39335(08-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 289  

Bogotá, D. C., ocho (08) de agosto de dos mil  doce (2012)   

V I S T O S  

La  Corte  resuelve  el recurso de apelación  interpuesto  por  el  procesado,  doctor  Harold Gamboa  Velásquez,  contra  la decisión del 28 de febrero de  2012,  proferida  por  la  Sala de Descongestión Penal del Tribunal Superior de  Buga, que lo condenó por el delito de peculado por apropiación.   

H E C H O S  

Fueron  reseñados  por  el  juzgador  de  la  siguiente manera:   

“Entre  el  15  de marzo de 1995 y el 29 de  febrero  de  1996,  el  procesado  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ, obrando como Juez  Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura,  emitió cinco (5) fallos, en  procesos  ordinarios  laborales,  condenando  al  Fondo  de  Pasivo Social de la  Empresa  Puertos  de  Colombia-  FONCOLPUERTOS-  en  liquidación,  al  pago  de  diferentes  sumas  de  dinero,  a favor de ex trabajadores de dicha entidad, por  concepto   de   reliquidación   de  cesantías  con  indemnización  moratoria,  indemnización  por  despido  injusto,  reajuste  pensional e indemnización por  disminución  de la capacidad laboral; decisiones cuya legalidad fue cuestionada  por  la  Sala  Laboral  de  Descongestión  del Tribunal Superior de Bogotá, al  surtir  el  grado  jurisdiccional de consulta, que fuera ordenado por el Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  al considerar que contrariaban manifiestamente la  ley,   y   que   tras  ellas  se  había  agazapado  el  interés  de  favorecer  pecuniariamente   a   terceros,   en   detrimento  de  la  ya  fenecida  empresa  estatal.   

“Tales   decisiones   pueden  detallarse,  así:   

“1.  Sentencia del 15 de marzo de 1995, por  la  cual  condenó  a la Empresa a pagar a favor del demandante Gualberto Olarte  Olave,   en   su  condición  de  ex  trabajador  $733.481,51  por  concepto  de  reliquidación  de  cesantías,  fijando  en  $15.645.318,90  la  indemnización  moratoria  desde  el 25 de septiembre de 1992, más $17.579,01 diarios hasta que  se verificara el pago.   

“Por  auto del 14 de septiembre de 1995 se  ordenó  incluir  la  suma  de $736.744 como agencias en derecho, y consta en el  expediente  que  el  mismo  Juez,  mediante auto 155 del 28 de febrero de 1996 y  Oficio  B.P.  156  de la misma fecha, el entonces Juez GAMBOA VELÁSQUEZ ordenó  al    Banco    que    le    pagara    al   demandante   títulos   que   sumaron  $21.369.998,41.   

“2. Sentencia del 7 de septiembre de 1995,  por  la  cual  condenó  a  la  Empresa  a pagar a favor de la demandante María  Adelina  Bonilla de Quintero reajuste a sustitución pensional del ex trabajador  José  Quintero  Ruiz  a partir del 20 de enero de 1977, fijándola en $8.074,02  mensuales,  y  ordenó  pagar  la  suma  de  $2.585.067,28  por  concepto  de la  diferencia  que  tal reajuste generó desde el 14 de julio de 1991 a la fecha de  la providencia.   

“Aunque  no  obra  en  el  expediente  del  proceso  laboral  respectivo  que  mediante  oficio  el Juez hubiera ordenado al  Banco  hacer efectivo el pago, sí consta que por Resolución N° 2070 del 20 de  mayo  de 1998, que se le cancelaron a la apoderada Liliana Valdés de López 5.5  millones  de pesos con bonos TES, suma que en virtud de la revocatoria del fallo  el Ministerio de la Protección Social dispuso reintegrar.   

“3. Sentencia del 12 de septiembre de 1995,  por  la  cual  condenó  a  la  empresa,  a  pagar  a favor del demandante José  Emérito   García   Rentería   la  suma  de  $18.434.652,45  por  concepto  de  indemnización  por  despido injusto, condenó igualmente a pagar $23.078.865,92  por  indemnización  por  falta  de  pago de la anterior pretensión, y fijó en  $32.782,41   la   suma   a   pagar   diariamente  hasta  que  se  verificara  el  pago.   

“Días  después,  por  auto  del  25  de  septiembre  de  1995, ordenó incluir el pago de $12.552.402,oo como agencias en  derecho.   

“No consta en el expediente del respectivo  proceso  laboral  que tales pagos se hubiesen efectivizado, aunque el Ministerio  de  la  Protección Social sí reportó que por medio de la Resolución 2070 del  20  de  mayo  de  1998, de Foncolpuertos, se incluyó entre otros pagos que a la  abogada  Liliana  Valdés  de López se le cancelaran $ 125.700.000.00 a través  de  títulos  TES,  suma  que  en  virtud  de la revocatoria del fallo, el mismo  Ministerio ordenó reintegrar.   

“4.  Sentencia del 4 de diciembre de 1995,  por  medio  de  la cual condenó a FONCOLPUERTOS, al pago a favor del demandante  Rodrigo   Loaiza   Bermúdez,   la   suma  de  $26.978.934,20  por  concepto  de  indemnización  por  despido injusto. Así mismo condenó a pagar $34.441.869,24  como  indemnización  por falta de pago de la pretensión anterior, y fijó como  indemnización  moratoria  la suma de $47.703,42 diarios desde el día siguiente  al fallo hasta que tales pagos se verificaran.   

“Aunque  por  auto  del 18 de diciembre de  1995  se  ordenó  incluir  la  suma de $18.426.241 como agencias en derecho, no  obra  en  el  respectivo expediente del proceso laboral constancia de que dichos  pagos  se  hubiesen  hecho  efectivos,  sí está acreditado que por Resolución  2027  del  20  de  mayo de 1998 Foncolpuertos ordenó pagar $170.800.000.oo a la  apoderada  Liliana Valdés de López, suma ésta que en virtud de la revocatoria  del    fallo    el    Ministerio    de    la    Protección    Social    ordenó  reintegrar.   

“5.  Sentencia  del 29 de febrero de 1996,  por  medio  de  la  cual condenó a FONCOLPUERTOS a pagar a favor del demandante  Carlos  Riascos  Riascos la suma de $3.618.709,50 por concepto de indemnización  por   pérdida   de  la  capacidad  laboral.  Así  mismo  dispuso  el  pago  de  $29.070.299,65  por  el  no pago oportuno de dicha indemnización desde el 14 de  octubre  de  1992, fijando en $24. 1234,73 diarios como indemnización moratoria  desde el día siguiente al pago hasta que éste se verificara.   

“Aunque por auto del 11 de marzo de 1996 se  ordenó  incluir  la  suma  de  $9.886.314  no  obra constancia en el respectivo  expediente  laboral de que en efecto tales sumas se hubiesen pagado. Sin embargo  obra  información acerca de que Foncolpuertos, a través de la Resolución 2027  del  20  de mayo de 1998 dispuso pagar con bonos TES la suma de $83.800.000 a la  abogada  apoderada  Liliana Valdés de López, y que en virtud de la revocatoria  del  fallo  el  Ministerio  de  la  Protección  Social  ordenó  reintegrar tal  suma”.   

ACTUACIÓN     PROCESAL   RELEVANTE   

Luego de la correspondiente investigación, el  Delegado  del Fiscal General de la Nación, el 18 de julio de 2008, calificó el  mérito   del  sumario  con  resolución  de  acusación  contra  Harold  Gamboa  Velásquez  en  calidad de autor del delito de peculado por apropiación a favor  de terceros agravado, en concurso homogéneo y sucesivo.   

Ejecutoriada la anterior decisión, el proceso  fue  remitido  al  Tribunal  Superior  de  Buga, autoridad judicial que el 28 de  febrero  de  2012  condenó  al  doctor  Harold Gamboa  Velásquez  a  las  penas  principales  de 78 meses de  prisión,   multa  equivalente  a  $156.993.328.63  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la privativa  de  la libertad, como autor de  la conducta punible de peculado por apropiación.     

En  cuanto  a  este  punible originado en los  procesos  instaurados  por  María  Adelina  Bonilla  de Quintero, se ordenó la  cesación de procedimiento por razón de la prescripción.   

Por  lo  anterior,  el  procesado  interpuso  recurso de apelación.   

LA    DECISIÓN     DEL    TRIBUNAL   

La  Corporación de primer grado, después de  enunciar  las  normas  aplicables, la competencia y el debido proceso, encontró  demostrada   la  calidad  de  servidor  público  del  acusado,  con  la  prueba  documental  atinente a su nombramiento y posesión como Juez Primero Laboral del  Circuito de Buenaventura.   

Acota  que  fue  precisamente   tal   calidad   de   la   que   se   aprovechó  el  sindicado  para  colocar  ilícitamente  dineros     públicos    a    favor    de  terceros,  justamente   de   aquellos   demandantes   en   procesos  ordinarios  laborales,  profiriendo  condenas  contrarias a la legalidad y con  abierto  desconocimiento  de la normatividad por sumas  verdaderamente  exorbitantes  contra FONCOLPUERTOS, lo cual, insiste,  hizo  abusando   de   su  condición  de  juez  laboral  con  capacidad  para  ordenar  pagos.   

Comenta  que  la  materialidad         del         ilícito  objeto  de  juzgamiento y, por  ende,   la   responsabilidad   penal   del  ex  juez  procesado,    quedó  claramente  fundada con la  íntegra  revocatoria  de  todas  las sentencias laborales, en las que se hacía  evidente    el   ánimo   conciente   y   voluntario  de      favorecer      a     los     demandantes   en   dichos  diligenciamientos,      sin     que    existiera,  dentro  de  los  trámites,  mérito para  ello,   es   decir,   las  decisiones  no  consultaban  la  realidad               fáctica,           jurídica  y  probatoria,  apartándose  ostensiblemente  de la ley  laboral.   

Considera    que    el    acusado,  a  través  de  sus decisiones  irregulares    y    arbitrarias,   cuando   fungía   como   Juez   Primero           Laboral    del    Circuito,    permitió,   por   medio  de  un  buen montado contubernio con algunos abogados litigantes,  que  éstos  se apropiaran  injustificadamente de dineros públicos.   

Además,        no      propiamente      conformado   con  el  reconocimiento  de  conquistas  laborales,  sino  comprometido        con       la       defraudación       de       recursos    del    Estado,  lo  llevó  a  que profiriera condena  contra  FONCOLPUERTOS,  en  orden   a   pagar  rubros  salariales  que  evidentemente  no  debieron  ser  tenidos  en  cuenta  o que estaban prescritos, situación  por   la   que   terceras  personas  se beneficiaron de  pensiones    elevadas    en   detrimento del erario.   

Acota  que  las  providencias  dictadas por  Gamboa      Velazquez,      dentro      de      los      multicitados  procesos  laborales, permiten afirmar  que  el  procesado  dirigió  su  conducta de manera conciente y voluntaria a la  consecución  de  una  finalidad de expolio al patrimonio publico, con el ánimo  de  favorecer  a  los demandantes, pues sus pretensiones no tenían vocación de  prosperar.   

Concluye   el   Tribunal   que, aunado a  la       prueba       directa,      existen     plurales    indicios   graves   tales   como   el  de   presencia,   oportunidad   y   capacidad  para  delinquir,   pues   valga   recordar,  entre  otros,  que  en  el  año  2002  Gamboa   Velásquez  fue  condenado  por  enriquecimiento  ilícito    por  incremento  injustificado  en  su  patrimonio para la  época   en   que   se  desempeñaba  como  Juez  Primero             Laboral     del     Circuito     de  Buenaventura.   

SÍNTESIS DE LA IMPUGNACIÓN  

El      doctor     Harold  Gamboa Velásquez interpuso recurso  de apelación de la   

siguiente manera:  

Después  de  mencionar     el    grado    jurisdiccional    de  consulta,                concluye que las sentencias proferidas  contra  Foncolpuertos no  eran  susceptibles de tal medida, por lo que califica  como   grave  equivocación  el  censurarlo   por   no   haber  sometido  las  decisiones   a   dicho  trámite,   ya   que  la   entidad   era  un  establecimiento  público,  situación  que  sólo cambió cuando se reformó el  artículo  69  del  Código Procesal Laboral por medio del Decreto 1689 de junio  27   de   1997;  en  esa  medida,  estima   que  los      fallos  proferidos  antes  de la  vigencia  de  tal  decreto  estarían  por  fuera  de  los presupuestos de hecho  consagrados en el mismo.   

Anota  que  las  providencias               dictadas   por  las  Salas  Laborales  que  revocaron       las       emitidas     por    él,  en  su  condición  de Juez, están  viciadas       de      nulidad,      dado      que      fueron      emitidas  careciendo  de  competencia  territorial         y,         por  tanto,  vulnerándose   el   debido   proceso,  de      acuerdo     con   lo   establecido   en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política.   

En    lo   que   llamó   análisis probatorio, menciona que las  acciones       laborales       de      los      extrabajadores      José     Emerito     García  Renteria  y  Rodrigo  Loaiza  Bermúdez,         su        desvinculación    de   la   empresa  obedeció    a    la  liquidación   de   la  Empresa  Puertos  de  Colombia  y  la  supresión  de  los  cargos  correspondientes,  sosteniendo  que el  reconocimiento  de  las  pensiones     se     dio     con     posterioridad     a     la     terminación   de   los  vínculos  contractuales  y  no  como  debía  hacerse,      es  decir,   “primero  se  reconoce  la  pensión  y  luego  se  le  desvincula  de  la empresa y no al  contrario  porque  en  tales  condiciones   el   despido  deviene  injusto  e  indemnizable  como  en  este  caso”.   

Comenta    que    la    indemnización  moratoria  fue  por no  haberse   reconocido     la     pensión  previamente a la ruptura del  nexo   laboral    y   no   por   despido injusto.   

Respecto  del  proceso  promovido por el  señor   Gualberto   Olarte   Olave,   acota   que   aunque   éste  se  limitó  a  solicitar la reliquidación de las             cesantías  porque no se le incluyeron  todos  los  factores  salariales,  es deber del juez  interpretar  la  demanda al momento de proferir sentencia, inclusive en aquellos  casos  en que se encuentra  frente     a     un  libelo oscuro,  vago  o  impreciso  con el fin de  descubrir  la  autentica  intención     del  “suplicante”,  para lo cual transcribe jurisprudencia de la Corte.   

Expresa que hay atipicidad de la conducta,  en   la   medida   en   que   las   sentencias  proferidas   por  él  en  los  procesos  ordinarios  laborales   se   ajustaron   a  derecho,    afirmando    que    los   fallos  fueron             confirmados       por       las             Salas  Laborales  de  los  Tribunales  Superiores  de Cali, Buga y  Pereira, “sin  que   hasta   la   fecha   ninguno  de  los  Magistrados  que  tomaron  aquellas  decisiones  hayan      sido  juzgados  y condenados  por  delitos  de  prevaricato por acción           o           peculado          por          apropiación,  como  si  se ha hecho con      el      ex      Juez Primero  Laboral  del Circuito de  Buenaventura,  con total  desconocimiento  de  un  trato   jurídico  igual”;  de  ahí que advierta la ausencia de  la    modalidad   dolosa   del   comportamiento   punible   por   el   que   fue  condenado.   

A           continuación           reitera       lo      atinente      al      grado      jurisdiccional  de consulta,  a  partir  de lo cual comenta que no  es      posible      que      el      juez     que     profiera     sentencia   y   le   sea  revocada  o  calificada         de         “desacertada”   resulte   condenado,   por  cuanto  sería    avasallar  la autonomía   funcional   e   independencia   del   juez,   manifestando  que  “no  es  regla general  que  toda  decisión en la  cual   se   ha   violado   la  ley  sustancial o se haya apreciado una prueba  de          manera          indebida,  constituya  delito,    porque    si   ello   es   así       las       cárceles  estarían llenas     de    Magistrados     de     las    Salas       Laborales      …  De  manera que corregir los errores por el superior funcional  es   parte   de   la   misma   función  de  administrar  justicia     y     de     ninguna     manera    constituye    punible…”.   

Sostiene que si  cometió  un error en la  interpretación de la ley  o   al   apreciar   las  pruebas,  profiriendo una  decisión  contraria    a    la  ley,      tales  yerros  indudablemente  quedaron  corregidos  por el  superior  jerárquico y la  sanción  penal debió ser  por  el delito de prevaricato por acción,  el cual estaba prescrito y no por el  de peculado.   

Considera  equivocado  que  se  le  haya  condenado    por   el  punible  de  peculado  por  apropiación  bajo  la  interpretación  de  que  un  juez  tiene  el poder de  disposición  sobre  los  bienes  que  funcionalmente  dependen de su decisión,  toda  vez  que  el  juez  laboral   “no  profiere  decisiones  respecto  de  bienes  oficiales”.   

Reitera  que  le      resulta     obligatorio     referirse  al  delito  de prevaricato        por        acción,    aunque    fue         declarada        la        prescripción       de  la  acción  penal  en la etapa de  investigación,  por   cuanto   se  adujo  que las decisiones  son       contrarias       a       la   ley.   

Dice   que  la  interpretación del Tribunal conduce a la errada  conclusión que  cuando un juez laboral       o       un       operador       judicial       dicta         sentencia      condenatoria     contra  una      entidad  descentralizada,   se  podría derivar el delito  de     peculado     por     apropiación     a     favor     de    terceros.   

Por    lo    anterior,    insiste  en que la sentencia de condena  se   fundó   en   una   norma   inaplicable y en  una  interpretación  errada,  el  artículo  133  del  Decreto  100 de 1980 que  contempla     el     delito    de    peculado    por    apropiación;  de  ahí que concluya que no emerge  el  grado  de  conocimiento  de  certeza,    en   orden   a   predicar   la   modalidad   dolosa   en   su  comportamiento.   

Concluye    que    al    emitirse    fallo    de    carácter   condenatorio   por      el     punible   de  enriquecimiento  ilícito  proveniente  de  las  sentencias  proferidas  contra  la  Empresa  Puertos  de  Colombia  en  el ejercicio de Juez  laboral,  “no  quedó en la impunidad el delito de  peculado  por apropiación y por sustracción de materia, por este delito ya fue  sancionado     penalmente…     por    tanto    no    procedía    la        condena  ahora  nuevamente  impuesta ya que se  estaría  violando  el  principio de non bis in idem”.   

Así  las cosas, depreca a la Sala revocar la  sentencia    impugnada    y,   consecuentemente,   dictar   una   de   carácter  absolutoria.   

CONSIDERACIONES     DE    LA    CORTE   

1.  Es competente la Sala de Casación Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia para conocer del presente asunto, de acuerdo  con  el  artículo  75.3  del  Código  de Procedimiento Penal  (Ley 600 de  2000),  con  el  fin  de  resolver  los recursos de apelación interpuestos  en   procesos que conocen en primera instancia los Tribunales Superiores de  Distrito,  y  en  consideración  a  que  los  hechos  por  los  que se juzgó a  Harold   Gamboa  Velásquez  tienen origen en su calidad de Juez Laboral.   

2. Atacando los principios de limitación y no  reforma  en  peor,  consagrados en el artículo 204 del Código de Procedimiento  Penal  y  31  de  la  Constitución  Política,  la  Corporación  centrará  su  atención  a la revisión de los aspectos impugnados y, como consecuencia obvia,  aquellos  que  resulten  inescindiblemente  vinculados  a su objeto, sin que sea  permitido  agravar  la  situación  del  procesado en cuyo favor se interpuso el  recurso, por tratarse de apelante único.   

3. En     síntesis,     se     advierte    que    los    motivos      de      inconformidad    del    impugnante    se   pueden             sintetizar    de    la    siguiente  manera:   

a)  Las  providencias  que se califican   como   ilegales  no  eran  susceptibles    de  consulta.   

b)   Las   sentencias  dictadas  en  los  procesos   ordinarios  laborales    se    ajustaron    a    la   ley,   es  decir,   los  procesos  adelantados   y  las  demandas  fueron  falladas  conforme  a  las  pretensiones  planteadas.   

c)  Que  contra  el  doctor  Gamboa      Velásquez   obra   fallo   condenatorio   por   la   conducta   punible  de  enriquecimiento  ilícito,  razón  por  la  cual  no  debió  ser investigado y  juzgado por el delito de peculado por apropiación.   

Por   tanto,  se  desatará  el  recurso  interpuesto, así:   

Con   relación   al   primer   motivo  de  inconformidad,  según  el  cual,  las  providencias  que  adoptó dentro de los  procesos  ordinarios laborales, en los cuales condenó a una entidad del Estado,  no   eran   susceptibles   de   consulta,  en  la  medida  en  que  dicho  grado  jurisdiccional  no operaba respecto de las sentencias laborales proferidas en su  momento,  las cuales se encuentran relacionadas en la resolución de acusación,  valga   resaltar  que  ese  punto  ha  sido  tratado  en  múltiples  ocasiones,  reiterándosele       al       doctor       Gamboa  Velásquez   que  era  pertinente al ordenamiento  jurídico  que  el  superior  jerárquico revisara las decisiones que resultaban  contrarias  al  Fondo  de  Pasivo Social de la Empresa  Puertos  de  Colombia,  derivados  de  los mencionados  trámites judiciales.   

Al  respecto  la  Corte ha dicho1:   

“Sobre  el particular, conviene precisar  que  la  consulta  de  las  sentencias laborales proferidas por el doctor HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  se  dispuso  con fundamento en una interpretación razonable  surgida  en  torno a las normas reguladoras de la materia. “En ese sentido, se  estimó  que  como  al  tenor  del  artículo  69  del  Código de Procedimiento  Laboral,  dicho  grado  jurisdiccional  opera,  entre  otros  casos,  cuando las  sentencias  de primera instancia fueren adversas a la Nación, tal situación se  presentaba  frente  a  la EMPRESA PUERTOS DE COLOMBIA, porque el artículo 35 de  la  Ley 1ª de 1991, ordenó la asunción por parte de la Nación de los pasivos  de la mencionada entidad oficial.   

“Además,  el  procedimiento  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  al  dar  vía  libre  al  grado  jurisdiccional de  consulta,   compagina  con  el  criterio  sentado  ulteriormente  por  la  Corte  Constitucional,  a  través  de  la sentencia SU-962 del primero de diciembre de  1999, en cuya parte motiva, sobre lo pertinente, precisó:   

´Ante tan claras disposiciones, a juicio de  la  Corte  no  hay  ninguna  duda acerca de la  obligatoria aplicación del  artículo  69  del C.P.L. y, por ende, de la forzosa tramitación de la consulta  de  las sentencias de primera instancia que sean total o parcialmente adversas a  FONCOLPUERTOS, toda vez que  el  pago  de  las  acreencias  reconocidas  estaría  a  cargo  de  la  Nación,  responsable  directa  de las obligaciones laborales y del pasivo laboral de  COLPUERTOS    y    de  FONCOLPUERTOS,  según  lo  dispusieron,  en  particular,  la  Ley  1ª de 1991, el  Decreto-Ley 036 de  1992  y  el  Decreto-Ley  1689 de 1997’.   

“Punto sobre el cual, con antelación a la  decisión  constitucional,  también  se  había  ocupado  la  Sala de Casación  Laboral  de  la Corte Suprema de Justicia, en decisión de fecha diciembre 11 de  1998, en donde sobre el particular adujo:   

‘Por   sus  funciones  y  el  origen de sus recursos, y dado que la directamente obligada es  la  Nación,  resulta  imperativo  entender  que el Fondo de Pasivo Social de la  Empresa  Puertos  de  Colombia,  si  bien  es  un  establecimiento  público, su  naturaleza  jurídica  es de carácter especial, por lo que se justifica que las  prerrogativas  establecidas directamente en el decreto de creación se extiendan  aún  al  grado jurisdiccional de consulta, cuando la providencia le fuere total  o  parcialmente  adversa,  porque en este caso se está hablando de obligaciones  contraídas  por  la  Nación.   Máxime  que dentro de sus funciones se le  ordena   ‘ejercitar  o  impugnar  las acciones judiciales y administrativas necesarias para la defensa y  protección  de  los  intereses de la Nación, de la Empresa Puertos de Colombia  en    liquidación   y   del   Fondo’.   

(…)  

“Esto  significa  que  el  Tribunal  no se  equivocó   al   conocer   del   grado  jurisdiccional  denominado  ‘consulta’,  porque siendo parcialmente adversa  la  sentencia  de  primera  instancia  al  Fondo  de Pasivo Social de la Empresa  Puertos  de  Colombia, el pago de la obligación estaría a cargo de la Nación,  que  para  efectos  de  la  Ley  1ª  de 1991 y el Decreto Ley 36 de 1992, es la  única   deudora   como   responsable   de  las  obligaciones  asumidas  por  la  liquidación  de  la  Empresa  Puertos  de  Colombia, y quien, además se vería  afectada    en   sus   intereses   por   la   sentencia   condenatoria   en   su  contra”.   

Con   este   planteamiento,  ratificado  constantemente     por     esta     Sala,     según     el     cual,  las sentencias laborales producidas  contra  FONCOLPUERTOS  afectaban  el  patrimonio  de  la  nación  y,      por      tanto,  eran  consultables, conclusión que  ha   sido   avalada   por   la   Sala   de   Casación   Laboral  en  múltiples  pronunciamientos2,         ha   de   colegirse  que  carece  de  sustento  la  inconformidad  del  recurrente  sobre la  improcedencia  de  la  consulta  frente a las sentencias proferidas en contra de  la        mencionada       entidad.   

En lo atinente al segundo argumento, esto  es,  las  providencias  que  el  doctor Gamboa   Velásquez   dictó   en  los  procesos  ordinarios laborales no son prevaricadoras,  tampoco  tiene  vocación de éxito, en tanto dicho cargo no fue atribuido ni en  la  acusación  ni en la  sentencia.   

En    efecto,    la    Sala   observa   que   el  recurrente  mezcla   sus   argumentos   con   la   insistente  defensa de la legalidad de  los  fallos  laborales  cuestionados,  los que, a juicio del Tribunal, fueron el  mecanismo  por medio del cual se logró que terceras personas fueran ilegalmente  destinatarias de dineros públicos.   

En     orden     a     analizar  dicha  situación conviene destacar, en primer término,  que   tal   hipótesis,  dirigida   a   defender   la   legalidad  de  los  fallos  laborales,      carece     de     cualquier  pertinencia, habida        cuenta  que, como se advirtió, el delito por  el   que   se  le  declaró  penalmente  responsable  fue  el  de  peculado  por  apropiación   a   favor   de   terceros,  toda  vez  que  con  relación  al  punible  de  prevaricato  por  acción  se cesó todo  procedimiento    a    su   favor,   al   advertirse  que    la    acción    penal    se   había       extinguido   por   razón   de   la prescripción.   

Así las cosas,  con  el  propósito  de  sacar avante su         pretensión,  el  apelante  pierde  de  vista  que  una  cosa es que no pueda  continuarse  la  investigación  ni  eventualmente imponerse pena por el posible  delito   de   prevaricato   por   acción,   por   haber   operado  el       fenómeno      de      la  prescripción,  pero otra, muy diferente, es que las  consecuencias  derivadas  de  la  ejecución  de  las  sentencias   queden   por   fuera   del   reproche  penal.   

Valga  reiterar que el instrumento con el  cual     se     cometió    el    peculado    por  apropiación     a  favor  de  terceros fue el conjunto de sentencias en  que  se  favorecieron  las  pretensiones  de  los  demandantes  en  los procesos  ordinarios  laborales;  pero  el  que  no  se  pueda  predicar la ilegalidad del  instrumento  – por prescripción de la acción penal –  no conduce a que se  niegue    la    existencia    del    delito    producido    con   el   uso   del  instrumento.   

De    todos    modos,   con  la  revocatoria  de  las  sentencias  ordinarias laborales por  parte      de      la     Sala     de     Descongestión     Laboral, en razón  al   grado  jurisdiccional  de  consulta,           quedó   en   evidencia  que  no  estaban  asistidas    por    el    derecho    y,  por tanto,  los     pagos    que    generaron    constituyeron    una    defraudación  del  erario, independientemente  de que las decisiones sean calificadas de prevaricadoras o no.   

En    consecuencia,    el  reconocimiento  de la prescripción de la acción penal por el  delito   de   prevaricato  por  acción,  en  manera  alguna  inhibe  al juez de pronunciarse respecto del  delito  de  peculado  por  apropiación,  tal  y  como lo plantea erradamente el  recurrente.   

De   otro  lado,   respecto  a  la  insinuación    que  hace  el  memorialista,  consistente   en  que  el  juez  laboral  no  tiene  el  poder  de  disposición  sobre  los  bienes  que  funcionalmente  dependen  de  su decisión, igualmente el punto ha sido resuelto  por      la      Corte      en      múltiples  oportunidades,       informándosele        al        doctor           Gamboa         Velásquez     su    falta   de  razón.                 Véase:   

“La apropiación de dineros estatales en  beneficio  de terceros, para este caso los ex trabajadores de la Empresa Puertos  de  Colombia  y  su  apoderado  judicial, no ofrece dificultad alguna; lo que no  ocurre  con la vinculación que el Juez 8º Laboral del Circuito de Barranquilla  tenía  con  tales  dineros.  En  atención a que el instructor concluyó que el  procesado  no  ostentaba  disponibilidad  jurídica  sobre  ellos, con el fin de  lograr  la  necesaria  claridad  sobre  el  punto,  conveniente resulta recordar  algunos pronunciamientos de la Sala que ilustran el concepto.   

“En sentencia de casación proferida en la  radicación  8729,  el 4 de octubre de 1994, con ponencia del Magistrado Gustavo  Gómez Velásquez, se leen las siguientes citas:   

‘   La  expresión  utilizada  por  la  Ley  en  la  definición  de peculado y que dice  ‘en  razón  de  sus  funciones’,   hace  referencia  a  las  facultades de administrar, guardar, recaudar, etc., no puede  entenderse  en  el  sentido  de la adscripción de una competencia estrictamente  legal  y  determinada  por  una  regular  y  formal investidura que implique una  íntima  relación  entre la función y la facultad de tener el bien del cual se  dispone  o  se  hace  mal  uso; no significa, pues, que tales atribuciones deban  estar  antecedentemente  determinadas por una rigurosa y fija competencia legal,  sino  que es suficiente que la disponibilidad sobre la cosa surja en dependencia  del  ejercicio de un deber de la función. La fuente de la atribución, en otros  términos,     no     surge     exclusivamente     de     la     ley,  puesto  que  ella  puede  tener  su  origen  en un ordenamiento jurídico diverso que fija la competencia en estricto  sentido.  Lo  esencial  en  este aspecto, es la consideración de que en el caso  concreto,  la  relación  de  hecho del funcionario con la cosa, que lo ubica en  situación  de  ejercitar un poder de disposición sobre la misma y por fuera de  la  inmediata  vigilancia  del  titular  de un poder jurídico superior, se haya  logrado  en  ejercicio  de  una  función  pública, así en el caso concreto no  corresponda  a  dicho  funcionario la competencia legal para su administración.  Igual  se  presentará  el  delito  de  peculado  en  la  hipótesis  de  que la  administración  del  bien  derive  del  ejercicio  de una función nominalmente  propia     de     otro     empleado’. (Sentencia de 3 de agosto de 1976).   

‘Las facultades  de  manejo  en  el  empleado  público,  que  son las que en este caso considera  ausentes  el  casacionista,  no  solamente  las  otorga  la  ley, el decreto, la  ordenanza  o el acuerdo, sino también las resoluciones, los reglamentos y hasta  la  orden administrativa, cuando los destinatarios son servidores del Estado. De  suerte  que  por  medio  del mandato, entiéndase como contrato o como orden, se  transfieren,  trasladan  o  delegan,  total o parcialmente, esas atribuciones al  mandatario,   quien   por   el   mencionado   encargo  las  ejercita’. (Sentencia de septiembre 8 de 1981.  M.P.     Dr.     Fabio     Calderón     Botero)3   

‘En   el  entendido  de  que  la  relación  que  debe existir entre el funcionario que es  sujeto  activo  de  la  conducta  de  peculado  por  apropiación  y  los bienes  oficiales  puede  no  ser material sino jurídica  y que esa disponibilidad  no  necesariamente deriva de una asignación de competencias, sino que basta que  esté  vinculada al ejercicio de un deber funcional, forzoso es concluir que ese  vínculo  surge  entre  un  juez  y  los bienes oficiales respecto de los cuales  adopta  decisiones,  en  la  medida  en  que  con  ese  proceder  también está  administrándolos.   Tanto  es  así  que  en  sentencias  judiciales  como  las  proferidas  por el implicado en los procesos laborales que tramitó ilegalmente,  dispuso  de  su titularidad, de manera que sumas de dinero que estaban en cabeza  de   la   Nación   (FONCOLPUERTOS   –  Ministerio de Hacienda y Crédito Público), pasaron al patrimonio  de  los  extrabajadores  de la Empresa Puertos de Colombia y del abogado que los  representó,  siendo  indiscutible  que  el  acto  de  administración  de mayor  envergadura es aquel con el cual se afecta el derecho de dominio.   

“En  esas  condiciones,  la  competencia  funcional  del  Juez  8º  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla,  la cual le  permitía   resolver   los   conflictos   laborales   entre   el  Estado  y  los  extrabajadores   de   la   Empresa   Puertos  de  Colombia,  le  confirieron  la  disponibilidad  jurídica  de las sumas cobradas por prestaciones laborales a la  Nación  en  los  casos  a  que  se  refiere  este  proceso,  por  manera que la  apropiación  de tales bienes a favor de terceros, se consumó por razón de las  funciones  oficiales que cumplía el procesado, de donde se debe concluir que la  extracción  de dineros de la Nación no estructuró el delito de estafa sino el  de peculado por apropiación.”   

Este  planteamiento, ratificado de manera  permanente      por      esta      Corporación4,  conduce  a concluir que la  interpretación  dada  por el Tribunal se ajusta a la  legalidad y consulta  los  parámetros  dogmáticos  propios de la conducta  peculadora y,    como    consecuencia,     que     el     apelante    carece    de    razón    en    su  inconformidad.   

Por  último,  frente  al  tema,  según el cual, el fallo condenatorio dictado en su contra no  dejó  en  la  impunidad  el  delito de peculado por apropiación, razón por la  cual      la      sentencia      recurrida      carece      de      legalidad,  también  será despachada  desfavorablemente,     puesto     que,       como       se       le      adujo      al      impugnante,  en    sentencia    del  10      de     marzo     de     2010,     en     el     radicado    No.  33435,  sí  es  posible  que  concurse el  tipo  penal  de  enriquecimiento ilícito de servidor público  con  el de peculado por apropiación, en la medida en  que  cada  uno  de  ellos está dirigido a sancionar  aspectos  diferentes  del  accionar  delictivo del acusado, por lo que en manera  alguna  se  puede  afirmar  que  se  trata  de  la  doble  punición de la misma  conducta.    

En efecto, por  medio   de  la  sanción  del  peculado,    se    le    reprocha   haber   colocado   en   manos  de  terceros  dineros públicos de  manera  ilegal,  específicamente  en  lo  que  atañe  a los procesos laborales  tramitados   en   su   despacho,   en  los  que  fueron  demandantes,    entre    otros,    Guadalberto  Olarte  Olave,   José  Emerito  García  Rentería,  Rodrigo  Loaiza  Bermúdez  y  Carlos Riascos Riascos,  de  los cuales se puede concluir que lo que se adujo como error involuntario, no  lo   fue,   dado   que  lo         que         se        pretendía         era     defraudar     la    empresa  portuaria.   

Esta Sala nota que en algunos  libelos  no hay una sola línea sobre la ineptitud de la demanda  por  falta tanto de requisitos formales como de sustento jurídico y probatorio,  sin    embargo   Gamboa  Velásquez   profirió   sentencias        condenatorias,  de  lo  cual  nuevamente  se  deduce  la intención  de defraudar el erario, como lo adujo  el  Tribunal, “de  manera  maquinal  y  obrando cual un autómata, disponer de  los     recursos    de    la    estatal  empresa,  para  conceder  todo  lo  que  sin  ningún  rigor fueran pidiendo abogados como  Liliana   Valdez   de   López.   Y   con   razón   la   Sala  de  Descongestión  cuestionó  al revocar  las  referidas  decisiones  del Juez que éste no tuvo empacho en transgredir el  Derecho  de  Defensa,  fulminando  condenas, a todas luces estrafalarias, por lo  que no se alegó, debatió y probo”.   

La  administración  pública  (bien  protegido  por el legislador) sufrió un grave  quebranto  con  la  actividad  judicial  realizada  por  el  ex juez,  quien  en  una  clara muestra de un  ejercicio  abusivo  del  poder  que  le  otorgaba el cargo y las funciones a él  discernidas,  dispuso  en  forma  ilícita  de  los  dineros  de la Nación  –  Fondo  del  Pasivo  Social  de  la  Empresa Puertos de  Colombia, Foncolpuertos.   

En      conclusión,  la  Sala  encuentra satisfechos los  elementos    objetivos   que   estructuran   esta   conducta   penal,        pues       i)  la condición de servidor público  del    ex    juez    está    probada,    ii)  abusó   del   cargo   y   entró  en  relación     de     disponibilidad  jurídica   sobre  bienes  del  Estado,    iii)  dispuso    de    tales    bienes   y   iv)  logró  con  su comportamiento un  provecho ilícito a favor de terceros.   

Frente  al aspecto subjetivo, determinado  por  el  provecho  ilícito  que  persigue  el  servidor  público  en su propio  beneficio  o en el de un tercero, resulta irrefutable  que  se  trató  de  una  verdadera  empresa  criminal en donde los abogados y ex trabajadores presentaron  demandas  con  pretensiones  inadmisibles; sin embargo el aporte del funcionario  judicial  fue  vital,  pues al tener la disponibilidad jurídica de los dineros,  fue  quien  dictaminó  en  cada  uno  de  los  procesos  la  prosperidad de las  pretensiones  y la entrega de los títulos judiciales con los que se defraudaron  las arcas públicas.   

En  tales condiciones, las pruebas recaudadas  en   el   diligenciamiento   permiten   concluir   que  el  doctor  Gamboa  Velásquez,  con pleno conocimiento  y  voluntad  de  su  ilícito  proceder,  realizó  la  conducta  por la que fue  acusado,  comportamientos  dolosos  que se advierten en la forma como falló los  distintos  procesos  laborales  con  un  injustificable  desconocimiento  de las  disposiciones  procesales que regulan la materia y su función, lo que prueba el  elemento subjetivo del injusto.   

En  estas  condiciones  no resultan de recibo  ninguno  de los argumentos expuestos por el apelante. Por las razones anunciadas  anteriormente,  las que se incorporan a las expuestas por el juzgador de primera  instancia,  la  Sala  ratificará  el  fallo  impugnado,  en  cuanto  se declara  penalmente   responsable   al   doctor  Harold  Gamboa  Velásquez  por los delitos de  peculado   por  apropiación  a  favor  de  terceros.   

Por  lo  anterior, la sentencia apelada será  confirmada en su integridad   

          

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.  CONFIRMAR  la  sentencia impugnada.   

2.  Contra  esta  providencia no procede recurso alguno.   

Cópiese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS BARCELÓ CAMACHO                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                       LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                               JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

                                                     Secretaria   

    

1  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 15 de julio  de  2008,  Radicado 29837, reiterado en sentencia  33201 del 27 de abril de  2011.   

2  Entre  otros,  Autos  de  2007,  de 31 de julio radicado 24116, y diciembre  10, radicado 32544.   

3 En  sentido  similar:  Sentencia,  octubre  2/97, Rad. 11.657.   Sentencia  noviembre    12/97,    Rad.    9887.    Sentencia   ,   noviembre   3/98,   Rad.  10.778.   

4  Entre  otros,  por  medio de sentencia calendada el 31 de marzo de2008, radicado  29837.     

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