38005(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 208  

Bogotá D.C. julio tres (3) de dos mil trece  (2013)   

I. VISTOS  

Decide  la  Sala  el  recurso  de apelación  interpuesto  por  la  Fiscal  5ª Delegado y el Procurador 79 Judicial Penal II,  contra  la  sentencia proferida el 1º de noviembre de 2011 por la Sala Penal de  Descongestión  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Buga, la cual  absolvió  a  la  ex  Juez  1ª de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de  Palmira    (Valle),    MARIA    CRISTINA    SAAVEDRA  YEPES1  y  a  la  ex  Procuradora 307 Judicial I  Penal   LIGIA   GARCÉS   RENTERÍA   por  los  delitos de prevaricato por acción y omisión agravados,  respectivamente.   

II. ANTECEDENTES  

Para la cabal comprensión de los hechos que  motivaron  la  investigación contra las doctoras MARIA  CRISTINA     SAAVEDRA    YEPES,    y    LIGIA   GARCÉS   RENTERÍA   se   estima  pertinente referir  previamente que:   

Con ocasión de diversas investigaciones por  narcotráfico  fue  detenido GILBERTO RODRÍGUEZ OREJUELA el 9 de junio de 1995,  y  un  mes  mas tarde, el 6 de agosto su hermano MIGUEL RODRÍGUEZ y enviados al  pabellón de máxima seguridad de la cárcel La Picota de Bogotá.   

Acumulados   varios   procesos   en  el  radicado  2668,  el  Juzgado  Regional  de  Cali  el 16 de enero de 1997,  en  sentencia  anticipada condenó a GILBERTO y MIGUEL RODRÍGUEZ  OREJUELA  como  responsables  de  los  delitos  de tráfico de estupefacientes y  otros,  decisión  recurrida ante el Tribunal Nacional que en sentencia del 5 de  mayo  de  1998,  modificó algunos apartes de la pena quedando la de Gilberto en  184  meses  de  prisión  como  autor  de  tráfico de estupefacientes, amenazas  personales,  enriquecimiento  ilícito de particulares, porte ilegal de armas de  defensa  personal,  falsedad  de  particular  en documento público y privado, y  falsedad  personal  para  la  obtención  de  documento público; y la de MIGUEL  RODRÍGUEZ    en    176   meses   y   20   días   de  prisión  como  autor  de  los  delitos de tráfico de  estupefacientes,  falsedad  ideológica  en  documento  público  y  falsedad en  documento  privado, decretó la nulidad y rompió la unidad procesal para que se  investigara  aparte  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de particulares.  Recurrido  en  casación,  la Sala Penal de la Corte el  29  de  octubre  de  2001,  prescribió  el  delito de  amenazas  respecto de GILBERTO, le disminuyó un mes a la pena y en lo demás se  abstuvo de casar.   

En otro proceso también por violación a la  Ley   30   de   1986,   radicado  3327,  el  Juez Regional de Cali el 21 de febrero de 1997 condenó a MIGUEL  RODRÍGUEZ  a  23 años de prisión, quantum reducido por Tribunal Nacional el 4  de  julio  de 1997 a 21 años,  decisión  que  cobró  firmeza  el  18  de  enero de 2001 fecha en que la Corte  Suprema  de  Justicia  no  casó  el fallo.    

Posteriormente, por  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares  tramitado  bajo  el  radicado  00-0005, el Juzgado  1º  Penal  del  Circuito Especializado de Cali el 27 de mayo de 2002 condenó a  MIGUEL  RODRÍGUEZ  OREJUELA a 5 años 4 meses de prisión, decisión que no fue  recurrida.   

          Por  quebrantos  de  salud  los  hermanos RODRÍGUEZ OREJUELA fueron  enviados  al  pabellón  de  máxima seguridad de Palmira el 29 de septiembre de  2000,  cuya  ejecución  de  la  pena  le  correspondió  al Juzgado 1º de esta  especialidad, en dicha ciudad.   

          Con  relación  a  estas  tres  condenas,  el  apoderado  de  MIGUEL  RODRÍGUEZ  OREJUELA solicitó acumulación jurídica de penas, decisión objeto  de cuestionamiento en este fallo.   

III. HECHOS  

   

El episodio fáctico se originó con el auto  No.  1058  del  14  de  agosto  de  2002,  proferido por la entonces Juez 1ª de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de Seguridad de Palmira -Valle-, MARÍA  CRISTINA  SAAVEDRA  YEPES, quien al  hacer  la  acumulación  jurídica  de las penas de prisión de: a) 14  años  8  meses  20  días (176   meses   20   días)   impuesta  en  sentencia  anticipada  dentro  del radicado 2668;   b)  5  años  4  meses  definida  en  el  radicado   00-005   y   c)   21     años    en    el    radicado  3327  por  las  que  había sido  condenado  MIGUEL  ÁNGEL  RODRÍGUEZ  OREJUELA,  se  basó  en  el delito  sancionado  con  la  pena mas grave de todos los infringidos  y  no  en la sentencia con pena más alta, y volvió a  dosificarla.  Consideró  que  como  entre  los  hechos  fallados  en  las  tres  sentencias,  el  delito mas grave es el de narcotráfico el cual se encuentra en  dos  de  ellas,  –  radicado 2668  y 3327 -, debía partir de la pena de 14  años   8   meses   20  días  impuesta  en  el  radicado  2668  “porque  además  de  contener el delito determinado con la pena mas  grave,  contiene  el  mayor  número  de conductas de narcotráfico (envío  de  14.050 kilos de cocaína) en  concurso  con el concierto para exportar y otros, es el primero que se falló, y  el  único  que  le  permite  al  condenado obtener los beneficios de rebaja por  confesión  y  acogimiento a sentencia anticipada”2,   a  dicho   quantum  le  aumentó  27  meses por las otras dos  condenas  (una por el envío de 150 kilos de cocaína  penado  con 21 años, y otra por enriquecimiento ilícito sancionado con 5 años  4   meses),   para  un  total  de  203  meses  20  días.   

Tal   razonamiento   lo  sustentó  en  la  literalidad  de  los artículos 470 de la Ley 600 de 2000 en concordancia con el  artículo  31  de  la  Ley 599 de 2000, al igual que con la jurisprudencia de la  Corte  del  24 de abril de 1997 según la cual: “ La  acumulación  jurídica  de  penas   a  que se refiere el artículo 505 del  Código  de  Procedimiento  Penal  –  modificado  por  el artículo 60 de la ley  81/1993-,  por  contraposición  a  la aritmética, tiene por finalidad efectuar  por  parte  de  los  Jueces  de  Ejecución  de  Penas  y  medidas  de Seguridad  –o quien haga sus veces-  una      redosificación      punitiva      menos  gravosa  regida por los parámetros establecidos para  el  concurso de hechos punibles, en los casos de sentencias proferidas contra un  mismo       procesado       en       diferentes  procesos”.  (subrayas  del  texto consignado en auto 1058 del 14 de agosto de 2002).   

Señaló  la  funcionaria  que  la  anterior  sanción  se  muestra  acorde  con  los  principios de igualdad, razonabilidad y  proporcionalidad  “toda vez que no puede sobrepasar  en  forma  considerable  a la de su hermano” GILBERTO  RODRÍGUEZ,  a  quien  se  le juzgó en el mismo proceso por un mayor número de  envíos  de cocaína (19.170 kilos) y otros delitos, a la pena de 183 meses y 13  días.   

Concluyó  que si MIGUEL RODRÍGUEZ OREJUELA  “hubiese  sido  objeto  de un solo proceso donde se  juzgase  el caso de los 150 kilos y el enriquecimiento ilícito, la penalidad no  hubiese  desbordado  los  24  años  y  con  las  rebajas  correspondientes  por  confesión  y  acogimiento a sentencia anticipada, su pena tampoco superaría la  de  aquel  (su  hermano)”3.   

Ante  tal decisión, la doctora LIGIA  GARCÉS  RENTERÍA representante del  Ministerio  Público  en  ése  proceso, estando facultada para impugnar guardó  silencio cobrando ejecutoria el proveído.   

IV. ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1.  Por   los  hechos mencionados, la  Fiscalía  20  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Bogotá el 19 de mayo de  2003,   compulsó   copias   para  que  se  investigara  la  actuación  de  las  funcionarias    MARÍA   CRISTINA   SAAVEDRA   YEPES  y     LIGIA    GARCÉS  RENTERÍA,   dentro  del  inhibitorio proferido a  favor  del  juez  de  ejecución  de  penas de Tunja, doctor PEDRO JOSÉ SUÁREZ  VACCA.   

2.  El  26 de septiembre de 20034,  el Director  Nacional   de  Fiscalías   remitió  la  investigación  a  la  Unidad  de  Fiscalías  Delegada ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá,  la    cual    ordenó    apertura   de   investigación   preliminar.   

3.  El  21 de  julio de 2004, el Fiscal  General  de  la  Nación  con  resolución 34035  asignó  la  actuación  a la  Fiscalía  2ª   Delegada ante la Corte Suprema de Justicia, la cual, el 26  de   julio   de  2006  ordenó  abrir  instrucción6  y  vincular  a las implicadas  mediante  indagatoria,  diligencias  realizadas  el 18 y 22 de agosto siguiente,  cerrando  la  investigación  el 18 de julio de 20077.   

4.  El 16 de octubre de 2008, el funcionario  instructor                   acusó8  a  las  doctoras  SAAVEDRA YEPES y  GARCÉS  RENTERÍA  de  los delitos de prevaricato por  acción  y  omisión  agravados  respectivamente,  decisión  confirmada  por el  Vicefiscal                  General9 el 22  de diciembre de 2009.   

5. Ejecutoriada la acusación, la Sala Penal  de  Descongestión  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga (Valle),  el  5  de  abril  de  2010 asumió el trámite del juicio, en cuyo desarrollo la  procesada      SAAVEDRA     YEPES     solicitó  nulidad  de  la etapa instructiva y en forma subsidiaria,  la  práctica  de  algunas pruebas. Dicha Corporación de instancia en audiencia  preparatoria     negó     la    invalidación    y    ordenó    las    pruebas  demandadas10,  decisión  confirmada por la Corte en providencia del 27 de julio  de 2011.   

6.    Como  pruebas  obrantes  en  el  expediente se encuentran:   

a.  Copia  del  expediente que se siguió en  contra  del  juez  PEDRO  JOSÉ  SUÁREZ  VACCA  el  cual terminó con decisión  inhibitoria.   

b. Copia del memorial del 2 de agosto de 2002  suscrito  por  OSCAR ÁLVARO  MAZO  BEDOYA defensor de MIGUEL RODRÍGUEZ OREJUELA, a través del cual solicita  la acumulación jurídica de las penas.   

c.  Copia del interlocutorio No. 1058 del 14  de  agosto  de  2002  con  el  cual la procesada acumuló las diferentes penas a  MIGUEL RODRÍGUEZ OREJUELA.   

d.  Declaración  rendida  por OSCAR ÁLVARO  MAZO   BEDOYA   en  la  que  explicó  los  argumentos  expuestos en la solicitud de acumulación. Igualmente  señaló   que   no   tiene   nexos   de   amistad   con  la  juez  SAAVEDRA  YEPES,  la conoce como colega en  la  judicatura  toda vez que también hizo parte de la Rama Judicial por espacio  de  32  años,  desde  juez  hasta  Magistrado de los Tribunales de Buga y Cali.   

e.  Inspección  judicial realizada el 15 de  abril  de  2004  a  las  instalaciones  del Juzgado 1º de Ejecución de Penas y  Medidas   de   Seguridad   de   Palmira,   obteniéndose   copias  de  16  autos  interlocutorios  relativos  a  acumulaciones  jurídicas,  emitidos  por la juez  entre el 2 de enero  al 14 de agosto de 2002.   

f.  Versión  libre  rendida  por la doctora  SAAVEDRA  YEPES  en  la cual  precisó  que no existe una metodología para acumular penas, debiéndose acudir  al  artículo  31  del  Código  Penal  cuyo  objeto  es  hacer menos gravosa la  situación  del  condenado, conforme lo planteó la Corte en decisión del 24 de  abril   de   1997.   Afirmó   que   la  norma  puede  dar  lugar  a  múltiples  interpretaciones,   sin   embargo   el   desacuerdo  sobre  ella  no  constituye  prevaricato  pues  no  actuó  de  manera  caprichosa o improvisada. Explicó la  forma   como   acumuló  las  penas  así:  “Cuando  procedí  a efectuar la acumulación jurídica, primero revisé las infracciones  penales  contenidas en las diferentes sentencias, para determinar el delito base  estableciendo  que  este  se  encontraba  tanto en la primera como en la segunda  sentencia,  éste  delito  no  es  otro  que  el  de tráfico de 14.000 kilos de  cocaína  y  150 kilos en la segunda decisión. El delito base por consiguiente,  era  el  de  narcotráfico  sancionado  con pena máxima de 12 años, según las  circunstancias  en que fue cometido, conforme al artículo 31 del C. Penal, esta  sanción  máxima  se podía doblar, entonces la sanción a imponer era la de 24  años,  porque  la  pena  final no puede exceder el doble de la considerada como  más  grave. A este quantum definitivo se llegó por considerársele únicamente  circunstancias  de agravación, es decir, se le impuso la sanción más alta que  se  podía;  pero a esos 24 años había que deducirle a su favor los beneficios  por  confesión y sentencia anticipada, lo que le daría como pena definitiva 14  años               aproximadamente”11.    

En  relación  con  el  aumento de 27 meses,  señaló:  “Porque  el  artículo  470  del C.P.P.,  después  de  remitir  al  31  del  C.P.P  determina:  “En estos casos la pena  impuesta  en  la  primera  decisión,  se  tendrá  como  parte de la sanción a  imponer”,  de  ahí que procediera a tener en cuenta la primera decisión y le  aumentara  27  meses,  pero entendía claramente que no podía sobrepasar los 24  años  y  menos  doblar los 14 porque eso no lo autoriza la ley. Al estipular la  suma  de  27  meses,  se tuvo en cuenta que su pena no fuera superior a la de su  hermano,  porque  lo  consideré  desproporcionado, ya que aquel había cometido  muchos   más  hechos  delictivos  (8  conductas  punibles)  y  también  había  realizado  más  envíos  de  narcóticos  al  exterior  pero que por haber sido  juzgado  en  un  solo  proceso,  iba  a salir más beneficiado que su congénere  únicamente   por   el   hecho   de   que   a   MIGUEL   se   le  abrieron  tres  procesos”12   

          g.  Copia  de  la  resolución  No.  450  del 7 de diciembre de 2001  del   Consejo  Superior  de  la  Judicatura distinguiéndola con la medalla  “José    Ignacio    de   Márquez”  en  categoría  plata,  como  reconocimiento a su labor en la Rama  Judicial.   

          h.  Versión  libre  rendida  por  la  ex  procuradora  GARCÉS  RENTERÍA  quien  dijo  no  haber  visto  asomo  de ilegalidad, actitud maliciosa o manifiestamente irregular en la  decisión,  la  cual  en  su  criterio  contenía  un  análisis  cuantitativo y  cualitativo  de la situación, con sujeción a la verdad procesal, motivo por el  que se abstuvo de recurrir.   

          i.    Indagatoria    rendida    por    la    doctora    SAAVEDRA  YEPES  donde negó que los autos  proferidos  por ella en los casos de José Nain García y Elkin Darío Bolaños,  tengan  una  directriz  diferente a la que aplicó a Miguel Rodríguez Orejuela;  también  refirió  que el artículo 31 no dice que se  deba  partir  de la sentencia que imponga la pena mas alta sino que se someterá  a   la   disposición   que   establezca   la   pena   mas   grave   según   su  naturaleza.   En  relación  con  la  variación  del  precedente  que  venía aplicando el cual partía de la sentencia con pena mayor  agregó:  “el  variar  de criterio jurídico es muy  común  en el ejercicio de la judicatura, en el caso por el cual se me pregunta,  yo  varié  mi  criterio  cuanto  tuve  la oportunidad de estudiar y profundizar  sobre  la  filosofía  y  finalidades  de  la  acumulación  jurídica  de penas  adentrándome  en  el  estudio  tanto  de  las  normas  que  lo  regulan como la  jurisprudencia    del    doctor    Arboleda    Ripoll,    Reyes    Echandía   y  otros..”13.  Respecto  de  la  condena  a  21 años  explicó  que  “quedó subsumida en la acumulación  jurídica de penas”;   

          j.  Sobre  el  conocimiento  personal,  social  y  profesional de la  doctora  SAAVEDRA  YEPES  se  allegaron  declaraciones  de  CARLOS  H.  MURGUEITO   ex  magistrado de los  Tribunales       de       Buga      y      Cali14, JESÚS MARÍA DÍAZ DELGADO  ex   magistrado   de   la   Sala  Disciplinaria  del  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura15  y  JOSÉ  ALIRIO  CRUZ  PERDOMO  ex  magistrado  del  Tribunal  de  Buga16.   

En  la audiencia pública testificaron JULIO  CESAR    VELASCO   OSPINA,  comerciante  de  Tuluá;  JESÚS  ANTONIO  BALANTA  asistente del Juzgado 4º de  ejecución  de  penas  de Cali; ANA HILDA GUDZIOL VIDAL ex magistrada de la Sala  Penal  del  Tribunal de Cali; AMANDA LORZA VÉLEZ ex magistrada de la Sala Civil  del  Tribunal  de  Cali; OLGA  GÓMEZ  MARIÑO, titular del  Juzgado  2º de Ejecución de Penas de Cali y Magistrada en encargo del Tribunal  de  la  misma  ciudad,  quienes  destacaron las cualidades y virtudes de la juez  SAAVEDRA    YEPES   como  funcionaria  y  profesional,  exaltaron  su  reconocida solvencia moral, calidad  humana,  capacidad  y  disciplina,  por  lo  que  es  respetada  en  el círculo  judicial.   

          k.  Sobre  el  conocimiento  personal, social y profesional de la ex  procuradora  GARCÉS RENTERÍA  se  expresaron  los  testigos  CONSUELO ARGENIS MINA CHARA abogada y profesional  universitario  grado  17  de  la  Procuraduría  Provincial  de Buga17;   CLARA  ESTELA  QUINTERO  ESQUIVEL abogada y funcionaria de la procuraduría18;   RUBÉN  PÉREZ  ECHEVERRI  abogado ex  funcionario    jubilado    de   la   Procuraduría19,  quienes  refieren  que  se  trata de una persona de intachable comportamiento labora y social.   

          l.  Acta  de  posesión  de  MARIA CRISTINA  SAAVEDRA  YEPES como Juez 1º de Ejecución de Penas y  medidas      de     Seguridad     de     Palmira20y     de     LIGIA  GARCÉS  RENTERÍA como Procuradora  307   Judicial  I  Penal   con  sede  en  Cali21   

Culminada  la  vista  pública  el  14  de  septiembre    siguiente,    el   a   quo  absolvió  a  las  procesadas en sentencia del 1º de noviembre de  201122,  decisión  recurrida por el Fiscal 5º Delgado ante el Tribunal y  el Procurador 79 Judicial Penal I.   

V. PROVIDENCIA IMPUGNADA  

1.   El  Tribunal  de Descongestión de  Buga  absolvió  por  atipicidad de la conducta a MARIA  CRISTINA  SAAVEDRA YEPES ex juez de ejecución de penas  de  Palmira  acusada  de  prevaricato por acción agravado, al considerar que la  decisión    cuestionada    -de   fecha   14  de  agosto  de  2002-  según  la  cual,  la redosificación en  caso  de  acumulación jurídica no debía partir de la sentencia que registrara  la  sanción más alta o mayor, sino que el precepto legal sugería estarse a la  que  contemplara  el  delito  con pena mas grave, no es  manifiestamente contraria a la ley, en razón a que:   

a)  La interpretación de la norma que trata  sobre  la   acumulación jurídica de penas -artículo 470 de la Ley 600 de  2000  y  su remisión al artículo 31 de la Ley 599 de 2000- ha sido discutible,  en  consecuencia,  el  criterio  sostenido  por  la juez en su momento no era un  “cabal desatino”.   

b)   La   literalidad   del  artículo  31  ibídem   aplicado  a  la  acumulación  jurídica  de  penas  no es del todo diáfano que permita entender  que,   cuando   habla   de   “la  disposición  que  establezca  la    pena    más   grave”23    se  trata  de  la  “pena  más alta”, lo cual ha generado  pronunciamientos  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  a  fin  de aclarar dicha  expresión.    

c)  Si ahora está zanjada la discusión, el  juicio  debe  hacerse  ex ante, es decir ubicar al operador jurídico al momento  en que emitió la decisión cuestionada.   

d)  No fue maliciosa la interpretación dada  por  la funcionaria al texto legal y a la jurisprudencia citada, toda vez que el  código  sustantivo  apenas  tenía  un  año  de  vigencia,  por tanto no puede  decirse  que  existía  una  clara  línea jurisprudencial trazada por la Corte.   

e) El criterio vertido por la funcionaria en  la  decisión  cuestionada  es  coherente con los emitidos meses atrás, como lo  demuestra  los  varios  interlocutorios  allegados  al  expediente  obtenidos en  diligencia  de  inspección  judicial, radicados No. 369, 461, y 51124,  advirtiéndose  que  tal  discernimiento  no  fue  aislado  ni  con  propósitos  venales,  “luego,  no es cierto, como lo plantearon  los  distintos  voceros  del  ente  acusador, que la Juez muestra con decisiones  contradictorias    su   afán   de   apartarse   “ostensiblemente”   de   la  ley”25.   

f) La situación de los sentenciados Gilberto  y  MIGUEL RODRÍGUEZ OREJUELA dentro de un mismo proceso, verificada por la juez  acusada  para  determinar  cuál debía ser el delito base, no da muestra de ser  un  extravagante  afán de favorecimiento  a este célebre narcotraficante, sino el propósito de ofrecer una  solución     con     un      sustrato     de  justicia, apoyado en bases serias y razonables, siendo  inadmisible  asumir  de manera prejuiciosa que toda decisión con algún alcance  favorable  hacia  aquellos  celebérrimos  personajes  esté inspirada en ánimo  prevaricador.   

g) Con sustento en las pruebas testimoniales,  concluyó  que  la  Juez  SAAVEDRA  YEPES es  una  funcionaria  destacada,  de reconocida solvencia y probidad  como lo han expresado sus superiores y amigos.   

Manifestó el Tribunal Superior de Buga, que  si  bien  el Estado tiene la imperiosa tarea de recuperar su legitimidad medrada  por  la  complacencia a ciertos contrapoderes, ella no  puede  descansar sobre la base de que el derecho penal tiene zonas de exclusión  vedadas  a  los jueces como figuras de equilibrio, que mediante el principio pro  homine  y  de  la  ley  penal  mas favorable, aplican principios proclamados por  nuestros  Códigos  Sustantivo  y  Procesal  Penal.  Así  considera la Sala que  procedió  la  Juez,  y si de ello se deriva censura, conforme a otras posturas,  de    que    hubo    equívoco,   de   ninguna   manera   entraña   delito   de  prevaricato”.   

2. En cuanto a la ex Procuradora LIGIA  GARCÉS  RENTERÍA,  la colegiatura  sin  más asintió que su situación estaba supeditada a la suerte de la doctora  SAAVEDRA    YEPES,    en  consecuencia,   como   el   prevaricato   por  acción  no  se  configuró,  por  sustracción  de  materia  quedaba sin fundamento el reproche contra la entonces  Procuradora.   

     

I. LAS  IMPUGNACIONES     

1. Argumentos de la Fiscalía.  

Solicitó  la  revocatoria  de  la sentencia  absolutoria  para  en  su lugar condenar a las doctoras  SAAVEDRA   YEPES  y  GARCÉS  RENTERÍA  por  el delito de prevaricato por acción y  omisión  agravados, respectivamente, pues en su criterio existe prueba sobre la  conducta  y  responsabilidad  de  las  procesadas  al configurarse los elementos  estructurales  de  los tipos penales consagrados en los artículos 413 y 414 del  Código Penal.   

a) Señaló que la decisión analizada sí es  manifiestamente  contraria  a  la  ley,  pues  el  artículo  470 del Código de  Procedimiento  Penal,  en concordancia con el artículo 31 del Código Penal son  claros,   al   igual   que   los   lineamientos  jurisprudenciales  ex  ante  en torno al tema, los cuales no  han  variado  en  el  sentido  que para la acumulación jurídica se parte de la  pena  más  alta y no del delito imputado con pena más grave, como se desprende  de  la  lectura desprevenida de la decisión de la Corte Suprema de Justicia del  24  de  abril de 1997 M.P. Fernando Arboleda Ripoll, con base en la cual la Juez  de  Ejecución  de  Penas, dándole un alcance inadecuado, emitió el reprochado  auto  No.1058 del 14 de agosto de 2002, donde se observa que la pena menos grave  terminó   absorbiendo   a   la   más   grave,  generando  una  contradicción.   

b)  En este contexto, adujo el Fiscal que la  Juez  debió partir “…de la pena mas alta impuesta  en  las  sentencias  a  acumular  o  sea  veintiún (21) años atendiendo que la  naturaleza  de todas las condenas era la privación de la libertad, por lo tanto  en  sana  lógica  la  mas  grave  era  la  que tuviera mayor numero de años de  prisión,  sin  que tampoco pudiera acceder a una valoración de las conductas y  de  los  beneficios  por confesión y sentencia anticipada, que lo fueron por el  juez  de  conocimiento que impuso la condena; su labor estaba encaminada a tomar  en  cuenta  la pena más grave que ya se había impuesto y que estaba en firme e  incrementarla   hasta   en   otro  tanto  como  lo  autoriza  el  artículo  470  C.P.P”.             

c)  Criticó  los  razonamientos  de la juez  basados  en la igualdad, proporcionalidad y justicia por considerarlos ajenos al  tema,  máxime  cuando  compara  a  los dos narcotraficantes y afirma que uno no  puede  sufrir  mayor pena que otro conforme a las diferentes cantidades de droga  enviadas  al  exterior.    

d)  Refirió  el  impugnante, que en el auto  1053  donde  el  condenado es ELKIN DARÍO BOLAÑOS, proferido en la misma fecha  que  el aquí cuestionado, la juez aplicó un criterio diferente al utilizado en  la     acumulación    de    penas    relacionada    con    MIGUEL    RODRÍGUEZ  OREJUELA.26   

Respecto   del  prevaricato  por  omisión  imputado      a      la     procuradora     GARCÉS  RENTERÍA,  señaló que si la juez cometió el delito  de   prevaricato   por   acción   esta   última  incurrió  en  el  mismo  por  omisión   ya  que  dejó  de  ejercitar la función legal de oponerse a lo  decidido,   asumiendo   un   comportamiento  pasivo  que  originó  la  sanción  disciplinaria   por   la   cual  la  destituyeron.       

2. Argumentos de la Procuraduría.  

Coincide  en que en el plenario se encuentra  demostrado  que  la  Juez  SAAVEDRA YEPES desconoció  el  marco  jurídico sobre la acumulación jurídica de  penas  “de  forma  notoria, grosera, o de tal grado  ostensible  que  se  muestra  de  bulto con la sola comparación de la norma que  debía                  aplicarse”27,  con   lo   cual   benefició   al   condenado   RODRÍGUEZ  OREJUELA,  toda  vez  que:   

a) La correcta teleología del artículo 470  del  Código  de  Procedimiento  Penal  en  concordancia con el artículo 31 del  Código  Penal  según  el cual “quedará sometido a  la  que  establezca  la  pena  mas  grave según su naturaleza…”  imponía  que  partiera de la base de 21 años de prisión y no de  14  años  8 meses 20 días como lo hizo, desacierto magnificado por la ausencia  de  ponderación  y  proporcionalidad  en  el aumento de las sanciones (hasta en  otro  tanto),  pues  de las dos condenas restantes (21  años  y  5  años  y  4  meses), tan sólo agregó 27  meses, es decir quedó en 16 años, 11 meses.   

b)  Para  el  impugnante,  no  es cierta la  afirmación  del  a  quo en  relación   con   la  dicotomía  entre  “pena  mas  grave”   y  “pena  mas  alta”,  artificioso  argumento  presentado  por  la  procesada  para  eludir la simplicidad del procedimiento ordenado por la norma y  adentrarse  en  complejas  valoraciones  como:  “el  número  de  delitos,  la fecha de proferimiento de las sentencias, la conexidad  con  otros delitos, la cantidad de droga comercializada, la comparación con las  penas  dosificadas  en  otros  procesos, que tienen un marcado cariz subjetivo y  carecen    por    completo    de   aval   normativo,   jurisprudencial    y  doctrinario”28,   con  lo  cual  quebrantó el principio de legalidad de la pena que  prescribía  partir del mínimo de 21 años de prisión y que en la práctica se  tradujo   en   la   supresión   de   esta   condena.   

c)  Añade  el  Ministerio  Público,  que  conforme  variada  jurisprudencia  de  la Corte Suprema de Justicia, entre ellas  auto  del 12 de noviembre de 2002 radicado 14170, auto del 18 de febrero de 2005  radicado  18911  y auto del 17 de marzo de 2007 radicado 21936, para seleccionar  la  “condena  base”  en  la  acumulación,  solo  debió  acudir a las penas  concretamente  dosificadas  en  las  sentencias  y  a partir de una comparación  matemática  definir  cual  es  la  más  grave,  ya  que  no  supone  una nueva  graduación de la pena.   

d) Disiente el delegado de la Procuraduría  de  la  tesis  del  Tribunal  de  Descongestión de Buga, según la cual, por la  época  de los hechos, hacía tan solo un año que había entrado en vigencia el  Código  Penal  y  de  Procedimiento  Penal,  en consecuencia no existía línea  jurisprudencial  sobre  la acumulación de penas; tal oposición se funda en que  tanto  el  ordenamiento  derogado  como el vigente conservan el mismo sistema de  acumulación  jurídica de penas, el cual fue reproducido sin modificaciones, en  ese  contexto  el referente jurisprudencial del 24 de abril de 1997 con ponencia  del  Magistrado  Arboleda Ripoll correspondía al derogado Decreto 2700 de 1991.   

e)   Además,  controvierte el alcance  dado  por  la  juez  y  avalado  por el fallador a la expresión “una     redosificación    punitiva    menos    gravosa”  acuñada en la pluricitada jurisprudencia, pues en su criterio,  ha  sido  tomada  en forma descontextualizada con olvido de la presencia de unas  reglas  claras  para  la  acumulación de penas, no sometidas a la arbitrariedad  del dispensador de justicia.   

f)   En  cuanto  al  dolo,  encuentra  la  Procuraduría  numerosos elementos de juicio positivos a partir de los cuales se  erige  la  inferencia  inequívoca  de  tal  actuar, entre ellos: i) que para la  fecha  de  la  emisión  de la providencia cuestionada llevaba aproximadamente 5  años  en  ejercicio  de la labor especifica de ejecución de penas; ii) persona  con  amplia trayectoria y conocimientos profundos sobre el tema, en la medida en  que   era   su  función  cotidiana;  iii)  comprensión  del  instituto  de  la  acumulación  de  penas  no  solo  porque  su  regulación  legal  no ha sufrido  alteración  significativa  en  un  largo  periodo,  sino  porque su tratamiento  jurisprudencial   ha   sido   uniforme,  resultando  arbitrarias  las  complejas  valoraciones subjetivas que realizó.   

Sobre  la  situación  jurídica  de  la ex  Procuradora   LIGIA   GARCÉS   RENTERÍA,  refirió  el  ente  de  control, que definida la existencia de la  decisión  manifiestamente  contraria  a la ley, la cual fue notificada en forma  personal  a  la doctora GARCÉS RENTERÍA, ésta afirmó compartir su contenido,  de  lo  cual  se  advierte que la no interposición del recurso no obedece a una  ligereza,  sino  al  conocimiento  y  voluntad  de  contravenir  el ordenamiento  jurídico  al  desobedecer  el  deber  legal  que  le  asistía  de recurrir las  decisiones  judiciales  adversas  al  ordenamiento  jurídico, incurriendo en el  delito de prevaricato por omisión.    

   

VII.     ALEGATOS     DE    LOS    NO  RECURRENTES   

1.  La doctora  MARIA CRISTINA SAAVEDRA  YEPES y su defensor:   

Solicitan a la Corte confirmar la decisión  de  primera  instancia  y  refutan  los  argumentos  de  la  Fiscalía  y  de la  Procuraduría en los siguientes términos:    

a)  El  artículo  31  del  Código  Penal,  “al   ordenar   que   el   que   infrinja   varias  disposiciones  de  la  ley  penal  o  varias  veces  la misma disposición queda  sometido  a  la  disposición  que  establezca  la  pena más grave,  es clara en que si habla de disposición  no  puede  estar  hablando de sentencia, y por lo tanto la pena más grave es la  señalada para el delito”.   

De  esta  forma,  afirman, la juez hizo una  interpretación   adecuada   de  la  ley,  toda  vez  que  la  finalidad  de  la  acumulación  jurídica  de  penas  es  la de realizar una redosificación menos  gravosa  regida por los parámetros del concurso de conductas punibles, el cual,  cuando  señala  la  “pena  mas  grave”  se refiere al delito, es decir a la  conducta  punible  y  no  a la sentencia, caso contrario, es decir, partir de la  sentencia  mas  alta,  agrava  con  largueza  la  pena de delitos conexos que se  fallaron  en  forma  independiente,  contrariando  la  finalidad  y  esencia del  sistema.   

b)  A  la  doctora  SAAVEDRA   YEPES   le   era   imposible  aplicar  las  jurisprudencias  que  la  Fiscalía  y  el  Ministerio  Público le exigen, pues  fueron  emitidas con posterioridad a la decisión por ella adoptada, ya que para  la  época  en  que  procedió  a  acumular  las  penas  solo  existían las que  determinaban  que el punto de partida para la graduación punitiva era el delito  que en concreto amerite una pena mayor.   

c)  El  punible de prevaricato se erige por  contrariar  la  ley  y  no  la jurisprudencia conforme sentencia C-335 del 18 de  abril  de 200829,  y  en  su  criterio  la interpretación de la ley es la adecuada.   

   

d)  Si  la doctora  SAAVEDRA  YEPES  se equivocó en la interpretación de  la  ley,  no  lo  hizo  dolosamente  ni fue su voluntad agraviar el ordenamiento  jurídico,  pues siempre ha sido una funcionaria correcta y honesta que ni antes  ni después de estos hechos se había visto investigada penalmente.   

e)  La  acumulación  jurídica  es un  derecho  a  favor  del  condenado,  que  no puede ser aplicado restrictivamente,  conforme  a  lo  expresado  por  la  Corte Constitucional en sentencia C-1086 de  2008:   “La   acumulación   jurídica   de  penas  constituye  una metodología para la medición judicial de la pena cuando ocurre  el  fenómeno  del  concurso  de delitos, según la cual, una vez establecida la  pena  imponible  en cada delito se aplica aquella correspondiente al delito más  grave      aumentada    en    una    determinada    proporción30”.   

f) Señaló que la sentencia del 15 de mayo  de  2003  radicado 15868 y la proferida el 12 de noviembre de 2002 son opuestas,  comprobándose que el tema no es pacífico.   

h)  Por  otro  lado,  recordó el carácter  doloso  del  prevaricato,  el  cual debe ser probado siendo insuficiente la mera  disparidad  con el derecho, requisito que la Fiscalía no demostró pues olvidó  indagar  sobre  algún  interés  particular  que  beneficiara su patrimonio, su  personalidad o comportamiento.   

i)  La comparación de los dos sentenciados  efectuada  por  la Juez acusada esta basada en el sentido humano del derecho, la  igualdad  de  la  pena  para  casos iguales, y los principios de razonabilidad y  proporcionalidad  y  así evitar una mayor severidad en la sanción en relación  con otro que cometió mayor número de delitos.   

2.  La   doctora   LIGIA   GARCÉS    RENTERÍA   y   su  defensor.   

Solicitan   se   confirme   la  sentencia  impugnada,   no   obstante   en  caso  de  ser  adversa,  se  debe  declarar  la  prescripción   de   la  acción  penal  toda  vez  que  al  momento  de  quedar  ejecutoriada  la  resolución  de  acusación,  había transcurrido 88 meses y 8  días.   

No  obstante,  defiende la actuación de la  funcionaria así:   

a)  La ex Procuradora no tenía el deber de  apelar  el  auto  acusado  porque lo consideró ajustado a derecho en el aspecto  fáctico y jurídico.   

b) En ésos términos, no actuó con dolo ya  que  nunca  pretendió  lesionar  o  poner  en  peligro  el  bien jurídicamente  tutelado.   

c)  En  contravía  de  lo expuesto por los  recurrentes,  afirma  que  las providencias recogidas en la inspección judicial  sobre  acumulación  jurídica  de  penas  realizada por la doctora SAAVEDRA  YEPES,  conservaron  siempre  el  mismo  formato,  fundamento  y  motivación  que  las  del  el auto cuestionado:  “La  normatividad penal vigente no precisa que para  realizar  redosificación de la pena, en caso de acumulación jurídica, se deba  partir  de  la sentencia que ha registrado la sanción más alta o mayor. Lo que  sugiere  es  que  se  establezca  el  delito  que contemple la pena más grave y  conocida  esta,  se  aumente  hasta  en  otro  tanto31   

”;   criterio  forjado  conforme  a  la  interpretación   del   pronunciamiento   de   la  Corte  Suprema  de  Justicia.   

d)  En el evento de configurarse la lesión  de  la  norma  penal,  solicita  se  reconozca  el  error  de  tipo  como causal  excluyente  de  la antijuricidad, toda vez que obró con error invencible que en  su  conducta  no  concurría  un  hecho constitutivo de la descripción típica.   

VIII. CONSIDERACIONES  

La  Sala  es  competente  para resolver los  recursos  de  apelación  interpuestos por la Fiscalía y el Ministerio Público  contra  la  sentencia  absolutoria  dictada  en  primer  grado  por  el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Buga, de conformidad con lo dispuesto en el  numeral 3° del artículo 75 de la Ley 600 de 2000.   

En  esta  labor,  la  Corte  se  encuentra  limitada  en  su  estudio  al  objeto  de  la  impugnación  y  a  los  aspectos  inescindiblemente  ligados  a  ella, conforme al artículo 204 de dicho estatuto  procesal.   

Con   tal  fin  partirá  del  delito  de  prevaricato  por  acción, advirtiéndose desde ya que  la  sentencia objeto de disenso será revocada, al asistirle razón en   su   inconformidad  a  la  Fiscalía  y  Procuraduría  que  impugnaron  la providencia en  cuestión.   

1. Del Prevaricato por acción atribuido a  la doctora MARIA CRISTINA SAAVEDRA YEPES.    

Inicialmente  la  Sala  precisa  que  éste  delito,  previsto  en el artículo 413 del Código Penal, se configura cuando el  servidor  público  en  ejercicio  de  las  funciones  oficialmente discernidas,  profiere  resolución,  dictamen o concepto ostensiblemente contrario a la norma  jurídica  aplicable al caso, haciendo prevalecer su capricho con afectación al  ordenamiento   jurídico   y   a  la  administración  pública  a  cuyo  nombre  actúa.   

“Art.  413.  Prevaricato por acción. El  servidor  público que profiera resolución, dictamen o concepto manifiestamente  contrario a la ley, incurrirá en prisión de …”   

En lo referente a la tipicidad objetiva, la hipótesis normativa prevé  un            sujeto           agente       calificado,    pues    se   trata   de   servidor  público,    un   verbo  rector      consistente      en      proferir,  y  dos   clases   de  ingredientes  normativos:  de  una  parte,    “dictamen,  resolución    o    concepto”,   y   de       otro       “manifiestamente  contrario a la ley”, y  un bien jurídico a resguardar cual es la administración pública.   

En  torno  de  la  expresión  “manifiestamente  contrario a la ley”,  la   jurisprudencia  ha  sido  enfática  en  señalar  que  hace  referencia  a  decisiones  de  cuyo  contenido  se  infiere  de forma evidente y sin dificultad  alguna,  la  falta de sindéresis y de todo fundamento para juzgar los supuestos  fácticos  y  jurídicos  de un asunto sometido a su conocimiento, de tal suerte  que  el  reconocimiento  que  se  haga resulta arbitrario y caprichoso no por la  incapacidad  del  servidor  público y si por la notoria actitud de apartarse de  la norma jurídica que lo regula.   

Sobre  este  tema  la  Corte  ha  referido:   

”De  igual  manera,  la  adecuación  típica  del  delito  de prevaricato debe surgir de un  cotejo  simple  del  contenido  de la resolución o dictamen y el de la ley, sin  necesidad  de  acudir  a  complejas  elucubraciones  o  a elocuentes y refinadas  interpretaciones,  pues  un  proceso de esta índole escaparía a una expresión  auténtica       de       lo      ‘manifiestamente       contrario      a      la      ley’.  Así entonces, para la evaluación  de  esta  clase  de  conductas delictivas se adopta una actitud más descriptiva  que  prescriptiva,  es  decir,  sujeta a lo que realmente hizo el imputado en la  respectiva  actuación,  asistido de sus propios medios y conocimientos, no a lo  que  debió  hacer desde la perspectiva jurídica y con base en los recursos del  analista  de  ahora  (juicio  ex  ante y no a posteriori). Desde luego que si el  objeto  de  examen  es  una  decisión  ostensiblemente  contraria  a la ley, el  juzgador   no   puede   abstenerse   de  señalar  el  ‘deber  ser’  legal  que  el  infractor  soslayó  maliciosamente,   pero   como   un   ‘deber  ser’  que  éste  conocía  (no  aquél)  y  que  obviamente  estaba al alcance de sus  posibilidades”32.   

A   contrario  sensu,  no  se  advierte  intención  de contrariar el  ordenamiento  cuando  se avistan simples diferencias de criterios respecto de un  determinado  punto de derecho, especialmente frente a materias que por su enorme  complejidad  o  por  su  misma  ambigüedad  admiten diversas interpretaciones u  opiniones,  pues  no  puede  ignorarse  que  en el universo jurídico suelen ser  comunes  las  discrepancias  aún  en  temas  que  aparentemente  no ofrecerían  dificultad     alguna     en    su    resolución33, máxime cuando la decisión  se  apoya en criterios lógicos y razonablemente admisibles, así a la postre no  merezca  el  respaldo  de  la  mayoría  o sea desestimada como verdad objetiva.   

Igualmente  la  Corte   hace  hincapié  en  que  el análisis de la  contradicción  de  lo  decidido  con la ley se debe hacer mediante un    juicio    ex    ante,              ubicándose el  juzgador   en  el  momento  mismo  cuando  el   servidor  público emitió la resolución, el dictamen o el concepto, examinando  el     conjunto     de     circunstancias     por    él    conocidas,    siendo  improcedente,  por  tanto, sustentar ese elemento del  prevaricato    en   un   juicio   de   verificación  ex post, en el que se tomen  en       consideración        hechos  o  conocimientos desconocidos al momento de la realización  de la conducta.   

“…la  dirección   típica   de   la  norma  sobre  el  prevaricato  exige  primero  y  directamente  una  confrontación  entre la decisión proferida por el acusado y  la  ley.  Puede  ser que el juicio de reproche requiera de la clarificación que  eventualmente  surge  de  las  explicaciones  del  procesado  en el curso de sus  intervenciones,  o  de  las  reflexiones  de los distintos sujetos procesales en  torno  a  lo  que significa el presupuesto fáctico y jurídico sobre el cual se  edifica  la  prevaricación, o de los pareceres de otras autoridades judiciales,  pero  lo  primero  que debe enfrentar el juzgador es lo que hizo el inculpado en  la  resolución redargüida de ostensiblemente ilegal, pues, por lo obvio, es en  este  momento  cuando  se  realiza  la conducta juzgada y no, verbigracia, en la  indagatoria  o  la  audiencia  pública,  oportunidades  estas  en las cuales se  producen    los    descargos   o   explicaciones   sobre   los   hechos      que      ya      se      habían     consumado”.34   

En  relación con el elemento subjetivo, es  decir   la  voluntad  y  conciencia  del  actuar  la  Sala  ha dicho que es  necesario  hacer  un  estudio detallado de la actuación previa realizada por el  funcionario,  junto con las motivaciones plasmadas en la decisión cuestionada y  las  justificaciones que se ofrezcan más adelante, así como las circunstancias  específicas  que rodearon su proferimiento, toda vez que no es dable inferir la  existencia  del  dolo de la misma resolución, dictamen o concepto que se debate  pues   se   confundiría   el   elemento   objetivo   y  subjetivo  del  injusto  penal.   

En  suma, el  delito de prevaricato no  se  tipifica  por  la  ocurrencia  de  una  mera equivocación valorativa de las  pruebas  ni  por la interpretación infortunada de unas normas, o por el acierto  o  desacierto de la determinación que se investiga, tema restringido al estudio  y  decisión  de  las  instancias;  la verdadera esencia del tipo de prevaricato  activo    es    un    actuar   malicioso  dentro  del  cual  el sujeto agente se aparta de manera consciente  del  deber  funcional  que  le  estaba  impuesto  al  proferir  una resolución,  dictamen o concepto.   

1.1. Caso Concreto  

Toda  vez  que  esta  conducta  supone  la  reconstrucción  del  derecho que regía el caso concreto, en las condiciones en  que  se  encontraba la funcionaria investigada (ex ante), – fue lo que hizo y no  lo  que debió hacer-, la Sala, hará caso omiso de las críticas realizadas por  los  recurrentes  en  torno  a  la  inaplicación de la jurisprudencia del 12 de  noviembre  de 2002 radicado 14170, auto del 18 de febrero de 2005 radicado 18911  y  auto  del  17  de  marzo  de  2007  radicado 21936, por ser posteriores a los  hechos.   

Como  el  motivo  de  la  alzada  fue  la  inconformidad  por  la  absolución  a  las procesadas impartida por el Tribunal  Superior  de Buga, soportada en la atipicidad de la conducta al no encontrar que  la  decisión  proferida  haya  sido manifiestamente contraria a la ley, la Sala  abordará  el  estudio  de  este  elemento normativo confrontando los argumentos  expuestos  en la decisión que se acusa de prevaricadora con la norma reguladora  del  asunto  puesto  a  su  consideración y las circunstancias fácticas que el  funcionario  tuvo  al  frente  al momento de decidir.   

1.2.     Decisión    calificada    de  prevaricadora:   

Como la base de la decisión es el contenido  del  auto  No.  1058  del  14  de  agosto  de  2002  proferido la ex juez 1ª de  Ejecución  de  Penas y Medidas de Seguridad de Palmira -Valle-, a continuación  la  Sala  lo  transcribe  en  su  integridad  a  partir  de las consideraciones.   

“El   instituto   de  la  acumulación  jurídica  está reglado por el artículo 470 del código de procedimiento penal  que a la letra dice:   

“Las normas que regulan la dosificación  de  la  pena,  en  caso de concurso de conductas punibles se aplicarán también  cuando  los  delitos conexos se hubieren fallado independientemente. Igualmente,  cuando  se hubieren proferido varias sentencias en diferentes procesos. En estos  casos  la  pena  impuesta  en  la  primera decisión se tendrá como parte de la  sanción a imponer.   

“No podrán acumularse penas por delitos  cometidos  con  posterioridad  al proferimiento de sentencia de primera o única  instancia  en  cualquiera  de  los  procesos,  ni  penas  ya  ejecutadas, ni las  impuestas  por  delitos  cometidos  durante  el  tiempo que la persona estuviere  privada de la libertad”.   

Para que proceda la acumulación jurídica  conforme  con  la  norma  citada  se  requiere  que los delitos conexos se hayan  fallado  independientemente  o que contra una misma persona se hubiere proferido  varias sentencias en diferentes procesos.   

Delitos  conexos son aquellos unidos entre  sí  por cualquier  circunstancia de conexidad ideológica, consecuencial u  ocasional,  y  ocurre  cuando  el  hecho punible ha sido cometido por dos o más  personas  en  concurso o cooperación entre ellas, o ha intervenido mas de una a  título  de participación, también cuando se imputa a una persona la comisión  de  más  de  un  hecho  punible  con una acción u omisión o varias acciones u  omisiones,  e igualmente cuando se acusa a una persona de la comisión de varios  hechos  punibles,  si  uno  se  ha  cometido  con  el  fin de consumar u ocultar  otros.    

Al examinar los alcances del artículo 505  del  anterior  código de procedimiento penal, disposición recogida en el texto  del   artículo   470   del   vigente,   ha   expresado   la  Corte  Suprema  de  Justicia:  “  La acumulación jurídica de penas a  que  se  refiere  el artículo 505 del Código de Procedimiento Penal modificado  por  el  artículo  60 de la ley 81/93, por el contraposición a la aritmética,  tiene  por  finalidad  efectuar por parte de los Jueces de Ejecución de Penas y  Medidas    de    Seguridad-    o    quien    haga    sus    veces   –   una  redosificación  punitiva  menos  gravosa, regida por  los  parámetros  establecidos para el concurso de hechos punibles, en los casos  de    sentencia   proferidas   contra   un   mismo   procesado   en   diferentes  procesos.”   

Este intitulo solo opera si se cumple las  exigencias  derivadas  de  la  sistemática  interpretación  de la normatividad  establecida al respecto:   

1.  Que  se  trate  de  penas  de  igual  naturaleza, … (continúa).   

2.  Que  las  penas a acumular hayan sido  impuestas…(continúa)   

3.  Que su ejecución no se haya cumplido  en su totalidad…(continúa)   

4.  Que los hechos por los que se emitió  condena…(continúa)   

5.  Que las penas no hayan sido impuestas  por delitos…(continúa)   

“La  acumulación  jurídica  de penas,  como  quedó  visto,  si bien por sus efectos se contrapone a la “acumulación  aritmética”,  exige  para  su  procedencia,  el  cumplimiento  de  todos  los  requisitos  antes  señalados, los cuales no pueden ser desconocidos por el solo  hecho  de  que  “las causas fueron separadas y falladas individualmente… por  hechos   cometidos   en  conexidad  o  concurso…”  (Casación  de  abril  24/97  Mag.  Ponente  Fernando  Enrique Arboleda Ripoll). (negrilla y subrayas del texto).   

La acumulación  jurídica  implica  una  redosificación  o reevaluación de la pena  y para su desarrollo se debe partir de  la  más  grave,  según  su  naturaleza, entendiéndose   que  los  incrementos  acumulativos  se  realizan  examinando    la    existencia   o   no   de   las   circunstancias   de   mayor  punibilidad,  con  los  límites  establecidos por la  propia  ley.  La  pena  máxima solamente se puede imponer cuando sobre el hecho  concurren  circunstancias  de  agravación, en tanto la mínima cuando concurran  circunstancias  de  atenuación.  Cuando  existan  unas y otras, consideradas en  cada  una  de  las  sentencias,  se  parte  de la pena mas grave para proceder a  incrementarla atendiendo a los parámetros señaladas en la ley.   

                                        El juez al  realizar  la redosificación en el proceso de la acumulación jurídica no puede  apartarse   por   ningún  motivo  de  las  consideraciones  contenidas  en  las  sentencias   que   la   impusieron,   referentes  a  las  circunstancias  y  modalidades  del  hecho  punible, a las causales de agravación o de atenuación  punitiva consideradas en ellas. (negrilla fuera de texto).   

                  Por expreso  mandato  del artículo 470 del código de procedimiento penal el  mecanismo  que  debe  utilizarse  para  proceder  a  la  acumulación  es el previsto en el  artículo  31  del código penal, que regula la dosificación de la pena en caso  de concurso de conductas punibles.   

                 El artículo  26  del  anterior  Código  Penal  refiriéndose  al concurso de hechos punibles  ordenaba   que  el  infractor  de  la  ley  penal  quedara  sometido  a  la  que  estableciera  la  pena  más  grave aumentada hasta en otro tanto y por una mala  interpretación   se  consideró  por  algunos,  que  siempre  que  una  persona  materializaba  un  concurso  de hechos punibles incurría en el doble de la pena  más  grave,  sin tener en cuenta que lo que en definitiva se pretende es evitar  la  sumatoria  aritmética,  para  darle  cabida a la jurídica, cuyo límite lo  determinaba el artículo 28 del mismo código.   

El artículo 31 ibídem recoge en uno solo,  lo  establecido  en los artículos 26 y 28 del anterior, agregando que cuando se  incurre  en concurso de conductas punibles, el infractor queda sometido a la que  establezca    la   pena   mas   grave   según   su  naturaleza, aumentada hasta en otro tanto, sin que se  supere  la  suma aritmética de las que correspondan a las respectivas conductas  punibles,  debidamente  dosificadas.  Establece  además  que la pena máxima no  puede  exceder  de  40  años  y que cuando cualquiera de las conductas punibles  concurrentes  con  la  que  tenga señala la pena mas grave contemplen sanciones  distintas  a  la establecida en ésta, aquellas circunstancias se deben tener en  cuenta   en   el   momento   de   la   tasación   de  la  pena.  (subrayas  del  texto).   

Predica   la   norma   citada   que  la  dosificación  de  la  pena  debe realizarse tomando en consideración el delito  que  establezca  la  pena  mas  grave,  determinando  que  ésta  solo puede ser  aumentada  hasta  en  otro  tanto,  con  la  limitante  de  no  superar  la suma  aritmética  de  las  que  corresponden  a  las  respectivas  conductas punibles  investigadas.   

Este  es  el mecanismo que debe adoptarse  para  la  acumulación jurídica de pena, pues la normatividad procesal penal no  señala  que  la  sentencia  de  la  cual  debe partirse para la redosificación  punitiva   sea   la   que   comporte  la  pena  mas  alta,  Lo  que exige la ley es que se tome como base  el  delito que contenga la pena mas grave,  de  entre  los  varios  tipos penales infringidos. Ahora, si se  presenta  alguna  duda respecto a esta interpretación o sobre la misma voluntad  de  la ley, naturalmente tendrá que acogerse a la que favorezca al sentenciado,  por  ser  norma de garantía a su favor, como lo sostiene la jurisprudencia y la  doctrina. (subrayas del texto y negrilla fuera de texto).   

En  este aspecto se señala que al Juez no  le  es  dado  apartarse  del  texto  de  la ley, con el pretexto de consultar su  espíritu  cuando  este es claro y diáfano. Fernández Carrasquilla enseña que  el   texto   de   la  ley  “no  es  corregible  ni  completable  en  disfavor  del  reo,  pues  justo  encarna para el ciudadano una  invaluable  Carta de Garantía que le da derecho a atenerse a su primer sentido,  esto  es  el  sentido  gramatical  tal como es captado por la generalidad de los  lectores o destinatarios”.   

Respecto  a  la  acumulación jurídica de  penas  solicitada  debe  tenerse  presente  que  los hechos fallados en las tres  sentencias  contra  Miguel  Rodríguez  Orejuela  son  violatorios de las normas  relativas  al  estatuto  de  estupefacientes,  que entre ellos existe conexidad,  pues  el  enriquecimiento  ilícito hace parte de la finalidad perseguida con el  concierto  que se formó con miras a la exportación de drogas al exterior y que  la  pena  más  grave  según  su  naturaleza  no  es otra que la prevista en el  articulo  33  de   la ley 30 de 1.986, con el agravante del numeral 3º del  artículo  38  ibídem,  aumentada  hasta  en  otro  tanto  por  el  concurso de  concierto para delinquir.   

En  efecto,  el  proceso número 2001-0982  (anterior  2668) contiene una pluralidad de hechos punibles cometidos dentro del  período  comprendido  ente  1982  a  1995,  los  cuales  fueron  investigados y  fallados  por  su evidente conexidad, el número 2001-0234 (antes 3327) trata de  un  hecho de narcotráfico aislado agotado en el año de 1990 que desde el punto  de  vista  naturalista,  pertenece al conjunto de hechos de la otra sentencia, y  el  número  2002-0428  (00-0005  del  juzgado especializado) nace de la nulidad  decretada  en  el  primer  proceso, cuando se investigaba en esa actuación como  conexo a los otros hechos.   

Ahora,  como  la  conducta  punible  más  grave,   se   encuentra  realizada  tanto  en  el  proceso  distinguido  con  la  radicación  número 2001-0982, acreedor de la sentencia del Juzgado Regional de  Cali  fechada 16 de enero de 1.997 como en el 2001-0234 fallado con sentencia de  febrero  21  de  1.997  por  un  Juzgado  Regional de Bogotá, cabe preguntarse:  ¿cuál  de  ellos  contiene  el  factor  a  tener  en cuenta para establecer la  ilicitud base de la dosificación?   

En el caso presente no se puede tomar como  base  para  la  dosificación punitiva la sentencia que impuso la pena mas alta,  porque  así  no lo ordena la norma, menos aún porque dicho proceso no contiene  los  beneficios de rebaja de pena por confesión y sentencia anticipada, como si  ocurre en el otro.   

Es indudable que ante la presencia de dos  procesos  que  contienen el mismo delito determinado con la pena mas grave, debe  partirse  del  proceso 2001-0982 porque además de comportar el mayor número de  conductas  de  narcotráfico, en concurso con el concierto para exportar y otros  es  el  primero  que  se  falló  en el tiempo (16 de enero de 1.997) y también  porque,  como  ya  se dijo, es el único que le permite al condenado obtener los  beneficios  de  rebaja  por  confesión  y  acogimiento  a  sentencia anticipada   

“Como el proceso 2001-0982 (antes 2668)  contiene  la  conducta  punible mas grave, la penalidad impuesta en él será la  que  se tome para realizar la tasación definitiva. Ahora, como el señor MIGUEL  RODRÍGUEZ  OREJUELA fue condenado a 176 meses y 20 días, esta debe ser la base  para  acumular  las  penas impuestas en las otras dos sentencias que versan: una  sobre  el  envío  de  150  kilos  de cocaína en concurso con el concierto para  agotarlo,  que corresponde al mismo propósito que movió la realización de los  otros  envíos y la otra al enriquecimiento ilícito que se juzgaba en el primer  proceso  que  por  haberse  decretado  la  nulidad de toda la actuación, debió  tramitarse   por   otra   cuerda   procesal.  (negrllas  y  subrayas  fuera  del  texto).   

Se observa que en el proceso seguido contra  Gilberto  y Miguel Rodríguez Orejuela, al primero se le impuso una penalidad de  183  meses  y  13  días  y  al segundo 176 meses y 20 días, por considerar las  autoridades  judiciales que conocieron y definieron el caso, que a ellos les era  aplicable  el máximo reproche punitivo previsto en el artículo 33 de la ley 30  de  1986 agravado por el artículo 38-3 ibidem aumentado por virtud del concurso  homogéneo  y  heterogéneo  de  conductas  de  narcotráfico  y  concierto para  narcotraficar.  El  Tribunal Nacional al explicar la diferencia de las sanciones  dice  que  la  disparidad  obedece  a  la  nulidad  que se decretó en cuanto al  enriquecidito  ilícito  y   “ a la disimilitud numérica de infracciones  endilgadas  a  los  dos  procesado”  porque a Gilberto José se le juzgó  por  mayor  cantidad  de  envíos de cocaína (19.170 kilos contra (14.050 de su  hermano.  De lo anterior se infiere que si Miguel Ángel Rodríguez hubiese sido  objeto  de  un  solo  proceso,  donde  se  juzgase el caso de los 150 kilos y el  enriquecimiento  ilícito,  la  penalidad  no hubiese desbordado los 24 años, y  con  las  rebajas  correspondientes  por  confesión  y  acogimiento a sentencia  anticipada, su pena tampoco superaría la de aquel.”   

“En   esas   circunstancias,   y   en  consideración  los principios de igualdad, razonabilidad y proporcionalidad, su  pena  no  puede  sobrepasar en forma considerable a la de su hermano. El juzgado  registra  de  la  lectura  de  los expedientes un envío de cocaína durante ese  periodo  de  tiempo  muy  superior por parte de Gilberto con respecto de Miguel,  tampoco  puede  ser igual o inferior la sanción, por no haberse acogido  a  beneficio  alguno  en  el  proceso  2001-0234  (3327).  El castigo impuesto debe  guardar  simetría con el comportamiento y culpabilidad del sujeto a quien se el  imputa  enseña  nuestro  máximo  Tribunal  de  Justicia”. (negrilas fuera de  texto).   

        Fernando  Velásquez  V. En su manual de derecho penal al referirse  a  las  características  de  la  pena  dice  que  esta debe ser igual porque el  castigo  se aplica a todos los infractores, sin hacer distingos de ninguna   naturaleza  en  consideración  a su edad, clase social, jerarquía, sexo, raza,  nacionalidad,  etc;  y agrega que “este atributo de pena estatal, sin duda, es  una  emanación  del  principio  de  igualdad material ante la ley penal (Const.  Pol.,  art  13  y  C.P.  art 7) el cual impone un trato semejante para los casos  iguales y uno desigual para los diferentes.   

Por  lo tanto el Juzgado le aumentará por  efectos  de  la  acumulación  jurídica 27 meses por los dos ilícitos, para un  total  de  doscientos  tres  (203)  meses  veinte  (20)  días, Esta sanción se  considera  equilibrada  y  razonable,  además  se  ajusta  a  la  tasada por el  Tribunal  Nacional, con el aval de la Corte, en el proceso en donde se juzgó el  mayor    numero    de    conductas   punibles.”35.   

1.3. De la Tipicidad Objetiva  

La  Corte  entra  a definir si la decisión  emitida  por  la  doctora  SAAVEDRA YEPES como  Juez  1º  de  Ejecución  de  Penas y Medidas de Seguridad de  Palmira   al   acumular   las   penas   a   Miguel   Rodríguez   Orejuela,   es  prevaricadora.    

1.3.1.     Ingrediente     normativo  “manifiestamente contrario a la ley”   

No comparte la Corte el análisis realizado  por  el  Tribunal  de  Descongestión  del  Distrito  de  Buga  en  la sentencia  recurrida,  toda  vez que estudiada detenidamente la conclusión esbozada por la  doctora  SAAVEDRA YEPES en el  auto  No.  1058  del  14 de agosto de 2002 y los argumentos allí esgrimidos, se  advierte   que   la  interpretación  dada  al  artículo  470  del  Código  de  Procedimiento  Penal  en  concordancia con el artículo 31 del Código Penal que  definen  la  acumulación  jurídica de penas, es manifiestamente contraria a la  ley.   

La Corte basa esta afirmación en que: i) el  artículo  470  del Código de Procedimiento Penal en concordancia con el 31 del  Código  Penal  es  claro y no admite diversas interpretaciones desde la óptica  de  la  ejecución  de  la  sentencia,  costado  en  el  que  se  encontraba  la  funcionaria;  ii)  al tomar el artículo 31 del Código Penal de forma aislada y  aplicarlo  como si fuera juez de instancia hizo caso omiso de la remisión que a  él  hace  el artículo 470 del Código de Procedimiento Penal con el cual forma  una  unidad;  iii) al “volver a dosificar la pena”, desconoció abiertamente  la  naturaleza  jurídica  y  la funciones de los jueces de ejecución de penas;  iv)  para  justificar  su  postura  presentó  de  forma  descontextualizada  la  Jurisprudencia  de  la Corte de 1997 a la cual se remite en apoyo a su decisión  y,  omitió  deliberadamente referirse al párrafo que de forma clara contradice  su  criterio;  v)  es tal la  claridad  de  la  norma  que  la  aplicó correctamente durante 7 años, de 1994  hasta  el  2002; vi) sin explicación razonable, el 14 de abril de 2002, cambió  la   interpretación   que   venía  haciendo  correctamente  de  la  figura  de  acumulación  jurídica  de penas, por la que hoy es motivo de estudio en razón  del  auto  de  fecha  14  de  agosto  de  1997; vii) La novedosa interpretación  permite  que  la pena menos grave subsuma a la más grave lo cual conlleva a una  contradicción,  carente  de  lógica  y razonablemente inadmisible; viii) No es  cierto  que  existan  decisiones  de la Corte que avalen su criterio, pues todas  las  que  relacionó  la  defensa   con  este fin, corresponden a análisis  sobre  el concurso de conductas punibles y no sobre la acumulación jurídica de  penas.    

Los  anteriores  argumentos  se  examinan  a  continuación:    

a).  El  artículo  470  del  Código  de  Procedimiento  Penal  en  concordancia con el 31 del Código Penal es claro y no  admite  diversas  interpretaciones  desde  la  óptica  de  la  ejecución de la  sentencia, costado en la que se encontraba la funcionaria.   

No  se  presta  a discusión que el juez de  ejecución  es  el encargado de vigilar y asegurar el cumplimiento de las penas,  tanto  principales  como accesorias y las medidas de seguridad, cuya competencia  se  activa únicamente con la ejecutoria de la sentencia condenatoria la cual es  inmodificable,  es  decir  que no le es dable dosificar penas como si fuera juez  de instancia.   

Dentro  de las funciones a ellos atribuidas  en  el  artículo  79  del  Código  Penal,  el  artículo  470  del  Código de  Procedimiento  Penal,  ubicado  en  el  libro  IV dedicado a la “Ejecución de  Sentencias”  definió  la forma para acumular jurídicamente las penas en caso  de  delitos  conexos  que  se hubieren fallado independientemente, o se hubieren  proferido  varias  sentencias  en  diferentes  procesos,  en concordancia con la  figura del concurso de conductas punibles así:   

“Art.  470.  Acumulación  jurídica.  Las  normas  que  regulan  la  dosificación  de la pena, en caso de concurso de  conductas  punibles,  se  aplicarán  también  cuando  los  delitos  conexos se  hubieren  fallado  independientemente.  Igualmente, cuando se hubieren proferido  varias  sentencias  en  diferentes procesos. En estos  casos  la  pena  impuesta  en  la  primera decisión se tendrá como parte de la  sanción a imponer.   

No  podrán  acumularse  penas por delitos  cometidos  con  posterioridad  al proferimiento de sentencia de primera o única  instancia  en  cualquiera  de  los  procesos,  ni  penas  ya  ejecutadas, ni las  impuestas  por  delitos  cometidos  durante  el  tiempo que la persona estuviere  privada de la libertad.”   

El  artículo  31  del Código Penal, reza:   

“Concurso de  conductas  punibles.  El  que  con una sola acción u  omisión  o  con varias acciones y omisiones infrinja varias disposiciones de la  ley  penal  o  varias  veces  la  misma disposición,  quedará  sometido a la que establezca la    pena    más   grave   según   su  naturaleza,   aumentada  hasta  en  otro  tanto,  sin que fuere superior a la suma aritmética de las que  correspondan  a  las respectivas conductas punibles debidamente dosificadas cada  una de ellas”. (negrilla fuera de texto).   

Como  se  observa,  el único entendimiento  posible  del  artículo  470  adjetivo  en  concordancia  con  el 31 sustancial,  dentro   del   contexto   de   la  ejecución  de  la  sentencia,  conforme  a  la  naturaleza  y  funciones  asignadas  a  los  jueces de ejecución de penas y a la específica finalidad de  la  figura  de acumular penas  como  su  nombre lo indica, es  el  de  adicionar  las  penas  atendiendo  a  la más grave,  siendo  expreso  y  claro  el  mandato;  sin  que admita interpretación en otro  sentido,  pues  las  sentencias  a ejecutar son inmodificables por los jueces de  penas.   

Tomar el artículo 31 de forma aislada como  si  fuera  un  juez de instancia y valorar nuevamente los hechos para dosificar,  es  desconocer  abiertamente  no  solo la remisión que al él hace el artículo  470  del  Código de Procedimiento Penal con el cual apareja una unidad, sino el  debido  proceso  en sus componentes de las formas propias del juicio, las etapas  del   proceso   y   el   juez   natural  cuyas  funciones  le  fueron  asignadas  específicamente  por  la  Constitución  y  la  Ley a los diferentes servidores  judiciales  que  intervienen  en  el proceso penal y en la ejecución de la pena  después de su culminación.   

       

b)  Al  reclamar la aplicación literal del  artículo  31  del  Código  Penal, ignora la irreformabilidad de las sentencias  ejecutoriadas para en su lugar volver a dosificar.   

Con  base  en la supuesta “literalidad”  del  artículo  31, la juez usurpó las funciones de los jueces de instancia que  son  los  competentes  para  dosificar  penas  en  caso de concurso de conductas  punibles,  para  volver  a dosificar en los mismos términos que lo hizo el juez  de  instancia,  como se observa de la explicación dada en su versión acerca de  la  acumulación,  lo  cual  resulta  abiertamente  inadmisible  conforme  a  la  naturaleza y esencia de los jueces de ejecución de penas.   

Aferrada  a  la  pretendida interpretación  literal  del  artículo  31,  forzó el entendimiento de la norma con argumentos  vacuos,   para  así  concluir  que,  como  la  norma  no  menciona  la  palabra  “sentencia”   entonces  parte  del  “delito  que  contenga  la  pena  más  grave”,  veamos:  “Este  es el mecanismo que debe  adoptarse  para la acumulación jurídica de pena, pues  la  normatividad  procesal  penal  no  señala  que la sentencia de la cual debe  partirse  para la redosificación punitiva sea la que comporte la pena mas alta,  Lo  que exige la ley es que se tome como base el delito que contenga la pena mas  grave,    de    entre   los   varios   tipos   penales   infringidos”,  afirmación  inconsistente  y  carente  de  sustrato lógico y  jurídico  no solo por la ausencia de conexión semántica entre la premisa y la  conclusión,  sino  porque  pretender  que  el artículo 31 haga referencia a la  “sentencia”   es  de  suyo  desatinado  por cuanto la referida norma se  encuentra  ubicada  en  la parte general del código penal destinada a dosificar  la  pena  por  los  jueces de instancia, siendo obvio que no mencione la palabra  sentencia  porque  aún  ella no se ha emitido, y porque ha de interpretarse con  el  artículo  470   del  Código  de Procedimiento Penal que reglamenta la  ejecución de la pena, esto es, después de culminado el proceso.   

c) Al “volver a  dosificar   la  pena”  desconoció  abiertamente  la  naturaleza   jurídica   y   funciones   de   los   jueces   de   ejecución  de  penas.   

Resulta  inconsistente  pensar que luego de  terminado  el  proceso  con  sentencia ejecutoriada, el juez de ejecución pueda  entrar  a  valorar  nuevamente  el  delito,  las circunstancias de agravación o  atenuación,  la  confesión,  la sentencia anticipada, etc. e imponer penas que  ya  habían  sido  cuantificadas   por  el  juez de instancia las cuales se  tornan  inmodificables  en  razón  de  la  ejecutoria como si fuera a dictar un  fallo,  repitiendo  lo que ya había hecho el juez de instancia, y como si fuera  poco,  comparar las penas de dos detenidos para con base en una de ella tasar la  otra,  como  pretende  la  doctora SAAVEDRA  sea  entendida  la  figura  según  expresó en su versión:    

Cuando procedí a efectuar la acumulación  jurídica,  primero revisé las infracciones penales  contenidas  en  las   diferentes sentencias, para  determinar  el  delito  base  estableciendo  que  este se encontraba tanto en la  primera  como en la segunda sentencia, este delito no es otro que el de tráfico  de  14.000  kilos  de cocaína y 150 kilos en la segunda decisión. El   delito   base  por  consiguiente,  era  el  de  narcotráfico  sancionado  con  pena  máxima de 12 años, según las  circunstancias   en   que   fue  cometido,  conforme  al  artículo  31  del  C.  Penal,  esta  sanción  máxima  se  podía  doblar,  entonces  la  sanción  a  imponer  era  la de 24 años, porque la pena final no  puede   exceder   el   doble  de  la  considerada  como  más  grave.   A   este  quantum  definitivo  se  llegó  por  considerársele  únicamente    circunstancias    de    agravación,   es   decir,   se  le  impuso la sanción más alta que se podía; pero a esos 24  años  había que deducirle a su favor los beneficios por confesión y sentencia  anticipada,    lo    que    le    daría   como   pena   definitiva   14   años  aproximadamente.  Por  qué  le  aumenté  27  meses?  Porque  el  artículo  470  del  C.P.P.,  después  de  remitir  al 31 del C.P.P  determina:  “En  estos  casos  la  pena  impuesta  en la primera decisión, se  tendrá  como  parte de la sanción a imponer”, de ahí que procediera a tener  en  cuenta  la  primera  decisión  y  le  aumentara  27  meses,  pero entendía  claramente  que  no  podía sobrepasar los 24 años y menos doblar los 14 porque  eso  no  lo autoriza la ley. Al estipular la suma de 27 meses, se tuvo en cuenta  que  su  pena  no  fuera  superior  a  la  de  su  hermano, porque lo consideré  desproporcionado,  ya que aquel había cometido muchos más hechos delictivos (8  conductas  punibles)  y también había realizado más envíos de narcóticos al  exterior  pero  que  por haber sido juzgado en un solo proceso, iba a salir más  beneficiado  que  su  congénere  únicamente por el hecho de que a MIGUEL se le  abrieron          tres          procesos”36   

En otro aparte  señaló:   

“De  acuerdo  con  estas  condenas tuve  presente  que  tanto  la  primera  como la segunda sentencia contenían el mismo  delito con pena mas alta.   

Como  en  su caso se daban exclusivamente  circunstancias  de  agravación  se  impuso  la  pena  mas  alta  -12  años- al  efectuarse  la  acumulación  jurídica  esta  pena  fue  aumentada  al  máximo  autorizado  24  años, y como se hizo acreedor a unos beneficios legales la pena  debió  reducírsele.  En  esta  forma se efectuó la  redosificación  de  sus  penas, pero habida consideración al artículo 470 del  C.P.P.  que  ordena  que  en  la  acumulación  jurídica la pena impuesta en la  primera  decisión  se tendrá como parte de la sanción a imponer se partió de  la  de  176  meses  y  20  días  y  se le aumentó 27 meses para que no fuera a  desbordar  el  tope máximo de sanción y para que su pena no fuere muy superior  a  la de su hermano Gilberto Rodríguez condenado a 183 mese y 13 días, por mas  envíos   de   cocaína  y  muchos  mas  delitos,  para  evitar  una  injusta  e  inequitativa              sanción.”37   

Tal  entendimiento  permite  además que la  pena  menos  grave subsuma a la más grave, como se observa en el caso de MIGUEL  RODRÍGUEZ  OREJUELA,  donde  la de 14 años 8 meses absorbió a la de 21 años,  lo cual constituye claramente un contrasentido.   

d)      Presentó    de    forma  descontextualizada  la jurisprudencia de la Corte a la cual se remite en apoyo a  su    decisión,    pues   una   lectura   completa   del   texto   rechaza   su  postura.     

Tampoco  es  de  recibo  el argumento de la  doctora   SAAVEDRA   YEPES,  según  el  cual,  la  interpretación  que  dio  a  las  normas que refieren la  acumulación  jurídica  está  respaldado  en  la facultad para “redosificar  la  pena”  otorgada por la  jurisprudencia  de  la  Corte  el  24  de  abril de 1997, M.P. Fernando Arboleda  Ripoll  y  que  transcribió en la decisión cuestionada, cuyo aparte pertinente  es  el  siguiente:  “  La acumulación jurídica de  penas  a  que  se  refiere  el  artículo 505 del Código de Procedimiento Penal  modificado  por  el  artículo  60  de  la  ley  81/93, por contraposición a la  aritmética,  tiene por finalidad efectuar por parte de los Jueces de Ejecución  de   Penas  y  Medidas  de  Seguridad-  o  quien  haga  sus  veces  –   una  redosificación  punitiva  menos  gravosa, regida por  los  parámetros  establecidos para el concurso de hechos punibles, en los casos  de    sentencia   proferidas   contra   un   mismo   procesado   en   diferentes  procesos…”;  para  la  Sala, conforme lo expuso la  Procuraduría,  una  lectura  desprevenida  de  dicho  texto  en  manera  alguna  autorizaba  la  redosificación  de  la  sentencia  ejecutoriada  como de manera  sesgada  lo  asumió  la  juez,  pues  allí lo que el ponente refiere es que la  acumulación  jurídica  de  penas  por contraposición a la matemática permite  una  redosificación punitiva menos gravosa, (toda vez  que,   como   se   sabe,   en   ésta   última   no   era   admisible   ninguna  intervención),   de   donde   se  advierte,  que  el  entendimiento  dado  por  la  juez  a  dicho  aparte  fue  fraccionado, haciendo  énfasis    solo    en    la     frase   “una  redosificación     punitiva    menos    gravosa”,  para  con  ello  tener  el aval de volver a dosificar.   

Y es que la anterior conclusión no admite  otra  lectura, toda vez que la juez, a pesar de que en forma reiterada acudió a  la  pluricitada  jurisprudencia como soporte para fundar su razón en el actuar,  la   cual   transcribió  en  diferentes  oportunidades,  omitió  referirse  al  siguiente        aparte:        “Significa   lo   anterior,   que   la  redosificación    de    las    penas    para   efectos   de   su   acumulación  jurídica,  debe  regirse  por  los  parámetros  que  gobiernan  la tasación  punitiva   para   los   casos   de   concurso   de  hechos  punibles  según  la  expresa remisión que a esta figura hace el artículo  505  del  Código de Procedimiento Penal, debiéndose  partir  entonces  de  “la  pena  más  grave”  y aumentarla “hasta en otro  tanto”,   según  el  número  de  sentencias  a  acumular  y  la  duración  de  cada uno  ,  -y  no  “restar” una pena a la otra, como erróneamente lo  hizo  el  juzgador  de  instancia.”.  (comillas  de  texto, subrayas fuera del texto).   

    

Este párrafo que se encuentra casi al final  de  la jurisprudencia con ponencia del doctor Arboleda Ripolla de abril de 1997,  descartado  de manera maliciosa, evidencia que la Corte no había tomado partido  por  el  camino  señalado  por  la juez como reiteradamente lo afirmó, todo lo  contrario,  entre  comillas que pertenecen al texto, resalta que para efectos de  la  acumulación  jurídica  se  debe  partir de “la  pena     mas     grave”      y     aumentarla     “hasta     en    otro  tanto”,   siendo  poco  creíble que la juez no  hubiera   leído  toda  la  jurisprudencia,  o  que  luego  de  haberla  leído,  aún  entendiera que no debía partir de la pena mas grave.   

De lo anterior se colige que no es cierto lo  afirmado  por  la  doctora SAAVEDRA YEPES que  tan  solo  a partir de noviembre de 2002 con el radicado 14170,  es  decir, con posterioridad a la decisión por ella adoptada, la jurisprudencia  haya  aclarado  el sentido de la norma sobre la acumulación jurídica de penas,  pues como se observa, ya en 1997 se había definido el tema.   

e) Cuatro meses antes de la decisión objeto  de  cuestionamiento,  el  14  de  abril  de 2002, la doctora SAAVEDRA YEPES, sin  explicación  razonable,  cambió la interpretación correcta de la figura de la  acumulación  jurídica de penas  que había mantenido durante los últimos  7 años.   

Este  hecho de significativa relevancia que  omitió  analizar el Tribunal de Descongestión de Buga, de entrada confirma que  la  norma no es confusa ni permite variedad de interpretaciones, al contrario es  tal  la  claridad  que  la misma doctora SAAVEDRA YEPES  desde  que fue nombrada juez de ejecución de penas en  Palmira  en  1994  y durante 7 años, la aplicó de manera adecuada sin ambages,  tan  solo  hasta  el  14  de  abril de 2002,  4 meses antes de acumular las  penas  de  MIGUEL  RODRÍGUEZ  OREJUELA,  cambió  de criterio sin mayor soporte  jurídico,  y carga argumentativa con el solitario y deleznable razonamiento que  la  jurisprudencia  le  autorizaba para “redosificar  la   pena”.   Veamos   el   auto  461  –interno   JOSÉ   GUSTAVO  MARTÍNEZ  SANDOVAL- en éste sentido:   

“El   juzgado   en   tratándose   de  acumulación   jurídica,   en  caso  de  sentencias  proferidas  en  diferentes  procesos,  partía  de  la  sentencia  cuya pena era  mayor   y  la aumentaba hasta en otro tanto, sin  que  se superara la suma aritmética de penas. Hoy en  día,  se  separa de ese criterio, sobre todo después  de  estudiar  detenidamente  la disposición legal y las enseñanzas de la Corte  Suprema  de  Justicia  cuando  determina:  “La acumulación jurídica de penas  a  que  se  refiere  el  artículo  505  del  Código  de  Procedimiento  Penal-  modificado  por  el  art.  60  de  la  ley  81/93-,  por  contraposición  a  la  aritmética,  tiene por finalidad efectuar por parte de los jueces de Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  –     o     quien     haga     sus    veces-    una    redosificación    punitiva    menos  gravosa,  regida  por  los  parámetros  establecidos para el concurso de hechos  punibles,  en  los  casos  de sentencias proferidas contra un mismo procesado en  diferentes        procesos”       (negrilla   del   texto)  .  Agrega la Corte que la redosificación  de  las  penas  para  efectos de la acumulación jurídica, debe regirse por los  parámetros  que  gobiernan  la  tasación para los casos de concursos de hechos  punibles.  De  acuerdo  con  estos  claros  postulados sobre la redosificación,  vistos  los  delitos juzgados en las sentencias a acumularse y teniendo presente  las  normas  para  la  dosificación  de  la  pena  en  el evento de concurso de  conductas  punibles,  se  debe partir de la conducta  punible  sancionada  con  la  pena  más  grave  para  aumentarla  hasta en otro  tanto.”38   

La  Sala  advierte  que el único argumento  plasmado     en     esta    decisión    es    el    de    la    “redosificación  punitiva  menos gravosa”    el  cual  no  pasa de ser una  disculpa carente de contenido,  pues  como  se  evidenció  en  el  acápite anterior, la expresión se presenta  descontextualizada  y  recortada  tergiversando así su contenido que es opuesto  al que propugna.   

Es  más,  una  tan  superflua  y lacónica  explicación  desatiende   la  trascendencia  que  representa  un cambio de  precedente  en  virtud  de  la  cual  los funcionarios judiciales deben tener en  cuenta  que  para  garantizar  la  seguridad  jurídica  de  los  ciudadanos, la  coherencia  del  sistema,  la  confianza  legítima y la igualdad, al momento de  fallar  se  encuentran  vinculados  bajo  los  criterios  estables  y  uniformes  consignados  en  su  propio precedente, y que si pretenden apartarse de ellos en  virtud  de  la  autonomía  judicial, deben hacerlo bajo una carga argumentativa  más  estricta, demostrando  de  manera  adecuada  y  suficiente  las  razones  por  las cuales se aparta, lo  cual no se advierte en este  caso,  máxime  cuando  el superior no había revocado o desautorizado durante 7  años  la  anterior  interpretación,  ni  la  norma  hubiere  variado, pues los  artículos  vinculados  a la acumulación jurídica de penas tanto en el Decreto  2700    de    1991    como    en    la    Ley    600   de   2000   permanecieron  inmodificados.   

En  torno al mismo tema y como explicación  al  cambio  del  precedente, la funcionaria en su indagatoria dijo: “El  variar  de  criterio jurídico es muy común en el ejercicio  de  la  judicatura,  en  el  caso  por  el cual se me  pregunta,  yo  varié  mi  criterio  cuanto  tuve  la  oportunidad de estudiar y  profundizar  sobre  la  filosofía y finalidades de la acumulación jurídica de  penas,  adentrándome  en  el estudio tanto de las normas que lo regulan como la  jurisprudencia  del  doctor  Arboleda  Ripoll,  Reyes  Echandía y otros. Quiero  aclarar    que    a    todos    los    funcionarios    judiciales   –jueces   y   Magistrados-,   en   el  ejercicio  de nuestro cargo, se impone la interpretación de las normas y cuando  se   adentra  uno  en  el  estudio  de  ellas,  puede  variar  de  posiciones  y  criterios…”39    (negrilla   fuera   de  texto).   

Tal   valoración  no es de recibo por  cuanto  riñe  con  la realidad y la lógica, por el contrario, no es común que  en  el  ejercicio  de  la  judicatura  los  funcionarios  judiciales  cambien de  criterio  jurídico  con  facilidad,  como  lo  pregona la doctora SAAVEDRA para  justificar  su actuar, ello es excepcional, y cuando eventualmente ocurre, si no  es    por   orden   del   superior   sino   a   motu  proprio,  es menester un estudio detallado y minucioso  de  la  situación,  el  cual brilla por su ausencia, ofreciéndose este parecer  abrupto y carente de todo análisis.   

f)  No es cierto que existan decisiones  de  la  Corte  que  avalen  su  criterio,  pues  todas  las  que  relacionó  la  defensa   con  este  fin,  corresponden  a  análisis  sobre el concurso de  conductas punibles y no sobre la acumulación jurídica de penas.   

Infructuosos resultaron  los esfuerzos  de  la defensa por tratar de establecer que en diversos pronunciamiento la Corte  avalaba  la  interpretación  de  la  doctora  SAAVEDRA YEPES,  pues de las  muchas  decisiones  aportadas,  todas  ellas hacían referencia a la aplicación  del  artículo 31 por el juez de instancia para dosificar en el caso de concurso  de  conductas  punibles,  y no  sobre la acumulación jurídica de penas, a  excepción  de  la  ya mencionada del doctor Arboleda Ripoll, y en relación con  el  tratadista  y ex magistrado doctor Alfonso Reyes Echandía, la cita no aduce  a  la  acumulación jurídica de penas por cuanto esta figura se implementó con  el  decreto  2700 de 1991, en tal razón sus providencias que solo abarcan hasta  1985, no pueden desarrollar este tema.    

De otro lado, en respuesta a los argumentos  de  la  defensa  que no quedaron plasmados en las anteriores consideraciones, la  Sala  en  contravía  de  lo señalado por los recurrentes, advierte que el auto  interlocutorio  referido  al  caso  de  ELKIN DARÍO BOLAÑOS sobre acumulación  jurídica  de  penas realizada por la doctora SAAVEDRA YEPES, conservó el mismo  formato,  fundamento  y  motivación  que  el  cuestionado, es más, luego de la  variación  de  criterio  el  14  de  abril  de 2002, la funcionaria mantuvo tal  postura  como  se  observa  en  las  diferentes  providencias  obtenidas  en  la  diligencia  de inspección judicial la que incluye la del 14 de agosto objeto de  análisis,  sin  que sea dable cuestionamiento al respecto; igualmente evidencia  la  Corporación,  que  a la doctora SAAVEDRA YEPES le era imposible aplicar las  jurisprudencias  echadas  de  menos  por  la Fiscalía y la Procuraduría, entre  ellas  auto  del  12 de noviembre de 2002 radicado 14170, auto del 18 de febrero  de  2005  radicado  18911  y  auto  del  17 de marzo de 2007 radicado 21936, por  cuanto  fueron  emitidas  con  posterioridad  a  la  decisión  cuestionada,  en  consecuencia no se puede deducir de ello reproche alguno.   

         De  esta forma quedan desvirtuados los argumentos presentados por el  Tribunal,  confirmándose  que la trasgresión a la ley fue ostensible, palmaria  y  maliciosa  pues  no  estamos  frente  a una funcionaria judicial confundida o  errada  sobre  la  ley  y  la  jurisprudencia  vigentes,  sino  ante una que con  conocimiento  y  voluntad  decidió  desconocer  de  forma  manifiesta  el tenor  literal  de  la  norma y el precedente, como finalmente lo hizo. Así las cosas,  no  se trata, pues, de una discrepancia judicial sino de la concreción objetiva  de   la   conducta   típica   de  prevaricato  por  acción    que    se    le    imputó,     descrito     en     el    artículo    413    del    Código  Penal.      

1.4 De la tipicidad subjetiva  

De forma pacífica la Corte ha dicho que el  dolo     está    conformado    por    dos    componentes,    el    cognitivo-intelectivo el cual exige tener  conocimiento  o  conciencia de los elementos objetivos del tipo penal respectivo  y  el  volitivo  que implica  querer  realizarlos,  por tanto, actúa dolosamente quien sabe que su acción es  objetivamente típica y quiere su realización.   

En  relación con la demostración del dolo  en  los  delitos  de  prevaricato por acción, éste que se hace evidente con la  concreción  y materialización de actos externos del sujeto activo que permiten  inferir razonablemente entre su querer y su actuar:   

“La  conducta  dolosa,  conforme  al  artículo  36 del Código Penal (actual artículo 22), se  acredita  comprobando  que  el sujeto agente tuvo conocimiento de la ilicitud de  su  proceder  y que se orientó con libertad a su ejecución, independientemente  de  que  obre en el proceso la prueba del motivo que determinó al sujeto activo  a  actuar,  o  de sí se propuso causar perjuicio, pues los tipos penales en los  que  se  adecuaron  las  conductas  ilícitas  aparte del dolo no exigen ninguna  finalidad especial.   

La  intención  se  debe  deducir  de  los  factores  demostrados,  generalmente  los objetivos, pues no se puede ocultar la  dificultad  que existe para obtener pruebas directas sobre el aspecto subjetivo.  En   consecuencia,  circunstancias  como  la  basta  trayectoria  y experiencia profesional en el ámbito de administrar justicia que  poseía  el procesado, la manera minuciosa y disfrazada como se llevó a cabo el  comportamiento  dirigido  a  infringir la ley penal, las explicaciones ofrecidas  con  base  en  hechos  que  procesalmente  resultaron  inexistentes, ocultados o  tergiversados,  son  razones  que permiten atribuir la acción como voluntaria e  intencional”40.   

No  se  exige  para  la estructuración del  delito  de  prevaricato  la  acreditación  de  una  finalidad distinta a que su  decisión sea contraria a la ley.   

“…5.   El   actuar   doloso   en  el  prevaricato,  como  viene  en  juzgarlo  la  Sala,  requiere entendimiento de la  manifiesta  ilegalidad  de  la resolución proferida y conciencia de que con tal  proveído  se  vulnera  sin  derecho el bien jurídico de la recta y equilibrada  definición  del  conflicto  que  estaba  sometido  al conocimiento del servidor  público,  quien  podía  y  debía  un  pronunciamiento ceñido a la ley y a la  justicia  (Cfr.  sentencia  mayo 20 de 1997), pero no  es  de  la  esencia de la figura la comprobación de una concreta finalidad, que  si  bien puede ser relevante en la determinación de la culpabilidad, tampoco su  indemostrabilidad    conduce    inexorablemente   a   declarar   la   falta   de  responsabilidad en el delito.   

Para   el   caso,   son   evidentes   las  manifestaciones  externas  acerca  del  conocimiento  y  voluntad que la doctora  SAAVEDRA  YEPES  tenía  acerca  de  su  actuar  contrario  al ordenamiento jurídico, al punto que de lo  expresado  se infiere que de antemano y en forma premeditada se dirigió en este  sentido, pues resulta clara:   

a)  La comprobada y frontal contrariedad de  su  decisión  con  la  ley,  tal  como se analizó in  extenso  en el acápite de la tipicidad objetiva, toda  vez  que,  se  itera,  dentro  del  contexto  de  la ejecución de la sentencia,  conforme  a  las  funciones asignadas a los jueces de ejecución de penas y a la  específica  finalidad  de  la  figura de acumulación  jurídica  de  penas  como su nombre lo indica, el  único    entendimiento    dable    es   el   de   acumular   las   penas     atendiendo     a  la  mas  grave,  es  expreso y claro el  artículo  31,  no  admite  explicación  en otro sentido, pues las sentencias a  ejecutar son inmodificables por los jueces de penas.   

b)  La  vasta  experiencia  como  Juez  de  ejecución   de  penas,  cargo  que  venía  desempeñando  desde  1994,  hacía  imposible  que  interpretara  la  norma  llevándose  por la calle la naturaleza  jurídica,  funciones  y  facultades  de  los jueces de ejecución de penas, los  cuales  en  manera alguna pueden tasar penas cual si fueran jueces de instancia.   

c) El hecho de que luego de 7 años de estar  acumulando  correctamente  las  penas  haya variado su precedente horizontal sin  fundamento   jurídico   atendible   tan  solo  4  meses  antes  de  decidir  la  acumulación  jurídica  de  MIGUEL  RODRÍGUEZ OREJUELA, postura con la cual lo  benefició  en  el  cómputo  de  la  pena  en  más  de 12 años, evidencian su  voluntad inquebrantable de transgredir la norma.   

   d)  La  gravedad  e importancia del  asunto  por decidir no podía pasar desapercibido para la juez del caso, pues se  trataba  de  MIGUEL RODRÍGUEZ OREJUELA quien por esa época era uno de los  narcotraficantes  más  reconocidos  a nivel nacional e internacional, cabecilla  del  cartel  de  Cali, condenado por el envío de miles de toneladas de cocaína  al  exterior  y  otros  delitos, con un descomunal poder económico para permear  parte  de la sociedad a fin de lograr sus propósitos, situación que le exigía  una  especial atención y análisis a su decisión salvo que de forma deliberada  actuara en contrario como en efecto lo hizo.   

Lo  anterior  evidencia  que  pocos  meses  después  de  haber  sido  repartido  el proceso de Gilberto y MIGUEL RODRÍGUEZ  OREJUELA   en   su   despacho,   la  doctora  SAAVEDRA  YEPES,  sin  soporte  jurídico razonable,  cambió  el  precedente  horizontal  que  venía  aplicando  en  relación con la acumulación jurídica de penas, es así  como  de  21  años  que  debió haber partido y aumentarle hasta otro tanto sin  sobrepasar  de  40  años,  como  pena  a  imponer  a MIGUEL RODRÍGUEZ tomó 14  años   8  meses   20 días y le aumentó 27 meses para un total de 16  años  11  meses  advirtiéndose  una  ostensible  reducción  en el quantum que  legalmente debía purgar.   

Resta por decir que la conducta también es  antijurídica,  pues  se  vulneró  sin  derecho el bien jurídico de la recta y  equilibrada  definición  del  conflicto que estaba sometido al conocimiento del  servidor  público,  quien podía y debía un pronunciamiento ceñido a la ley y  a  la  justicia,  menoscabando de manera grave la credibilidad de la sociedad en  las  personas  que  intervienen particularmente en la impartición de justicia y  la  confianza  en  sus instituciones. Además, ninguna circunstancia le impidió  la  comprensión  de  la  conducta,  al  paso  que actuó con culpabilidad, pues  teniendo  la  posibilidad  de  dirigirse  conforme  a  derecho  optó  de manera  conciente  por  hacerlo  contrariamente a la ley, situación que desencadenó un  evidente acto de injusticia.         

Reunidos  como se encuentran los requisitos  previstos  en  el  artículo 232 de la Ley 600 de 2000 para condenar, la Sala de  Casación  Penal  procederá  a  declarar la responsabilidad penal de la doctora  MARIA  CRISTINA SAAVEDRA YEPES frente a la conducta punible objeto de acusación  esto es prevaricato por acción agravado.   

Del prevaricato por omisión atribuido a la  ex procuradora LIGIA GARCÉS RENTERÍA.   

1. Prevaricato por omisión.   

       Sea  del caso inicialmente hacer un somero estudio sobre el delito  de  prevaricato por omisión previsto en el artículo  414    del   Código   Penal,   que   lo   describe  así:   

“Prevaricato  por   omisión.  El  servidor  público  que  omita,  retarde,  rehúse  o  deniegue  un  acto  propio de sus funciones, incurrirá en  prisión  de  dos  (2)  a  cinco  (5) años, multa de diez (10) a cincuenta (50)  salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por cinco (5) años”.   

En cuanto a la  tipicidad   objetiva  es  un  delito  de  sujeto  activo  calificado,    de  conducta  alternativa  y  en  blanco,  que  protege  el bien jurídico  de  la  administración  pública  y  esencialmente  doloso en  cuanto   a   su   tipicidad   subjetiva.   

En  tal  comportamiento  omisivo, el sujeto  activo  debe  ser  un  servidor  público cuya conducta reprochable se encuentra  enmarcada  en  los verbos omitir, rehusar, retardar o denegar acciones, bastando  la  constatación  material de una cualquiera de ellas, con independencia de las  otras para que la conducta típica se entienda ejecutada.   

“Se trata, según se advierte, de un tipo  penal  de  conducta  alternativa  susceptible  de  ejecutar  mediante uno de los  verbos  rectores  en  él contenidos, esto es, omitir, retardar, rehusar o negar  algún  acto  comprendido dentro de las funciones que por mandato constitucional  o    legal    debe    realizar    el   funcionario   cuestionado”.41   

Sobre  el  contenido  y  alcance  de  estas  modalidades,  la  Corte  ha  hecho  precisión en el sentido de que omitir   es  abstenerse    de   hacer   una   cosa,   pasarla   en  silencio;     retardar  es diferir, detener, entorpecer, dilatar la ejecución  de  algo; rehusar es excusar,  no      querer     o     no     aceptar     una     cosa;     y     denegar   es  no  conceder lo que se  pide             o             solicita.42   

En relación con la diferencia entre omitir  y retardar la Corte ha dicho:   

“La  omisión  y  el  retardo  no  son  fenómenos  idénticos,  aunque  todo retardo supone una omisión; cuando ocurre  aquélla,  el sujeto no hizo lo que podía y debía hacer; cuando esto acontece,  el  sujeto  dejó de hacer lo que jurídicamente debió realizar en un momento o  período  dados,  aunque lo hizo o pueda válidamente hacerlo con posterioridad,  más  allá  de  los  límites  temporales  que  le habían sido trazados; en la  omisión  el  actor  no  cumplió definitivamente con su deber de acción, en el  retardo  no ejecutó el acto esperado y debido dentro del término previsto para  ello,  pero  lo  realizó  más  tarde,  o  está  en  condiciones  de cumplirlo  extemporáneamente.  La  omisión  propiamente  dicha  se  produce y agota en el  momento  mismo  en  que  el sujeto incumplió su deber de actuar; el retardo, en  cambio,  comienza al expirar el término dentro del cual debió actuar y perdura  mientras    no    cumpla   con   su   obligación   de   realizar   la   acción  esperada”.43   

En  cuanto  a la diferencia entre rehusar y  retardar la Corte ha precisado:   

“[…]  Pero rehusar y retardar no son  fenómenos  idénticos, porque cuando ocurre aquél, el funcionario se resiste a  hacer  lo  que  podía  y  debía  hacer,  es  decir,  niega su deber jurídico;  mientras   que   cuando   éste  acontece,  el  sujeto  deja  de  hacer  lo  que  jurídicamente  debió  realizar  en  un  momento  o  período  dados, aunque lo  hubiera  hecho  o  pudiera  válidamente hacerlo con posterioridad, pero siempre  más  allá  de  los límites temporales que le habían sido trazados. Cuando se  rehúsa,  el  actor  se  sustrae definitivamente a su deber de acción, mientras  que  en  el  retardo  no  ejecuta  el acto esperado y debido dentro del término  previsto  para  ello,  pero  lo  realiza  más  tarde, o está en condiciones de  cumplirlo           extemporáneamente”.44   

El delito de prevaricato por omisión es un  tipo  penal  en  blanco, por  cuanto  castiga  al  servidor  público  que  omita, retarde, rehúse o deniegue  un   acto   propio   de   sus  funciones,  las  cuales  no están incluidas en la norma, debiendo acudirse a  los  preceptos constitucional, legal o reglamentario que la contengan para darle  entendimiento al mandato.     

“El  tipo  penal  de  prevaricato  por  omisión  lo  describe  el  artículo  414  de  la Ley 599 de 2000 en los mismos  términos  que  lo  estaba  en  la  codificación  vigente para la época de los  sucesos,  acertadamente  precisada  por  el aquí demandante, que grava con pena  privativa   de   la   libertad   al  ‘servidor  público  que  omita, retarde, rehúse o deniegue un acto  propio     de     sus     funciones’.  Se  trata, ciertamente, de un precepto penal en blanco, toda vez  que  para  adecuar  en  el mismo el obrar de quien tiene la condición de sujeto  activo  de  la conducta, es preciso acudir a la normatividad en la que se hallan  establecidas   sus   funciones   específicas”.45   

El omitir, rehusar, retardar y denegar, debe  concretarse  o  recaer  sobre  un  acto  propio  de  sus  funciones,  siendo  el  conocimiento  de  la  norma  extrapenal  que  las contiene y su preexistencia al  momento  de realizar la conducta, elementos necesarios para cometer el juicio de  tipicidad    objetiva    de    este    delito.   46   

En  cuanto  a  la  tipicidad  subjetiva, el  prevaricato  por  omisión  sólo  admite  el  dolo,  exigencia  que entraña la  confluencia  de  sus  dos componentes, el cognitivo o conciencia de que  su  actuar   es   objetivamente   típico,   y  el  volitivo,  que  comporta  querer  realizarlo.47   

Sobre   el   particular   la   Corte   ha  destacado:   

“No  en vano  viene  sosteniendo la Corte que no toda omisión o retardo en el cumplimiento de  un  acto propio de las funciones asignadas, constituye delito de prevaricato por  omisión,  pues siendo este delito esencialmente doloso, requiere necesariamente  que  cualquier  conducta  de las descritas en el artículo 150 del Código Penal  de  1980 (artículo 414 de la Ley 599 de 2000), esté precedida del conocimiento  y  voluntad  claros  de  faltar  a  la  lealtad  debida en el ejercicio de dicha  función”.48   

2. Caso concreto   

        La   Fiscalía  acusó  a  la  doctora  LIGIA  GARCÉS  RENTERÍA  de  prevaricato  por  omisión, por cuanto pese a que  la  determinación  adoptada  por  la  Juez  1º  de  Ejecución de Penas  de Palmira doctora MARIA  CRISTINA  SAAVEDRA  YEPES en el  asunto  de  la acumulación jurídica de penas de MIGUEL RODRÍGUEZ OREJUELA era  manifiestamente   contraria   a   la   Ley,  guardó  silencio     y    no    interpuso    los   recursos  de  ley,  cobrando     ejecutoria    la   decisión.    

Por  estos hechos el Tribunal absolvió a la  ex  procuradora, toda vez que  su  conducta  estaba ligada a la de la doctora SAAVEDRA  YEPES  a  quien no encontraron incursa en el delito de  prevaricato por acción.   

       La           Sala,   se   aparta   de  los  argumentos  absolutorios  expuestos  por  el  a  quo   en   la   decisión   recurrida   y  procede   a   analizar  la    conducta    de   la   doctora   GARCÉS  RENTERÍA, previo a lo cual se  pronunciará   sobre   el   tema   de   la   prescripción   solicitado  por  la  defensa.   

2.1.         La      Prescripción.   

         

       Según  el  defensor, la acción penal  se  encuentra  prescrita,  porque  de  la  fecha  de  comisión  de  los  hechos  a  la  ejecutoria  de  la  resolución de acusación  transcurrieron  88  meses  y  8  días,  análisis al que procede la  Sala,  toda  vez  que  en  caso de verificarse, resultaría inane cualquier otro  estudio.    

       No  le  asiste  razón  al defensor y la acción penal no se halla  prescrita  toda  vez que para determinar el máximo de la pena fijado en la ley,  ha    de    tenerse    en    cuenta   el       inciso      4o   del   artículo  83  del  actual  estatuto  penal,  esto es  “las     causales     modificadoras     de     la  punibilidad”,  las  que  desde          luego,          cobijan   las   circunstancias     específicas     de    agravación,    y    la  ampliación  del término de prescripción para el caso de los  servidores públicos.   

       La  procesada  GARCÉS  RENTERÍA  fue  acusada  por  el delito de  prevaricato  por  omisión  cuyo  máximo  es  de  5  años,   que   con  el  agravante  de  una  tercera parte y la ampliación del término de prescripción  por  ser  servidor público que también es de una tercera parte, da  como  resultado  106,6  meses,  lapso  que no se sobrepasó, por  tanto la acción penal no prescribió.   

2.2.  Tipicidad                objetiva   

       De  acuerdo  con  lo  que  se  ha  dejado  visto, el tipo penal de  prevaricato  por  omisión  exige  para  su  estructuración,  en  su expresión  objetiva,  la  comprobación  de  tres elementos,  (i) que el sujeto activo  tenga  la  condición de servidor público, (ii) que la conducta típica recaiga  sobre  un acto propio de sus funciones, y (iii) que consista en omitir, rehusar,  retardar o denegar el cumplimiento de esa función.   

       La  calidad  de  servidora  pública  de  la  doctora LIGIA     GARCÉS    RENTERÍA    se  encuentra acreditada con  el  acta  de  posesión como Procuradora 307 Judicial  Penal  I  con  sede  en  Cali  de  fecha  9  de  diciembre  de  1997              y,  con  la certificación expedida por  el   Coordinador   de   Procuradores   de   Palmira  de    noviembre    5  de    2002,    donde    hace   constar  que  viene ejerciendo como Agente del  Ministerio  Público  ante  el  Juzgado  1º de ejecución de Penas y medidas de  Seguridad   de   Palmira  desde    el    1º    de    febrero    de   2000.49   

       La    acusada,    en    su  condición de agente del ministerio  público,  tenía  por mandato legal y reglamentario la obligación de actuar en  defensa   del   orden   jurídico   y  la  sociedad  en    el    proceso  2001-0234-00 que cursaba  en  el  Juzgado  1º de Ejecución de Penas y Medidas  de   Seguridad   cuyo  condenado  era  MIGUEL        RODRÍGUEZ OREJUELA.   

       Tal  deber  se  encuentra  reseñado en  los   artículos  122  de  la  Ley  600  de  2000  y  en  la  resolución  205  de  18  de  julio  de  2001  expedida  por  el  Procurador  General  de la Nación  según  la  cual,  en los asuntos penales regidos por  la    Ley    600   de   2000,   como   actuaciones           mínimas  obligatorias    de    sus   agentes   están    la    de    “interponer  los recursos legales pertinentes contra las decisiones  judiciales  que  no  consulten  la adecuada aplicación de la ley”, así:   

“RESOLUCIÓN NUMERO 205 (18 DE JULIO DE  2001).  El  Procurador  General  de  la  Nación en desarrollo de la atribución  prevista  en el artículo 275 de la Constitución Política y los artículos 1°  y  7°,  numerales  2 y 7 del Decreto Ley 262 de 2000, como supremo director del  Ministerio  Público,  para  una  adecuada  intervención  de sus agentes en los  asuntos  penales,  y  CONSIDERANDO: Que ante la vigencia del nuevo Código Penal  (ley  599  de  2000)  se  hace  indispensable  que  el  Procurador General de la  Nación,      señale,      de     manera     concreta,     las     actuaciones  mínimas  obligatorias que  deben  cumplir quienes representan el Ministerio Público en los procesos que se  adelanten  en la justicia ordinaria por delitos que comprometen de manera severa  las  normas  de  convivencia… RESUELVE: Artículo Primero: Quien represente al  Ministerio  Público  deberá  cumplir celosamente las obligaciones previstas en  el  Código de Procedimiento Penal, el Decreto Ley 262 de 2000, las Resoluciones  de  la  Procuraduría General y demás normas vigentes; para lo cual desplegará  la  actividad  necesaria  en defensa del orden jurídico y las garantías de las  personas  que intervienen en el proceso. Para el cumplimiento de esta finalidad,  realizará,   entre   otros,   los  siguientes  comportamientos…  g)   Interponer   los  recursos  legales  pertinentes  contra  las  decisiones   judiciales   que   no  consulten  la  adecuada  aplicación  de  la  ley”.     

       Sobre  el  particular  al  Corte  ha  expresado  que  cuando    la    actuación   judicial   que   el   funcionario  debe  vigilar  desconoce  el  ordenamiento  jurídico, o afecta el patrimonio público, o vulnera los derechos  o  garantías  fundamentales  de las partes, su intervención se torna necesaria  porque  la  normatividad le defiere la salvaguarda de estos bienes, para lo cual  debe  acudir  a las alternativas de postulación que el procedimiento le ofrece,  según  las  naturaleza  de  la  decisión  y el momento procesal en que se  presenta50.   

Tales  directrices  las  desconoció  la  funcionaria  quien  pese  a  que la decisión era manifiestamente contraria a la  ley, desatendió su deber legal de recurrirla.   

Dicha  ilegalidad,  para  la  Sala,  se  advierte   de   bulto  por  cuanto  que:  i)  el  artículo  470  del  Código  de  Procedimiento  Penal  en  concordancia  con  el  31  del  Código  Penal  es  claro  y  no admite diversas  interpretaciones  desde  la óptica de la ejecución de la sentencia, costado en  el  que  se  encontraba la funcionaria; ii) al tomar el artículo 31 del Código  Penal  de  forma aislada y aplicarlo como si fuera juez de instancia desconoció  la  remisión que a él hace el artículo 470 del Código de Procedimiento Penal  con  el  cual  forma  una  unidad;  iii)  al  “volver  a dosificar la pena”,  desconoció  abiertamente  la  naturaleza jurídica y la funciones de los jueces  de  ejecución  de  penas;  iv)  para  justificar  su postura presentó de forma  descontextualizada  la Jurisprudencia de la Corte de 1997 a la cual se remite en  apoyo  a  su  decisión  y, omitió deliberadamente referirse al párrafo que de  forma  clara  contradice  su  criterio; v) es  tal la claridad de la norma que la aplicó correctamente durante  7  años,  de 1994 hasta el 2002; vi) sin explicación razonable, el 14 de abril  de  2002,  cambió  la  interpretación  que venía haciendo correctamente de la  figura  de  acumulación jurídica de penas, por la que hoy es motivo de estudio  en   razón  del  auto  de  fecha  14  de  agosto  de  1997;  vii)  La  novedosa  interpretación  permite  que la pena menos grave subsuma a la mas grave lo cual  conlleva  a  una contradicción, carente de lógica y razonablemente inadmisible  ;  viii) No es cierto que existan decisiones de la Corte que avalen su criterio,  pues  todas  las  que  relacionó  la defensa  con este fin, corresponden a  análisis  sobre  el  concurso  de conductas punibles y no sobre la acumulación  jurídica de penas.    

       En      las      anotadas     condiciones,     la     acumulación   jurídica   de   penas  realizada     por     la     juez    emergía   abiertamente  contraria  al  ordenamiento    jurídico,    específicamente   al  artículo   407   del   Código   de  Procedimiento  Penal en concordancia con  el     31     del     Código    Penal.     

       Frente     a    esta    realidad,    la    doctora    LIGIA    GARCÉS   RENTERÍA   tenía  la  obligación  de  intervenir en defensa del orden  jurídico   a   fin  de  restablecer  su  vigencia,  en  cumplimiento  de  los  artículos  277.7  de  la  Constitución  Nacional,  122 de la Ley 600 de 2000, y 1° de la resolución 205  de  2001,  que le imponían el deber de “interponer  los  recursos  legales pertinentes contra las decisiones judiciales que  no consulten la adecuada aplicación de la ley”,    toda   vez   que   la  discrecionalidad  de  que  goza el  funcionario   no   está   referida   a   si  actúa  o  no, sino a la libertad de definir, frente al caso  concreto,  si  es  o no necesaria su intervención, atendidos los fines que debe  cumplir como agente del Ministerio Público en el proceso penal.   

         

       No    obstante,    la    funcionaria  con    su    silencio    permitió    que  la  decisión quedara ejecutoriada  con    el   consecuente   detrimento   para  el  orden jurídico, enmarcándose       objetivamente   su   actuar   en   el  tipo       en  mención  definido por el  verbo    omitir,   que  implica,  abstenerse  de  hacer  una  cosa;  y  en sentido jurídico, dejar de  cumplir  una  acción que  estaba  obligado  a ejecutar descrito en el artículo  414 del Código Penal.     

   

2.3.  Tipicidad subjetiva.   

Ahora bien, la  conducta  punible  se  entiende que es dolosa cuando el agente conoce los hechos  constitutivos  de  la  infracción  penal y quiere su realización. El   dolo   como   modalidad   de   ejecución   de   la  conducta  punible (Ley 599 de 2000,  artículos   21   y  22),  significa,  en  términos  elementales,  disposición  de  ánimo  hacia  la  realización  de una conducta  definida   en   la  ley  como  delictiva  (tipicidad  objetiva)  y  causante  de  daño  o  de  puesta  en  peligro,  sin  justificación  alguna  (tipicidad  o  antijuridicidad    material),   por   tanto,   actúa  dolosamente  quien  sabe  que  su  acción  es objetivamente típica y quiere su  realización.   

       La   funcionaria   en  sus  diferentes  intervenciones  manifestó  haber  leído  con  detenimiento el auto  y compartir lo expuesto por la juez, es más, al ser interrogada  sobre  el tema expresó: “estoy de acuerdo que debe  partirse   del   hecho  punible  sancionado  con  la  pena  más grave”; al  preguntársele  qué  había  pasado  con  la  sentencia  que  impuso  al MIGUEL  RODRÍGUEZ  la pena de 21  años   de   prisión   expresó:   “quedó   incluida   en   la   tasación  que  hizo  la     señora    juez,    como    lo  manifesté”,  y agregó mas adelante: “  la  ley no dice que se debe partir de la sentencia más alta,  sino   de  la  contentiva  de  la  pena  más  grave  artículo     31    del    Código    Penal.”   

                   De esta  forma   la  Sala  encuentra  que  la  doctora  GARCÉS  RENTERÍA  tenía  pleno  conocimiento  de  la  ilegalidad de la decisión, no solo porque ella ya actuaba  como  Ministerio  Público  ante ese juzgado cuando hubo el cambio de precedente  horizontal,  sino  por  su  amplia  trayectoria  en  la  Procuraduría  y en los  juzgados  de  ejecución  de  penas,  por  lo  que  sabía  la forma correcta de  acumular  las  penas,  pues  estas  son  el  diario devenir de esos despacho, en  consecuencia  le era claro que: i) el artículo 470 del  Código  de  Procedimiento  Penal  en  concordancia  con el 31 del Código Penal  conforman  una unidad desde la óptica de la ejecución de la sentencia; ii) las  sentencias  son  inmodificables  por  los jueces de ejecución de penas; iii) al  tomar  el  artículo  31 del Código Penal de forma aislada desconoce no solo la  remisión  que  a  él hace el artículo 470 del Código de Procedimiento Penal,  sino  el  debido  proceso  en sus componentes de las formas propias del juicio y  del  juez natural; iv) al volver a dosificar la juez  de penas usurpaba las  funciones de los jueces de instancia.   

       No    obstante    la    comprensión  de  los  elementos  objetivos del tipo, voluntariamente omitió el deber legal  que  tenía  de  recurrir la decisión y no  desplegó  los mecanismos a su alcance tendientes a evitar que  cobrara  ejecutoria,  comportamiento  doloso  que de  suyo  excluye el error de  tipo apenas mencionado.   

                     

Finalmente  la Sala señala que la conducta  también  es  antijurídica,  porque  cuando el funcionario público incumple un  acto  propio de sus funciones, sea que lo omite, retarde, rehúse o deniegue, no  solamente  infringe  el  deber  de servicio y el compromiso de lealtad, sino que  perturba  el  correcto  funcionamiento  de la administración pública y frustra  las  expectativas  que  tienen  los administrados, afectando su legitimidad y la  confianza   en   sus   instituciones   y   en   las   personas  que  intervienen  particularmente en la impartición de justicia.   

Al  paso  que actuó con culpabilidad, pues  teniendo  la  posibilidad  de  dirigirse  conforme  a  derecho  optó  de  forma  conciente  por  hacerlo de forma contraria a la ley, situación que desencadenó  un     evidente    acto    de    injusticia.         

                                                                                                     

Reunidos  como se encuentran los requisitos  previstos  en  el  artículo 232 de la Ley 600 de 2000 para condenar, la Sala de  Casación  Penal  procederá  a  declarar la responsabilidad penal de la doctora  LIGIA GARCÉS RENTERIA frente  al punible de prevaricato por omisión agravado.   

Acreditada como  se  encuentra  la  estructuración  de los elementos  objetivo  y  subjetivo  de los delitos de prevaricato por acción y por omisión  atribuidos  a  las  procesadas  en la acusación, corresponde ahora adelantar el  respectivo  procedimiento  de  individualización  de  las  penas por imponer en  relación con tales los comportamientos delictivos.   

Determinación   de   las  consecuencias  jurídicas de la conducta punible:   

En principio se debe precisar que como los  hechos  analizados  fueron  cometidos  en  vigencia de la Ley 600 de 2000, no se  aplica  el  incremento punitivo previsto en la Ley 890 de 2004 ni  se exige  el  pago  de  la  multa  para  la concesión de la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

1. Punibilidad en el prevaricato por acción  agravado   

El  delito de prevaricato por acción, de  conformidad  con  el  artículo  413  del  Código Penal, contempla las      siguientes      penas      principales:      prisión de  treinta      y      seis       (36)   a  noventa       y       seis       (96)       meses;       multa   de   cincuenta   (50)  a   doscientos (200)   salarios  mínimos  mensuales  legales   vigentes,   e   inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  de  sesenta               (60)   a  noventa        y       seis       (96)  meses.   

Respecto  de  ese  delito fue deducida la  causal  específica de agravación prevista en el artículo 415 de la Ley 599 de  2000,  debido  a  que la acción prevaricadora se materializó en una actuación  judicial    por    un    delito    de    narcotráfico,    luego    dichas  sanciones  deben incrementarse  “hasta    en   una   tercera   parte”,   con   sujeción   a  la  regla  establecida   en   el  artículo  60-2  del  Código  Penal   de   la   siguiente   manera:  prisión de  treinta        y       seis       (36)  a ciento  veintiocho  (128) meses;  multa  de  cincuenta         (50)   a  doscientos  sesenta  y  seis  coma  sesenta  y  seis  (266,66)  salarios mínimos mensuales legales  vigentes,  e  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos   y  funciones  públicas  de  sesenta          (60)     a     ciento     veintiocho        (128)  meses.   

Los ámbitos de  movilidad  se  fraccionan en cuatro partes, tal y como lo ordena el artículo 61  de    la    citada   codificación,   operación   que   arroja   el   siguiente  resultado:   

Para    la   pena   de   prisión:         cuarto   mínimo,   de   treinta   y   seis   (36)         a        cincuenta    y   nueve   (59)  meses;  primer   cuarto  medio,  de  cincuenta  y  nueve  (59)  meses  y  un  (1) día   a   ochenta   y  dos  (82)  meses;  segundo  cuarto medio, de  ochenta        y        dos       (82)  meses  y  un     (1)    día,  a    ciento    cinco  (105)  meses; y  cuarto              máximo, de ciento  cinco   (105)  meses  y   un  (1)    día,   a   ciento   veintiocho        (128)  meses.   

Respecto  de  la  sanción  pecuniaria:        cuarto       mínimo,     de    cincuenta    (50)    a  ciento   cuatro   coma   ciento   sesenta  y  cinco  (104,165);  primer  cuarto    medio,   de  ciento cuatro coma ciento  sesenta       y       cinco       (104,165)  a ciento cincuenta y ocho  coma     treinta     y     tres     (158,33);  segundo  cuarto  medio,  de  ciento  cincuenta  y  ocho    coma    treinta    y   tres   (158,33)  a  doscientos  doce coma  cuatrocientos  noventa  y cinco (212,495);    y   cuarto   máximo,    de    doscientos    doce   coma  cuatrocientos  noventa  y  cinco  (212,495)  a  doscientos  sesenta  y seis coma  sesenta        y       seis       (266.66)  salarios       mínimos       mensuales       legales       vigentes.   

En    cuanto    a   la   interdicción:     cuarto     mínimo,        de        sesenta          (60)  a   setenta   y  siete  (77)       meses;       primer   cuarto   medio,  de   setenta   y  siete  (77)    meses    y    un   (1)  día a  noventa       y       cuatro       (94)  meses;   segundo   cuarto   medio,  de  noventa  y  cuatro  (94)    meses    y    un   (1)     día     a     ciento      once      (111)     meses;     y     cuarto  máximo, de ciento once           (111) meses y  un  (1)  día  a  ciento  veintiocho (128)  meses.   

Corresponde  ahora  individualizar  la pena conforme las  reglas  del artículo 61 del Código Penal. Como no se dedujo  ninguna    circunstancia   de   mayor   punibilidad  (artículo  58) y por el  contrario  puede  inferirse  la  del  numeral  1º  del artículo 55 ibídem, en  cuanto  a  la  ausencia  de  antecedentes  penales51,        para   la   individualización   de   la   sanción   se  ubicará  la  Sala  en  el  cuarto  mínimo.   

Teniendo  en  cuenta  la  gravedad  de la  conducta  de  prevaricato  por  acción,  el  daño  causado  con  el  mismo, pues se propició una rebaja  de  pena  considerable  a MIGUEL RODRÍGUEZ OREJUELA,  la  intensidad  del  dolo con el que obró la acusada  al  expedir la resolución contraria a derecho, y la  necesidad   y   función   de   prevención   general   de  la  pena,  no  es  posible  partir  del límite  inferior  de  los  cuartos  mínimos  de  cada  una de las sanciones principales  consagradas  para  el comentado injusto, siendo  las  anteriores  razones  suficientes para infligir por la  misma,     cincuenta    y    nueve    (59) meses de prisión, multa en cuantía  equivalente  a  cinto  cuatro  coma ciento sesenta y  cinco                  (104,165)  salarios     mínimos     mensuales    legales    vigentes,    y    setenta    y    siete   (77)  meses  de    inhabilitación    en    el    ejercicio    de    derechos   y   funciones  públicas.   

Como  sanción  accesoria  se  impondrá  a  la acusada la pérdida  del  cargo  público como  Juez  4º de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Cali, toda vez que el  ejercicio  y  poderes  discernidos  por  la función pública detentada tuvieron  relación  directa  con  la  ejecución  de  las  conductas  punibles atribuidas  (Ley   599   de   2000,   artículo   43-2,   45  y  52).   

No    hay   lugar   a   conceder  el  subrogado  penal  de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena,  debido  a  que no está satisfecho, en principio, el  factor  objetivo  previsto  en  el  artículo  63-1  del  Código Penal, pues la  sanción  impuesta es superior a tres (3) años de prisión.   

En cuanto a la  prisión   domiciliaria   como   sustitutiva   de   la  intramural  (artículo  38  ibídem),  si  bien es  cierto    el    delito    por    el   que  se  procede  tiene contemplada una  pena  mínima  que no excede de cinco (5)  años,  cumpliéndose  con el factor  objetivo,   igualmente  es  verdad  que      el      requisito  de  naturaleza  subjetiva previsto en  el    numeral   segundo   de   la   citada   disposición,   no   se   encuentra  acreditado.   

En  efecto,  el  presupuesto en cuestión  exige  que  “…el  desempeño  personal, laboral,  familiar  o  social  del  sentenciado  permita  al juez deducir seria, fundada y  motivadamente  que  no  colocará en peligro a la comunidad y que no evadirá el  cumplimiento  de  la  pena”,  conclusión  para  la  que  se  torna  necesario,  conforme  ya  lo  tiene  decantado            la            Corte52,        estudiar    los    fines    de    la  pena:   

“[…]  El  artículo  4°  del  Código  Penal  señala  que la pena cumplirá funciones de  prevención  general,  retribución  justa,  prevención  especial, reinserción  social   y  protección  al  condenado  y  que  la  prevención  especial  y  la  reinserción   operan   en   el   momento   de  la  ejecución  de  la  pena  de  prisión.   

”[…]  La  Corte  interpreta  que  cuando allí se declara que las funciones de prevención  especial  y reinserción social operan en el momento de la ejecución de la pena  de  prisión  (sea  esta  domiciliaria  o  carcelaria) no se excluyen las demás  funciones  como  fundamento  de  la  misma  pena,  sino  que  impide que sean la  prevención   especial   y   la   reinserción   criterios   incidentes   en  la  determinación    o    individualización   de   la   pena   privativa   de   la  libertad.   

”[…]  Significa  lo  anterior  que  tanto para imponer, como para ejecutar la prisión  domiciliaria  en  sustitución de la prisión carcelaria deben tenerse en cuenta  también  las funciones de la pena que tienen que ver con la prevención general  y la retribución justa.   

”[…]  Independientemente   de  las  afinidades  teóricas  que  se  tengan  sobre  los  conceptos  básicos  que  integran  las  funciones  de  la pena, la decisión de  política  criminal del Estado colombiano en cuanto a los principios y los fines  de  la  pena  es  la adoptada en los artículos 3 y 4  del  Código  Penal. Desde  esa   óptica,   la   función   de  ‘retribución    justa’  puede  abordarse  de  manera  general en dos estadios claramente  diferenciados  del proceso penal. Como criterio que influye en la determinación  judicial  de  la pena, en cuanto es en tal momento que se define la medida de la  retribución  y se determina su contenido de justicia, de mano de los principios  de  razonabilidad y proporcionalidad; y, como función vinculada a la ejecución  de  la  pena  que  no  puede  ser dejada de sopesar cuando vaya a enjuiciarse la  adopción  de  providencias  que anticipen material y condicionalmente una parte  de   la   privación   efectiva   de   la   libertad   o   la   subroguen por un periodo de prueba.   

”[…] Igual  cosa   ocurre   con   la  función  de  ‘prevención   general’,  a través de la cual se advierte  a  la  sociedad  de  las  consecuencias reales que puede soportar cualquiera que  incurra  en  una  conducta punible: paradójicamente el hombre se ve compelido a  proteger  la  sociedad  mediante  la  amenaza  a los individuos que la componen.  Porque  el  orden  jurídico  es  un  sistema  que  opera  bajo la fórmula       acción–reacción,   supuesto–consecuencia jurídica.    Ese    fin   de   ‘prevención    general’  es  igualmente  apreciable tanto para la determinación judicial  de  la  pena como para el cumplimiento de la misma, pues se previene no solo por  la   imposición   de  la  sanción,  sino  y  sobre  todo,  desde  la  certeza,  la ejemplarización y la  motivación  negativa  que  ella  genera  (efecto disuasivo), así como desde el  afianzamiento    del    orden    jurídico    (fin    de   prevención   general  positiva).”.   

Consecuente  con  el  anterior  criterio,  atendida  la  gravedad  y  modalidad  de las conductas atribuidas al acusado, el  daño  real causado con las mismas al bien jurídico tutelado, la intensidad del  dolo  con  el  que  obró  el  enjuiciado,  atendidos  los  fines de prevención  general,  retribución  justa  y  prevención  especial,  se  hace  necesario el  cumplimiento   de   la   pena   bajo   el   rigor  y  disciplina  de  un  centro  penitenciario.   

Por  considerar  la  Sala  que  con  la  privación  inmediata  de  la libertad de la doctora SAAVEDRA YEPES –actualmente     Juez     de  Ejecución  de Penas— se  perturba  la  buena  marcha  de  la  administración  de  justicia  al generarse  solución  de  continuidad en el despacho a su cargo, se solicitará  al  Tribunal  Superior  del Distrito  Judicial  de  Cali,  en concordancia con el artículo 359 de la Ley 600 de 2000,  que   proceda   a  suspenderla  en  el  ejercicio  del  cargo  que  ostenta.  Una vez cumplida la anterior  disposición  o  pasados  5  días  desde  la  fecha de la petición  de  suspensión,  se  dispondrá  su  captura.   

2.   Punibilidad   en   el   prevaricato   por   omisión  agravado.   

Ahora bien, la  conducta  punible de prevaricato por omisión, según  el  contenido  del  artículo  414  de la Ley 599 de  2000,       contempla      las      siguientes      sanciones:      prisión de  veinticuatro (24)        a       sesenta          (60)      meses;      multa       de       diez            (10)  a           cincuenta          (50)   salarios   mínimos  mensuales  legales   vigentes,   e   inhabilitación  para  el  ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas  de  sesenta (60)           meses.   

Frente  al  injusto  que se analiza, en la acusación  se  dedujo  la  causal específica de agravación prevista en el  artículo  415  de  la Ley 599 de 2000, debido a que la acción prevaricadora se  materializó  en  una  actuación judicial por un delito de narcotráfico, luego  las  aludidas  sanciones deben incrementarse “hasta  en  una  tercera  parte”,  es decir, atendiendo la  regla  consagrada en el artículo 60-2 del Código Penal, aquéllas quedan de la  siguiente      manera:      prisión         de        veinticuatro        (24)        a        ochenta          (80)      meses;      multa       de       diez          (10)   a  sesenta  y  seis  coma  sesenta  y seis (66,66)  salarios     mínimos     mensuales    legales    vigentes,    e    inhabilitación   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  de       ochenta       (80) meses.   

Tal y como lo ordena el artículo 61 de la  citada  codificación,  los  aludidos  ámbitos  de  movilidad  se fraccionan en  cuatro partes, operación que arroja el siguiente resultado:   

Para    la   pena   de   prisión:         cuarto    mínimo,    de    veinticuatro    (24)   a   treinta  y  ocho  (38)            meses;  primer  cuarto  medio, de  treinta     y     ocho     meses     (38)  meses  y  un  (1) día   a  cincuenta  y  dos  (52)            meses;           segundo   cuarto  medio,  de  cincuenta  y  dos  (52)    meses    y    un    (1) día, a  sesenta        y       seis       (66)  meses; y  cuarto              máximo,        de        sesenta    y    seis    (66)  meses  y   un  (1)   día,   a   ochenta   (80)            meses.   

Respecto  de  la  sanción  pecuniaria:        cuarto       mínimo,      de      diez     (10)            a  veinticuatro  coma ciento sesenta y  cinco   (24,165);  primer        cuarto        medio,        de        veinticuatro    coma   ciento   sesenta   y   cinco   (24,165)         a    treinta   y   ocho   coma   treinta   y   tres   (38,33);         segundo     cuarto    medio,    de  treinta  y  ocho  coma  treinta y tres (38,33)  a  cincuenta  y  dos  coma  cuatrocientos   noventa   y   cinco   (52.495);        y       cuarto   máximo,  de  cincuenta     y     dos     coma    cuatrocientos    noventa    y  cinco                (52.495)   a  sesenta      y      seis      coma      sesenta      y     seis     (66,66)  salarios       mínimos       mensuales       legales       vigentes.   

En    cuanto   a   la   interdicción,  como  el  legislador  estableció     su     duración     en     un     guarismo     fijo,   no  hay  lugar  a  establecer   ámbito  de  movilidad  punitiva  en  cuartos,  permaneciendo  entonces  esa  sanción  en  ochenta         (80)  meses.   

Respecto  del  delito de prevaricato por  omisión,  también  es  manifiesta  la gravedad de la conducta, el dolo directo  con    el   que   obró   la   acusada,   y   el   daño   causado   a  la  administración  de justicia, además de los fines y  necesidad  de  prevención  general  y  especial de la pena, motivos por los que  respecto   de   ese   comportamiento  procederían  como  sanciones  principales  treinta  y  seis   (36)   meses  de  prisión,  multa  en  cuantía      de     veintidós     (22)  salarios   mínimos  mensuales  legales  vigentes,  e  inhabilitación  para  el  ejercicio    de    derechos    y    funciones    públicas    de    ochenta        (80) meses.   

No  hay  lugar  a  imponer  a  la  doctora  GARCÉS  RENTERÍA  la  pena  accesoria  de  pérdida del cargo publico prevista en el artículo 43-2, 45 y 52  de  la  Ley  599  de  2000,  toda vez que disciplinariamente la Procuraduría la  sancionó con destitución.   

Se    concede    el    subrogado  penal  de  la suspensión condicional de la ejecución  de  la pena por un periodo de tres años,    debido    a   que  está satisfecho el factor objetivo  previsto  en  el  artículo  63-1  del  Código Penal, pues la sanción impuesta  no   excede  de  tres  (3) años de prisión,  debiendo cumplir las obligaciones mencionadas en el  artículo 65 ibídem.   

De   igual   forma   los  antecedentes  personales,  sociales  y familiares referidos en curso del proceso, así como la  modalidad  de  la conducta punible son indicativos de que no hay necesidad de la  ejecución de la  pena.   

3. Estima la  Sala,  para  finalizar,  que  los  Magistrados  de la Sala de Descongestión que  suscribieron  la  absolución  dictada  a  favor de las doctoras MARÍA CRISTINA  SAAVEDRA  YEPES  y  LIGIA  GARCÉS  RENTERÍA,  pudieron incurrir, en razón del  proferimiento  de  esa sentencia, en infracción a la ley penal y disciplinaria.  En  consecuencia,  para  las  investigaciones  a  que  haya  lugar, se ordenará  expedir  copias  de  lo  pertinente  con  destino  a  la Fiscalía General de la  Nación  y  a  la  Sala  Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la  Judicatura.   

En  mérito de lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

PRIMERO:    REVOCAR    el   fallo   de  fecha  1º   de   noviembre   de   2011   emitido  por  la  Sala  Penal  de  Descongestión  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga,  a  través  del  cual absolvió a  MARIA  CRISTINA  SAAVEDRA  YEPES  y  LIGIA  GARCÉS  RENTERÍA     por  los   delitos   de   prevaricato   por  acción  y  omisión,  agravados,  respectivamente,  de  conformidad  con  las  consideraciones a que se  hizo alusión en la parte motiva de esta decisión.   

SEGUNDO:    CONDENAR    a   la  doctora  MARIA  CRISTINA SAAVEDRA YEPES      como     autora     penalmente     responsable  del delito de    prevaricato    por    acción  agravado, a    las   penas   principales   de  cincuenta       y      nueve      (59)  meses  de  prisión,  multa en  cuantía  equivalente  a  cinto  cuatro coma ciento sesenta y cinco (104,165)    salarios    mínimos  mensuales     legales    vigentes,    y    setenta    y    siete    (77)  meses de inhabilitación en el  ejercicio      de      derechos      y      funciones      públicas.    Como    sanción    accesoria  la  pérdida  del  cargo  público  de Juez  4º  de  ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Cali  (Valle).   

TERCERO:  NO    CONCEDER   a  MARIA    CRISTINA    SAAVEDRA   YEPES  la  suspensión  condicional de la  ejecución  de  la  pena  ni  la  prisión  domiciliaria, por no acreditarse los  requisitos para ello.   

CUARTO:  CONDENAR  a la doctora  LIGIA       GARCÉS      RENTERÍA,     como     autora  penalmente  responsable  del delito  de  prevaricato  por  omisión  agravado,     a     las     penas     principales     de    treinta     y     seis            (36)   meses  de  prisión,  multa  en  cuantía  de  veintidós  (22)   salarios   mínimos   mensuales  legales  vigentes,  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas      de      ochenta     (80)        meses..   

QUINTO:            CONCEDER      a     LIGIA  GARCÉS RENTERÍA la  suspensión  condicional  de  la  ejecución   de   la   pena,  por  acreditarse  los  requisitos para ello.   

SEXTO:        ORDENAR  la  captura  de     MARIA    CRISTINA    SAAVEDRA  YEPES,   una  vez  se  produzca  la  suspensión  en  el  ejercicio  del  cargo  de  Juez  de Penas que  actualmente  ostenta,  para  lo  cual   SE  DISPONE  remitir  la  solicitud  pertinente al Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali.   

Mientras  se  cumple  la  suspensión,  ADÓPTENSE las medidas  necesarias   para   evitar   que   la   mencionada   eluda   la  acción  de  la  justicia.   

SÉPTIMO:            REMITIR  copia de esta sentencia a la  Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil,  a  la Procuraduría General de la  Nación, a la Fiscalía  General  de  la  Nación  y  a la Dijin, para lo de su cargo.   

OCTAVO:  EXPEDIR  las  copias  a que se hizo alusión en las  motivaciones   para   las  investigaciones  penal  y disciplinaria a que haya lugar, en contra de los Magistrados de la Sala  Penal  de  Descongestión  del  Tribunal  Superior  de  Buga  que profirieron la  sentencia absolutoria de primera instancia.   

Contra    esta    decisión    no    procede    recurso  alguno.   

Cúmplase.   

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS BARCELÓ CAMACHO                                                          FERNANDO        ALBERTO        CASTRO   CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ            GUSTAVO       ENRIQUE     MALO       FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                                                   JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Actual  Juez 4º de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Cali.   

2 Folio  96   c.o.2   auto  de  acumulación  jurídica  de  penas  a  Miguel  Rodríguez  Orejuela.   

3 Folio  96 c.o. 2   

4 Folio  227-228 c.o. 1   

5 Folio  212 y 213 c.c. 2   

6 Folio  220 c.c No. 2   

7 Folio  290 c.c. No. 2   

8 Folio  62 a 107 c.c. No. 3   

9 Folio  71 a 89 Cuaderno de copias segunda instancia.   

10  Folio 62 c.o. 4.   

11  Folio 112 c.o. 2   

12  Folio 112 c.o. 2   

13  Folio 271 c.o.2   

14  Folios 160 a 162 c.o. 2   

15  Folios 171 y 172 c.o.2   

16  Folios 174 y 174 c.o.2   

17  Folios 163 a 167 c.o. 2   

18  Folios 168 a 170 c.o. 2   

19  Folios 175 a 176 c.o. 2   

20  Folio 300 c.o.1   

21  Folio 253 c.o. 1   

22  Folios 242- 281. Cuaderno No 4.   

23  Artículo   31   ley  599  de  2000.  “Concurso  de  conductas  punibles.  El  que con una sola acción  u omisión o con varias  acciones  u  omisiones  infrinja  varias  disposiciones de la ley penal o varias  veces  la  misma disposición, quedará sometido a la que establezca la pena mas  grave  según  su  naturaleza,  aumentada  hasta  en otro tanto, , sin que fuere  superior  a  la  suma  aritmética  de  las  que  correspondan a las respectivas  conductas  punibles  debidamente  dosificadas  cada una de ellas”.   

24  Folio 276, Cuaderno No 4.   

25  Folio 276, Cuaderno No 4.   

26  Folio 201, Cuaderno No 4.   

27  Folio 308, c.o. 4..   

28  Folio 314 c.o. 4   

29  “En  ese  orden,  contrario  a lo sostenido por los  demandantes,  la  Corte  encontró  que  los servidores públicos, incluidos los  jueces  y  los  particulares que ejercen funciones públicas, pueden incurrir en  el  delito  de prevaricato por acción, por emitir una providencia, resolución,  dictamen  o concepto manifiestamente contrario a los preceptos constitucionales,  la  ley  o un acto administrativo de carácter general. En cuanto concierte a la  jurisprudencia   de  las  altas  cortes,  la  Corporación  estableció  que  la  contradicción  de  esta  jurisprudencia,  per  se,  como  fuente  autónomo del  derecho,  no  da  lugar  a  la  comisión del delito de prevaricato por acción,  salvo  que  se  trate  de  la jurisprudencia sentada en los fallos de control de  constitucionalidad  de  las  leyes o que el desconocimiento de la jurisprudencia  conlleve  a  la infracción directa de preceptos constitucionales o legales o de  un  acto  administrativo  de  carácter  general.  A  la  vez  reiteró que, sin  perjuicio   de  que  esta  jurisprudencia  conserve  el  carácter  de  criterio  auxiliar,  es  razonable  exigir,  en  aras  del  principio  de  igualdad  en la  aplicación   de   la   ley,  que  los  jueces  y  funcionarios  que  consideren  autónomamente,  que  deben  apartarse  de la línea jurisprudencial trazada por  las  altas cortes, lo hagan, pero siempre que justifiquen de manera suficiente y  adecuada   su  decisión,  pues  de  lo  contrarío  estarían  infringiendo  el  principio de igualdad…”   

30  Folio 334, Cuaderno Original No 4.   

31  31  Folio  361,  Cuaderno  Original No 4.   

32  Cfr. Sentencia del 26 de mayo de 1998, radicación 13628.   

33  Corte Suprema de Justicia radicado 29382 del 18 de junio de 2008   

34   Cfr. Sentencia del 26 de mayo de  1998, radicación 13628.   

35  Folio 96 c.o. 2   

36  Folio 112 c.o. 2   

37  Folio 297 c.o. 1   

38Folio 77  c.o.2   

39  Folio 270 c.o.2   

40.  Sentencia de 3 de agosto de 2005, radicado 22112.   

41  C.S.J., Unica instancia 24053, auto de 21 de febrero de 2007.   

42  C.S.J., Unica Instancia 26243, auto de 27 de octubre de 2008.   

43  C.S.J., Auto de 19 de junio de 1984.   

44  C.S.J.  Segunda  Instancia  19912,  sentencia  de 26 de noviembre de 2003. En el  mismo   sentido,   Unica   Instancia   26243,   auto   de   27   de  octubre  de  2008.   

45  C.S.J., Casación 19389, Sentencia de 28 de febrero de 2007.   

46  C.S.J.,  Segunda  Instancia  22639,  sentencia  de 27 de octubre de 2004; Única  Instancia  27695,  auto  de  26  de septiembre de 2007; Segunda Instancia 28428,  sentencia de 17 de septiembre de 2008, entre otras.   

47 El  artículo  22 del Código Penal asume que la conducta es dolosa cuando el agente  conoce   los   hechos   constitutivos  de  la  infracción  penal  y  quiere  su  realización,  o cuando la realización de la infracción penal ha sido prevista  como probable y su no producción se deja librada al azar.   

48  C.S.J.,  Segunda  Instancia  19762,  sentencia  de  23 de febrero de 2005. En el  mismo  sentido,  Única  Instancia  24053, auto de 21 de febrero de 2007; Única  instancia  20402,  sentencia  de  21  de  marzo de 2007;  Segunda Instancia  28984,  auto  de  9  de  mayo  de  2008;  Única  Instancia  34221, auto de 8 de  septiembre de 2010, entre otras.   

49  Folios 250 y 253 c.o.1.   

50  C.S.J.    radicado    30592    del    5    de    octubre   de   2011.   

51 No  puede  considerarse  como  antecedente  la  condena impuesta al procesado por el  delito  de  abuso  de  la  función  pública,  según hechos ocurridos el 12 de  noviembre  de  2008  (posteriores a los aquí debatidos), la cual fue confirmada  por  esta  Sala  en  sentencia  de  segunda instancia del 29 de febrero de 2012,  radicación Nº 38050.   

52  Cfr.  Auto del 28 de noviembre de 2001, radicación 18285, y en el mismo sentido  auto de 14 de marzo de 2002, radicación 7026.     

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