38876(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ                             MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 239.   

Bogotá,  D. C., veintisiete (27) de junio de  dos mil doce (2012).   

VISTOS  

La   Sala   examina   lo   relativo  a  la  admisibilidad   de  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  JAVIER  ANTONIO  MEZA  VERGARA,  por  cuyo  medio  sustentó  el  recurso  de casación interpuesto  contra  la  sentencia  del  23  de  noviembre  de 2011  mediante  la  cual  el Tribunal Superior de Barranquilla, al revisar por vía de  apelación  el  fallo  proferido el 16 de junio anterior por el Juzgado Séptimo  Penal  del  Circuito de la misma sede, condenó en definitiva al procesado a las  penas  principales  de  50  meses  de prisión y 66.66 salarios mínimos legales  mensuales  de  multa,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por igual lapso al señalado para  la  privativa  de  la  libertad,  como autor de los delitos de fraude procesal y  estafa.   

HECHOS  

          Los  falladores   de  instancia declararon probada la siguiente  situación fáctica:   

          JAVIER  ANTONIO  MEZA  VERGARA promovió el  22  de  agosto  de  2001  proceso ejecutivo contra Eloy  Suárez   Osorio   y  José  Gutiérrez  Sabatino  con  fundamento  en una letra de  cambio    por    valor    de    $46.000.000    que   le   endosó   Adalberto  Meza Vergara. Dicha letra estaba  en  blanco y había sido dada en garantía en 1997 por un préstamo efectuado en  esa  época, pero respecto del cual al 30 de junio de 2001 solamente se adeudaba  la  suma  de  $1.000.000,  más los intereses generados a partir de esa fecha, a  pesar   de  lo  cual  el  ejecutante  la  diligenció  con  la  cantidad  arriba  señalada.     

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Con  base  en  la  denuncia  presentada, a través de apoderado, por  Eloy  Antonio Suárez Osorio,  la  Fiscalía  60  Seccional  con  sede  en  Barranquilla adelantó inicialmente  investigación  previa y mediante resolución del 3 de junio de 2005 decretó la  apertura  de  instrucción  penal,  en  cuyo  desarrollo vinculó a JAVIER  ANTONIO MEZA VERGARA y Adalberto   Meza   Mendoza,   al  primero  mediante    indagatoria    y    al   segundo   por   declaratoria   de   persona  ausente.   

          El  instructor  dispuso  la  clausura  de  la investigación el 5 de  octubre  de  2007  y  luego,  el  3  de  junio de 2008, calificó el mérito del  sumario con preclusión de la instrucción.   

Por  apelación  del  apoderado  de la parte  civil,  la Fiscalía Primera Delegada ante el Tribunal Superior de Barranquilla,  en  providencia  del  15 de mayo de 2009, revocó la preclusión dictada a favor  de   JAVIER   ANTONIO   MEZA   VERGARA   y,  en  su  lugar,  lo afectó con resolución de acusación por los  delitos  de  fraude  procesal  y  estafa  agravada.  Por  su parte, confirmó la  preclusión   proferida   a  favor  de  Meza  Mendoza.   

La etapa del juicio correspondió al Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  la precitada ciudad, cuyo titular realizó las  audiencias  preparatoria y pública de juzgamiento, tras lo cual el proceso, por  redistribución  laboral,  pasó a conocimiento del Juzgado Séptimo de la misma  especialidad,  despacho  judicial  que  puso fin a la instancia con la sentencia  del  16  de junio de 2011 en donde impuso al acusado las penas principales de 74  meses  de  prisión  y  66.66 salarios mínimos legales mensuales de multa, así  como  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas por dicho término.   

En virtud de la apelación interpuesta por la  defensa,  el  Tribunal  Superior de Barranquilla mediante la sentencia del 23 de  noviembre  siguiente  modificó  la  condena  para fijar en 50 meses la sanción  privativa de la libertad. En lo demás le impartió confirmación.   

Atendido  el  sentido  de  la  decisión  de  segunda  instancia,  el  mismo sujeto procesal acudió al recurso extraordinario  de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  actor  formula un único cargo contra la sentencia del Tribunal,  en  el  cual  denuncia  la violación indirecta de la ley sustancial derivada de  error de hecho por falso raciocinio.   

          Para  sustentar  el  reproche  reproduce  apartes de los testimonios  rendidos   por   José   Ramón  Gutiérrez  Sabatino  y  Margarita  Rosa  Lafourie  Carbonell,  así  como algunos fragmentos del fallo de  primera  instancia,  tras  lo  cual  señala  que  los  citados  declarantes son  sospechosos  por  provenir  de  personas  estrechamente  vinculadas por lazos de  afinidad  e  intereses  con  el  denunciante, y es así como el primero figuraba  como  demandado  en  el  proceso  ejecutivo  que generó la presente actuación,  mientras la segunda es esposa del quejoso.   

          Además,   añade,   Gutiérrez  Sabatino  corresponde   a   un  testigo  indirecto,  en  cuanto  manifestó  que los cheques dados en garantía por Eloy  y   Margarita  a  Adalberto Meza  tenían  como  finalidad  pagar el préstamo de la letra firmada en 1996, hechos  todos  que  no  aparecen probados en el proceso, máxime cuando el declarante se  valió  de  documentos  para  dar  su  declaración,  lo  que en un principio le  generó una censura del fiscal instructor.   

          Según  el  actor,  el Tribunal otorgó credibilidad a la mencionada  declaración    sin    compararla    con   los   testimonios   de   Margarita        y       Eloy,  en  donde  aseveraron  haber  sido  quienes  se  responsabilizaron ante el señor Adalberto  Meza,  aun  cuando  ello  tampoco está probado. En su  sentir,  de  todas  maneras, “se logra extraer de ese  testimonio  (sic) que no se le  quedó  debiendo  un  peso al señor Adalberto Meza”,  amén  de  que  Eloy  en  su  declaración   no   habló  de  la  existencia  de  codeudor  alguno.    

          Para   el   libelista,  de  otra  parte,  de  las  declaraciones  de  Eloy,     José     Ramón     y     Margarita  surgen  tres interrogantes, los  cuales  conducen  a  afirmar que se trata de testimonios contradictorios, siendo  así  necesario  descartar  que  la  letra  por la suma de $46.000.000 haya sido  firmada   en   1996.   Al   respecto,   pone   de  presente  cómo  Margarita  atestó  que le devolvieron los  cheques  dados  en  garantía,  quedando  a  paz  y salvo; luego, se pregunta el  demandante,  cómo  se  explica  que  Eloy no  haya solicitado la devolución de la letra de cambio? o cómo se  entiende  que  el  señor  Adalberto Meza haya devuelto los cheques?   

En    su   criterio,   si   Eloy,  de  acuerdo  con  su  declaración,  dejó  una letra de cambio para respaldar una deuda por $200.000, era muy fácil  para  el  procesado  utilizar  ese  título  valor  contra  el antes aludido que  demandar a José Gutiérrez.   

          En  fin,  considera  que la denuncia penal no tiene objetivo diverso  al  de  desconocer  a  JAVIER MEZA VERGARA como  quien  prestó  el  dinero.  Al  respecto,  destaca  cómo  el  apoderado  del  aquí  denunciante  reconoció en la contestación de la demanda  las   relaciones  comerciales  existentes  entre  Eloy  y el acusado.   

          En  concepto  del  casacionista,  la  valoración  efectuada  por el  a  quo  en  donde refiere la  existencia  de  contradicciones  entre  el interrogatorio de parte y la injurada  choca  con  los principios de la sana crítica, pues los hechos ocurrieron en el  año  2001,  mientras  la indagatoria fue rendida en agosto de 2005, debiéndose  entender  para  ese  último  año  la respuesta ofrecida por el procesado en el  sentido  de no precisar la cantidad de dinero de que disponía para la actividad  de  préstamo. Además, añade, su afirmación consistente en que todo el dinero  se  lo debía Eloy Suárez, ha  de ser apreciada en el contexto de la figura de la solidaridad.   

         

En  suma,  estima que la sentencia impugnada  transgrede  tanto  las reglas de la experiencia como la lógica. En su opinión,  de  los  testimonios  no  se desprende que la letra cobrada haya sido firmada en  blanco  en  1996,  luego  no  hay  modo  de afirmar que fue llenada por un valor  distinto a la obligación inicial.   

            En  este  caso, concluye, la lógica fue mal aplicada “porque  si  los  testimonios son contradictorios en relación con  la  firma de la letra dejada en blanco no puede existir certeza de su existencia  y  al  no  existir  certeza  se  entra  en  la  incertidumbre  que generaría la  duda”.   De   otra   parte,   agrega,  “lo  que  indica la experiencia… es que la letra de cambio tiene  presunción  de  legalidad  y  cuando  estas  se  cancelan  en  su totalidad son  devueltas  y  cuando  se  hacen  pagos  parciales  sobre  el título se pone los  abonos   sobre  el título o en un hoja anexada al documento, pero de todas  maneras  debe  haber  una  constancia  firmada  por  el  acreedor de la letra de  cambio”.   

          Luego  de  citar  jurisprudencia de la Corte Constitucional sobre el  alcance  del  principio  de  presunción  de  inocencia y de señalar que si los  sentenciadores  no  hubiesen  cometido los yerros de valoración referidos en la  demanda  no  habrían  proclamado  la  existencia de certeza, solicitó casar el  fallo  impugnado y absolver al procesado.            

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          Por  el  carácter  extraordinario  del  recurso  de  casación,  su  sustentación  requiere el cumplimiento de una exigente carga argumental, sin la  cual la demanda está llamada a ser irremediablemente inadmitida.   

          Tales  requisitos  de  adecuada  y  lógica  fundamentación  están  previstos  en  el  numeral  3º  del  artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal  de  2000  y se relacionan con la acertada enunciación de la causal y con  la  correcta  formulación  del  cargo,  para  lo cual se deben indicar en forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos,  así  como  las  normas  que se consideran  infringidas.  A  esos  presupuestos,  los  cuales  operan de manera general para  todas  las  causales, es necesario añadir las directrices que la jurisprudencia  de  la  Corte,  a efectos de la cabal comprensión de los reproches denunciados,  ha  establecido  en  forma  particular  respecto  de  cada uno de los motivos de  casación.   

          Por  eso,  cuando  como  acontece en el único cargo formulado en la  demanda  objeto  de  examen,  se denuncia la incursión en un error de hecho por  falso  raciocinio,  el cual se presenta cuando el juzgador en la valoración del  conjunto  probatorio  desconoce  de  manera ostensible los principios de la sana  crítica,  es  deber  del  actor  identificar  la prueba o pruebas indebidamente  apreciadas,  indicar  cuál fue el postulado de la lógica, la ley de la ciencia  o  la  máxima  de  la  experiencia  desconocidas  y  cuál principio de la sana  crítica,  en  su  defecto,  debió  aplicarse  y  por  qué,  tras  lo  cual le  corresponde  acreditar las implicaciones del error en el sentido de la decisión  atacada.   

Tal  carga  argumentativa  no fue cumplida a  cabalidad  por  el  libelista,  porque a lo largo del desarrollo del reproche se  dedica  en  términos generales a postular su propia valoración de las pruebas,  pretendiendo  hacer  valer  su  particular punto de vista sobre el del Tribunal,  olvidando   que  en  sede  de  casación  ese  tipo  de  controversias  resultan  inadmisibles,  dada la presunción de acierto y legalidad de que está revestida  la sentencia impugnada.   

Solamente,  al  final  de la censura refiere  algunas   circunstancias  que  le  parecen  violatorias  de  las  reglas  de  la  experiencia  y  de  la  lógica. Sin embargo, el demandante se limita a reseñar  tales  eventos,  sin  esforzarse  por  demostrar  que  en  realidad  se trata de  principios de la sana crítica de la aludida naturaleza.   

A  este respecto, es pertinente señalar que  la  edificación  de  una  regla  de la experiencia o de un postulado lógico no  depende  de  las  particulares  opiniones  del  impugnante  sino  de situaciones  objetivas y reales que se presentan en la vida cotidiana.   

En esa medida, sostener que cuando se cancela  en  su  totalidad  una  deuda  el  acreedor devuelve la letra que ha recibido en  garantía  o  cuando  se  efectúan  pagos parciales se escriben los abonos así  efectuados  sobre  el  título  o en una hoja anexa, es desconocer que en muchas  ocasiones  cuando  hay confianza entre acreedor y deudor tales estándares no se  siguen estrictamente.   

De  la  misma manera, estimar lógico que si  los  testigos  incurren  en  contradicción  respecto de un hecho no hay lugar a  predicar  la  existencia de certeza en relación con el mismo, es desconocer que  no  siempre  todas  las personas perciben los episodios de idéntica manera, por  cuya  razón  pueden  no  coincidir  integralmente en sus declaraciones y no por  ello  deben  desestimarse,  menos  si  esa  falta  de  concordancia  no recae en  aspectos trascendentes.    

En   suma,   el  sustento  de  la  censura  corresponde  más  a  un  alegato  de  instancia, en el cual el casacionista, se  insiste,  ensaya  su  personal  visión  acerca  del  mérito  probatorio de las  pruebas,  sin que se allane a satisfacer las exigencias de redacción propias de  la impugnación extraordinaria.   

          Es  claro  que  la  discrepancia  probatoria  así  planteada por el  demandante  no  resulta  viable en sede de casación, atendida, como se dijo, la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad del fallo impugnado, que impone dar  prevalencia  a  la  valoración  suasoria  efectuada  por  el juzgador, salvo la  demostración  de  graves errores en esa labor funcional, lo cual no ha ocurrido  en el presente evento.   

          En  tales  condiciones,  se  impone  concluir  que  el  libelista no  satisfizo  los  presupuestos  de  adecuada y lógica sustentación inherentes al  ataque  seleccionado,  razón  por  la  cual  la  Sala inadmitirá la demanda en  cuestión.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  JAVIER  ANTONIO MEZA VERGARA,  conforme   a   las  razones  expresadas  en  la  presente  decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo   187   del   estatuto   procesal   penal,  contra  esta  providencia    no    procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO         FERNANDO         ALBERTO        CASTRO        CABALLERO            

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ          MARÍA              DEL              ROSARIO              GONZÁLEZ  MUÑOZ                      

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO             JULIO        ENRIQUE        SOCHA       SALAMANCA                    

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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