39137(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE        SUPREMA        DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 376  

Bogotá  D.C.,  octubre  diez (10) de dos mil  doce (2012)   

VISTOS  

La  Sala  acomete  el  análisis  sobre  el  cumplimiento  de los requisitos de lógica y suficiente demostración dispuestos  en  la  ley,  respecto  del  libelo  de  casación presentado por el defensor de  GERMÁN   ISAZA  QUINTERO,  contra  el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior de Bogotá el  18  de  enero  de 2012, confirmatorio del proferido por el Juzgado Treinta Penal  del  Circuito  de  Descongestión de la misma ciudad el 30 de junio de 2011, por  medio  del  cual  condenó  al  mencionado  ciudadano  como  autor del delito de  omisión del agente retenedor.   

HECHOS  

          Según  fue  referido  en  la denuncia presentada por un funcionario  del  Grupo  Interno  de  Trabajo  de  la  Unidad Penal de la División Jurídica  Tributaria  de  la  Administración  Especial  de Impuestos Nacionales, Personas  Jurídicas     de     Bogotá,     GERMÁN    ISAZA  QUINTERO,  en  su condición de representante legal de  la  sociedad  COTTON DIE S.A., no procedió a consignar las sumas recaudadas por  concepto  de IVA correspondientes a los periodos 4º y 6º de 2003, 1º y 2º de  2004,  así  como  las retenidas por concepto de retención en la fuente durante  los  meses  de octubre a diciembre de 2002, enero a diciembre de 2003, y enero a  julio de 2004, valores que ascendieron a $150.111.000,00.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          La  Fiscalía Seccional de Bogotá declaró abierta la instrucción,  en   curso   de   la   cual   vinculó   mediante   indagatoria  a  GERMÁN ISAZA.   

          Cerrada  la etapa instructiva, el mérito del sumario fue calificado  el  20  de  junio  de 2008 con resolución de acusación en contra del procesado  como presunto autor del delito de omisión del agente retenedor.   

El ciclo del juicio correspondió adelantarlo  al  Juzgado  Cuarenta y Tres Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez  realizada  la  audiencia  pública,  remitió  la  actuación  a su homólogo el  Juzgado  Treinta  de  Descongestión, el cual dictó sentencia el 30 de junio de  2011,   a   través  de  la  cual  condenó  a  ISAZA  QUINTERO  a  la  pena principal de treinta y seis (36)  meses   de   prisión   y  multa  por  $300.222.000,00,  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de  libertad,  como  autor penalmente  responsable del delito objeto de acusación.   

          En  la  misma  decisión  le  fue  otorgado el subrogado penal de la  condena de ejecución condicional.   

          Al  conocer  del  recurso de apelación interpuesto por la defensa y  la  parte  civil  [Dirección  de  Impuestos  y  Aduanas  Nacionales (DIAN)], el  Tribunal  Superior de Bogotá confirmó el fallo condenatorio mediante sentencia  del  18 de enero de 2012, la cual es ahora objeto de impugnación extraordinaria  propuesta por el defensor del procesado.   

EL LIBELO  

Luego  de  identificar  a  algunos  sujetos  procesales,  de  señalar  los hechos y de expresar in  extenso  en  un texto de libre factura lo que denomina  “ANTECEDENTES    DE   LA   VIOLACIÓN”,   donde   refiere   la  “TERQUEDAD  ABSOLUTA”   de  los funcionarios judiciales, su  incapacidad  para  entender  lo acaecido, “SUS ACTOS  ILÍCITOS”,  amén  de  la  ausencia  de  pruebas  y  sustentación  en  las  sentencias de primera y segunda instancia, el recurrente  formula   tres   reparos   que   postula   y   desarrolla   en   los  siguientes  términos:   

1.            Primer cargo: Nulidad por violación del  debido proceso   

          Advera  el  recurrente  que  en virtud del principio de legalidad se  impone  reconocer  que  la  acción penal se encontraba prescrita para cuando se  dispuso  el  cierre de investigación, asunto no ponderado por los funcionarios,  quienes  “SE  HACEN LOS DE LA VISTA GORDA E IGNORAN  MUCHAS  IRREGULARIDADES  PARA  CONTINUAR  CON  UN  PROCESO  QUE NO TENÍA PORQUE  (sic)  SEGUIRSE”.   

Igualmente   señala  que  “EL  9  DE  JULIO  DEL  2008  QUEDO  (sic)  EN  FIRME  LA  CALIFICACIÓN  DEL MÉRITO DEL SUMARIO  HABIENDO  TRASCURRIDO 6 AÑOS  5   MESES   DESDE  LA  COMISIÓN  DEL  SUPUESTO  PUNIBLE  ESTANDO  PRESCRITA  LA  ACCIÓN”.   

Acto  seguido trascribe los artículos 83 de  la  Ley  599  de  2000  y 9º de la Ley 600 de 2000. Más adelante cita doctrina  nacional  sobre  el  concepto de legalidad del proceso, así como jurisprudencia  de  esta  Sala  de  1983  sobre  las  nulidades  supralegales  y  normas  de  la  Convención   Americana  de  San  José  de  Costa  Rica  sobre  las  garantías  judiciales.   

Con  base en lo anterior solicita la nulidad  de  los  fallos  y  la  extinción de la acción por prescripción de la acción  penal del delito por el cual fue condenado su asistido.   

          2.        Segundo  cargo  (subsidiario): Violación directa de la garantía de  presunción de inocencia   

          Afirma  el  defensor  que  los  falladores  ignoraron las normas que  exceptúan  la  responsabilidad  penal  en caso de acuerdo como ocurrió en este  asunto,  específicamente  del  artículo  42  de la Ley 633 de 2000, cuyo texto  transcribe.   

Después,  el demandante trae a colación el  artículo  9º  de  la Ley 600 de 2000, así como apartes del artículo 29 de la  Carta  Política,  el  estatuto  penal  y  el  Código  Penal  adjetivo sobre la  presunción  de inocencia, para luego citar en forma amplia doctrina extranjera,  jurisprudencia  de  la Corte Constitucional y de esta Sala de Casación sobre la  mencionada   garantía,   así   como   respecto   del   principio  in dubio pro reo.   

Precisa  que “la  vía  seleccionada corresponde a la segunda de las modalidades indicadas, ya que  el  suscrito defensor ataca son los errores de hecho o de derecho en la errónea  apreciación   de   las   pruebas,  en  que  incurrió  el  Tribunal”.   

En  el acápite que denomina “DESARROLLO  DEL CARGO” trascribe una vez  más  fragmentos  del  artículo  29  de la Constitución, el Código Penal y la  normativa  procesal  penal  sobre  la  presunción  de  inocencia, cita en forma  extensa  la misma doctrina extranjera, jurisprudencia de la Corte Constitucional  y  de  esta  Sala de Casación respecto de aquella garantía, así como sobre el  principio     in    dubio    pro    reo.   

          Entonces,  concluye  que el Tribunal dejó de aplicar los artículos  29  de  la  Normativa Superior, 7º del Código Penal, y 7º y 232 de la Ley 600  de  2000,  motivo  por  el cual depreca casar el fallo atacado, para en su lugar  dictar sentencia absolutoria a favor de su representado.   

3.            Tercer  cargo  (subsidiario):  Error  de  hecho por falso juicio de identidad   

          Señala  el  casacionista  que  “para el  caso  el  análisis  hecho  por el ad quo se fundamento  (sic)  mas (sic) en  conjeturas,  que en otra cosa haciéndose así el análisis del  cargo,  esto  es  a  la  materialidad  de  la  prueba  ha  sido  elaborada en su  interpretación  LA  CERTIFICACIÓN DE DEUDA DADO (sic)  POR  LA  DIAN  LA  CUAL  CORRESPONDE A UN ERROR EN EL  SISTEMA  DE  DICHA  EMPRESA  COMO  SE  PUDO CONSTATAR EN LO SUCEDIDO FRENTE A LA  FISCALÍA  200  SECCIONAL  DE  BOGOTÁ  D.C.  RADICADO 11001210404320080058801 Y  LUEGO    ANTE    LA    FISCAL   264   SECCIONAL   DE   BOGOTÁ   D.C.   RADICADO  1100160000492006005944.  Por  los  mismos  hechos y bajo la misma imputación EN  DONDE  SE  CERTIFICO (sic) EN  CEROS  LA  OBLIGACIÓN  DE  DONTRIBUYENTE  Y  LO ACLARO  (sic)   EN   LA   SOLICITUD  DE  PRECLUSIÓN  PRUEBA  SOBREVINIENTE   QUE  DEMOSTRARÍA  EL  ERROR  DEL  ESTADO  Y  LA  INOCENCIA  DEL  ENJUICIADO,  pero  dichos elementos probatorios son ignorados al expresar que la  carga   de   la   prueba  se  encontraba  en  cabeza  del  procesado” (mayúsculas en el texto).   

De  otra  parte  afirma  que  GERMÁN  ISAZA  es inocente de los cargos  por los cuales se le acusa, pues no se adecuan típicamente.   

Precisa   que   las   conductas  imputadas  corresponden  a  los años 2002 y 2003, que existió acuerdo de pago, el cual se  suscribió  y  cumplió  y  que “LAS CERTIFICACIONES  RESPECTO  AL  INCUMPLIMIENTO ERAN FALSAS COMO SE CORRIGIÓ CON POSTERIORIDAD POR  LA MISMA DIAN”.   

A  su  vez, sin más, anota: “Si   bien   la  investigación  demostró  y  estableció  que  los  procesados  incurrieron  en  la conducta de porte ilegal, frente al homicidio no  se   determinó   ninguna   de   sus   exigencias   para   denominarla  conducta  punible”.   

          Después  de  transcribir  algunas  normas sobre la culpabilidad, la  causalidad,   la  conducta,  la  necesidad  de  la  prueba,  la  presunción  de  inocencia,  la  preclusión  de  investigación y cesación de procedimiento, el  defensor  solicita  se absuelva a su procurado del cargo por el cual fue acusado  y condenado en las instancias.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Cuestión inicial   

Sea  lo  primero  señalar  que  el  proceso  judicial,  y  con  mayor  razón,  el  recurso  extraordinario de casación, son  asuntos  demasiado  serios  como  para  que sirvan de receptáculo a expresiones  descomedidas  de  los  sujetos  procesales  como  las  contenidas  en  el libelo  casacional  presentado por la defensa, cual si se tratara de una diatriba contra  los  funcionarios  judiciales  al  tratarlos  de  tercos, incapaces de entender,  parcializados  o  hasta  de  delincuentes,  proceder  que no se acompasa con los  deberes  de  los sujetos procesales reglados en el numeral 3º del artículo 145  de    la   Ley   600   de   2000   al   disponer   que   deben   “Abstenerse  de  usar  expresiones  injuriosas  en  sus  escritos  y  exposiciones    orales    y   guardar   el   debido   respeto   al   funcionario  judicial…”.   

Examen formal de la demanda  

Ha  puntualizado  la  Corte que en el examen  sobre  la admisibilidad de los libelos casacionales le corresponde constatar que  los  recurrentes formulen sus censuras con sujeción a las exigencias de lógica  y  pertinente  argumentación definidas por el legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia  adicional  a  las  surtidas. Tales requisitos se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación  (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

          Además,  de  acuerdo  con  la  preceptiva  del  artículo 213 de la  mencionada  legislación “si el demandante carece de  interés  o  la  demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

Ahora, según el inciso 1º del artículo 205  de  la  Ley  600  de  2000,  este  recurso  extraordinario  es viable contra las  sentencias  de segunda instancia proferidas “por los  tribunales   superiores   de   distrito   judicial   y  por  el  Tribunal  Penal  Militar”, siempre que se proceda por “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Tratándose  de  fallos  de segundo grado no  proferidos  por  los  mencionados  tribunales  o cuando el delito por el cual se  procede  tiene  pena  privativa  de la libertad inferior al quantum señalado en  precedencia  (como  acontece  en  este  caso)  o  sanción  no restrictiva de la  libertad,  el inciso 3º del artículo 205 del estatuto procesal penal faculta a  esta  Sala  para admitir discrecionalmente los libelos de casación presentados,  “cuando  lo  considere necesario para el desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          Para  acudir al recurso de casación por la vía discrecional es del  resorte  del  impugnante  señalar con claridad y precisión las razones por los  cuales  debe intervenir la Corte, ya para pronunciarse con criterio de autoridad  respecto   de  un  tema  jurídico  específico,  bien  para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  ora  para abordar un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la  dual  utilidad  de brindar solución al asunto y servir de guía a la  actividad judicial.   

Si el censor pretende asegurar la garantía  de  derechos  fundamentales, tiene el deber de acreditar la violación e indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  demostrar    su    desconocimiento    en    el    fallo    recurrido.   

Es improcedente plantear simultáneamente las  dos  especies  de casación (ordinaria y discrecional), pues son excluyentes, en  cuanto  la  segunda  es  sucedánea de la primera, es decir, sólo procede en la  medida en que no resulte viable la casación ordinaria.   

         En  el  caso  examinado  advierte  la Sala que en punto del recurso  extraordinario  de  casación  se  impone acudir a la vía discrecional, pues se  procede  por  el delito de  omisión      del      agente     retenedor     o  recaudador,   cuya  pena  máxima  privativa  de  la  libertad  no  supera  los  referidos ocho (8) años dispuestos para acceder a la  casación común.   

         Pese     a     ello,     el  defensor  no  acude  a tal sendero y  por  ello,  no  se  refiere  de  manera  alguna a las  razones   dispuestas  por  el  legislador  para  que  proceda  la  intervención  excepcional  de  la  Corte  en el asunto. Así pues, no  identifica  en  concreto  la  temática  que debe abordar el pronunciamiento, no  dice  si  sobre  el particular ya hay jurisprudencia y, de ser así, cuáles son  las  decisiones  que  se  ocupan  del  asunto  y cómo se relacionan con el caso  objeto  de  estudio,  omisión  que  a  la postre le impide identificar el punto  dudoso,   la  existencia  de  providencias  contradictorias,  o  el  vacío  que  corresponde  dilucidar  jurisprudencialmente  y cómo el desarrollo del concepto  reclamado  tiene  la  doble  utilidad  de servir, tanto para este trámite, como  para  la  solución de casos similares, de modo que ab  initio   se  encuentran   serias   falencias  en  la  presentación del libelo.   

Adicional  a lo expuesto, tampoco del cuerpo  de   la   demanda  consigue  advertirse  el  quebranto  de  las  garantías  del  acusado.   

En   efecto,  en  punto  del  primer  reparo  observa  la  Sala  que  el  casacionista  reclama  la  prescripción  de  la  acción  penal, sin proceder a  desarrollar  su  planteamiento,  y lo más importante, sin tener en cuenta en su  cómputo  del  término  prescriptivo el incremento derivado de la condición de  servidor  público  de  su  procurado,  según  se  deduce  del  claro texto del  artículo 20 de la Ley 599 de 2000, al señalar:   

“Servidores  públicos.  Para todos los efectos de la ley penal, son servidores públicos los  miembros  de  las  corporaciones  públicas,  los  empleados  y trabajadores del  Estado  y  de  sus  entidades descentralizadas territorialmente y por servicios.   

Para  los  mismos  efectos  se  consideran  servidores   públicos   los   miembros  de  la  fuerza  pública,  los   particulares   que   ejerzan  funciones  públicas  en  forma  permanente   o   transitoria,   los  funcionarios  y  trabajadores  del  Banco  de  la  República,  los  integrantes  de la Comisión  Nacional  Ciudadana  para  la  Lucha  contra  la  Corrupción y las personas que  administren  los  recursos  de  que  trata  el artículo 338 de la Constitución  Política”  (negrillas fuera de texto).   

          Tampoco  se  ocupa  de lo dicho por esta Sala respecto de la calidad  de  los  agentes retenedores, por ejemplo, en fallo de casación del 27 de julio  de  20011  (Rad.  30170),  motivo  por  el cual es palmario que el cargo resulta  ayuno de acreditación.   

Adicionalmente, no se ocupa de demostrar que  en  la  instrucción  se cumplió el término de prescripción de ocho (8) años  antes  de  la  acusación,  máxime  si  los hechos acaecieron en el año 2002 y  aquella se profirió el 20 de junio de 2008.   

Ahora, si la acusación cobró ejecutoria el  9  de  julio de 2008, es claro que a la fecha de proferimiento de esta decisión  no  se  ha cumplido el término de seis (6) años y ocho (8) meses dispuesto por  el  legislador  y  puntualizado  por  la jurisprudencia de esta Sala para que se  encuentre  prescrito  el delito de omisión del agente retenedor o recaudador en  la  fase  del juicio, de modo que resulta bastante imprecisa y ajena a la verdad  la  afirmación del demandante al señalar que “EL 9  DE   JULIO   DEL   2008   QUEDO   (sic)  EN   FIRME  LA  CALIFICACIÓN  DEL  MÉRITO  DEL  SUMARIO  HABIENDO  TRASCURRIDO  6 AÑOS 5 MESES  DESDE    LA    COMISIÓN    DEL    SUPUESTO   PUNIBLE   ESTANDO   PRESCRITA   LA  ACCIÓN”.   

          Las   razones   expuestas   son   suficientes   para   inadmitir  el  cargo.   

En punto del segundo  reproche  encuentra  la  Colegiatura  que  el defensor  propone  la  violación directa de la ley sustancial, la cual tiene lugar cuando  a  partir  de  la  apreciación  de los hechos legal y oportunamente acreditados  dentro  del  diligenciamiento, los sentenciadores omiten aplicar la disposición  que  se  ocupa  de  la  situación  en  concreto,  en cuanto yerran acerca de su  existencia  (falta de aplicación o exclusión evidente), realizan una equívoca  adecuación  de  los  hechos  probados a los supuestos que contempla el precepto  (aplicación  indebida),  o le atribuyen a la norma un sentido que no tiene o le  asignan   efectos   diversos   o  contrarios  a  su  contenido  (interpretación  errónea).   

En  tal caso, sin que interese la especie de  vulneración  directa  de  la  preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores  recae   sobre   la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito     estrictamente     jurídico,  sea  porque  se  dejó  de  lado  el  precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a  una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

Desde luego, no se debate allí la actividad  probatoria   ni   su   ulterior  ponderación  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En  el  cargo  examinado  en  punto  de  su  admisión  se  observa,  que  pese  a  postular  la violación directa de la ley  sustancial,  el libelista se orienta a deplorar la ponderación de los medios de  convicción,   al   punto   que   más   adelante  refiere  que  “la  vía  seleccionada  corresponde a la segunda de las modalidades  indicadas,  ya  que  el  suscrito  defensor  ataca son los errores de hecho o de  derecho  en  la  errónea  apreciación  de  las  pruebas,  en  que incurrió el  Tribunal”,  proceder  ambiguo  e  impreciso  que  se  desentiende  de  lo exigido en el numeral 3º del artículo 212 de la Ley 600 de  2000,  al  señalar  que  la  demanda de casación debe contener “la  enunciación de la causal  y  la formulación del cargo, indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos y las normas  que  el  demandante  estima  infringidas”  (subrayas  fuera de texto).   

Como viene de verse, el recurrente falta a su  deber  de  claridad  y  precisión,  pues simultáneamente postula la violación  directa  e  indirecta  de  la  ley  sustancial,  sin  percatarse  que una y otra  corresponden  a temáticas diversas y que su objeto y demostración son también  diferentes.   

Igualmente  se  constata  que  pese  a citar  extensos   apartes   de   doctrina   foránea   y  jurisprudencia  nacional,  el  casacionista   no   se   esfuerza   por  articularlos  con  el  caso  objeto  de  estudio.   

En cuanto atañe a la reclamación que cifra  en  la falta de aplicación del principio in dubio pro  reo,  era  imprescindible  que señalara la vía de su  impugnación,  esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o indirecta. Si  postulaba  la  primera, le correspondía demostrar que el fallador reconoció en  las   consideraciones   de   la  providencia  atacada  la  existencia  de  dudas  trascendentes  de  imposible eliminación sobre la materialidad de la conducta o  la  responsabilidad del procesado y, pese a ello, profirió sentencia de condena  con  exclusión evidente de la disposición normativa que contiene el principio,  cuando   le   correspondía   en   consonancia   con  su  exposición  absolver,  circunstancia que no tuvo lugar en el fallo impugnado.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

          El cargo debe ser inadmitido.   

          Finalmente,  en  cuanto atañe a la última  censura en la cual alude al falso juicio de identidad,  es  oportuno  rememorar que tal yerro acontece cuando los falladores al ponderar  el  medio probatorio distorsionaron su contenido cercenándolo, adicionándolo o  tergiversándolo,  caso  en  el  cual  corresponde  al  demandante identificar a  través  del  cotejo  objetivo  de  lo  dicho en el elemento de convicción y lo  asumido  en  el  fallo,  el  aparte  omitido o añadido a la prueba, los efectos  producidos  a partir de ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia de  la  falencia  en  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  tópico de  improcedente  demostración  con  el simple planteamiento del criterio subjetivo  del  recurrente  sobre  la prueba cuya tergiversación denuncia, en cuanto es su  obligación  acreditar  materialmente  la  incidencia  del  yerro en la falta de  aplicación  o  la  aplicación  indebida de la ley sustancial en el fallo, esto  es,  señalar  la  modificación  sustantiva  de  la  sentencia  atacada  con la  corrección  del error y la debida valoración de la prueba, en conjunto con las  demás, labor que el casacionista tampoco acometió.   

          Sin  dificultad se constata que el impugnante únicamente se orienta  a   deplorar   de  forma  desordenada,  confusa  y  sin  un  hilo  conductor  la  apreciación  que  de las pruebas efectuó el Tribunal, pero no atina a señalar  con  precisión los apartes cercenados, adicionados o tergiversados, a partir de  los cuales se edificó el fallo impugnado.   

La confusión del censor es tal, que aduce en  el  desarrollo del cargo: “Si bien la investigación  demostró  y  estableció que los procesados incurrieron en la conducta de porte  ilegal,  frente  al  homicidio  no  se determinó ninguna de sus exigencias para  denominarla   conducta   punible”,   temática  por  completo ajena al asunto aquí debatido.   

          Se impone inadmitir el reproche.   

          En  suma,  sin  dificultad  encuentra  la Corte que el impugnante se  limita  a  exponer en desorden su particular valoración del caso, pero no atina  a  señalar  por  qué  debe  intervenir  discrecionalmente la Corte, ni en qué  consistieron  los  yerros de los juzgadores, olvidando la presunción de acierto  y  legalidad  de  la  cual  se  encuentra  revestida  la  sentencia  objeto  del  recurso.   

De   acuerdo   con   las  consideraciones  precedentes,  habida  cuenta  que  el  libelo  de  casación no corresponde a un  alegato  de  libre  e  informal elaboración, su presentación con base en meras  apreciaciones   personales  del  defensor  y  sin  atenerse a alguna de las reglas lógicas y argumentativas  que   gobiernan   este   medio   extraordinario   de  impugnación, como ha ocurrido en este asunto, impone  la  inadmisión de la demanda de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 213 de  la  Ley  600  de  2000, porque en virtud del principio de limitación propio del  trámite  casacional,  la  Corte  no  se encuentra facultada para enmendar tales  falencias.   

          Para   concluir   es   pertinente   indicar  que  no  se  advierte  en  el  curso  del  diligenciamiento  o en la sentencia  objeto   del   recurso,  violación  de  derechos  o  garantías  del   procesado,   como   para  que  ello  determinara   ejercer   la  facultad  oficiosa  que  en  punto  de  asegurar  su  protección   le   confiere   el   legislador   a  la  Corte.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   GERMÁN  ISAZA  QUINTERO, por las razones  expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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