40234(12-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 458  

Bogotá, D. C., doce (12) de diciembre de dos  mil doce (2012)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Luis  Andrés  Chávez  contra la sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de  Pasto,  mediante  la  cual  revocó la  proferida  por  el  Juzgado  Quinto  Penal  del Circuito de la misma ciudad y lo  condenó  como  autor de los delitos de hurto calificado agravado, fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego o municiones y disparo de arma de fuego  contra vehículo.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“Se    tiene    probado   que   siendo  aproximadamente  las  5  de  la  mañana  del  13  de abril de 2010, en el sitio  geográfico     conocido    como    ‘La      Coba      Negra’,  jurisdicción  del  municipio  de  Pasto,  el  camión guiado por  Laureano  Enrique  Madroñero  fue  interceptado por un grupo de personas que se  movilizaban  en  una  motocicleta  y  un automóvil particular, quienes luego de  disparar  contra  aquél  vehículo  y  hacer  que  se  detuviera,  obligaron  a  descender  a  sus  ocupantes  para  conducirlos  a  un  sitio  boscoso cercano y  dejarlos  posteriormente  atados.  Los  agresores se apoderaron de la mercancía  transportada  de  propiedad  de  Humberto  Santana Pinilla, quien también allí  viajaba, avaluada en la suma de $75.000.000.00 de pesos.   

“Se acusa al ciudadano Luis Andrés Chávez  de   ser   una   de   esa   personas   que  participaron  en  la  comisión  del  hecho”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  el anterior acontecer, la Fiscalía  General  de  la  Nación  presentó  escrito  de  acusación contra Luis  Andrés  Chávez  por los delitos de  hurto  calificado  agravado,  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o  municiones y disparo de arma de fuego contra vehículo.   

2. Celebradas las audiencias preparatoria y  del   juicio   oral,  el  Juzgado  Quinto       Penal      del      Circuito      con      función  de  conocimiento  de  Pasto,       el       12         de        abril       de      2012, dictó sentencia de primera instancia  en   la  que  absolvió  a  Luis  Andrés  Chávez de los  delitos imputados.   

3.  Apelado  el  fallo   por   la   Fiscalía   General  de  la  Nación,  el  Tribunal  Superior de Pasto,  el  21 de junio de 2012, al  desatar    el    recurso,    lo    revocó  y,  en  su  lugar,       condenó     a     Luis  Andrés  Chávez  a la pena principal  de  174  meses  de  prisión  y  a  las  accesorias  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas y a la privación del derecho a la  tenencia  y porte de armas por el mismo término de la privativa de la libertad,  como   autor   de   las   conductas   punibles  de  hurto  calificado  agravado,  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o municiones y disparo de arma  de fuego contra vehículo.   

Contra la anterior decisión, la defensa del  procesado interpuso recurso de casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Al amparo de las causales tercera y primera,  según  la  sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de 2004,  presenta dos  cargos, así:   

Primer cargo  

Acusa al sentenciador de haber transgredido,  de   manera   indirecta,   la  ley  sustancial,  “a  saber,  los artículos 6°,  13,  60.5  y  269  del  Código  Penal, 1625, 2469 y 2483 del Código Civil, por  falta  de  aplicación,  proveniente  de  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia por omisión”.   

Sostiene  que  no  discute la tipicidad y la  responsabilidad  penal  de  Chávez en los hechos. Sin embargo, considera que el  juzgador  dejó  de  apreciar prueba fundamental, la cual en su criterio habría  variado  la  dosificación  de  la  pena,  como  fue la reparación integral que  efectúo  el  también  coautor  Harold  Armando Montilla Figueroa a favor de la  víctima.   

Después de reseñar los artículos 1625 del  Código  Civil  y  269  del  Código  Penal, así como apartes de la sesión del  juicio  oral  llevada  a  cabo  el  16  de  enero  de  2012  y  de  la sentencia  condenatoria  dictada  en  contra  de Montilla Figueroa el 24 de agosto de 2010,  reitera  que este último reparó integralmente a Luis Humberto Santa Pinilla y,  por  tanto,  se  “extinguió los daños ocasionados  con  los  hechos  que  se  juzgan  en este asunto; de ahí que también es dable  aplicar  a  los  restantes  participes,  entre ellos mi representado…”,   razón   por   la   cual  compete  dosificarse  nuevamente  “la pena”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en su lugar, proferir fallo de reemplazo, determinando  nuevamente la sanción.   

Segundo cargo  

Acusa al sentenciador de haber transgredido,  de  manera directa, la ley sustancial, “a saber, los  artículos  31 y 356 del Código Penal por aplicación indebida y los artículos  8°    ibídem   y   29   de   la   Constitución   Política   por   falta   de  aplicación”.   

Luego de reseñar apartes de la sentencia de  primera  instancia  referida a la  tipicidad de las conductas y de explicar  el  concurso  aparente  de  tipos,  aduce  que  “el  disparo  del  arma  de  fuego  hacia  el  automotor en que se transportaban Luis  Humberto  Santa Pinilla y Laureano Enrique Madroñero lo consideraron los jueces  de  las  instancias  para tener acreditada la violencia en el hurto y así mismo  para  atribuir  a  Luis Andrés Chávez el reato reglado en el artículo 356 del  CP.  Siendo  que  el  juicio  de  desvalor  de la acción (uso del arma de fuego  contra  el  vehículo)  se  cumplió  en  la atribución de la calificante en el  hurto  (violencia  contra  las  personas)  no puede imputarse dos veces el mismo  supuesto   fáctico,   en  tanto  ello  vulneraría  el  principio  non  bis  in  idem”.   

Por  lo  expuesto, solicita  a la Corte  casar    la    sentencia    impugnada    y,   en   su   lugar,   “dictar  la  de reemplazo absolviendo al señor Luis Andrés Chávez  por el cargo de disparo de arma de fuego contra vehículo”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido  que el censor, en cuanto a uno de los cargos presentados,  incumplió  los  anteriores presupuestos, en tanto no demostró la existencia de  los  vicios  que  denuncia  y, menos, los conectó con los fines que informan la  casación,   de   acuerdo   con   el   sistema  consagrado  en  la  Ley  906  de  2004.   

En  primer  lugar, resulta oportuno recordar  que  este  recurso fue estatuido para denunciar vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al casacionista compete postular el yerro a través de las  causales  de  casación  contempladas para el efecto, demostrando cómo el mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

De  otra  parte, los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en  tanto  se  excluye  un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral,  o  se  supone otro que no desfiló en el debate, se tergiversa su  contenido   material,  haciéndose   derivar   una   verdad   que   no  emerge  del  mismo, y cuando se aprecia en abierta  contrariedad    con    las   reglas   que   rigen   a  la  sana crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, y  cuando  el  juzgador al  valorar  la  probanza  se aparta de  la tarifa legal de pruebas o se inventa una que no regula la norma.   

Así mismo, en punto de la postulación de la  censura,  el actor debe enseñar a la Corte la clase del error y el falso juicio  que  lo  determinó.  De  igual  manera, respecto de la trascendencia del vicio,  compete  evidenciar  cómo  los  medios  de  prueba de haber sido incorporados y  valorados  correctamente,  el  fallo necesariamente habría sido favorable a los  intereses que representa.   

Por último, también le corresponde indicar  a  la  Corte  cómo el vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es, se  seleccionó  una  norma  que  no  era la llamada a gobernar el asunto  o se  excluyó   otra   que   sí   resolvía  todos  los  extremos  de  la  relación  jurídico-procesal.   

3.   El   primer  cargo  que el casacionista postula contra la sentencia  de  segunda  instancia  por  error  de  hecho por falso juicio de existencia por  omisión,  yerro que condujo a la exclusión evidente de los artículos 6°, 13,  60.5  y  269 del Código Penal y 1625, 2469 y 2483 del Código Civil, la Sala lo  declarará  ajustado  a  los  presupuestos  de lógica y debida fundamentación.   

En  efecto,  este  reproche se admitirá por  contener,  en términos generales, la carga de sustentación exigida legalmente,  siendo  superables las mínimas falencias advertidas en el mismo, de conformidad  con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Respecto del segundo  cargo,   la   Corte   observa   que  no  obstante  el  censor   indicar  que  acude  a los senderos de la violación directa de la  ley  sustancial,  no  demostró,  como  era  su  deber,  que  en  este asunto no  concurría,    de   manera   simultánea,   la   circunstancia   especifica   de  calificación   punitiva para el delito de hurto previsto en el numeral 2°  del  artículo 240 del Código Penal, con el punible de disparo de arma de fuego  contra  vehículo,  consagrado  en  el  artículo  356 del mismo estatuto, en la  medida  en  que  se  abstuvo de enseñar en qué consistió la equivocación del  sentenciador al elaborar el juicio de derecho.   

En efecto, lo que se podría entender como la  fundamentación  del  reproche,  el  demandante no evidenció cuál fue el error  del  juzgador  al  concluir que las citadas conductas eran autónomas y, por tal  motivo,  se  trataba  de  un  concurso de delitos. Por contrario, el discurso se  fundamenta  en oponerse a esa conclusión, sin que presente argumento jurídicos  en orden a poner de relieve el invocado desatino.   

Así,  al  actor  corresponde  elaborar  un  discurso  tendiente  a  demostrar  la  existencia  de  ese  denunciado  concurso  aparente  de  tipos,  presentando las correspondientes argumentaciones, a fin de  enseñar  el  presunto  error  en que incurrió el fallador de instancia, evento  que aquí no acontece.   

De   todos  modos,  el  tema  fue  tratado  acertadamente  por  el  sentenciador  al  concluir  que  las  circunstancias que  calificaron y agravaron el hurto, se configuran porque:   

“Empero,  bajo  una  mirada particular, la  comisión  de esta conducta para el caso de marras, luce especialmente grave, si  en  cuenta se tiene que el acusado en compañía de los otros coautores, en aras  de  perfeccionar  su  cometido, tomaron a los ocupantes del vehículo objeto del  hurto  y  los  internaron  en  el monte, hasta arribar a un lugar desolado, para  luego  atarlos  de manos y vendarlos, denotando con ello una elevada afectación  a   la  libertad  de locomoción de las victimas y la innecesaria violencia  utilizada  en contra de la integridad física y moral, hacia los sujetos pasivos  del  punible,  demostrando  una  actitud  indolente  hacia  estas  personas y no  existiendo un juicio de razonabilidad en su actuar…”.   

   

Así mismo, respecto del delito de disparo de  arma de fuego contra vehículo, dijo:   

“En cuanto al delito de disparo de arma de  fuego  contra  vehículo, es menester resaltar que el accionar del acusado junto  con  sus  acompañantes,  se  destaca   la  falta  de  insensibilidad   social,  puesto  que  a  costa  de  afectar  los derechos de los demás personas  antepusieron  el interés de asegurar su acto criminal, en tanto, que el disparo  que  impactó  en  la puerta del vehículo, justo al lado del conductor, puso en  inminente  peligro  la  vida  de  un  ser  humano,  sin  que  para  ello mediara  justificación  alguna, por el contrario, siempre actuando sobre seguros para la  satisfacción del beneficio económico…”.   

En  síntesis, las hipótesis argumentativas  no  son más que una critica probatoria, que no pone de relieve la existencia de  un   error   atacable   en   casación    y,    menos,   su   trascendencia     frente     a    la    decisión   adoptada   en   el  fallo.     

Ante  esa  simple discrepancia de criterios,  deviene la inadmisión del  cargo.   

Por  último debe recordarse que contra esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  conforme a los lineamientos  precisados   en   la   providencia   del   12   de   diciembre   de  2005,  rad.  24322.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

1.                                   INADMITIR      el      segundo   reproche  de  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de Luis  Andrés  Chávez, de acuerdo con las  razones expuestas en la anterior motivación.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

2.                                    ADMITIR  el  primer  cargo  del mencionado  libelo de casación.   

Una vez se surta el trámite relacionado con  el  mecanismo  de  insistencia,  se  fijará  fecha  para  la realización de la  respectiva audiencia de sustentación oral.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                              FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                   JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA            

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.     

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