39223(10-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 454   

Bogotá, D.C., diez (10) de diciembre de dos  mil doce (2012)   

V    I   S   T   O  S   

Procede la Sala a verificar los requisitos de  lógica  y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por el  defensor  de MARELIS LEONOR FRAGOSO TEJEDOR.   

H E C H O S  

Han  sido  expuestos  en  las diligencias en  estos términos:   

“Da  cuenta  el  informe rendido el 28 de  marzo  de  2007  por el subintendente Jaider Alonso Aboanza Hernández, jefe del  grupo  investigativo de estupefacientes de la Sijin del Departamento de Policía  del  Magdalena,  que  siendo  aproximadamente  las  09:30 horas llegó con otros  agentes  al  inmueble  ubicado  en  la  calle  5 No. 15-30, barrio La Magdalena,  Gaira,   debido   a   que  habían  sido  informados  que  allí  se  expendían  alucinógenos,  siendo atendidos por la señora MARELIS  LEONOR  FRAGOSO  TEJEDOR ante quien se identificaron y  le  solicitaron  un  registro  voluntario y ella accedió; al entrar al inmueble  encontraron  dentro  de  una  estufa  que  estaba en la cocina dos cajetillas de  cigarrillo  marca  Green  que  contenían  doce tabacos de una sustancia vegetal  color  verde,  compuesta  por  hojas,  tallos  y  semillas  con características  físicas  semejantes  a  la  marihuana  con un peso aproximado de dieciocho (18)  gramos,  y en una bolsa plástica de color rosado se encontró una sustancia con  las  mismas  características  y  con un peso aproximado de setenta (70) gramos,  para un total de ochenta y ocho (88) gramos”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Con  fundamento  en el informe de policía la Fiscalía 30 Seccional  de  Santa  Marta,  el  29 de marzo de 2007, dispuso la apertura de instrucción,  vinculándose   en   indagatoria   a  FRAGOSO  TEJEDOR  el  30 de ese mes. Clausurada la instrucción el 18 de  febrero  de  2009,  se profirió resolución de acusación en su contra el 30 de  marzo  del  mismo  año  por  el  delito  de  tráfico,  fabricación o porte de  estupefacientes  (Artículo  376  del Código Penal)1.   

2. Correspondieron las diligencias al Juzgado  Cuarto  Penal  del Circuito de Santa Marta que, luego de celebrar las audiencias  preparatoria  y  pública,  emitió  sentencia condenatoria el 9 de diciembre de  2010,  a  través  de  la  cual  impuso  a la procesada las penas principales de  cincuenta  y  cuatro  (54)  meses de prisión, multa por veintiséis punto cinco  (26.5)  salarios  mínimos  legales  mensuales y la accesoria de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo término de la  pena  privativa de la libertad, al hallarla autora responsable del delito objeto  de  acusación.  Le  negó  los mecanismos sustitutivos de la pena de prisión y  ordenó             su            captura2.   

3.  Apelada  esta determinación por la defensa, fue confirmada el 26 de  julio   de   2011   por   la   Sala   Penal   del  Tribunal  Superior  de  Santa  Marta3.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor, sin hacer alusión a causal de  casación  alguna, reprocha en su libelo el procedimiento policivo que dio lugar  a  la captura de su prohijada por la ausencia de orden judicial que permitiera a  los  agentes  del  orden  ingresar a su vivienda, criticando el mérito suasorio  conferido   por  los  juzgadores  a  los  testimonios  de  los  uniformados  que  conocieron  los  hechos, al estimarlos insuficientes para acreditar, en el grado  de  certeza,  la  existencia  de  la conducta punible y la responsabilidad de la  procesada.   

Por último, extraña la presencia de prueba  científica  idónea  que  permitiera,  en  su  criterio,  establecer  de manera  conclusiva  la  calidad  de  la sustancia que fue incautada, por lo que solicita  casar   la  sentencia  y,  en  su  lugar,  se  dicte  absolución,  “para que así brille la Justicia”.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  El  proceso penal se caracteriza por una  serie  de etapas concatenadas, revestidas de un plexo de garantías, durante las  cuales    se   somete   a   controversia   de   la   jurisdicción   un   asunto  jurídico-procesal   cuya  discusión  culmina  con  la  sentencia,  providencia  susceptible   de  impugnación  por  vía  de  apelación  en  aras  de  que  la  inconformidad  de  quien la interpone sea solventada por el superior jerárquico  del  funcionario  que  emitió  la  decisión  para que la confirme, modifique o  revoque, cuando a ello hubiere lugar.   

Lo  que  explica  cómo  el debate sobre las  aristas  de  interés  para  el  ejercicio  de la acción penal culmina en tales  escenarios,  es  decir,  durante  el  decurso de las instancias, previéndose la  existencia  de  un  recurso  extraordinario,  la casación, solamente cuando por  específicas                 causales4   se   pretenda   un  estudio  respecto  de  la  legalidad  de  la  sentencia  por parte de la Corte Suprema de  Justicia.   

No  se  trata  el instituto, entonces, de un  espacio  propicio para prolongar la controversia que feneció con la emisión de  una  providencia  amparada  con  la doble presunción de acierto y legalidad, ya  que  esta  decisión  únicamente es discutible a través de la demostración de  errores  atribuibles  al  sentenciador  y,  de  tal  magnitud,  que sólo con la  casación    pueda   restaurarse   la   legitimidad   de   la   pieza   procesal  atacada5.   

En   ese   orden,   existen   parámetros  conceptuales  que  hacen  de  la  demanda  correspondiente un escrito sometido a  estrictas  y  específicas  reglas  de  postulación,  que  bajo  la  égida  de  principios  tales  como  el  de autonomía, limitación, prioridad, entre otros,  debe  bastarse  a  sí  misma  para  demostrar  tanto  la  existencia  del yerro  planteado  como  su  trascendencia,  apoyada en la premisa fundamental de que la  simple  discrepancia  de  criterios  no constituye un aspecto susceptible de ser  auscultado      en      sede      extraordinaria6.   

2.  Lo anterior se menciona para indicar que  ninguno  de  estos  aspectos  lógico-conceptuales  fueron  considerados  por el  censor,  toda  vez  que  únicamente  plasmó  en  su  escrito  ideas genéricas  ausentes  de  contenido  argumentativo y descontextualizadas desde todo punto de  vista,  si  pretendía  derruir  la  presunción  de  legalidad  de la sentencia  atacada.   

Basta cotejar la demanda para advertir que se  trata  de  un escrito deshilvanado, confuso, que ni siquiera menciona cual es la  causal  de  casación  que  ampara  el  reproche, y que mucho menos contiene una  exposición  adecuada  dirigida  a acreditar el supuesto yerro del juzgador o la  hipotética   trascendencia  del  mismo.  En  fin,  el  líbelo  carece  de  los  parámetros  mínimos  de  debida  sustentación  propios  de  esta sede, lo que  conduce  a  su  inadmisión.  Esto,  en  atención a que el demandante no agotó la lógica formal que orienta  la  postulación  del  recurso  extraordinario y asimiló equivocadamente que la  casación  es  una  especie  de  tercera  instancia,  en  la que a través de un  escrito  de libre confección podía cuestionar de cualquier modo las decisiones  judiciales.   

Ese  es  el  único razonamiento al que se  puede  arribar,  porque  sin  sujeción  a  la  metodología  que  de antaño ha  decantado  la  jurisprudencia,  el ataque se limitó a reproducir los argumentos  de  la  apelación  que  ya  fueron  objeto de decisión en la determinación de  segunda  instancia,  providencia  en  la cual se explicó cómo no era necesaria  una  orden  judicial  para  ingresar  al inmueble donde se incautó la sustancia  ilícita  por  mediar  un  registro  voluntario  al  que  accedió  FRAGOSO   TEJEDOR   en  su  condición  de  residente  de  la  vivienda,  y donde igualmente se señaló que el principio de  libertad  probatoria  permitía  concluir  válidamente  que el material vegetal  allí  hallado  correspondía  a  marihuana  y  estaba  destinada a su expendio,  siendo  insuficiente,  entonces, para infirmar esta conclusión, la mera postura  en contrario enarbolada por el defensor.   

3.  Así,  en  este  evento  brilla  por  su  ausencia  cualquier  parámetro  lógico  que  permita  predicar  que la demanda  cumple  con  los  requisitos  de claridad, precisión y coherencia mínimos para  que  la  Sala  aborde  su  estudio.  No  se postula un cargo en debida forma, no  distingue  el  censor  entre  lo  que es la casación y un alegato de instancia,  como  quiera  que el recurso extraordinario no es escenario para de manera libre  realizar  cuestionamientos  a  una sentencia que por ser la culminación de todo  un  proceso  está  amparada por la doble presunción de acierto y legalidad, se  insiste.  En consecuencia, conforme los artículos 212  y    213    de    la   Ley   600   de   2000,   la   demanda   se   inadmitirá,  además porque del estudio  del  expediente  no  se advierte violación de derechos  fundamentales  o  garantías de los sujetos procesales que de lugar al ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  de índole constitucional y legal que al respecto le  asiste a la Corte para asegurar su protección.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  MARELIS    LEONOR    FRAGOSO    TEJEDOR.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal  de  origen y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                              FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                   JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA            

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folio 67-72 cuaderno original 1   

2  Fl. 101-106 c.o 1   

3  Fl. 4-17 cuaderno Tribunal   

4  Artículo 207 de la Ley 600 de 2000   

5  Cfr.   Rad.  23829,  auto  de  24  de  noviembre  de  2005   

6  Cfr.   Rad.   33559,   auto   de  18  de  agosto  de  2010     

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