38001(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 208.    

Bogotá, D. C., tres  (3) de julio de dos  mil trece (2013).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación   presentada   por   la   Fiscal  Local  28  Delegada,   contra   el   fallo   del   Tribunal    Superior    de   Santa   Rosa   de   Viterbo1,   que   revocó  (absolvió)  el    proferido  por  el Juzgado Primero Penal  Municipal   de   Sogamoso,  que  había  condenado  a  LEONARDO      CASTAÑEDA     CABALLERO,  a  la  pena de  32  meses  de prisión por la  consumación    del    punible    de    inasistencia  alimentaria,     a    título    de    autor.   

H    E    C    H   O   S   

El      procesado      LEONARDO  CASTAÑEDA  CABALLERO, padre del  menor2   

,  en  la  comisaria  de familia de Sogamoso  (Boyacá),  acordó  pagar  para  la manutención de su hijo, la suma de sesenta  mil  (60.000)  pesos,  el  50% por estudio, salud y dos mudas de ropa en junio y  diciembre,   a   partir   del   mes   de   octubre   de   2006,  los  cuales  no  canceló.   

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1.   El  10  de  diciembre   de   2008,   el   Fiscal   28   Local  de  Sogamoso,  presentó  escrito  de  acusación contra LEONARDO  CASTAÑEDA  CABALLERO,  por  el delito de inasistencia  alimentaria; el 27 de febrero  de   2009,  se  inició  y  llevó  a  término  la  audiencia  de  formulación  de  acusación,  sin  que se  hubiese  presentado  alguna causal de nulidad o incompetencia, en el mismo acto,  la  Fiscalía  modificó  el  numeral  3º relacionado en el acápite de pruebas  documentales,  por cuanto  no era “un documento  de  fijación de cuota, sino una constancia expedida por la Comisaria de Familia  de    Sogamoso    sobre    la   deuda”.     

3.  El  14 y 27 de  abril    de    2009,   se   celebró   la   audiencia  preparatoria,   donde  las  partes  descubrieron  sus  correspondientes   elementos   probatorios   (testimoniales,   documentales)   y  estipularon  el  registro civil de nacimiento del menor ante los cuales; el Juez  decretó la conducencia y pertinencia de cada medio.   

4.   El  29  de  septiembre  siguiente, se inició y continuó el 25 de noviembre del mismo año,  la  audiencia de juzgamiento,  para  luego  finiquitar  la  primera  instancia,  el  14 de enero de 2010, con la lectura de fallo, en el que  condenó a título de autor y  por   el   punible  endilgado  a  LEONARDO  CASTAÑEDA  CABALLERO,  a  la  pena de 32  meses  de   prisión  y  multa  de 20 smlmv; como  sanción  accesoria,  lo  inhabilitó  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el mismo lapso de la sanción principal impuesta; los perjuicios  materiales,  fueron  tasados en el incidente de reparación integral, en la suma  de  2’384.000.00 pesos; por  último,  le  concedió  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena  privativa de la libertad.     

5. El 2 de marzo de  2011,   el   Tribunal   Superior  de  Santa  Rosa  de  Viterbo,  revocó  la  sentencia  recurrida  por  la  defensa  técnica, en su lugar,  absolvió  al  procesado del  cargo   elevado   en   su   contra,   motivo   por   el  cual,  la  Fiscal  Local  28  Delegada  ante  los Jueces Penales Municipales de  Sogamoso   (Boyacá),  sustentó  en  el  recurso  de  casación  por ella interpuesto contra la última decisión judicial: libelo que  la Sala entra a calificar.   

D    E    M    A   N   D   A     

Bajo  la  égida  de  la  Ley  906  de 2004,  artículo   181,   la   representante  del  ente  acusador  elevó  dos  ataques contra el fallo emitido por el  Juez Colegiado.   

Primer   cargo:  argumentó   su  inconformidad  por  haberse “violado  directamente  la  ley  sustancial”, con fundamento en  los   preceptos   32,   1   y  233  de  la  Ley  599  de  2000,  “por  FALTA  DE  APLICACIÓN  del  artículo  44 de la Constitución  nacional”; luego, en la demostración de la censura,  adujo   que   en  el  juicio  se  verificó  que  el  inculpado  “contaba  con  todas  sus  capacidades  para laborar” para  percibir  ingresos  económicos  en  la  época de los hechos,  incluso,     que     era     maestro     de     construcción    “devengando   un   promedio  de  25  mil  pesos  diarios”.   

Por    lo   precedente,   anunció   que  “no   fueron   valorados   los  medios  de  prueba  discutidos  en  el  debate  probatorio”, en especial,  los  testimonios  de  la  mamá  del  pequeño  y  del  investigador del C.T.I.,  “lo   cual   hace  que  el  Tribunal  realizó  un  Falso Juicio de existencia;  trasladando  a  la fiscalía la carga de la prueba para demostrar la teoría del  caso”.    

En el contexto de su inconformidad, expresó  que  el  inculpado  nunca  hizo  nada  para  atender  a  su  hijo  (afectiva  ni  económicamente)  mucho menos comparecer al proceso, por ello, su conducta no se  puede  subsumir en alguna de las causales previstas en el artículo 32 de la Ley  599  de  2000;  razón  por la cual, expresó haber demostrado en instancia, los  ingredientes  normativos  del  delito  de  inasistencia alimentaria, el interés  superior   de  los  menores,  el  deber  de  solidaridad  de  los  progenitores,  condensado  en  el  artículo 44 de la Constitución Nacional y desarrollado por  esa  Corte,  junto  con  la  violación  a  varios  instrumentos internacionales  citados por ella.    

Segundo  cargo:  expresó    que   el   Tribunal   violó  “directamente  la  ley  sustancial  519  (numerales  3  y 4 de la Ley 906 de 2004, por INDEBIDA  APLICACION  (sic)  del  artículo  5  –Ley  1098  de 2006”: principios de orden  preferente   que   fueron  desatendidos  por  los  funcionarios  judiciales,  en  perjuicio del menor.   

La recurrente, tomó como referencia algunos  contenidos  trazados  en  el fallo del Tribunal, por ejemplo, cuando sostuvo que  el  acuerdo  signado  por el procesado en la Sala de Atención del Usuario de la  Fiscalía,   no   podía   ser   el   fundamento   para   penar  a  LEONARDO      CASTAÑEDA     CABALLERO,  “como  reflejo  de una posible capacidad económica  del   alimentante,   menos  se  puede  utilizar  como  prueba  de  admisión  de  culpabilidad    y    menos    el   incumplimiento,   ser   fundamento   de   una  condena”;   ante   estas   reflexiones  judiciales,  expresó  que  la  sentencia  condenatoria  no  se  basó  en  la  conciliación  extraprocesal,  pues  la  única  finalidad de esa diligencia era determinar las  oportunidades  brindadas  al  inculpado,  para  cumplir con su deber como padre,  “más   no   como   prueba   de  cargo”;  sin  embargo, aclaró que sí era un instrumento por medio del  cual,  se  adquiría  el compromiso penal, civil y administrativo para responder  por su hijo, con base en su capacidad económica.   

Indicó que en el debate oral, demostró los  ingresos  del  procesado, quien trabajaba en la rusa, como ayudante de trasporte  de   pasajeros,   en  montallantas  o  “en  lo  que  saliera”,   según  los  testigos,  “situación       de       la       cual       se       infiere  que  el  aquí  acusado siempre  contó  con  las  capacidades  mentales  y  físicas  óptimas  para  laborar”  y,  en esas condiciones, no le suministró alimentos a  su  hijo, por ello, el Tribunal “de manera absurda y  en  un  falso juicio de existencia”, dedujo de manera  equivocada,  que el procesado tuvo todo el interés de solucionar el caso por el  hecho   de  presentarse  ante  la  “SAU”,  cuando  lo  único  que  se  evidenció  fue su ausencia en el  proceso.   

Si el inculpado, como se probó, vivía en la  casa  de  su  mamá  con  su  nueva  compañera  e hijo, en esas condiciones, se  preguntó  la recurrente “donde esta (sic)el derecho  a  la  igualdad”, para tratar diferente a unos hijos  habidos  dentro del matrimonio y otros por fuera de él; menos aún –agregó- se puede aplicar las causales  excluyentes  de responsabilidad porque el enjuiciado conviva con su progenitora,  e   incluso,   se   apoyó  en  una  jurisprudencia3, donde se plasmó -entre otras  temáticas-,  que  basta  con  determinar  en  el  proceso  penal  el  deber  de  proporcionar  alimentos,  el  cumplimiento  de  obligaciones alimentarias de los  padres, con exclusión de cualquier causal de justificación.   

El  inculpado  no  asistió al llamado de la  justicia,   incluso,   se  trasladó  a  vivir  a  otra  ciudad  “para  evadir  y  burlar  la administración de justicia”,  por  ello,  dejó  en  riesgo  al  pequeño,  sin manutención  económica  ni  afecto,  sin  entender  que  los  derechos  de  los infantes son  prevalentes4,  en  concordancia  con  el artículo 5 de la Ley 1098 de 2006 y la  Convención  Internacional  de  los  Derechos de los Niños; motivo por el cual,  “considera esta humilde delegada que el Tribunal de  Santa  Rosa  de  Viterbo incurrió en un Falso Juicio de convicción,  al  no  valorar las pruebas que realmente fueron debatidas en el  juicio”5.       

En la trascendencia, sostuvo: “buscamos     demostrar     la     violación    directa”,  con  base  en  el artículo 44 de la Constitución Nacional y,  una  vez  se  refirió  al  interés jurídico y a los fines de la impugnación,  solicitó  casar la sentencia absolutoria, para en su defecto, dejar en firme la  de primer grado.      

C O N S I D E R A C I O N E S  

La Corte  advierte  que  los  dos  ataques  elevados  contra la sentencia de  segundo  nivel  expedida  por  el  Tribunal Superior de  Santa   Rosa  de  Viterbo,  no  reúnen  los  mínimos  presupuestos   de   coherencia   y   lógica-argumentativa   descritos   por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda   presentada   en   contra   de  LEONARDO  CASTAÑEDA  CABALLERO,  con  el fin de lograr la   infirmación   de   la   decisión   cuestionada,   en  tanto,  la  Fiscal   Local   Delegada,  incurrió  en  diversas  y  complejas  falencias,  las  cuales atentan contra la filosofía que  inspira el recurso extraordinario de casación.   

Menos  aún  puede  entenderse los reproches  como  nuevas rutas para confeccionar escritos de libre importe y ensayar por ese  camino,   rebatir  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  inherente  a  las  decisiones  concebidas  en  los  proveídos, trayendo temáticas subjetivas para  asegurar  un  potencial éxito, motivo suficiente, para abordar el estudio de la  demanda    determinando    los    yerros de mayor impacto lógico argumentativo.   

Primero:  las  dos  censuras  se  estudiaran  en  bloque, en tanto, fueron aducidas por violación     directa     de    la    ley    sustancial,   en   cuya  sustentación  no  es permitido variar los contenidos probatorios, los hechos ni  las  valoraciones judiciales declaradas sobre los mismos, pues su disconformidad  será   cuestionar   únicamente  el  derecho  adecuado  al  caso,  ya  sea  por  aplicación  indebida, exclusión evidente o interpretación errónea; bajo este  orden,  la  demandante,  contrarió  tales  pautas,  al punto de sostener que se  violentó  el  artículo  7º   de la Ley 906 de 2004, lo cual es viable en  este  sentido  de ataque, no obstante, lo sustentó imprimiéndole a las pruebas  su  sello  personal, al imponer su criterio por encima del de las instancias, en  tanto,  su  desacuerdo  fue  con  la  apreciación  que  de ellas realizaron los  falladores;  aserto  que se verificó en las censuras, al expresar, por ejemplo,  que  el  procesado  jamás compareció al proceso para fundar la desatención de  alimentos  o  al  decir  que  la  sentencia  condenatoria  no  tuvo como base la  conciliación,  es  decir  que  no  era  “prueba de  cargo”.   

Segundo: vulneró la  Fiscal  demandante  el postulado de autonomía que rige el recurso de casación,  el  cual enseña que no es permitido mezclar contenidos de diversas causales, en  tanto,  los cargos los presentó por vía directa de violación de la ley penal,  sin  embargo,  aludió en la sustentación de los mismos a yerros de existencia,  raciocinio  y para rematar se refirió a un falso juicio de convicción, de poco  uso extraordinario por la desaparición de pruebas tarifadas.   

Tercero: excedió la  Fiscal   sus   ataques  con  valoraciones   individuales   y  subjetivas,  en  oposición  a  los  postulados  extraordinarios  de  objetividad  y  claridad,  al  sostener,  verbigracia,  que  demostró  los  ingresos  porque  él era físicamente idóneo y capacitado para  trabajar  en  la  rusa,  en  buses  o  “en  lo  que  saliera”,  sin  que  logrará demostrar, la efectiva  comisión  del  injusto,  con  tales  afirmaciones genéricas.      

La  magistratura,  sustentó  la  sentencia  absolutoria en algunas temáticas como las siguientes:   

De  las  anteriores  pruebas  [las   reseñadas   por   la   libelista,   entre  otras],  y  de las documentales aportadas como evidencias, tales como el  Registro   Civil  de  nacimiento  del  menor…  el  acta  de  conciliación  de  alimentos…  y  el  acuerdo  prejudicial del 12 de septiembre de 2007 celebrado  por  las partes ante la Sala de Atención del usuario de la Fiscalía General de  la  Nación  por la suma de trescientos mil pesos… para ser pagados en octubre  de  2007…  lo que deriva, es la existencia de la obligación alimentaria sobre  lo  cual  no existe discusión; así mismo, que para la época de convivencia…  se  desempeñaba  como  ayudante  de  buses de la empresa Concorde, y que según  comentarios,  en  la  actualidad  se  dedica  al  trabajo  de  la construcción;  sin embargo, sobre ello no se investigó, al punto de  no  establecerse  la  actividad real desempeñada por él y de la cual deriva su  sustento y el de su familia.   

En  cuanto el acuerdo de pago realizado por  el  aquí  procesado  ante  la  Sala de Atención del Usuario de la Fiscalía…  debe  decirse,  que esta situación de manera alguna puede ser el reflejo de una  posible  capacidad  económica del alimentante, pues lo cierto es que igualmente  este  pacto  fue  incumplido  y  no  se  aportó  prueba  que  demuestre que ese  ofrecimiento…  guarde cierta relación con los ingresos de la época. Aunado a  lo  anterior, en el marco de la justicia restaurativa, la participación en este  proceso,  v.g.,  en  el  que  el  representante de la  víctima  y  el  imputado  participan conjuntamente en la solución amigable del  conflicto,  no puede utilizarse como prueba de admisión de culpabilidad y menos  de  incumplimiento  ser  el fundamento de la condena6.   

Como se puede observar, la fiscal fundamentó  su  desacuerdo  con  premisas  indemostradas, fruto de su percepción particular  del  asuntó objeto de juzgamiento, pues lo único cierto es que no se verificó  si  para  el  momento  de  los hechos, el aquí inculpado estaba laborando o no,  cuál   era   contraprestación  económica  real  y  el  hecho  de  un  acuerdo  incumplido,  sin  esas  bases  probatorias, solo se muestra incertidumbre, tal y  como  lo  advirtió el Juez Colegiado, amén que la decisión en la que soportó  la  instancia  inferior  su  decisión, es decir el radicado, 32.196 de 2009, se  refiere  a  la justicia restaurativa en el delito de abuso de confianza, sin que  hiciera   la   libelista   algún   estudio  serio  frente  a  las  causales  de  justificación  del  acto antijurídico, por cuanto el tipo penal (artículo 233  de   la   Ley  599  de  2000)  en  sus  aspectos  descriptivos  disciplinan  que  “El  que se sustraiga sin  juta  causa a la prestación de alimentos”,   en  tanto,  el  Juez  observó  en  sus  consideraciones  que  “si  bien  como  lo  afirma la defensa no  se  presentó prueba sobre la capacidad económica del acusado,  esto  no  significa que los elementos del tipo penal inasistencia alimentaria no  estén   estructurados.   En   el   presente  caso,  independientemente  de  esa  circunstancia   está   el   hecho   mismo   de   lo   irrisorio   de  la  cuota  alimentaria”.  (Todos los  subrayados fuera de texto).     

Es  más,  debió  la recurrente realizar el  examen  de cotejo correspondiente entre los opuestos fallos de instancia, con el  ánimo   de   explicar   por   qué   –si  esa  era su opinión- estuvo bien aplicado al caso, por ejemplo,  la  jurisprudencia citada por el Juez y revelar cómo una persona a la que no se  le  demostró  actividad  económica  alguna  -como  bien  fue  acreditado en el  juicio-,  puede  sufragar  los  gastos  de manutención de su hijo, así sea una  suma    “irrisoria”,  incluso,  si  es permitido en Colombia –como  lo  sostuvo  el  juez-  condenarlo  acudiendo  “a  la  presunción  legal de aceptar que al menos devenga el salario  mínimo”.    

Cuarto: el axioma de  trascendencia   que   guía  el  recurso  de  casación,  fue  ignorado  por  la  recurrente,  lo  cual  no  es  de  recibo,  pues  en  esas  condiciones,  su  discurso, se identifica al de un  alegato  libre,  personal  e  hipotético  y  sin  ninguna eficacia jurídica en  casación.   

Quinto:  así  las  cosas  y  como  quiera  que  el recurso  extraordinario está regido, entre  otros,  por  el  principio de limitación,  las  deficiencias  de la demanda jamás podrán ser remediadas por  la  Corte,  pues  no  le  corresponde asumir la tarea cuestionable propia de los  recurrentes,  para  complementarlas,  adicionarlas o corregirlas, máxime cuando  es  antiquísimo el criterio de la Corte, de ser un juicio lógico-argumentativo  regulado  por  el  legislador  y  desarrollado  por  la  jurisprudencia,  con el  propósito de evitar convertirla en una tercera instancia.   

Sexto: otro de los  postulados   del   recurso   extraordinario  de  casación  es  el  dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación, sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para fallar en consecuencia. Con todo, si se admite un libelo que  incumpla  elementales  presupuestos  de  lógica  y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

No     es    que    la    “técnica”  por  sí  misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por  las  partes en el proceso, para luego  entrar  a  decidir  el  problema  de  fondo: lo cual es absurdo, inconveniente e  incorrecto,  excepto  que por vigencia de prerrogativas constitucionales así lo  determine.   

Por  esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane   y   queda  convertido  en  un  alegato  de  libre  importe  –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la exclusiva voluntad del demandante, más no se expone de manera  trascendente,  la injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o  al  Bloque  de  Constitucionalidad,  siendo  ello  así,  se verifica, que el  impugnante  presentó  alegaciones  producto  de sus exclusivas percepciones del  derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra  lo afirmado por los funcionarios  judiciales,  sin  ninguna  prevalencia  en  la  lógica-jurídica requerida para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía  que   irradia   el   instituto   casacional;   circunstancia  por  la  cual,  la  Corte  inadmitirá el libelo  presentado por la Fiscal Delegada.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  de  los  sentenciados,  como  para superar los defectos y decidir de  fondo,  según lo impone la preceptiva del inciso 3º del  artículo 184 de  la Ley 906 de 2004.   

Mecanismo   de   insistencia:   

Puede ser promovido por el recurrente, dentro  de  los  cinco  días  siguientes a la notificación del proveído que resolvió  inadmitir  la  demanda,  con  el  objeto de reconsiderar lo decidido7,   siendo  potestativo  de los funcionarios ante quienes se reformula, optar por someter el  caso  a  nuevo  escrutinio de la Sala o rechazar la petición; si se presenta el  segundo  evento,  se  informará  al interesado en un plazo de quince días; por  último,  su  no  selección  trae  como consecuencia la firmeza de la sentencia  atacada,  salvo  que  prospere  y  permita  su acogimiento, motivo esencial para  citar a audiencia de sustentación.   

Con  fundamento en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:   Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada    a   nombre   de   LEONARDO   CASTAÑEDA  CABALLERO,   por   las   razones   aducidas  en  la  parte  motiva  del  presente  proveído.   

Segundo:  Advertir  que  con base en el inciso 2°  del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004  es  facultativo del recurrente,  interponer  el  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  plasmados  en el  acápite final de esta determinación.   

Tercero:   Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO                               ENRIQUE                               MALO  FERNÁNDEZ                   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                                                             JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                           

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  decisiones  de primera y segunda instancia se promulgaron el 14 de enero de 2010  y 2 de marzo de 2011, respectivamente.   

2  Con   base   en   los  artículos  15  y  44  de  la  Constitución  Nacional;  1º,  33,  47,  8º;  192 y 193, 7º de la Ley 1098 de  2006,  la  Sala  se  abstiene de divulgar los nombres, apellidos e iniciales del  niño,    en    protección    integral    a   sus   derechos   constitucionales  fundamentales.   

3  Al  parecer  de  la  Sala Civil, pues el radicado 28.542 sin fecha, no corresponde a  la penal.   

4  Se  apoyó  en  una  decisión  de  la Corte Constitucional: T-397 de 2004, sobre el  interés superior de los niños.   

5 Ver  folio 177, carpeta.   

6 Ver  folio161 y s.s., carpeta, 1.   

7 Ante  los  Delegados  en  Casación,  el  Magistrado  disidente  o  aquél que no haya  participado en el debate ni suscrito el auto inadmisorio.     

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