39970(20-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.51  

Bogotá  D.C., veinte (20) de febrero de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de la procesada SANDRA MÓNICA BEDOYA  DÍAZ,  contra  la  sentencia de segundo grado de 31 de mayo de 2012 mediante la  cual  el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de Ibagué-Tolima, confirmó la que  profirió  el  Juzgado  Trece Penal Municipal de la misma ciudad, por cuyo medio  la  condenó,  conjuntamente  con  Diana  Mildred  Romero Herrera y Julio César  Cardozo Perdomo, como coautores del delito de estafa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  juzgador de segunda instancia así:   

“PEDRO  LUIS CASTRO acudió a ‘COMBEIMA    TOURS   LTDA’,  ubicada  para  ese  entonces  en la  carrera  4 N° 11-52 de Ibagué, con el propósito de comprar un plan turístico  para  Cartagena.  En  dicha  empresa  fue atendido por una pareja, DIANA MILDRED  ROMERO  HERRERA  y  JULIO  CÉSAR  CARDOZO PERDOMO, que le ofreció un plan para  cuatro  personas,  todo  incluido,  por  un  valor de $3.800.000,oo para hacerse  efectivo  del  8  al  12 de enero de 2006. Manifiesta el denunciante que el 6 de  septiembre  de  2005 hizo un abono en cuantía de 700 mil pesos, el 3 de octubre  abonó  un  millón  de  pesos,  pero  para el 27 de octubre siguiente encontró  cerrado  el  local,  y  luego  de ubicar a la representante legal de la empresa,  MONICA  BEDOYA,  le  manifestó que ella no había recibido ese dinero y que por  eso no podía responder”.   

La   Fiscalía   General  de  la  Nación  abrió    formal    investigación    y    vinculó    a    través   de   indagatoria   a   SANDRA  MÓNICA  BEDOYA  DÍAZ  y  Diana Mildred Romero Herrera, en  tanto  que  declaró  persona ausente a Julio César Cardozo Perdomo.  Al  no ser  imperioso  resolverles  la  situación  jurídica  conforme  con  la  normatividad  penal   adjetiva  de  2000,  al  momento  de calificar el mérito sumarial,  mediante  providencia  de 14  de   noviembre   de  2007  les    profirió   resolución     de     acusación     por     el    delito    de    estafa            (atenuada  por  no  superar  la cuantía los diez salarios mínimos  legales      mensuales      vigentes),    decisión    que    adquirió    firmeza    el    29  de julio de  2008  ante  su  confirmación  por  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante el  Tribunal.   

La fase del juicio  la     adelantó     inicialmente    el    Juzgado    Noveno    Penal   Municipal   de   Ibagué,  pero  correspondió  al  Despacho  Trece   de   la   misma  categoría   y  ciudad  surtir  la  audiencia  pública  y  emitir  sentencia   el  24  de  abril  de  2012  al   condenar    a  SANDRA  MÓNICA  BEDOYA  DÍAZ,  Diana Mildred Romero  Herrera     y     Julio     César    Cardozo    Perdomo    como    coautores   del   delito   objeto   de  acusación,          a         las            penas  de catorce  (14)  meses  de prisión y multa de dos (2)  salarios  mínimos  legales  mensuales, así como a la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas   por  el  mismo  lapso   de   la  sanción  aflictiva  de  la libertad,  concediéndoles    la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

En   virtud   del  recurso  de  apelación  interpuesto  por  los  defensores  de  los  tres procesados, el Juzgado Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Ibagué  a  través de sentencia de 31 de mayo de 2012  confirmó  la condena, razón por la cual insiste la apoderada de SANDRA MÓNICA  BEDOYA  DÍAZ  al  impugnar  extraordinariamente tal proveído con la respectiva  demanda de casación, de cuya admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Tras     invocar    el    “artículo   181-3   de   la   Ley   906   de  2004”, postula un cargo   

por violación indirecta de la ley sustancial  debido a defectos en la apreciación de la prueba indiciaria.   

En  criterio  de la libelista, de los hechos  indicadores   no  podía  deducirse  la  responsabilidad  de  su  asistida  como  determinadora del delito de  estafa,  aunque  en  el  fallo  no se precisó en qué calidad actuó, por ello,  refuta  los siguientes indicios que dice haber avizorado porque judicialmente no  fueron identificados:   

Primero:   Su  defendida  como  Subgerente de la agencia de viajes tomó la decisión de cerrar  dicha empresa.   

Según la recurrente, para tal conclusión se  partió  de  un  supuesto equívoco al no haber tenido ella el dominio del hecho  embaucador   ya   que   no   tuvo   contacto   directo   o   indirecto   con  el  ofendido.   

Señala así que hay solución de continuidad  entre  el  hecho  indicador consistente en que la decisión de cerrar la empresa  era  parte  del iter criminis  y  la  estafa,  al  no  advertirse  la inducción en error desplegada por SANDRA  MÓNICA hacia el denunciante.   

Segundo:   Ella  incumplió las obligaciones contraídas con el denunciante.   

Aduce que también tal conclusión se basa en  un  supuesto  inexistente  al  no  haber pactado su asistida directamente con el  afectado, porque los que lo hicieron fueron los otros procesados.   

Tercero:  Mediante  una  treta  se  concertó  con  los  otros incriminados para obtener un provecho  económico ilícito.   

Rebate  que  no está demostrada esa empresa  criminal,  ni  hay  ingredientes  objetivo  o subjetivo para predicar que SANDRA  MÓNICA    indujo    en    error    al    ofendido   utilizando   artificios   o  engaños.   

Cuarto:   El  ardid  consistió  en  mantener  la fachada de la agencia de viajes cuando desde  antes  de  vender  el  plan  turístico sabía que no era posible cumplir por el  cierre   de   la   agencia,   el   cual  efectivamente  se  dio  en  octubre  de  2005.   

Tilda de indicio inconducente y erróneamente  valorado,  porque  ella  no  se comprometió con el perjudicado, ni recibió los  dineros,  puesto  que  fueron  sus  empleados  quienes incluso crearon un recibo  apócrifo con un número que no correspondía a algún original.   

Quinto:   Los  procesados  callaron la verdad deliberadamente respecto de la real situación de  la agencia de viajes.   

Para  el  impugnante  tal  afirmación sólo  puede  relacionarse  con  los  otros  dos enjuiciados, pues fueron ellos quienes  recibieron  el  dinero y le aseguraron a PEDRO LUIS CASTRO el cumplimiento de su  viaje.   

Sexto:  Si  bien  SANDRA  MÓNICA  aseguró   desconocer la negociación, llevaba un estricto  control  de recibos de pagos extendidos a los clientes.   

Reprocha   que   precisamente   cuando  el  denunciante  fue  a  reclamarle a su representada, ella se dio cuenta de que los  recibos  de  pago no eran originales, estaban escaneados y no estaba su firma en  los mismos.   

Séptimo:   SANDRA  MÓNICA  predicó la falsedad de los recibos entregados al ofendido  por  parte  de  sus  empleados  Diana Romero y Julio César Cardozo y como en su  poder  estaban  los  originales  dados  a  otros  clientes  debió allegarlos al  proceso.   

Señala  que  ella  explicó  que el número  original  del  recibo  había sido expedido a los alumnos del colegio San Simón  de Ibagué siendo imposible la recuperación de dicho documento.   

Octavo:   Diana  Romero   confirmó  que  el  millón  de  pesos  lo  recibió  directamente  del  denunciante  y los restantes setecientos mil los recibió Julio César y que por  eso   no   había   duda   de   que   los  tres  procesados  se  apoderaron  del  dinero.   

Califica   de   indicio   inconsistente  e  inverosímil    ya    que   fueron   los   empleados   quienes   recogieron   el  dinero.   

Noveno:   Diana  Romero  aseguró  haberle  informado a SANDRA BEDOYA acerca del millón de pesos  dejándoselos en un cajón en la oficina.   

En  concepto  de la demandante también este  indicio  es  débil  ya  que  Diana  Romero admitió que conjuntamente con Julio  César se lucraron lo cual fue producto de la maniobra engañosa.   

En   este   orden,   aduce   que   no  hay  concatenación  entre  la  prueba  circunstancial  y  que  se  predicó  para su  defendida  una  simple  responsabilidad  objetiva,  violando  la  presunción de  inocencia  por el comportamiento de otros cuando el compromiso penal es personal  e intransferible.   

Por  último,  señala que como el artículo  184-3  de  la  Ley  906  de  2004  le permite a la Corte Suprema tener en cuenta  causales  de  casación diferentes a las alegadas por el demandante en este caso  es  perfectamente  posible  una  casación  oficiosa,  para  que  superados  los  defectos   del   libelo   su   defendida   sea   exonerada   de  responsabilidad  penal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Lo  primero  que  se advierte es el      error     de     la impugnante  al  invocar  disposiciones  de  la  Ley  906 de 2004,  cuando  por  la  época  y  el territorio en que acaecieron los hechos no podía  aplicarse    el    sistema   de   procesamiento   acusatorio   propio    de   tal   preceptiva,  sino, como  en  efecto  lo  fue, los lineamientos de la Ley 600 de  2000.   

Y aunque ese desacierto no sería de entidad,  porque  en  últimas  la  causal  elegida  de  violación  indirecta  de  la ley  sustancial  guarda correspondencia con la prevista en este último ordenamiento,  no  sucede  lo mismo con la falta de argumentación relacionada con la casación  discrecional,  ya  que  por  la  punibilidad  prevista para el delito en estudio  debió plantear el recurso a través de esa excepcional vía.   

Evidentemente,  como se está ante un delito  de  estafa  atenuada, dado que la cuantía no superó los diez salarios mínimos  legales  mensuales,  que  según  el  inciso final del artículo 246 del Código  Penal  prevé  una pena que oscila entre uno (1) a dos (2) años de prisión, al  no  encajar  tal quantum en el exigido para la casación ordinaria (superior   a  ocho  años  de  prisión),  debió  optar por alguna de las dos vertientes que hacen viable la intervención  de  la  Corte:  ora por el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de los  derechos  fundamentales,  precisando  en  todo caso por              qué  era necesario el  criterio  de  autoridad  de  la  Corporación  acerca  de una determinada figura  jurídica  o la urgente unificación o actualización de la jurisprudencia, o la  restauración  del agravio de alguna garantía procesal que le fuera vulnerada a  la procesada.   

Esa  precariedad  demostrativa  también  se  patentiza  cuando la defensora ataca la prueba circunstancial al señalar que la  conclusión  judicial  fue  desacertada,  porque  se  queda  vacua su postura en  cuanto  no acredita cómo el juzgador en su apreciación se apartó de las leyes  de  la  ciencia, los principios de la lógica o las reglas de la experiencia que  revele  la  irracionalidad  del  juzgador  en el proceso intelectivo, ni explica su  trascendencia  en  la  decisión  impugnada, y menos señala cual debió ser una  correcta  interpretación  y  su imbricación con los  restantes      indicios      o      elementos     de     convicción.   

La Corte desde tiempo atrás respecto de los  indicios   ha   precisado   que  ante  su  compleja  construcción  —ya  que  mediante un proceso lógico  deductivo,  a  partir  de  una  regla de la experiencia y la comprobación de un  hecho    indicador,    se    infiere    la    existencia   de   otro—,  la denuncia en casación de yerros  probatorios  debe  ser  muy clara acerca del momento o paso en el cual recae: en  los  medios  demostrativos de los hechos indicadores, la inferencia lógica o el  proceso  de  valoración  conjunta  al apreciar la articulación, convergencia y  concordancia  de  los  varios indicios entre sí, o entre éstos y las restantes  pruebas.   

En  este  caso,  la  defensora alejada de la  técnica  casacional  esboza  su  discrepancia  con  la valoración probatoria y  conclusiones  de  los  juzgadores  pero  sin  evidenciar  con  nitidez  el yerro  judicial,  enfrentando  su  criterio  a  la  fuerza  de convicción del material  probatorio.   

En ese orden, fracciona indebidamente varios  aspectos,  pasando  por  alto que el fallador de manera concatenada analizó que  el  ardid  desplegado  se  advertía  cuando,  como  lo aclaró la propia SANDRA  MÓNICA,  la decisión de cerrar la agencia de viajes se adoptó en los meses de  julio  y agosto de 2005, en tanto que en septiembre y octubre incautamente PEDRO  LUIS  CASTRO  acudió  allí  para  adquirir  un  plan  turístico entregando el  dinero,   en   tanto   que   el   cierre   de  la  empresa  se  dio  en  octubre  siguiente.   

Ahora, el compromiso penal de SANDRA MÓNICA  construyó  también  a partir de las manifestaciones de la otra procesada Diana  Mildred  Romero  cuando  enfatizó que efectivamente aquella les dio la orden de  seguir  ofreciendo  paquetes turísticos y recibiendo dinero y que pese a que se  iba  a  cerrar  la  empresa se siguió atendiendo al público, precisando que el  millón  de  pesos  que  recibió  de  manos de PEDRO LUIS CASTRO lo dejó en el  cajón  de  la  oficina  en  el  que  siempre  lo depositaba para que su jefe lo  retirara  en  las  horas  de  la  noche,  de  ahí  que  el  juzgador concluyera  que:   

“…no   se   trató   de   un   simple  incumplimiento  contractual sino que, desde antes de efectuar la negociación en  sí  misma,  ya  los  procesados  conocían del cierre de la agencia de viajes y  bajo  ese  marco  aparentaron, simularon que sí se ejecutaría en el futuro ese  plan  turístico y convencieron al cliente de hacer unos abonos. Lo que entonces  estaba  pagando  PEDRO  LUIS  CASTRO  era  inexistente,  pues  su  viaje  le fue  programado  desde  septiembre  de 2005 para ser realizado en enero de 2006 y los  procesados,  desde  antes  de esa negociación, esto es, desde julio y agosto de  2005  sabían  que  la  empresa  cerraría,  lo  que  a la postre se cumplió en  octubre de 2005”.   

Aunque la demandante deslinda varios sucesos  para  predicar  nueve indicios, no demuestra que el nexo de determinación entre  los  hechos  indicadores  y los indicados es irracional, ilógico o improbable o  que  las razones esbozadas por los falladores no son de común ocurrencia, mucho  menos   se  ocupó  de  atacar  el  conjunto  de  indicios,  ni  reparar  en  la  convergencia  entre ellos para denotar que daban lugar a múltiples conclusiones  y  derruir  así  toda la base de convicción del fallador, con lo cual deja sin  demostración el cargo.   

En suma, se advierte que el desarrollo de la  denuncia  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial no consulta los  fundamentos  lógicos y de argumentación para probar la existencia de yerros de  entidad  capaces de modificar la decisión de condena, deficiencias que llevan a  no  admitir  el libelo de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de la  Ley 600 de 2000.   

Finalmente,  la  Corte  no observa con ocasión del trámite procesal  o  en  el  fallo  impugnado  violación de derechos o garantías de los   procesados   como  para  que  se  hiciera  necesario  el  ejercicio  de  la  facultad legal oficiosa que le asiste  a  la  Corporación a fin  de    asegurar    su    protección    en  los  términos  del  artículo 216 del Código de Procedimiento  Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO          ADMITIR            la       demanda            de          casación       interpuesta      por     la  defensora   de   SANDRA  MÓNICA  BEDOYA  DÍAZ,  de  acuerdo  con  las  razones  anteriormente anotadas.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ            

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                 

MARÍA  DEL  ROSARIO                       GONZÁLEZ                       MUÑOZ        GUSTAVO         ENRIQUE         MALO        FERNÁNDEZ            

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                        JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                                                             

                                             JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                         NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

                                                          Secretaria   

    

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