37957(04-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 404.   

Bogotá,  D.  C., cuatro (4) de diciembre de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Decide  la Sala el recurso extraordinario de  casación   interpuesto  por  el  defensor  de  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO  contra la sentencia del 11 de agosto de  2011  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  revocó  el fallo  absolutorio  adoptado  el  2  de  abril  de 2009 por el Juzgado Octavo Penal del  Circuito  Especializado  de  la  misma  sede  para,  en  su  lugar,  condenar al  procesado  a  la  pena  principal  de  324  meses  de  prisión,  así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  término  de  20  años,  como  determinador  del  delito de  homicidio agravado.   

HECHOS  

          El   6   de   octubre   de  2003,  cuando  el  abogado  Alfredo  Enrique Flórez Ramírez, quien se  desempeñaba  como  asesor  jurídico  en  la  Alcaldía  de  Cúcuta durante la  administración   del  doctor  Manuel  Guillermo  Mora  Jaramillo,  se dirigía hacia su residencia situada en  el  edificio  La  Fontana, Conjunto Residencial de la Floresta, construido sobre  la  vía que une a la mencionada ciudad con el municipio de Los Patios, Norte de  Santander,  conduciendo el vehículo Hyundai de placas FDP 793, fue interceptado  por  una  motocicleta  ocupada  por dos sujetos, cuyo parrillero disparó contra  Flórez  Ramírez haciéndole  perder  el  control  del automotor al punto de estrellarse por fuera de la vía,  sitio  al  cual  se  acercaron  los  agresores para disparar nuevamente sobre la  humanidad de la víctima.   

          El   homicidio   así   cometido   se   ha   atribuido   a  miembros  pertenecientes  a las AUC con influencia en la zona, quienes, de acuerdo con las  conclusiones   del   fallo  de  segundo  grado,  actuaron  por  instigación  de  RAMIRO   SUÁREZ   CORZO.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Por razón de los hechos antes reseñados,  la  Fiscalía  decretó el 7 de octubre de 2003 la iniciación de investigación  previa.  El  5  de  diciembre siguiente la Unidad Nacional de Derechos Humanos y  Derecho  Internacional Humanitario dispuso la apertura de instrucción penal, en  desarrollo  de  la cual vinculó, entre otros, a RAMIRO  SUÁREZ CORZO.   

          2.  Mediante  resolución del 6 de septiembre de 2007, el instructor  resolvió   la   situación   jurídica   de   SUÁREZ  CORZO,   imponiéndole  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  el  delito  de  homicidio  agravado. Esta decisión  obtuvo  confirmación  de  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de  Bogotá.   

          3.  Clausurada la instrucción en relación con el antes mencionado,  el  22  de  abril de 2008 el Fiscal 28 de la Unidad Nacional de Derechos Humanos  profirió  resolución  de  acusación  en su contra, por el delito de homicidio  agravado.   

          4.  Ejecutoriado  el  pliego  acusatorio,  el trámite de la fase de  juzgamiento  correspondió  inicialmente  al  Juzgado Segundo Penal del Circuito  Especializado  de  Cúcuta. Sin embargo, a solicitud de la Fiscalía, la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia cambió la radicación del  proceso,  por  cuya  virtud  la actuación la prosiguió el Juzgado Octavo de la  misma especialidad con sede en Bogotá.   

5.  Realizadas las audiencias preparatoria y  pública   de   juzgamiento,  el  a  quo  puso  fin a la instancia con la sentencia del 9 de abril de 2009, en  la cual absolvió al procesado de los cargos imputados.   

          6.  Contra  la  sentencia  de primer grado se alzó en apelación la  Fiscalía  Delegada.  Por  esa  vía  el Tribunal Superior de Bogotá revocó la  absolución  y,  en su lugar, condenó a RAMIRO SUÁREZ  CORZO   como  determinador  del  delito  de  homicidio  agravado,  imponiéndole  las  penas  referidas  en  el  acápite  inicial de la  presente providencia.   

7.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia,  el defensor del acusado promovió el recurso extraordinario  de casación, el cual sustentó oportunamente.   

          8.  Mediante  auto  del  20 de febrero de 2012 se admitió el libelo  casacional   respectivo,   ordenándose  remitir  la  actuación  al  Ministerio  Público,  organismo  que  a  través de la Procuradora Tercera Delegada para la  Casación Penal rindió el consiguiente concepto.   

LA  DEMANDA   

          El  actor  formula  tres  cargos  contra  la sentencia del Tribunal,  ambos  al  amparo del cuerpo segundo de la causal primera de casación de la Ley  600   de   2000.   A   continuación   se   resumen   los   fundamentos  de  las  censuras.           

          PRIMER CARGO:   

          Acusa  al  fallador  incurrir  en  errores  de hecho manifestados en  falsa  motivación  derivada  de  la  violación  de reglas de la lógica, de la  ciencia  y de la experiencia. Al respecto, señala que todas las pruebas soporte  de  la  condena  corresponden a testimonios de oídas, en cuanto los declarantes  no     percibieron     directamente    el    momento    de    la    “petición  del  favor”  que, según el  Tribunal,  hizo  el  procesado  para quitarse del camino al hoy occiso, amén de  que  algunos  de  esos  deponentes  son  opositores  políticos  de RAMIRO  SUÁREZ,  cuyas  versiones  fueron  objeto de infirmación o de retractación.   

          Para  sustentar  la  postulación  el actor se refiere a cada uno de  esos  testimonios,  empezando por el rendido por Jhonny  Yey  Herrera,  alias “Jhonny  Bravo”,  respecto  de quien reprocha al ad  quem  por  distorsionarlo al asignarle  credibilidad  a  pesar  de  no  ser  compatible  ni coherente con ninguna de las  disímiles  versiones  de  los  miembros  de  las  AUC. Es así como, añade, la  afirmación  según  la  cual  el  mismo día del homicidio fue contratado alias  “La Churca”, es infirmada  por  alias  “Jerry”, pues  “Andrés”  no pudo estar  en  el  taxi  ni  pudo  entregar  la  pistola  a  éste,  porque  se  encontraba  hospitalizado  en  el  vecino  municipio  de  Villa del  Rosario,   como   así   lo   demuestra  la  historia  clínica.   

          En   su   sentir,   además,   no   es   cierto   que   “Jhonny  Bravo” hubiera manifestado que  la    muerte   de   Flórez   Ramírez   había   sido   determinada   por   RAMIRO  SUÁREZ.   

          Luego  examina  el  testimonio  de Ciprián  Manuel    Palencia    González    o    Carlos  Andrés  Palencia  González, alias  “Andrés”  o “Visaje”    para    cuestionar    al  a  quem  por contravenir, al  someterlo  a  valoración,  el  principio de no contradicción, en cuanto con el  objetivo  de  dar  credibilidad  a  aquellas  versiones en las cuales inculpa al  procesado,  las  alaba  por su capacidad de narrar sus vivencias, pero cuando se  retracta  en  posteriores  intervenciones de esas imputaciones ya lo califica de  testigo   mentiroso,   señalando   que   su   propósito   es   engañar  a  la  justicia.   

          Sobre  el  particular,  estima  vulnerada la regla de la experiencia  según  la  cual “las personas que han dedicado parte  de  su  vida  a  cometer  crímenes dentro de una organización ilegal, como las  AUC,  que  ejercieron poder y dominio de la población donde ellos operaban, que  pretendieron  la  imposición  de sus reglamentos para lograr la consecución de  los  fines trazados por la cúpula, con una estructura jerarquizada, son capaces  de  cometer  las  más  graves  violaciones  a  los derechos humanos y con mayor  razón,  son  indiferentes  ante  el  rechazo  de la sociedad, dados los valores  forjados en esa militancia”.   

          Para   el  impugnante,  el  Tribunal  debió  examinar  las  pruebas  conforme  a  las  reglas  de  la  lógica,  mas  no  pasar  por  encima  de  las  documentales  y de las inspecciones judiciales para dar crédito a las versiones  que incriminan al acusado.   

En  ese  sentido,  destaca cómo el juzgador  estimó   comprobado   que   cuando   SUÁREZ   CORZO  y  “Andrés” estuvieron   en   el  “SER  (sic)1 de la  PICOTA”,   el   primero   aprovechó   “para    influenciar   en   las   retractaciones”   del  segundo,  dejando  a  un lado la minuta del penal en la cual no  aparece  registrada salida alguna de los prenombrados de un pabellón a otro. Al  efecto  considera  quebrantada  la  regla  del sentido común acorde con la cual  “en  una  dependencia  de  máxima  seguridad de una  penitenciaría  importante  como  LA  PICOTA,  los  guardias registran todas las  salidas,  entradas  y/o cambios de pabellón de los internos. De esta suerte, si  la  minuta donde se consignan todas esas actividades no registran una salida, lo  que   corresponde   con   el  derecho  del  procesado  de  resolver  la  duda  a  favor  (sic), debe inferirse  que la entrevista o salida no se produjo”.   

          En  su  criterio,  el  hecho  de  que  hubiesen  estado  en el mismo  establecimiento  carcelario  no  significa  que  se  hayan entrevistado, pues se  encontraban   en  pabellones  diferentes  y,  además,  el  propio  “Andrés”  refirió  que el acusado no  le  habló sino le pidió permiso por intermedio de un guardián. Para el actor,  “el  sentido común indica que si están en el mismo  sitio  y se pueden comunicar, mal haría RAMÍREZ (sic)  en mandarle mensajes con un guardián”.   

          Sostiene  que  el  guardián  Saúl Sedano  desvirtúa  la  existencia  de  la  entrevista  cuando  declaró   que   los   internos   en   máxima   seguridad   o  en  “CER  (sic)  DE  LA  PICOTA”  no  pueden  pasarse de un patio a otro,  testimonio respaldado con la minuta.   

          De          otro          lado,          juzga          “contradictoria”  la  conclusión  del  ad  quem  con  respecto a la  versión  de  “Andrés” en  el  sentido  de  que  las  retractaciones  partieron  de éste por influencia de  SUÁREZ  CORZO,  pues cuando  tal  conversación  ocurrió,  según el testigo, ya el mismo había hablado con  “los  muchachos  y les había dado las instrucciones  de  la  retractación”,  de manera que la influencia  -la  cual,  insiste,  no  existió-   ya  de nada servía. En este aspecto,  reprocha  al  sentenciador  desconocer  la regla de la lógica de acuerdo con la  cual    “no    se    puede   influenciar   lo   ya  influenciado”.   

          De  todas  maneras, estima errado el argumento del Tribunal, pues el  testigo  no  refirió  que  el procesado le pidió, ordenó o exigió cambiar la  verdad    por    la    mentira,    sino    simplemente   que   le   “colaboráramos  con  esa  situación”,  “frase   equívoca   que   puede  dar  para  muchas  interpretaciones   todas   válidas   menos   aquella  que  perjudica  a  RAMIRO  SUÁREZ”.   

          Pone  de  presente,  finalmente, cómo el fallador reconoció que la  historia  de  la muerte del doctor Flórez resultó   en  una  cadena  de  informaciones  en  las  cuales  cada  personaje  le  reportaba  a  su  superior,  como  es  el  caso  de  Jorge  Laverde  Zapata,  alias “El  Iguano”,  cuyas  posibles razones  del    homicidio    que    narró   son   las   que   obtuvo   de   “Andrés”      o      “Visaje”.   

En  ese  sentido,  estima que si el Tribunal  hubiese   desechado   las   versiones   de   los   subalternos  de  Laverde     Zapata,    atendidas    las  inconsistencias  de  sus  relatos, necesariamente habría dado credibilidad a lo  dicho    por   éste   (“El   Iguano”),   quien  expresó  “que  pese  a  las  investigaciones  al  interior  de  la  organización, nunca se pudo aclarar este  crimen,  porque  es muy factible que hubiese sido cometido por GATO para hacerle  un  favor  a ANA MARÍA FLÓREZ SILVA, con quien tenía relaciones sentimentales  o  bien  hubiera obedecido a una orden del doctor JORGE DÍAZ, Director del DAS,  quien  según los autores materiales del homicidio, recibió el arma de manos de  Andrés  en  el  Balcón Paisa, al igual que entregó en ese mismo acto, la suma  de  dos  millones  de  pesos a Andrés ‘para      que      se      los      diera     a     GATO’”.   

         

          A   renglón   seguido  se  ocupa  del  testimonio  de  Yonathan  Sepúlveda,  alias  “Yonathan”      o     “Jonathan”,  respecto de quien señala  que  las retractaciones a las cuales se refiere el Tribunal no pueden atribuirse  al  procesado  como el que las provocó, pues él no tenía gente en las AUC, ni  en  la Fiscalía, ni en el INPEC, ni en el DAS, ni en la Policía Nacional, como  para manipular un proceso de esta envergadura.   

          Cuestiona,  de  otra  parte,  al  ad  quem  por  considerar  compatibles  con  lo  sostenido  por  “Andrés”     las  declaraciones         iniciales         del         testigo         “Yonathan”,  pues  éste hizo mención  en  ellas  a  las  circunstancias de tiempo, modo y lugar en que se perpetró el  homicidio  de Alfredo Flórez,  las  cuales  nada  importan  frente  a  la  investigación  seguida en contra de  RAMIRO  SUÁREZ,  situación  igualmente  aplicable  a  las  referencias hechas por el declarante en relación  con   las   muertes   de   Tirso  Vélez  y Carlos Eduardo Caicedo.   

          Sobre  las  críticas que el sentenciador efectúa a las posteriores  versiones  del  testigo,  es  decir,  aquellas en las cuales se retractó de sus  iniciales  manifestaciones, el demandante predica la violación del principio de  no  contradicción,  en  cuanto  primero les asigna a los videos tomados por los  investigadores  de  la  DIJIN el carácter de prueba de cargo, y respecto de las  indagatorias  y los testimonios dice que emergen como fuente independiente, pese  a  que  posteriormente  cuestiona  al  fallador  de  primer grado por considerar  ilegal  el  video  cuando  en  realidad  se  trataba  de  un simple derrotero de  investigación.   

          Para  el  actor,  el  Tribunal  debió rechazar el video como prueba  testimonial,  aun  cuando  tenerlo en cuenta para analizar las circunstancias en  que  los  declarantes  se  dejaron  filmar,  en  orden  a  confirmar  que fueron  presionados,  cuyos  detalles  no  pudieron  apreciarse en la audiencia pública  porque  el  video  había  sido  adulterado,  conforme lo reconoció el policial  Milton     Hernando    Cuadros    Peña.   

En ese sentido, considera que las reglas del  sentido  común “indican que si el video fue mutilado  para  presentarlo  a  la justicia y que si Jonathan dice haber sido inducido con  un  libreto  para  incriminar  a  RAMIRO  SUÁREZ,  lo  lógico es pensar que lo  mutilado  fue  precisamente  lo  que  demostraría la inducción del sentido del  testimonio  y  por esa vía se debió considerar que la declaración de Jonathan  es  creíble,  cuando habla de que declaró en contra de RAMIRO para salvar a su  familia   y   en   espera   de   los   beneficios   que   le   prometieron   los  policiales”.    

          En  su  criterio,  el  sentenciador  parte  de  simples suposiciones  cuando   desecha   las   manifestaciones  del  testigo  según  las  cuales  los  determinadores  de  la muerte del hoy occiso fueron Ana  María  Flórez Silva y el director del DAS de Cúcuta,  Jorge Díaz, violando además  las  normas  relativas  a  la  apreciación  conjunta  de  las  pruebas  y a los  criterios a aplicar para la valoración de los testimonios.   

          Al   respecto,   reprocha   al   ad  quem  por no analizar el testimonio del abogado Alexi  Rafael  Sandoval  Orozco,  quien se  mantuvo   dentro   del   círculo   de   Ana   María  Flórez,    en  cuanto  dijo haber escuchado, cuando estuvo en el patio No. 6 de  la   Cárcel  de  Bucaramanga,  que  Flórez  Ramírez  era  objetivo militar de las autodefensas porque creó  el  grupo denominado GOES, y refirió además acerca de la relación sentimental  de  Ana  María  Flórez  con  alias    “El   Gato”.   

          También  le  cuestiona  omitir  las transcripciones de las llamadas  telefónicas  obrantes  a  folios 135 y siguientes del cuaderno No. 7, así como  la  declaración  extraprocesal  rendida  por  Alba Luz  Ortega,  quien  dijo  haber  oído de su esposo, alias  “La  charca”, tener miedo  de    cumplir   la   orden   de   matar   a   Alfredo  Flórez,  porque  “estaba  malo  de  un  brazo”  y por cuanto alias “El   Gato”   le  contó  “que  esa  vuelta  era  para  una  señora  de  la  Fiscalía  muy  importante  y  que  era  su  propio  esposo  al  que matarían…”,   señora   que,   según   le   informó  después,  “le colaboraba mucho a la organización”.   

          Para   el   libelista,   la   decisión   del  Tribunal  de  otorgar  credibilidad     a     las     posteriores    afirmaciones    de    “Yonathan”,  en las cuales vuelve a su  relato  inicial  cuando  señaló  al  procesado  de  ser  el  determinador  del  homicidio,  está  fuera  del  contexto  de  la  organización  criminal  de las  autodefensas,  pues,  según  enseña  la  experiencia judicial, los subalternos  siguen  las  órdenes  y  dicen  el  libreto  que les impongan sus jefes. Según  considera,  el  sentido  común  indica  que ningún militante de tan peligrosos  grupos  se  atreve  a  discutir  las  órdenes.  Por eso, concluye, “no  en vano las fechas de las retractaciones y las retractaciones  de  las retractaciones coinciden con las versiones de los diferentes miembros de  las AUC que fueron arrimadas al expediente”.   

          En  su  concepto,  de  una  premisa  falsa  se sigue una conclusión  falsa,  y así pone de presente cómo no es cierta la reunión del procesado con  alias  “El  Iguano” para  planear el crimen, pues éste en su declaración negó tal hecho.   

          Aborda     posteriormente     el    testimonio    de    Yovani   Enrique   Erazo   Buelvas,  alias  “Yerri”   o   “Jerry”   o   el   “Zarco”  o  “Gareca”,  frente  al  cual cuestiona al Tribunal por valorarlo sin tener en  cuenta  las  condiciones  personales del declarante, cuyo error se presentó con  todas  las  personas  que  acusan  al  procesado,  así como por no advertir, al  desestimar  la  retractación  hecha  por  el  deponente al primer señalamiento  dirigido   en  contra  de  RAMIRO  SUÁREZ,  la  contradicción en que incurrió sobre el motivo del cambio de  versión,    pues    inicialmente    asignó    la    orden    a    Andrés   y  en  otra  ocasión  a  alias  “El Gato”.   

         

          Para   el   demandante,   además,  las  versiones  de  “Jerry”,  “Andrés”  y “Jhonny  Bravo”  no  se asimilan entre  sí,  amén  de resultar incompatibles con los patrones de comportamiento de las  AUC,  por  cuanto,  conforme  lo  indica  la  experiencia  judicial “cuando  el comandante militar da una orden de matar a determinada  persona,  no  le  explica  a  su  subalterno ni el motivo de la muerte, ni mucho  menos  quién  determinó  el asesinato”, aspecto que  es corroborado por Jorge Iván Laverde.   

          El   actor   reseña  cómo,  según  la  versión  de  “Jerry”,  quien  dio la orden de matar  al   doctor   Flórez   fue  “Andrés”,  pero ninguno  de  los  demás  partícipes  en  el  homicidio  corroboran  las  circunstancias  narradas  por  aquél,  “como no sea” por  la  historia  clínica  correspondiente  al  centro de salud de  Villa    del    Rosario,    en    cuyo   documento   consta   que   Andrés  Palencia  González  no participó  directamente  en  los hechos, pese a lo cual en algunas ocasiones los narra como  propios.  En  ese  sentido,  considera  que  el  prenombrado  le ha mentido a la  justicia,  como  cuando  informó  que  el  homicidio  se cometió por pedido de  SUÁREZ CORZO.   

          En  su  opinión,  “Jerry” incurre  en grandes contradicciones en la declaración rendida el 29  de  mayo  de  2007  cuando señaló al procesado de ser quien ordenó la muerte,  pues  primero  indicó  que  “Andrés” le  entregó  el arma, pero después expresó que al querer ingresar  a  la  organización  éste  lo  relacionó  con  “El  Gato”, quien pese a no haber matado nunca a nadie le  asignó   la   tarea   de   acabar   con   la   vida   del  doctor  Flórez.  A  este  respecto,  reprocha  al  ad   quem   por  creer  esa  versión  contra  todo  sentido  común,  “pues no es  concebible  que un jefe como GATO sea tan ligero de ocupar a un recién conocido  en  semejante  misión  y por si fuera poco le dé todos los datos que se supone  le dio”.   

          Al  censor,  le  parece  mendaz  dicha versión, en tanto los mismos  “Andrés”  y “El  Gato”  manifestaron que quien hizo  los  contactos  con  los  autores materiales del crimen fue el primero; califica  además  de  ilógico  pensar  que  un  candidato  a  la alcaldía de Cúcuta se  montara  en  una camioneta de los paramilitares y se reuniera con ellos en pleno  centro  de  la  ciudad,  y considera falso que les diera órdenes, a pesar de no  pertenecer  a  esa  organización,  conforme lo corrobora el hecho de habérsele  precluido la investigación por concierto para delinquir.   

          Insiste,  finalmente, en referirse a la contradicción relativa a la  persona  que ordenó la retractación, pues “Jerry”  se       la      asignó      a      “Andrés”,   mientras   “Jonathan”      a     “El  gato”,  aun  cuando estima que la  primera   de   esas   versiones   es   desmentida  por  el  propio  “Andrés”,  quien  dijo  que  nunca se  entrevistó  con  SUÁREZ  ni  con “Jerry”.   

          Asumió   inmediatamente   después  el  examen  del  testimonio  de  Jorge  Iván  Laverde Zapata,  alias   “El  Iguano”  o  “La    Iguana”    o  “Pedro   Fronteras”   o  “Raúl”  o  “Sebastián”. Al respecto, reitera que  ese   declarante   sólo   vino   a  enterarse  de  la  muerte  de  Alfredo  Flórez  luego  de  ocurridos los  hechos,  por  cuya  razón insiste en catalogar ilógicas las motivaciones de la  sentencia,  acorde con las cuales dicho deponente confirma la determinación del  crimen   por   parte   de  RAMIRO  SUÁREZ.   

          Estima,  de otra parte, que la declaración rendida por “El  Iguano”  el 26 de febrero de 2008  es    valorada    por   el   ad   quem   contra  toda evidencia probatoria y apartándose de las reglas de la  sana  crítica,  pues  otorga credibilidad a la versión original de los autores  materiales  del  delito,  sin  considerar  la  circunstancia de que “El  Gato”  conocía los reglamentos de  las  AUC y sabía a ciencia cierta que esa organización castigaba con la muerte  a  quienes  por  razones  personales  ejecutaban  acciones a nombre de la misma.   

Sobre   este   particular,   atribuye   al  sentenciador  desconocer  las situaciones que han rodeado el proceso de Justicia  y  Paz,  en cuyo marco se han facilitado los encuentros de los postulados en las  distintas  cárceles para garantizarles a las víctimas sus derechos a la verdad  y  justicia,  en  tanto “los ejecutores de los hechos  conocen  parte  de  la verdad y generalmente los comandantes son los que conocen  las   motivaciones   de  los  crímenes  ordenados”,  conforme    lo   reafirma   el   declarante   Laverde  Zapata,  quien  dijo  haber  conminado  a “Andrés”  para decir la verdad. En su  sentir,  de  ese  testimonio  se  infiere que si éste persiste en la acusación  contra   SUÁREZ  CORZO  es  porque  está  haciendo  un favor o encubriendo a “El  Gato”  o  por dinero o por las amenazas provenientes  de  Juan Carlos Rojas, hermano  de    éste.     

          Por  eso,  es  del criterio que el homicidio del doctor Flórez  Ramírez  no puede ubicarse entre  las  actividades  ilícitas  propias  de las AUC y más parece una planeación y  ejecución  ajena  a  la  cúpula  para  situarse  en el plano personal de alias  “El  Gato”, quien tenía  interés   en   su   realización  no  sólo  por  ser  amante  de  Ana  María Flórez, esposa de la víctima,  sino  por  la recompensa proveniente de los dos seguros de vida constituidos por  el hoy occiso a favor de ella y de su señora madre.   

          En   fin,   considera   que   el  ad  quem  reitera  sus argumentos incoherentes con la verdad (i)  cuando  inicialmente  dice  estar demostrada con los testimonios de “Andrés”,     “Jonathan”     y  “Jerry”,  para  después  admitir   que   lo   relatado   por   Laverde  Zapata  sobre  los  motivos del homicidio tiene como fuente la  información    que    le    suministró   el   primero   de   ellos”,  y  (ii)  cuando  advierte  que  este  último            (“Andrés”)“es   uno   de  los  cerebros  de  las  retractaciones  y  las mentiras descubiertas a lo largo de este proceso, y nunca  se comprometió con la verdad, ni siquiera en Justicia y Paz”.   

          Examinó     ulteriormente    el    testimonio    de    José   Bernardo   Lozada   Artuz,  alias  “Mauro”, cuestionando al  fallador  por  desecharlo  merced  a  afirmar  que  el  comandante  “Camilo”  mandó a llamar al procesado  para  sugerirle  aplicara  bien  el  presupuesto,  lo  cual se contradice con la  versión  de  los  otros  miembros  de  las  AUC, quienes manifestaron que dicho  llamado   fue  para  que  SUÁREZ  CORZO  aclarara  los  rumores  sobre presuntos contactos con las FARC. Para  el  demandante,  esa motivación es deficiente, pues el Tribunal no indica cuál  de   dichos   miembros   hizo  tal  afirmación,  amén  de  tener  “la  connotación  de  violación  del principio de presunción de  inocencia”.   

          En  su  concepto, lo dicho por Lozada Artuz  bien  pudo suceder, pues coincide con lo declarado por  alias  “El Iguano”, quien  incluso  confirmó  la  realización de una reunión en la vereda Banco de Arena  en    cuyo   desarrollo   le   pidieron   a   SUÁREZ  CORZO,   si   ganaba   las  elecciones,  “lo  de tránsito y como tenían conocimiento que iba a montar una  empresa   Metro   Seguridad,   esperaban   que  les  dejara  a  algunos  de  sus  hombres”, frente a lo cual el procesado les replicó  que  “una  vez  estuviera allá miráramos cómo nos  colaboraría”,  reacción  que  no  implicaba  pacto  alguno  con  las  AUC,  tanto así que una vez en el poder se negó a atender al  comandante político de dicha agrupación.   

          Procedió   luego   a   examinar   el   testimonio  de  Jhon  Mario  Salazar  Sánchez, advirtiendo  que  al  declarar en sentido similar a “los farsantes  Jonathan            y           Jerry”,  formula iguales críticas a los  razonamientos del Tribunal en torno a esos otros deponentes.   

          Pasó   en   seguida  a  referirse  al  testimonio  de  José   Gilberto   García  Masson,  alias  “El Visco”. Considera que  el  ad  quem no lo valoró en  su   real   contenido,  pues  al  aludido  nada  le  consta  sobre  los  hechos,  erigiéndose  en  un  testigo de oídas. En su apreciación, añade, el juzgador  omitió  ponderar  la  declaración de María Margarita  Silva  de Uribe, con la cual se caen por completo todas  las  acusaciones dirigidas en contra del aquí acusado, pues ella como Concejal,  conocedora  de  la actividad política y amiga de Pedro  Durán  supo  de  las denuncias que éste presentó en  contra  de  alcaldes,  gobernadores  y  diputados, sin conocer nunca que hubiera  denunciado  a  RAMIRO SUÁREZ,  ni  que  éste  le  formulara  amenaza o le hiciera oferta de dinero o de alguna  prebenda.   

          Reseña  el  actor  cómo  María Margarita  Silva  dijo  no saber acerca de acuerdos o compromisos  de  SUÁREZ  CORZO  con  los  paramilitares.  En  su  criterio,  el  sentido  común  indica  que  una persona  dedicada  en  la  misma región a las actividades políticas, conoce a cabalidad  la conducta de sus adversarios y de los amigos políticos.   

          Se     ocupó    después    del    testimonio    de    Salvatore   Mancuso  para  cuestionar  al  Tribunal   por  no  analizar  que  si  éste  acusó  al  procesado  de  ser  el  determinador  del  homicidio  fue  porque  se  limitó  a transmitir la versión  recibida  de  “El Iguano”,  quien   a   su   vez  la  conoció  de  “El  Gato”  y “Andrés”.   

          Consideró,  finalmente,  que  el  juzgador mantiene la misma línea  sesgada  en  la  valoración  de  las versiones de los adversarios políticos de  RAMIRO  SUÁREZ,  en  cuanto  sólo  lee  lo  que  acusa al procesado. Así, añade, le asignó credibilidad a  Enrique  Maldonado  Vargas,  pese  a  ser  desmentido  radicalmente  por  Enriqueta  Moneta     y     máxime     cuando    Alfredo  Flórez  nunca  se hubiera podido  convertir  en  una  piedra  en  el  zapato  en  las aspiraciones de SUÁREZ  CORZO,  pues ni era político, ni  contaba  con  el  poder  de  incidir  en las urnas, además de que su trabajo no  tenía relación con el de éste y eran amigos.   

          En  concepto  del  censor, el Tribunal ha debido reconocer que en el  proceso  nunca  se  pudo  demostrar  la  supuesta falsificación cometida por el  acusado   de   un   concepto   emitido   por   Alfredo  Flórez,  y  es  así como todo lo contrario se deduce  del  testimonio  del  secretario  general  de  la alcaldía, doctor Jorge   Enrique   Pinzón   Dueñas,  cuya  declaración  encuentra  respaldo  -así  debió  también  reconocerlo-  en las  deponencias   del   jefe   de   la   oficina   jurídica,   doctor  Martín  Eduardo  Herrera  León  y  de la  secretaria  del  despacho  de la alcaldía, quienes manifestaron que entre ellos  nunca  existieron  problemas,  lo que es, igualmente, corroborado por el padre y  el primo de la víctima.   

          En  suma, estima que el error del sentenciador es de sentido común,  pues   “si   los  testigos  de  cargo  han  mentido  sistemáticamente  a  la  justicia  y  no  hay  razón  distinta  de sus propias  versiones  contradictorias  y  de  oídas,  para  decidir cuál de las dos es la  verdadera,  deben ser rechazadas todas, tanto las que perjudican como las que le  favorecen al procesado”.    

          De  esa  forma, solicita casar la sentencia y, en su lugar, absolver  a RAMIRO SUÁREZ CORZO.   

          SEGUNDO CARGO:   

          Reprocha   al   Tribunal   incurrir   en   falso  raciocinio  en  la  construcción  del  móvil  del  homicidio,  en cuanto dio por demostrado que el  abogado  Flórez  Ramírez se  erigió   en  una  piedra  en  el  zapato  en  la  aspiración  de  RAMIRO  SUÁREZ  de  llegar a ser alcalde,  violando   de   esa   manera   reglas   de   la   lógica,   la   ciencia  y  la  experiencia.   

          La  primera  de  las  reglas de esa naturaleza vulneradas, según el  actor,  es  aquella  consistente  en  que un amigo no determina la muerte de sus  amigos.  Al  respecto,  estima  que entre el acusado y el hoy occiso existía un  vínculo  de  amistad, conforme se demuestra con los testimonios de Eduardo     José    Galvis    Ursprumg,  Martín   Soto   Soto   y  Carlos  Arturo Mutis Flórez,  este último primo de Alfredo Flórez.   

          Una  segunda  regla  de  la mencionada estirpe que el censor predica  como  quebrantada  la  hace  estribar  en  el hecho de no estar demostrada en la  actuación   la   falsificación  por  parte  del  procesado  de  los  conceptos  jurídicos  elaborados  por Alfredo Flórez.  En  su  criterio,  acreditan  lo  contrario  los  testimonios  de  Eduardo José Galvis Ursprumg, Martín Eduardo Herrera  León,   Jorge   Enrique   Pinzón   Dueñas,   Enriqueta   Moneta  y  Cecilia  Gutiérrez  López.   

          Por  último,  reprocha  al  juzgador  desconocer  la  regla  de  la  lógica,  acorde  con  la  cual “si una persona tiene  ánimo  vengativo…  es  capaz  de  hacer  afirmaciones  para  perjudicar  a su  contradictor”.  Sobre  el particular, juzga inexacto  sostener  que  el señor Jorge Enrique Maldonado Vargas  no   tenía   ánimo  de  perjudicar  a  RAMIRO   SUÁREZ  cuando  declaró  en  su  contra.  Ese hecho, en su concepto, surge demostrado por la circunstancia de que  aquél  aspiró también a la alcaldía y fue derrotado limpia y abrumadoramente  por  el  procesado, con quien además tenía unas relaciones muy malas, al punto  de  existir  denuncias  mutuas por injuria y calumnia, de todo lo cual se sigue,  añade,  que  (i)  el  referido  declarante  mintió  y  que (ii) se trata de un  testigo    de   oídas.                     

          Lo  primero,  en  sentir  del  demandante, aparece demostrado con la  declaración  de  Enriqueta  Moneta  Uribe,  quien  lo  desmintió.  Sobre  lo segundo, insiste en que todo lo  dicho  por  Maldonado  “no  le  consta,  todo lo que  informa    es    absolutamente    falso    y    es    simple   información   de  oídas”.    

          Considerando,  en  esas  condiciones,  que  en  este  caso no existe  razón  para  concluir  que en el acusado existía móvil para ordenar la muerte  de  su  amigo  y  compañero de trabajo, solicita casar la sentencia para, en su  reemplazo dictar fallo absolutorio.   

          TERCER CARGO:   

          Denuncia  la  presencia  de  errores  de  hecho  derivados de falsos  juicios  de  existencia,  falso  juicios  de identidad y falsos raciocinios, los  cuales    impidieron    al   ad   quem   reconocer  que  la  condena  se  fundamentó  en  pruebas  amañadas  encaminadas  a desviar la atención de la justicia y, por consiguiente, advertir  el  complot  orquestado  en  contra  de  SUÁREZ CORZO  para  inculparlo del homicidio del doctor Flórez   Ramírez,   plan  dirigido  por  miembros  de  las  AUC  y auspiciado por el Director del DAS de Cúcuta y por la  Directora  Regional  de Fiscalías, Ana María Flórez.   

          Falsos juicios de existencia:   

          Según    el   demandante,   el   sentenciador   omitió   apreciar:   

En  primer  lugar,  el  memorial  firmado  y  autenticado  el 5 de agosto de 2004 por el entonces Director del DAS de Cúcuta,  Jorge  Enrique  Díaz, en el  cual  informa  al  Fiscal  General de la Nación acerca de las presiones por él  recibidas  de  dirigentes  políticos  y  de  la Dirección General del DAS para  involucrar  al procesado en muertes y corrupción administrativa en la alcaldía  de  su  antecesor  Manuel  Guillermo  Mora.   

          En   su  criterio,  el  Tribunal  debió  confrontar  el  mencionado  documento  con  las  demás  pruebas,  como  el testimonio de alias “El  Iguano”,  en  cuanto  dio  cuenta  sobre  los  vínculos del DAS y las AUC, y de esa manera aceptar la exculpación  del acusado acerca de la confabulación fraguada en su contra.   

          En  segundo  lugar,  la transcripción de la conversación sostenida  el  5  de septiembre de 2003 entre alias “El Gato”,  alias   “El   Iguano”  y             alias            “Reynaldo”.  En  su sentir, esa prueba  evidencia  que  desde  antes  del  homicidio de Flórez  Ramírez  ya  el  procesado  estaba  en la mira de los  paramilitares   quienes   programaban   “hundirlo”  si no se plegaba a sus exigencias   

          Considera  que  el  ad  quem  debió  confrontar  dicho elemento de prueba, de una parte, también  con  el testimonio de alias “El Iguano”,  quien  reconoció  que  RAMIRO  SUÁREZ  fue  citado  por ellos en dos ocasiones, infiriendo el  libelista  que  no  se  trató  de simples invitaciones sino requerimientos bajo  violencia   y   amenaza,   pues   tal   es   el  modus  operandi de esa clase de criminales; y de la otra, con  sus   propias   argumentaciones   (las   del   Tribunal)  cuando  reconoció  el  comportamiento  del procesado con el paramilitar Elías  Galvis,  a  quien se negó a recibir ya siendo alcalde  de Cúcuta.   

          En  tercer lugar, la declaración de Carlos  Ibarra  Rodríguez,  quien manifestó haber tenido que  intervenir  ante  el  Director  del DAS de Cúcuta para que no extralimitara sus  funciones    contra    RAMIRO    SUÁREZ,  dejando así claro que el doctor Flórez  Ramírez  no  era una piedra en el zapato para aquél.  En  su  opinión,  además,  el  interrogatorio al cual se sometió al deponente  revela  el  interés  malicioso  de la Fiscalía en buscar pruebas en contra del  acusado,  pues  de  manera sugestiva y capciosa le preguntó si sabía acerca de  la     muerte     de     Pedro    Durán,  ejecutada por  las   AUC  para  hacerle  un  favor  a  SUÁREZ  CORZO  porque  “era una piedra en  el      zapato”      para      éste.    

          En  cuarto  lugar,  la  transcripción  de  la  llamada  telefónica  sostenida    entre    Magally   Moreno   y  Alexis Sandoval  el  22  de octubre de 2003, en donde éste último, abogado de los paramilitares  y   gran   amigo  de  Ana  María  Flórez,  le  confía  a  la  primera el comentario que le llegó según el  cual    la   mencionada   Directora   Seccional   de   Fiscalías   “necesitaba  deshacerse  del maridito”,  y   le   dice   además   que   él   también   tuvo  relaciones  sexuales  con  ella.   

          En  quinto  lugar,  el escrito presentado el 21 de marzo de 2007 por  el      abogado      Nelson     Eduardo     Menjure  González, defensor de Carlos  Andrés  Palencia,  en  el  cual  pone  de presente la  visita  efectuada  a  éste  por  funcionarios adscritos a la Unidad de Derechos  Humanos    para    convidarlo    a    declarar   en   contra   de   SUÁREZ  CORZO.  Aun  cuando reconoce que,  según  dicho  profesional,  la  decisión de testificar en ese sentido la tomó  Palencia  luego de consultar  con  él,  el  actor  estima  que  esa  declaración  debe ser rechazada por ser  “producto   de  la  persuasión  que  hicieron  los  funcionarios  oficiales,  con la consabida oferta de beneficios y prebendas o la  amenaza    de    la    perdida   (sic)   de    los    beneficios    en    Justicia    y   Paz”.      

          En  sexto  lugar,  la  declaración de Alba  Luz  Ortega,  quien  afirmó  que  su esposo, alias la  “La Churca”, “le  sacó el cuerpo a ese trabajo” (el  homicidio   del  doctor  Flórez  Ramírez)  “porque decía que era muy caliente ya  que  el  GATO  le  había  contado  que  esa  vuelta  era para una señora de la  Fiscalía  muy  importante y que era su propio esposo al que matarían, después  se    supo    que    era    la    directora    de   Fiscalías…”.   

          Por     último,    la    historia    clínica    de    Andrés  Palencia  González,  en  la cual  consta  que  éste estuvo recluido en el Hospital Jorge  Cristo  Sahum  del municipio de Villa del Rosario del 5  de  octubre  de 2003 al 7 de los mismos mes y año, recibiendo atención médica  personalizada  en  las  horas  en  que  se cometía el homicidio de Alfredo   Flórez,  de  donde  se  infiere  lógicamente,  según  el  demandante, que mintió cuando dijo que participó en  todo  el  desarrollo  del  hecho,  así  como  en  lo  referido  a  “la  petición del favor por parte de SUÁREZ CORZO”.  En  su  criterio,  “las  reglas de la  experiencia  indican  que  si una persona quiere decir la verdad sobre el crimen  la  dice  completa,  y que si miente en algún punto, es precisamente porque hay  algún detalle que quiere introducir engañosamente…”.   

          Falsos juicios de identidad:   

          Para  el  censor,  el  ad quem tergiversó:   

          En  primer  lugar,  el  aparte  de  la  declaración de Luis  Alejandro  Castellanos en el cual da  cuenta  acerca  de  la  actitud  de  Ana María Flórez  de  publicar  una carta para dar a conocer la supuesta  falta  de  RAMIRO  SUÁREZ al  falsificar    un    concepto   del   doctor   Flórez  Ramírez.  Según el libelista, si el Tribunal hubiera  apreciado  ese  fragmento  de  dicho testimonio habría encontrado que la citada  dama  no  canalizó la denuncia como era su deber, en su condición de Directora  de  Fiscalías,  sino  que  convirtió la queja en un pasquín que repartió por  toda  la  ciudad,  emprendiendo  una  campaña                 de   desprestigio   contra  SUÁREZ  CORZO.  Y  hubiese  concluido,  añade,  que las acusaciones contra éste son apenas producto de los  rumores y de los infundios pero no de la realidad.   

          En  segundo  lugar, los libros o minutas de guardia del C.E.R. de la  Picota,   en   donde  no  se  registra  ninguna  entrevista  entre  SUÁREZ     CORZO     y    Andrés  Palencia.  En su criterio, cuando  el  Tribunal  argumentó  lo  contrario  para  dar por demostrado que el primero  inspiró  las  retractaciones del segundo dejó de apreciar dichas minutas y con  ello  pasó  por  alto  que  los  prenombrados no estaban en el mismo pabellón.  Considera  que  si  las  hubiera  valorado  habría  aceptado  la  versión  del  guardián  Saúl  Sedano, en  cuanto   afirmó   que   los   internos  no  se  entrevistaron  porque  no  hubo  autorización del director para ese efecto.   

          Para  el  impugnante, el razonamiento del Tribunal según el cual la  experiencia  indica  que  los  internos se “vadean”  de un patio a otro con frecuencia, pasa por encima del  sentido  común  y  de la ley y arrasa el principio de presunción de inocencia.  Contrariamente,  estima  que,  de acuerdo con el sentido común, si el procesado  estaba  en  el  mismo  sitio  con  dos  de  los  autores  materiales  del delito  (“Jonathan”     y  “Jerry”),  lo  lógico  hubiera  sido  su  comunicación con ellos, “en lugar  de  pasarse hasta la celda de alta seguridad sin dejar huella en ningún libro y  violando  todas  las  restricciones, para pedirle a Andrés que hablara con esos  dos  autores  materiales  y  les  pidiera  que le colaboraran con eso (como dijo  Andrés)  o  que  se  retractaran,  como  lo  dedujo el Tribunal”.     

          Y  en  tercer  lugar,  la parte del testimonio de alias “Jerry”  en  la  cual  afirmó  que el  mismo    día    del   homicidio   se   reunió   en   la   curva   “Pele   el   ojo”   con  Jhonny   Yey,  “Churca”,  “Jonathan”,  “Andrés”,  “El  Gato”  y  RAMIRO  SUÁREZ.  En  su  opinión,  la no  apreciación  de  ese  fragmento llevó al fallador a concluir que las versiones  de  “Jerry” y “Andrés”  son coincidentes, cuando no  lo  son  pues,  de  acuerdo  con  este último, la mentada reunión se dio días  antes,  conforme  también  lo  declaró  Enrique Arias  Vivas.   

          Estima  que  de haber confrontado tales versiones hubiese concluido,  conforme   al   sentido   común,   que   “Jerry”  “miente  cuando  habla  de  todo  el  desenvolvimiento  del  hecho  criminoso en un solo día y si miente en  eso, miente en todo lo demás”.   

          Falsos raciocinios:   

          Considera  que  el Tribunal incurrió en esta modalidad del error de  hecho en los siguientes eventos:   

          En     primer     lugar,    cuando    sostuvo    que    “parece  descabellado  que  dos  comandantes  de  las AUC hubiesen  presionado   a   “Jonathan”  para  que  actuara  sucesivamente  en  sentidos  contrarios”.  En  ese caso porque viola “las  reglas de la experiencia”, a cuyo  tenor  “cuando se trata de intereses personales, cada  quien   enfila  sus  comportamientos  en  procura  de  sus  fines”.   

          Lo   anterior,   según  aduce,  por  cuanto  mientras  “El  Iguano”  propendía  porque todos  dijeran  la  verdad  ante Justicia y Paz, “El Gato”  y      su      hermano      alias     “Jorge”    buscaban   favorecer   el  ocultamiento   de   la   verdadera   determinadora   del  homicidio,  es  decir,  Ana  María  Flórez. En ese  sentido,  considera  que en aplicación de la “simple  lógica” alguien como “El  Gato”  no podía reconocer a sus superiores que dicho  acto  delincuencial  obedeció  a  su  interés  de satisfacer el capricho de su  amante  y  de  recibir  la  correspondiente recompensa. De hecho, juzga también  lógico   pensar  que  la  muerte  de  éste  se  produjo  a  raíz  de  que  la  organización descubrió la verdadera razón del homicidio.   

          En  segundo lugar, considera contrario al sentido común, acorde con  el  cual  las  AUC  son  una organización jerarquizada en donde quienes manejan  cuestiones  financieras  no  se  ocupan  de  los  asuntos  militares,  cuando el  ad  quem  dio como cierta la  versión   de   alias   “El  Iguano”  acerca  de que la muerte de Alfredo Flórez  obedeció    a    un    favor    para   RAMIRO  SUÁREZ, pues el aludido se limitó  a   transmitir   a   la   justicia   lo   que  le  reportó  alias  “El  Gato”, quien a su vez lo recibió  de      “Andrés”,  “segundo  financiero” de  esa agrupación.   

          De  otra  parte,  estima  absolutamente  ilógica  la  posición del  juzgador  de  suponer  que los jefes de ese tipo de organizaciones no se enteran  de  las  actividades  de  sus subalternos y dejan librada a su voluntad misiones  tan importantes como el homicidio de un prestante abogado.   

          Piensa,  por  tanto, que el Tribunal debió rechazar la declaración  de  “El Iguano” por ser un  testimonio  de  oídas  que  debió confrontar con su fuente, la declaración de  “Andrés”, máxime cuando  éste  en su última versión puso de presente cómo ante las cartas y presiones  para  que  dijera  la  verdad, “ya no sabe ni qué es  verdad   ni   qué   es   mentira   y   que   algunos   detalles   ya   no   los  recuerda…”.   

          En  tercer  lugar,  predica  el  desconocimiento del principio de la  lógica,  conforme  al  cual  “a presupuestos iguales  consecuencias  iguales”,  cuando  el  fallador  para  desechar  la  versión  de  “Jonathan”  afirma: “Más iluso es pretender que la  judicatura  crea  que  “Andrés” al dar la orden de matar al abogado Flórez  Ramírez,  se limitó a nombrar a Ana María Flórez, sin ton ni son, sin motivo  razonable”.   

         

          En  opinión  del  libelista,  si  el  testigo menciona unas veces a  RAMIRO   SUÁREZ  “sin  ton  ni  son”  y  otras veces intenta convencer a la justicia que es inocente, el  Tribunal  debió llegar a la conclusión de que ante dos opciones, una favorable  y  otra  perjudicial,  la  ajustada  a  la  realidad, acorde con el principio de  presunción  de  inocencia, es la primera de esas alternativas y así asumir que  el  testigo dice la verdad cuando señala como posible interesada en el crimen a  Ana María Flórez.   

          En  cuarto  lugar,  considera  conforme  a la lógica inferir que la  Fiscalía,    al    interrogar    a    Jhonny    Yey  Herrera,   pretendía   de  él  indicara  saber  que  RAMIRO   SUÁREZ   estaba  implicado  en el homicidio; ello por cuanto le preguntó sobre la participación  de  éste  en  ese  hecho,  no  sin  antes advertirle que ya la Fiscalía tenía  conocimiento  de  su  intervención  en  el mismo. Al respecto, pone de presente  cómo  Ana  María  Flórez,  como  Directora  Seccional  de  Fiscalías,  era  quien  supervigilaba todas las  investigaciones  y  lo  hacía  para  inducirlas  y  orientarlas  a favor de los  paramilitares.   

          Juzga,  de  otra  parte,  errado  el  razonamiento  del ad  quem  cuando sostiene, para predicar la  vinculación   del   procesado   con   el   homicidio,   que   si   Jhonny   Yey   hubiera   mentido   en  su  declaración  no  habría  sido castigado con el asesinato de su progenitora. En  su  sentir, “(l)as  reglas  de la experiencia indican que si un delincuente delata a  otro,  aquel puede resultar herido o muerto o maltratado su familia (sic)  por acción del denunciado, pero no  hay  ninguna regla de la experiencia que diga que alguien estaría interesado en  matar  a  un  testigo que no lo menciona, que no lo vincula, que no lo perjudica  en nada”.   

          En  ese  sentido, estima contraria a la teoría del indicio vincular  al  acusado  con  el  homicidio  de  Flórez  Ramírez  con  base  en  un  hecho que no tiene relación con lo  probado  (la  muerte  de la mencionada señora). Ello, en su concepto, quebranta  el  sentido  común,  “porque no siempre que resulte  muerto  el  familiar de un testigo el responsable de esa muerte es un tercero de  quien ese testigo ni tiene noticia, ni se ha quejado”.   

          En  quinto  lugar,  cuestiona  la reflexión del juzgador, según la  cual  “Jonathan”  mintió  por  asignar  la  responsabilidad  del  crimen  a Jorge  Díaz    y   Ana   María  Flórez,  pese  a  que éstos no pueden defenderse, el  primero  por  estar  muerto  y la segunda por huir de la justicia. En su sentir,  “el  sentido  común  indica que si el testigo o los  testigos  acusan  a un muerto y a una fugitiva de la justicia, no necesariamente  están mintiendo y más bien pueden estar diciendo la verdad”.   

          Considera  también  contrario  al  sentido común los razonamientos  del  Tribunal  cuando,  de una parte, cataloga como absurda la manifestación de  alias   “El   Iguano”,  conforme  a  la  cual  Ana María Flórez pagó   a   “El   Gato”  200   millones   de   pesos,  pues  si  eran  amantes,  “no  le cobraría a su amada esa suma”;  y   de   otra,   señala   que  el  beneficio  por  la  muerte  de  Flórez    Ramírez    era   sólo   para  Ana  María  Flórez  y  su  amante,  mas  no  para  las AUC, luego no tenía por qué pagarle a “El  Gato”. Según el actor, en cuanto  a  lo  primero,  se trataba de dos personas poderosas, carentes de escrúpulos y  sin  frenos  inhibitorios de ninguna clase. Y sobre lo segundo, el beneficio era  también  económico,  derivado  de  las  dos  pólizas  de  seguro  de vida por  cuantía   total   de  590  millones  de  pesos,  justificándose  invertir  200  millones.   

          Al  respecto,  reprocha  al sentenciador no considerar que, conforme  al  sentido  común  y  la lógica, dentro de un grupo de la entidad de las AUC,  cualquier  acción como la aquí cometida requiere gastos de distinta naturaleza  que  deben  ser  asumidos por alguien, y si el interesado no es la organización  sino  dos  de  sus  integrantes  a  título  privado  o  personal,  “el cobro de esa suma es irrisorio pero necesario”.   

          Finalmente,  estima  contrario  al  sentido común y al conocimiento  público  desconocer  la  existencia de las “Águilas  negras”,    como    lo    declaró    “El  Iguano”,  afirmación con base en  la    cual    el    Tribunal    rechazó    la    versión    de    “Andrés”,   en   donde   dijo   que  testificó  en  contra  de  RAMIRO SUÁREZ por  presión de “El Gato” y          su          hermano,          alias          “Jorge”.   Ello,   según  el  actor,  máxime     cuando    el    propio    alias    “El  Iguano”  reconoció  que  dichos  personajes  no  se  desmovilizaron junto con el bloque Catatumbo.   

          En  su  criterio, además, el sentido común indica que “si  una  persona está indefensa frente a la amenaza de semejante  organización,  lo  natural  es  que  acepte  órdenes  y  cumpla todo cuanto le  piden”,  como  lo  aseguró  el  testigo.  Sobre  el  particular,  insiste  en  que,  de acuerdo con las reglas de la experiencia, los  jefes  son  quienes  imponen  el  comportamiento  de  los  subalternos,  y estos  últimos  se  limitan  a  obedecer,  “no  importa lo  veleidoso  de  la  orden  porque la vida del militante en desobediencia está en  juego”.   

          Para  el  censor, en fin, el juzgador debió reconocer que la muerte  del  doctor Alfredo Flórez es  un  enigma,  tanto  que  los  paramilitares  debieron reunirse, con ocasión del  proceso  de  Justicia  y Paz, para acordar el sentido de sus declaraciones, pues  las  informaciones  eran  contradictorias.  En esa dirección, invoca el sentido  común  para  predicar,  de  una  parte,  que si los jefes paramilitares estaban  seguros  de  que  sus  subalternos  les dijeron la verdad no había necesidad de  acordar  el  sentido de sus decisiones y, de la otra, que si necesitaban ponerse  de  acuerdo  es  porque  ninguna  de  sus declaraciones puede ser tenida como la  verdad verdadera.   

          Señalando  que  si  el Tribunal no hubiera incurrido en los errores  de  apreciación  que  denuncia,  habría  reconocido  la existencia de una duda  imposible  de  solucionar,  termina  solicitando  casar  la  sentencia  y dictar  absolución.   

SUJETO PROCESAL NO RECURRENTE:  

         

          El  Fiscal  28  Especializado,  adscrito  a  la  Unidad  Nacional de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario,  en calidad de sujeto  procesal  no  recurrente, presentó extenso escrito en el cual, básicamente, se  limitó  a  repetir los argumentos expuesto por la propia Fiscalía al sustentar  la  apelación  interpuesta  contra  el  fallo  de  primera  instancia,  en cuyo  memorial  el  ente  acusador efectuó amplia valoración probatoria encaminada a  demostrar  que  el  procesado  incurrió,  a  título  de  determinador,  en  el  homicidio  cometido  en  la  persona de Alfredo Enrique  Flórez  Ramírez.               

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO:   

          PRIMER CARGO:   

          Se  muestra  en desacuerdo con la afirmación de la defensa conforme  a  la  cual  el  único  soporte  de  la condena lo constituyó el testimonio de  Carlos    Andrés   Palencia   González,  pues  la  misma  se sustentó en las declaraciones de los autores  materiales  del homicidio y en la de sus superiores, quienes fueron contestes en  declarar  que  la  acción  debía  ejecutarse  como  un  favor  a  RAMIRO SUÁREZ.   

          Discrepa  también  de  la  argumentación  del impugnante en cuanto  atribuye  al  Tribunal  motivar falsamente a Jhonny Yey  Herrera   Echeverri  haber  señalado  a  SUÁREZ   CORZO   como  determinador  del  crimen.  En  sentir  del  Ministerio Público, en la sentencia nunca se hizo tal  afirmación,  sino solamente que el testimonio del aludido concordaba con los de  Yovani  Enrique  Buelvas  y  Carlos   Andrés   Palencia   González  en  cuanto  al desarrollo de los momentos previos a la comisión del  homicidio,  a  partir  de  lo  cual  concluyó  que la imputación hecha por los  autores   materiales   y   por   Palencia   González  tenía  fundamento  para  deducir  responsabilidad  al  acusado.   

          Considera,  de  otra  parte,  que  el  cuestionamiento  del actor al  testimonio   de   alias   “Andrés”  atinente  a  la  imposibilidad  de  éste  para  entrevistarse en la  cárcel  La  Picota  con el aquí procesado, parte de un supuesto desconocido en  el  proceso,  cual  es  si  el  penal  cuenta  con  sitios  comunes a los cuales  concurren  los  internos  sin quedar registrados en ningún documento, cuestión  que no se desvirtúa con la sola declaración de un guardián.   

          No  evidencia  la  Delegada  la  vulneración  de  las  reglas de la  lógica   cuando   el   Tribunal   examinó   las   diversas  y  contradictorias  declaraciones  del mismo Palencia González,  pues  lo  hizo  reconociendo  la  forma  como  operan  los grupos  organizados  en  pirámides  de  poder,  en donde cualquier error se paga con la  propia  vida  o  la  de  sus  familiares, y es así como advirtió que solamente  cuando   fallece   alias   “El  Gato” fue que el testigo narró con detalle lo ocurrido.   

          Tanto  en  la  aseveración  del  actor referente a la existencia de  otros  motivos  para segar la vida del profesional, como en los cuestionamientos  que  dirige  contra  el  análisis  de  la declaración rendida por Yonathan  Sepúlveda,  el representante de  la  sociedad  evidencia  la  postulación  de  apreciaciones  personales  que la  defensa    enfrenta   a   la   valoración   del   ad  quem.   

Igual  situación,  dice,  ocurre  con  la  pretensión  del  censor  de  dar por demostrado, a partir de los testimonios de  Alexi    Rafael    Sandoval    Orozco   y  Magally Moreno,  que   el   homicidio   lo   ordenó   Jorge   Enrique  Díaz,  ex  director  del  DAS  de  Cúcuta, así como  cuando   pide   no  otorgar  credibilidad  a  la  declaración  de  Yovani  Enrique  Erazo  Buelvas y en cambio  sí   al   rendido   por  “El  Iguano”,  del  cual se infiere que el homicidio no partió de la cúpula de  las    AUC    sino   de   “El   Gato”,  quien tenía interés en desaparecer del escenario al profesional  Alfredo  Enrique  Flórez  en  tanto era el amante de su esposa.   

Lo  mismo,  añade,  sucede con el análisis  efectuado  en  relación con las declaraciones de José  Bernardo  Lozada  Artuz,  John  Mario  Salazar,  José  Gilberto  García Masson  y       Salvatore  Mancuso.   

En  suma,  para  el  Ministerio Público, el  defensor  no hace sino oponer su apreciación probatoria a la del Tribunal, ante  lo cual estima que el cargo no está llamado a prosperar.   

          SEGUNDO CARGO:   

          Tampoco lo evidencia con vocación de prosperidad.   

          Así,  sobre la primera regla de la lógica que el recurrente estima  vulnerada,  la Delegada echa de menos la demostración del presupuesto necesario  para  su  aplicación,  esto  es,  la  estrecha  amistad entre el procesado y la  víctima.  Considera,  además,  que  la  premisa  según la cual una persona no  manda  matar  a  sus amigos, no tiene carácter absoluto, pues en no pocos casos  quienes   inicialmente   son   amigos   terminan   urdiendo   la  muerte  de  su  allegado.   

          De  otra  parte,  es  del  criterio  que el enunciado aducido por el  censor  no  corresponde  a  un  principio lógico, sino más bien responde a una  máxima   empírica   que,   de  todas  maneras,  no  fue  corroborada  en  este  caso.   

          En   torno   a  la  segunda  regla,  el  Ministerio  Público  juzga  inadmisible  discutir  en  sede de casación el mérito suasorio otorgado por el  Tribunal  al  testimonio  de  Jorge  Enrique Maldonado  Vargas,  a menos que se acredite la vulneración de los  principios  de  la sana crítica, lo cual no ocurrió. Por lo demás, añade, la  molestia  del  doctor  Flórez  Ramírez  cuando  descubrió la alteración de unos conceptos suyos los halló  el   juzgador   demostrados  no  sólo  con  esa  declaración  sino  con  otras  pruebas.   

          De  todas  formas,  estima  que  de  prosperar  el  ataque  sólo se  pondría  en  duda el móvil del homicidio, el cual no es elemento indispensable  para    la   configuración   del   delito,   conforme   lo   tiene   dicho   la  jurisprudencia.   

          Finalmente,  la  representante de la sociedad encuentra que el actor  edifica  la  tercera  regla  de  la  lógica  a  partir de anteponer su personal  valoración  de la prueba, pues el ad quem en  momento  alguno  desconoce  la mala relación existente entre el  acusado  y  el  testigo  Maldonado  Vargas,   pese   a   lo   cual  desechó  su  ánimo  vindicativo  y,  por  consiguiente,  su  intención  de  faltar  a  la verdad. Adicionalmente, destaca  cómo  la  referida  declaración  no  se  erigió en el único fundamento de la  condena.   

          TERCER CARGO:   

          Al  igual  que  los anteriores, tampoco lo encuentra exitoso. Es del  criterio  que  en  la  sentencia  no  se  omitió,  ni  se tergiversó ni se mal  interpretó  la  prueba.  Simplemente,  añade,  se  le  otorgó una valoración  diferente a la prohijada por la defensa.   

          Para  la  Delegada,  el  análisis  conjunto  de las pruebas permite  arribar  a  conclusión  diversa  a  la  del  actor.  Es  así  como,  dice, las  retractaciones  de  los  testigos  desvirtúan el supuesto complot urdido contra  SUÁREZ   CORZO.   En  ese  sentido,   estima   acertada   la   decisión   del   Tribunal  de  tomar  tales  retractaciones  como  una  estrategia  para  generar artificialmente dudas en el  proceso.   En   su   concepto,   ante   declaraciones   contradictorias  asignar  credibilidad  a  una  versión y rechazar otra no implica violar el principio de  presunción  de  inocencia  sino  valorar  las pruebas bajo los principios de la  sana crítica.   

          Por   último,   considera   que   un   análisis   objetivo  de  la  trascripción  de  la  conversación  sostenida el 5 de septiembre de 2003 entre  alias  “El  Gato” y alias  “El  Iguano”,  lejos  de  evidenciar  intención  de  las  AUC  por  desacreditar  al  procesado,  pone de  presente  la  relación  de  éste  con dicha organización ilegal, “las  promesas  de  campaña hechas, de donde claramente se deduce  su  posibilidad  de  urdir  planes  como  el  homicidio  por  el  que  aquí  se  procesa”.   

          Solicita, por tanto, no casar la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          En  el  orden propuesto en la demanda se pronunciará la Sala acerca  de los cargos formulados por el impugnante.   

          PRIMER CARGO:   

          El  actor atribuye al Tribunal incurrir en error de hecho por violar  las  reglas  de  la  lógica,  de  la  ciencia  y de la experiencia, con lo cual  sugiere  la  presencia  de  falsos  raciocinios  en  la  valoración  probatoria  efectuada en la sentencia.   

          No  obstante,  observa  la  Corte  que  a  lo  largo del reproche el  demandante  se  dedica  a controvertir la labor probatoria del juzgador mediante  la  postulación  de  su  propia  visión  acerca  del  mérito  que arrojan las  pruebas,  confeccionando  en algunos casos hipótesis a las cuales les asigna el  carácter  de  principios  de  la sana crítica, que en realidad no revisten esa  naturaleza  o  se  sustentan  en premisas erradas. Incluso, en ocasiones acude a  reprochar   al  ad  quem  la  incursión  en otro tipo de yerros que, de todas maneras, carecen de fundamento.   

          En  efecto, empieza cuestionando al fallador por soportar la condena  únicamente  con testimonios de oídas, dejando así entrever, porque no lo dice  por  ningún  lado,  la  vulneración  de  principios  de  la  sana crítica que  demandan  la  necesidad  de  corroboración  de  esa  clase de prueba para poder  fundamentar  un  fallo  de la referida estirpe, según así lo ha establecido la  jurisprudencia        de        la       Corte2.   

          Sin  embargo,  tal  censura  no corresponde con la realidad, pues el  Tribunal  derivó  la  responsabilidad  del  procesado  a  partir,  entre  otros  elementos  de  juicio,  de  pruebas  directas como el testimonio de Carlos  Andrés  Palencia  González, alias  “Andrés” o “Visaje”, quien dijo haber presenciado  cuando    RAMIRO    SUÁREZ    CORZO    le   pidió   a   alias   “El   Gato”  dar  muerte al doctor Alfredo  Enrique  Flórez  Ramírez y, es más, le suministró a  él      (a     “Andrés”)    los  detalles  necesarios  para  la  ubicación  de la víctima, los  cuales   incluso   se   los   escribió   en   una   hoja  de  papel3.   

         

          En   relación   con   el   testimonio   rendido   por  Jhonny  Yey  Herrera,  alias  “Jhonny  Bravo”,  reprocha al juzgador  por  distorsionarlo,  con cuyo argumento sugiere la presencia de un falso juicio  de  identidad.  Sin  embargo,  no acredita la forma como ese medio de prueba fue  objeto  de cercenamiento u omisión, conforme le correspondía para demostrar el  mencionado  error  de  hecho, sino que sustenta la aducida tergiversación en la  circunstancia  de  ser ese testimonio incompatible e incoherente con relación a  las  disímiles  versiones  de los miembros de las AUC, con lo cual no hace sino  propender  porque  se  desestime  esa  prueba y se otorgue credibilidad a otras,  pretendiendo  de esa forma se privilegie su apreciación probatoria por sobre la  de  la  judicatura,  postura  inadmisible  en  sede  de casación, dada la doble  presunción   de   acierto   y  legalidad  de  que  está  dotada  la  sentencia  impugnada.     

          En  el  mismo  orden  de ideas, cuestiona al Tribunal por atribuirle  erróneamente  al  referido  testigo  la afirmación según la cual la muerte de  Flórez    Ramírez   fue  determinada    por   RAMIRO   SUÁREZ.   De  esa  manera, nuevamente postula un falso juicio de identidad, en  cuanto  insinúa  que el juzgador le hizo agregaciones a la prueba. No obstante,  el  reproche  lo  hace partiendo de una premisa equivocada, pues el ad  quem  en momento alguno procedió de la  mencionada  forma,  sino  que,  como  lo  destaca  la Procuradora Delegada, hizo  énfasis  en  la  concordancia  que  ese  testimonio tenía con los rendidos por  Yovani  Enrique  Buelvas  y  Carlos   Andrés   Palencia   González  en  punto  de  las  circunstancias  bajo  las  cuales se ejecutó el  homicidio,   aspecto   que  le  sirvió  para  otorgar  credibilidad  al  relato  suministrado por éstos.   

          Lo  anterior  es  así,  al  punto  que  el  propio  Tribunal,  para  descartar   la   existencia   de   presiones   dirigidas   contra   Jhonny  Yey,  puso  de presente cómo este  último  “con  la  mayor sinceridad dijo que nada le  constaba  con  relación a un posible vínculo de SUÁREZ CORZO con el homicidio  del       abogado      Flórez      Ramírez”4   

          A   su  turno,  al  testimonio  de  Carlos  Andrés   Palencia   González,   alias  “Andrés”      o      “Visaje”,  el casacionista le reprocha  contravenir  el  principio de no contradicción porque para asignar credibilidad  a  las versiones en las cuales el aludido inculpa al procesado, las alaba por su  capacidad  de  narrar  sus  vivencias,  pero  cuando  se retracta en posteriores  intervenciones  de  esas  imputaciones  ya  lo  califica  de  testigo mentiroso,  señalando que su propósito es engañar a la justicia.   

          Empero,  es  fácil  advertir  que  lo considerado por el actor como  quebranto  del  principio de no contradicción no es más que el ejercicio de la  función  del  juez  de valorar las pruebas conforme a la sana crítica, en cuyo  desarrollo   está  facultado  para  considerar  creíble  algunos  apartes  del  testimonio  de  una  persona y desechar otros o acoger la primera versión de la  misma  y  desestimar  la  rendida  posteriormente  o  viceversa,  ofreciendo las  razones   que   lo   llevan  a  proceder  en  uno  u  otro  sentido.     

          También  le  censura  al Tribunal violar la regla de la experiencia  acorde  con la cual quienes han militado en organizaciones ilegales como las AUC  son  capaces  de  cometer  las  más graves violaciones a los derechos humanos y  además son indiferentes ante el rechazo de la sociedad.   

         Aun  cuando  el libelista no lo precisa, pareciera que el   referido   enunciado  lo            prohíja   para  argumentar  que,  en  esas  condiciones,   los  miembros  de  agrupaciones  armadas  al  margen  de  la  ley  de   tal   envergadura   carecen   de   disposición  para  declarar la verdad en los procesos judiciales.  Así  vista,  es claro que dicha hipótesis no reviste  el   carácter   de   regla   de   la  experiencia,  entendida  como  todas  aquellas “generalizaciones que  se  hacen  a partir del cumplimiento establece e histórico de ciertas conductas  similares”5,   de   modo   que   para  que  ofrezca  fiabilidad  una  premisa elaborada a partir de un dato o regla de la experiencia  ha  de  ser  expuesta,  a modo de operador lógico, así: siempre o casi siempre  que   se  da  A,  entonces  sucede B6.   

   

          No  existe  la  más mínima comprobación de que todos o casi todos  los  miembros de las citadas organizaciones mienten cuando acuden a la justicia.  De  hecho,  el  proceso  de  Justicia  y  Paz está estructurado sobre una regla  contraria,  y  si  bien  hay  quienes  en  el  marco  de  la  referida  justicia  transicional  han  dicho  mentiras,  al  punto  de haber sido excluidos de dicho  trámite  por esa razón, existe referencia de otros muchos que han procedido de  diversa   manera,  tanto  que  con  fundamento  en  sus  testimonios  se  vienen  edificando    condenas    contra    quienes    colaboraron   con   su   accionar  delictivo.   

          El  censor cuestiona al sentenciador, igualmente, por no valorar las  pruebas  conforme a las reglas de la lógica. En concreto se queja porque juzgó  comprobado   que  cuando  SUÁREZ  CORZO  y  Carlos  Andrés  Palencia  estuvieron  recluidos en el C.E.R. de la Picota, el primero influyó  sobre  el  segundo  para que se retractara del señalamiento hecho en su contra,  desechando  las  minutas del establecimiento penitenciario en donde no consta la  realización  de  una  tal  entrevista. Sin embargo, no indica qué postulado de  esa   naturaleza  quebrantó  el  ad  quem.  En  vez  de  ello, lo acusa de violar la regla del sentido común  acorde  con la cual cuando documentos como el reseñado no registran entrevistas  o  salidas  de  un  pabellón  a  otro  en  una  dependencia  carcelaria de alta  seguridad es porque ni unas y ni las otras existieron.   

          Tampoco  esa hipótesis presupone la existencia de un comportamiento  generalizado,  pues  la experiencia ha evidenciado, contrariamente, el frecuente  incumplimiento  de  normas carcelarias como la sugerida por el actor, sobre todo  cuando  hay  dinero  de  por medio. De hecho, el Tribunal puso de presente cómo  Palencia  González refirió,  en  una de sus declaraciones, que en alguna ocasión apareció frente a su celda  RAMIRO    SUÁREZ    para  solicitarle   que   “le   colaboráramos   con  esa  situación”7.  Dicha corporación otorgó credibilidad al testigo, decisión que  controvierte  el  casacionista pretendiendo se desestime para dar por acreditado  lo  contrario  a  través  de  la  minuta del penal, como si esa fuese la única  prueba  demostrativa  de  la entrevista, prohijando la existencia de una especie  de  tarifa  legal  donde  no  la  hay,  con detrimento del principio de libertad  probatoria que rige en materia penal.   

          El  actor  también  pone  en  duda  la  existencia de la entrevista  porque,  según  el  propio  “Andrés”,  el acusado no  le  habló  sino  que  le pidió permiso por intermedio de un guardián, ante lo  cual  señala  que  “el sentido común indica que si  están   en   el  mismo  sitio  y  se  pueden  comunicar,  mal  haría  RAMÍREZ  (sic)  en  mandarle mensajes  con un guardián”.   

          Como  fácilmente  se  advierte,  la  situación  planteada  por  el  libelista  no  constituye una regla de la experiencia sino su particular enfoque  sobre  lo  ocurrido,  pues  nada  extraño  resulta que antes de visitarse a una  persona  se  le pida su autorización para ese efecto. Y esa realidad fue la que  declaró    Carlos    Andrés   Palencia,  según  así  lo  destacó  el Tribunal, en cuanto manifestó que  RAMIRO  SUÁREZ “primero me mandó una razón con un  guardián     que    si    podíamos    hablar”8.    

          Constituye,  igualmente,  una  postura  personal  la  argumentación  según  la  cual el guardián Saúl Sedano desvirtúa  la  existencia  de  la entrevista, pues con ello no hace  sino  oponerse,  sin  demostrar  la  existencia de yerro casacional alguno, a la  conclusión  del  fallador de segundo grado, en cuanto desestimó la afirmación  del  mencionado  declarante  cuando  dijo  que los internos recluidos en máxima  seguridad no podían pasar de un patio a otro.   

          Ahora  bien, el cuestionamiento orientado a evidenciar la violación  del  principio  de  la  lógica según el cual “no se  puede  influenciar  lo  ya influenciado”, parte de un  presupuesto  equivocado  y es el de atribuir al ad quem  sostener  que  SUÁREZ CORZO  fue   quien   ordenó  o  determinó  a  Andrés   para   obligar  a  “Jerry”       y      “Jonathan”  a retractarse. En realidad,  el   sentenciador   concluyó,   con   fundamento  en  el  testimonio  de  alias  “Visaje”,  que quien dio  la   orden   de   la  retractación  fue  alias  “El  Gato”,  cuyo mandato, cuando lo visitó el procesado  en  su  celda,  ya  había  transmitido  a  “Jerry”  y  “Jonathan”.   Por   eso,   prohijó   las   siguientes   manifestaciones   del  declarante:   

          “…  Jerry  llegó  donde yo estaba y yo le dije que de parte del  señor  GATO  y  que  le  dijera  a  JHONATAN  quien estaba con él que si no se  retractaba  de  lo que dijeron de la indagatoria del señor RAMIRO SUÁREZ sobre  la  participación  mía  y  de  este del homicidio del señor FLÓREZ le iban a  echar   mano   a   la   familia   de   ellos…”9.   

          “…      yo      le     pregunté10  que  cómo  iba  el  canazo  (sic)  y también le dije que  todas  las  cosas  iban  a salir bien, porque ya se había hablado con los otros  muchachos  que  eran  YERRY  JHONATAN (sic)…”11.   

          La  argumentación  del  demandante  según  la  cual  la  petición  efectuada  por  el  acusado a “Andrés”,      en      el     sentido     de     que     le     “colaboráramos  con  esa  situación”,  es  constitutiva  de  una  frase  equívoca, no pasa de ser, de igual manera, su  postura  personal sobre el alcance de las pruebas que pretende hacer valer sobre  la  del  Tribunal, a cuyo tenor la orden de alias “El  Gato”  y  la  visita  del  procesado  a Carlos   Andrés   Palencia   durante  su  reclusión  en  la  Picota  para  realizarle la mencionada solicitud indican que  “(l)as  retractaciones de “Jerry” y “Jonathan” fueron, entonces,  una   componenda   para   tratar  de  sacar  en  limpio  el  nombre  de  SUÁREZ  CORZO”12.   

         

          En  lo  referente al testimonio de Yonathan  Sepúlveda,         alias         “Yonathan”      o     “Jonathan”, el casacionista nuevamente  pretende  hacer  valer  su  criterio  particular cuando predica que el procesado  carecía de capacidad para provocar las retractaciones.   

          Igual   debe   catalogarse   el   argumento   según   el   cual  la  compatibilidad   entre   las   versiones   de  Andrés  y “Yonathan” resultan  intrascendentes,  pues lo cierto es que la coincidencia de  los  detalles  relatados  por los dos acerca de las circunstancias en las cuales  se   ejecutó   el  homicidio  e,  incluso,  en  cuanto  dijeron  que  ese  acto  delincuencial  se  llevó  a  cabo  para  hacerle  un  favor al aquí procesado,  sirvió  de  elemento de juicio al ad quem en orden a sustentar la responsabilidad de éste.   

          Atribuye  al  Tribunal,  de  otra parte, vulnerar el principio de no  contradicción   porque   primero   asignó   a   los  videos  tomados  por  los  investigadores  de la DIJIN el carácter de prueba de cargo, pero posteriormente  cuestionó  al fallador de primer grado por considerar ilegal el video cuando en  realidad se trataba de un simple derrotero de investigación.   

          El  anterior  cuestionamiento  parte,  igualmente,  de  una  premisa  equivocada,   pues   no  es  cierto  que  el  ad  quem  haya  tenido  el video o videos, según el actor, como  prueba  de  cargo.  Por  el contrario, fue claro en señalar que tal elemento no  formaba parte de la actuación. Obsérvese:   

          “El  mencionado video no forma parte del acopio probatorio. No fue  aportado  ni  practicado  como  prueba  para apoyar la acusación contra SUÁREZ  CORZO.  La  existencia  de  ese  documento  fílmico  se  conoció  a través de  testimonios   y  éstos  son  el  medio  analizado  para  verificar  los  hechos  investigados,  sin  que  nada  de  lo registrado en ese medio técnico haya sido  utilizado   por   la   Fiscalía   para   sustentar   su  postura”13.   

          No  escapa  a  la  Sala  que  en  otro  aparte  de  la  sentencia el  ad   quem   expresó   lo  siguiente:   

          “…  El ofrecimiento de colaboración a “Yonathan” se hizo en  el  marco  del  programa de protección a testigos y es completamente legítimo;  y con relación a la toma del video, se dijo también  que  tiene  la  entidad  de  prueba  de  cargo en el presente asunto;  y  que  las  indagatorias  y  los  testimonios  en  pluralidad de  circunstancias     emergen    como    fuente    independiente”    (subraya         la        Corte)14.   

          Claramente  se advierte, en el aparte subrayado, la incursión en un  lapsus  cálami, en cuanto se  omitió   incluir  la  palabra  “no”  precedentemente  a  la  expresión “tiene  la  entidad  de  prueba  de  cargo”. Tal conclusión  deviene  del  propio razonamiento del juzgador al hacer remisión a lo dicho con  anterioridad,  no  otra  cosa que al análisis primeramente reproducido sobre el  tema.  Es  más,  el  propio  sentenciador ratificó su punto de vista cuando en  aparte ulterior disertó de la siguiente manera:   

          “Desafortunadamente,   en  la  sentencia  absolutoria  de  primera  instancia  se  incurrió  en  el  yerro de tomar el mencionado video, como si se  tratara  de  una  prueba para aducirla en contra de RAMIRO SUÁREZ CORZO, cuando  lo  cierto  es  que  nunca  y en ningún momento, ni la policía judicial, ni la  Fiscalía  General  de  la Nación, esgrimieron esa filmación como argumento de  cargo;  pues  no era más que un documento de trabajo de la DIJIN”15.   

          Si,  en  consecuencia,  el  video  no  forma  parte del proceso, las  argumentaciones  del  actor  encaminadas  a  demostrar  con  sustento  en él la  existencia    de   amenazas   ejercidas   contra   los   testigos   “Jerry”       y      “Jonathan”  cuando  en  sus  iniciales  versiones  señalaron  a  SUÁREZ  CORZO  como   el   determinador   del   homicidio,  resultan  absolutamente  inatendibles  por  no  tener  soporte en las pruebas válidamente recaudas en la  actuación.   

          Desde   otra   perspectiva,  el  censor  cuestiona  al  ad  quem  por no analizar el testimonio del  abogado   Alexi  Rafael  Sandoval  Orozco,         ni  las  transcripciones  de  las  llamadas  telefónicas obrantes a  folios  135  y  siguientes  del  cuaderno  No.  7,  como tampoco la declaración  extraprocesal  rendida  por Alba Luz Ortega,  pruebas  de  las  cuales,  según  su criterio, se infiere que la  determinadora  del  homicidio  fue  Ana María Flórez  Silva, mas no el aquí acusado.   

El  anterior ataque, en realidad, refiere la  presencia  de  errores de hecho por falso juicio de existencia por omisión. Sin  embargo,  en  lo  relativo  a la deponencia de Sandoval  Orozco,  el  reproche  carece  de  fundamento, pues el  sentenciador  dedicó  un  capítulo  especial para ocuparse de su declaración,  desestimando  expresamente el señalamiento insinuado por el testigo16.   

          Sea  como fuere, la jurisprudencia de la Corte tiene por sentado que  no  se  incurre  en  falso juicio de existencia cuando a pesar de no mencionarse  expresamente  una  o  varias  pruebas,  el  sentenciador  asume el análisis del  contenido   de   las   mismas,   dándoles   el   mérito  suasorio  que  estima  pertinente17.   

En  ese  sentido,  encuentra la Sala que aun  cuando  el  fallador  no  hizo  mención  expresa  a  las transcripciones y a la  declaración  extraprocesal referidas por el censor, sí abordó el aspecto cuya  no  apreciación  se  aduce  en  la  demanda,  sólo  que  le asignó un alcance  probatorio diverso al pretendido por éste.   

          El  libelista  edifica  la  regla  de la experiencia a cuyo tenor en  organizaciones  tan  peligrosas como las AUC los subalternos siguen las órdenes  y  dicen  el libreto que les impongan sus jefes, para cuestionar al ad  quem  por  otorgar  credibilidad a las  posteriores   afirmaciones   de   Jonathan,  en  las  cuales  vuelve  a su relato inicial en donde señaló al  procesado  de ser el determinador del homicidio. Olvida el actor que la referida  retractación  ocurrió  cuando  ya  se  había  producido  la  muerte  de alias  “El  gato” que fue quien  los  había obligado a retractar de esa inicial imputación, conforme se puso de  presente   en   precedencia.                

         

El  actor pretende, finalmente, demeritar la  integridad           del           testimonio           de          “Jonathan”  en  donde  retornó  a  su  versión  inicial,  por  el  hecho  de  haber referido en esa nueva ocasión que  alias    “El   Iguano”  también  participó  en  la  decisión  de  dar  muerte al abogado Flórez   Ramírez.   Una  vez  más,  el  impugnante  pasa por alto que en el ejercicio valorativo de las declaraciones el  juzgador  está  facultado para acoger la parte de las mismas que juzga creíble  y desechar aquella o aquellas que estima carente de veracidad.   

          En  relación  con  el testimonio de Yovani  Enrique    Erazo    Buelvas,    alias   “Yerri”    o   “Jerry”   o   el   “Zarco”   o  “Gareca”,  el  casacionista  reprocha  al  Tribunal  por  valorarlo sin tener en cuenta las  condiciones  personales  del  declarante  ni la contradicción en que incurrió,  pues  inicialmente  atribuyó  la orden de retractarse del inicial señalamiento  dirigido  en  contra  de  SUÁREZ  CORZO  a  “Andrés” y  en otra ocasión a alias “El Gato”.   

          El  actor,  empero,  no  señala cuál principio de la sana crítica  vulneró  en  esos aspectos el Tribunal y pasa por alto además que “Andrés”  era  el  lugarteniente  de  alias  “El  Gato”, siendo  quien   transmitió  a  los  testigos  la  orden  dispuesta  por  este  último,  tornándose   así   irrelevante   la   incoherencia   a  que  se  alude  en  la  demanda.   

          El  censor  sostiene          que    las    versiones    de    “Jerry”,  “Andrés”  y “Jhonny  Bravo”  no  se asimilan entre  sí,  con  todo  lo  cual  argumenta  que  las  mismas no están acordes con los  patrones  de  comportamiento de las AUC, pues “cuando  el  comandante  militar  da  una  orden  de  matar  a determinada persona, no le  explica  a  su  subalterno  ni  el  motivo  de  la muerte, ni mucho menos quién  determinó el asesinato”.   

          El  impugnante,  empero,  no  indica  en qué aspectos las referidas  versiones  son  incoherentes y, antes bien, a renglón seguido, desconociendo el  principio  lógico  de  no  contradicción,  da por entendido que las mismas son  uniformes  para cuestionarlas por ser incompatibles con los patrones de las AUC,  aspecto  en el cual acude a plantear su propia interpretación de la situación,  sin  indicar  por  qué  no  era  posible que, atendida la forma como operaba el  bloque  paramilitar  con  influencia en Cúcuta, a los encargados de cumplir las  misiones   delincuenciales   no   se   les   enteraba  de  los  motivos  de  las  mismas.   

          Según   el  actor,  si  Andrés  Palencia  le mintió a la justicia cuando dijo haber participado  directamente   en  el  homicidio,  aspecto  desvirtuado  con  el  testimonio  de  “Jerry” y con la historia  clínica  correspondiente  al  centro  de  salud de Villa del Rosario, es porque  también    faltó   a   la   verdad   en   cuanto   señaló   a   SUÁREZ  CORZO  de ser el determinador del  delito.  Con  este  argumento  una  vez  más  olvida  que  en  su  función  de  valoración  probatoria  el juez puede acoger un testimonio o una parte de éste  y   desestimar   otro   o   los   pasajes   del  mismo  que  juzga  carentes  de  credibilidad.   

          Similar  planteamiento cabe frente al reproche que formula contra el  Tribunal      por      creer      en     la     versión     de     “Jerry”   cuando   dijo   que   alias  “El  Gato”  le asignó la  misión   de  matar  al  doctor  Flórez  no  obstante  que  lo había acabado de conocer y era la primera vez  que  realizaría  una  acción de esa naturaleza. El ad  quem  otorgó  credibilidad a lo dicho por el testigo,  no  por  ese  hecho,  sino  porque  su relato, en cuanto admitió ser uno de los  autores  materiales  del  delito  y  señaló  al  procesado  de  determinar  el  homicidio,  coincidió  con los detalles que al respecto ofrecieron Carlos    Andrés    Palencia,    Yonathan    Sepúlveda   y,   de   alguna   forma,   Jhonny  Yey  Herrera.   

          El  libelista,  finalmente,  cataloga de ilógico que un candidato a  la  alcaldía  de  Cúcuta se montara en una camioneta de los paramilitares y se  reuniera  con ellos en pleno centro de la ciudad y considera falso que les diera  órdenes,  pues  al  procesado  se  le precluyó la investigación por concierto  para  delinquir.  Además,  estima  carente  de  credibilidad  el  testimonio de  Jerry   porque  incurre  en  contradicciones  en  cuanto  a la persona que ordenó la muerte e  hizo los  contactos    con   los   autores   materiales   del   crimen   y   dispuso   las  retractaciones.    

          En  tales  cuestionamientos,  sin  embargo,  no precisa el postulado  lógico   o   la   pauta   de   la  experiencia  que  vulneró  el  ad  quem,  limitándose entonces a exponer  nuevamente  su  particular  punto  de  vista  sobre  el  alcance de las pruebas.   

          Las  censuras  dirigidas  contra el alcance otorgado por el Tribunal  al     testimonio    de    Jorge    Iván    Laverde  Zapata,    alias    “El  Iguano”,  por  su  parte,  revisten  igual  connotación.  El impugnante califica  como  ilógicas  las  motivaciones  de  la  sentencia  por  sostener  que  dicho  deponente  confirma  la  determinación  del  crimen  por  parte de RAMIRO   SUÁREZ,   sin   señalar  cuál  postulado  de  esa  estirpe vulneró el juzgador. Y le atribuye apartarse de las  reglas  de  la  sana crítica cuando otorgó credibilidad a la versión original  de   los   autores  materiales  del  delito,  valorando  contra  toda  evidencia  probatoria  la  versión  del mencionado declarante ofrecida el 26 de febrero de  2008, sin indicar el principio de esa naturaleza quebrantado.   

          En  realidad,  el  actor  pretende  que se otorgue credibilidad a la  citada  versión  (la del 26 de febrero de 2008), en cuya oportunidad el testigo  dijo  que  “Andrés”  le  confió,  cuando  estaban en la cárcel, la información según la cual recibió  amenazas  de  “El  Gato”  para    que    declarara   en   contra   de   SUÁREZ  CORZO.          Tal  postulación  es  fruto  de  la  particular  apreciación  del  impugnante que opone al ejercicio valorativo del ad  quem,  con apoyo en el cual desestimó  las  aducidas  presiones y, consecuencialmente, rechazó la tesis sugerida en la  demanda  de  que  quien  determinó  el  homicidio  no fue el aquí acusado sino  Ana         María         Flórez.   

            Nada  diferente acontece con los cuestionamientos que el libelista  formula  con  relación  a  los  testimonios  de  José  Bernardo    Lozada    Artuz,    alias   “Mauro”,     José     Gilberto    García    Masson,   alias   “El  Visco”  y   Enrique  Maldonado  Vargas.  Omite concretar la regla o reglas de la experiencia vulneradas en  su  ponderación,  circunscribiéndose,  una  vez  más,  a  plantear  su propio  enfoque sobre el alcance probatorio de esas declaraciones.   

          En   relación   con  Jhon  Mario  Salazar  Sánchez,  en  cuanto  el  demandante  dice  formular  iguales    críticas   a   las   presentadas   con   respecto   a   “los  farsantes  Jonathan  y Jerry”,  es  evidente que como éstas no  prosperaron   igual   situación   ocurre   con   las   dirigidas  contra  aquel  deponente.   

          Ahora  bien,  el reproche según el cual el sentenciador no analizó  que   si  Salvatore  Mancuso  acusó  al  procesado de ser el determinador del homicidio fue porque se limitó  a   transmitir   la   versión   recibida   de   “El  Iguano”,  quien a su vez la conoció de “El     Gato”     y    “Andrés”,  carece  de fundamento. Ese  hecho  sí lo contempló el Tribunal, como se advierte en el siguiente fragmento  del fallo:   

          “En  versión  del  17  de  mayo  de  2007 (10:35 horas) SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  aclaró  que su conocimiento acerca de lo convenido con RAMIRO  SUÁREZ   CORZO,   era   el   que  le  transmitió  el  comandante  ‘PEDRO       FRONTERAS’,   que   es  el  mismo  ‘IGUANO’”18.   

          El     casacionista    acusa    al    ad  quem  de  omitir valorar el testimonio de María    Margarita   Silva   de   Uribe,  sugiriendo  así la incursión en un falso juicio de existencia. Sin embargo, si  bien  el  sentenciador no se refirió expresamente a esa prueba, sí examinó el  aspecto  al  cual  hizo  alusión  la  declarante,  desestimando  la  pretendida  inexistencia   de   los  vínculos  de  SUÁREZ  CORZO  con  los  paramilitares  que lo llevaron a solicitar a  éstos  dar  muerte  al  doctor Alfredo Enrique Flórez  Ramírez.   

          Para  el libelista, en suma, el error del sentenciador es de sentido  común,  pues  “si los testigos de cargo han mentido  sistemáticamente  a  la  justicia  y  no  hay  razón  distinta  de sus propias  versiones  contradictorias  y  de  oídas,  para  decidir cuál de las dos es la  verdadera,  deben ser rechazadas todas, tanto las que perjudican como las que le  favorecen al procesado”.   

          La  regla así esbozada es, definitivamente, inatendible. Como ya se  dijo,  ante la presencia de varias versiones de uno o más testigos, la función  del  juzgador  no  es  la  de rechazar todas, como si se tratara de un ejercicio  matemático,  sino  efectuar  la  valoración  individual  y  en conjunto de las  pruebas  para  determinar  en  cuál  se  dice  la  verdad y en cuál no. Por lo  demás,   conforme   quedó   también   visto,   la  condena  no  se  sustentó  exclusivamente con testimonios de oídas.   

          No prospera la censura.   

          SEGUNDO CARGO:   

          El  casacionista  acusa  al  Tribunal  de  violar  las  reglas de la  lógica,  la ciencia y la experiencia cuando construyó el móvil del homicidio.  Como  tales  refiere: (i) un amigo no determina la muerte de sus amigos; (ii) en  la  actuación  no está demostrada la falsificación por parte del procesado de  los   conceptos   jurídicos  elaborados  por  Alfredo  Flórez;  y  (iii)  “si una  persona   tiene   ánimo  vengativo…  es  capaz  de  hacer  afirmaciones  para  perjudicar   a   su   contradictor”.   Esa  última  hipótesis, en su criterio, constituye una regla de la lógica.   

          Son  evidentes  las impropiedades del actor cuando, de una parte, de  manera  genérica  aduce el quebranto de las reglas de la lógica, de la ciencia  y  de la experiencia, sin distinguir exactamente cuál de ellas se adecúa en el  caso  de los dos primeros enunciados a que hace referencia, pasando por alto que  se  trata  de  categorías diversas. Y de la otra, cuando califica la última de  ellas  como  postulado  de  la  lógica  a  pesar  de corresponder más bien, en  términos formales, a una regla de la experiencia.   

          Sea  como  fuere,  resulta  también  incuestionable  que  el censor  edifica  los  aducidos  principios  de  la sana crítica a partir del particular  mérito  que le asigna a las pruebas, el cual opone al postulado por el juzgador  en  la  sentencia.  Así  es,  porque  sobre  la  base  de  estimar que entre el  procesado  y el hoy occiso existía una amistad, aduce que un amigo no determina  la  muerte  de  sus  amigos. De la misma manera, bajo el supuesto según el cual  Jorge    Enrique   Maldonado   Vargas   tenía   ánimo  de  perjudicar  a  RAMIRO  SUÁREZ  cuando declaró en su contra, predica la regla  de  que  “si una persona tiene ánimo vengativo… es  capaz  de  hacer  afirmaciones  para perjudicar a su contradictor”.   

          Sin  embargo,  pasa por alto que el ad quem  descartó  la existencia de la predicada amistad entre  SUÁREZ  CORZO  y el abogado  Flórez  Ramírez, así como  el   ánimo   vindicativo   del   testigo   Maldonado  Vargas.  En  efecto, sobre lo primero, el sentenciador  expresó:   

          “Se  ha  descrito  a  Alfredo  Enrique  Flórez Ramírez, como una  persona   culta,  con  especiales  dotes  intelectuales,  e  inclinado  por  las  humanidades.  De  ahí  que  el  trato  amable y cortés que él prodigaba a sus  semejantes,  entre ellos a SUÁREZ CORZO, no puede confundirse sin más como una  amistad.   

          La  amistad  es  un  valor  distinto, más complejo, integrador y de  alguna  manera  cercano  a  la  intimidad,  que en el  presente     asunto     lejos     quedó     de    ser    demostrado”19       (subraya       la  Sala).   

          Y    sobre    el    supuesto    ánimo   vindicativo,   razonó   el  Tribunal:   

          “Aunque  el  señor  Maldonado  Vargas  refiere que se enfrentó a  RAMIRO   SUÁREZ  CORZO,  llegando  inclusive  a  instaurarse  mutuas  denuncias  penales,  por  injuria  y  calumnia,  no se observa en  este  testigo  ánimo  vindicativo,  máxime  que  las  primeras  versiones  las  ofreció  en  octubre  de 2003, ante investigadores de  policía    judicial,    que    ya    estaban    tratando   de   esclarecer   el  homicidio”20  (subraya  también  la Sala).   

         

En el caso de la segunda hipótesis referida  por  el  libelista,  el  propósito  de  hacer prevalecer su particular punto de  vista  es  todavía  más evidente, pues lo único que sostiene, controvirtiendo  la  conclusión  al  respecto  postulada  por  el  fallador,  es  que  no  está  demostrada   la   falsificación  por  parte  del  procesado  de  los  conceptos  jurídicos  elaborados  por Alfredo Flórez.   

En  consecuencia,  como  el  actor, lejos de  demostrar  la  vulneración  de  principios  de  la  sana  crítica, se limita a  censurar  la  apreciación probatoria con fundamento en su criterio personal, el  cargo tampoco está llamado a prosperar.   

Por  lo demás, como lo pusieron de presente  el  Tribunal  y  la Delegada del Ministerio Público, el móvil del homicidio no  constituye  un  elemento  de la tipicidad de esa conducta punible, de manera que  así   el   mismo   no   aparezca   demostrado,   ello  no  impide  predicar  la  estructuración  del  delito  y, por consiguiente, proferir sentencia de condena  si  hay  lugar  a  ello.  Así  lo  tiene  señalado esta Corporación de manera  pacífica:   

“El libelista insiste en que en el proceso  no  se  demostró  el  móvil  y  da a entender que por tal motivo no era viable  proferir  fallo  condenatorio,  enfoque que deviene desatinado porque el tipo de  homicidio  no  exige  para  su configuración el móvil y, si bien tiene sentido  para  la determinación de la culpabilidad, no es de su esencia debido a que las  motivaciones  tienen importancia en cuanto demuestren el ingrediente subjetivo o  constituyan  una  circunstancia  de  agravación  punitiva,  pero  nada más, de  manera  que  el dolo seguirá siéndolo cuando se tiene conciencia y voluntad de  estar   ocasionando   la  muerte  de  otro,  cualquiera  fuere  el  motivo  para  hacerlo”21.   

TERCER CARGO:  

El  impugnante  atribuye  al sentenciador de  segundo  grado  incurrir  en  falsos  juicios  de  existencia,  falso juicios de  identidad  y  falsos  raciocinios,  los cuales le impidieron advertir el complot  orquestado  en  contra  de  SUÁREZ CORZO para    inculparlo    del    homicidio   del   doctor   Flórez   Ramírez,   plan  dirigido  por  miembros  de  las  AUC  y auspiciado por el Director del DAS de Cúcuta y por la  Directora  Regional de Fiscalías. Se referirá la Sala a tales errores en forma  grupal.   

Falsos juicios de existencia:  

Según  el  actor,  el  Tribunal  dejó  de  apreciar  (i)  el  memorial  firmado y autenticado el 5 de agosto de 2004 por el  entonces  Director  del  DAS  de Cúcuta, Jorge Enrique  Díaz,  (ii)  la  transcripción  de  la conversación  sostenida  el 5 de septiembre de 2003 entre alias “El  Gato”,    alias   “El  Iguano”        y       alias       “Reynaldo”,  (iii)  la declaración de  Carlos     Ibarra     Rodríguez,     (iv)  la  transcripción  de  la llamada telefónica sostenida entre  Magally Moreno y Alexis  Sandoval el 22 de octubre de 2003,  (v)  el  escrito  presentado  el 21 de marzo de 2007 por el abogado Nelson  Eduardo Menjure González, defensor  de    Carlos    Andrés    Palencia,    (vi)   la   declaración   de   Alba  Luz  Ortega,    esposa    de    alias   la   “La   Churca”  y  (vii)  la  historia  clínica  de  Andrés  Palencia  González.   

Sea  del caso, ante todo, señalar que en lo  relativo  a  la  última  de las citadas pruebas el ataque carece de fundamento,  pues  el  ad quem prohijó una  de    las   declaraciones   de   Palencia   González  en cuyo desarrollo éste desmintió el contenido de la  historia  clínica,  en  cuanto  se  quiso demostrar con ella que el prenombrado  estuvo  hospitalizado  durante  los  días  en  que  se  planeó  y  ejecutó el  homicidio. Sobre el particular, el juzgador reseñó lo siguiente:   

“Dijo22que   en   la   época   del  homicidio   de   Flórez   Ramírez   (6   de  octubre  de  2003)  nunca  estuvo  hospitalizado,   como   lo   informó  en  oportunidades  anteriores  y  que  la  organización  le  consiguió  la  historia  clínica  e inclusive la entrada al  hospital,  por  un  supuesto  dengue hemorrágico”23.    

          De   cualquier   forma,   como   se   recordó  en  precedencia,  la  jurisprudencia  de  la Corte tiene por sentado que no se incurre en falso juicio  de  existencia  cuando  a  pesar  de  no  mencionarse  expresamente una o varias  pruebas,  el  sentenciador  asume  el  análisis  del  contenido  de las mismas,  dándoles  el mérito suasorio que estima pertinente24.   

Pues   bien,  según  el  demandante,  los  elementos  de  prueba  dejados de apreciar acreditan que la condena proferida en  contra  de SUÁREZ CORZO es el  resultado  de  una  confabulación dirigida a responsabilizarlo de un delito que  no  cometió. Sin embargo, esa tesis defensiva fue expresamente desechada por el  sentenciador  cuando  a  partir,  y  fundamentalmente,  del  claro  y  enfático  señalamiento  proveniente  de Carlos Andrés Palencia,  Yonathan  Sepúlveda  y Yovani  Enrique  Erazo  -desde  luego  antes de producirse sus  primeras  retractaciones-,  en  el  sentido  de que el homicidio se cometió por  solicitud   del   aquí   procesado,   razonó   inicialmente  de  la  siguiente  manera:    

“Nada  indica  que  se trate de un complot  destinado  a  causar  daño a RAMIRO SUÁREZ CORZO, ni una posibilidad semejante  se  vislumbró  en el curso de la investigación, pues un acuerdo en tal sentido  comportaría  liderazgo  y  concertación  de  pluralidad  de  personas, con muy  disímiles   características   vitales,   ciudadanos   del  común,  activistas  políticos e importantes actores del grupo armado ilegal AUC.   

Tal  situación  hipotética  no alcanzaría  siquiera  el  rango  de una insinuación defensiva, ya que debería iniciar, por  ejemplo,   en   la  demostración  de  un  pacto  orientado  en  esa  línea  de  perversidad,  cuando  menos,  entre  Jorge Enrique Maldonado Vargas, Edwin Arias  Vivas,  “Yonathan,  “Yerri”,  “Andrés”, “El Iguano, “El Visco”,  “Mauro”,   “Jorge”,  “Pacho”,  el  teniente  Óscar  Eduardo  Acosta  Bahamón,  el  agente Milton Eduardo Cuadros Peña y el sargento Mauricio Gelves  Alemán”25.    

Criterio  que  más  adelante  ratificó  al  concluir:   

“Y  de  similar  textura  fantástica  se  avizora  la  fingida conspiración contra RAMIRO SUÁREZ CORZO, que nadie sabe a  cuenta  de qué, se habría granjeado malquerencias de miembros de la DIJIN, del  director  del  DAS  de  Cúcuta, de varios integrantes de las AUC, y hasta de un  Fiscal  Especializado  en  Derechos  Humanos;  claro está, cada quien de manera  independiente,  puesto  que  ni  siquiera en la liviana sentencia absolutoria se  avanzó   hasta  especular  que  se  habían  puesto  de  acuerdo”26.   

          Debe  decirse que la postura de la Corte se corresponde también con  el  principio  de  selección  probatoria,  acorde con el cual el juzgador sólo  está  obligado  a  apreciar aquellos medios probatorios relevantes para el caso  concreto27.  Y al respecto ha de destacarse cómo, por ejemplo, lo relativo al  escrito  presentado  el  21  de  marzo  de  2007  por  el  abogado  Nelson  Eduardo Menjure González resultaba  tan   intrascendente  en  este  caso  que  el  propio  casacionista  admite  que  Carlos   Andrés   Palencia  declaró   en   contra  de  SUÁREZ  CORZO  luego  de  consultar  con  su  defensor acerca de la visita de los  funcionarios  adscritos a la Unidad de Derechos Humanos, situación que deja sin  piso  la  existencia  de  presiones o inducciones indebidas para proceder en ese  sentido.   

          Es  de  advertir, de otra parte, que la regla de la experiencia a la  cual  el  actor  se  refiere  cuando  cuestiona  al  Tribunal por no apreciar la  historia   clínica,  no  sólo  parte  de  un  supuesto  equivocado,  esto  es,  considerar  que  Carlos  Andrés Palencia mintió  en  cuanto  dijo  que  participó en todo el desarrollo del  hecho,  pues  el Tribunal puso de presente cómo el propio testigo desmintió el  contenido  del citado documento, sino que una vez más pasa por alto la función  del  juzgador  en  punto  a la apreciación de las pruebas, en cuanto bien puede  acoger  aquella  parte  de  la declaración que juzga creíble y desechar la que  considera inexacta.   

          Falsos juicios de identidad:   

          En  criterio  del  libelista,  el  Tribunal dejó de apreciar (i) el  aparte   de   la   declaración   de   Luis  Alejandro  Castellanos  en el cual da cuenta acerca de la actitud  de  Ana  María  Flórez  de  publicar  una  carta  para  dar  a  conocer  la  supuesta  falta de RAMIRO  SUÁREZ  al falsificar un concepto  del  doctor  Flórez Ramírez;  (ii)  los  libros  o  minutas de guardia del C.E.R. de la Picota, en donde no se  registra   ninguna   entrevista  entre  SUÁREZ  CORZO  y        Andrés  Palencia,  y  (iii)  la  parte del testimonio de alias  “Jerry”    en   cuya  oportunidad  afirmó  que  el  mismo  día  del homicidio se reunió en la curva  “Pele   el   ojo”   con  Jhonny     Yey,    “Churca”,    “Jonathan”,  “Andrés”,      “El      Gato”      y     RAMIRO     SUÁREZ.   

          El  ataque carece de fundamento, pues el ad  quem  sí apreció los fragmentos de las pruebas que el  actor  echa  de  menos. En cuanto al testimonio de Luis  Alejandro   Castellanos   Cárdenas,  el  sentenciador  transcribió  la integridad del pasaje cuya no apreciación aduce el demandante,  sin  que lo considerara relevante en este caso porque el declarante “no  hace  aportes  precisos  y culmina informando que se trata de  comentarios          sin         detalles”28.             

          Los  libros  o  minutas  de  guardia  del  C.E.R.  de  la  Picota el  sentenciador  los  apreció  cuando  abordó  el  examen  de la declaración del  guardia  del  INPEC  Saúl  Sedano  Gamboa,  oportunidad en que consideró carente de credibilidad la versión  del   prenombrado   en   el  sentido  de  que  en  la  minuta   del   establecimiento   carcelario  quedaban  registradas  todas las visitas hechas por los internos de un patio a otro. Sobre  el particular, replicó el Tribunal:   

          “Ingenuamente  se  pretende ofrecer la idea según la cual, en las  cárceles  colombianas  los  reglamentos  se  cumplen  al  pie  de la letra. Tal  pretensión  es contrapuesta a la experiencia compatible con la realidad. Basta,  por  ejemplo,  mencionar  que  los implicados admiten que se podían comunicar a  través  de  teléfonos  celulares,  actividad  que  tampoco es permitida y, sin  embargo,    funciona    para    quienes    disponen   de   dinero”29.   

          Si  bien  la  alusión  a  la  comentada  prueba  documental  no fue  expresa,  la  jurisprudencia  de  la  Sala  tiene  dicho,  igualmente, que no se  presenta  falso  juicio  de  identidad   cuando  el  sentenciador  asume el  análisis   del  aspecto  cuya  omisión  se  aduce30,  en  este  caso la supuesta  inexistencia  de  la  entrevista  suscitada  entre  el  procesado y Andrés  Palencia en la Picota, tópico que  el juzgador consideró carente de credibilidad.   

El censor cuestiona el razonamiento ofrecido  por  el Tribunal para desestimar la referida prueba, acudiendo a lo que denomina  una  regla  del  sentido común, consistente en que si el procesado estaba en el  mismo  sitio  con  dos  de  los  autores  materiales  del  delito  (“Jonathan”      y     “Jerry”),  lo  lógico hubiera sido su  comunicación   directa  con  ellos,  “en  lugar  de  pasarse  hasta  la  celda  de alta seguridad sin dejar huella en ningún libro y  violando todas las restricciones.   

Sin  embargo,  claramente  se  advierte que  corresponde  al  particular  enfoque  del  demandante  sobre la situación, pues  olvida  que  si  el  procesado  acudió a “Andrés”  es  porque  se  trataba,  dentro  de  las  jerarquías  operantes  en  las  AUC  con influencia en Cúcuta, del superior de “Jonathan”      y     “Jerry”.   

En  lo  relativo  al  testimonio  de  alias  “Yerri”  o  “Jerry”,  el  fallador  se refirió al  fragmento  echado  de  menos  por  el  actor cuando, al comentar lo dicho por el  testigo en la declaración del 29 de mayo de 2007, puntualizó:   

“En esta oportunidad, donde se arrepiente  de  haberse  retractado, “Yerri” agregó que RAMIRO SUÁREZ CORZO sí estuvo  presente  en  la  “Curva Pele el Ojo”, por la mañana, donde se realizó una  reunión  con  “Andrés”,  “Gato”  y otros miembros de las AUC, el mismo  día   del   homicidio  de  Flórez  Ramírez…”31.   

          Más   aún,   el   ad   quem  advirtió  que  en ese punto e, incluso en otros, el declarante no  coincidía    con    lo   manifestado   por   Andrés  Palencia,  con  todo lo cual otorgó credibilidad a lo  relatado  por  ellos en lo medular de sus testimonios, esto es, en lo relativo a  las  circunstancias  en que se ejecutó el homicidio y en el señalamiento hecho  en    desmedro    de   SUÁREZ   CORZO   de  ser quien determinó la conducta punible, encontrando explicable  las  contradicciones  por  las  retractaciones de los deponentes, y es así como  señaló:   

          “Mantener  la  coherencia  de  una sarta de mentiras, como las que  involucran  las retractaciones es más difícil que comprometerse con la verdad.  Con  sobrada  razón, la sabiduría popular advierte que no equivale a la verdad  una  mentira  que  aún  no  ha  sido descubierta”32.   

          Falsos raciocinios:   

          El  libelista  acusa  a la corporación de segundo grado   de  vulnerar  principios  de  la  sana  crítica  en  la  apreciación  de  las pruebas, en cuanto esa labor judicial la  realizó  sin  considerar  el  sentido común, las reglas de la experiencia y la  lógica.  No  obstante,  en  las  situaciones  que plantea como constitutivas de  tales  categorías,  en  realidad  no  hace  sino postular su particular visión  sobre  el  alcance  de  las pruebas, el cual opone al criterio del sentenciador,  pretendiendo  de  la  Corte  prefiera  el suyo por sobre el del Tribunal, con lo  cual  que  ese tipo de discrepancias probatorias resultan inadmisible en sede de  casación.   

          En  efecto,  en  primer  lugar,  para confrontar el razonamiento del  ad   quem   de  considerar  descabellado  el  argumento  defensivo orientado a demostrar que dos comandantes  de  las  AUC “presionaron a Yonathan para que actuara  sucesivamente  en  sentidos  contrarios”, le atribuye  quebrantar      “las      reglas      de      la  experiencia”  conforme  a  las  cuales  “cuando  se  trata  de intereses personales, cada quien enfila sus  comportamientos  en  procura  de sus fines”. Y en esa  misma  dirección,  demanda  la  aplicación  de  la lógica para comprender que  “El   Gato”  no  podía  reconocer  a sus superiores que actuó con el fin de satisfacer los intereses de  su amante.   

            En  esa  postulación  argumentativa  el actor parte de la premisa  equivocada  según  la  cual  en los autos se encuentra demostrado que la muerte  del    doctor    Flórez    Ramírez    fue  ordenada  por  su  cónyuge Ana María  Flórez, Directora Seccional de Fiscalías de Cúcuta.  Pero  se trata de la particular postura que el censor tiene al respecto, pues el  juzgador  dio  por  acreditada situación diversa, y en la demanda no se pone en  evidencia   que  en  esa  labor  suasoria  se  hubiese  incurrido  en  un  falso  raciocinio.   

          En  segundo  lugar, cuestiona al Tribunal por otorgar credibilidad a  “El  Iguano”, a pesar de  que    su   testimonio   tiene   como   fuente   lo   dicho   por   Andrés,            “segundo  financiero”, siendo contrario  al  sentido  común  que  en  organizaciones  jerarquizadas como las AUC quienes  manejen  cuestiones  financieras  se  ocupen  de asuntos militares. Y en similar  sentido,  estima  absolutamente  ilógico  que en ese mismo tipo de agrupaciones  los jefes no se enteren de las actividades de sus subalternos.   

          En  la  confección  de  la  primera de esas hipótesis, el actor no  refiere  por  qué  al  interior  de  la  facción  de las AUC con influencia en  Cúcuta  no podían operar personas que se desempeñaban como financistas y a su  vez  se  ocupaban  de asuntos militares. De otra parte, nada irrazonable resulta  que     alias     “El    Iguano”    sólo  conociera  las  causas  de la muerte del abogado Flórez    Ramírez    después   de   su  ocurrencia,   pues   el   homicidio   fue   ordenado   por   alias  “El  Gato”,  Comandante  de las AUC en  Cúcuta,  prevalido  de  la  orden  genérica de sus superiores de colaborarle a  SUÁREZ  CORZO en todo lo que  necesitara,  según así lo concluyó el Tribunal a partir de los testimonios de  Carlos  Andrés  Palencia  y  Jorge  Iván  Laverde Zapata,  alias  “El  Iguano”.  Al  respecto  el  sentenciador  puso  de presente cómo el primero de estos últimos  relató  de  la  siguiente manera la forma como posteriormente rindieron cuentas  acerca  del  referido  atentado  al  segundo  de  ellos,  conocido también como  “Raúl”:   

          “GATO   me   convidó  a  mi,  llegamos  a  Puerto  Santander,  el  comandante  RAÚL  le  pregunta a GATO que por qué se había dado de baja a ese  señor   que   es   el   dr.   FLÓREZ   y   GATO   le  contestó:  Señor  usted  sabe  que usted me dijo que lo que necesitara RAMIRO  SUÁREZ  se  le  colaborara  y  entonces RAUL le dijo:  Listo  mijo muy bien, dando a entender del favor político que se le había dado  a  RAMIRO  SUÁREZ”  (subraya  la Corte)33.   

          En   tercer   lugar,   acusa  al  ad  quem  de  vulnerar el principio de la lógica, acorde con el  cual    “a   presupuestos   iguales   consecuencias  iguales”, ello por cuanto si el testigo “Andrés”   unas   veces   acusa   al  procesado  y  otras  intenta convencer a la justicia que es inocente, señalando  como  posible  interesada  en el homicidio a Ana María  Flórez,   el  juzgador  debió  acoger  la  versión  favorable  a  SUÁREZ CORZO en  aplicación del principio de presunción de inocencia.   

          En  el  proceder  del  sentenciador  no  se  avizora el quebranto de  postulado  lógico  alguno  sino,  una  vez más, el ejercicio de su función de  apreciar  las  pruebas con sujeción a la sana crítica, a cuyo tenor bien puede  acoger unas y desechar otras, según el mérito que les asigne.   

          En  el  cuarto  falso  raciocinio que esboza, el actor cuestiona, de  una    parte,   el   interrogatorio   formulado   al   declarante   Jhonny  Yey  Herrera, por considerar que se  le  indujo  para  que  declarara  a favor de los paramilitares. Y de la otra, el  proceder   del  ad  quem  de  vincular    al   procesado   con   el   homicidio   del   abogado   Flórez    Ramírez    a    partir    de  responsabilizarlo  también de la muerte de la progenitora del citado deponente,  a pesar de que éste no lo vinculó ni perjudicó en su testimonio.   

          Es  evidente que el primero de esos planteamientos no se corresponde  con  el  ataque  alegado sino con una falso juicio de legalidad que el actor, en  todo  caso,  no  demuestra sino que se limita a postularlo a partir de supuestos  especulativos,  como  el  de  sostener  que la Directora Seccional de Fiscalías  intervenía  en  todas  las  investigaciones  para  orientarlas  a  favor de los  paramilitares.   

          Por  su  parte,  en  la  presentación  de  la segunda hipótesis en  cuestión  el libelista tergiversa los fundamentos de la sentencia, pues en ella  en   momento   alguno  se  atribuye  a  SUÁREZ  CORZO  compromiso  alguno  con  la  muerte  de  la  mamá  de  “Jhonny   Bravo”.   La  mención  a  ese  homicidio  la  hizo  el Tribunal a  manera de elemento de  juicio  que  confirmaba  la  veracidad  de  lo  dicho por éste, en cuanto a las  circunstancias  en  las  cuales se ejecutó el punible y, más concretamente, en  la  medida  en que señaló a los autores materiales del mismo, destacando cómo  en   venganza  de  esa  delación  los  paramilitares  segaron  la  vida  de  su  progenitora.  De  ahí  que  el  sentenciador  haya  razonado  en los siguientes  términos:   

          “Con   relación   al   testimonio   de  JHONNY  YEY  caben  estos  comentarios:   

          -.  No  merece tacha alguna su credibilidad, ya que en el declarante  se     percibe     claridad,    lucidez,    multiplicidad    de    detalles    y  coherencia.   

          -.  Confirma  que  el homicidio de Flórez Ramírez fue cometido por  un comando de las AUC.   

          …   

          -.  Tenía tanta razón JHONNY YEY HERRERA ECHEVERRI, en cuanto dijo  y  al  solicitar  protección,  que  en  horas  de la noche del mismo día de su  testimonio,  su  señora  madre,  Gladis  Echeverri  Alarcón, fue secuestrada y  luego   asesinada,  por  un  grupo  que,  todo  indica,  estaba  conformado  por  milicianos  de las AUC que cometió ese nuevo crimen por venganza”34.   

          En  el  quinto falso raciocinio denunciado, el casacionista acude al  sentido  común  y  en  algunos casos a la lógica para censurar las reflexiones  del  Tribunal  cuando,  de  una  parte, demerita la declaración de “Jonathan”     por    asignar    la  responsabilidad  del  crimen a Jorge Díaz y    Ana    María   Flórez,  pese  a  que  éstos  no  pueden defenderse, el primero por estar  muerto  y  la  segunda  por  huir  de  la  justicia; y de la otra, cataloga como  absurda    la    manifestación    de   alias   “El  Iguano”,   conforme   a   la   cual   Ana  María  Flórez  pagó a “El  Gato”  200 millones de pesos, pues  si  eran  amantes,  “no  le cobraría a su amada esa  suma”,  máxime  si  el  beneficio  por la muerte de  Flórez  Ramírez  era sólo  para dicha dama y su amante, mas no para las AUC.   

          Los  reproches formulados por el demandante a estos razonamientos no  constituyen  vulneración  a  principios  de la sana crítica. Sostener, como lo  hace  el libelista, que cuando un “testigo acusa a un  muerto  y  a una fugitiva de la justicia no necesariamente miente”,  es plantear un  particular  punto  de  vista  sobre lo que se cree ocurre en esos casos, pero no  configura  regla alguna de la experiencia. Igual  disertación  cabe  frente a los argumentos según los cuales  “El  Gato” y Ana    María   Flórez   eran   personas  poderosas,  carentes  de escrúpulos y sin frenos inhibitorios de ninguna clase,  amén  de  que  el  beneficio era también económico; así mismo, en punto a la  afirmación  de que en organizaciones de la envergadura de las AUC acciones como  el homicidio de un persona requieren la erogación de gastos.   

En  esos  planteamientos  no  se avizora la  ocurrencia  de  comportamiento  alguno con pretensión de universalidad. Tampoco  el  quebranto  de algún postulado lógico, tópico frente al cual el impugnante  se  circunscribe a invocar “la lógica”,  sin  indicar el principio de esa especie que se habría vulnerado  en la labor suasoria del juzgador.   

             En  el  sexto  y  último  falso  raciocinio  el actor acude  nuevamente  al  sentido  común  para  cuestionar  al Tribunal, de una parte, en  cuanto  acogió  la  versión  de alias “El Iguano”  cuando   dijo   no   conocer  la  existencia  de  las  “Águilas  negras”,  con  cuyo      apoyo      desestimó      lo      afirmado      por      Andrés,   en   el   sentido   de   haber  testificado  en  contra  de RAMIRO SUÁREZ por  presión de “El Gato” y          su          hermano,          alias          “Jorge”, y de la otra, en la medida en  que  no  reconoció  que  la  muerte del doctor Alfredo  Flórez  es un enigma, y es así como los paramilitares  debieron  reunirse,  con ocasión del proceso de Justicia y Paz, para acordar el  sentido     de     sus    declaraciones,    pues    las    informaciones    eran  contradictorias.   

          En  ese sentido, postula el desconocimiento de las reglas según las  cuales,  de  un lado, “si una persona está indefensa  frente  a  la  amenaza  de  semejante  organización,  lo  natural es que acepte  órdenes  y cumpla todo cuanto le piden”, y del otro,  que   si  los  jefes  paramilitares  necesitaron  ponerse  de  acuerdo  con  sus  subalternos  para  declarar en el proceso de Justicia y Paz es porque ninguna de  las    declaraciones    de    éstos   puede   ser   tenida   como   la   verdad  verdadera.   

          En  la  confección  de  la  primera  de esas hipótesis, empero, el  censor  parte de un supuesto equivocado, y consiste en predicar la demostración  en    este    caso    de    las    presiones   ejercidas   contra   “Andrés”   por   alias  “El  Gato”  y  su hermano “Jorge”,  cuando  se  trata  esa de su  personal  postura  que  enfrenta  al  criterio del Tribunal, el cual desechó la  existencia  de  coacción  cuando  el  referido  testigo  declaró  en contra de  SUÁREZ CORZO.   

          Por  su  parte, en la presentación de la segunda desconoce de nuevo  que  en  ejercicio  de  su  función  suasoria al juez le corresponde establecer  cuál  de  las  declaraciones  recaudadas  en  la  actuación  corresponden a la  verdad,  labor  que  realizó  en  este caso el ad quem  cuando,  con  base  en  el  análisis  conjunto de las  pruebas,   consideró   creíbles   las   versiones   de  quienes  señalaron  a  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO  como  determinador  del homicidio del abogado Alfredo Enrique  Flórez  Ramírez y, paralelamente, juzgó mendaces las  posteriores retractaciones de los declarantes de cargo.    

          No prospera tampoco el reproche.   

          En  consecuencia,  como  los  cargos  formulados  por  el demandante  carecen de fundamento, la Corte no casará la sentencia impugnada.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO  CASAR  la  sentencia impugnada.   

         Contra     la    presente    providencia    no    procede    recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                        MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                

               

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                        EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  En  realidad, es C.E.R. (Centro Especial de Reclusión).   

2 Por  todas, sentencia del 24 de julio de 2013, radicación 40702.   

3  Declaración  rendida el 3 de abril de 2007 y a la cual hizo referencia el fallo  en las páginas 87 y siguientes.   

4  Páginas 84 y 85 del fallo de segundo grado.   

5  Sentencia del 19 de noviembre de 2003, radicación 18787.   

6  Sentencia del 21 de noviembre de 2002, radicación 16472.   

7  Página 94 del fallo de segunda instancia.   

8  Páginas 93 y 94 ídem.   

9  Página 93 ibídem.   

10 Se  refiere     a     SUÁREZ    CORZO    cuando,    de    acuerdo    con    el    relato   de   Andrés   Palencia,  lo  visitó  a  su  celda.   

11  Página 94 fallo de segundo grado.   

12  Página ídem.   

13  Página 61 ibídem.   

14  Página 115 ídem.   

15  Página 176 ejúsdem.   

16  Páginas 158 y siguientes ibídem.   

17  Cfr.  Sentencias  del   3  y  24  de  octubre de 2002, radicaciones 15927 y  15298.   En  el  mismo  sentido  auto  del  30  de  mayo  de  2007,  radicación  27174,   sentencia  del  1º  de  noviembre  de  2007,  radicación 25236 y  sentencia del 21 de julio de 2009, radicación 32099.   

18  Página 162 de la sentencia de segunda instancia.   

19  Página 180 ídem.   

20  Página 73 ibídem.   

21  Auto  del 30 de junio de 2010, radicación 33658. En el mismo sentido, sentencia  del 30 de mayo de 2012, radicación 30986,   

22 Se  refiere  a  la declaración rendida por Carlos Andrés  Palencia    González    el   10   de   febrero   de  2009.   

23  Página 105 del fallo de primera instancia.   

24  Cfr.  Sentencias  del   3  y  24  de  octubre de 2002, radicaciones 15927 y  15298.   En  el  mismo  sentido  auto  del  30  de  mayo  de  2007,  radicación  27174,   sentencia  del  1º  de  noviembre  de  2007,  radicación 25236 y  sentencia del 21 de julio de 2009, radicación 32099.   

25  Pág. 75 del fallo de primera instancia.   

26  Página 125 ibídem.   

27  Cfr. Sentencia del 29 de octubre de 2003, radicación 19737.   

28  Página 165 del fallo de segundo grado.   

29  Página 193 ídem.   

30  Cfr.  Sentencias  del   3  y  24  de  octubre de 2002, radicaciones 15927 y  15298.   En  el  mismo  sentido  auto  del  30  de  mayo  de  2007,  radicación  27174,   sentencia  del  1º  de  noviembre  de  2007,  radicación 25236 y  sentencia del 21 de julio de 2009, radicación 32099.   

31  Pág. 130 del fallo de segundo grado.   

32  Pág. 131 ibídem.   

33  Pág. 92 ídem.   

34  Pág. 85 del mismo fallo.     

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