39305(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 376  

Bogotá,  D. C., diez (10) de octubre de dos  mil doce (2012)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el apoderado de la víctima,  contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca, mediante la cual confirmó la proferida por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  La  Mesa,  que  absolvió  a José  Ignacio  Correa  Pil  de los cargos  imputados en el escrito de acusación.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“Conforme  a  la prueba que legalmente fue  aportada  al  juicio,  se  tiene  que a eso de las 12:30 horas del 24 de mayo de  2009,  la  Sala  de  Radio  de  la  Estación  de Policía del Municipio de Tena  (Cundinamarca),  pone  en  conocimiento de la Policía Judicial SIJIN de La Mesa  que  en la vereda Cativa Kilómetro 2 de la vía a Santa Bárbara, jurisdicción  de  dicha  localidad,  se  realizó  el hallazgo de una camioneta doble cabina y  platón,  marca  Nissan  4×4,  modelo  2007,  color  blanco,  de placas THK-517,  abandonada  con  las  puertas  abiertas  y cerca de la misma dos cuerpos de sexo  masculino  sin  vida,  los cuales posteriormente fueron identificados como JOSÉ  FERNANDO BUSTOS SUÁREZ y LUIS ALFONSO BUSTOS BUITRAGO.   

“En  relación  con  tales  víctimas,  se  estableció  que  se dedicaban al comercio y según lo informaron sus familiares  quince  días antes de los hechos el hoy occiso LUIS ALFONSO BUSTOS recibió una  llamada  a  su  celular  por  parte  del  señor JOSÉ IGNACIO CORREA PIL, quien  tiempo  atrás  había  trabajado  con  él,  solicitándole  le  diera trabajo,  situación  que éste se la comentó a su esposa. Posteriormente, IGNACIO CORREA  vuelve  a  llamar  a  LUIS  ALFONSO para referirle que un amigo de él se había  encontrado  una  caleta de dólares en una vereda cerca al municipio de La Mesa,  que  los estaba vendiendo a un buen precio y si sabía quien los podía comprar.  Aconteció  que  LUIS  ALFONSO  BUSTOS,  le  comentó  el asunto al señor JOSÉ  FERNANDO  BUSTOS,  quien  se  vio  interesado  en  el  negocio  de  la compra de  dólares,  razón por la cual se acordaron tres citas y en la segunda verificada  para  el 21 de mayo aquellos viajaron hasta un sitio cerca al municipio de Tena,  pero  el  negocio no se concretó, por cuanto el supuesto campesino dueño de la  guaca  decidió  no  acordar, dada la presencia del señor PEDRO MANCILLA PEÑA,  quien era trabajador y acompañaba a FERNANDO BUSTOS.   

“Posteriormente,  se  concretó  otra cita  para  el  24  de  mayo  de 2009, a la cual concurrió LUIS ALFONSO BUSTOS, quien  viajó  de  su  casa  ubicada en Fusagasugá y se encontró en Bogotá con JOSÉ  FERNANDO  BUSTOS,  llevando este último la suma de $45.000.000.oo para realizar  la  compra  de  los  supuestos dólares, saliendo ambos en horas de la mañana a  cumplir  el  negocio,  sin saber más de ellos hasta cuando en horas de la tarde  se  hallaron  los  cadáveres  y  se  determinó  el  apoderamiento  del  dinero  llevaban”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por    el    anterior   acontecer,     la     Fiscalía     General    de    la  Nación  presentó   

escrito  de  acusación  contra José  Ignacio  Correa Pil, por los delitos  de  homicidio  agravado,  hurto  calificado  agravado y fabricación, tráfico y  porte de armas de fuego o municiones.   

2.  Celebrada las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral,  el  Juzgado Penal del Circuito con  función  de  conocimiento  de  La  Mesa (Cundinamarca),        el        24    de  febrero      de  2012,   absolvió  a  José  Ignacio Correa Pil  de los delitos por los cuales fue acusado.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el       defensor,      el         Tribunal         Superior         de        Cundinamarca,  el   26   de   abril  de  2012,  al desatar el recurso, lo confirmo en su integridad.   

Contra la anterior decisión, el apoderado de  la víctima interpuso recurso de casación.   

L   A      D  E  M  A  N  D  A    D E    C A S A C I Ó N   

Al  amparo  de  la causal primera, según la  sistemática   reglada   en   la   Ley   906   de  2004,  presenta  un  sólo  reproche,  a  través  del cual  acusa   al   Tribunal  de  haber  transgredido,  de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial,   por   “violación  in  indicando  por  errores  en  su  aspecto  conceptual  y  que  repercuten en el aspecto netamente  sustancial,  toda  vez  que se dejaron de aplicar contra el señor José Ignacio  Correa  Pil,  las  perceptivas de los artículos 12, 25, 28, 29, 31, 34, 35, 54,  58,  59,  60,  61,  103,  104,  239,  240 y 241 del Código Penal que implica la  violación  de  los  derechos  fundamentales en este proceso de las víctimas de  los  crímenes  aquí investigados, en este caso de la señora Eufemia Bustos de  Bustos    –   cónyuge  supérstite  del  obitado  y  consagrado en los artículos 11, 28, 29, 58, 228 y  230  de  la  Constitución  Política, concordancia con los artículos 102, 103,  104,  105,  381,  382  y  234  de  la  Ley  906  de 2004 y por la violación del  artículo 55 de la ley 270 de 1996…”.   

Sostiene  que  hubo  un  falso  juicio  de  existencia,  por cuanto el acusado sí estaba al tanto de la negociación de los  dólares  y  tuvo  comunicación con una de las víctimas el día de los hechos,  “de  allí  tiene  que deducirse su responsabilidad  dolosa  como  coautor  impropio  de  los  punibles”,  acontecer fáctico que fue desconocido por el Tribunal.   

Así  mismo,  aduce  que  se  presenta falso  juicio  de  identidad en el momento en que el juzgador desdibuja “completamente  la  prueba cuando concluye el juzgador que el señor  José Ignacio Correa Pil, no incurrió en ninguna mentira.   

Después   de   hacer   referencia  a  las  entrevistas  del señor Correa Pil y de la señora Flor Alba Rodríguez Morales,  afirma  que  “no se puede concluir de ninguna manera  que  éste  no esté mintiendo”, que sólo una vez se  comunicó  con  Bustos Buitrago, cuando la evidencia No. 13 permite apreciar que  fueron   varias   veces   que   sostuvieron   conversaciones,   siendo   que  su  participación     en     el    acontecer    delictivo    fue    “eficaz  e  importante  y  sin  ella,  sin  lugar  a dudas jamás se  hubiera  concretado  el  negocio  de  los  dólares  y, por consiguiente, jamás  hubiesen ocurrido los hechos criminales”.   

Recalca que el acusado  estuvo al tanto  del  negocio  de  los  dólares y, por lo tanto, “no  existe  ninguna duda” que es responsable a título de  coautor  impropio   del  homicidio  y hurto contra Bustos Buitrago y Bustos  Suárez;  a  reglón  seguido  manifiesta  que  por  el  hecho de que Correa Pil  hubiese  indicado que no estuvo presente en el lugar de los hechos en la fecha y  hora  de  ocurrencia de ellos, no significa que no sea responsable de los cargos  imputados,  dado  que  éste les refirió el negocio, lo recomendó, concretó y  les dio plena confianza a las víctimas para su materialización.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia impugnada y, en su lugar, proferir una de reemplazo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   En  el sistema procesal de 2004 la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De   manera   que   se   puede    colegir    que    este   recurso   fue   concebido  como   

control constitucional, dada la función que  ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia  como  Tribunal de Casación, según lo  prevé  el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por  ende, guardiana de los fines  primordiales   contemplados   en   el   artículo   180   de   la   Ley  906  de  2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido  que el censor no cumplió los anteriores presupuestos, en  tanto  no  demostró  la  existencia  de  los  vicios que denuncia y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan la casación, de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

En  primer  lugar, resulta oportuno recordar  que  este  recurso fue estatuido para denunciar vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al casacionista compete postular el yerro a través de las  causales  de  casación  contempladas para el efecto, demostrando cómo el mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

En  cuanto  a  los  errores  en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en  tanto  se  excluye  un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral,  o  se  supone otro que no desfiló en el debate, se tergiversa su  contenido   material,  haciéndose   derivar   una   verdad   que   no  emerge  del  mismo, o cuando se aprecia en abierta  contrariedad    con    las   reglas   que   rigen   a  la  sana crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, y  cuando  el  juzgador,  al  valorar  la probanza, se aparta de la tarifa legal de  pruebas o se inventa una que no regula la norma.   

Así mismo, en el punto de la postulación de  la  censura  el  actor  debe  enseñar  a la Corte la clase del error y el falso  juicio  que  lo  determinó.  De  igual  manera, respecto a la trascendencia del  vicio,  evidenciar  cómo  los  medios  de  prueba  de haber sido incorporados y  valorados  correctamente,  el  fallo necesariamente habría sido favorable a los  intereses que representa.   

Y,  por  último,  también  le  corresponde  indicar  a  la  Corte  cómo  el  citado  vicio  incidió  en la aplicación del  derecho,  esto  es, se seleccionó una norma que no era la llamada a gobernar el  asunto,  o se excluyó otra que sí resolvía todos los extremos de la relación  jurídico-procesal.   

3.   En   lo   atinente   al  único  cargo  que el casacionista postula  contra   la   sentencia   de   segunda  instancia,  es  claro  que  el  discurso  argumentativo   no  muestra  la  existencia  de  un  error  en  la  apreciación  probatoria,  porque  el  mismo  está  concebido  con el objeto de cuestionar la  valoración  hecha  en las instancias a los elementos de conocimiento, en cuanto  a la existencia del hecho y la responsabilidad del acusado.   

En  efecto,  las hipótesis planteadas en la  demanda  únicamente  exponen  una  inconformidad  con  el  mérito  dado  a las  probanzas  incorporadas  al juicio oral, público y concentrado, acerca de que a  éste    se   incorporó   prueba   que   indica   el   compromiso   penal   del  acusado.   

Es decir, las plurales argumentaciones sólo  demuestran  una personal forma de apreciar esa declaración, sin que se acredite  algún  desatino  por parte del sentenciador al respecto. Todo lo contrario, los  elementos  de  conocimiento  allegados fueron estimados según los postulados de  la  sana  crítica,  coligiéndose  la  existencia  de  la  duda  respecto de la  responsabilidad  del  procesado, motivo por el cual fue cobijado por un fallo de  naturaleza absolutorio.   

En síntesis, los argumentos del libelista no  son  más que una crítica probatoria que no pone de relieve la existencia de un  error  atacable  en  casación  y, menos, su trascendencia frente a la decisión  adoptada en el fallo.   

En cuanto a la ausencia de responsabilidad de  Correa Pil, el Tribunal   textualmente manifestó:     

“El  anterior panorama probatorio, pone de  presente    que   efectivamente   el   acusado   CORREA   PILL,   se   comunicó  telefónicamente  con el hoy occiso LUIS ALFONSO BUSTOS BUITRAGO, para referirle  el  negocio  de  los  dólares, sin embargo, las negociaciones se realizaron con  ‘JOSÉ’,  persona  con  la  que  en  adelante  sostuvo comunicación el obitado.   

“Véase  que,  en  el caso concreto, no se  demostró  que  el  procesado  haya  mentido  en  cuanto  manifiesta que sostuvo  únicamente  la  primera comunicación telefónica facilitando el contacto entre  el  obitado  ALFONSO  BUSTOS  BUITRAGO  y  “FREDY”,  mostrándose  ajeno  al  conocimiento  de  lo que en adelanta dialogaron y menos haber participado en los  hechos  finalmente  acontecidos,  a  raíz  del negocio de la supuesta caleta de  dólares  que aquél decía que un campesino había hallado y los vendía, pues,  afirma  que  a  partir  del  primer  contacto  de  aquellos,  no volvió a tener  comunicación  con ellos, versión no desvirtuada por el ente acusador, pues, no  se  arribó  prueba  orientada a demostrar, más allá de duda razonable, que el  acusado  JOSÉ  IGNACIO, participaba de la irreal venta de inexistente caleta de  dólares,  argucia  creada  con  la única finalidad de hurtar el dinero que los  ilusos  compradores  llevaron  al  lugar convenido para negociación, que no era  otro  que  el sitio elegido por los delincuentes para matarlos y despojarlos del  dinero,  con efectivamente ocurrió, por lo que, el comportamiento observado por  el   acusado   JOSÉ   IGNACIÓ,   no   tiene  las  connotaciones  de  “aporte  importante”  que  el  abogado  de  las  víctimas le otorga para configurar la  coautoría  impropia  en los homicidios, hurto y porte ilegal de armas, dado que  con  la prueba practicada en el juicio oral -como suficientemente lo expuso el a  quo-   quedó   establecido   que   no  estuvo  presente  en  el  lugar  de  los  hechos.   

“En  síntesis, como lo expuso el juzgador  de  instancia,  este  panorama  probatorio  configura  el  escenario signado por  insalvable  situación  de  incertidumbre  o duda respecto de la responsabilidad  penal  del  acusado  JOSÉ  IGNACIO  CORREA  PIL,  como coautor de las conductas  punibles  por  las  cuales  fue  enjuiciado,  duda  que  no es posible superar o  resolver  con  fundamento  en la prueba recaudada, puesto que como lo enseña la  jurisprudencia.   

Ante esa simple discrepancia de criterios, se  impone la inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión   del   fallo  impugnado  o dentro de la actuación, se hayan  violado  los  derechos o las garantías de los intervinientes, como para que tal  circunstancia  imponga  superar  los   defectos   del   libelo en  orden  a  decidir   de  fondo,   según   lo   dispone   el   inciso   3°   del   artículo  184  de   la  Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación presentada,   procede el mecanismo de insistencia de conformidad con  lo  establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido   instituto   procesal,   la   Sala   ha   definido     las    reglas   que   habrán   de   seguirse   para   su  aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado de  la víctima.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004,  es viable la interposición  del  mecanismo  de  insistencia  en los términos precisados  atrás por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                             FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA         DEL        ROSARIO        GONZÁLEZ  MUÑOZ           LUIS  GUILLERMO   SALAZAR   OTERO                

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                                                     JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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