39136(12-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 458.   

Bogotá,  D.C.,  doce de diciembre de dos mil  doce.   

V I S T O S  

Con  el  fin  de  constatar  si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de ÓSCAR ESTEBAN SALAZAR  GUEVARA,   contra   la  sentencia  de  segundo  grado  proferida  el 28 de marzo de 2012 por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bogotá,  que  confirmó  el  fallo dictado el 9 de diciembre de 2011 por el  Juzgado  Séptimo  Penal  Municipal  con  funciones  de conocimiento de la misma  ciudad,  por cuyo medio condenó al procesado a la pena principal de 18 meses de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término,  al  declararlo autor penalmente  responsable   de   la   conducta   punible  de  hurto  agravado.  Al sentenciado se le negaron los sustitutos  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena y la prisión  domiciliaria.   

H E C H O S  

Los   acontecimientos   que  originaron  la  investigación  penal fueron relatados por el Tribunal Superior de Bogotá en el  fallo de segundo grado, como se transcribe a continuación:   

“Sucedieron  el  día  6  de agosto de 2011, a las cuatro y veinte de la tarde aproximadamente en  las  instalaciones  del  Centro Comercial BIMA ubicado en la Autopista Norte No.  232–35, Local 1040 primer  piso,   cuando   los   aquí   procesados,  mediante  maniobras  distractoras  y  aprovechando  el  descuido  de la vendedora, se apoderaron de 25 camisetas marca  Tommy,  siendo  sorprendidos guardando los elementos materia del ilícito en una  bolsa,  a lo cual, tras la activación de la alarma, uno de los agresores huyó,  siendo  a  la  postre  aprehendido por los funcionarios de seguridad del lugar y  puesto  posteriormente,  al  igual  que sus acompañantes, a disposición de las  autoridades.   

Según  información  suministrada  por  el  guarda  de  seguridad  del almacén, se logró la recuperación de 10 camisetas,  sin  que  se  tenga  conocimiento  del  resto de la mercancía hurtada. El valor  total   de   los   elementos  objeto  de  reato  fue  estimado  en  la  suma  de  $7’250.000 y por concepto  de    daños    y    perjuicios    $8’500.000.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

José Vicente Martínez Jiménez,  Henry Alfonso Orozco Molina     y     ÓSCAR    ESTEBAN    SALAZAR  GUEVARA,  fueron aprehendidos en atención a las voces  de  auxilio  de  las  víctimas.  Estas  personas  quedaron a disposición de la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  que por intermedio de una de sus delegadas  solicitó  la celebración de una audiencia preliminar en curso de la cual, ante  el  Juzgado  32  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de garantías de  Bogotá,  se legalizó su captura y se les formuló imputación por el delito de  hurto  agravado definido en  los    artículos    239    y    241    numerales    10    y   11   –modificado  por el artículo 51 de la  Ley  1142  de  2007–.  La  Fiscalía  se  abstuvo  de  solicitar la imposición de medida de aseguramiento.  Los imputados se allanaron a los cargos.   

El  14  de  septiembre  de  2011, el Juzgado  Séptimo  Penal  Municipal de Bogotá inició la audiencia de individualización  de  pena y sentencia, misma que aplazó en varias oportunidades a instancias del  defensor  de  los  procesados que argumentó la necesidad de llegar a un acuerdo  con  la  víctima  sobre  la  indemnización integral de los perjuicios. El 9 de  diciembre  de  2011  se  le  dio  lectura  al  fallo,  oportunidad  en la que se  concretó  la  sanción  restrictiva  de  la  libertad  en 18 meses de prisión,  previa  rebaja  de  la  mitad  de  la  pena  por  el allanamiento a los cargos e  idéntica  proporción por la reparación (art. 269 C.  P.).   

La sentencia fue recurrida en apelación por  el  defensor, argumentando que la causal de agravación prevista en el artículo  241–10°   del  Código  Penal,  fue  tenida  en  cuenta  por  el A quo, además, como fundamento para la  individualización de la pena.   

El  28  de  marzo  del presente año la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó  el  fallo, siendo esa la  decisión que es objeto de este recurso extraordinario.   

LA  DEMANDA  

En  confuso  escrito,  un  cargo  postula el  demandante  contra  el  fallo del Tribunal Superior de Bogotá con fundamento en  la  causal  primera  de  casación, por violación directa de la ley sustancial,  prevista en artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

A  juicio  del demandante, las normas que se  violaron son los artículos 59, 60 y 61 del Código Penal.   

Refiriéndose   a   la   primera  de  esas  disposiciones,  señala que “…la motivación de la  pena    que    hace    la    Juez   A–quo,  que  si  bien  es  cierto  mi  poderdante  acepto   (sic)   los  cargos  por  el  delito  endilgado,  esta  conducta típica, consagra agravantes específicos, que fueron  dispuestos  por  el  Legislador  al  publicar la norma; ahora bien, dado que las  razones  expositoras  de  argumentación  decisivas  en  la sentencia de primera  instancia  excedieron  la  situación  jurídica,  en  relación  a la pena y de  alguna  manera  se extendió la interpretación de la Ley sustantiva, cayendo en  la  rendición  de  culto  a  teorías  peligrosistas inapropiadas y ajenas a la  institución     misma,     que    a    todas    luces    resulta    simplemente  arbitrario.”   

Advierte  el  demandante  que  en  el  mismo  sentido  se  pronunció  el  Tribunal  al  confirmar  la  sentencia  de  primera  instancia  y  no  solo eso, sino que consideró que el injusto debió castigarse  con  una  pena  más alta, pero omitió reparar el error, porque “…no  debían  asignarle  al  mismo  factor (que es elemento de la  tipicidad)  consecuencias  adicionales  para  incrementar  aún más la sanción  imponible;  y  como  en  efecto  lo  hicieron,  transgredieron  el  principio de  estricta  legalidad  de  las  penas  y  vulneraron la prohibición de non bis in  ídem.”   

Argumenta  que  igualmente  se  violó  el  artículo  60,  numeral 4°, del Código Penal, porque a pesar de haberse fijado  adecuadamente  los límites mínimo y máximo de la sanción y establecer que la  pena  se  determinaría  dentro del primer cuarto, la imposición del castigo se  motivó     arbitrariamente     “…al     darle  consideraciones  propias  a  situaciones  que  ya fueron establecidas dentro del  tipo  especial agravado, por el legislador, y es entendible por este censor, que  el  juez  en  sus decisiones y máxime cuando establece un ámbito de movilidad,  no  esta  (sic)  sujeto mas  que     al     análisis     del     juicio     de     disvalor     (sic)  de  acción  y de resultado, pero  desde  luego,  que  debe  ser  proporcional  con  el  daño causado, puesto que,  conducta,  lesividad  y  proporcionalidad,  se  constituyen  así,  en el primer  presupuesto  de  la  determinación  judicial  de  la pena, además, la conducta  delictiva   de   mi  representado  “Hurto  Agravado”,  tiene  circunstancias  específicas  de  agravación  punitiva  y  como lo vemos son reflejantes en los  extremos  mínimo  y máximo, luego no debería la Juez Séptima Penal Municipal  con  Funciones  de  Conocimiento  y  avalar  tal postura el Tribunal Superior de  Distrito  judicial,  la utilización de criterios personales como circunstancias  de  agravación concurrentes, para fijar su ámbito de movilidad en 72 meses, ya  que   al   hacerse   incrimina  doblemente  por  la  misma  conducta.”   

Y,  en lo que se refiere al artículo 61 del  Código  Penal,  considera  que  se  vulneró el inciso tercero de ese precepto,  “…toda  vez  que  la  conducta de mi poderdante a  pesar  de  encontrarse  in  curso  (sic)  en  el  delito  de  Hurto  Agravado,  y que es contra el patrimonio  económico,  no se observan circunstancias de mayor gravedad de la conducta, por  que  (sic),  para  aplicar  ésta  (sic)  circunstancia,  no  basta  el  criterio  personal del sentenciador de turno, como lo fue la Juez  A–quo  Séptima  Penal  Municipal  con  funciones  de  conocimiento  y  en  alzada el Honorable Tribunal  Superior  Del  Distrito  Judicial De Bogotá, Sala de Decisión Penal, ya que el  criterio  para  afirmar  tal  consideración  debe  hacerse  dentro  de  la más  estricta  razonabilidad,  dada  la  cantidad  y el valor de los bienes hurtados,  situación   que   se   en   ruta  (sic)  a  25  camisetas marca tommy de las cuales recuperaron 10, y no por  que  (sic)  se hayan perdido  15   camisetas,   estemos   frente   a   este  estado  de  gravedad.”   

A  juicio del defensor, no se tuvo en cuenta  que en este caso se reparó voluntariamente el daño ocasionado.   

Por  último,  solicita  de  la  Corte  que  “…se  sirva  casar  la sentencia, sustituyendo la  misma,  en  el  sentido de otorgar a favor de ÓSCAR ESTEBAN SALAZAR GUEVARA, la  rebaja  de  la  pena,  contada  ésta,  desde  el mínimo a imponer.”   

C O N S I D E R A C I O N E S  

Antes  de examinar el cargo planteado por el  defensor  de ÓSCAR ESTEBAN SALAZAR GUEVARA,  contra la sentencia objeto de impugnación, es necesario destacar  cómo  con  el  advenimiento  de  la  Ley 906 de 2004, se ha buscado resaltar la  naturaleza  de  la  casación  en cuanto medio de control constitucional y legal  habilitado  de  manera  general contra todas las sentencias de segunda instancia  proferidas  por  los  Tribunales, cuando quiera que se adviertan violaciones que  afecten  las garantías de las partes, en seguimiento del precepto consagrado en  el artículo 180 del Código de Procedimiento Penal:   

“Finalidad.   El   recurso  pretende  la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación de la jurisprudencia”   

Precisamente,  para  facultar  el  efectivo  cumplimiento  de  tan  caros  propósitos, el artículo 184, inciso 3, de la Ley  906  de  2004,  le  confiere a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  entre  otros,  la  facultad  de  superar los defectos que contenga la  demanda,   con   el   fin   de   que   pueda   emitir   un   pronunciamiento  de  fondo.   

No obstante, es posible inadmitir la demanda  cuando,   conforme   lo   expresa   el   inciso  segundo  de  la  norma  citada,  “el  demandante  carece  de  interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla los cargos de sustentación o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  alguna de las finalidades del recurso”.   

En  atención a esos criterios, ha señalado  la    Corte1:   

“De  allí  que  bajo  la  óptica  del  nuevo  sistema  procesal  penal,  el libelo impugnatorio  tampoco  puede  ser  un  escrito  de  libre  elaboración, en cuanto mediante su  postulación  el  recurrente  concita  a  la  Corte  a la revisión del fallo de  segunda   instancia  para  verificar  si  fue  proferido  o  no  conforme  a  la  constitución y a la ley.   

Por  lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de  la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b)   La   del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas2.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia3.   

c)  Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia–; desconocer  las  reglas de producción alude a los errores de derecho que se manifiestan por  los   falsos  juicios  de  legalidad  –práctica  o  incorporación  de las pruebas sin observancia de los  requisitos   contemplados  en  la  ley–,  o,  excepcionalmente por falso juicio de convicción4, mientras que  el  desconocimiento  de las reglas de apreciación hace referencia a los errores  de  hecho  que  surgen  a  través  del  falso  juicio de identidad –distorsión   o  alteración  de  la  expresión        fáctica       del       elemento       probatorio–,  del  falso  juicio  de  existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera válida al proceso–  y  del falso raciocinio –fijación  de premisas ilógicas o irrazonables por desconocimiento  de  las  pautas  de  la  sana  crítica–.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.”   

Debe  destacarse  que en la medida en que el  fallo  impugnado  tuvo  como  génesis  la  aceptación  de  cargos  que hizo el  sentenciado  ÓSCAR ESTEBAN SALAZAR GUEVARA,  en  la  audiencia  de  formulación de  imputación,  según  lo  previsto  en el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, y  toda  vez  que  en  el  único reproche formulado contra la sentencia de segunda  instancia  no  se  está  cuestionando  el  juicio  de  responsabilidad  sino la  dosificación  de  la  sanción, resulta fácil advertir que el demandante tiene  interés  para  recurrir  de forma extraordinaria la sentencia, en tanto ello no  implicaría una retractación de lo libremente aceptado.   

Establecidas   las  premisas  básicas  de  evaluación,  se  abordará  en  detalle la demanda de casación, de conformidad  con el cargo formulado por el demandante.   

Cargo  Único.  Violación directa de la ley  sustancial.   

Del  impreciso  contenido  de  la  censura  –sin que le corresponda a  la  Corte  desentrañar  las  confusas  e  intrincadas postulaciones–, se deduce que el reproche se refiere  a  la  inconformidad  del  demandante  con  la forma como la Juez A quo tasó la  pena,  porque  tuvo  en  cuenta  la  coparticipación  criminal,  no  sólo como  circunstancia  de agravación del hurto sino como uno de los aspectos que debía  ponderar  para  imponer  la  sanción,  una vez establecido el cuarto dentro del  cual  debía  determinarla; por lo que considera que de esa forma se vulneró el  principio     de    legalidad    de    la    pena,    sin    que    –a  juicio  del demandante–,  a  pesar  de  haber sido motivo del  recurso de apelación, la segunda instancia corrigiera el yerro.   

Asimismo,   critica   que  a  ÓSCAR    ESTEBAN    SALAZAR    GUEVARA,  no  se  le  hubiese  concedido  la  rebaja de pena por  reparación de los daños ocasionados a las víctimas   

Ha dicho la Sala5  que si el reproche se formula  con  fundamento en la causal primera prevista en el artículo 181 del Código de  Procedimiento  Penal,  al  actor se le exige que afirme y pruebe que el juzgador  de segunda instancia ha incurrido en error:   

(i)  Por  falta de  aplicación  o  exclusión  evidente,  que  se  presenta  cuando  el funcionario  judicial  yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al  caso  específico  que  la  reclama;  ignora  o  desconoce  la ley que regula la  materia  y  por  eso  no la tiene en cuenta habiendo incurrido en error sobre su  existencia o validez en el tiempo o en el espacio;   

(ii) Por aplicación  indebida  que  se  origina  cuando  el  juzgador  por  equivocarse  al calificar  jurídicamente  los hechos o, cuando habiendo acertado en su adecuación, yerra,  sin  embargo,  al  elegir  la norma correspondiente a la calificación jurídica  impartida; o,   

(iii)    Por  interpretación   errónea,   que  ocurre  cuando  el  Juez  selecciona  bien  y  adecuadamente  la  norma  que  corresponde al caso sometido a su consideración,  pero  se  equivoca  al  interpretarla  y le atribuye un sentido jurídico que no  tiene o le asigna efectos contrarios a su real contenido.   

Y,  si  como  consecuencia  de  la  errónea  interpretación  de  la ley, ésta se deja de aplicar o se aplica indebidamente,  debe  dirigir  su  acusación  hacia  una  de  estas dos hipótesis –exclusión   evidente   o   indebida  aplicación– y no hacia la  interpretación  equivocada  de  la  ley, pues lo importante, en últimas, es la  decisión   tomada   por   el   Juez:   no   aplicar   la   norma   o  aplicarla  indebidamente.   

Sin embargo, resulta claro que el demandante  no  cumplió ninguna de esas exigencias y se limitó a presentar un escrito que,  dada  la  deficiente  argumentación  que  contiene,  ni si quiera se asemeja un  alegato de instancia.   

En lo que respecta  a  la  alegada  violación  directa de los artículos  59,   60   y   61   del   Código   Penal,     el     libelista    ni    siquiera    se   preocupó   por  señalar  si  el  Tribunal  había  excluido,  aplicado indebidamente o  interpretado     de     forma     errónea     esas  normas, empero el principio  de  limitación  que  rige el recurso extraordinario le  impide  a la Sala corregir las deficiencias anotadas, en tanto no le corresponde  asumir  la  carga  argumentativa  exclusiva  del  recurrente  para complementar,  adicionar  o  enmendar  el  libelo,  porque  la  casación  no es otra instancia  ordinaria;  su  finalidad  es  promover un juicio técnico y jurídico contra la  sentencia   que   pone   fin   a   un   proceso,   en   orden   a  demostrar  su  ilegalidad.   

Debe  anotar  la  Sala  que  se  desprende  de la sentencia,  que la segunda instancia sustentó la  necesidad   de   confirmar   el  fallo  proferido  por  el  A  quo  en  la  preceptiva  de  los  artículos 59, 60 y 61 de la Ley 599 de  2000,  al  referirse  precisamente  a  los fundamentos que se tuvieron en cuenta  para  la imposición de la pena en el monto señalado  por      la     Juez  individual,   haciendo  particular  énfasis  en  los  aspectos   que   ahora   dice   echar   de   menos  el  libelista  (art.  61  inciso  tercero),  y  aludiendo  expresamente  a  la forma como se llevó a cabo el proceso de individualización  del castigo por parte del A quo.   

En  efecto,  se  destaca  que  la  primera  instancia  fijó  los límites mínimo y máximo de la sanción: “Para  el  delito  de  hurto  se  tiene una pena de 24 a 72 meses de  prisión  según  lo  establecido en el inciso 1° del artículo 239 del Código  Penal,  toda  vez  que  la cuantía de lo hurtado supera el valor de 10 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes; con el incremento del artículo 14 de la  Ley  890 de 2004, lo cual arroja un mínimo de 32 meses de prisión y un máximo  de  108  meses  de  prisión;  como  quiera  que  concurren  los  agravantes del  artículo  241  numerales  10  y  11  del  Código Penal, se obtiene un marco de  punibilidad     de     48     a     189     meses    de    prisión.”   

Luego, en consideración a que la aceptación  de  cargos operó de forma unilateral, sin que se acordara el monto del castigo,  determinó   el   cuarto  dentro  del  cual  debía  imponerlo:  “Teniendo  en  cuenta  que  no  fueron  atribuidas circunstancias de  mayor  punibilidad de las descritas en el artículo 58 del Código Penal sin que  el  registro de antecedentes constituya una de aquellas, la pena oscilará entre  cuarenta  y  ocho (48) meses de prisión a ochenta y tres (83) meses y siete (7)  días  de  prisión,  ubicándola  en  el  cuarto  mínimo como fundamento de la  individualización.”   

E,  igualmente,  explicó  por  qué no era  procedente  imponer  el menor castigo: “Para efectos  de  la  individualización  concreta, se atenderán los principios de necesidad,  proporcionalidad  y  razonabilidad a los que debe responder la imposición de la  pena  (artículo  3°  del Código Penal), sopesando concretamente la intensidad  de  la afectación en el derecho del patrimonio económico, las características  de    la    conducta    punible   y   las   circunstancias   que   rodearon   su  ejecución.   

Dentro de ese contexto, no es viable partir  de  la  sanción  mínima,  por lo que se le impondrá a JOSÉ VICENTE MARTÍNEZ  JIMÉNEZ,  HENRY  ALFONSO  OROZCO  MOLINA  y ÓSCAR ESTEBAN SALAZAR GUEVARA como  sanción  principal  setenta  y  dos  (72)  meses  de  prisión,  atendiendo  la  premeditación  y  preparación  con la que fue ejecutada la conducta, sumada al  elemento  de la coparticipación criminal, todo lo cual merece un mayor reproche  punitivo       al       momento       de      la      dosificación.”   

Este   último   aspecto   –la          coparticipación  criminal–  fue objeto del  recurso  de  apelación,  por  considerar que se estaba sancionando dos veces la  misma  conducta,  y  el  Tribunal,  al  analizar  los  motivos de inconformidad,  concluyó   que   ningún   error   relevante   podía   predicarse   del  fallo  impugnado:   

“En  orden  a  abordar  el estudio del supuesto yerro propuesto por el defensor técnico de los  acusados  resulta pertinente recordar que es el Capítulo Segundo, Título IV de  nuestro      Código     Penal     –artículos   54   a   62–,  el  que  se  ocupa  de  definir  los  criterios y reglas para la  determinación  de  la  punibilidad,  indicando  las  diferentes  fases que debe  agotar  el  fallador  para  establecer  la  consecuencia  jurídica  que  ha  de  imponerse  a  una  persona  por  encontrarse  incursa  en la realización de una  conducta delictiva.   

Para    realizar    el    proceso   de  individualización  de  la pena se deben fijar, en primer término, los límites  mínimos  y  máximos  en  los  que  se  ha  de  mover el sentenciador. Se tiene  entonces,  en  el caso sub examine, la comisión de la conducta punible de Hurto  Agravado.   

Así,  para  sancionar  la conducta lesiva  desplegada  por  los  implicados,  la jueza de instancia se ubicó dentro de los  límites  punitivos  de los artículos 239 inciso 1, y 241 numerales 10 y 11 del  Código  Penal.  De esa manera fija los límites mínimo y máximo en cuarenta y  ocho  (48)  y  ciento  ochenta y nueve (189) meses de prisión, respectivamente.  Acto   seguido,   al  no  concurrir  circunstancias  de  mayor  punibilidad,  el  sentenciador  de  primera instancia seleccionó apropiadamente el cuarto mínimo  –48 meses a 83 meses y 7  días–;  dentro  de esos  valores  es  legítimo  fijar,  motivadamente, la pena; para ese efecto, en este  asunto,  se  ponderó, conforme al inciso 3 del citado artículo 61: i) la mayor  o  menor  gravedad de la conducta, ii) el daño real o potencial creado, iii) la  naturaleza  de  las  causales  que  agraven  o  atenúen  la punibilidad, iv) la  intensidad  del  dolo,  la preterintención  o la culpa concurrentes, v) la  necesidad  de  la  pena  y  la  función  que  ella  ha  de  cumplir  en el caso  concreto.   

La  jueza  de  primer  grado  ha estimado,  entonces,  debidamente,  y  por  ello  se confirmará, no era posible imponer la  sanción  mínima  del  cuarto  mencionado, tampoco el  máximo,  aplicando,  razonablemente,  72  meses  de  prisión  en  atención  a  “…la  premeditación  y  preparación  con la que fue ejecutada la conducta,  sumada  al  elemento  de  la  coparticipación  criminal, todo lo cual merece un  mayor   reproche  punitivo  al  momento  de  la  dosificación.”  Y  si  bien  le  asiste razón al impugnante cuando observa que fue  inapropiado  tener  como  referente  la  coparticipación  criminal a efectos de  imponer  una  pena  superior  a  la mínima, pues esta  circunstancia  fue  considerada  como  agravante  específico  del  tipo  penal,  no  es  menos  cierto  que,  como  se  vio,  ese  no  fue  el  único  elemento ni  determinante  considerado  para justificar el incremento mencionado, como quiera  que  se  tuvo  en  cuenta  la  premeditación  y preparación que mediaron en la  ejecución  de la conducta punible imputada, indicativas de una mayor intensidad  del  dolo, y por ende, mayor reproche que el merecido  si   se   tratara,   por   ejemplo,   de  un  hurto  circunstancial.” (Se resalta)   

Se itera, no se advierte en qué consistió  la  violación  directa  de  los  artículos  59, 60 y 61 de la Ley 599 de 2000,  porque  lo  que  se patentiza es precisamente su aplicación a partir de la cual  el  Tribunal  consideró que la imposición de la pena, luego de establecerse el  cuarto  dentro del cual se determinó, se avenía al principio de legalidad, sin  que  el  censor  demostrara que se excluyó la norma, se aplicó indebidamente o  que  su  interpretación  fue errónea, aspectos sobre los cuales, en virtud del  principio    de    limitación    que    rige    la    casación    –se          itera–,  no  puede  ahora  pronunciarse  la  Corte.   

El demandante ni siquiera intentó señalar  cómo  debió  aplicarse  o  interpretarse  la  norma  y  cuál  hubiese sido la  trascendencia  de  tal  proceder,  señalando  de  qué forma tenía que haberse  reducido  la sanción que se le impuso a ÓSCAR ESTEBAN  SALAZAR  GUEVARA en este caso, con mayor razón si como  lo  advirtió  el Juez Colegiado, carece de relevancia para modificar el castigo  que  se  hubiese  tenido en cuenta la coparticipación criminal como factor para  ponderar  la  sanción,  una  vez  establecido  el cuarto dentro del cual debía  determinarla,  porque  no  fue  ese  el  único  criterio, ya que se tuvieron en  cuenta  la  premeditación  y  la  preparación  de  la  conducta  punible, como  indicativas de una mayor intensidad del dolo.   

Ahora bien, cualquiera que fuese la forma de  error  denunciado  por  razón  de  la  violación  directa de la ley sustancial  (exclusión   evidente,   aplicación   indebida   o  interpretación   errónea),   era   obligación  del  impugnante  explicar  por qué el artículo 61 del Código Penal impedía que al  tasar  la pena se impusiera un monto superior al mínimo legalmente establecido.   

Del  mismo  modo, debía enseñar que en la  graduación  final de la sanción asignada, se desobedeció el límite permitido  por la preceptiva en cuestión.   

En síntesis, el defensor omitió presentar  el  argumento  demostrativo  del  supuesto  desatino, limitándose simplemente a  dejar   explícito   su   desacuerdo,  porque  tampoco  explicó  cuál  era  la  aplicación  o la interpretación correcta de los preceptos que asegura violados  y de qué forma incidían en la individualización del castigo.   

Semejante  forma  de argumentar plantea una  evidente  petición  de principio, porque el demandante pasó del enunciado a la  conclusión,  sin  demostrar  de  qué manera se produjo el error que igualmente  omitió postular.   

De  otro  lado,  la señora Juez de primera  instancia  sí hizo las rebajas de pena correspondientes a la reparación de los  daños  y  al allanamiento, inaplicando en este último evento la rebaja de pena  que   establece  el  parágrafo  del  artículo  57  de  la  Ley  1453  de  2011  (una   cuarta  parte),  al  declarar  la  excepcionalmente inconstitucional esa disposición, por considerar  que  la disminución debía ser superior. En razón de ello, fijó el castigo en  18 meses de prisión:   

“Ahora, en torno  a  la  aplicación  del  artículo 269 del Código Penal, resulta procedente dar  aplicación  al  mismo como quiera que el mismo día de los hechos se produjo la  recuperación  de  una  parte  de  los elementos materia de apoderamiento, y los  perjuicios  materiales fueron resarcidos según escrito allegado por el defensor  y  firmado  por  la  administradora  del  local  que  fue  objeto de la conducta  ilícita,  por  tanto se entienden reparados los perjuicios causados al ofendido  con  el  punible,  por  lo  que  se aplicará, en consecuencia, una rebaja de la  mitad  de  la  pena atendiendo el momento en que se produjo la reparación y las  repercusiones  propias  derivadas del hecho ilícito, obteniéndose una sanción  de treinta y seis (36) meses de prisión.   

(…)  

Sin  embargo,  este  Despacho, después de  realizar  un  minucioso  análisis  de  dicha  normatividad  y buscar en ella la  interpretación  jurídicamente  más  razonable,  ha  decidido,  dentro  de los  parámetros  establecidos  por  la  jurisprudencia  de  la Corte Constitucional,  invocar,    para    la    disposición    en    comento,    la   excepción   de  inconstitucionalidad,   inaplicando,   por   consiguiente,   el  parágrafo  del  artículo  57  de  la  Ley  1453  del  24  de  junio  de  2011, por considerarlo  evidentemente  contrario  a  la  Carta  Política  de  1991,  dando prevalencia,  entonces,  a  esta  última,  tal  como  lo ordena el artículo 4 superior. Para  sustentar  dicha  posición,  esta funcionaria i) hará un breve recuento de las  condiciones  y  requisitos bajo los cuales los jueces de la República pueden o,  mejor,  deben,  aplicar  la  excepción  de inconstitucionalidad con base en los  criterios  definidos  por  la jurisprudencia y, a reglón seguido ii) explicará  los  argumentos  jurídicos  en  virtud  de los cuales la norma comentada atenta  contra  la  disposiciones  constitucionales, específicamente, por erosionar los  principios  de  legalidad, debido proceso e igualdad, y por dar al traste con la  coherencia  normativa  del  sistema acusatorio implementado por el Constituyente  en el Acto Legislativo 03 de 2002.   

(…)  

Dicho ello, se tiene que los acusados en su  primera  intervención  judicial,  aceptaron  de  manera  libre y voluntaria los  cargos  que  le (sic) fueron  imputados  por la Fiscalía, representando ahorro en esfuerzo investigativo, que  repercute  en  economía  procesal y en celeridad en la definición del caso, en  vista  de  lo cual, de acuerdo con el artículo 351 del Código de Procedimiento  Penal,     la     sanción    imponible    se    rebajará    en    la    mitad,  imponiéndosele  (sic)  en  definitiva  a  JOSÉ  VICENTE  MARTÍNEZ JIMÉNEZ, HENRY ALFONSO OROZCO MOLINA y  ÓSCAR  ESTEBAN  SALAZAR GUEVARA como sanción principal DIECIOCHO (18) MESES DE  PRISIÓN.”   

En consecuencia, no sólo se les reconoció  a  todos  los  procesados  la rebaja de pena por reparación de los daños, sino  que  se  les  concedió  una disminución mayor a la legalmente establecida, por  haberse  allanado a los cargos, si se tiene en cuenta que fueron sorprendidos en  flagrancia     y    para    el    momento    de    los    hechos    –6   de  agosto  de  2011–  ya había entrado en vigencia la Ley  1453,  cuyo  artículo 57, parágrafo, modificó el artículo 301 del Código de  Procedimiento  Penal,  fijando  para  esos  casos  un beneficio equivalente a la  cuarta parte del que consagra el artículo 351 ibídem.   

Se evidencia que la intención del actor es  continuar  un  debate zanjado en la segunda instancia, con el afán de que se le  otorgue  a  su  asistido  una  rebaja  superior  a  la  que  legalmente  podría  reconocérsele.   

No sobra reiterar que la instauración de la  sistemática  acusatoria  no  ha  implicado,  como  creen algunos, derrumbar las  exigencias  de  fundamentación propias del recurso extraordinario de casación,  en  tanto  el  fallo  de  segundo  grado llega a este escenario prevalido de una  doble  condición  de  acierto y legalidad que solo puede desvirtuarse cuando de  forma  lógica,  con argumentos sustentados en los hechos, el decurso procesal y  las  normas  jurídicas  aplicables al caso, se demuestra un error evidente, con  la  trascendencia suficiente para invalidar, revocar o modificar lo decidido por  las instancias.   

Ahora bien, debe señalarse que se observó  al  detalle  el  devenir  procesal  y  lo  consignado en la decisión de segunda  instancia,  verificándose  completamente  motivada  y  acorde con lo que la ley  dispone.   

Así las cosas, la demanda presentada por el  defensor  de ÓSCAR ESTEBAN SALAZAR GUEVARA,  se  inadmite  porque  no  satisface  los  requisitos  formales ni  materiales  establecidos en el artículo 184 del Código de Procedimiento Penal;  la  Sala  de  Casación  Penal  no advierte la vulneración de ninguna garantía  fundamental  de  las  partes  o intervinientes; y, no se precisa emitir un nuevo  fallo  de  fondo;  tampoco  resulta necesario superar los defectos del libelo en  atención  a  los  fines  de  la casación, la fundamentación de los cargos, la  posición   del  impugnante  dentro  del  proceso,  ni  por  la  índole  de  la  controversia planteada.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.           INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  sentenciado  ÓSCAR  ESTEBAN  SALAZAR  GUEVARA, por su  defensor.   

2.  De  conformidad  con lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese, notifíquese y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Auto  del 2 de noviembre de 2006, Radicado 26.089   

2 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.323.   

3 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.530.   

4 ib.  radicación 24.530   

5 Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de  Casación Penal. Auto del 31 de marzo de 2008.  Rdo. 28260.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *