38967(16-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  38967   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 189  

Bogotá   D.C.,   mayo   dieciséis   (16)  de dos mil doce (2012)   

VISTOS  

Procede la Sala a pronunciarse en punto de la  verificación  de  los requisitos de crítica lógica y suficiente demostración  en  el  libelo  casacional presentado por el defensor del procesado LISANDRO   ÁLVAREZ   GOEZ,   contra  la  sentencia  de  segundo  grado proferida por el Tribunal Superior de Cartagena el  28  de octubre de 2011, confirmatoria de la dictada por el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  Adjunto  de  la  misma  ciudad  el 3 de mayo del referido año, a  través  de  la  cual  fue  condenado  dicho  ciudadano  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de homicidio culposo en Juan  Manuel Florez Olivero.   

HECHOS  

Aproximadamente a las 9:30 de la mañana del  28   de   enero   de   2005,   cuando   Juan  Manuel  Florez  cruzaba  la vía que baja de la Casa del Niño  en  Cartagena,  fue  atropellado por LISANDRO ÁLVAREZ  GOEZ,   quien   se   desplazaba   en  una  bicicleta,  causándole   varios   traumatismos   que  determinaron  su  deceso  horas  más  tarde.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La Fiscalía Seccional de Cartagena declaró  abierta  la instrucción, en desarrollo de la cual vinculó mediante indagatoria  a LISANDRO ÁLVAREZ GOEZ.   

Culminada  la  instrucción,  el mérito del  sumario   fue  calificado  el  30  de  marzo  de  2007  con  preclusión  de  la  investigación;  impugnada dicha providencia por el apoderado de la parte civil,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena  la revocó  mediante  proveído  del  31  de  julio de 2007, para en su lugar proferir   resolución  de  acusación  en  contra  del  vinculado  como presunto autor del  delito de homicidio culposo.   

El  Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito de  Cartagena  adelantó  el  juicio hasta culminar la audiencia pública. Entonces,  el  fallo fue proferido por su homólogo el Juzgado Tercero Adjunto el 3 de mayo  de  2011,  a  través  del cual condenó al procesado a la pena principal de dos  (2)  años  de  prisión  y  multa  equivalente  a veinte (20) salarios mínimos  legales  mensuales, y al pago de la correspondiente indemnización de perjuicios  morales,    como   autor   penalmente   responsable   del   delito   objeto   de  acusación.   

          En  la  misma  decisión otorgó al acusado el subrogado penal de la  condena de ejecución condicional.   

Impugnada  la  sentencia  por el defensor de  ÁLVAREZ  GOEZ, el Tribunal  Superior  de  Cartagena  la  confirmó mediante providencia del 28 de octubre de  2011,  contra  la cual el mismo sujeto procesal interpuso recurso de casación y  allegó  oportunamente  el  respectivo libelo, cuya admisión se examina en este  auto.   

LA DEMANDA  

El recurrente formula un solo cargo contra la  decisión  del  ad  quem por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada de errores de hecho por  falso juicio de existencia por suposición.   

          En  el  desarrollo  de  la  censura  aduce que el Tribunal supuso la  existencia  de  prueba  pericial  respecto  del  exceso de velocidad con el cual  conducía  su  representado  al momento de la colisión, y sobre el estado de la  bicicleta (llantas y frenos defectuosos).   

Aduce que sin obrar prueba pericial sobre el  particular  el ad quem dio al  informe   suscrito   por  el  Subintendente  Hernando  Sierra  el carácter de dicho medio de convicción sin  ser  “puesto  a  disposición de la defensa para lo  relacionado  con  las objeciones”, de modo que supuso  la presencia en la actuación de un dictamen al respecto.   

          De  otra  parte  asevera  que  también  fue  supuesto  el exceso de  velocidad   en  la  conducción  de  la  bicicleta  por  parte  de  LISANDRO  ÁLVAREZ, deducido a partir del  resultado  que finalmente se produjo, incurriendo una vez más el juez colegiado  en falso juicio de existencia por suposición de pruebas.   

          Finalmente,  sin  hacer  explícita  su  pretensión  en  esta  sede  extraordinaria,  el  censor  dice que se violaron los artículos 7º, 232, 249 y  siguientes   de   la   Ley   600   de   2000,  así  como  el  29  de  la  Carta  Política.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          De  tiempo  atrás  ha señalado la Corte que en la constatación de  las  exigencias  para  concurrir a este mecanismo de impugnación extraordinaria  le  corresponde  verificar  que  los  recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a  los  requisitos de lógica y adecuada argumentación definidos por  el  legislador  y  desarrollados por la jurisprudencia, a fin de obviar que este  recurso  se  convierta  en  una  instancia  adicional  a  las ya surtidas. Tales  requerimientos  se  orientan  a  conseguir  libelos  enmarcados  dentro  de unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo de los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  pues  no  corresponde  a  la  Colegiatura  en su función constitucional y legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias  alegaciones de los impugnantes en casación.   

Ahora, según el inciso 1º del artículo 205  de  la  Ley  600  de 2000, este mecanismo de impugnación extraordinaria procede  contra  los  fallos de segundo grado proferidos “por  los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial  y  por  el  Tribunal  Penal  Militar”, siempre que se proceda por “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Tratándose   de  sentencias  de  segunda  instancia  no  proferidas  por los mencionados tribunales o cuando el delito por  el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa de la libertad inferior al quantum  señalado  en precedencia (como ocurre en este asunto)  o  sanción  no restrictiva de la libertad, el inciso  3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal penal faculta a esta Sala para  admitir  discrecionalmente los libelos de casación presentados, “cuando   lo   considere   necesario   para   el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que reúna  los      demás      requisitos      exigidos     por     la     ley”.   

Para  demandar  en  casación  por  la  vía  discrecional  corresponde  al  recurrente expresar con claridad y precisión los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte, ya para pronunciarse con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema jurídico específico, bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, ora para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar  de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  dual utilidad de brindar solución al asunto y  servir de guía a la actividad judicial.   

Si la pretensión del impugnante se orienta  a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, tiene el deber de acreditar  la  violación  e  indicar  las  normas constitucionales que protegen el derecho  invocado,    así    como    demostrar    su   desconocimiento   en   el   fallo  recurrido.   

Las  dos  especies de casación (ordinaria y  discrecional)   no  pueden  ser  reclamadas  de  manera  sincrónica,  pues  son  excluyentes,  en cuanto la segunda es subsidiaria de la primera, es decir, sólo  procede    en    la   medida   en   que   no   resulte   viable   la   casación  ordinaria.   

         En  el  caso  objeto  de  estudio advierte la Sala que en punto del  recurso  extraordinario  de  casación  se impone acudir a la vía discrecional,  pues  el delito por el cual  se  procede  tiene  una  pena  máxima  inferior a ocho (8) años requerida para  acceder a la casación común.   

         No  obstante,  el  recurrente no acude a  dicho  sendero,  ni  se  detiene  a  señalar  las  razones  por  las  cuales es  pertinente  la  intervención  discrecional  de  la  Colegiatura.  No   cumple   su   obligación   de   especificar   si  pretende  un  pronunciamiento  con  criterio  de autoridad en punto de alguna temática o para  asegurar  las  garantías  de  su representado, motivo  por  el cual no identifica en concreto la temática que  debe  abordar la decisión, no dice si sobre el particular ya hay jurisprudencia  y,  de  ser así, cuáles son las decisiones que se ocupan del asunto y cómo se  relacionan  con  el  caso  objeto de estudio, omisión que a la postre le impide  identificar  el  punto  dudoso, la existencia de providencias contradictorias, o  el  vacío  que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y cómo el desarrollo  del  concepto  reclamado  tiene  la  doble  utilidad  de servir, tanto para este  trámite, como para la solución de casos similares.   

         Tampoco  del  cuerpo  de  la  demanda  se  consigue  establecer con  precisión   la   denuncia  de  agravio  alguno  a  los  derechos  fundamentales  del   acusado,  pues  el  impugnante  de  manera  general e imprecisa plantea la  violación   indirecta   de   la   ley   sustancial   derivada  de  errores  por falsos juicios de existencia  por  omisión  de  pruebas,  cuya  demostración  no  se  atiene  a  las  reglas  dispuestas para ello.   

En efecto, al examinar el reproche postulado  encuentra  la Sala que dicho yerro tiene lugar cuando pese a no figurar el medio  probatorio  en  la  actuación, los funcionarios suponen su presencia allí y lo  tuvieron  en  cuenta  en  su  decisión,  caso  en el cual compete al demandante  identificar  el  aparte declarado en el fallo carente de soporte demostrativo en  el  diligenciamiento,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el sentido de la  decisión,  esto  es, cómo al marginar una tal suposición, la sentencia sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los intereses de su procurado, actividad  no emprendida por el casacionista.   

Sin  dificultad  se  advierte,  en  primer  término,  que  en ningún aparte de la sentencia se dice que sobre el exceso de  velocidad  o  el estado de la bicicleta se contó con un dictamen pericial, pues  por  el  contrario  se precisa que dado el resultado letal finalmente producido,  que  la vía desciende de una loma y que el procesado no estuvo en condición de  maniobrar  para evitar el choque, puede inferirse lógicamente la rapidez con la  cual circulaba al momento del atropellamiento de la víctima.   

          En  segundo  lugar se tiene, que tampoco en la decisión cuestionada  se  alude  a peritaje alguno sobre las llantas y funcionamiento de los frenos de  la  bicicleta,  pues  dentro  de  la  libertad  probatoria  que  rige el sistema  procesal  penal  colombiano,  se dijo en el fallo que con el informe rendido por  el   Técnico  de  Automotores  de  la  Policía  Judicial  podía  tenerse  por  acreditado el mal estado de las citadas partes del rodante.   

En tercer término, impera señalar que dicho  informe  estuvo  al  alcance  de  los  sujetos procesales dentro del curso de la  actuación,  de  manera  que  no  fueron sorprendidos con la apreciación de los  falladores  sobre  las  conclusiones y observaciones allí plasmadas, sin que su  valoración   judicial   precisara   de  surtir  traslado,  máxime  cuando  las  objeciones  reclamadas  por el defensor pueden ser planteadas en momento diverso  al traslado del dictamen.   

          Y  por  último,  que  el  impugnante  no  dice  por qué razón era  necesario  establecer  el  mal  estado  de las llantas y los frenos a través de  prueba  pericial,  es  decir,  no  explica por qué era improcedente ponderar el  citado informe de policía judicial.   

          A  partir  de  lo expuesto puede concluirse, que el libelo carece de  una   adecuada  postulación,  no  cuenta  con  suficiente  demostración  y  se  desconoce la pretensión casacional del recurrente.   

Olvida   el   defensor  que  este  recurso  extraordinario  no  fue  dispuesto  por el legislador para prolongar el curso de  las  instancias  o para simplemente exponer el criterio de los demandantes, sino  para  denunciar  yerros  trascendentes de los falladores en la aplicación de la  ley  sustancial,  en  la  ponderación  de  las  pruebas  o  en  la guarda de la  legitimidad  del trámite, dada la presunción de acierto y legalidad de la cual  se encuentra revestida la sentencia.   

Además,   si   bien  el  actor  considera  vulnerados  indirectamente  los artículo 232, 249 y siguientes de la Ley 600 de  2000,  encuentra  la  Sala  que  dichos  preceptos  no  tienen  la condición de  sustanciales,  en cuanto no definen conductas delictivas o hacen referencia a la  punibilidad  o  a  la responsabilidad, sino que sólo tienen la virtud de servir  como  medio  o  instrumento  para  arribar  a  los  fines  de  las disposiciones  sustantivas,  falencia  que  se  desentiende  de  la  preceptiva contenida en el  numeral  1º  del  artículo  207  de  la referida normativa procesal, según la  cual,  la casación procede “cuando la sentencia sea  violatoria     de     una    norma    de    derecho  sustancial”   (subrayas  fuera  de  texto),  cuya cita resulta inexcusable (numeral 3º del artículo 212  ejusdem),  razón  de  más  para  advertir  incorrecciones lógicas y de fundamentación en la presentación  del cargo.   

Las          citadas  falencias  imposibilitan  a  la  Sala  acometer  el estudio del libelo, pues si éste no corresponde a un alegato  de  libre  confección,  su presentación sin explicar  por  qué debe intervenir discrecionalmente la Corte, amén de la exposición de  asertos  inexplicados  y sin atenerse a alguna de las  reglas  lógicas  y  argumentativas que lo gobiernan, obliga a la Corporación a  inadmitir  la  demanda de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000,  pues en virtud del principio de limitación que rige el trámite  casacional  la  Sala no se  encuentra facultada para enmendar las falencias de aquella.   

         Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación  de  derechos o garantías, como para que tal circunstancia impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el particular le confiere el  legislador  a  la  Corte  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación interpuesta por el defensor    de    LISANDRO    ÁLVAREZ  GÓEZ,  de  acuerdo con las  razones   expuestas   en  la  parte  motiva  de  esta  decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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