38258(29-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

Luis Guillermo Salazar Otero  

                                     Aprobado Acta No. 169   

Bogotá, D.C., veintinueve (29) de mayo de dos  mil trece (2013)   

ASUNTO  

La Sala se pronuncia sobre la admisibilidad de  la  demanda  sustento  del  recurso de casación interpuesto por la parte civil,  contra  la  sentencia del 8 de agosto de 2011 proferida por el Tribunal Superior  de  Santa  Marta,  mediante  la cual confirmó la emitida el 16 de septiembre de  2010 por el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de  esa  ciudad,  que absolvió a SANDRA MILENA CARDONA  RINCÓN  y  a  OCTAVIO  SERRANO  GÓMEZ  acusados por la Fiscalía General de la  Nación   como   determinadores   de   los   delitos  de  homicidio  agravado  y  desaparición forzada.   

HECHOS  

El   28   de  marzo  de  2003  en  el  corregimiento de Bonda Santa  Marta,  Leonardo  Fabio  Mora García y David Humberto  Orostegui   Álvarez,  conductores  de  taxi,  fueron  retenidos  por  orden del jefe paramilitar Adán Rojas  Mendoza  alias  “El Negro  Rojas”  y conducidos al campamento, en el  que luego de obligarlos a confesar su participación  en  la  desaparición y homicidio del  comerciante  Rubén  Darío  Cardona,  les  dieron  muerte   y sepultaron sus  cuerpos en Jirocasaca, estribaciones de la Sierra Nevada.   

A   los   esposos  SANDRA  MILENA  CARDONA  RINCÓN  y OCTAVIO SERRANO  GÓMEZ,  se  les  atribuyó  haber determinado al grupo armado ilegal a cometer esos hechos.   

ANTECEDENTES  

El  27  de septiembre  de      2007,     la  Fiscalía  36 Especializada  dispuso   la   apertura  de  instrucción     contra     SANDRA     MILENA    CARDONA    RINCÓN  y  OCTAVIO  SERRANO   GÓMEZ,  entre  otros1.   

Los  días  4  y  5  de  octubre   de   2007,  los  esposos  SANDRA  MILENA  y  OCTAVIO    fueron  oídos en indagatoria.   

El 2 de septiembre  de    2008   se   dispuso   cerrar   parcialmente   la   instrucción2  y  el día 29  del      mismo      mes     y     año,       la      Fiscalía   13  Especializada  de  la  Unidad  Nacional    de   Derechos   Humanos   y   Derecho   Internacional   Humanitario,  acusó  a  los procesados de los delitos de        desaparición   forzada   y   homicidio  agravado  y  precluyó  la  instrucción  por  el  hecho  punible  de  concierto para delinquir,  decisión   confirmada   en  su  integridad  por  la  Fiscalía    22    Delegada    ante   el   Tribunal  Superior3.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Con  sustento  en  la  causal  primera  del  artículo  207  de la ley 600 de 2000, en la demanda se propone un (1) cargo por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por falso  raciocinio.   

Para  el demandante, el Tribunal incurrió en  dicho  error  al  asignar  el  valor  probatorio  al testimonio de Deibinson Roa  Padilla,  testigo de cargo que rindió declaración el 17 de marzo, 1º de abril  de   2005,   25   de   septiembre   y   3   de   octubre   de   2007.   

En  su  opinión,  el  Tribunal con criterios  subjetivos  desacredita  al  testigo, infiere que le mintió a la justicia y que  para ello se concertó con una investigadora del CTI.   

A su juicio, el sentido común aconseja que el  desertor  de  una  organización  criminal  como  es  el  caso  del testigo, que  enfrenta  su  poder,  arriesga  su  vida  y  colabora  con  la  justicia  en  el  esclarecimiento  de  este  y  otros  hechos  violatorios de los derechos humanos  “merece  un  tratamiento  diferente”, más si su declaración concuerda con la verdad.   

Considera     que    el    “desdén”  con el que la Corporación  valoró  la  prueba  de  cargo  vulnera  el artículo 232 de la ley 600 de 2000,  mientras  critica  que  se cuestione su sinceridad por la forma en que se obtuvo  su  testimonio  y por su presencia en la zona de operación de las autodefensas,  sin  tener  en  cuenta  otros  elementos  de  juicio  que  permiten “afirmar    o   controvertir   tal   especulación”.   

Advierte  que el Tribunal le da importancia a  detalles  que  no  lo  tienen,  como  también  que  al  mismo  tiempo  que  le  atribuye ser profuso en algunas  circunstancias   lo  tenga  por  parco  en  otras,  para  restarle  veracidad  o  calificarlo de contradictorio e inconsistente.   

En  fin, expresa que la libre apreciación de  la  prueba  no  puede ser un procedimiento subjetivo y arbitrario, por lo que de  haber    valorado    “correctamente”  el  testimonio  de  cargo  encontraría coincidencia con las otras  declaraciones y la decisión sería distinta a la adoptada.   

CONSIDERACIONES  

La  demanda  no  reúne  los  requisitos  de  contenido  exigidos  en  el  numeral  3 del artículo 212 de la ley 600 de 2000,  porque  la  limita  a  enunciar  el cargo único, sin indicar sus fundamentos ni  desarrollarlos de acuerdo con la técnica casacional.   

Se tiene dicho que cuando se denuncia el error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  el  demandante  está  obligado a mostrar lo  objetivamente  expresado  por  la prueba cuestionada, las inferencias hechas por  el  juzgador  y  el  mérito  suasorio  otorgado;  a señalar las máximas de la  experiencia,   la   lógica   o  la  ciencia  ignoradas,  o  en  su  defecto  la  correctamente  aplicable  y  a demostrar la trascendencia del vicio postulado en  la sentencia.   

Aun cuando en la demanda se menciona la prueba  sobre  la  cual  recae el error y se identifica su especie, en el desarrollo del  reparo  el  recurrente  olvida la naturaleza del recurso extraordinario y por la  senda  del  alegato  de  instancia,  pasa  a  exponer  su  inconformidad  con la  valoración  probatoria  del  Tribunal,  sin  indicar  en  ninguna parte en qué  consistió el yerro y cómo se llegó a él.   

En  efecto,  muestra  su  desacuerdo  con  el  Tribunal  por  negarle  credibilidad  al testimonio de Deibinson Roa Padilla, ya  que  a  su  juicio  el  sentido  común imponía en su valoración probatoria un  “tratamiento  diferente”  en  razón  a  las particulares condiciones personales del testigo, esto es, por  ser un desertor de las autodefensas.   

Sin  embargo,  en  la demanda no hace ningún  esfuerzo   distinto  a  señalar  que  su  declaración  concuerda  “absolutamente  con  la verdad”, en la  cual  no obstante pasar por alto lo dicho objetivamente por el testigo, concluye  en  que  es coherente, coincidente, convergente y confirmativo de la versión de  los demás integrantes del grupo armado ilegal.   

Esa forma de argumentar desconoce que en esta  sede  no se juzga la disparidad de criterios acerca de la valoración probatoria  de  un  determinado  elemento  de convicción, sino los errores de juicio en que  haya podido incurrir el juzgador en esa labor.   

Lo  anterior en razón a la doble presunción  de  acierto  y  legalidad que ampara al fallo de segundo grado, en la medida que  el  análisis  probatorio  realizado por los jueces prevalece sobre el que hagan  los  sujetos  procesales,  debido  a la libertad relativa de la cual gozan en el  sistema  de  persuasión racional, siempre que no se aparten de las reglas de la  sana crítica.   

Ahora bien, en el escrito se omite indicar las  reglas  de  la  ciencia,  la  lógica o la experiencia indebidamente aplicadas o  ignoradas;  en su lugar, agrega que el testigo describe con claridad los hechos,  insiste  en  su  coincidencia  con  los  otros  medios probatorios y crítica la  credibilidad      otorgada      a     los     demás     declarantes.   

Y  aun  cuando transcribe algunos apartes del  fallo  en  los  que se cuestiona la veracidad del testigo, lo hace para advertir  que    dentro   de   “esa   lógica”,   sin   precisar   la  regla  vulnerada,  y  desde  su  particular  “punto   de   vista”  expresar  que “no son acertadas las consideraciones  de   la  Sala”,  sin  que  tales  afirmaciones  sean  demostrativas del error reprochado a él.   

En esa equivocación persiste, al apartarse de  la  apreciación  del  Tribunal  y  considerar  que  le  atribuye  importancia a  detalles  que  para el casacionista no lo son, como tampoco está de acuerdo con  las   contradicciones   e   inconsistencias   endilgadas   a   la  versión  del  testigo.   

Del mismo modo, las consideraciones acerca de  la     “absoluta     indiferencia”  en  la  valoración de los diversos medios probatorios frente a un  crimen  de lesa humanidad, cometido por grupos ilegales que excluyen al Estado y  lo  suplantan  en la administración de justicia, son argumentos respetables del  demandante que no constituyen fundamento ni desarrollo del reparo.   

Finalmente  tampoco lo son, las insinuaciones  acerca   de  un  acuerdo  de  los  testigos  para  construir  una  coartada  que  favoreciera  a los procesados, o que algunos de ellos hayan decidido protegerlos  y  que  la  pieza  “clave en el rompecabezas de los  hechos” sea el testigo Roa Padilla.   

En estas circunstancias, el libelo no es más  que  un  escrito de instancia en el que el demandante consigna su desacuerdo con  la  valoración  probatoria de las instancias, con olvido este si absoluto de la  técnica    en   el   desarrollo   del   cargo   reprochado   a   la   sentencia  impugnada.   

En  consecuencia  la  Sala lo inadmitirá, en  tanto  sus  defectos  de  técnica  son  evidentes,  los  cuales  no  entrará a  subsanar,  corregir  o  enmendar en virtud del principio de limitación previsto  en  el  artículo  216  de  la  ley  600 de 2000 y de la naturaleza rogada de la  impugnación extraordinaria.   

Tampoco  dispondrá su trámite oficioso, por  cuanto  de  la  revisión  de  la  actuación  no  se  advierte la afectación o  vulneración de las garantías fundamentales del acusado.   

* * * * * *  

En mérito de lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de Justicia, en Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

Inadmitir  la demanda de casación presentada  por el apoderado de la parte civil.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Notifíquese  y  devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ  CAMACHO           FERNANDO  ALBERTO CASTRO  CABALLERO                

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZALEZ   MUÑOZ             GUSTAVO      E.      MALO     FERNÁNDEZ   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                             JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Así  mismo  dispuso  la  vinculación  de  José Gregorio y  Miguel  Adán  Rojas Mendoza y Wilmer José Toro Vega,  quienes   se   acogieron   a  sentencia  anticipada.   

2  Prosiguió   contra   Miguel   Alejandro  Vásquez  García  y  Willington  Mora  Buenhaber, vinculados posteriormente a la investigación.   

3  Diciembre    12    de    2008;    folio   a   49,   cuaderno   de   segunda  instancia.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *