37937(07-12-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37937  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  434  

Bogotá, D.C., siete (7) de diciembre de dos  mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el   defensor   del   procesado  Carlos  Emilio  Rosas  Mesa,  en  contra  del fallo del 26 de mayo de 2011, a  través  del  cual la Sala Única del Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo  confirmó  la  sentencia  de  primera  instancia  del  Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Duitama,  que  condenó  al  mencionado por la conducta punible de  omisión de agente retenedor.   

H E C H O S  

El sentenciador de segundo grado los resumió  de la siguiente manera:   

“El  señor  Carlos  Emilio Rosas Mesa, en  calidad  de  representante legal de la sociedad S&A, Suministros y Asesoría  Ltda.,  como  contribuyente del IVA, dejó de cancelar sus obligaciones fiscales  por  concepto  de Impuesto sobre las Ventas, correspondiente al 4º período del  año  gravable  de  2003,  por  valor  de  $22.945.000,oo  suma  que  no incluye  intereses  de  mora  y actualización de las obligaciones, de conformidad con el  artículo 804 del Estatuto Tributario.”    

A N T E C E D E N T E S  

1.  Los hechos anteriores fueron denunciados  por  la  Administradora  Local  de  Impuestos  Nacionales  de Sogamoso; así, la  Fiscalía  Seccional  8ª de Santa Rosa de Viterbo, a través de resolución del  17  de  agosto de 2007, acusó  a  Carlos  Emilio  Rosas Mesa  como  presunto  autor  de  la conducta punible de omisión de agente retenedor o  recaudador   (artículo  402  del  Código  Penal).  Dicha  providencia  no  fue  recurrida  y  cobró  firmeza  el  20 de septiembre de  2007.   

La  causa  fue  adelantada  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Duitama (Boyacá), despacho que, luego de agotar  los  tramites propios del juicio, el 25 de marzo de 2010, profirió sentencia de  primera     instancia,     a     través     de     la     cual     condenó a Carlos  Emilio   Rosas   Mesa   a  las  penas  principales  de  “TREINTA     Y     NUEVE     (36)     MESES    DE  PRISIÓN….” y multa por valor de $47.730.000, así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por término igual al de la pena privativa de la libertad.  Así  mismo,  se abstuvo de condenarlo al pago de los perjuicios derivados de la  ejecución  del  hecho  punible  y  le  concedió  el  sustituto  de la prisión  domiciliaria.    

La  decisión  de  condena,  luego  de  ser  apelada  por el defensor del  procesado,     recibió    confirmación  por  parte  del  Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa de Viterbo, a  través  de  fallo  de segundo grado del 26 de mayo de 2011 (cuaderno de segunda  instancia).   En  contra  de lo decidido por el ad  quem,  el  apoderado de Rosas  Mesa  formuló el recurso extraordinario de casación y  lo sustentó con la correspondiente demanda.    

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  del  procesado  Carlos  Emilio  Rosas  Mesa, tras citar el  inciso  final  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, formula un cargo  único  de  nulidad,  la  cual hace  consistir en violación al principio de investigación integral.   

Cargo  único:  nulidad  por  violación  al  principio de investigación integral   

El  impugnante,  al  amparo  de la causal de  casación  de  que  trata el artículo 207, numeral 3, de la Ley 600 de 2000, en  asocio  con  el  306, numerales 2 y 3, del mismo estatuto, denuncia que el fallo  fue  emitido  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  debido a que los servidores  judiciales  incurrieron  en acciones y omisiones que afectaron el debido proceso  y,  en  consecuencia,  “el derecho fundamental que a  favor   del   procesado   consagra   el   artículo   29   de  la  Constitución  Política”.   

Alega que a pesar de quem, en su indagatoria,  el  entonces  investigado  planteó  como  descargo  una causal de exclusión de  responsabilidad,  ésta  fue  desconocida por la fiscalía; dice que aún cuando  la  defensa  obtuvo la revocatoria de la resolución de cierre de investigación  para  que  se  practicara  la  prueba  a la que hizo referencia el sindicado, el  funcionario  judicial comisionado no la practicó, pese a la colaboración de la  parte interesada.   

Agrega  que, no obstante que la sede laboral  de  la  defensa se localizaba en un municipio distinto a aquel donde se tramitó  el  proceso,  no  se  le  comunicó el traslado del artículo 400 del Código de  Procedimiento  Penal  ni  la  celebración de la audiencia preparatoria, lo cual  era  obligación  de la autoridad judicial. Señala que en la audiencia pública  del  juicio,  la defensa pretendió que el juez decretara una nulidad con el fin  de  recavar  la  prueba  omitida,  pero  aquél  no  la  resolvió y, en cambio,  procedió  a  clausurar  la diligencia, tras negarle a la defensa la oportunidad  de  allegar  pruebas  con  ocasión  de  su  alegación final, circunstancia que  limitó  las  posibilidades  defensivas; aduce que de haber sido admitidas estas  pruebas  se  habría  solucionado  la  falta  de  comunicación del traslado del  artículo 400 del estatuto procesal.   

Sostiene que la prueba omitida, el testimonio  de  Leonor  Ojeda Vargas, era trascendente, pues aquella habría demostrado que,  en  virtud  de  la  conformación  de  una  sociedad,  el  pago  de impuestos le  correspondía  no a Rosas Mesa sino al tercero William Camargo. Concluye que, en  su  sentir, el operador judicial no tuvo interés en practicar las pruebas, toda  vez  que impidió su realización en la investigación, no comunicó el traslado  del  artículo  400   del  Código  de Procedimiento Penal de 2000 y, en la  audiencia preparatoria, omitió su práctica.   

Critica,  por  último,  que  el  juzgador  confundiera   la  responsabilidad  penal  con  la  fiscal,  pues  le  bastó  la  certificación  de  no  pago  del  impuesto  para deducir responsabilidad por la  comisión  del  delito,  y  pasó  por  alto  que “en  materia   de   responsabilidad   fiscal,   el   proceso   penal  es  la  última  ratio”.   En este caso, agrega, “se   advierte  que  no  hubo  apropiación  del  ente  recaudador  o  retenedor,  sino  que  la  omisión  obedeció  a un factor ajeno a su voluntad,  producto   de  la  reprochable  omisión  de  un  tercero  a  quien  confió  el  cumplimiento de la obligación.”   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  La Corporación anticipa su decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación,  toda  vez  que no cumple con los requisitos de lógica, claridad,  precisión  y  debida fundamentación, consagrados en el artículo 212 de la Ley  600  de  2000,  en  asocio  con  el  205,  inciso  tercero, del mismo estatuto y  desarrollados ampliamente por su jurisprudencia.   

2. Como enseguida se enseña, el recurrente,  con  los  argumentos  que expone en el libelo, pierde de vista que en este caso,  debido  a  que la pena legalmente asignada al delito objeto de condena no excede  de   8   años   de   prisión  (artículo  402  del  Código  Penal1),  solamente  cabe     la    casación    discrecional.  Y  aún cuando es cierto que el censor cita el inciso tercero del  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000, en realidad lo hace de manera apenas  tangencial,  de  suerte  que  no  es  claro  que acuda a esta particular vía de  censura,  pues  tampoco  atina  a  mencionar,  menos  aún  a  cumplir,  con sus  exigentes requisitos argumentativos.   

Dígase,   entonces,   que   el   recurso  extraordinario  de  casación, cuando se intenta por la  vía    discrecional,   debe   estar   orientado   al  desarrollo    de    la    jurisprudencia,  esto  es  a  que la Sala unifique posturas, revise la doctrina, o  bien  aborde  un  tópico aún no resuelto, con la demostración de que la nueva  postura  debe servir a ese propósito y, a la vez, para la solución del caso; o  bien,     a    la    protección    de    garantías  fundamentales,  pretensión que le exige al impugnante  demostrar  de  manera fehaciente la materialidad del vicio y su incidencia en el  debido proceso o el derecho de defensa.   

Lo  anterior significa que, como lo ha dicho  la     jurisprudencia    de    la    Corporación2,   las  razones  que  han  de  justificar   la   admisión   discrecional  de  la  demanda  no  siempre  pueden  confundirse  con  el desarrollo de los cargos concretos que se formulan, pues si  se  refundiera  en  uno solo el razonamiento encaminado a admitir la demanda con  aquel  que sustenta el cargo propiamente dicho, no existiría ninguna diferencia  entre   la   casación   discrecional   y   la  casación  ordinaria3.   

En otras palabras, no basta la postulación y  desarrollo  de  la  causal de casación para enseñar a la Corporación por qué  debe  admitir  el  escrito,  sino  que  esto  último  debe  abordarse  antes de  emprender  la  fundamentación  de  la  equivocación que configura la causal de  casación  seleccionada.  En  este  sentido,  téngase  en cuenta que la nulidad  originada  en  la  violación  al  deber  de  investigación integral (motivo de  casación  que en este caso ensaya el apoderado del procesado) es  también  una  causal  que  cabe invocar por la vía ordinaria; pero cuando se orienta por  la  modalidad  excepcional,  su  sustento ha de ir precedido por un razonamiento  encaminado  a  enseñar  a  la  Colegiatura  las  razones  por  las  cuales debe  discrecionalmente admitir el escrito.   

Ello  implica  que  el  estudio  acerca  del  aspecto   formal   de   la  demanda  se  efectuará  a  posteriori, siempre y cuando previamente la Corte haya  arribado  -con  apoyo  en  el  discurso  del impugnante- a la conclusión que es  necesario   tramitar,   por   excepción,  el  recurso  extraordinario  para  la  protección  de  las  garantías  fundamentales  o  con  miras  a desarrollar la  jurisprudencia4.   

En  cualquier  caso,  el discurso casacional  debe  plasmarse a través de razonamientos lógicos, sistemáticos y coherentes,  sujetos  a  un desarrollo argumentativo claro y preciso, que no deje dudas sobre  la  materialidad  de  los  presupuestos  que exige esta especial modalidad de la  casación  y su incidencia, pues, como así lo ha fijado la jurisprudencia de la  Colegiatura,   el   recurso   extraordinario   no   está  destinado  a  reabrir  injustificadamente  etapas  procesales  ya superadas, ni a enfrentar los juicios  probatorios  y  jurídicos  del  juzgador  con  los del impugnante, menos aún a  denunciar  cualquier  clase de irregularidad en el debido proceso o vulneración  de   garantías,   pues   ante   irritualidades   insustanciales   y  de  escasa  trascendencia el proceso puede mantener su validez.   

2.  Con  fundamento  en  los  presupuestos  reseñados,  puede afirmarse, entonces, que la demanda que ocupa la atención de  la  Sala  adolece de numerosas y ostensibles falencias que impiden su admisión,  así:   

2.1.  El  casacionista  omite todo argumento  encaminado  a  convencer  a  la  Sala  sobre las razones para admitir, de manera  discrecional,  la  demanda  de  casación;  en  su  lugar,  se limita a enunciar  supuestas  irregularidades procesales, de las que no demuestra su trascendencia,  y   censurar   que    se   violó  “el  derecho  fundamental   que  a  favor  del  procesado  consagra  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política”,  norma  de  contenido muy  amplio  que  el  censor  no  precisa.  Y aún cuando es cierto que el recurrente  insiste  en  hacer alusión a diferentes aristas del debido proceso, entre ellas  el  deber de investigación integral y la publicidad, así como a conceptos como  el  Estado de Derecho y los principios humanísticos del derecho, también lo es  que   con   tan  genéricas  y  vagas  aseveraciones  no  logra  enseñar  a  la  Corporación  los  motivos  para  emprender  el  estudio  del  fallo  recurrido.   

2.2.   Los  argumentos que sustentan la  supuesta   violación   al   principio   de   investigación  integral  resultan  incompletos  y,  por lo mismo, intrascendentes, puesto que el libelista omite el  deber  de  entrar  al  análisis  de  todas  las  bases  probatorias  del  fallo  recurrido,  para  así,  a  través  de  una confrontación lógico dialéctica,  enseñar  de  manera  fehaciente  que  la  prueba  cuya omisión censura es, con  seguridad,  idónea  para  mutar el sentido de la decisión de fondo5. En su lugar,  se  limita  a elaborar su personal apreciación de una deponencia que no existe,  y  a  especular  sobre  aquello  que,  sin  certeza  alguna,  cree que habrá de  declarar un cierto testigo.   

2.3.  De manera concordante con lo anterior,  nótese  cómo  el ad quem, al  considerar  los  efectos  de  la  omisión  probatoria que en esta sede alega el  impugnante,  estimó lo siguiente, que, dicho sea de paso, el casacionista no se  ocupó de rebatir:   

“la prueba echada  de  menos,  aún  cuando  demostrar  el  supuesto  pacto  con el tercero William  Camargo,  no  desvirtúa  la  que obra en [contra de Rosas Mesa], con la cual se  demuestra  que él sabía de la existencia del contrato y de los desembolsos que  había  realizado  la  Gobernación   del  Casanare  y  por  los  cuales se  generaba  el impuesto a las ventas, IVA, que se dejó de consignar. La petición  de  nulidad,  en las anteriores condiciones, no estaba llamada a prosperar, como  así  lo  concluyó  el  a  quo  a pesar de que no hubiera incluido la decisión  correspondiente  en  la  parte  resolutiva  de su sentencia, como era lo debido,  pero  que  hoy,  hecha esa observación, partiendo del supuesto de que allí fue  negada,  debe  ser confirmada por esta Sala” (pag. 11  fallo de segundo grado).   

En consecuencia la omisión probatoria, aún  cuando   se   hubiese   producido  por  inactividad  del  funcionario  judicial,  carecería  de  toda  idoneidad  para  derribar  el  sustento  probatorio  de la  sentencia.   

2.4.    El   demandante,  en  abierto  desconocimiento  de  la  realidad  procesal,  falta  al  deber  de  demostrar la  materialidad  del  vicio  que  alega,  y  es  así  como  pasa  por  alto que la  violación  al  principio  de  investigación  integral evidentemente no existe,  pues   lo   que   el   decurso   procesal   de  la  actuación  enseña,  es  lo  siguiente:   

2.4.1.  El  defensor  del entonces sindicado  obtuvo  la  revocatoria  de  la  resolución  de  cierre,  con  el fin de que se  practicaran  las  pruebas  mencionadas  por  el  indagado,  con  el consiguiente  compromiso  de  éste  para  colaborar  en  la  ubicación  de  los testigos; el  investigado  Rosas  Mesa fue  requerido,  una  vez más, para colaborar con la presencia de los testigos, pero  el   término   de  comisión  venció,  sin  que  aquél  hubiese  prestado  la  colaboración  necesaria.  Ampliado  el  término  de  comisión,  una  vez más  Rosas  Mesa se comprometió a  colaborar  en  la  práctica  probatoria,  pero  no lo hizo. Concedida una nueva  comisión  con  el  mismo  propósito,  otra  vez el hoy procesado se abstuvo de  colaborar  con  la evacuación de las pruebas ordenadas en su favor, no obstante  que se le remitieron las comunicaciones correspondientes.   

2.4.2. Una vez iniciada la etapa de la causa,  luego  de  proferida la resolución de acusación, la actuación fue remitida al  juez  de  Duitama,  quien  dejó  a  disposición  de  los sujetos procesales la  actuación  para  efectos  del traslado del artículo 400 de la Ley 600 de 2000,  sin  que el acusado o su defensor se pronunciaran. Luego de fijada la fecha para  la  realización  de la audiencia preparatoria, el funcionario judicial remitió  las   respectivas  comunicaciones  al  acusado  y  a  su  defensor,  quienes  no  asistieron a la diligencia.   

2.4.3. En   la  audiencia  pública  del  juicio,  el  defensor  pretendió  introducir,  con ocasión de la presentación de sus alegatos, esto es, de forma  evidentemente   extemporánea,   sendas   certificaciones   de  los  llamados  a  testificar  a  favor  del  encausado,  en  las  que sostienen que acudieron a la  fiscalía    comisionada    para    evacuar    la   prueba,   pero   no   fueron  atendidos.   

La evidencia de la negligencia de la defensa  no  puede  ser más clara, pues surge nítido que ni el procesado ni su defensor  colaboraron  en  la  práctica  de  la prueba que hoy echan de menos, pese a los  esfuerzos  emprendidos  por  la  fiscalía,  al  tiempo  que, sin justificación  razonable,   menos   aún  por  situaciones  atribuibles  al  operado  judicial,  desaprovecharon  las  oportunidades  para  formular  sus peticiones probatorias.   

Más  insólita aún resulta la disculpa del  togado,  en  el  sentido  de  que por tener su domicilio laboral en un municipio  distinto  a  aquel  donde  se  adelantó  el juicio, entonces no podía acudir a  cumplir  su  deber  profesional,  o  bien que una vez en firme la resolución de  acusación  “se  abre  una franca incertidumbre para  los  sujetos  procesales,  quienes en dicho interregno pierden el hilo conductor  del  proceso  penal”. Recuérdesele al abogado que es  su  deber atender con diligencia al mandato que se le confiere y, en tal virtud,  informarse  del estado de las actuaciones a su cargo, de suerte que si considera  que  la  ubicación  de  su  domicilio  laboral  le  hace  imposible cumplirlo a  satisfacción  deberá abstenerse de asumirlo o de continuarlo, pues resulta del  todo  improcedente  alegar  ante  esta  sede  extraordinaria,  y  aún  ante las  instancias,    su    propia    incuria    para    demostrar    un    vicio    de  estructura.   

2.5.  Al  final,  el  escrito  de casación, en franco desconocimiento del  principio  de  debida fundamentación y autonomía de las causales de casación,  se  dirige  a  argumentar  una discrepancia con el juicio jurídico y probatorio  del   sentenciador,   pues   el   recurrente  alega  que  aquél  confundió  la  responsabilidad  fiscal  con  la  penal,  aplicó la responsabilidad objetiva y,  además,  que  no advirtió que en este caso “no hubo  apropiación  del  ente recaudador o retenedor, sino que la omisión obedeció a  un  factor  ajeno  a  su  voluntad,  producto  de  la reprochable omisión de un  tercero”; dichos argumentos configuran apreciaciones  personales  del  censor  carentes  de  sustento  y  apenas  opuestas  a  las del  sentenciador,  las  cuales  se  apartan  de  la  causal  y  motivo  de casación  seleccionados.    

3.  Conclusión   

Por  las  razones precedentes, la demanda de  casación  formulada  por  el defensor de Carlos Emilio  Rosas  Mesa adolece de una indebida fundamentación y,  por  lo mismo, será inadmitida, sin que, por otra parte, la Corte evidencie del  estudio  de las diligencias, la necesidad de superar los defectos del libelo con  el  fin  de  corregir  de  manera  oficiosa  alguna  violación a las garantías  fundamentales.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         

R E S U E L V E  

INADMITIR la   demanda   de   casación   presentada   por   el   apoderado   de   Carlos Emilio Rosas Mesa.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

Comisión de servicio  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                               JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         AUGUSTO J.  IBÁÑEZ     GUZMÁN                                        

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                JULIO  ENRIQUE   SOCHA   SALAMANCA                

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Artículo  402 original (sin la modificación introducida por el artículo 14 de  la  Ley  890  de  2004),  inciso  primero:  El agente  retenedor  o autorretenedor que no consigne las sumas retenidas o autorretenidas  por  concepto  de retención en la fuente dentro de los dos (2) meses siguientes  a  la  fecha  fijada por el Gobierno Nacional para la presentación y pago de la  respectiva  declaración  de  retención  en  la  fuente  o  quien  encargado de  recaudar  tasas  o  contribuciones públicas no las consigne dentro del término  legal,  incurrirá  en prisión de tres (3) a seis (6)  años   y  multa  equivalente  al  doble  de  lo  no  consignado  sin  que  supere  el  equivalente  a cincuenta mil (50.000) salarios  mínimos legales mensuales vigentes.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 11 DE MARZO DE 2011,  radicación No. 34609.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 28 de abril de 2010,  radicación No. 33318.   

4  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  ibid.   

5  Sentencia  de  casación  de  8 de noviembre de 2002,  radicación: 14243     

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