39588(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE  CASACIÓN  PENAL   

         

Magistrado Ponente:  

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

Aprobado  acta N°  382   

Bogotá,  D.  C.,  diecisiete  (17)        de        octubre     de     dos    mil    doce  (2012).   

V    I   S   T   O  S   

La   Sala   se  pronuncia       sobre       los       presupuestos       de      lógica y debida fundamentación  de  la demanda de casación presentada  por  el  apoderado  del  procesado Carlos Javier Santa  Ruiz,  en  contra  del fallo del 17 de abril de 2012,  por   medio   del   cual   el   Tribunal   Superior  de  Antioquia  confirmó  la  condena  impartida  en  primera instancia en        contra       de  aquel,  como  autor  de la conducta punible de acceso  carnal   abusivo   con   menor   de   catorce  años.   

H E C H O S  

Luz Estela Arenas Rueda denunció  que su sobrina Paola Andrea Arenas Alcaraz, de 25 años    de    edad,   desarrolló   actos  tendientes    a    que    la   hija   de   aquella,  K.J.A.R.,    de    13  años,   sostuviera   encuentros   sexuales  con  el  señor  Carlos Javier Santa  Ruiz,  por  los  cuales  la  menor  recibió    una  importante  cantidad de dinero. Los encuentros sexuales se llevaron a cabo el 17  de    diciembre   de   2005,   en   la   ciudad   de  Medellín,  a  donde  la  niña viajó   en  compañía  de  su  prima  Arenas  Alcaraz  y  el  9  de  enero  de  2006,  en el municipio de Santafé       de      Antioquia.      Por      el      primero,    la   menor   recibió   $1.000.000   y   $100.000   por   el  segundo,  sumas   que  finalmente  aprovechó        la        ‘promotora’  Paola  Andrea Arenas Alcaraz, quien  fuera   sentenciada   de   manera   anticipada   por   el   delito  de  inducción  a la prostitución.     

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.  Por los anteriores hechos, la   Fiscalía   Seccional   102   de   Medellín  precluyó    la    actuación    a   favor   del   procesado  Carlos Javier Santa Ruiz;  apelada    dicha    determinación    por    la    representante    del    Ministerio    Público,    fue    revocada  íntegramente  y,  en  su  lugar, la  Fiscal  5ª Delegada ante  el  Tribunal  Superior de la misma ciudad,  en  resolución  del 15  de  enero de 2009, acusó  al mencionado como autor del delito de acceso carnal abusivo con  menor    de    catorce    años,    en    concurso  homogéneo     y     sucesivo    (art.     208    del    Código Penal).    

2. La etapa del  juicio  la  correspondió  inicialmente  al  Juzgado  7º Penal del Circuito de  Medellín;              así,  luego  de  corrido  el traslado   del  artículo  400  de  la  Ley  600  de  2000  y  realizadas      las     audiencias     preparatoria     y     pública  de juzgamiento, el 10 de mayo de  2011  el  Juzgado  Promiscuo del Circuito de Santafé  de   Antioquia,  dictó  sentencia   por   medio  de  la  cual  condenó          a Carlos Javier Santa Ruiz  a  la  pena principal de 55 meses de  prisión     y     a     la     accesoria     de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo término   de   la   pena   privativa  de  la  libertad,  como  autor  de  la  conducta  punible  por  la  que fue acusado.   

Así mismo, lo  condenó  al  pago de los perjuicios civiles de  orden  moral  derivados de  la  ejecución del delito  y  le negó el subrogado de la suspensión  condicional  de  la ejecución de la  pena   y  el  sustituto  de  la  prisión domiciliaria.   

Apelada  dicha  determinación  por  la  defensa  del procesado, fue confirmada por el Tribunal  Superior  de  Antioquia,  en  fallo  del  17 de abril de 2012. Inconforme con lo  resuelto,  el  apoderado  judicial  de  Carlos Javier  Santa  Ruiz  formuló  y  sustentó  oportunamente  el  recurso  extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN   

El   demandante  acude  a  la  casación  discrecional  con  el  fin  de  que  se  protejan los derechos fundamentales del  procesado,  en  especial  a  que  el fallo se profiera con fundamento en pruebas  legales  y esté suficientemente motivado, y para que la Sala se pronuncie sobre  el  delito  de  acceso  carnal abusivo con menor de catorce años, en particular  respecto  de  la  “modalidad de las prepagos o a la  prostitución  elegantizada  y  aristocrática  de  ciertas  mujeres  con perfil  distinto a la trabajadora sexual”.   

Así,  sostiene  que  el  libelo  debe ser  admitido,  toda  vez  que  la  prueba  única de cargo sobre la que se fundó la  responsabilidad  del  procesado, el testimonio de la menor K.J.A.R., fue ilegal,  pues  no  se le hizo saber que no tenía la obligación de declarar en contra de  su  prima  Paola  Andrea  Arenas  Alcaraz  y,  por  el contrario, fue obligada a  hacerlo;  además,  porque  tanto  la  resolución  de  acusación como el fallo  carecen  absolutamente de motivación sobre la tipicidad, dolo y responsabilidad  del  procesado, en especial el conocimiento de este último sobre la minoría de  edad de la víctima, la cual, en todo caso, no se demostró.   

Así  mismo, alega que a su asistido se le  vulneró  el  derecho a contar con una defensa técnica adecuada, pues el togado  que  lo  asistió  no  abordó  lo  referente  a la tipicidad y culpabilidad, se  limitó  a  señalar  que  el hecho ocurrió por razones económicas y ánimo de  enriquecimiento de la madre de la ofendida.   

Primer  cargo,  principal:  violación del  deber de motivación   

El   censor   formula   un  cargo  principal  de  nulidad, al tenor  de  la  causal  de  casación  de  que trata el artículo 207-3 de la Ley 600 de  2000.   

Sostiene,   en   primer  lugar,  que  la  resolución  de  acusación carece de una adecuada y correcta motivación, en lo  referente  a  la  tipicidad,  antijuridicidad  y  el  dolo, lo que configura una  invalidez  procesal,  según  el  artículo  306-2  del Código de Procedimiento  Penal.  Alega  que la fiscalía no demostró la materialidad del delito, pues en  la  resolución  de  acusación  expresó  que  “al  parecer ocurrió en este caso”.   

En  segundo  término, aduce que lo propio  ocurrió  con  los  fallos de instancia, comoquiera que el juzgador presumió el  dolo  del  procesado,  esto  es,  su  conocimiento  de la minoría de edad de la  víctima  y,  además,  desconoció  su obligación de sustentar la decisión en  pruebas  legales. Insiste en la falta de motivación absoluta o deficiente de la  sentencia  sobre  los  elementos  del  delito,  en  especial  lo  referente a la  legalidad del testimonio de la menor.   

En tercer lugar, reprocha la inmotivación  de    la    decisión   del   ad   quem,  la  cual califica de lacónica y superficial, en lo referente a  tipicidad,  culpabilidad,  antijuridicidad  y  dolo;  además,  porque falsea la  prueba,  pues  no  advirtió  que  el  acto  de  corrupción  tuvo  un  interés  económico  por  parte  de la menor. Por lo anterior, concluye, se debe decretar  la    nulidad    de   lo   actuado   desde   la   resolución   de   cierre   de  investigación.   

Segundo  cargo,  subsidiario:  nulidad por  violación al derecho a la defensa técnica   

Con  apoyo  en  la  causal  de  casación  prevista  en  el  artículo  207-3  de  la  Ley  600 de 2000, el censor ataca la  táctica  defensiva  de  los  abogados  que  lo  precedieron,  la  cual tilda de  verdadera  entelequia procesal, toda vez que llevaron al acusado a negarlo todo,  con  lo  cual  malograron  otras  posturas defensivas más beneficiosas, como la  falta  de  conocimiento de la minoría de edad de la víctima, lo referente a la  legalidad  de  la  prueba, por no haberse observado la posibilidad de abstenerse  de incriminar a los parientes.   

Así,    sostiene   que   Santa  Ruiz  no tuvo la oportunidad de  ser  oído  y  vencido  en  juicio, por carecer de una buena defensa letrada, la  cual  fue  pasiva,  irresponsable  y superficial.  Por lo anterior, reclama  que    la    actuación    debe    invalidarse    desde    la   resolución   de  acusación.   

Tercer cargo, subsidiario: falso juicio de  legalidad   

Al amparo de la causal de casación de que  trata  el  artículo  207,  numeral  1,  de  la Ley 600 de 2000, el casacionista  denuncia  que  el fallador violó los artículos 208, 9, 10, 11 y 12 del Código  Penal,  como consecuencia de un falso juicio de legalidad, el cual recayó en la  apreciación  del  testimonio  de  la  ofendida  K.J.A.R.,  puesto  que  no  fue  amonestada  previamente  en  su  versión rendida el 24 de enero de 2006 para no  declarar  contra  su  prima Paola Andrea Arenas; por esta razón, dice, su dicho  deviene  en ilegal y el procesado no podía ser condenado con fundamento en él.   

De   haber   advertido   la   mencionada  ilegalidad,     el     sentenciador     habría    absuelto    a    Carlos  Javier  Santa  Ruiz. Así, con  sustento  en  lo  precedente,  el impugnante le pide a la Sala que case el fallo  recurrido.   

Cuarto cargo, subsidiario: falso juicio de  existencia   

Al  amparo  de  la causal de casación que  orienta  el  cargo anterior, el casacionista reprocha que el juzgador violó los  artículos  208,  9,  10,  11  y  12  del  Código  Penal,  como consecuencia de  inaplicar   el   instituto   del   in   dubio   pro  reo (artículos 399 y 7 del Código de Procedimiento  Penal).    

Lo  anterior configuró un error de hecho,  en  la modalidad de falso juicio de existencia, toda vez que el fallador ignoró  el  testimonio  de  Paola  Andrea  Salazar  y  el  informe de policía judicial,  suscrito  por  el patrullero Cristian Camilo Figueroa, los cuales demuestran las  dudas  sobre  la  verdadera  edad  de  la  menor  K.J.A.R.  y,  por lo tanto, el  conocimiento  que  sobre  esa  circunstancia  tuviera el procesado. Lo anterior,  alega,  porque la declarante dijo que su prima tenía 14 o 15 años de edad y en  el  informe  del  servidor  público  se  le  atribuye a la niña una edad de 14  años.   

A manera de conclusión, le pide a la Sala  que  absuelva  al  procesado,  en  el  evento  de  que decida casar la sentencia  impugnada.   

Quinto cargo, subsidiario: falso juicio de  identidad y falso juicio de convicción   

    

Con  sustento en la causal de casación de  que  trata  el artículo 207-1 de la Ley 600 de 2000, el demandante sostiene que  el  juzgador  violó  los artículos 208, 9, 10, 11 y 12 del Código Penal y 238  del  Código  de Procedimiento Penal, como consecuencia de distorsionar el dicho  de  la  menor  K.J.A.R.,  yerro  que de no haber existido hubiera conducido a la  absolución del sentenciado.   

En  desarrollo  del  cargo  alega  que, al  contrario  de  lo que se expresa en el fallo, por parte alguna la menor K.J.A.R.  manifestó  que  el  procesado  le dijo que “de esa  edad  era  que  a  él le gustaban las mujeres, pues ya con más de quince años  para  él  eran  muy  viejas”; por el contrario, la  ofendida  lo  que  dice  es  que le comunicó a Santa  Ruiz  que  tenía  trece  años y éste no dijo nada  más.  Así,  el  yerro  pregonado  conduce  a  desestimar  el  conocimiento del  procesado  sobre la minoría de edad de la ofendida, así como la configuración  de  los  demás  elementos integrantes del delito, los cuales fueron demostrados  por   el   sentenciador   a   través   del   incentivo  económico  que  obtuvo  aquella.    

En conclusión, como consecuencia del yerro  de  apreciación  indicado,  el  casacionista  le  pide  a  la  Corporación  la  absolución del procesado.   

Así  mismo,  denuncia  enseguida  que  el  juzgador  violó,  además, las normas antes identificadas, como consecuencia de  un   falso   juicio  de  convicción,  el  cual  se  concretó  al  darle  plena  credibilidad  al  dicho  de  K.J.A.R., quien, por su personalidad sugestionable,  fue  aleccionada  para rendir su declaración por su madre y un juez de Santafé  de   Antioquia.   Lo   primero,  por  cuanto  la  madre  de  la  menor  expresó  “haberse  desahogado”  con  “la Dra. Miryam, la juez municipal”,   de  lo  que  se  desprende  que  la  menor  “fue  sometida  a  un  libreto” por su  madre,  quien  a  su  vez  recibía  instrucciones de la juez  municipal de  Santafé  de  Antiqouia,  y que las dos, madre e hija, se confabularon en contra  del procesado, como lo demuestra la similitud de sus atestaciones.   

Con sustento en lo anterior, el demandante  le  pide  a la Corte que case el fallo recurrido y, en consecuencia, absuelva al  procesado.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

La Corporación  anticipa     su    decisión    de    inadmitir     la     demanda     de  casación,  toda  vez que incumple las exigencias de  debida  fundamentación de  los     cargos,    en    especial    los     de    trascendencia,    claridad,    precisión    y   proposición     jurídica    completa.  Las razones son las siguientes:   

1. Respecto del  primer  cargo, formulado  como     principal,  la  Sala  observa  que carece de la claridad debida,  pues  el  libelista alega casi todas las modalidades  de  motivación ausente o deficiente, sin preciar por  cuál  de  todas  ellas  orienta  su  discurso, de  suerte       que,       en       últimas, no  se  entiende  si  lo  que reprocha es una motivación  del  todo  inexistente,  o  bien  existente  pero de  alguna     manera    defectuosa,    circunstancias  éstas   que   son   bien   distintas,  excluyentes  entre  sí     y     suponen     en  sede  de  casación a vías    de    ataque    diferentes.   

Al   respecto,   la   Sala  de  Casación Penal ha precisado que  la  motivación  falsa, aparente o sofística   se   aborda   en   esta  sede  extraordinaria     como     violación   de   la   ley   sustancial   por  ser  un  yerro  in         iudicando,  mientras  que las demás modalidades  de   ausencia  de  motivación  (ausencia  absoluta,  incompleta  o  deficiente,  ambivalente  o dilógica)  son  vicios in procedendo.  Así       lo       ha       enseñado:   

“… la Sala ha identificado cuatro (4)  situaciones       que      implican      la      falta      de      motivación    de    la   sentencia,  sólo  tres  de  ellas  han  sido  consideradas como  errores  in  procedendo  generadores  de  nulidad  y  por  lo  tanto atacables a  través de la causal tercera, a saber: a) cuando hay  ausencia  absoluta  de  motivación,  b)  cuando  la  motivación es  incompleta o deficiente, y, c) cuando la motivación   es  ambivalente  o  dilógica.  La  cuarta  causa,  generada  por  la llamada motivación  falsa,   ha   sido   considerada  como  un  vicio  de  juicio  atacable  por  la  vía  de  la  causal  primera, cuerpo segundo, en el  sistema  de la ley 600 de  2000.   

La   primera   causa,   ha   dicho   la  Sala,  se  presenta cuando el fallador no expone las  razones    de    orden   probatorio   ni   los   fundamentos   jurídicos    en    los   cuales   sustenta   su   decisión;   la  segunda,  cuando  omite  analizar  uno  de  los  aspectos  señalados o los motivos  aducidos  son  insuficientes  para  identificar  las  causas  en las que ella se  sustenta;   la   tercera,   cuando   las   contradicciones   que   contiene   la  motivación     impiden    desentrañar  su  verdadero  sentido  o  las  razones  expuestas en ella son  contrarias    a   la  determinación finalmente adoptada en la resolutiva;  y,  la  cuarta  cuando  la  motivación del fallo se  aparta   abiertamente   de   la   verdad   probada1.   

Frente   a   la   motivación  falsa,  ha  precisado  la Sala que debe entenderse como aquella  que  es inteligible, pero equivocada debido a errores  relevantes  en la apreciación de las pruebas, porque  las  supone,  las  ignora,  las  distorsiona,  o  desborda  los  límites     de    racionalidad    en    su    valoración,  y esa es la razón por la cual debe  demandarse  por la vía de la causal primera,    cuerpo   segundo2.”   

En todo caso, lo cierto es que la sentencia  no   carece   de   una   debida  motivación,  pues,  así   el   censor   la   tilde  de  superficial  y  lacónica,   aquella,  entendida  como  la  conjunción de las decisiones de  instancia  en  lo  que  la  del    ad   quem   no  contradiga   la  del  a  quo,  plasma,  de una u otra forma, los presupuestos necesarios para emitir un  juicio   de   condena,   en   cuanto  a  la  materialidad  del  ilícito   y  la  responsabilidad  del  procesado.  Cosa  distinta  es  que        al  impugnante, según lo que  se   aprecia   de   su  discurso,    no   le   satisfagan  las  apreciaciones  probatorias,  juicios  jurídicos  y  las  conclusiones  de  la providencia  recurrida,  pero  ello  de  ninguna  manera  contribuye  a  configurar  el vicio  alegado.   

En     cuanto    a    la    supuesta  motivación  defectuosa  o  ausente  de       la      resolución      de  acusación,  dígase que  no  es  esta la oportunidad de formular reproches que se debieron proponer en la  etapa  del  juicio,  particularmente en la audiencia preparatoria, de suerte que  el   silencio  del  procesado  y  su  defensa  sobre  ese  particular   aspecto  en  aquella  oportunidad  permite   suponer   su   conformidad   con   el   acto   procesal   que  hoy  se  ataca.  Lo  anterior  es  así   porque   el   recurso   extraordinario   de  casación   no   está  previsto  para  corregir supuestas falencias en etapas ya precluidas3.   

Además,  la   crítica  que  en  este  sentido se trae a  sede  de  casación no fue  propuesta  en  sede  de  apelación  de  la  sentencia, situación    que    viola   la   sincronía      temática    que,    en    principio,    debe    existir    entre    la  sustentación  del  recurso de apelación  contra la providencia del juez y los  argumentos  que  se proponen en casación4.   

2.  Ahora bien,  en  lo  que  tiene  que  ver  con  el  segundo    cargo,   subsidiario   del  anterior,   por   medio   del   cual   el   censor   alega   que   el  procesado  careció  de  una  debida  defensa  técnica,   dígase   que  el  argumento  que    lo   sustenta  carece     de     una     debida     fundamentación    y,   además,  desconoce  la  realidad procesal.   

Lo   primero,   por   cuanto,   como  la  jurisprudencia  de  la  Sala lo ha definido, no es posible fundar este motivo de  nulidad    en    una    inconformidad    con    la   estrategia   defensiva  del  anterior profesional o en la apreciación    a    posteriori    de  la  misma,  que  es  lo  que  ocurre  en  este  caso,  pues el  casacionista  lamenta  que  los  anteriores  apoderados  no hubieran alegado las  tesis   defensivas   con   las   que   hoy   recurre   en   casación.   

Lo  segundo,  porque    la    actuación    demuestra    a   las  claras,  muy  al  contrario  de  lo  que  pregona el  libelista,    una   febril   actuación    defensiva:    la   entonces    apoderada   de      Carlos     Javier     Santa  Ruiz reclamó  la  medida  de aseguramiento no privativa de la libertad para su  cliente,  antes  de  que fuera resuelta su        situación    jurídica;   apeló   esta  última  decisión;   solicitó   la  práctica  de  abundante  prueba  testimonial y participó  en  ella;  asistió al investigado en  su  indagatoria  y durante dicha diligencia pidió la  práctica   de   más  pruebas,  en  las  que  igualmente   tomó   parte;   presentó  alegatos precalificatorios y fue así  como      obtuvo      la      preclusión     de  investigación;             formuló          alegatos  como  no  recurrente  frente  a la apelación  formulada por el Ministerio Público  contra      la  determinación  preclusiva;           solicitó  la nulidad de lo actuado en  la  audiencia  preparatoria,  apeló  la  negativa a  dicha  petición y acudió  exitosamente  al  recurso  de  queja;  intervino  activamente en la audiencia de  juzgamiento      y      apeló      el     fallo  condenatorio.    

Y  aún cuando  los    resultados    de   la   gestión  defensiva  pudieron  no  ser los esperados, lo cierto es que la  oportunidad  para  ejercer el derecho de defensa fue debidamente aprovechada por  la   defensa,  lo  que  desestima  la  crítica  del  casacionista,    por    no    ajustarse    sus   reflexiones   a   la realidad procesal.   

3.          A  través  del    tercer   cargo,  subsidiario   de  los  dos  anteriores,  el  recurrente  alega  un  falso   juicio   de   legalidad   que  habría   recaído  en  el testimonio de la niña  K.J.A.R.,  rendido  el  24 de enero de 2006, toda vez  que   supuestamente  no  se  le  advirtió que no  estaba   obligada  a  declarar  en  contra  de  su  prima  Paola  Andrea  Arenas  Alcaraz.        Al       respecto,      la  Colegiatura   tiene   que  decir  que  el  reproche  así formulado carece por  completo  de  materialidad,  razón  por  la cual el  argumento   que   lo  desarrolla deviene en intrascendente.   

En  efecto,  en  el  encabezado  de  la  diligencia  se  lee  que  a la menor declarante se le  puso   de  presente  el  juramento  de  rigor  “de  conformidad   con  los  artículos  266  y  269  del  Código    de    Procedimiento   Penal”. Pues bien, la primera  de  las citadas normas establece, en  su    primera    parte,    que    “toda     persona    está    en    la  obligación  de  rendir  bajo  juramento  el testimonio que se le solicita en  la      actuación     procesal,     salvo   las  excepciones  constitucionales  y  legales”      (subraya     la    Corporación).   De  manera  que,  acorde  con  el texto del acta respectiva, no cabe  duda  que  la  advertencia  sobre  la  posibilidad de  abstenerse    de    incriminar   a   los      parientes     dentro   de   los   grados   de   consaguinidad   y  afinidad  que  señala      la  Constitución   si  fue  realizada.   

Y   aún  cuando   ello   no  hubiera  sido  así,  de  todos  modos  el  razonamiento del censor sería  igualmente  irrelevante,  pues las atestaciones incriminatorias  formuladas   por  la  menor  respecto  del  entonces  investigado Carlos Javier  Santa   Ruiz   conservan  su  validez  y  eficacia,  pues  respecto  de él la  niña  no  tiene  ningún  parentesco   que  hubiese  obligado  al  funcionario  judicial  a  ponerle  de  presente  la  facultad            de           no           declarar.  Dicho de otra manera, si acaso  en  algún  aspecto  se  admitiera  la invalidez del  testimonio  de  la infante, rendido el 24 de enero de  2006,   sería  respecto  de  lo  que  contribuya  a  incriminar  a su pariente,  mas  no  por  lo  atestado en contra de Carlos Javier  Santa Ruiz.    

Más  aún:   en   estricto   sentido,   bien  puede  decirse       que       el      demandante      carece      de      interés  para  formular el reproche  que  conduce  a  través  de  este cargo,  pues  si  acaso  se  hubiera configurado la omisión   de   informar   a   la  deponente  la  prohibición  en  comento,  ello  no afectaría al  aquí  sentenciado  Santa  Ruiz,  sino a su pariente  Arenas  Alcaraz,  quien,  por           demás,          aceptó  voluntariamente  la    imputación   en   su   contra  y  se acogió       a       la       sentencia  anticipada;             luego,  en  el  caso de esta última,  también    es   bien  discutible   que  la  supuesta  omisión  que pregona el libelista le hubiese  acarreado algún perjuicio.   

En conclusión,  ningún   impedimento  tenía   el  juzgador  para  apreciar  en  toda  su  extensión las atestaciones de la menor K.J.A.R., en  cuanto  a  la  materialidad  del  delito,  la  responsabilidad  de  Carlos   Javier   Santa   Ruiz  y  el  conocimiento  que  este último adquirió  de  la  misma ofendida sobre su edad.   

4.    La  formulación  del  quinto  cargo,  mediante  el  cual  el  impugnante  pretende  demostrar  un  yerro  de  falso  juicio  de  existencia,  carece  de  una debida  fundamentación,      por     desconocimiento    del    principio    de  proposición  jurídica  completa,   pues   por   parte  alguna  se  precisa  cuál  es  el  sentido  de  la violación  de  la  ley  sustancial. Lo anterior se aprecia sin dificultad,  toda   vez   que   aún  cuando  es  cierto  que  el  casacionista  menciona la inaplicación de las normas  que  consagran el instituto del in dubio pro      reo     (artículos  7  y 399 de la Ley 600 de 2000),  también  lo  es  que  nada  dice  respecto  de  los  artículos  208,  9, 10, 11 y 12 del Código  Penal, de los cuales no concreta si su violación  se produjo por aplicación indebida,  falta  de  aplicación  o interpretación    errónea,   omisión   que   la  Corporación   no   puede   remediar,   por   la  prohibición  que  impone  el principio de limitación.   

En  todo  caso, el reproche carece de una  debida  fundamentación,  pues  desconoce el preciso  contenido  de  la sentencia; ésta fundó     la     acreditación  de  la  edad  de  la  víctima en su  propio  dicho, en el registro civil de nacimiento que  da  cuenta  que  la ofendida nació el 12 de julio de  1992    y    en    el  reconocimiento     médico     legal.  Todo  ello  le permitió concluir con  toda   precisión   que   para   la  época  de los hechos, la víctima  contaba  con 13 años, 6 meses y  15  días. Así las cosas,  aún   cuando   en   verdad  el  fallador  no  hizo  alusión  al  testimonio  de  Paola  Andrea  Arenas  Alcaraz     ni     al    informe    de    policía  judicial  para deducir la edad de la víctima,   ello   no  hacía     falta,    pues    adquirió     tal     convencimiento   a  través  de  otros  medios  de  convicción,  sin  que  pueda  afirmarse  razonablemente que el dicho de la prima o el aludido  informe  puedan  derribar la conclusión obtenida              por              el             sentenciador,    con    apoyo   en   las   demás pruebas.   

Lo  anterior  muestra,  entonces,  que  el  argumento  del  casacionista no es más  que  el intento para que en esta sede se privilegie su personal  apreciación  de  la  prueba,  sin  acreditar que el  juzgador   incurrió   en  un  yerro  ostensible  y  trascendente   en   la   suya.   Así,  los        argumentos        de  sustentación   del   cargo  resultan  intrascendentes.   

5.   Por  último,   el   quinto  cargo,  subsidiario,  contiene  un  grave  yerro  de  postulación,  pues  carece  de toda lógica    reprochar,    en    el    mismo   cargo   y   respecto  de  la misma prueba, un yerro  de   falso   juicio  de  identidad  y  de        convicción,  toda  vez  que  son  equivocaciones de apreciación   naturalmente   excluyentes,   de   modo  que  la  configuración       de     uno     de     ellos     necesariamente     descarta     el  otro.    

Y aún cuando,  con     dificultad,     la    Sala    pudiera       superar       tal      falencia  de  postulación, lo cierto es que  el desarrollo   del   cargo   no  es  idóneo  para  acreditar ninguno de los vicios pregonados.   

La afirmación  anterior  se  sustenta  en que, aún cuando en verdad  puede  decirse  que  la niña no expresó  en  su  declaración  que  luego  de  que     le     comunicara     a     Carlos    Javier   Santa   Ruiz   que  tenía   a   13   años  éste  le  hiciera  las  manifestaciones  sobre  sus  particulares   preferencias   sexuales,   lo   importante   es  que  la  infante  sí  dejó  claro  en su  versión  que aquel le preguntó su edad y ella  le  respondió, de manera  clara  y  asertiva,  que  tenía   trece   años.   

Por  otra  parte,  el  casacionista  se  equivoca   al   denunciar   que   el   juzgador     incurrió  en  un falso juicio de convicción al  otorgar  poder  suasorio  al  testimonio de la menor,  pues  éste  yerro  supone  necesariamente  que  la  ley ha fijado una tarifa a  la   apreciación  del  testimonio,     lo    que    no    ocurre    en    un    sistema    probatorio  que,  como  el colombiano,  particularmente el consagrado en la Ley 600 de 2000,  rechaza  esta  clase  de  valoraciones  y,  por  el  contrario,      se      inclina      hacia     la  apreciación     razonada.      Por    lo    tanto,    la    prueba    del    falso    juicio   de  convicción     resulta     en     este     caso  imposible.   

Por       lo       demás,         dígase  que  la  sugestión  que hubiera  recibido  la  niña  de  parte  de  su  madre  o  de  ‘la      Dra.  Miryam,  juez de Santafé  de   Antioquia’,  solamente encuentra soporte     en     la     personal  visión  del casacionista, por lo que no pasa de ser  un  argumento  de  instancia que, además, contradice  el  criterio del juzgador, el cual consideró que por  su  edad  era  poco probable que la niña pudiera ser  manipulada o influenciada por terceros.   

Así,  por    su    indebida   fundamentación   el  razonamiento  del  censor  es  evidentemente intrascendente.    

6.   Para  terminar,     dígase     que     aún  cuando  el  impugnante  acierta  al  orientar  el libelo por la  vía    discrecional,    no    lo    es   menos  que  no  acredita  los especiales motivos que permiten recurrir a ella, esto es,  la    violación   de  garantías fundamentales del procesado, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  sobre    un   tema   no   tratado,   o   bien   que  requiera una orientación  diversa.   

Sobre     este     último   propósito,  sostiene  que  la  Sala  debería admitir el  escrito  de  casación para pronunciarse respecto de  la    “modalidad    de   las   prepagos   o   la  prostitución  elegantizada y aristocrática  de  ciertas  mujeres  con  perfil  distinto a la trabajadora  sexual”;  el  razonamiento anterior pierde  de  vista que para que ello sea  procedente,     el     impugnante    ha     debido     ahondar     en     explicaciones    sobre  la  necesidad  de  dicho  pronunciamiento, señalando   qué  postura  en  particular  debería explorar la Sala  y   cómo  el  novedoso  desarrollo  jurisprudencial  tendría  la  virtud  de  concurrir  a  la  solución  del  caso.  Nada  de lo  anterior     argumentó    recurrente,  ni  la Sala lo encuentra pertinente.   

7.   En  conclusión,   por   carecer   de   una   debida   fundamentación,   la  Sala  inadmitirá  la  demanda  de  casación, sin que,  por  otra  parte,  del  estudio  de las diligencias encuentre motivo que amerite  superar   sus  defectos  para  asegurar,  de  oficio,  el  cumplimiento  de  las  garantías fundamentales.   

En  mérito de  lo    expuesto,    la   CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del  procesado   Carlos  Javier  Santa  Ruiz.   

Cópiese,  notifíquese         y        cúmplase.   

         

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ                 CAMACHO       FERNANDO         ALBERTO         CASTRO         CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ       LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO             

JULIO ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

            Secretaria   

    

1  Sentencia  de  casación  del   12   de   diciembre   de  2005,  radicado  No.  24.011.   

2  Cfr.     Sentencia     de    casación  del  4 de septiembre de 2003, radicado No. 17.257, reiterada en  sentencia del 7 de febrero de 2007, rad. 23331.   

3  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia      de      26     de     noviembre     de     2007,     radicación  No.  23068.  En  el mismo  sentido,   sentencias  del  3  de  septiembre  de  2002,  radicación   No.   17865,   y   9   de   julio  del  mismo  año.   

4  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia  del  16  de enero de 2012, radicación No.  35438.     

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