38100(27-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     nº  38100   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No.057  

Bogotá  D.C., veintisiete (27) de febrero de  dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  de  la demanda de casación presentada por la defensa del acusado  Gerardo  Perdomo  Maceta, contra la sentencia de segunda instancia proferida por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Acacías,   el  29  de septiembre de  2011,   a  través  de  la  cual  revocó  la  dictada  por  el Juzgado 1º  Promiscuo  Municipal de la misma localidad, autoridad que lo había absuelto del  delito de hurto agravado.   

ANTECEDENTES  FÁCTICOS   

Los  hechos  que  motivaron  la sentencia de  condenatoria son los siguientes:   

En  el año 2006, el entonces menor de edad,  Leonardo  Fontecha  Gutiérrez, laboraba en el depósito de cerveza propiedad de  su   tía  Oliva  Gutiérrez  Castro,  ubicado  en  el  municipio  de  Acacías.   

Para el mes de octubre, recibió por parte de  Gerardo  Perdomo Maceta la propuesta de que le vendiera la cerveza más barata a  él  sin  que  la  propietaria se enterara, a lo cual accedió negociando con el  señor Perdomo aproximadamente la cantidad de doscientas canastas.   

ANTECEDENTES    PROCESALES    RELEVANTES   

          1.   Con  fecha  20  de mayo de 2010, la fiscalía calificó el  mérito  del  sumario  con  preclusión  de la investigación a favor de Gerardo  Perdomo  Maceta.  Esta  decisión  fue  impugnada  por  el apoderado de la parte  civil,  motivo  por  el que la fiscalía delegada ante el Tribunal, en decisión  del  29  de  octubre  de  2010,  revocó  la preclusión y en su lugar acusó al  procesado  como  coautor  del  delito de hurto agravado, artículo 241 numerales  2º, 3º y 10º  en concurso homogéneo sucesivo.   

          2.  Agotado  el juicio por el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de  Acacías,   esta   autoridad   absolvió   al  acusado  del  cargo  que  le  fue  atribuido.   

          3.  Contra  el  fallo  de primera instancia, la delegada fiscal y el  apoderado  de  la  parte  civil, interpusieron el recurso de apelación, el cual  fue  resuelto  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito que en sentencia del 29 de  septiembre  de  2011, condenó a Gerardo Perdomo Maceta como autor del delito de  hurto  agravado,  imponiéndole la pena de 58 meses de prisión y como accesoria  la  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo término de la sanción principal.   

            A su turno le negó la suspensión condicional de la ejecución de  la   pena   y   la   prisión  domiciliaria,  ordenando  su  inmediata  captura.   

          4.   El  fallo  condenatorio  de  segundo  grado  fue  recurrido  en  casación por parte de la defensa del procesado.   

LA DEMANDA  

          1.  Invoca  la necesidad del pronunciamiento de la Corte, en orden a  que  se  garantice  la  efectividad del derecho material, lo cual concreta en la  imperiosidad  de  que  se  reconstruya la verdad sobre el comportamiento punible  atribuible  al  procesado,  pues emerge clara su inocencia, ante la inexistencia  de prueba de cargo en su contra.   

          Sostiene  que  el  medio  de  conocimiento que se extraña es la que  acredita  que  los  bienes objeto del presunto hurto se encontraban en cabeza de  la  señora  Olivia  Gutiérrez,  siendo  insuficiente  para dicho propósito el  testimonio  del  menor.  Al  respecto indica que: “la  falta  de  ubicación  fotográfica  o  videográfica, tanto del depósito de la  denunciante  como  de  mi procesado, como un hecho de inevitable demostración a  fin  de  establecer  de  manera definitiva lo relatado desde un inicio por parte  del  menor  Leonardo Fontecha Gutiérrez a quien el juez de segunda instancia le  brindó total credibilidad”.   

          Y  concluye  que la finalidad de la demanda de casación es entonces  la  corrección  de  la decisión viciada por un error de juicio que requiere la  reposición    de    la    legalidad    de    la    sentencia.     

          2.  Formula  el  cargo  de violación indirecta de la ley sustancial  por  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, en la medida en que se  supone la existencia ontológica de evidencia o prueba  del  bien  mueble  materia  de  sustracción sobre la base de única y simple de  dichos  testimoniales,  cuando  quiera que para la estructuración suficiente de  la  demostración  del  objeto  sutraido o apoderado, es necesario establecer su  propiedad  y  preexistencia  que  no  se demuestra plenamente con el dicho de la  víctima e incluso del supuesto ladrón”.   

          Enseguida  se dedica a exponer la importancia de que se estableciera  la  cantidad  exacta  de  las canastas de cerveza que fueron sustraídas, y como  ese  factor  no  se  extrae  de las declaraciones de Oliva Gutiérrez y Leonardo  Fonteche.   

          Agrega   que   se  configura  un  falso  juicio  de  existencia  por  suposición,   dado   que   el   juzgador   “infiere  consecuencias  persuasivas  a  partir  de  un  medio de convicción que no forma  parte  del  mismo  por  no  haber  sido producido ni incorporado”.  Adiciona que no es posible concebir el conocimiento completo de la  infracción,   sólo  a  través  de  la  prueba  testimonial.    

         

          En    forma    “subsidiaria”  plantea que el fallador le dio un alcance a los testimonios que  realmente  no tienen, al suponer que con la declaración del menor Fonteche y la  de  su tía se acreditaba la existencia del bien objeto material de hurto.   El  indebido  alcance  de los medios de prueba testimonial, lo hace consistir en  que  como  quiera  que  la  ofendida a pesar de que alegó contar con facturas y  llevar  la  contabilidad  de  su  negocio,  no  es suficiente su mero dicho y el  aporte  de instrumentos que no son facturas. Ajusta la anterior queja a un falso  juicio de identidad por tergiversación probatoria.   

          Solicita  que  se case la sentencia, en orden a que se absuelva a su  procurado,   como  quiera  que  no  existe  certeza  sobre  su  responsabilidad.   

             

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  De la casación excepcional.   

1.1  De  conformidad  con  lo previsto en el  artículo  205  de  la Ley 600 de 2000 que rige a esta actuación, al recurso de  casación se accede de dos maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede contra las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial y el Tribunal Penal Militar, por delitos sancionados con pena  privativa    de    la    libertad   superior   a   8  (ocho) años; y   

b)  La  excepcional, que procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas con pena privativa de la libertad  igual  o  inferior  a  ocho  años,  y por los jueces  penales  del  circuito  por  cualquier  delito, evento en el cual la Sala podrá  admitir  la  demanda  cuando  lo  considere  preciso  para  el  desarrollo de la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que reúna  las demás formalidades.   

1.2 En el supuesto  que   ocupa   la   atención   de   la   Sala  resulta  claro  que  como  quiera que la sentencia de segunda instancia no fue proferida  por  un  Tribunal,  sino  por  un  juzgado  del circuito, la vía de ataque para  promover  el recurso extraordinario, debe ser la casación discrecional, además  de    que   la   conducta   punible   por    la    que    fue   condenado   Gerardo  Perdomo  Maceta,  esto  es,  hurto  agravado  en cuantía superior a 10  SMLMV,  prevé  una  pena  mínima  de 36 meses de prisión y una máxima de 126  meses de prisión.   

1.3 Como también  lo  tiene  dicho la jurisprudencia de esta    Corte,    cuando    de       casación       discresionalse     trata,      el      demandante   debe  exponer  así  sea  de  manera  sucinta,      pero  clara,  qué  es  lo que se  pretende   con   el   recurso,  teniendo  como  norte  solamente  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la   garantía   de  los  derechos fundamentales.   

1.3.1  En tratándose del primer punto, esto  es,  el  desarrollo  de  la jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la  demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina con el fin de que se  aborde  un  tópico  aún  no  desarrollado,  precisando  la  manera  en  que la  decisión  solicitada  tiene  la  utilidad  simultánea  de brindar solución al  asunto y a la par servir de guía a la actividad judicial.   

1.3.2  Y,  respecto de la protección de los  derechos   fundamentales,   el   libelista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el  desconocimiento de una garantía, ya sea por quebrantamiento  de   la  estructura  básica  del  proceso,  o  por  violación  de  un  derecho  fundamental,  e  indicar  las  normas  constitucionales  que protegen el derecho  invocado y cómo la sentencia lo conculca.   

Además,     las    razones   que  debe  aducir  el  censor  para  persuadir  a  la  Corte  sobre la necesidad de admitir la demanda, deben guardar  correspondencia  con  los  cargos  que  formule  contra  la  sentencia. En otras  palabras,  debe  haber  perfecta conformidad entre el fundamento de la casación  excepcional  (desarrollo  de  la  jurisprudencia  y/o  protección de garantías  fundamentales),  el  cargo  o los cargos que se presenten contra el fallo y, por  consiguiente, la postulación de los mismos.   

2. Procedibilidad del recurso  

Para  el  presente  caso  se  advierte  que  la libelista incumplió con  el  cometido  de  indicar  las  razones  por las cuales el recurso de casación,  debía  intentarse  por la vía excepcional, pues se conformó con decir que era  necesario  el  restablecimiento  de  garantías fundamentales, pero sin precisar  qué tipo de derecho había sido trasgredido y de qué forma.   

Más bien, bajo el presunto desconocimiento  de   garantías   constitucionales,  plantea  un  problema  relacionado  con  la  credibilidad  de  los  testimonios  de Olivia Gutiérrez y Leonardo Fonteche, en  orden  a  concluir  que  la  materialidad del delito no se encuentra demostrada,  cuestión   que   claramente  se  escapa  no  solo  a  la  órbita  del  recurso  extraordinario,  sino  a  la  de  la casación discresional, en tanto el mérito  otorgado  a  los  medios  de convicción no deriva de la violación a un derecho  fundamental,  sino  de la valoración probatoria del sentenciador de acuerdo con  las reglas de la sana crítica.    

En  la  demanda  no se observa un desarrollo  lógico  y  fundado  sobre la posible vulneración de una garantía fundamental,  pues  ni  siquiera precisa cuál, ya que habla en general de las dimensiones que  conforman  el  derecho  al  debido  proceso,  de  acuerdo  con  el  artículo 29  constitucional,  pero  al  sustentar  la  imperiosidad del pronunciamiento de la  Corte,  ningún  desarrollo  despliega  sobre el desconocimiento de los aspectos  que  refiere,  entre  ellos  el  principio  de  legalidad,  el del juez natural,  imparcialidad  e  independencia,  presunción  de inocencia, derecho de defensa,  sino  que  todo su discurso lo encamina a criticar el mérito del que se dotó a  los  testimonios  de  cargo,  con  base  en  los cuales se profirió el fallo de  condena  y  desde su particular postura consideró que al no haberse allegado al  proceso  libros  de  contabilidad o facturas de compra, era imposible determinar  la  cantidad  de  los  bienes  hurtados  y  por  contera,  no había lugar a una  sentencia adversa.   

Y  aunque  tímidamente  la  queja  de  la  casacionista  es  el restablecimiento del derecho a la presunción de inocencia,  ese  reparo  no  es coherente con las razones que expone, en la medida en que lo  que  ataca  no  es  la  demostración  presuntamente  defectuosa  del dolo de su  representado,  sino  de  una  circunstancia  modal de la conducta, como lo es la  cantidad  de  cerveza  hurtada,  lo  cual  no  es  un aspecto determinante de la  intención  delictual  del  procesado,  ni  tampoco  de  la  materialidad  de la  conducta,  dado  que solo se torna esencial al momento de determinar el monto de  los perjuicios.   

Los  anteriores  son  motivos que claramente  evidencian  la  improcedencia  del  recurso  de casación, por incumplir con los  presupuestos  desarrollados  por  la  jurisprudencia  respecto  de  la casación  discrecional,  lo  cual  es  suficiente  para  inadmitir el libelo de casación.   

         3.    Sin   embargo,  revisando  los  presupuesto  de  lógica  y  debida  fundamentación,  respecto  de  los  cargos  propuestos  en  el  libelo,  en  el  mismo  se  propone  el  de  falso juicio de  existencia,  olvida  la  libelista  que  la  Sala ha precisado reiteradamente sobre  este  tipo  de  vicio,  no  puede  adoptar  sino  dos  características:  suposición u omisión y es de naturaleza puramente objetiva,  pues  ocurre  en  el  plano  lógico  de  la  aprehensión material de la prueba  durante  el  proceso  de  construcción de la sentencia, escenario en el cual el  juez  omite  considerar  una  que  está  dentro  del  plenario o incluye en sus  consideraciones  que  nunca  fue  recaudada,  esto es, hace uso del conocimiento  privado1.   

         En  la hipótesis que plantea el recurrente, ésta enuncia un falso  juicio  de  existencia  por suposición del medio de convicción, sin embargo de  su  escrito  es  clarísimo que no se trata de que el fallador haya hecho uso de  un  elemento  probatorio  inexistente  en  el  proceso, con base en el cual haya  estructurado  el  fallo  de responsabilidad. La censura propuesta constituye una  mera  crítica  al  poder  suasorio  de las declaraciones de la víctima y de su  sobrino  acerca  de  que  fueron  aproximadamente entre doscientas y trescientas  canastas  de cerveza las sustraídas, mientras que la casacionista considera que  el  instrumento  para  acreditar dicha circunstancia, era un dictamen pericial o  prueba  documental  contable,  a  modo de una tarifa legal, proscrita en nuestro  ordenamiento procesal penal.   

         En  esa  medida,  el  reparo  postulado no pasa de ser un enunciado  carente  de  demostración,  dado  que  de  manera alguna se puede hablar que el  sentenciador  se  haya  inventado  una  prueba inexistente, sino que valoró las  legalmente  incorporadas  al  proceso  de  una  manera  diferente  a la personal  posición de la casacionista.   

         Y  frente al cargo de falso juicio de identidad por tergiversación  probatoria,  el  cual  plantea  de  manera  subsidiaria,  falta  al principio de  autonomía  de las causales, pues dentro de la misma censura y respecto de igual  medio  de convicción, no puede proponer un falso juicio de existencia, a su vez  que  un  falso  juicio de identidad, pues como ya se señaló el primero implica  la  suposición  u omisión de la prueba, mientras que en el segundo, estando el  instrumento  probatorio  en  el  proceso, su contenido es valorado de una manera  diferente  a  lo  que  éste real y objetivamente dice, ya sea tergiversándolo,  adicionándolo o cercenándolo.   

            

         Ninguna   de   las  tres  últimas  hipótesis  corresponde  a  los  argumentos  de  la  demandante,  ya  que  al  igual que en el reproche por falso  juicio  de  existencia,  e  incluso  al momento de justificar la necesidad de la  admisión  del  libelo, reproduce lo dicho en cada uno de esos reparos, esto es,  que  las declaraciones de Oliva Gutiérrez y Leonardo Fonteche no son creíbles,  cuestión  que  como se dijo en párrafos anteriores, nada tiene que ver con los  errores  de juicio demandables en sede extraordinaria, sino con un debate que se  reserva para las instancias.   

         En  este  orden  de  ideas,  deviene  necesaria  la inadmisión del  libelo de casación.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  del procesado Gerardo  Perdomo Maceta.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  ningún recurso   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO          FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

AUGUSTO   IBÁÑEZ  GUZMÁN               LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA              JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Auto  del 6 de mayo de 2004.     

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