cual se suscribe acta de acuerdo de pago del 31 de octubre  de  2002,  entre el representante judicial de los tutelantes y el Gobernador del  Chocó,  en  el  que  se  obligaba  la entidad a cancelar las acreencias en ocho  cuotas,  iniciando  el  primer pago en noviembre del mismo año y finalizando en  julio  del  año  siguiente.  Igualmente, se estipuló suspender el incidente de  desacato,  lo  que  en  efecto  se  produjo  mediante  auto  del 11 de agosto de  2003.     

    

1. Con  motivo  del  incidente  de  desacato  la  contraloría  Departamental  de Chocó realizó la liquidación de  las   acreencias   laborales  que  se  le  debían  a  la  señora  NANCY  BELTRAN  PALACIOS, determinándose  por  parte  del  contador  general  del departamento41  que la deuda a pagar era la  suma  de  $  28.377.220,  pues  se  le  debía  por sueldo $20.629.535, prima de  vacaciones  $  1.072.120,  prima  de  servicios  $  988.818,  prima de navidad $  1.870.551     y     cesantías     $    3.816.19742.     

    

1. En el periodo comprendido entre el  28  de  noviembre  de  2002  al 23 de julio de 2003, la Gobernación del Chocó,  mediante   FIDUAGRARIA,   efectuó   siete   pagos   por   un   valor  total  de  $845.016.848.oo,   a  favor  del  doctor  RAFAEL  ENRIQUE  FIGUEROA  LOZANO,  en  representación  de  sus  apoderados,  exfuncionarios  de la Contraloría, entre  ellas    la   señora   NANCY   BELTRAN   PALACIOS43.     

    

1. El 2 de febrero de 2007, mediante  contrato  de  venta, la señora NANCY BELTRAN PALACIOS  transfiere  al señor EDISON  PARRA  MOSQUERA  las  acreencias  que  le  adeudaba el  Departamento  del  Chocó,  reconocidas  en la sentencia de tutela 062 del 20 de  mayo de 2002.     

    

1. El 13 de abril de 2007 el señor  PARRA  MOSQUERA  presentó  ante  el  Juzgado  Segundo Civil de Quibdó, demanda  ejecutiva   contra   el  Departamento  del  Chocó,  teniendo  como  pretensión  económica  la  suma de $111.563.659.oo, más los intereses moratorios hasta que  se  efectuara  el pago, y aduciendo como titulo ejecutivo complejo: La sentencia  de  tutela  del 20 de mayo de 2002, el acuerdo de pago del 31 de octubre de 2002  y el auto No. 795 del 7 de noviembre del 2000.     

    

1. El  17 de abril de 2007, el Juez  Segundo  Civil  Municipal de Quibdó, ARSENIO DE JESUS  VALOYES   PINO,  admitió  la  demanda  ejecutiva,  y  decidió  tramitarla  bajo  el  radicado  No.  2007-00284,  al considerar que se  trataba  del  ejercicio  de  una  acción  constitucional de carácter especial.  Libró  mandamiento  de  pago  contra la entidad por los valores expuestos en la  demanda, imprimiéndole un trámite de mayor cuantía.     

    

1. El  10  de  mayo del mismo año,  previa  aprobación  de  la caución impuesta al actor, ordenó el embargo de la  cuenta   No.110.380.01148-6   denominada   “Sistema  General   de   Participaciones   Educación   DEPTO.  del  Chocó”  administrada  por  el  Banco  Popular,  por  la suma de doscientos  veintitrés  millones  de  pesos  ($223.000.000.00),44.     

    

1. El  3  de septiembre de 2007, el  exjuez  dictó sentencia para seguir con la ejecución, tras negar la excepción  de    “pago   de   la   obligación”  presentada por la entidad territorial, al considerar que los actos  administrativos   aducidos   como   prueba   no   ofrecían  la  certeza  de  la  materialización  del cumplimiento de la obligación45,  y  solicitar al ejecutante  presentara la liquidación del valor adeudado.     

    

1. Seguidamente, dentro del término  legal, el 1346   

2. y 1747   

3. de septiembre del mismo año, el  ejecutante   y   el   apoderado   de  la  demandada48,   presentaron,   en  forma  conjunta,  ante  el  despacho  la  liquidación  del crédito del proceso por un  valor  de  $263.572.744.00, al comprender dicha cuantía los intereses generados  desde  “15  de noviembre de 2002 al 31 de agosto de  2007”,  renunciando  a  las  costas  del  proceso  y  solicitando levantar las medidas cautelares impuestas.     

    

1. El exfuncionario judicial mediante  proveído   de   sustanciación   del   17  de  septiembre  de  200749   

2. ,  ordenó  la  entrega  de  los  dineros    retenidos    en   títulos   judiciales50   por   una   cantidad   de  doscientos  sesenta  y  tres  millones  quinientos setenta y dos mil setecientos  cuarenta y cuatro pesos ($263.572.744.00).     

    

1. Finalmente, el 11 de octubre de la  aquella   anualidad,  declaró  terminado  el  proceso  por  pago  total  de  la  obligación,   ordenando   el   desembargo   de   los  saldos  bancarios  y  los  remanentes51   

2. .    

De  la reseña fáctica atrás expuesta, se  debe  tener  por  demostrado que en el proceso ejecutivo adelantado por el aquí  acusado, se evidencian las siguientes irregularidades:   

Las reglas legales de competencia señaladas  en  los  artículos  14 y 15 del Código de Procedimiento Civil, modificados, en  su  orden,  por  los  artículos  4  y  5 de la ley 794 de 2003, le impedían al  exjuez  VALOYES PINO conocer  y   decidir   el   proceso  ejecutivo  instaurado  por  el  señor  EDISON    PARRA   MOSQUERA   contra   la  Gobernación  del  Chocó,  por  cuanto  la  obligación que se pretendía hacer  valer   en   ese  trámite  provenía  de  una  sentencia  de  la  jurisdicción  contenciosa  administrativa,  que por mandato de las mencionadas preceptivas, en  concordancia     con    el    artículo    134B    del    Código    Contencioso  Administrativo52   

, excluyen expresamente de su conocimiento a  la  jurisdicción  civil  y se atribuyen a los jueces administrativos en primera  instancia.   

Al  lado  de lo anterior, la cuantía de la  pretensión  económica  demandanda,  que  ascendía a la suma de de ciento once  millones   quinientos  sesenta  y  tres  seiscientos  cincuenta  y  nueve  pesos  ($111.563.659.00),  le  impedía  igualmente  adjudicarse competencia en el caso  concreto,  puesto  que  aquella quedaba comprendida en las de mayor cuantía, la  cual  está  por  fuera de la órbita de competencia para los jueces municipales  conforme   lo   consagra   el   artículo   19   del  Código  de  Procedimiento  Civil53   

.  

Igualmente irregular es el auto admisorio de  la  demanda  ejecutiva  proferido  por el aquí procesado, puesto que no contaba  con  título  ejecutivo  idóneo que incluyera una obligación, clara, expresa y  actualmente  exigible,  en la medida en que de los documentos que reseñó en el  proveído  del  17  de  julio de 2007, esto es la sentencia de segunda instancia  062  del  20 de mayo de 2004 y el acuerdo de pago, no resulta una obligación de  aquellas características.   

Adicional  a  lo anteriormente expuesto, el  exjuez    VALOYES   PINO  continuó  violentando  el  texto  de  las  normas que  regulan  el  procedimiento ejecutivo de mayor cuantía, por cuanto al ordenar el  embargo  de  la  cuentas  bancarias  del ente territorial, dictar sentencia para  seguir  adelante  con  la  ejecución, negar la excepción de merito, aprobar la  liquidación  del  crédito ofertada por la demandante, y disponer la entrega de  los  dineros  retenidos en títulos judiciales por valor de doscientos sesenta y  tres  millones  quinientos setenta y dos mil setecientos cuarenta y cuatro pesos  ($263.572.744.oo),  estaba  profiriendo  decisiones  con  el propósito de hacer  prevalecer  su capricho sobre la voluntad de la disposición legal, al arrogarse  una competencia no estipulada en la normatividad procesal civil.   

Es  decir, para la Sala todas y cada una de  las  decisiones  adoptadas  por  el  exfuncionario  se  ofrecen contrarias a los  preceptos    contenidos    en   el   Código   de   Procedimiento   Civil,   que  señalan:   

“Artículo 14. Competencia de los jueces  municipales  en  única  instancia.  Los  jueces  municipales  conocen en única  instancia:   1.  De  los  procesos    contenciosos    que   sean   de   mínima   cuantía,   salvo  los  que  correspondan  a la jurisdicción de lo contencioso  administrativo.   

Artículo  15.  Competencia  de los jueces  municipales  en  primera  instancia.  Los  jueces municipales conocen en primera  instancia:  1.  De los procesos contenciosos que sean  de  menor  cuantía,  salvo  los  que  correspondan  a  la  jurisdicción  de lo  contencioso administrativo.   

Artículo  85.  INADMISIBILIDAD  Y  RECHAZO  DE  PLANO DE LA  DEMANDA.: El juez declarará inadmisible la demanda:   

1.   Cuando  no  reúna  los  requisitos  formales.   

2.  Cuando  no  se  acompañen  los anexos  ordenados por la ley.   

3.  Cuando la acumulación de pretensiones  en  ella  contenida no reúna los requisitos exigidos por los tres numerales del  primer       inciso       del       artículo       82.   

(…)  

El  juez  rechazará  de  plano la demanda  cuando  carezca  de  jurisdicción  o  de  competencia,  o  exista  término  de  caducidad  para  instaurarla, si de aquella o sus anexos aparece que el término  está vencido.   

Si   el  rechazo  se  debe  a  falta  de  competencia  o  jurisdicción,  el  juez  la  enviará  con  sus  anexos  al que  considere  competente;  en los demás casos, al rechazar la demanda se ordenará  devolver los anexos, sin necesidad de desglose.   

ARTÍCULO  140.  CAUSALES  DE NULIDAD. El proceso es nulo en  todo  o  en parte, solamente  en los siguientes casos:   

(…)  

2.    Cuando   el   juez   carece   de  competencia.   

ARTÍCULO 488. TÍTULOS EJECUTIVOS. Pueden  demandarse  ejecutivamente  las  obligaciones  expresas,  claras y exigibles que  consten  en  documentos  que provengan del deudor o de su causante y constituyan  plena prueba contra él…   ” Subraya fuera de texto”.  

En   la  secuencia  de  ese  proceder  se  infringieron  las  disposiciones  precitadas,  haciendo  parte de un contexto de  acción  encaminado  a  crear  la  apariencia  de  un  título ejecutivo, con su  correspondiente  poder  coactivo,  a  cargo de un ente territorial; en el que se  concreta  el  pronunciamiento  ilegal cuando en la decisión judicial se ejecuta  una  obligación  a cargo del patrimonio estatal, sin que a ese proceso hubieran  concurrido   los   presupuestos  adjetivos  y  sustanciales  que  las  leyes  de  procedimiento han previsto para un resultado de esa índole.   

Luego, entonces, la ilicitud recorrida en la  dinámica  establecida  por  el  entonces  titular  del  Juzgado  Segundo  Civil  Municipal  de  Quibdó, devela su propósito de elaborar un proceso que le diera  sustento  formal  a  la  determinación  perseguida por los extrabajadores de la  Contraloría    Departamental,    entre    ellos    la    señora   NANCY   BELTRÁN   PALACIOS,   y  a  sus  apoderados,  atinente a hacer efectivas las acreencias laborales que le hubieran  sido  reconocidas  por  el  Tribunal  Contencioso Administrativo, por el Juzgado  Único  Civil  de  Circuito de Quibdó y, hasta por el mismo representante legal  de la entidad deudora.   

Dentro  del  anterior  marco  conceptual se  puede  interrogar  si  la  tesis  del  defensor  en la que precisa que al ser la  justicia  civil  de  naturaleza  rogada,  recaía  en los apoderados de la parte  demandada  en  forma exclusiva la carga de enervar las pretensiones ilegítimas,  es  postura  que  desquicia  el  rol  del  funcionario  judicial  quien desde la  presentación  de  la demanda y a lo largo del proceso tiene las facultades y el  deber de velar por la legalidad de la actuación.   

La Sala recuerda al defensor que el hecho de  que  la  justicia  civil  sea “rogada”    no   habilita   per   se  a  los  funcionarios  para  que  permanezcan  pasivos frente a las  irregularidades  que  se  adviertan  con  la  interposición de las demandas, al  punto  que  la  misma normatividad dispone de herramientas para subsanar algunas  de  aquellas falencias tales como la inadmisión de la demanda, la remisión del  proceso  al  funcionario competente, el rechazo de la demanda, decisiones que en  ningún    momento    tomó    el   exjuez   VALOYES  PINO,   contrario   a   ello,  cohonestó  todas  las  irregularidades  lo  que  válidamente  le permite a la Sala concluir la abierta  contradicción  con  la  normatividad que estaba obligado a cumplir, de donde se  ofrece  plenamente probado que el aspecto objetivo del tipo penal de prevaricato  por acción se encuentra debidamente satisfecho.   

Como  puede  concluirse,  el  cúmulo  de  decisiones   inexplicables   tomadas   por   el   Juez  resultaron  abiertamente  improcedentes  y  tornan  su  actuación manifiestamente contraria a la ley, sin  que  resulten admisibles las explicaciones brindadas por el recurrente en cuanto  pretendió       justificar       –sin  conseguirlo-  el  comportamiento del  acusado,  cuestionando la actuación de la parte demandada por no oponerse a las  pretensiones  del  actor, mediante las herramientas jurídicas como la nulidad o  las excepciones.   

Ahora  bien,  en  lo  tocante  a la alegada  ausencia  del  aspecto  subjetivo  exigido  por  el  tipo penal consagrado en el  artículo  413  de  la  Ley 599 de 2000, como consecuencia del error de tipo que  sobre   el   elemento   normativo  “manifiestamente  contario  a  la  ley”  determinó el actuar del aquí  procesado,   importante   resulta   para   la   Corte   hacer   las   siguientes  precisiones:   

Nuestra  Constitución       Política      consagra   como   principio   el   derecho  penal  de  acto,  lo  cual  apareja  entender que el  delito  es, ante todo, una  conducta     o    un  comportamiento                 humano54.     Y     bajo     esa  ideología  se estipuló en  el artículo 9 de la Ley 599 de 2000:   

“Para  que la  conducta  sea punible se requiere sea típica,   antijurídica  y  culpable.  La  causalidad   por   sí   sola   no   basta  para  le  imputación  jurídica del  resultado”.   

De    modo,   que   las   conductas  consideradas  por  el  legislador  como  vulneradoras  o  atentatorias   de   aquello   que   un  sistema  social  determinado,  en  un  momento  histórico  preciso,  selecciona  como  digno  de  tutela,  son descritas e  insertadas  en  la  estructura  del  modelo  legal  que  las  prohíbe,  a la que se le denomina     “tipo     penal”,     el    cual    está  conformado  por    una    parte   subjetiva   y   otra            objetiva55;   mientras   que   aquel  comportamiento  que se considera contrario a lo justo, contrario al derecho, por  ser   vulnerador   del   interés  jurídico  objeto  de  protección  por  la  legislación   penal,  se     le     conoce     como     “conducta antijurídica”.   

La   parte  subjetiva     del  tipo   se   refiere   al  proceso  ideativo  de  la  acción,  representación  o   motivación,   que  constituye  el  proceso  de  selección  de los mecanismos o medios y la voluntad  que   mueve   al   acto.  La  objetiva  es     la    exteriorización    del  comportamiento        que        se        proyecta       en       relación    con    los    intereses  jurídicos   que   son   objeto  de  tutela  penal,  lesionándolos       o      colocándolos    en    peligro    efectivo56.   

La necesaria constatación de la existencia  de  los  elementos  objetivos  y  subjetivos  en  un  comportamiento, para poder  predicar  que estamos ante una conducta típica, tiene como sustento la tesis de  la  acción  final,  por  lo cual conviene recordar el siguiente pronunciamiento  que esta Corporación ha emitido sobre la materia:   

“no se puede olvidar que es precisamente  el  reconocimiento  de la acción como una de las estructuras lógico objetivas,  a  las  cuales  recurrió  Welzel  para  que  el  sistema  penal  contara con un  «sistema  de  conceptos  puros  supratemporales»,  esto  es, en contra de un sistema temporal perecedero, lo que hace que se acepte  una  determinada  estructura  de  la  acción,  de  conformidad  con  la cual la  fijación  en  el  individuo  del  fin  que pretende alcanzar exige, además del  conocimiento  causal normal, la ya referida elección de medios, de los idóneos  para   lograr   ese   propósito  y  así  acto  seguido,  previo  conocimiento,  igualmente,   de  las  circunstancias  concomitantes  a  su  actuar  (base  para  solucionar  la problemática del dolo eventual), exteriorizar la acción interna  y  traspasar  a la externa, en la que se cumple el fin propuesto dirigido por la  voluntad.”57.   

La  Sala respecto al dolo que exige el tipo  penal  de  prevaricato  por acción, para que pueda predicarse una conducta como  típica, ha considerado:   

“para  proferir  un  fallo de naturaleza  condenatoria  por esta modalidad delictiva, resulta imprescindible comprobar que  el  autor sabía que actuaba en contra del derecho y que, tras ese conocimiento,  voluntariamente decidió vulnerarlo.   

Significa   entonces,   que   el   dolo  prevaricador  se  configura  con la conciencia y el querer proceder en contra de  la   ley,   sin   más   aditamentos.  Por  eso  esta  Corporación  ha señalado que es fundamental que las resoluciones y dictámenes  sean  injustos,  en  el sentido de que se aparten protuberantemente del derecho,  sin  que sea necesaria la concurrencia de los motivos que orientaron al servidor  público          a          adoptarlas.”58(Subrayas  fuera  del  texto  original).   

Conforme  a  lo anteriormente expresado, la  aproximación  conceptual  de  los  tópicos reseñados, ingrediente normativo y  elemento    subjetivo    del    tipo,    se   explica   porque   “manifiestamente  contrario  a la ley” es  un  elemento  referido  a  la  antijuridicidad  contenida  en  el  tipo penal de  prevaricato  por  acción;  es  decir,  es  una expresión a la que recurrió el  legislador  colombiano  al  momento  de  configurar  un  acontecer fáctico como  “hecho  típico”  o,  si  se lo prefiere, es un suceso que por su relevancia  jurídico  penal  debía  caracterizársele como conducta desaprobada en nuestro  sistema  social  y,  por  ende,  diferenciarla  de  otras semejantes socialmente  aceptadas.   

De  tal  forma,  que  aunque  la expresión  “manifiestamente  contrario  a  la  ley”  se  encuentre contenida en el tipo  penal,  no hace desaparecer su característica de valoración del tipo sino que,  por  el contrario, éste será contentivo de una regla  de                  antijuridicidad59   

.  

Ahora bien, el error de tipo hace referencia  al  desconocimiento  o  conocimiento  defectuoso de las circunstancias objetivas  del  hecho  que  pertenecen  al tipo legal, con independencia de que estas tenga  carácter   fáctico,   esto   es   de  naturaleza  descriptiva  (cosa,  cuerpo,  causalidad),   o   normativa,   de  esencia  comprensiva  (ajenidad,  documento,  funcionario).   

La  anterior  precisión es importante para  resolver  la  controversia  planteada por el recurrente respecto de la decisión  impugnada,   puesto   que  plantea  que  la  conducta  de  su  defendido  estuvo  determinada  por  un  error  de  tipo  que  recayó  sobre el elemento normativo  consagrado  en  el artículo 413 de la Ley 599 de 2000, excluyendo el dolo en su  actuar, deviniendo su conducta en atípica.   

El análisis de sí se encuentra demostrado  o  no  la  existencia  de  un  error sobre el elemento normativo de la tipicidad  “manifiestamente    contrario    a   la   ley”,  con  la  potencialidad  requerida  para  determinar el  comportamiento  del  sujeto agente, como se alega en el sub judice, evidencia el  debate  teórico que le subyace a esa problemática, el cual no es otro distinto  a  determinar  los linderos construidos en la dogmática penal entre tipicidad y  antijuridicidad,  para otorgar así el tratamiento que corresponde, ya sea el de  error de tipo o el de error de prohibición.   

Para  ilustrar  la divergencia planteada y,  consecuentemente,  la  trascendencia  de  sus  efectos  punitivos, es importante  recordar  que  la  distinción  entre  error  de  tipo  y error de prohibición,  irrelevante  desde  la óptica de las teorías del dolo, adquiere relevancia con  la  teoría  final  de  la  acción,  de  la  cual  se  deriva  la teoría de la  culpabilidad.   

En  las  teorías finalistas, el dolo está  compuesto  por  el  conocimiento  y  la voluntad de realizar la acción típica;  pero  el  conocimiento  está  restringido  a  los elementos constitutivos de la  infracción   penal   y   su   ubicación   sistemática   está   en   el  tipo  penal60;  mientras  que  el  conocimiento  de  la  ilicitud  de la conducta  pertenece  al juicio de reproche y su ubicación, dentro del sistema del delito,  es    la    categoría    de    la    culpabilidad61.   

Conforme  a  lo  anteriormente  expuesto,  resulta  relevante  constatar  en  el  acervo probatorio si obró o no el exjuez  VALOYES  PINO bajo  un  error  de  tipo  o un error de prohibición, por cuanto el  Código  Penal  actual  consagra  en  los numerales 10 y 11 del artículo 32, la  regulación  diferencial  a  la que aludía la doctrina, con evidente incidencia  punitiva, al consagrar en los siguientes términos:   

“Art.32.-No    habrá    lugar    a  responsabilidad penal cuando:   

(…)  

10.  Se obre en error invencible de que no  concurre  en  su  conducta un hecho constitutivo de la descripción típica o de  que   concurren  los  presupuestos  objetivos  de  una  causal  que  excluya  la  responsabilidad.  Si el error fuere vencible la conducta será punible cuando la  ley la hubiere previsto como culposa.   

Cuando el agente obre en un error sobre los  elementos  que  posibilitaría  un  tipo  penal más benigno, responderá por la  realización del supuesto de hecho privilegiado.   

11.  Se  obre  con  error invencible de la  licitud  de  su  conducta.  Si el error fuere vencible la pena se rebajará a la  mitad.   

Para  estimar cumplida la conciencia de la  antijuridicidad  basta  que  la persona haya tenido la oportunidad, en términos  razonables,  de  actualizar  el  conocimiento  de  lo injusto de su conducta.”   

En    efecto,    en   el   caso   sub  judice,  esta  Sala  verifica  que  la  defensa  del procesado en el desarrollo del  juicio   se   enfiló  a  desvirtuar  el  cargo  de  prevaricato  por  acción  endilgado  a ARSENIO     DE     JESÚS    VALOYES  PINO,  planteando  una  duda  razonable acerca de la  existencia    de    la    conducta    delictiva,    aduciendo    elementos  suasorios dirigidos a cuestionar  la  concurrencia en el acusado del ánimo consciente y voluntario de transgredir  la  ley. Hipótesis    que    reforzó    el    procesado    durante    la  práctica    de   la  diligencia   de   indagatoria   y   su  ampliación,  pretendiendo      demostrar      mediante  sus  dichos  que  actuó    determinado    por    una  errada    evaluación  jurídica   del  hecho.   

Empero,      también,  advierte con suficiente claridad esta  Corporación,  que  la solicitud del recurrente se fundamenta en la concurrencia  de  un  error  en  el  conocimiento  que  tuviera el entonces Juez Segundo Civil  Municipal   de   Quibdó   respecto   del   ingrediente  normativo  “manifiestamente  contrario a la ley”,  al  momento  de tramitar y proferir decisiones al interior del proceso ejecutivo  No.  2007-0284; mismo argumento defensivo que el Tribunal desestimó por la vía  de  un  error  de  tipo  con ocasión de la mención que hizo el profesional del  derecho   en los alegatos conclusivos respecto a la no probanza del dolo en  el  actuar  del  investigado y consideró, en gracia de discusión, que el mismo  era vencible.   

No  obstante,  esta  Sala  no  duda  que la  defensa   ha   hecho   referencia  a  un  error  de  prohibición,  pese  a  que  desacertadamente,   en   su   argumentación,   confunde  la  conciencia  de  la  antijuridicidad  del comportamiento, componente de la culpabilidad, con el dolo,  elemento del tipo subjetivo, pues señala:   

“si bien el Dr. Arsenio de Jesús se pudo  equivocar  en  cuanto  asumió competencia para conocer del proceso ejecutivo de  mayor  cuantía,  ello  no  lo  hizo  con  el  convencimiento de incurrir en una  actuación   ilícita,   en   cuanto   asumió   debía   ponerse   «la  toga  del Juez constitucional», al encontrarse frente a una  sentencia de Tutela desatendida por la Administración de Chocó.   

(…)  si  se  interpreta  la  actuación  del  Señor  Juez, cobijada en el marco de una norma  constitucional,  sobran  las amplias y precisas consideraciones expuestas por el  A   quo,   cuando   finalmente  concluye  que  atendiendo  la  cuantía  de  las  pretensiones,  el asunto se debió ventilar ante el Juzgado Civil del Circuito y  no  el  Civil  Municipal,  se insiste, porque en dicho ámbito hermenéutico, la  cuantía  no  es un factor de competencia tratándose de una actuación del juez  constitucional,  convicción  que siempre abrigó en su psique el Dr. Arsenio de  Jesús,  porque si se miran los artículos 27 y 25 del Decreto 2591 de 1991, que  contemplan  el  «  Incidente  de  cumplimiento  del  fallo»  y  el  segundo  «Incidente  de  desacato»,  no se define una regla de  derecho  para  el  trámite  y fijación de competencia en un caso de un proceso  ejecutivo  de  un  fallo de tutela y mucho menos, se delimita la competencia por  razón  de  la  cuantía,  situación  sui generis, que precisamente remedió el  Señor  Juez  al  tramitar  él  la  demanda  ejecutiva,  bajo  un procedimiento  ejecutivo.  Adicional  a  ello,  es  importante destacar, que el fallo de tutela  había  sido  proferido  por el Juzgado Primero Civil Municipal, sin embargo, el  cumplimiento  del  mismo, en caso de que pretendiéramos aplicar analógicamente  la  regla de competencia para la demanda ejecutiva conforme a lo normado por los  artículos  37  y  52  del  Decreto  2591  de  1991, en el sentido de que era la  primera  instancia  el  competente  para  su  ejecución,  no  aplicaba  para el  sublite,  porque  precisamente  en  auto  del  23 de enero del año 2006, el Dr.  Gonzalo  Bechara  Ospina se había declarado impedido al tenor del artículo 150  numeral     3º     y    9º    del    C.P.C.”62   

Fundamentó el profesional del derecho, en  debida  forma,  sus  alegaciones  en  las manifestaciones externas que el exjuez  plasmó   en   alguna   de   sus   decisiones,   las  cuales  se  predican  como  prevaricadoras,  y  que  ahora  trascribimos  con el fin de ilustrar el grado de  conocimiento  que  tuviera  el  aquí  procesado  sobre  los  elementos del tipo  consagrado   en   el   artículo   413   del   C.P.   y   la   ilicitud   de  su  conducta.   

Así  tenemos,  que  en  el  auto   interlocutorio  que  profirió  el  17  de  abril  del  2007,  decisión  mediante  la  cual  admitió  la  demanda presentada por EDISON    PARRA    MOSQUERA,   expresó:   

“Teniendo  en  cuenta  que  el documento  acompañado  SENTENCIA  DE  TUTELA  DE  SEGUNDA INSTANCIA 0062 DEL 20 DE MAYO DE  2002  reúne  las  exigencias del Art. 488 y 435 del C.P.C. al igual que el auto  de  fecha  Febrero  17 de 2.004 de la Corte Constitucional desarrollado del Art.  86  de  la  Constitución  Política  de  Colombia,  preceptos  esto  que  en su  integridad  radica  la  competencia  a  este  despacho judicial por tratarse del  ejercicio  de una acción constitucional de carácter especial, lo que motiva al  mismo   para   admitir   la  demanda  y  librar  el  respectivo  mandamiento  de  pago.   

Teniendo en cuenta el documento acompañado  resulta  a  cargo  del  demandado  una obligación, clara, expresa y actualmente  exigible    de   pagar   una   cantidad   líquida   de   dinero.”63   

Y  en  la  sentencia  que profirió el 3 de  septiembre del referido año, contempló en la parte motiva:   

“Sin lugar a dudas el proceso que hoy nos  convoca  a  hacer un pronunciamiento de fondo tuvo su origen en el conflicto que  se  suscitó  entre las partes a saber, la señora NANCY DEL CARMEN BELTRAN y la  GOBERNACIÓN  DEL  DEPARTAMENTO  DEL CHOCÓ entidad que se responsabilizó de la  obligación  que nació de la Extinta CONTRALORÍA DEPARTAMENTAL DEL CHOCO, acto  este  que expresamente se encuentra demostrado en el proceso, como igualmente se  vislumbra  en  principio el Incumplimiento de parte del demandado, como también  es  claro  para este juzgador que presuntamente que entre las partes (DEMANDANTE  DEMANDADA)  , existe un NEGOCIO SUBYACENTE, materializado en un Acuerdo de Pago,  producto  de  la  existencia  de  una  orden  judicial,  naciente  de Sentencias  Ejecutoriadas  especialmente  la  T-062 del 20 de octubre de 2002, es destacarse  que  tanto el Acuerdo de Pago como la sentencia antes aludida, ponen de presente  la  existencia de una obligación a cargo de cada uno de los actores (DEMANDADO)  y  su cumplimiento será determinado por los puntos o clausulas acordada en él,  lo  que  le otorgaría a la parte que cumpla lo pactado, la facultad de acudir a  la  jurisdicción  ordinaria  para  obtener  una  declaración  favorable  a  su  pretensión,  es  por  ello  que hoy nos encontramos  dando  aplicación  a  aquel  principio en virtud del cual nos permite reconocer  que  los Jueces, estamos instituidos en aras de mantener el equilibrio del grupo  social,  hacer  un pronunciamiento en lo que en derecho corresponde,  lo  que  nos hace presumir en principio que el incumplimiento fue  de  la  parte  demandada, lo anterior en los términos edificantes de la demanda  del   señor   EDISON   PARRA   MOSQUERA,   donde   aquel   pretende   demostrar  ”64   

Los  motivos  que  tuvo  el  acusado  para  incurrir  en  conducta  típica,  concuerdan  con  lo expresado en su diligencia  injurada, pues en ésta dijo:   

“el  presente  proceso  (2007-284),  se  desarrolla  dentro  del  contexto  no  de  proceso ordinario, sino de un proceso  especial  sui  generis, que deviene del artículo 86 de la Constitución, el que  hace  referencia  a  la  famosa  acción de tutela; la que por obvias razones me  abroga  competencia  como  juez  constitucional,  y que en desarrollo de ella me  permite  adoptar  todas las medidas pertinentes y necesarias para hacer efectivo  el  derecho  fundamental  que  ha sido objeto de protección (mínimo vital), el  que   subyace   de   dos  consecuencias:1-Por  naturaleza  del  asunto  (derecho  fundamental   antes  referido,  sin  consideración  a  la  cuantía),  con  las  consecuencias  de que para efectivizar el derecho fundamental protegido se pueda  realizar  dos  actuaciones  independiente y no excluyentes, a saber. 1- mediante  el  famoso  desacato  que  trata el artículo 52 del decreto 2591 del año 1991,  que  es  la  actuación  coercitiva  que se dirige en contra del funcionario que  omite  el  cumplimiento  de  la  orden  impartida; y el proceso ejecutivo u otra  acción  que  signifique  la  efectividad  del  derecho  positivo  que se dirige  afectando  el  patrimonio  de  la  entidad que en efecto se dirige la acción de  tutela,  tal como aconteció en el caso presente.- Ese mismo decreto autoriza en  el  artículo  3º Que esa acción de amparo debe apoyarse o conciliarse con las  distintas  normas  de  la  ley  positiva  vigente  (sustancial y procedimental),  que  no  se puede perder de vista la efectividad del  derecho   sustancial   (satisfacción   del  derecho  protegido,   el  cual  no  era  diferente  que,  pago,  conciliando  las  normas  sustanciales  civiles  y  procedimental  a  la  norma  superior.-frente  al caso  presente,  tenemos  que,  se  acompaña  como documentos que constituyen mandato  ejecutivo,  los  siguientes:  La sentencia de tutela 062 del 20 de mayo de 2002,  el  acuerdo de pago suscrito entre el doctor RAFAEL ENRIQUE FIGUEROA LOZANO y el  doctor  WILLIAM  HALABY CORDOBA, del 31 de octubre de 2002, el auto Nro.795.-Con  respecto  a  la  pregunta, de si no se insertó como tal exigencia de ley de que  se  trata  de  la primera copia, para la misma tengo para expresarles, que no es  cierto,  por  lo siguiente: Que esto sea materia de verificación en el cuaderno  original   que obra en el Juzgado Segundo Civil Municipal; pues en el mismo  obra  auto  proveniente  del Juzgado Único Civil del Circuito de Quibdó, en el  que  se  manifiesta  lo  siguiente:  «…  que la sentencia objeto del presente  proceso  por  anexarse  en fotocopia, se autentica el contenido de la misma; que  es  la  primera copia que se expide a solicitud del interesado y que la misma se  encuentra  ejecutoriada…»  … 2- Aceptando en gracia de discusión que dicha  irregularidad  se  hubiese  «permitido»,  se  convalida  con  un acto procesal  posterior  de  las  partes,  cuando  en  ejercicio de su derecho de disposición  presentan  acuerdo  al  contexto generalizado de los actos y hechos sustanciales  del proceso.-   

Lo  que  motivó que se profiriera auto de  mandamiento  ejecutivo  Nro.  0972,  fue  lo  siguiente:  Sentencia de tutela de  segunda  Instancia  Nro. 062 del 20 de mayo de 2002, Acuerdo de pago incumplido.  Básicamente  esos  dos  documentos,  los  que interpretados en integración del  artículo  86  de la C.N. 488 del Código de Procedimiento Civil y el auto de la  Corte  Constitucional  del  17  de  febrero  de  2004,  el  que  avala  el  juez  constitucional,  o  sea  el  juez  especial,  para  lograr  la satisfacción del  derecho  fundamental  objeto  de  protección,  puede  no  solo  realizar  actos  coercitivos  con  ocasión  del  incidente  de  desacato, sino también que debe  acudir  al  ejercicio  de  las otras acciones que permitan satisfacer el derecho  fundamental  que  fue  objeto de protección, entre ellos, la acción ejecutiva,  que  tiene como consecuencia de que es una acción preferente en lo que respecta  a  la  medida  cautelar,  es decir, que no estará sujeta a sometida a turno con  respecto  a  las  otras acciones o medidas cautelares que se adelanten contra el  mismo   demandado   o   accionado,   por   ser   una   acción   sui  generis  o  especial…”65   

La    particular   interpretación   de  ARSENIO    DE   JESÚS   VALOYES   PINO  respecto de las normas constitucionales  que  consagran  la  acción  de tutela, la legislación especial que la regula y  las   consideraciones   del   alto   tribunal   constitucional,  fue  replicada,  posteriormente,   en   la   ampliación   de   indagatoria,  en  las  siguientes  palabras:   

“el objeto de solicitud de ampliación de  la  presente  diligencia  se  centra  en  dos  hechos  estructurales, que buscan  puntualizarle  a  la  fiscalía a cerca de: primero, el valor de la liquidación  correspondiente  a  las  acreencias en virtud del proceso ejecutivo… y segundo  aspecto   tratar   el   tema   relacionado  con  la  competencia   del   suscrito  para  haber  tramitado  dicho  proceso.   …   como   reiterar   en  esta  diligencia  que  actuamos   en   ejercicio   de   juez   constitucional  especial  en  desarrollo  de  la acción de tutela…jamás     actuamos     como     juez    ordinario    porque  su  competencia corresponde a otro funcionario e incluso en  la  actualidad  cursan  procesos ejecutivos de las personas que aparecen en esta  relación  obrantes  al  folio  80  en la justicia contenciosa administrativa…  nuestra  actuación  se circunscribió a iniciar ese  proceso   ejecutivo  que  se  alimentó  de  decisiones  judiciales  basadas  en  sentencias  de  tutelas  por  cuanto se daban los presupuestos para tramitar tal  acción  y  además  porque  era  el único mecanismo que contaba la multitantas  veces  mencionada señora… por segundo aspecto nos permitimos hacer referencia  al  siguiente  interrogante,  cual  base  jurídica  que  tiene el despacho para  tramitar  el  proceso  ejecutivo  con  fundamento en fallo de acción de tutela,  este  interrogante  lo  resolvemos  de  la  siguiente  manera, que la acción de  tutela  es  un  mecanismo especial con una específica misión de protección de  derechos  fundamentales,  para  lo  cual  le  impone  de  quien actúa como juez  constitucional  la obligación de reconstruir el derecho fundamental que resulta  fracturado,     adoptando     todas    las    medidas    pertinentes…  para  lo  cual cuenta con aristas como: incidente de desacato,  que  en  ocasiones  comprometen y se hace extensivo a diferentes situaciones que  han   de ser verificadas por el juez de tutela incluidas dentro de estos si  ello  hubiese merito inclusive de realizarse actos propios de liquidación… el  incidente  de  desacato  procede contra el funcionario que es renuente… lo que  en  ocasiones produce un desgaste e ineficacia del mecanismo constitucional como  sucedió   en  el  caso  presente,  pues  obsérvese  que  [en]  espera  de  dar  cumplimiento  al  fallo  de tutela se promovió varios incidente de desacato del  juzgado   1º    y   2º  municipal  e  incluso  adoptándose   medidas   sancionatoria   contra  el  gobernador  JULIO  IBARGUEN  MOSQUERA,  por parte del suscrito, que fue revocada en  segunda  instancia,  lo que reafirma la aseveración  en  el  sentido es que el mecanismo constitucional se torna ineficaz porque este  recae  sobre  el  funcionario  renuente, en ara de tal  situación  se produce por parte de la corte constitucional el auto Nro. 010 del  17  de  febrero de 2004, el que ya compromete no al funcionario renuente sino al  juez  constitucional  en  el sentido de que le impone la obligación de utilizar  todos   los   instrumentos   legales  para  satisfacer  el  derecho  fundamental  protegido,  los  instrumentos  legales que le da o que tiene el derecho positivo  vigente  incluido el proceso ejecutivo[. Q]ue es esta  providencia  la  que  en  conjunto con otra decisión de la corte constitucional  estudiada  integralmente  la que le advierten al juez que conoció de la acción  de  tutela  el  compromiso  de  ser  él el que debe recomponer el telón de los  derechos  constitucionales  fundamentales  que  fueron  objeto  de protección e  incluso  en  pronunciamientos  recientes auto 024 sino  estoy  mal  es  de  2008  o  2009,  el  que  le impone al juez constitucional la  prohibición  de  declararse incompetente para conocer de una acción de tutela,  cuando  sobrevengan  causales  de  impedimento  y  recusación,  igualmente como  expuse  anteriormente  dejo  a disposición del despacho la providencia que esta  diligencia      he      hecho      mención.”66(Subrayas  fuera  del  texto  original)   

Las  intervenciones  procesales del acusado  que  acaban  de  transcribirse,  y la parte motiva de sus proveídos, evidencian  que  el  recurrente  confunde en su censura al fallo condenatorio, los conceptos  de  error  de  tipo y error de prohibición; como consecuencia de ello, alega la  no   demostración   del   elemento   doloso,   al  tiempo  que  acepta  que  el  exjuez   sabía  que  sus  decisiones  no se compadecían con lo previsto en la legislación procesal civil  y,   pese   a   ello,   decidió   realizar  la  conducta  típica  por  suponer  equivocadamente  que  ello le estaba permitido por los mandatos “superiores”  contenidos  en  la  Constitución  Política  y  la  directrices interpretativas  emanadas  de  la  Corte  Constitucional,  atinentes  a salvaguardar los derechos  fundamentales,  privilegiando  el  derecho sustancial sobre el meramente formal.   

Empero, también evidencia la Corte que las  referidas  inquietudes del impugnante dirigidas a cuestionar la concurrencia del  ánimo  consciente  y voluntario de transgredir la ley por parte del acusado, no  consiguen   su   propósito,   pues  lejos  de  cualquier  discusión  sobre  la  multiplicidad          de         irregularidades         advertidas,  lo  cierto  es  que  la  legislación  procesal  civil  de  manera simple y llana prevé cual debe ser la actuación de  un  juez  cuando le presentan una demanda ejecutiva, normatividad que no exigía  ningún  tipo  de  valoración  sino una mera constatación entre los documentos  presentados  y  las  disposiciones que regulan la materia, revisión que el juez  en forma evidente desconoció.   

Cómo  dejar  de advertir el comportamiento  consciente  y  voluntario  a cargo del acusado, cuando a pesar de la simplicidad  de  los  temas  relativos:  al  i) factor competencia en la presentación de una  demanda  ejecutiva;  ii)  la  acreditación  de  los requisitos formales de toda  demanda;  iii)  las  exigencias  para colegir la existencia de cualquier título  valor,  hizo  caso  omiso a tales requerimientos y prefirió declarar probada la  existencia   de  unas  obligaciones  económicas  inexistentes  a  cargo  de  la  Gobernación del Chocó.   

Y   como   si   lo   anterior   resultara  insuficiente,  una  vez proferida la ilegal sentencia, en forma caprichosa optó  por  aprobar  la exorbitante liquidación de las acreencias laborales presentada  por  el demandante, todo con el fin de que se materializara el cuantioso pago en  favor de terceros.   

Para  esta  Sala, no resultan de recibo los  planteamientos  elevados  por  el  defensor  al  argumentar  que su representado  actuó  determinado  por  el  erróneo convencimiento de tener la potestad de un  juez  constitucional,  y  que  habría  salido  del  mismo si la parte demandada  hubiera  accionado  los  correctivos  legales,  tales  como las excepciones o la  solicitud de nulidades.   

De  cara  a  tan  inusitado  planteamiento,  resulta  necesario recordar que la inadmisión o el rechazo de la demanda no son  actuaciones  discrecionales  de  los  funcionarios judiciales, pues justamente a  través  de  tales  facultades  direccionan  la  idoneidad  de las controversias  planteadas  en  la  jurisdicción  civil.  De  allí  que resulte inadmisible el  planteamiento  defensivo  en  cuanto a pregonar que a su asistido se le condenó  con  fundamento  en la responsabilidad objetiva al no haberse probado el dolo en  su actuar.   

Es  bajo  tal  entendimiento  que  la Corte  encuentra  debidamente  acreditados  los  presupuestos  subjetivos  que exige el  delito  de  prevaricato  por acción pues plenamente demostrado se encuentra que  ARSENIO    DE    JESUS   VALOYES   PINO  actúo con el conocimiento y la voluntad  dirigidos  a  infringir  la  ley  procesal  civil, al librar mandamiento de pago  contra  la  Gobernación  del  Chocó,  y  proferir  sentencia  contrariando los  requisitos  exigidos, sin que concurra en su favor ningún tipo de circunstancia  que  legitime su actuar doloso, pues contrario a lo sugerido por su defensor las  calidades   profesionales   del  exfuncionario  y  el  cargo  que  ostentaba  lo  acreditaban plenamente para actuar conforme a derecho.   

Respecto a la justificante planteada por el  procesado,  esto  es,  que asumió el conocimiento del proceso en su función de  juez  constitucional,  necesario  es  acotar  que  ésta  carece  de  un soporte  probatorio y legal.    

Lo  anterior,  se  explica  al analizar las  pruebas  recolectadas  por  el  delegado  de la Fiscalía durante la inspección  judicial  practicada  al  Juzgado Primero Civil Municipal de Quibdó67, con las que  se  evidencia  que  quienes  conocieron  del  incidente  de desacato68,  fueron el  titular  del referido Despacho judicial y el Juez Civil del Circuito de Quibdó;  no   así   el  Juzgado  Segundo  Civil  Municipal;  sumado  a  que  la  señora  NANCY  BELTRAN había cedido  en  venta  sus  acreencias  al  señor  EDISON  PARRA  en   un  momento  previo  a  instaurarse  el  proceso  ejecutivo 2007-284.   

En  lo  atinente  al  contexto  legal, como  quiera  que  la  problemática  puesta  en conocimiento del funcionario judicial  hacía  referencia  a  unas obligaciones previamente declaradas como existentes,  pero  que  para ese momento no habían sido satisfechas, debió discernir si las  mismas  cumplían  o  no  las  exigencias  del  artículo  488  del  Código  de  Procedimiento  Civil  para ser demandadas ejecutivamente; sin entrar analizar la  relación    jurídica   subyacente   a   aquellas69,  pues al desviar su estudio  hacia   ese   tópico   desconoció  la  normatividad  procesal  relacionada  con la naturaleza jurídica de los títulos valores y sus  efectos  en  materia  probatoria,  convirtiendo  el  juicio  ejecutivo en uno de  carácter  declarativo,  lo  que  le  estaba vedado aún invocando facultades de  Juez Constitucional.   

Es  importante  aclarar  que  no se discute  aquí  que  en  presencia  de  una  vulneración a los derechos fundamentales la  jurisdicción  constitucional  podrá  intervenir  en procura de restablecerlos,  por  cuanto  la  carta política así lo ordena de manera expresa en la referida  norma,  al  consagrar  la  acción  de tutela como el más efectivo mecanismo de  protección  de  los derechos constitucionales; empero, por esa vía expedita no  puede  encausarse  toda aquella problemática que un particular plantee ante una  instancia  judicial  en procura de obtener la satisfacción de sus pretensiones,  pues  así  lo  contempla  el  artículo 6º de la regulación mencionada en los  siguientes términos:   

“ARTICULO  6o. CAUSALES DE IMPROCEDENCIA  DE LA TUTELA. La acción de tutela no procederá:   

1.  Cuando existan otros recursos o medios  de  defensa judiciales, salvo que aquélla se utilice como mecanismo transitorio  para  evitar  un  perjuicio  irremediable.  La existencia de dichos medios será  apreciada  en  concreto,  en cuanto a su eficacia, atendiendo las circunstancias  en que se encuentra el solicitante.   

2. Cuando para proteger el derecho se pueda  invocar el recurso de habeas corpus.   

3.  Cuando  se  pretenda proteger derechos  colectivos,  tales como la paz y los demás mencionados en el artículo 88 de la  Constitución  Política.  Lo anterior no obsta, para que el titular solicite la  tutela  de  sus  derechos  amenazados  o violados en situaciones que comprometan  intereses  o  derechos  colectivos  siempre que se trate de impedir un perjuicio  irremediable.   

4.  Cuando  sea evidente que la violación  del  derecho  originó  un  daño consumado, salvo cuando continúe la acción u  omisión violatoria del derecho.   

5.  Cuando  se trate de actos de carácter  general,   impersonal   y   abstracto.”   (Subrayas   por   fuera   del  texto  original).   

Así  las cosas, el acusado debió advertir  que  la  figura  de la cesión mediante venta del crédito no permite transferir  todos  los  derechos  a  quien  lo  compra,  incluyendo  las acciones jurídicas  tendientes  al  cumplimiento  de la tutela. Razón por la cual carece de asidero  la postulación defensiva analizada en este acápite.   

ii)  Peculado por apropiación a favor de terceros.   

Considerado  un  ilícito  de  resultado,  eminentemente  doloso  cuya  descripción  típica tiene la siguiente estructura  básica:  i)  Tipo  penal  de  sujeto  activo calificado, para cuya comisión se  requiere  la  calidad  de  servidor  público en el autor, aspecto que no ofrece  ningún  tipo  de  controversia  y,  ii) Que se abuse del cargo o de la función  apropiándose  o permitiendo que otro lo haga de bienes  del  Estado o de empresas o instituciones en que éste tenga parte o de bienes o  fondos  parafiscales,  o de bienes de particulares cuya  tenencia  o  custodia  se  le  haya  confiado  por  razón o con ocasión de sus  funciones.   

La  adecuación  típica  del  delito  del  peculado  por  apropiación  a favor de terceros en su aspecto objetivo surge en  razón    a   que   en   su   condición  de  Juez  Civil  Municipal,  el acusado desarrolló      actos     de     disposición  jurídica   sobre   bienes   del   Estado    en    el    trámite   de   un  proceso  en  el  que  se  arrogó  jurisdicción y  competencia  sin tenerla,  que  le  implicaron  adoptar  decisiones  dirigidas  a  disponer de tales bienes o recursos estatales.   

Sobre   el  alcance  de  la  disposición  jurídica   que   se   exige   en   tal   conducta   delictiva,   la   Corte  ha  señalado:   

“En el entendido de que la relación que  debe  existir  entre  el  funcionario  que  es  sujeto  activo de la conducta de  peculado  por  apropiación  y  los  bienes oficiales puede no ser material sino  jurídica  y que esa disponibilidad no necesariamente  deriva  de  una  asignación de competencias, sino que basta que esté vinculada  al  ejercicio  de un deber funcional, forzoso es concluir que ese vínculo surge  entre  un  juez y los bienes oficiales respecto de los cuales adopta decisiones,  en     la     medida    en    que    con    ese    proceder    también    está  administrándolos.  Tanto  es  así que en sentencias  judiciales  como  las  proferidas por el implicado en los procesos laborales que  tramitó  ilegalmente,  dispuso de su titularidad, de manera que sumas de dinero  que    estaban    en    cabeza    de   la   Nación   (FONCOLPUERTOS–Ministerio  de  Hacienda  y Crédito  Público),  pasaron al patrimonio de los extrabajadores de la Empresa Puertos de  Colombia  y  del abogado que los representó, siendo indiscutible que el acto de  administración  de  mayor envergadura es aquel con el cual se afecta el derecho  de                    dominio.”70         (Subrayado fuera del texto original).   

Con   las   labores   de   investigación  adelantadas    por   la   Fiscalía   General   de   la   Nación,   se   logró  establecer:   

“la  obligación  total  (capital  más intereses moratorios) de la señora NANCY DEL  CARMEN  BELTRAN  PALACIOS,  al  5  de junio de 2007 ascendían a la suma de CIEN  MILLONES   SETECIENTOS   CINCO   MIL   CUATROCIENTOS   SETENTA   Y  SIETE  PESOS  ($100.705.477),  que  el  total  cancelado  por el Departamento del Chocó en el  proceso  2007-0284  fue de DOSCIENTOS SESENTA Y TRES MILLONES QUINIENTOS SETENTA  Y  DOS MIL SETECIENTOS CUARENTA Y CUATRO PESOS ($263.572.744), lo que arroja una  diferencia  o un mayor valor pagado de CIENTO SESENTA Y DOS MILLONES OCHOCIENTOS  SESENTA     Y     SIETE     MIL     DOSCIENTOS    SESENTA    Y    SIETE    PESOS  ($162.867.277)”71   

Luego    la    suma   de   $162.867.277.00,  corresponde  a  los  dineros que estaban en cabeza del Departamento del Chocó y  pasaron  en  forma  indebida  a  manos de un tercero, con total menoscabo de las  arcas públicas.   

La  enunciada suma de dinero ordenada en su  sentencia  por  el  aquí  acusado,  a  favor  del demandante, fue efectivamente  pagada  por  la  Gobernación del Chocó, lo que generó un detrimento al erario  público.   

En   otras   palabras,  el  exfuncionario  instrumentalizando  su  función  judicial  dispuso el desfalco de bienes en los  que  tiene  participación  el  Estado  al adelantar de manera ilegal el proceso  ejecutivo  No. 2007-00284, con  documentos  que  no  soportaban  una  obligación  clara,  expresa y actualmente  exigible,  lo  que  produjo un considerable menoscabo a los recursos económicos  asignados al Departamento del Chocó.   

Ahora  bien, contrario a lo afirmado por el  impugnante,  no  se  demostró  que  el  exjuez VALOYES  PINO  actuara  determinado por la errónea valoración  jurídica  de  estar ejerciendo facultades propias de juez constitucional y, por  tanto,  que  su  conducta al estar dirigida a restablecer derechos fundamentales  quebrantados,  no  podía  ceñirse  al  tenor literal de la normatividad civil,  pues  basta  observar  que  en  las  decisiones  por él proferidas el 3 y 17 de  septiembre  de 2007, al negar la excepción de “pago  de   la   obligación”  presentada  por  la  entidad  territorial  y  aceptar la liquidación aducida tanto por el ejecutante como por  la  parte  demandada, respectivamente, dio aplicación exegética a la normas de  derecho procesal civil, al expresar:   

“se acompañó  como  prueba  documental  unos  actos administrativos, que no dan certeza que se  ordenó  un  pago,  pero desconoce el despacho si esa orden se materializó o se  hizo  efectiva,  dicho  en  otras  palabras,  las entidades de Derecho Público,  soportan  sus pagos a través de unos actos previos dentro de los que están las  Resoluciones,  pero el pago se realiza mediante CHEQUE, el cual es depositado en  una  cuenta  o  se  realiza  su  entrega  al  destinatario,  en  nuestro caso el  apoderado   del   Demandante,   aun   teniendo   en   cuenta   que  [en]  ella actuó apoderado judicial, de  manera  pues  que la prueba o soporte idóneo para desvirtuar la pretensión del  demandante  no  es  la aportada pro al parte demandada al proceso, razón por la  cual  sostiene  el  despacho  que,  la excepción consignada en el artículo 784  Numeral  7  del  C.Co.,  lo  que nos permite recordar que en materia de Pago, el  Código  de  Comercio  de manera clara y precisa nos indica que sin perjuicio de  lo  estipulado  en  el artículo 624 del Código de Comercio el que Advierte que  si  la  obligación  contenida  en  un  título  o  documento es pagado debe ser  devuelto  a quien realice el pago o en su defecto se expida un certificado donde  conste  su  realización  ,  acto  este último que si es predicable de la parte  demandada,  pues  al ella realizar sus pagos debió conservar los documentos que  soportaron  y  demuestren  ese  pago  (Cheque)  o recibo de consignación… nos  preguntamos  entonces si el demandando pagó la obligación en su totalidad como  el  trata  de resaltar porque no se anexo al escrito de contestación de demanda  un  comprobante  o  recibo donde constara tal pago, aseveración esta que debió  haber  sido  demostrada  por  el  demandado porque en esta radica la carga de la  prueba”72.   

El   elemento   suasorio   precitado   es  demostrativo  de  la existencia del elemento subjetivo exigido por el tipo penal  consagrado  en  el  artículo 397 de la Ley 599 de 2000; así como, del grado de  conocimiento  del  acusado  sobre  la  antijuridicidad  de su actuar, puesto que  evidencia  que  la  conducta  del  entonces  titular  del  Juzgado Segundo Civil  Municipal  de  Quibdó  estuvo  dirigida  a  generar  un provecho al demandante,  lesionando  las  garantías procesales de la parte demandada, puesto que estando  en  plena  posibilidad de hacerlo, no ordenó la práctica de pruebas en orden a  obtener  certeza sobre el cumplimiento o no de la obligación, antes de proceder  a    negar    la    excepción    de   mérito   presentada   por   la   entidad  departamental.   

El ente acusador en el sub judice dentro de  sus  labores  investigativas  ofició  a la entidad FIDUAGRARIA con el objeto de  constatar  si  la  Gobernación  del  Chocó  había  o no cancelado el referido  crédito,  obteniendo  como  respuesta  el 11 de mayo de 2009, que se efectuaron  “pagos  por  valor  de  $845.016.848.00 a favor del  doctor  RAFAEL  ENRIQUE FIGUEROA LOZANO en representación de sus apoderados (ex  funcionarios  de la Contraloría), con ocasión del acuerdo de pago suscrito por  éste  con  el  Gobernador  del  Chocó  para el cumplimiento de la sentencia de  tutela   No.0062   del   20   de  mayo  de  2002”73.   

Luego,  entonces,  en  lo  atinente  a  la  culpabilidad,   los   referidos   elementos   suasorios,  evidencian  el  ánimo  jurídicamente   desaprobado  de  ARSENIO  DE  JESÚS  VALOYES  PINO de faltar a la fidelidad al derecho, pese  a  tener la capacidad de reaccionar normativamente, de serle exigible adecuar su  conducta a derecho.   

En  suma, los elementos subjetivos exigidos  por  los  tipos penales consagrados en los artículos 413 y 397 de la Ley 599 de  2000,  se  encuentran  plenamente demostrado existieron en el comportamiento del  inculpado.  Igualmente,  se  constató  que  su  actuar  fue  antijurídico,  al  quebrantar  los  intereses tutelados de la protección  del    patrimonio    del   Estado   y   el   correcto   funcionamiento   de   la  administración74   

; al incurrir en  las  conductas  ilícitas de prevaricato por acción y peculado por apropiación  a favor de terceros, respectivamente.   

También  se  verificó  la  conciencia  de  antijuridicidad del  procesado   al   momento   de  desarrollar  los  mencionados  injustos  penales,  reprochándosele  el que en  su  condición  de  titular  del  Juzgado Segundo Civil Municipal de Quibdó, al  tramitar  proceso  no  sometido  a  su  jurisdicción y competencia, desarrolló  actos  de  disposición  jurídica  sobre  bienes  estatales  que comportaron la  apropiación  de  recursos  por  parte  de  terceros que no ostentaban derecho a  obtenerlos.   

De  manera  que  se  encuentran  cabalmente  cumplidos   todos   los  requisitos  para  declarar  penalmente  responsable  al  procesado  VALOYES PINO como  autor  de  tales  delitos, conforme a los presupuestos exigidos por el artículo  232 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

CONFIRMAR   la  sentencia   proferida   el   29   de   junio   de   2012   contra   ARSENIO    DE    JESUS   VALOYES   PINO,  exjuez  Segundo  Civil  Municipal  de  la  mencionada  ciudad,  en la que el Tribunal Superior de Quibdó lo declaró autor responsable  de  los  delitos  de peculado por apropiación a favor de terceros y prevaricato  por acción.   

En  firme  esta providencia, devuélvase el  expediente al Tribunal de origen.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

   

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                         FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                                         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios 2,3 y 4 del cuaderno anexo No.2.   

2 Folio  4 del Cuaderno original No.1.   

3  Afirmó  el  exjuez:  “se  acompañó  como  prueba  documental  unos  actos  administrativos,  que  no dan certeza que se ordenó un  pago,  pero  desconoce  el  despacho  si  esa  orden  se  materializó o se hizo  efectiva,  dicho  en otras palabras, las entidades de Derecho Público, soportan  sus  pagos  a  través  de  unos  actos  previos  dentro  de  los que están las  Resoluciones,  pero el pago se realiza mediante CHEQUE, el cual es depositado en  una  cuenta  o  se  realiza  su  entrega  al  destinatario,  en  nuestro caso el  apoderado  del  demandante…  la  excepción  consignada  en  el  artículo 784  Numeral  7  del  C.Co.,  lo  que nos permite recordar que en materia de Pago, el  Código  de  Comercio  de manera clara y precisa nos indica que sin perjuicio de  lo  estipulado  en  el artículo 624 del Código de Comercio el que Advierte que  si  la  obligación  contenida  en  un  título  o  documento es pagado debe ser  devuelto  a  quien  ”.Folios  72  a 75 del cuaderno  anexo No.2.   

4 Folio  82 del Cuaderno anexo No.2.   

5 Folio  85 del cuaderno anexo No.2.   

6 Poder  otorgado  por el gobernador del Chocó al señor JACKSON VARGAS CAICEDO el 13 de  septiembre  de  2007  ante la Notaría Segunda del Círculo de Quibdó. Folio 83  del Cuaderno anexo No.2.   

7 Folio  86 del Cuaderno anexo No.2.   

8 Folio  88 del Cuaderno anexo No.2.   

9 Folio  93 del Cuaderno anexo No.2.   

10  Folio 5 del cuaderno anexo No.2.   

11  Folios 279 a 292 del cuaderno original No.2.   

12  Folio 417 a 452.   

13  Folio 473, resolución del 5 de mayo de 2010.   

14  Folio 542   

15  Cuaderno anexo que consta de 43 folios.   

16  Conforme  a  lo  dispuesto  a los acuerdos No. PSAA11-8331 y No. PSAA11-8827 del  2011,  emanados de la Sala Administrativa del Concejo Superior de la Judicatura.   

17  Folio 129   

18  Folio 133   

19  Folio 134   

20  Folio 154.   

21  Folio 139.   

22  Folios 139 y 140.   

23  Folios140   a   143.   Agrega   el   Tribunal:  “la  legislación  civil  de manera simple y llana prevé cual debe ser la actuación  de  un  juez  cuando  le  presentan  una  demanda ejecutiva, normatividad que no  exigía  ninguna  valoración  prolija  sino  una  mera  constatación entre los  documentos  presentados  y  las  disposiciones que regulan la materia, revisión  que el juez en forma evidente desconoció”.   

24  Folio 166 y 168.   

25  Folio 8.   

26  Anexo No.5.   

27Folio 14 y 15.   

28  “entendido         como         «aquellos  casos  en  los  que  uno simplemente no sabe si hay que  aplicar  o  no  la  regla,  y  el  hecho  de  que  uno  no sepa, no se debe a la  ignorancia  de  los  hechos…  cómo el modo de  razonar   del   Tribunal   de   primer   grado,  se  acompasa  con  la  doctrina  Kelseniana de la «completitud del derecho», y no la  doctrina     de     la    «Indeterminación    del  derecho»,  porque  creen  que  siempre  existe regla  jurídica  aplicable  al caso concreto, cuando de suyo, la realidad señala todo  lo    contrario,    de    allí    que    acudiendo    Hart,   la   resolución    del    caso,    sólo    es   posible   «saliendo»  fuera  del sistema jurídico, en este caso, fuera del  proceso             civil”28.Folios    11    y    12.   

29“si  bien  el Dr. Arsenio de Jesús se  pudo  equivocar en cuanto asumió competencia para conocer del proceso ejecutivo  de  mayor  cuantía,  ello  no  lo hizo con el convencimiento de incurrir en una  actuación   ilícita,   en   cuanto   asumió   debía   ponerse   «la  toga  del  Juez constitucional», al encontrarse frente a una  sentencia     de     Tutela    desatendida    por    la    Administración    de  Chocó.” Folio 14.   

30  Folio 13 y 14.   

31  Folio 16.   

32  Folio 17 a 18.   

33  Folio  31.  Agregó  el  recurrente:  “no se logró  demostrar  interés  alguno del acusado en favorecer al particular en punto a la  apropiación    del    dinero,   a   lo   sumo,   se   estructura   una   figura  culposa.”   

34  Folio 33.   

35  Folio 33.   

36  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 27 de julio  de 2011, radicación 35656.   

37  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia  del 27 de  septiembre de 2002, radicación 17680.   

38  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de 13 de julio de  2006, radicado No. 25627.   

39  Folio 31 del cuaderno original No.1.   

40  Folios 31 al 45 del cuaderno original No.1.   

41 El  contador  EYLIN  DE  JESÚS  BORJA MORENO, quien declaró el 14 de abril de 2010  que  “hizo  una  proyección  de  los  sueldos  que  debería  haber pagado a esas personas esa fecha de liquidación con base en los  salarios  de  ese  entonces  de  los empleados de la contraloría” Folios 468 y 469.   

42  Folio 242 del cuaderno de incidente de desacato.   

43  Tal  como  se  hace  constar  a  folios 192 a 193 del  cuaderno original No.1; as 55 a 62 del cuaderno anexo No.2.   

44  Folio 4 del Cuaderno original No.1.   

45  Afirmó  el  exjuez:  “se  acompañó  como  prueba  documental  unos  actos  administrativos,  que  no dan certeza que se ordenó un  pago,  pero  desconoce  el  despacho  si  esa  orden  se  materializó o se hizo  efectiva,  dicho  en otras palabras, las entidades de Derecho Público, soportan  sus  pagos  a  través  de  unos  actos  previos  dentro  de  los que están las  Resoluciones,  pero el pago se realiza mediante CHEQUE, el cual es depositado en  una  cuenta  o  se  realiza  su  entrega  al  destinatario,  en  nuestro caso el  apoderado  del  demandante…  la  excepción  consignada  en  el  artículo 784  Numeral  7  del  C.Co.,  lo  que nos permite recordar que en materia de Pago, el  Código  de  Comercio  de manera clara y precisa nos indica que sin perjuicio de  lo  estipulado  en  el artículo 624 del Código de Comercio el que Advierte que  si  la  obligación  contenida  en  un  título  o  documento es pagado debe ser  devuelto  a  quien  ”.Folios  72  a 75 del cuaderno  anexo No.2.   

46  Folio 82 del Cuaderno anexo No.2.   

47  Folio 85 del cuaderno anexo No.2.   

48  Poder  otorgado por el gobernador del Chocó al señor JACKSON VARGAS CAICEDO el  13  de  septiembre  de  2007  ante  la Notaría Segunda del Círculo de Quibdó.  Folio 83 del Cuaderno anexo No.2.   

49  Folio 86 del Cuaderno anexo No.2.   

50  Folio 88 del Cuaderno anexo No.2.   

51  Folio 93 del Cuaderno anexo No.2.   

52  ARTICULO   134-B.   COMPETENCIA   DE   LOS   JUECES  ADMINISTRATIVOS  EN  PRIMERA INSTANCIA. Los Jueces Administrativos conocerán en  primera  instancia  de  los  siguientes  asuntos:7.  De  los procesos ejecutivos  originados      en      condenas      impuestas     por     la     jurisdicción  contencioso-administrativa,  cuando  la  cuantía  no  exceda  de mil quinientos  (1.500) salarios mínimos legales mensuales.   

53  ARTÍCULO 19. DE LAS CUANTÍAS. Cuando la competencia  o  el  trámite  se determine por la cuantía de la pretensión los procesos son  de  mayor,  de  menor  y  de  mínima  cuantía. Son de mínima cuantía los que  versen  sobre pretensiones patrimoniales inferiores al equivalente a quince (15)  salarios  mínimos legales mensuales; son de menor cuantía los que versen sobre  pretensiones  patrimoniales comprendidas desde los quince (15) salarios mínimos  legales  mensuales,  inclusive,  hasta  el  equivalente  a noventa (90) salarios  mínimos  legales  mensuales;  son  de  mayor  cuantía  los  que  versen  sobre  pretensiones  patrimoniales  superiores a noventa (90) salarios mínimos legales  mensuales.   

El  valor  del  salario mínimo mensual al  cual  se  refiere  el  presente  artículo,  será  el que rija al momento de la  presentación de la demanda.   

54  Roxin,  Claus,  Derecho Penal, Parte General, Tomo I, Fundamentos. Estructura de  la  Teoría  del  Delito,  Civitas,  1997.  §  10,  num.  88,  págs. 319 – 320  “Según  la concepción actual, la realización del  tipo  presupone  en  todo  caso y sin excepción tanto un desvalor de la acción  como  un desvalor del resultado. Es verdad que la configuración del desvalor de  la  acción  puede  ser  diferente  según  la  forma,  requerida  en  cada caso  concreto,  de dolo o de imprudencia, de tendencia y de cualidad de la acción, y  que  también  el  desvalor  del  resultado  se configura de modo distinto en la  consumación  o  en  la tentativa, en la lesión o en la puesta en peligro; pero  el  injusto  consiste  siempre  en  una  unión  de  ambos,  pues incluso en los  llamados  delitos  de mera actividad (cfr. nm. 103 ss.), como el allanamiento de  morada  (§  123), existe un resultado extemo, aunque el mismo es inseparable de  la acción”.   

55  Muñoz  Conde, Francisco, Derecho Penal, Parte General, 2ª. ediciones Tirant lo  blanch,  Valencia 1996, Págs. 31 – 32 “En cualquier  tipo  de  sociedad, por primitiva que ésta sea, se dan una serie de reglas, las  normas     sociales,    que    sancionan    de    algún    modo    –segregación,  aislamiento, pérdida  de     prestigio    social,    etc.–  los  ataques  a  la  convivencia. Estas normas sociales forman el  orden  social.  Históricamente  éste  orden social se ha mostrado por sí solo  como  insuficiente  para garantizar la convivencia. En algún momento histórico  se  hizo  necesario un grado de organización y regulación de conductas humanas  más  preciso  y  vigoroso. Nace así, secundariamente, la norma jurídica que a  través  de  la  sanción  jurídica se propone, conforme a un determinado plan,  dirigir,  desarrollar  o  modificar el orden social. El conjunto de estas normas  constituye  el  orden  jurídico.  Titular de este orden jurídico es el Estado,  titular  del  orden  social  de  la  sociedad.  Tanto  el  orden social, como el  jurídico  se  presentan como un medio de represión del individuo y, por tanto,  como  un  medio violento, justificado sólo en tanto sea un medio necesario para  posibilitar la convivencia…”.   

“…La  norma jurídica penal constituye  también  un sistema de expectativas: se espera que no se realice la conducta en  ella  prohibida  y  se espera igualmente que, si se realiza, se reaccione con la  pena en ella prevista…”   

56  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 15 de julio  de 2009, radicación 31780.   

57  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia  del 15 de  noviembre de 2000, radicación No. 14815.   

58  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 27 de julio  de 2011, radicación 35656.   

59  “La   antijuridicidad   no  se  convierte  en  una  circunstancia  del  hecho porque esté señalado en la ley, la más de las veces  de  modo  superfluo  (por ejemplo, en los parágrafos 123 /4, 239, 240, 246,303,  etc.)   sino   que   permanece   como  valoración  del  tipo.  Las  expresiones  «sin  autorización»    o  «sin estar autorizado para  ello»,   son   denominaciones    lingüísticas   de   la   antijuridicidad;   y   «válida   jurídicamente         »,         «conforme    a    derecho         »,         «         competente»,             «no        autorizado»,             «sin  el permiso de la autoridad o bien  de   la   policía   »,  «        sin  autorización»,   son  características  especiales  de  la  antijuridicidad,  a  las que el legislador  innecesariamente  recurre al momento de configurar el tipo penal.”  WELZEL  Hans,  DERECHO  PENAL  ALEMAN,  PARTE  GENERAL,  11ª  Edición,  Editorial Jurídica  Chile, Páginas 134 y 135.    

60  Cfr.  MEZGER,  EDMUND,  Modernas orientaciones de la dogmática jurídico penal,  1950.  Traducción  de  Francisco  Muñoz  Conde,  Valencia, Editorial Tirant lo  Blanch, 2000.   

61 En  palabras  de  WELZEL,  autor  de  esta  teoría, “La  antijuridicidad  de  la  acción no es nunca una circunstancia del hecho… sino  siempre   una   valoración   del   tipo…   por   eso,  la  conciencia  de  la  antijuridicidad  de  la  acción  no  pertenece al dolo del tipo, sino que es un  momento    de    la    culpabilidad,   de   la   reprochabilidad.”,  en  página  235,  “Derecho  Penal Alemán. Parte genera l”,  11ª  Edición,  1970.  Traducción Juan Bustos Ramírez y Sergio Yánez Pérez,  Santiago   de   Chile,   Editorial   Jurídica   de   Chile,   1970.   

62  Folio 14 y 15   

63  Folio 95 del cuaderno original No.1   

64  Folio 118 del cuaderno original No.1   

65  Diligencia  de  indagatoria  3  de  diciembre  de  2009 folio 281 a 292 del C.O.  No.2.   

66  Folios 316 al 328 del cuaderno original No.2.   

67  Diligencia  de  Inspección  practicada  el 1 de marzo de 2010, obrante a folios  345 y s.s.   

68  Folios 135 y 136.   

69  Los procesos judiciales de  ejecución.   parten   de   la   exhibición  ante  la  jurisdicción  civil  de  un título  ejecutivo,  esto es, la obligación clara, expresa y  exigible,  contenida  en documentos que provengan del deudor o de su causante, y  que constituyan plena prueba contra él (Art. 488 C. de P.C.)   

70  Sentencia del 6 de marzo de 2003, Radicado 18.021.   

71  Informe   No.2073,   aclaración   al   dictamen  pericial  rendido  en  informe  0772.   

72  Folio 73 a 75 del cuaderno anexo No.2.   

73  Folio 192 del cuaderno original No.1.   

74  En  tal  sentido,  existen  una  serie  de  intereses  concretos  que  no necesariamente por el hecho de estar inmersos en el genérico  bien   jurídico   de  la  administración  pública,  pierden  su  identidad  o  autonomía  de  cara  a la intencionalidad del legislador al tipificar conductas  que  reporten  violación  a  esos  intereses.  Por  ejemplo,  el  peculado, que  propende  por  la  protección  del patrimonio del Estado; el de concusión, que  protege  la  legitimidad  del  ejercicio  del  poder estatal; el de celebración  indebida  de  contratos,  que  vela por la transparencia de la contratación; el  tráfico  de  influencias,  que  censura  atentados  contra  la independencia de  servidores  públicos;  el  cohecho, que propende por la absoluta igualdad en la  prestación  del servicio público; el prevaricato, que sanciona los agravios al  incorrecto  funcionamiento de la administración; entre otros, son muestra de la  presencia   de   particulares   intereses   que  diferencian  uno  u  otro  tipo  penal.”   Corte   Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Sentencia Única de Juzgamiento del 27 de septiembre de 2012,  radicación No. 37322.     

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