40580(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA  DE  CASACIÓN PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 060  

Bogotá  D.C.,  febrero veintisiete (27) de  dos mil trece (2013)   

VISTOS  

De  acuerdo  con la preceptiva del artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, procede la Corte a examinar el cumplimiento de los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  demostración  en  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   OMAR  SALAZAR  NIETO, contra la sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Manizales el 19 de  septiembre  de  2012,  por  cuyo medio confirmó el fallo dictado por el Juzgado  Promiscuo  del Circuito de Pensilvania (Caldas) el 6 de julio de 2011, a través  del  cual  lo  condenó  como  autor  penalmente responsable del delito de actos  sexuales abusivos con menor de catorce (14) años.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  diligenciamiento  fueron  sintetizados  por  el  Tribunal en el fallo de segundo  grado, de la siguiente manera:   

“El señor OMAR  SALAZAR  NIETO,  para  el primer semestre del año 2010 residía en Pensilvania,  Caldas,  municipio donde se desempeñaba como entrenador de un equipo de fútbol  y  además  realizaba  trabajos  de  tipo esotérico, labores que le permitieron  compartir y departir con los niños de la localidad.   

“El entrenador se  hizo       amigo       del      menor      JATZ1,  y  en  una  oportunidad, en  compañía  de otro infante, se dirigieron a una residencia que tenía arrendada  aquél   y   que  solían  denominar  ‘El  Cielo’,  lugar  en  el  que  convenció  a  ambos  niños  para  que se desvistieran y se  hicieran   tocamientos   entre  ellos,  luego  de  lo  cual  les  realizó  sexo  oral.   

“JATZ no contó  lo  ocurrido,  pero el día 11 de agosto de la misma anualidad, cuando ya vivía  en  Bogotá, familiares suyos pudieron conocer conversaciones en internet de las  que  se  desprendía  que  el niño había sido objeto de actos lascivos con una  persona        denominada        ‘Julian       Mauricio’  (pseudónimo  de  OMAR  SALAZAR  NIETO),  a quien en consecuencia  denunciaron,  germinándose  así  el  proceso que ahora nos convoca”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 2 de marzo de 2011 en audiencia realizada  en  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  con  función de control de garantías de  Pensilvania,  se  impartió  la  legalización  de  la  captura  de OMAR  SALAZAR,  diligencia  en la cual la  Fiscalía  le  imputó  la  comisión  del delito de actos sexuales con menor de  catorce  (14)  años,  que  no  aceptó.  En la misma ocasión a pedido del ente  acusador  le  fue  impuesta  medida de aseguramiento de detención preventiva en  establecimiento carcelario.   

          El  28  de  marzo de 2011 se presentó el escrito de acusación y el  26  de  abril siguiente se realizó la correspondiente audiencia, oportunidad en  la  cual  SALAZAR  NIETO fue  acusado   como   presunto   autor   del   delito  que  sustentó  la  medida  de  aseguramiento, cargo al que tampoco se allanó.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Promiscuo del Circuito de Pensilvania, despacho que una vez surtido  el  debate  oral  profirió  fallo  el  6  de  julio de 2011, por medio del cual  condenó  a OMAR SALAZAR a la  pena   principal   de   nueve  (9)  años  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  autor  penalmente  responsable  del  delito por el cual fue  acusado.  En  la  misma  providencia  le  negó la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  fue  confirmada  por el  Tribunal  Superior de Manizales mediante proveído del 19 de septiembre de 2012,  decisión  contra  la  cual  el  mismo  sujeto procesal interpuso en oportunidad  recurso  extraordinario  de casación y allegó la correspondiente demanda, cuya  admisibilidad se examina en este auto.   

EL LIBELO  

El   recurrente  formula  dos  cargos  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  los  cuales  desarrolla  en los  siguientes términos:   

          1.        Primer cargo: Error de hecho por falso raciocinio   

          Afirma  el  recurrente  que  el  Tribunal  valoró  erradamente  las  declaraciones  de  la víctima y su progenitora Elvira  Lucía  Zambrano, amén de que desechó los testimonios  de    los    menores    DFVB   y   AFZC   al   calificarlos   de   inexactos   y  nerviosos.   

          Luego  de  transcribir apartes del fallo impugnado, refiere que ante  la   carencia   de   pruebas   contundentes,   el  ad  quem   ensayó  “de  una  manera    muy   particular   constituir   una   prueba   en   contra”  de  su  asistido.  Precisa que Elvira  Zambrano     reconoció     que     “el  día que puso la denuncia pasó por la casa donde vivía OMAR y  él  estaba  allí,  que  lo  miró  y  le  dijo  que  eso  no  se quedaba así,  posteriormente  se comunicó telefónicamente con el acusado y le hizo creer que  la  advertencia era porque él había dicho que ella le había hecho brujería a  su  ex esposo, con el fin de que él pensara que era por lo de la brujería y no  sospechara    nada   de   la   investigación   por   abuso   sexual”.   

          Resalta  que  la  madre  del menor tiene odio por el procesado, pues  considerada    que    por    sus    trabajos    esotéricos    se    acabó   su  matrimonio.   

          De  otra  parte  señala  que  las declaraciones de otros niños, en  especial  la  de  DFVB, se consideró ajena a la verdad por su nerviosismo y sus  respuestas  monosilábicas y evasivas, sin tener en cuenta lo dicho por la Corte  Constitucional sobre los testimonios de los menores.   

Agrega que la credibilidad de lo expuesto por  los  niños  debió  ser  sopesada  con  la  ayuda  de  pericias “de  quienes  estudian  el  comportamiento humano, en la técnica de  establecer  la verdad o la mentira como es el caso de los sicólogos”.   

          Señala  que  la Fiscalía en al audiencia preparatoria solicitó el  testimonio  de  una  psicóloga  para  introducir  el  examen  sicológico de la  víctima,  pero  una  vez decretada dicha prueba, no se cumplió con el deber de  hacerla concurrir.   

          Considera  que  con  las declaraciones de los niños se acredita que  la  madre  de la víctima tenía motivos para perjudicar al procesado, de manera  que   se  incurrió  en  un  “ostensible  error  de  razonamiento”,  pues  si  se  les  hubiera  otorgado  credibilidad,   habría   emergido   duda   a  favor  del  acusado  OMAR SALAZAR.   

          2.        Segundo    cargo:   Error   de   derecho   por   falso   juicio   de  legalidad   

Asevera  el  casacionista que se tuvieron en  cuenta  los  correos electrónicos aportados por la madre del menor junto con la  denuncia,   los   cuales   fueron  obtenidos  por  el  cuñado  de  Elvira   Zambrano,  sin  contar  con  la  aquiescencia  del  titular de la cuenta de correo, ni de su representante legal,  amén  de  que  nunca  se  inspeccionó  el  equipo informático del cual fueron  extraídos,  pues cuando así se dispuso, no fue posible su ubicación por parte  de miembros de la policía.   

          Igualmente  señala  que  en la audiencia preparatoria la defensa se  opuso  a  la  aportación de los correos que se querían introducir a través de  Elvira  Zambrano,  pero  el  a   quo  no  aceptó  tal  objeción.   

          Luego  de  transcribir el artículo 236 de la Ley 906 de 2004 que se  refiere  a  la  recuperación  de  información  dejada al navegar por Internet,  destaca  el  casacionista  que  existen  unos  protocolos  reglados para que las  autoridades  accedan  a las cuentas de correo electrónico, procedimiento que no  fue  el adelantado en este caso, de modo que se violó el derecho a la intimidad  y  por  tanto,  las  pruebas  obtenidas en tales condiciones deben ser excluidas  conforme a la preceptiva del artículo 29 de la Carta Política.   

          De  acuerdo  con lo expuesto, el demandante solicita la casación el  fallo,  para  que  en  su  lugar  se  profiera  fallo  absolutorio  a  favor  de  OMAR         SALAZAR         NIETO.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene sentado la Corporación que si bien en  el   estatuto   adjetivo   de   2004  no  media  distinción  entre  el  recurso  extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó  la  exigencia  de  la  cantidad  de pena máxima del delito para acceder a dicha  impugnación,  corresponde  al  recurrente  demostrar el quebranto de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  acreditar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo impone el  artículo 184 de la citada legislación procesal.   

         Desde   luego,   en  el  examen  de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la Sala  constatar  en  la  formulación  y  desarrollo  de los  reparos  la sujeción a las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la jurisprudencia, con el fin  de  evitar la transformación de este recurso extraordinario en una instancia  adicional  a  las ordinarias.  Tales  requisitos  pretenden  conseguir    el    desenvolvimiento    de  los libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  esto es, precisos y claros, pues no corresponde a la Corte  en  su  función reglada de orden  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Señalado  lo  anterior se tiene respecto de  las  censuras  propuestas  por violación indirecta de la ley sustancial, que la  Corte  advierte  ausencia  de  un  criterio específico de selección, así como  falta  de  articulación,  circunstancia  por  la  cual  cada uno de los reparos  carece  de  aptitud  suficiente para de manera insular derruir la presunción de  acierto  y  legalidad  del  fallo, dado que, en caso de prosperar, subsistirían  otros   soportes   de  la  decisión  atacada  que  la  mantendrían  incólume,  situación  que  denota  la  autónoma  intrascendencia  de los cargos, como que  debieron  ser  propuestos  de  manera  conjunta  y  sin dejar apartes capaces de  cimentar las conclusiones de la providencia.   

En  tal caso, correspondía al recurrente no  proponer  varios  cargos  independientes, sino un único reproche con fundamento  en  la  causal tercera de casación, esto es, por violación indirecta de la ley  sustancial  derivada  de  errores  de  raciocinio  y  legalidad  en  punto de la  apreciación  de  las  pruebas,  los  cuales  confluyen,  en  su criterio, en el  quebranto de la ley sustancial.   

          Ahora,  en  cuanto  atañe  a  la  primera  censura,  constata  la  Sala  que al postular un falso  raciocinio,  el  cual  tiene  lugar cuando las  pruebas  son  tenidas  en  cuenta,  pero  en su valoración los  funcionarios  quebrantan las reglas de la sana crítica, esto es, los principios  de  la  lógica,  las  leyes  científicas  o las máximas de la experiencia; es  deber  del recurrente expresar qué dice concretamente el medio probatorio, qué  se  infirió  de  él  en  la sentencia atacada, cuál fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su  consideración correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del yerro expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que su enmienda da lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable  a  los  intereses  de su representado, proceder que en este asunto no emprendió  el demandante.   

          En  efecto,  si  bien  el  defensor identifica las pruebas sobre las  cuales  considera  recayó  el  equívoco  de  apreciación judicial, no atina a  señalar  el principio lógico, la ley de la ciencia o la máxima de experiencia  que  resultó  quebrantada,  pues  se  queda  en  la  exposición circular de su  personal  aprehensión  de  los  medios  de convicción, proceder inaceptable en  esta  sede  extraordinaria,  no  instituida  para ofrecer alegaciones de factura  informal,  sino  para  denunciar  errores graves en la aplicación de la ley, la  apreciación  de  las  pruebas  o  la  guarda  de la legalidad y legitimidad del  proceso.   

          Las   razones   expuestas   son   suficientes   para   inadmitir  el  reproche.   

          Acerca   del   segundo  reparo,  observa  la Corporación que el actor postula un error de derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  el  cual  acontece  cuando los falladores al  apreciar  alguna  prueba  la  asumieron  equivocadamente  como  legal  aunque no  satisfacía   las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o  la  descartaron aduciendo de manera errada su ilegalidad, pese a  que  se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos  dispuestos  en  la ley para su  práctica  o  aducción,  caso  en  el  cual,  es  del  resorte  del  demandante  identificar  el  medio probatorio que tacha de ilegal, indicar las disposiciones  legales  o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar  la  efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado;  ora, comprobar la legalidad de la  prueba desechada por el juzgador.   

En los dos eventos anteriores, también es su  obligación  acreditar la trascendencia del yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es,  demostrar que con la marginación de la prueba señalada como ilegal,  las  restantes  pruebas  conducen  a una decisión sustancialmente diversa de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada, deberes que en este asunto no emprendió el libelista.   

          En  el  caso  de  la  especie  se  consigue verificar que si bien el  recurrente  indica  cuál  es el yerro de legalidad que propone, no se detiene a  señalar  de  qué  manera  al marginar con la solicitada exclusión las pruebas  que  tacha de contrarias a la ley procesal, el sentido del fallo sería diverso,  pues  es  claro  que  el fundamento de la decisión de condena, tanto en primera  como  en segunda instancia, no se edificó sobre los correos electrónicos entre  víctima  y  victimario que un familiar del menor extrajo de su computador, sino  a  partir  del  relato  del mismo ofendido, de su progenitora, de otro niño que  estuvo  involucrado,  amén  de lo expuesto por otros declarantes, de manera que  con  o sin las pruebas que tacha de ilegales el defensor, el sentido del fallo y  la   atribución   de   justicia   serían   los   mismos,  lo  cual  denota  la  intrascendencia del cargo examinado.   

Es  claro que el demandante se sustrae de lo  dispuesto  en  el  artículo  183  de  la  Ley  906  de  2004,  según  el cual,  corresponde  al  censor acudir “mediante demanda que  de  manera precisa y concisa  señale  las  causales  invocadas  y sus fundamentos”  (subrayas  fuera  de  texto),  pues  si  lo preciso alude a lo exacto, riguroso,  estricto  o  minucioso,  y  lo conciso se refiere a lo breve, sucinto, escueto o  directo,  no  se  aviene  con  esa  exigencia dispuesta por el legislador que se  limite   a   exponer   simple   y   llanamente,  sin  demostración  alguna,  su  inconformidad,  en  evidente desconocimiento de la dual presunción de acierto y  legalidad de la que se encuentra revestido el fallo atacado.   

Las    falencias   anotadas         imposibilitan     a    la    Sala    emprender    el    estudio  de  fondo  del  libelo,  pues si no se  trata  de  un  alegato  de  libre  confección,  su  presentación  con  base en  postulaciones  imprecisas  e indemostradas,  y sin atenerse a las reglas lógicas  y     argumentativas     que     gobiernan    este  recurso,    impone   su  inadmisión,  de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  pues  en  virtud  del  principio de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada  para enmendar tales incorrecciones.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos   o   garantías  del  procesado,  como  para  adoptar  la  decisión de superar los defectos de la  demanda  y  decidir  de  fondo, según lo dispone el inciso 3º del precepto citado.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  OMAR  SALAZAR NIETO, por las  razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                           GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                   JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  En  virtud  del  artículo  47  de  la  Ley  1098  de 2006, el nombre del menor debe  mantenerse      en      reserva     para     salvaguardar     sus     garantías  fundamentales.     

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