39461(22-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 313  

Bogotá  D.C., agosto veintidós (22) de dos  mil doce (2012)   

VISTOS  

Acomete  la  Colegiatura la constatación de  las  exigencias  de  argumentación  lógica  y  suficiente  acreditación en el  libelo   casacional  presentado  por  el  defensor  del  procesado  JOSÉ  VICENTE  FLORES MERCHÁN, contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Buga el 15  de  marzo  de  2012, confirmatoria en lo sustancial de la dictada  el 24 de  octubre  de  2011  por  el Juzgado Cuarto Penal del Circuito Adjunto de la misma  ciudad,  por  medio  de  la  cual  condenó  al  mencionado ciudadano como autor  penalmente  responsable  del  delito  de  acto  sexual con menor de catorce (14)  años.   

HECHOS  

Durante  cerca de un mes en el año 2005, la  niña       YYY1  quien  para esa época tenía  ocho  años  de edad, fue abordada en varias ocasiones cuando se encontraba sola  dentro   de   su   residencia   por   JOSÉ  VICENTE  FLORES,  hermano de la arrendataria de una habitación  en  la  casa  de  la  progenitora  de  la menor, quien procedía a besarla en el  cuello  y  el  pecho, amén de tocarle su vagina, conducta que fue informada por  la  víctima  a  su  madre,  la  cual  acudió  al  Centro  Zonal  del Instituto  Colombiano  de Bienestar Familiar en Palmira, entidad que formuló la respectiva  noticia criminal a la Fiscalía.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La Fiscalía Seccional de Palmira dispuso la  correspondiente   investigación   previa,   para  luego  de  practicar  algunas  diligencias,  declarar  abierta  la  instrucción,  en  desarrollo  de  la  cual  vinculó  mediante  indagatoria a JOSÉ VICENTE FLORES  MERCHÁN,  resolviéndole  su situación jurídica con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva intramural como posible autor  del delito de acto sexual abusivo con menor de catorce (14) años.   

          Una  vez  clausurada  la fase instructiva, el sumario fue calificado  con  resolución  de acusación en contra del procesado, como presunto autor del  delito  que  sustentó  la  medida  de  aseguramiento,  decisión  confirmada en  segunda  instancia  por la Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Cali  mediante proveído del 21 de septiembre de 2010.   

El ciclo del juicio correspondió adelantarlo  al  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de Cali. Una vez surtido el rito definido  por  el  legislador,  el  Juzgado  homólogo  adjunto de la capital vallecaucana  profirió  fallo  el 28 de julio de 2010, por cuyo medio condenó a FLORES  MERCHÁN  a  la pena principal de  cuarenta  y ocho (48) meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso, como autor  penalmente responsable del delito objeto de acusación.   

          En  la  misma  oportunidad  le  negó tanto la condena de ejecución  condicional,    como    la    prisión    domiciliaria    sustitutiva    de   la  intramural.   

Contra   la   decisión  del  ad   quem   el  defensor  del  procesado  interpuso  recurso  de  casación  y allegó oportunamente el respectivo libelo,  cuya admisión se examina en este proveído.   

LA DEMANDA  

          Inicialmente  advierte  que  como se procede por un delito cuya pena  máxima  es  inferior  a  ocho  (8)  años  de  prisión,  se impone acudir a la  casación   discrecional   “por  que  (sic) se busca en ella la finalidad de la  seguridad  jurídica, la igualdad de los ciudadanos ante la ley y la supremacía  del  órgano  legislativo,  además  que  se  garantice  la  certeza  jurídica,  permitiendo  así  una  mejor  administración  de  justicia y evitar los fallos  contradictorios  que  restan estabilidad jurídica a la sociedad, porque a veces  los   tribunales   profieren   fallos   injustos   o   que   no   se  ajustan  a  derecho” (…).   

Añade  que  es  necesario precisar por vía  jurisprudencial  los criterios de valoración judicial del testimonio de menores  de  edad,  su  credibilidad  frente a las contradicciones y su incidencia en los  derechos del procesado.   

Acto seguido, el censor formula tres cargos,  los cuales desarrolla así:   

1.             Primer  cargo  (principal):  Violación  indirecta por falso juicio de identidad   

Asevera  el censor que el Tribunal incurrió  en  falso  juicio  de  identidad  al valorar el testimonio de la niña víctima,  pues  no  se  precisó  la  fecha  de los hechos, y se asumió que las conductas  tuvieron  lugar  en la mañana, sin tener en cuenta que obra en la actuación un  certificado  del  colegio  donde  la  menor  estudiaba, en el cual se afirma que  estaba  en  la  jornada  matutina,  de  modo que los comportamientos no pudieron  ocurrir en las horas de la mañana.   

          Añade  que  no  se  tuvo  en  cuenta  que  la  víctima  dijo  a la  psicóloga  que  también la había tocado íntimamente otro hombre diferente al  procesado.   

          Destaca  que  la  niña  no  tiene  ningún  trastorno sicológico o  emocional  para desarrollarse en comunidad, pues juega en el colegio y le va muy  bien académicamente.   

          Considera   que   en  la  declaración  de  la  madre  de  la  niña  “se   ve  claramente  la  contracción  (sic) de las circunstancias de tiempo de  los hechos investigados”.   

          También  dice  que  “es  respetable lo  manifestado  por el alto tribunal pero no se puede compartir ya que si, tiene en  cuenta,  la  palabra  SIEMPRE  como  constante y contundente que el señor JOSÉ  VICENTE   FLORES   MERCHÁN   fue   la   persona  que  le  realizo  (sic)  tocamientos, no se puede tomar tan  literalmente  sin  darle  derecho  a  la  contradicción  y  a la defensa ya que  estaríamos  entonces  (sic)  un  país  autoritario  y  no  de  derecho  sin  haberle dado valor probatorio o  descartar  el  principio  de  la duda como ha sucedido en este proceso, es decir  que  si  para  estos  casos  no habría debido proceso sino una condena desde el  mismo momento de su captura o denuncia”.   

          Considera   que  con  base  en  las  declaraciones  de  Jhon  William  Correa Rivera y  María  Gladys Rivera se acredita que la  niña  nunca  estuvo  sola en su residencia, y por ello, no hay certeza sobre la  ocurrencia de los hechos investigados.   

          De   otra   parte   advera   que   tuvo   lugar  un  “falso  juicio  de  raciocinio”, pues el  Tribunal  desconoció la ciencia médica, en cuanto se diagnóstico que la menor  sufría  de  disociación  ideo-afectiva, patología que tenía incidencia en su  testimonio,  pues  por  el  contrario,  le  dieron  plena  credibilidad a cuanto  declaró,  motivo  por  el  cual  se debió dar aplicación a la “duda probatoria”.   

          2.        Segundo   cargo   (subsidiario):   Violación   directa  de  la  ley  sustancial   

Afirma  el  casacionista  que el Tribunal no  aplicó  el  artículo  63  de  la  Ley  599  de 2000, pese a que se encontraban  satisfechos   los   requisitos   objetivos   y   subjetivos   para   ello,  pues  “el  procesado  desde  los  hechos  por los que fue  investigado  no  se  encuentra  comprometido  en  comportamientos  contrarios  a  derecho,  así  mismo  frente a un tratamiento penitenciario conoció que estuvo  recluido  en  la  cárcel de Palmira, además se encuentra laborando y cotizando  al  sistema  de seguridad social de Palmira, siendo una persona que se encuentra  desenvolviendo  un  papel en la sociedad acorde con las normas, su edad avanzada  junto  con  el quantum punitivo bajo establecido por el legislador para la fecha  de  los  hechos, permitían inferir la no necesidad de tratamiento penitenciario  carcelario”.   

          De  acuerdo  con lo anterior solicita se case parcialmente el fallo,  a   fin   de   que   se   reconozca   al   acusado   la  condena  de  ejecución  condicional.   

          3.        Tercer   cargo   (subsidiario):   Violación   directa   de  la  ley  sustancial   

          Plantea   el   recurrente   que   el   ad  quem no aplicó el artículo 38 de la Ley 599 de 2000,  sin  tener  en cuenta que se satisfacen las exigencias para que se le conceda la  prisión domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

          En  apoyo  de  su  planteamiento  resalta  que  su  asistido  no  se  encuentra  comprometido en otros comportamientos contrarios a derecho, cotiza al  sistema  de seguridad social en pensiones y tiene una edad avanzada, de modo que  se  impone  casar  el  fallo atacado en forma parcial, para concederle la citada  pena sustitutiva.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          En  el  examen  de  las  exigencias  para concurrir a este mecanismo  de   impugnación  extraordinaria  corresponde  a la Sala verificar que los  recurrentes  formulen  sus reproches con sujeción a los requisitos de lógica y  adecuada  argumentación  definidos  por  el  legislador  y desarrollados por la  jurisprudencia,  a  fin  de obviar que este recurso especial se convierta en una  tercera  instancia.  Tales  requerimientos  se  orientan  a  conseguir  libelos  enmarcados  dentro  de unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo de los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  pues  no  corresponde  a la Sala en su función constitucional y legal develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

Ahora, según el inciso 1º del artículo 205  de  la  Ley  600  de 2000, este mecanismo de impugnación extraordinaria procede  contra  los  fallos de segundo grado proferidos “por  los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial  y  por  el  Tribunal  Penal  Militar”, siempre que se proceda por “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Tratándose   de  sentencias  de  segunda  instancia  no  proferidas  por los mencionados tribunales o cuando el delito por  el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa de la libertad inferior al quantum  señalado  en precedencia (como ocurre en este asunto) o sanción no restrictiva  de  la  libertad,  el  inciso  3º del artículo 205 del estatuto procesal penal  faculta  a  esta  Sala  para  admitir discrecionalmente los libelos de casación  presentados,  “cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la ley”.   

Para  demandar  en  casación  por  la  vía  discrecional  corresponde  al  recurrente expresar con claridad y precisión los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte, ya para pronunciarse con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema jurídico específico, bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, ora para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar  de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  dual utilidad de brindar solución al asunto y  servir de guía a la actividad judicial.   

Si   la   pretensión   del   impugnante  se  orienta  a  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,   tiene  el  deber  de  acreditar  la  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el derecho  invocado,    así    como    demostrar    su   desconocimiento   en   el   fallo  recurrido.   

Las  dos  especies de casación (ordinaria y  discrecional)   no  pueden  ser  reclamadas  de  manera  sincrónica,  pues  son  excluyentes,  en cuanto la segunda es subsidiaria de la primera, es decir, sólo  procede    en    la   medida   en   que   no   resulte   viable   la   casación  ordinaria.   

          En  el  asunto  que  concita  la atención de la Sala se advierte la  necesidad  de  acudir  a  la vía discrecional, pues se procede por el delito de  acto  sexual  con menor de catorce (14) años establecido en el artículo 209 de  la  Ley  599  de  2000, cuya pena máxima privativa de la libertad no supera los  referidos   ocho   (8)   años   dispuestos   para   acceder   a   la  casación  común.   

Ahora,  si  bien  el  recurrente  acude a la  casación  discrecional  invocando  para ello la “la  seguridad  jurídica, la igualdad de los ciudadanos ante la ley y la supremacía  del  órgano  legislativo,  además  que  se  garantice  la  certeza  jurídica,  permitiendo  así  una  mejor  administración  de  justicia y evitar los fallos  contradictorios  que  restan estabilidad jurídica a la sociedad, porque a veces  los   tribunales   profieren   fallos   injustos   o   que   no   se  ajustan  a  derecho”,    amén    de    que    se    precisen  jurisprudencialmente  los  criterios  de  valoración judicial del testimonio de  menores  de  edad,  lo  cierto  es  que su planteamiento no se adentra de manera  alguna  a  demostrar  su  postulación  casacional, es decir, no se esfuerza por  persuadir a la Corte para que admita discrecionalmente su libelo.   

         En  efecto,  el  defensor no identifica en  concreto  la  temática que debe abordar el pronunciamiento, no dice si sobre el  particular  ya  hay  decisiones y, de ser así, cuáles son las providencias que  se  ocupan  del  asunto  y  cómo  se  relacionan con el caso objeto de estudio,  omisión  que  a  la postre le impide identificar el punto dudoso, la existencia  de  decisiones  contradictorias, o el vacío que corresponde dilucidar a través  de  jurisprudencia  y  cómo el desarrollo del concepto reclamado tiene la doble  utilidad  de  servir,  tanto para este trámite, como para la solución de casos  similares.   

Adicional a lo anterior se tiene, que tampoco  de  la  demanda  se  consigue  establecer  con precisión la denuncia de agravio  alguno  a los derechos fundamentales del acusado, pues en punto del primer  reparo  postula un falso juicio de  identidad,  yerro  que  tiene  lugar  cuando los falladores al ponderar el medio  probatorio   distorsionaron   su   contenido   cercenándolo,  adicionándolo  o  tergiversándolo,  motivo  por el cual correspondía al demandante identificar a  través  del  cotejo  objetivo  de  lo  dicho en el elemento de convicción y lo  asumido  en  el  fallo,  el  aparte  omitido o añadido a la prueba, los efectos  producidos  a partir de ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia de  la  falencia  en  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  tópico de  improcedente  demostración  con  el simple planteamiento del criterio subjetivo  del  recurrente  sobre  la prueba cuya tergiversación denuncia, en cuanto es su  obligación  acreditar  materialmente  la  incidencia  del  yerro en la falta de  aplicación  o  la  aplicación  indebida de la ley sustancial en el fallo, esto  es,  señalar  la  modificación  sustantiva  de  la  sentencia  atacada  con la  corrección  del error y la debida valoración de la prueba, en conjunto con las  demás,     obligaciones    no    asumidas    en    forma    alguna    por    el  casacionista.   

En  efecto,  es  evidente  que en manifiesto  desconocimiento  de la presunción de acierto y legalidad del fallo, el defensor  procede  a plasmar su personal percepción fragmentaria del asunto, sin explicar  la  trascendencia  de  establecer  si  las  conductas de las que fue víctima la  niña  acaecieron  en  la  mañana  o  en  la tarde, pues se acreditó que ellas  tuvieron   lugar  cuando  la  menor  se  encontraba  sola;  tampoco  precisa  la  importancia  de  ahondar  acerca de lo dicho por la niña en el sentido que otro  individuo  la  había  tocado  íntimamente,  o si le va bien en el colegio y la  comunidad.   

Adicionalmente  se  tiene que al postular un  error    de    hecho    por   “falso   juicio   de  raciocinio”,  olvida  sus  deberes  de  señalar con  precisión  qué  dice  en concreto el medio probatorio indebidamente ponderado,  qué  se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el mérito  persuasivo  otorgado,  determinar  el postulado lógico, la ley científica o la  máxima  de  experiencia  cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo a  la  par  indicar  su  consideración  correcta,  identificar la norma de derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y  finalmente,  demostrar  la trascendencia del error expresando con claridad cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable  obligación  de  acreditar  que  la  enmienda  del yerro daría lugar a un fallo  esencialmente  diverso  y favorable a los intereses de su representado, proceder  que en este asunto tampoco acometió el defensor.   

          En  suma  encuentra  la  Sala  que  el  recurrente  no  se detiene a  precisar   sus   asertos   de   “forma   clara   y  precisa”,  según  lo  exige  el  numeral  3º  del  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000, motivo por el cual se impone rechazar el  reparo con tales falencias presentado.   

         Acerca  de  la  segunda censura  constata la Colegiatura que el actor no procede a señalar de qué  manera  se  produjo  la  violación  directa de la ley sustancial en punto de la  negación  del  subrogado  de  la  condena  de ejecución condicional, pues solo  ofrece  su  particular ponderación de los elementos objetivos y subjetivos para  acceder  al  referido  subrogado,  sin  tener  en cuenta las consideraciones que  planteó  el ad quem sobre el  particular,  proceder  inadmisible  en  este recurso extraordinario no dispuesto  para prolongar los debates de las instancias.   

          Al respecto dijo el Tribunal:   

“Si bien con la  modificación  de  la  pena se cumple con el factor objetivo, no sucede lo mismo  con  el subjetivo, pues la gravedad y modalidad de la conducta desplegada por el  procesado,   evidencian   la   necesidad   de  tratamiento  penitenciario  y  la  protección  a  la  sociedad,  especialmente a los menores, pues con su conducta  vulneró  los  derechos  fundamentales  de  una  niña, atentando contra el bien  jurídico   de   la  libertad,  integración  y  formación  sexuales,  proceder  totalmente reprochable”.   

          Las razones expuestas bastan para inadmitir el cargo.   

          Con      relación      al      tercer  reproche  pueden  formularse  las mismas observaciones  precedentes,  pues  el  defensor  no  señala  de qué manera se equivocaron los  falladores  en  la  aplicación de la ley al negar la prisión domiciliaria a su  representado,  máxime  si no ataca en forma alguna los planteamientos que sobre  tal temática fueron expuestos en la sentencia atacada.   

          Además,  su  queja  se refiere a la falta de valoración de algunos  medios  de  convicción sobre las cotizaciones al sistema de seguridad social en  pensiones,  planteamiento que corresponde a la violación indirecta por error de  hecho   derivado  de  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  de  pruebas,  sustancialmente  diverso  de  la  violación  directa de la ley sustancial, cuya  problemática es esencialmente jurídica, no probatoria.   

          El cargo debe ser inadmitido.   

Así    las    cosas,    considera      la      Colegiatura   que  si  el  impugnante  no  conduce su demanda conforme  a  las  referidas exigencias dispuestas, de una parte,  para  acceder  a la casación discrecional y, de otra, para postular y demostrar  los  reproches  contra  el  fallo de segundo grado y, en virtud del principio de  limitación  que  rige el trámite casacional la Corte no se encuentra facultada  para  enmendar  las  falencias de aquella, de conformidad con lo dispuesto en el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000  se  impone  de  plano la inadmisión  del libelo.   

         Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,   violación   de   derechos   o  garantías  del  acusado,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le  confiere   el  legislador  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   JOSÉ        VICENTE        FLORES  MERCHÁN,  por  las  razones  expuestas  en  la parte  motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 No se  registra  el  nombre de la niña en aplicación del numeral 8º del artículo 47  del     Código     de     la    Infancia    y    la    Adolescencia.     

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