39460(01-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 364  

Bogotá,  D.  C., primero (01) de octubre de  dos mil doce (2012)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Jader    Alberto    Murillo   Hernández,   contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de Sincelejo, mediante la cual confirmó la proferida por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, que lo condenó como  autor   de   la   conducta   punible   de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“El 30 de mayo de 2011, a eso de las 15:50  horas,  en la vía Sincelejo -Tolú, más concretamente en el establecimiento de  comercio        denominado       ‘Kilómetro       Cero’,  agentes  de  la Policía Nacional, realizaron un plan de requisa  en  desarrollo  del cual el señor Jader Alberto Murillo Hernández les entregó  voluntariamente  una  bolsa plástica que en su interior contenía sustancia con  característica  propias  de la base de cocaína, razón por la cual su portador  fue capturado.   

“La  sustancia  fue  sometida a la prueba  preliminar  PIPH,  la  cual dio positivo para cocaína y sus derivados, al igual  que    fue    pesada    técnicamente,   arrojando   un   peso   neto   de   116  gramos”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   En   razón   a   que   Jader  Alberto  Murillo  Hernández aceptó  de  manera  libre,  voluntaria y debidamente asistido la comisión del delito de  tráfico,  fabricación  o  porte de estupefacientes, el expediente fue remitido  al juez de conocimiento.   

2.  El       Juzgado       Segundo    Penal   del   Circuito   con  Función        de        Conocimiento     de     Sincelejo,  el  21 de marzo       de      2012,  dictó  sentencia  de  primera  instancia  en  la que  condenó  a  Jader  Alberto  Murillo  Hernández  a las  penas  principales  de  48  meses  de prisión y multa de 66.5 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la privativa  de  la  libertad,  como autor de la conducta punible de tráfico, fabricación o  porte de estupefacientes.   

   

3.  Apelado  el  fallo         por        el        defensor,  el  Tribunal      Superior      de      Sincelejo,      el      25         de        abril   de  2012,  al desatar el recurso, lo confirmó en  su integridad.   

Contra  la  anterior  decisión,  la defensa  técnica interpuso recurso de casación.   

L   A      D  E  M  A  N  D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Al  amparo  de  la causal primera, según la  sistemática   reglada   en   la   Ley   906   de  2004,  presenta  un  sólo  reproche,  a  través  del cual  acusa   al   Tribunal   de   haber  transgredido,  de  manera  directa,  la  ley  sustancial   “por  considerar que la sentencia  objeto  del  recurso es violatoria de los artículos 314, numeral 1°, y 461 del  C.P.P”.   

Después de mencionar los artículos 29 de la  Constitución   Política  y   38  del  Código  Penal,  aduce  que su  defendido  cumple las exigencias tanto objetiva como subjetiva para acceder a la  prisión domiciliaria.   

Sostiene  que  no  se  solicitó la libertad  provisional  sino el cambio de “sitio de reclusión,  ya  que  una  de las razones de ser de la prisión domiciliaría es la de que el  beneficiario  no  se  aparte  de sus seres queridos, motivo por el cual se deben  tener  en  cuenta  sus  características  familiares  para  el  otorgamiento del  beneficio,  al  negársele la prisión domiciliaria se le están cercenando unos  derechos  y  obligaciones,  ya  que  no  podía  trabajar….para satisfacer las  necesidades   de   quienes   dependen   de   él   (6   hijos   menores   y   su  esposa)”.   

Recalca  que el Tribunal lesionó garantías  fundamentales   de   rango   constitucional  y  legal  al  negarle  la  prisión  domiciliaría.   

En consecuencia, depreca a la Corte casar la  sentencia impugnada, concediendo este derecho.   

     

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2.  En  primer  lugar,  se  hace  necesario  establecer     si     la    defensa    de    Murillo  Hernández    tiene    interés   para  acudir  a  esta  sede, en tanto éste se allanó a los cargos en la audiencia de  imputación.   

De  acuerdo con el recuento de la actuación  procesal,  surge evidente que el procesado aceptó haber infringido la ley penal  por  el delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes, a cambio de  la rebaja de pena correspondiente.   

De  manera  que  la  defensa de Muñoz  Quintero sólo tiene interés para  controvertir,   a   través   de  los  recursos  (apelación  o  casación),  la  vulneración  de  sus  garantías  fundamentales,  el  quantum  de  la pena, los  aspectos   relacionados   a  su  determinación,  lo  referente  a  la  prisión  domiciliaria  como sustitutiva de la prisión y la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

En  la  medida en que la inconformidad de la  defensa   radica  en  el  no  otorgamiento  de  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  carcelaria,  fácil  es  advertir  que  tiene interés para  discutir  dicho aspecto en sede de casación, pues no está colocando en tela de  juicio su compromiso penal frente al cargo por el cual se allanó.   

3. Empero, la demanda presentada a nombre del  procesada  no  cumple  con  los  parámetros de lógica y debida fundamentación  reglados  para  su  admisibilidad, en tanto no demostró la existencia del vicio  y,  menos,  los conectó con los fines que informan la casación, de acuerdo con  el sistema consagrado en la Ley 906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al casacionista compete postular el yerro a través de las  causales  de  casación  contempladas para el efecto, demostrando cómo el mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004. Véase:   

Cuando  la censura se postula por la vía de  la  infracción  directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando  que  los  hechos  y  las  pruebas  plasmadas  en  el  fallo fueron correctamente  apreciadas,  razón  por  la cual el debate se circunscribe a la aplicación del  derecho,  sin que tengan cabida aspectos relacionados con la credibilidad de los  elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

De  esa manera, la labor de demostración de  la  trascendencia del vicio deberá estar sustentada en destacar que el juzgador  seleccionó  una  norma que no era la llamada a gobernar el asunto, omitió otra  que   sí   resolvía  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal,  o  habiéndola  escogido  correctamente  le dio un alcance interpretativo que no se  deriva del texto de la ley.   

En  el supuesto que ocupa la atención de la  Sala  se  advierte  que el discurso presentado como fundamento de la censura, no  evidencia  la  infracción  directa  de  la ley sustancial, habida cuenta que el  actor  omitió  presentar  hipótesis de índole jurídico, en orden a demostrar  que el juzgador la vulneró.   

En   efecto,   la   fundamentación   del  único  reproche esta basado  directamente  en  mostrar inconformidad porque al sentenciado no se le concedió  la  aludida prisión domiciliaria, bajo la hipótesis que el juzgador de segundo  grado  desconoció  los  requisitos  objetivos  y subjetivos para su concesión.   

Sin  embargo,  la  Sala  observa  que  la no  concesión    del    citado   instituto   a   Murillo  Hernández  no  fue  fruto  de la arbitrariedad de los  funcionarios  judiciales  que  conocieron de la actuación, sino que con apego a  los  requisitos establecidos en la ley, advirtieron que él no tenía derecho al  mencionado sustituto penal.   

A nivel de ejemplo, el Tribunal razonó de la  siguiente manera:   

“1°.  Con  arreglo a lo dispuesto por el  legislador  en  el  artículo  38  del  C.P., la prisión domiciliaria solamente  procede  en  delitos cuya pena mínima prevista sea igual o inferir a 5 años de  prisión,  requisito  que  no se cumple en el caso de MURILLO HERNÁNDEZ, puesto  que  la  conducta punible cometida por éste, cuyo cargo aceptó en la audiencia  preliminar  de  imputación,  fue  encuadrada  por el fiscal y el propio juez de  conocimiento  en el inciso tercero del artículo 376 del C.P., cuya pena mínima  con  el  incremento ordenado en la Ley 890 de 2004, es de 96 meses, cantidad muy  superior a los 5 años.   

“El  equívoco  del recurrente estriba en  poner  el  punto  de  mira  en la pena finalmente impuesta, luego de deducida la  rebaja  de  pena  por  haber aceptado el cargo, propiciando así la terminación  temprana  del  proceso, como lo estatuye el artículo 351 de la Ley 906, y no en  la  pena  mínima  prevista  por la ley para el delito cometido por su prohijado  judicial,  error  que  no  está  exento  de  culpa,  pues  en  la  audiencia de  individualización  de  pena  el  mismo  defensor,  al  hacer  el  ejercicio  de  dosificación  de  la  pena,  dio  muestras  de  que  sabía que la pena mínima  consagrada  por  la ley para el tipo penal infringido por su defendido era de 96  meses,  tópico  que de igual manera explicó el juez en la sentencia de primera  instancia.   

“También yerra el defensor al estimar que  la  Ley  906  no estableció límites punitivos para el instituto de la prisión  domiciliaria,  porque  aquella  tiene un carácter claramente procedimental, que  herí  nada  modificó  el estatuto penal, como lo vislumbró la honorable Corte  Suprema desde los albores del sistema acusatorio…   

“(…)  

“3°.  El  recurrente  a  lo  largo de su  alegato  confunde  la  detención  domiciliaria, como sustituto de la detención  preventiva,  y  sus  fines  constitucionales  y  legales, con el subrogado de la  prisión  domiciliaria,  que  obedece  a  finalidades bien distintas, a más que  ambas  figuras  operan  en momentos distintos del proceso. Tanto así que trae a  colación,  como  fundamento  de  su  pretensión,  los  fines consagrados en el  artículo  308  de  la  Ley  906, para las medidas de aseguramiento, y el propio  tiempo  invoca lo principios y funciones de la pena, tabulados en los artículos  30, y 40 del C.P”.   

En  tales  condiciones, como se advirtió el  cargo  presentado contra la sentencia de segunda instancia no pone de relieve la  existencia  de  la  infracción directa de la ley sustancial, razón por la cual  deviene la inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión   del   fallo impugnado o dentro de la actuación se violaron  los  derechos  o  las  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo   para   decidir   de  fondo,   según  lo  dispone   el   inciso   3°   del   artículo  184  de   la  Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida   cuenta que contra la decisión  de    inadmitir    la   demanda   de   casación   presentada   a   nombre   del  procesado    procede   el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido las reglas que habrán de seguirse para su aplicación,2    como  sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Jader Alberto Murillo Hernández.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                   FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ  MUÑOZ                  LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                                  JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

      Secretaria   

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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