39691(10-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 454   

Bogotá D.C., diciembre diez (10) de dos mil  doce (2012).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   del   procesado   JAVIER  EDUARDO  TORRES.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.   En  la  madrugada  del  30  de  septiembre  de 2001, en la escuela de la vereda Curacas,  perteneciente  al  municipio  de  Mercaderes  (Cauca),  donde  se  celebraba una  fiesta,  se  presentó  una  pelea  entre varios hombres. Se inició adentro del  lugar  y  continuó  afuera.  En  desarrollo  de  la misma JAVIER EDUARDO TORRES  agredió  con  arma  cortopunzante a Hermes Arleyo Guerrero Santacruz y a Carlos  Enrique  Martínez  Arrubla.  El  primero  falleció  a  causa  de  las heridas.   

2.  Al  proceso,  iniciado  el  6  de diciembre de 2001, fue vinculado mediante indagatoria JAVIER  EDUARDO  TORRES,  a  quien  la  Fiscalía,  tras  la  resolución  de situación  jurídica,  acusó el 6 de abril de 2004 por los cargos de homicidio y tentativa  de homicidio. Esta decisión quedó en firme el 27 siguiente.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el 13 de agosto de 2008 el Juzgado Penal del Circuito de Patía (Cauca)  condenó  al  acusado  a 15 años de prisión, inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso y al pago de 180 salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, por concepto de perjuicios morales: 150 a  favor  de los perjudicados con el homicidio y 30 a favor de los afectados con la  tentativa de homicidio.   

4.  El  defensor  apeló  ese  pronunciamiento  y el Tribunal Superior de Popayán, por intermedio  de  la  sentencia  recurrida  en casación, dictada el 28 de marzo de 2012,  lo confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA:  

Expresó  el casacionista en el único cargo  presentado     que     a     causa    de    “falso  razonamiento”,  el juzgador aplicó indebidamente el  artículo  103  del  Código  Penal  y  dejó  de  aplicar  de la misma obra las  disposiciones 24 y 105.   

La prueba de la culpabilidad, en su criterio,  se  concretó  en las propias manifestaciones del procesado ante la Fiscalía, a  través  de  las  cuales  confesó  su autoría “pero  expresó   que   su   finalidad   jamás   fue   ultimar  o  atentar  contra  la  vida” de las víctimas.   

El  altercado,  según  se  demostró  en la  investigación,  no lo originó JAVIER EDUARDO TORRES, quien antes de los hechos  no  tenía  enemistad  con  los  agredidos.  Según las reglas de la experiencia  “se  pudiera  inferir  que esa riña hubiera sido el  medio para saldar cuentas”.   

Se acreditó en el grado de certeza, de otra  parte,   que   TORRES  “solamente  contaba  con  una  pequeña  navaja” con la cual produjo “una  herida en sus víctimas”. Del empleo  de   ese   “pequeño  elemento  material”,  conforme  a  la  experiencia,  “se  podía  inferir  que  TORRES  no  deseaba darle muerte o atentar contra aquellas  personas,  por  cuanto  que  así  lo hubiera idealizado, en lugar diferente y a  solas,  perfectamente  les  habría  asestado  una pluralidad de lesiones en sus  humanidades  y además utilizado armas mayormente letales, tales como cuchillo o  armas  de fuego”. Si una navaja, según lo enseña la  experiencia,  “no es usada para causarle la muerte a  otro”,  se  equivocó  el  juzgador  al  razonar  en  sentido   adverso   y   estimar   que   “ese  hecho  indicador”  comprobaba  el  dolo  de  matar  en  la  conducta.   

Tras los sucesos, ningún familiar de Hermes  Arleyo  Guerrero  o  de  Carlos  Enrique  Martínez  formuló  denuncia. De esta  circunstancia,  también  según  las  reglas  de  la experiencia, se deduce que  “no  estimaban  que  el  accionar  de JAVIER EDUARDO  TORRES  hubiera  estado  dirigido  a  asesinar  y  atentar contra la vida de sus  allegados”.   

Adicionalmente,  se  probó en la actuación  que   el   procesado   cursó   hasta  3º  de  primaria  y  eso  significa  que  “era   una   persona   de   precario   conocimiento  educativo”.   Una   vez   más,  de  acuerdo  a  la  experiencia,   era   inferible,   “por   ese   solo  hecho”, que “no tenía la  capacidad  intelectual  para  saber expresamente en dónde se hallaba ubicada la  zona  abdominal”  de  las víctimas. Las instancias,  entonces,   “erraron  al  razonar  contrariamente  y  estimar  que  ese  hecho indicador era prueba para determinar que la conducta de  TORRES  había  sido  dolosa, inferencia que constituye una violación a la sana  crítica,  por  vulneración  flagrante  de  la regla de experiencia”.   

No se tuvo en cuenta, precisó el censor, la  confesión  de  su  representado  ni  “las expresadas  circunstancias    antecedentes,    concomitantes    y    posteriores    a    los  hechos”,   que   acreditaban  con  certeza  que  la  intención  de  TORRES no fue causar la muerte sino lesionar y, en consecuencia,  conducían  a  concluir  que  los  delitos  por  él  cometidos fueron homicidio  preterintencional y lesiones personales.   

El  modo  de  razonar  del Tribunal, en fin,  “desbordó   las  leyes  de  la  lógica  y  de  la  experiencia   que   deben   tenerse  en  cuenta  al  apreciar  las  pruebas  del  proceso”.  Le  solicita  el  defensor a la Sala, por  tanto,  que  case  la sentencia y condene a su defendido por los hechos punibles  antes mencionados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  El  recurso de  casación,  como  en  muchas  oportunidades  lo  ha señalado la Sala, no es una  tercera  instancia  del  proceso  penal  ni un escenario apto para desaprobar de  cualquier   manera   las   conclusiones   de   la   sentencia   o   el  trámite  procesal.   

El    mismo1  está limitado a los posibles  errores  susceptibles  de  cometerse  en un proceso, los cuales se sintetizan en  los  motivos  legales  que  lo  hacen  procedente,  para  el  presente  caso los  previstos  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, con sujeción al cual el  defensor presentó la demanda.   

Si  la  legalidad  de  la  sentencia  está  condicionada  a  una  actuación  surtida  con  observancia del debido proceso y  respeto  de  los  derechos  fundamentales  de  las  partes,  las irregularidades  lesivas  de  la  estructura procesal o de esas garantías hacen parte del objeto  del  recurso  extraordinario  y,   de  acuerdo  a como lo tiene definido la  Corte,  deben  plantearse  individualmente si son varias las ocurridas (teniendo  en   cuenta  que  el  orden  lo  determina  la  capacidad  invalidatoria  de  la  irregularidad),   definiéndose  en  cada  caso  el  tipo  de  vicio  denunciado  –de   trámite   o   de  garantía—,  el carácter  sustancial  del  mismo,  el  momento  procesal  desde  el cual se debe anular el  proceso   y   la   razón  por  la  cual  es  necesario  acudir  a  ese  remedio  extremo.   

Las  demás  incorrecciones  susceptibles de  discutirse  en  casación  están  vinculadas  al  contenido  de  la  sentencia,  probatorio y jurídico.   

Al examinar los medios de prueba el juzgador  puede  incurrir  en  errores de hecho o de derecho. Los primeros ocurren si deja  de   apreciar  pruebas  válidas  que  obran  en  el  proceso  o  supone  medios  demostrativos  (falso  juicio  de  existencia),  cuando  tergiversa su contenido  haciéndoles  decir algo que objetivamente no dicen (falso juicio de identidad),  o  al  apreciarlas  con  desbordamiento de las reglas de la sana crítica (falso  raciocinio).  Y  los  segundos,  si  toma en consideración pruebas inválidas o  tiene  como  tales  pruebas  válidas (falso juicio de legalidad) o  estima  que  la  prueba  tiene  tarifa  legal,  no  teniéndola, o estando sujeta a ella  desconoce  el  valor  o la eficacia probatoria asignada por la ley (falso juicio  de convicción).   

En todos esos casos la eventual violación de  la  ley  sustancial  es  indirecta  pues  se  produce  a través del yerro en la  apreciación  probatoria  y  es  deber  de  quien la postula precisar el tipo de  error,  identificar  la  modalidad  y  acreditarlo,  sin  soslayar  la  carga de  demostrarle  a  la  Corte  que  si  no se hubiese presentado la orientación del  fallo   habría   sido   distinta,   lo   cual   equivale   a   desvirtuar   sus  fundamentos.   

Pero  si  es  el  contenido  jurídico de la  sentencia  el   objetado  por  el  recurrente,  le está vedado discutir la  apreciación  probatoria  porque en esa hipótesis la transgresión de la ley es  la  consecuencia  directa  de un error estrictamente de derecho, originado en la  aplicación  indebida de la norma sustancial, en su falta de aplicación o en su  interpretación errónea.   

Por fuera de las comentadas irregularidades,  previas  al  fallo  o  derivadas  de  él,  resulta  improcedente  el recurso de  casación  y  por  tal  razón  es importante para el sujeto procesal demandante  entender  la  lógica  del  proceso, reflejada toda ella en las causales legales  dispuestas  para  la  utilización del medio de impugnación extraordinario, las  cuales,  a  diferencia  de  como  se  piensa,  no sugieren la idea de un recurso  técnico  y  hostil   a  la realización de sus propias finalidades sino de  uno  que  en  atención  a su naturaleza rogada exige un mínimo de precisión y  coherencia  en  la manera de la presentación del caso al Tribunal de Casación,  ante  el  cual  no  puede  venirse  con  vaguedades  o  a buscar  análisis  probatorios  de  instancia,  sino  con  la claridad suficiente para expresar con  toda  naturalidad  qué  error  trascendente  cometió el juzgador y aportar los  argumentos pertinentes para persuadir acerca de su ocurrencia.   

Comprender lo anterior llena de contenido la  exigencia      legal      de      “claridad     y  precisión”  en  la  enunciación  de  la  causal de  casación  invocada en la demanda y en la formulación del cargo, prevista en el  artículo  212-3  del  Código  de Procedimiento Penal de 2000 e insatisfecha de  forma    manifiesta    en    el    presente    caso   en   la   única   censura  presentada.   

2. En el reproche,  ciertamente,   el   casacionista  ni  siquiera  aludió  a  los  argumentos  que  fundamentaron  la  sentencia  recurrida  y  mucho menos consiguió acreditar que  estuvieron  determinados  por  un  error probatorio trascendente, sin el cual el  fallo  habría  sido  absolutorio  o más favorable al procesado. Se limitó, en  realidad,  a  decir  su  lectura de algunos medios de prueba y a subrayar que el  propósito   de  su  representado  frente  a  las  dos víctimas, según lo  expresó    él   mismo   en   su   indagatoria,    fue   lesionar   y   no  matar.   

Aparte de que esa no es la manera de plantear  ante  la  Corte  un debate en casación, que no es tercera instancia del proceso  penal  como se sabe, es manifiesto para la Sala que no son reglas de experiencia  las  que  a  juicio  del  defensor  dejaron  de  observar  los  juzgadores en la  valoración de los medios de convicción.   

En  efecto: las personas se agreden no sólo  “para saldar cuentas” por  el  hecho  de  una enemistad anterior; el menor tamaño de un arma cortopunzante  en  manera  alguna,  por  sí  mismo,  lleva  a  descartar el dolo de matar; las  personas  también  matan  con  armas así, pues son idóneas para hacerlo, y es  evidente,  porque  la  realidad  lo  enseña de tal forma, que cuando alguien se  decide  a  quitar  la  vida  a  otro,  no necesariamente se oculta o propina una  pluralidad   de   heridas   o  utiliza  un  cierto  tipo  de  arma  y  no  otra.  Adicionalmente,  que  los  familiares  de  una  víctima  omitan  denunciar a su  agresor  no  traduce  que  éste  sea  inocente o culpable de una conducta menos  grave  y  el bajo nivel de escolaridad de una persona mal puede llevar a deducir  que  desconoce  dónde  queda  el abdomen y mucho menos que de una herida en ese  lugar puede sobrevenir la muerte.   

En razón del cargo presentado, entonces, no  hay  lugar  a admitir la demanda. Tampoco es procedente casar de oficio el fallo  pues  no se advierte quebrantamiento alguno de los derechos fundamentales de los  sujetos procesales que deba ser remediado por la Sala.   

Por  lo expuesto, la Sala de Casación Penal  de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor  del  procesado  JAVIER EDUARDO  TORRES.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                             FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO       ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                      JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                                                   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  .  Así  lo  sostuvo  la  Corte  en  el auto de casación del 14 de febrero de 2006  (radicación  23.639)  y  se  recordó  en  el  del  14  de  septiembre  de 2009  (radicación 32.126).     

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