38246(13-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso   N° 38246  

CORTE   SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE   CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

EUGENIO   FERNÁNDEZ CARLIER  

Aprobado Acta Nº 378  

Bogotá D.C., trece (13) de noviembre de dos mil trece (2013)   

MOTIVO   DE LA PROVIDENCIA  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad   de la demanda de   casación presentada     por     el  apoderado   de la Parte Civil contra  el     fallo       del       Tribunal Superior  del Distrito Judicial  de Bogotá         que         confirmó  la   sentencia absolutoria emitida     en el Juzgado    Noveno   Penal  del   Circuito      (de Descongestión)    de esta ciudad,   a favor de    GABRIEL DUQUE CORREA   respecto del delito de estafa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En              Bogotá, el 2 de febrero de 2005,    Jairo Castiblanco Samacá instauró denuncia penal contra   GABRIEL DUQUE CORREA, como representante de   DISTRIACEITES S.A.,    aduciendo que  siendo éste comprador de   materias primas que aquél comercializaba (entre otras, aceite para   margarina), a partir del 21 de diciembre de 2002   empezó a atrasarse en la cancelación de las respectivas facturas, hasta   percatarse el   quejoso  el  30 de abril de 2003 que   para ese entonces el citado ya le adeudaba ciento cincuenta y un millones   doscientos seis mil seiscientos quince pesos  ($ 151’206.615), momento en    el   que también se enteró que la refería compañía estaba en concordato,   circunstancia que,   según el   denunciante,  su deudor  ocultó.   

En la actuación se acreditó que  DISTRIACEITES S.A.,  fue  convocada a trámite   concordatario desde 1997, proceso en cuyo curso, en el mes de abril de 2003,  se  reconoció a  Jairo Castiblanco Samacá como   acreedor de la aludida firma, y en virtud de ello le fue cancelada una de las   nueve facturas adeudadas, por la suma de diecisiete millones trescientos setenta   y seis mil ochocientos pesos   ($ 17’376.800)1.   

2. Dispuesta la apertura formal de la investigación, luego de vincular      mediante indagatoria de    GABRIEL DUQUE CORREA, la Fiscalía General de la   Nación el 10 de octubre de 2006 profirió contra aquél resolución de acusación en   calidad de autor del delito de estafa descrito en el artículo 246 de la Ley 599   de 2000, pliego de cargos que, impugnado por el defensor del procesado,   fue confirmado en segunda instancia el 9 de enero de 20092.   

3. La Siguiente fase le correspondió tramitarla al Juzgado Cuarenta y   Nueve Penal del Circuito de Bogotá, y con posterioridad el expediente fue   remitido al Noveno Penal del Circuito de Descongestión, cuyo titular el 30 de   septiembre de 2010 dictó a favor del procesado sentencia absolutoria por la   manifiesta atipicidad del comportamiento reprochado, decisión confirmada 16 de   septiembre de 2011 por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, al   conocer del recurso de apelación interpuesto  por el denunciante, constituido   en Parte Civil, providencia contra la cual el mismo   sujeto procesal interpuso el recurso extraordinario de casación3.   

LA   DEMANDA  

4.    Propone el actor un cargo  en el que        acusa  al   Tribunal de “haber “violado directamente   la ley sustancial” por “APLICACIÓN INDEBIDA” de conformidad con   los artículos “205, numeral 1º y 220, numeral 1º”   del Código de Procedimiento Penal,         agravio que      entiende configurado porque los  testimonios   que su denunciado hizo valer en el proceso  le generan dudas ya que eran trabajadores del        mismo,           circunstancia que,   asegura,  no tuvo en cuenta  el  ad-quem, además que  también  le resulta un despropósito que  en  la  primera instancia,  en un   caso  tan complicado como considera es el presente,  se dictara    sentencia apenas cincuenta y cinco    (55)     días después de concluir    la audiencia pública, razones por las que solicita     casar y     condenar al   acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

5.    En  cualquier   régimen  el  recurso  de  casación   atiende   a   unos  fines  superiores  cuales  son  la  reparación  de  los agravios inferidos a las partes con la sentencia censurada,  la  incolumidad  del  derecho  material y de las garantías fundamentales de los  intervinientes    en    la    actuación,    y    la    unificación    de    la  jurisprudencia.   

Sin embargo eso no significa que aquél sea  un           mecanismo          de  libre  configuración, desprovisto  de  todo rigor, y que tenga como objetivo abrir un espacio procesal semejante al  de  las  instancias para prolongar el debate respecto de los puntos que han sido  materia de controversia.   

Al  proponer el  recurso    el    censor    debe   sujetarse   a   las   causales   taxativamente  señaladas  en  el ordenamiento procesal   y,  con  observancia    de    los    presupuestos    de    lógica    y    argumentación  inherentes a cada motivo  extraordinario,  persuadir a la Corte de que a raíz de la decisión cuestionada  urge hacer efectiva alguna de aquellas finalidades.   

6.  Necesario  es puntualizar, en primer  término,  que  de conformidad con lo normado en el inciso 1º del artículo 205  de  la  Ley  600  de 2000, estatuto vigente para la época en que ocurrieron los  hechos  debatidos,  el recurso extraordinario de casación resulta viable contra  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los tribunales superiores de  distrito  judicial  y  por  el  Tribunal  Penal  Militar  por delitos que tengan  señalada   pena   privativa   de   la   libertad   cuyo   máximo  exceda    de    ocho    (8) años.   

Cuando  el  fallo  de  segundo grado no es  emitido  por  los  aludidos despachos o el delito por el que se procede consagra  una  sanción  privativa de la libertad de ocho años  o  inferior,  el  inciso tercero del citado precepto  faculta     a     la     Sala     para     admitir  discrecionalmente  las  demandas  de  casación  que  cumplan   con   los  demás  requisitos,  siempre  que  sea  necesario  para  el  desarrollo    de   la   jurisprudencia   o  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales.   

Como la conducta  punible  de  la que se ocupó este proceso, según el  pliego  de  cargos, es la  de  estafa  simple para la  que  está  prevista una  pena      máxima      de     prisión     de     apenas     de     ocho            (8)   años  (Ley   599   de   2000,   artículo   246),  el  recurso   extraordinario   sólo   era   posible   intentarlo   a   través     de     la     casación  excepcional,  modalidad a  la  que  no hizo alusión la parte recurrente, bien al momento de interponerlo o  en la respectiva sustentación.   

Acerca  de ese  modalidad  de  impugnación,  de tiempo atrás tiene  precisado  la  Corte  que  una  disertación  con la que se aspire a persuadirla  acerca   de   la   procedencia   de   la   casación  discrecional,  debe  estar dirigida a hacerle ver la  necesidad  de  su  pronunciamiento,  en forma tal que si se trata de reclamar la  garantía  de un derecho fundamental, le corresponde al recurrente señalar el o  los  que  fueron  desconocidos,  indicar las normas constitucionales y/o legales  que    los    protegen    y    la    determinación    que   debe   adoptarse  para  su  salvaguarda. Si el  motivo  invocado es el desarrollo de la jurisprudencia, debe puntualizar el tema  jurídico  que  requiere  definición o precisión, sea porque es nuevo o porque  existen  posiciones opuestas que deben ser unificadas para la acertada solución  del asunto debatido y frente a casos futuros.   

Y,  atendiendo el principio de limitación  inherente  a  este  recurso  extraordinario,  así como a su esencial naturaleza  rogada,  la  demanda  también  tiene que elaborarse con el debido acatamiento a  los  requisitos formales establecidos en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000,  esto  es,  respetando  las  reglas  de  formulación, desarrollo y demostración  de   las   causales  de  impugnación  de que trata el artículo 207 ibídem.   

Lo    anterior   porque   de  otra  manera  no podría entenderse  cumplido   el   requisito   de  sustentación,  pues  si se reclama el pronunciamiento de la Sala sobre la  protección  de  los  derechos  fundamentales  o  un específico tema, es apenas  elemental  que  la  censura le permita examinar en concreto uno o los dos puntos  que  la  habilitan.  En otras palabras, debe haber perfecta conformidad entre el  fundamento       de       la       casación       excepcional      —desarrollo de la jurisprudencia y/o  protección           de           garantías          fundamentales—,   la  específica   censura   formulada   contra   el   fallo  atacado  y,      por     consiguiente,     el     desarrollo     argumental  para  la  demostración  de  esa  réplica,  ejercicio argumental que, se reitera, no fue agotado en momento  alguno por el aquí demandante.   

7 Pese  a  que  lo  anterior  sería  suficiente  para  inadmitir el  libelo,  encuentra la Sala que las razones expresadas  en  el mismo tampoco permiten advertir un determinado vicio típico de casación  que  en  función  de  los  fines  del  recurso por la vía discrecional permita  superar  la  advertida  falencia  y  admitir  la  demanda  para  un  estudio  de  fondo.   

En efecto, ha de empezarse por resaltar que  las  normas citadas por el  actor  como  fundamento  del  único  reproche  no  consagran  las  causales  de  casación,  como que el 205 del Ordenamiento Penal Adjetivo, como ya se indicó,  se    refiere    es    a    la   procedencia   genérica   de   este   mecanismo  extraordinario,  en  tanto  que  el  220  del  mismo  estatuto consagra es la acción de revisión.   

Por  otra  parte  atendiendo  la  expresa  alegación  de  la  “violación  directa de la ley  sustancial”,  resulta palmario que la queja tenía  que  invocarse  al  abrigo del artículo 207, numeral 1º, inciso primero, de la  Ley  600  de  2000,  vía en la que ciertamente tienen arraigo desatinos como la  “aplicación          indebida”,  también  anunciada por el censor, así como la exclusión  evidente y la interpretación  errónea. Sin embargo,  tales  defectos  obligan  al  demandante  a  aceptar los hechos y la valoración  probatoria   plasmados   en  el  fallo,  pues  tales  aspectos son  intangibles  en  esta  senda,  en la  que únicamente son procedentes discusiones de orden  estrictamente  jurídico  encaminadas  a  demostrar  el  específico  sentido de  violación alegado.   

Empero,  el  recurrente,  incumplió  el  anterior  condicionamiento,  habida  cuenta  que su  inconformidad,     como     objetivamente     se  constata,    deriva    hacia    una   eventual  crítica  probatoria, siendo  tal   la  insuperable  falta  de  rigor de lo alegado, que en los argumentos  expresados  la  Sala  no  identifica un concreto reparo que pueda ubicarse en la  violación       indirecta       de      la      ley      sustancial,  vía  en la que son procedentes los  ataques   dirigidos   a   acreditar  yerros  de  esa  naturaleza,    ya    de    derecho    (falsos   juicios   de  legalidad  y  de  convicción)  ora  de  hecho  (falsos  juicios  de  existencia,       de       identidad      o      de      raciocinio).   

Obsérvese  que  lo  alegado por el censor  acerca  de  la duda que le generan los testimonios practicados por solicitud del  procesado  —los cuales  ni  siquiera identificó en el escrito—,  con  base  en  que eran sus trabajadores, podría interpretarse  como      un     cuestionamiento     enmarcado  dentro  de  la  modalidad  de  un  falso  raciocinio,  pero  aún de suponer esa  orientación,  la  Sala no evidencia yerro manifiesto en tal sentido,  quedando reducida la queja a un enfrentamiento del criterio del  actor   con   el   del   ad-quem,  discusión  ajena  a  la  Corte  en  sede  de  casación.   

Y  en  cuanto  a que el fallador de primer  grado  dictó la respectiva sentencia en un tiempo que el actor estima demasiado  apresurado  o  corto —55  días     después     de     concluido     el    debate    público—,   impera   señalar   que   tal  circunstancia   constituye   apenas   elemental   expresión   de  la  garantía  fundamental  a obtener justicia pronta y oportuna, para que las acciones penales  no prescriban y se haga justicia material en el caso concreto.   

No   sobra   resaltar  que  desde   la  perspectiva  en  que  tendría  algún  asidero  el  disenso  expresado  en  la  demanda, la impertinencia  del  recurso extraordinario por vía discrecional como mecanismo instituido para  preservar  garantías  fundamentales  surge también  indiscutible,  ya  que,  cuando  se trata de simples  discrepancias    probatorias,   como   ha  quedado  visto, la demanda no tiene  posibilidad  de ser admitida, dado que, como lo tiene  decantado la Sala:   

“…los  reparos  relacionados  con  la  apreciación  de  la prueba, (…) por cuanto no  significan  una  afrenta directa a los derechos fundamentales del debido proceso  y  de  defensa,  pues  el  agravio  se  mediatiza  por el establecimiento de los  errores  de  juicio  en  la  estimación  de las pruebas, no pueden tenerse como  sustentación  válida  del  recurso  de  casación  discrecional. Este medio de  impugnación  excepcional,  sólo  se  justifica por la urgencia de proteger los  derechos  fundamentales  conculcados,  si  el  daño se pone en evidencia con la  sola indicación descriptiva del escrito de sustentación.   

”Los giros de  fundamentación  por  la  apreciación de la prueba, dada la indeterminación de  los  resultados por la posibilidad de meras discrepancias valorativas, no pueden  ser  argumento  suficiente  para  reclamar una casación sujeta a tan singulares  necesidades”4.   

Y por lo tanto:  

“…en  principio,  las posibilidades reconocidas en la jurisprudencia para acceder a la  casación  discrecional  no  se  extienden  a  las  hipótesis  planteadas en la  demanda,  es  decir,  a  discutir  la  valoración  judicial de los elementos de  convicción,  porque  en  esa  labor los jueces cuentan con la relativa libertad  que  se  desprende  de  la  sana  crítica,  a  no  ser  que se proponga que sus  deducciones  son producto de una motivación aparente, falsa o ausente, supuesto  que  determinaría,  en  caso  de  que  se  demuestre  y aparezca concretado, la  consolidación  de  un  quebranto a las garantías, en cuanto obedecerían tales  deducciones   a   la  arbitrariedad  —ajena   a  un  estado  democrático  y  constitucional—   y   no  a  la  razón  y  a  la  justicia”5.   

Nótese,  finalmente, que el actor tampoco  alega  tácita  ni  expresamente  que  los falladores de primero y segundo grado  hubiesen      incurrido      en     vicios           de          fundamentación          lesivos de  la      garantía      fundamental      a      una     adecuada     motivación6,         pues  sus  planteamientos  no ilustran  con   rigor   y   claridad  acerca  de  la  objetiva  y    probable   configuración   de   la  clase  de dislates que podrían ser  susceptibles de proponer en tal evento.   

En  efecto,  la  Corporación  en diversos  pronunciamientos7   ha  señalado  que  cuatro son las situaciones que dan  lugar  a  invalidar  la  sentencia  por  violación  del  señalado  axioma: (i)  ausencia  absoluta  de  motivación,  (ii)  motivación incompleta o deficiente,  (iii)   motivación   equívoca,   ambigua,  dilógica  o  ambivalente,  y  (iv)  motivación  sofística,  aparente  o  falsa.  Los  tres  primeros  son   susceptibles   de   proponer  y  demostrar  por  vía  de la causal tercera de casación en cuanto su prosperidad  implica  la  nulidad  del  pronunciamiento  a  efecto  de  corregir  el  yerro y  garantizar  el adecuado ejercicio del derecho de contradicción, no ocurre  así  con  la  última,  porque  una tal falencia se erige  en    un   vicio   de  juicio,  que encuentra  sendero apropiado para su demostración con sujeción a  las   exigencias  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  toda  vez  que  su  prosperidad implica emitir el correspondiente fallo sustitutivo.   

Impera  aclarar  que  la Corte8  ha sido clara también en  cuanto  a que el recurso a  la  nulidad  cuando  se está frente a la última hipótesis, opera sólo  cuando los sujetos procesales no  denuncian  el  error,  o lo hacen en forma deficiente, y por contera la Sala, en  ejercicio  de  su facultad oficiosa, se ve precisada a ese remedio extremo, toda  vez  que  el  dislate  en esencia es una flagrante vía de hecho, violatoria del  debido proceso, que el juez de casación debe enmendar.   

8.  En  conclusión,  el  recurrente  no  demostró,  como  lo  exige  la  jurisprudencia  en eventos como el presente, la  configuración  objetiva de vicios de estructura o garantía determinantes de la  invalidez  total o parcial de la actuación, y menos la configuración de yerros  de  valoración  probatoria  que hubiesen ocasionado una equivocada declaración  de  justicia,  deviniendo perentorio el rechazo de la demanda, pues la casación  no  puede  entenderse  como instancia adicional, ni como potestad ilimitada para  revisar  el  proceso  en  su  totalidad,  en  sus  diversos aspectos fácticos y  normativos,  sino  como  fase extraordinaria, limitada y excepcional, regida por  los  principios  de  sustentación suficiente, limitación, crítica vinculante,  autonomía    de    las    causales,    coherencia,    no    exclusión   y   no  contradicción.   

La  inobservancia  de  esos requerimientos  impide  la  demostración  clara  y  contundente  de  cualquiera  de  los yerros  previstos  por  el legislador como motivo enervante del fallo, y veda a la Corte  el      estudio      de      los      fundamentos     fácticos     y  jurídicos de la decisión atacada,  pues  en  atención  al  principio  de limitación, y dado el carácter rogado y  dispositivo  de  la  casación,  las  deficiencias  del  libelo  no  pueden  ser  enmendadas,  ni  asignarse otro sentido a la expresa pretensión del demandante,  la  cual  debe  tener un objeto preciso, claro, definido y coherente, regido por  causales  específicas  señaladas por la ley, con cargos que han de adecuarse a  éstas,  los  cuales  se  resuelven  en una nueva sentencia, diversa en objeto y  contenido de la proferida por los falladores de instancia.   

Por  lo  tanto,  cuando  en  la demanda de  casación,  que  no  es  de  libre  factura,  no  se  acreditan  vicios reales y  trascendentes  orientados  a  derruir las disposiciones de la sentencia atacada,  la  consecuencia  procesal inmediata, al tenor de lo normado en el artículo 213  de  la  Ley  600 de 2000, no puede ser otra que su inadmisión por la manifiesta  ausencia de una adecuada fundamentación.   

Lo  anterior no impide a la Corte precisar  que  no  observa  con  ocasión  del  trámite  procesal  o del fallo impugnado,  vulneración    de   los   derechos   fundamentales   inherentes   a  la  Parte  Civil,  como para que sea  necesario  el  ejercicio  de  la  facultad  legal  oficiosa  que  le asiste para  conjurar algún atentado de esa naturaleza.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO   ADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por        el       apoderado  de  la  Parte  Civil,  contra  la  sentencia de segunda  instancia   que  confirmó  la  absolución  emitida  a  favor  de  GABRIEL   DUQUE  CORREA,  de   acuerdo   con   las   razones   plasmadas   en   el  presente  proveído.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                        FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                                          MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO E. MALO  FERNÁNDEZ                                                                                           EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cuaderno original # 1, folios 1-20.   

2  Ídem,  folios  20,  39-44,  62,  63,  132-134, 162-168, 214, 231-244 y 247-250.  Cuaderno 2ª Instancia Fiscalía, folios 11-29.   

3  Cuaderno  original  de la causa, folios 1, 136, 137, 211-222 y 225-227. Cuaderno  del Tribunal, folios 7-20 y35-38.   

4  Cfr.  Autos  de 27 de marzo de 2007 y 9 de diciembre de 2009, radicaciones 26651  y 29155, respectivamente.   

5  Cfr.  Autos de 7 de febrero de 2007 y 20 de febrero de 2008, radicaciones 26.493  y 29.008, respectivamente.   

6  Cfr. Sentencia de 31 de marzo de 2004, radicación 17738.   

7  Cfr.  Sentencias de 28 de septiembre y 9 de noviembre de 2006, 7 de febrero y 18  de  julio  de  2007,  radicaciones 22041, 23495, 23331 y 26255, respectivamente,  entre otras.   

8  Cfr. Sentencia de 31 de marzo de 2004, radicación 17738.     

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