36387(22-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 36387  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta N°209  

Bogotá,  D.  C., veintidós (22) de junio de  dos mil once (2011).   

VISTOS:  

Allegada la documentación solicitada, la Sala  decide  el recurso de apelación formulado por la Fiscalía Veinte Delegada ante  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá, contra la decisión  proferida  el  9  de  septiembre  de  2010 por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cartagena, por cuyo medio se revocó la medida de aseguramiento de  detención  preventiva  impuesta a José Jaime García Montes y se le otorgó la  libertad inmediata.   

ANTECEDENTES:  

1.  La   situación    fáctica    se    contrae   a   que   en   la   Resolución  N°  00217  del  1º  de  abril  de  2005 de la  Coordinación  General  del Grupo Interno de Trabajo para la Gestión del Pasivo  Social   de   Puertos   de   Colombia   del  Ministerio de la Protección Social, se dispuso la compulsa de  copias  en  orden  a  investigar el pago realizado en junio de 1998 con cargo al  presupuesto   de   Foncolpuertos   por  la  suma  de  $79.783.132,921,    en  cumplimiento  de  la  sentencia del 24 de marzo de 1995 proferida por el Juzgado  Segundo  Laboral  del  Circuito  de Cartagena, donde su titular era Jaime  José García Montes, con ocasión  del  proceso  ordinario  laboral  de  Gustavo Enrique  Camacho  Barrios contra la Empresa Puertos de Colombia  en  Liquidación,  la  cual  fue  revocada el 30 de abril de 2001 por la Sala de  Descongestión  Laboral  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá,  que ordenó el reintegro de la suma cancelada.   

2.  Decretada  la  apertura  de  la  investigación, se admitió la demanda de constitución de  parte   civil   y  se  vinculó  mediante  declaratoria  de  persona  ausente  a  Jaime José García Montes,  tras  lo  cual  se  materializó  su  captura  y  se  le resolvió la situación  jurídica  provisional con medida de aseguramiento de detención preventiva, sin  beneficio  de excarcelación, por su posible autoría en el ilícito de peculado  por  apropiación  agravado,  en la modalidad de favorecimiento a terceros. A su  vez  se  le  precluyó  la  instrucción  por  prescripción de la acción penal  respecto del delito de prevaricato por acción.   

3.   Clausurada  la  investigación,  el  27  de  mayo  de  2010  se dictó en contra  de  Jaime  José  García  Montes  resolución acusatoria como presunto autor de  la  infracción  que sirvió de sustento para imponerle medida de aseguramiento,  descrita  en  el  “artículo 133 inciso tercero del  Decreto    100    de  1980,    Modificado por el artículo 19 de la Ley  190   de   1995…   Comportamiento  agravado  por  la  circunstancia  genérica  contemplada  en  el  artículo  66  numeral  7  del C. P. de 1980”, la cual quedó en firme el 8 de julio siguiente.   

4.  La etapa  de  la causa correspondió adelantarla a la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Cartagena, que tras disponer el agotamiento  del  traslado  para alegar nulidades y pedir pruebas, el 9 de septiembre revocó  la  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva y concedió la libertad  inmediata  a  Jaime  José García Montes,  determinación que fue apelada por la  Fiscalía  Veinte  Delegada  ante  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá.   

DECISIÓN     IMPUGNADA:   

1.    El  a    quo  inicialmente  pone  de  manifiesto  que  respecto  del  procesado  Jaime  José García Montes  resolvió  un  caso  que recoge una situación fáctica idéntica, al cual acude  para   resolver   el   sub  judice, por tanto sostiene  que  en  la  Ley  600  de  2000  la  situación jurídica del procesado sólo se  resuelve  en  aquellos eventos en donde es procedente la medida de aseguramiento  de detención preventiva.   

2.  Señala  que  el  artículo  357  estipula  que dicha medida procede para los delitos que  tengan  prevista pena de prisión cuyo mínimo sea o exceda de 4 años, supuesto  que  debe verificarse frente a la ley sustancial vigente al momento del acto que  se  investiga,  en  orden  a preservar la legalidad, pero además, sin perjuicio  del principio de favorabilidad.   

3.  Expresa  que  para  determinar la época de realización del acto ilícito el Decreto Ley  100  de  1980  estableció  que  el  hecho  punible se considera realizado en el  momento  de  la  acción o de la omisión, aun cuando sea otro el del resultado,  lo  que  es  reiterado  en  el  artículo 26 de actual Código Penal, por tanto,  “si la voluntad delictiva  se  expresa típicamente en un momento, y el evento se produce en otra fecha, es  al   primero   al   que   debe  atenderse  para  efectos  de la determinación del tiempo de consumación de  hecho”.   

4.  Con apoyo  en   la   doctrina   asegura   que  el  delito  se  comete  cuando  “se  realiza  la  correspondiente  conducta típica (la actividad  voluntaria)   y   no   cuando   se   produce  el  resultado  típico.  El  delito estará cometido cuando se  haya  realizado  la  conducta  y, en los casos en que la conducta puede   escindirse   del   resultado,  se  consumará  con  la  producción  de  éste,  en  caso  contrario,  comisión  y  consumación coincidirán”.   

5.   Indica  que  de cara al delito de peculado por apropiación lo  anotado  “se mantiene íntegramente para definir el  momento  en  que  el  mismo  debe entenderse cometido. Sobre el particular se ha  ocupado      nuestro      Máximo      Tribunal      Penal     en     diferentes  pronunciamientos, cuando se  ha  referido al carácter complejo de la disponibilidad jurídica y material del  bien”       2.   

6.   En esa medida, “el    momento    de   su  realización  debe establecerse en  el     tiempo    en    que    la    persona    vinculada    institucionalmente   pone   al  servicio  del  presupuesto         fáctico         la        vinculación        institucional   y   la  disponibilidad  jurídica  sobre  el  bien,  independientemente del aporte material en  el proceso de consumación, sin que  además  sea  menester  que  realice todas las acciones que supone su ejecución  para   efectos  de  su  tipificación”.   

7.   Frente  al  caso  particular  afirma que se le reprocha al  procesado  Jaime  José  García  Montes  haber  ordenado  el  pago  de  una  suma  de dinero mediante una  sentencia  contraria  a  la  ley, la cual profirió al ostentar la condición de  Juez  de  la  República, con la que después un tercero se benefició al lograr  la   efectiva   entrega  de  la  misma,  “acto  de  agotamiento  que  en  todo  caso no se hubiera cumplido sin el trámite anterior  realizado  en virtud de su  carácter   de   servidor   público   que  intervenía  de cierta     manera     en     la  administración  de  dicha  suma,  dada la relación funcional  que,  se  dice,  tenía  con  los  dineros  objeto  de  apropiación”.   

8.   Así  las  cosas,  en el  sub  lite la apropiación  deducida  al  acusado  debe entenderse realizada el 24 de marzo de 1995, día en  que  éste,  haciendo  uso de las atribuciones propias del cargo de Juez Segundo  Laboral  del  Circuito  de  Cartagena,  profirió  la sentencia mediante la cual  dispuso  que  la  extinta  Puertos  de  Colombia  pagara a favor de terceros una  cantidad  determinada  de  dinero que en derecho no correspondía, aun cuando la  entrega  haya ocurrido posteriormente, por cuanto aquí se está ante un caso en  donde  la  apropiación  se  ejecutó  bajo  el  supuesto  de  la disponibilidad  jurídica.   

9.   Por  tanto,   “el   tipo   penal  en  el  cual  habrá  objetivamente         de         adecuarse   la   conducta   del  actor,  es  el  de  peculado  por  apropiación  que  estaba descrito en el artículo 133 del Código Penal vigente  para  esas  calendas,  esto  es,  el Decreto 100 de 1980, con una pena oscilante  entre  4  y  15  años  para  las  apropiaciones superiores a $500.000… sin la  modificación   de   la   Ley   190  de  1995,  que  entró  a  regir   el   6  de  junio  de  ese  mismo  año”.   

10.  De  otro  lado,  agrega  que  de  conformidad con lo preceptuado en el artículo 357 de la  Ley          600          de          20003,  la medida de aseguramiento  de  detención  preventiva procede por delitos cuya pena mínima sea o exceda de  4  años,  como ocurre en el asunto que concita la atención, no obstante, ha de  tenerse  en  cuenta  que  en  razón  del principio de favorabilidad, es preciso  aplicar  la  Ley  906  de  2004,  por  cuanto  si  bien  allí  se  presenta una  contradicción  entre  sus  artículos 313-2 y 315, la misma fue resuelta por la  Corte  al  concluir  que “la detención preventiva,  en  el evento del artículo 313-2, sólo procede…  cuando    el    delito    tiene    una      pena      mínima  que excede  de    4    años    de    prisión”   4.   

11.  Bajo  esta  perspectiva,  concluye  que  en  principio  sería  procedente  acudir  al  artículo  315 de la Ley 906, no obstante, señala que las medidas no privativas  de   la   libertad  referidas  en  esta  norma  (literal  B  del  artículo  307  ibídem)   no  estaban  vigentes  para  la  época  de los hechos por los cuales es acusado Jaime  José  García  Montes,  por lo  cual  afirma que no es posible imponerlas, en consecuencia, revocó la medida de  aseguramiento  de detención preventiva que pesaba en contra del citado, ordenó  su  libertad  inmediata  y  dispuso que se presentara cuando fuera requerido, de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  354  de  la Ley 600 de 2000,  siguiendo  así  el  criterio  fijado  por  la Corte5.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN:  

1.   La  Fiscal  Delegada expresa que como el argumento central para revocar la medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  y  conceder  la libertad inmediata al  acusado  radica  en que se tiene como el tiempo de realización del peculado por  apropiación  el  24  de  marzo de 1995, día en que éste dispuso el pago de la  suma  de  dinero  a favor de un tercero, de allí se sigue que se incurre en una  confusión  entre  el  ilícito de prevaricato por acción y la conducta punible  anotada,  pues  en la resolución acusatoria se distinguió entre consumación y  agotamiento, en uno y otro delito.   

2.   Expone  que  acuerdo con el artículo 26 del Código  Penal,  la “conducta punible se considera realizada  en  el  tiempo  de  la ejecución de la acción” en  los   delitos  de  comisión  por  acción,  como  los  que  concurren  en  este  caso.   

3.  Precisa  entonces  que  acoge  el  concepto  de acción de la  “teoría     formal     objetiva”,  es  decir,  donde  la  acción está determinada por el núcleo  rector    del    tipo,    para    distinguir    entre    actos    ejecutivos   y  consumativos.   

4.   Añade  que  el delito de prevaricato por acción es  de  ejecución  instantánea,  es  decir,  que  se consuma cuando se profiere la  resolución,  dictamen o concepto manifiestamente contrario a la ley, razón por  la  cual en el sub lite se  declaró  la  prescripción  por cuanto la sentencia se dictó el 24 de marzo de  1995.   

5.   En  punto  del delito de  peculado      por  apropiación,  enfatiza      que     es     de     “resultado”,     de     manera     que    en    este    caso,    “se  requiere  de  la materialización de la sentencia”,  de  “algún  «acto  externo de disposición de la  cosa  o  de  incorporación de ella al patrimonio»6”,  por  consiguiente,  la  sola  sentencia constituye “un           acto           preparatorio           —no        punible—  del  peculado  por  apropiación,  requiriéndose  para  la efectiva consumación de éste, de actos ejecutivos que  se   descubren   cuando   se  exteriorizan  actos  que  se  proyectan  hacia  el  cumplimiento   de   la   sentencia”,  “sin   que   para   efectos  de  la  tipificación   de  la  conducta  contra  la  administración  pública  resulte  relevante      el      agotamiento»7”.   

6.   Expresa   que   si   bien   la   Corte8  ha  hecho  referencia  a  la  teoría  de  la  disponibilidad  jurídica  para  predicar la  tipificación  del delito de peculado por apropiación y no sólo a la material,  a  juicio  de  la  impugnante  de  ello no se sigue que en el caso particular la  consumación  se haya consolidado al ser dictada la sentencia del 24 de marzo de  1995  por  el  acusado,  donde se dispuso del pago de dineros de propiedad de la  nación a favor de terceros.   

7.  Agrega  que  en  el  caso  particular  se  hacía  necesario  resolver  la  situación jurídica al procesado por cuanto el delito de peculado  por  apropiación  por el que se procede se consumó en junio de 1998, cuando se  hizo  el  pago  efectivo,  el  cual superó la cuantía de 200 salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, por tanto, es aplicable el inciso 3º del artículo  133  del  Decreto  Ley  100 de 1980, con la modificación introducida por la Ley  190 de 1995, que prevé una pena mínima de prisión de 6 años.   

Agrega  que  aún  admitiendo la tesis del  Tribunal,  según  la  cual  la  pena  mínima  de prisión en este caso para el  delito  de  peculado  por  apropiación  es  de  4  años, también es necesario  resolver  la situación jurídica, conforme lo ha señalado la Corte9.   

8.    Finalmente,   solicita  se  revoque  el  auto  del  9  de  septiembre  de  2010  y,  en  consecuencia,  se disponga la orden de captura del  procesado  Jaime  José  García  Montes.   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

Inicialmente  pone de manifiesto que no se  presentó  una  sustentación  adecuada  del  recurso, para luego cuestionar los  argumentos  propuestos por la impugnante y avalar en un todo las consideraciones  del  a  quo que sirvieron  de apoyo a la decisión apelada.   

CONSIDERACIONES  DE LA CORTE:   

1.   Sobre  la Competencia:   

De  conformidad  con lo dispuesto en numeral  3º  del  artículo  75  de  la Ley 600 de 2000, corresponde a esta Corporación  conocer  en  segunda  instancia  de  las decisiones adoptadas por los Tribunales  Superiores  de  Distrito  en desarrollo de la atribución prevista en el numeral  2º    del    artículo    76   ibídem,  dentro  de  los límites fijados en el artículo 204 de la citada  ley.   

2.  Problema Jurídico:  

Corresponde  determinar  en  este  caso,  en  relación  con  el  delito  de  peculado  por  apropiación,  si  se  aplica  la  descripción  típica  contemplada  en  el  artículo 133 del Decreto Ley 100 de  1980  con la reforma introducida por el artículo 2º de la Ley 43 de 1982 o si,  por  el  contrario,  el  asunto  que concita la atención debe ser gobernado, en  punto  de  la conducta punible anotada, igualmente por el artículo 133 en cita,  pero  con  la  modificación  incorporada  por  el artículo 19 de la Ley 190 de  1995.   

Lo  anterior, con el propósito de dilucidar  si  en el sub judice procede  o  no la imposición medida de aseguramiento de detención preventiva u otra, de  manera  que  de ser positiva la respuesta, sería necesario revocar la decisión  impugnada, pero si es negativa, lo pertinente es confirmarla.   

Con  el  propósito  de resolver el anterior  interrogante,  inicialmente  se  abordará  el tema de la norma que debe regular  este  asunto  en  punto  de  la conducta punible de peculado por apropiación y,  posteriormente,  se  tratará lo concerniente a la necesidad o no de resolver la  situación  jurídica  en  casos  como  el  de  la  especie e, igualmente, si es  preciso   imponer   medida   de   aseguramiento   de   detención  preventiva  u  otra.   

2.1. Sobre la norma aplicable en este caso en  relación con la conducta punible de peculado por apropiación:   

En  orden  a  dilucidar  esta  cuestión, es  indudable  que,  conforme  lo  sostienen  tanto  el a  quo  como  la  impugnante,  el  asunto  se resuelve al  precisar el tiempo de realización de la conducta punible.   

Con ese propósito, conviene señalar que el  artículo   26   de   la   Ley  599  de  2000  preceptúa  que  la  “conducta  punible  se  considera  realizada  en el tiempo de la  ejecución  de  la  acción  o  en  aquél  en que debió tener lugar la acción  omitida,    aun    cuando    sea    otro    el    del   resultado”.   

Cabe  anotar  que  en  el  artículo  20 del  Decreto  Ley  100  de  1980, normatividad anterior, se estipuló una regulación  similar,    toda    vez   que   allí   se   consagró   que   el   “hecho  punible  se  considera  realizado  en  el  momento de la  acción o de la omisión, aun cuando sea otro el del resultado”.   

Establecido  que la actual regulación penal  sobre  el  tiempo  de  la  conducta  punible  mantiene  un  sentido semejante al  previsto  en  el  ordenamiento  punitivo  que  le precedió, se entra a precisar  cuándo  debe  entenderse  que  se  realizó la conducta punible de peculado por  apropiación en el caso particular.   

Para  el  efecto  es preciso señalar que el  delito  contra  la Administración Pública en cita, de acuerdo con el contenido  del  tipo  que  lo recoge, es de mera conducta, por cuanto describe como punible  el  simple comportamiento del servidor público de apropiarse en provecho suyo o  de  un  tercero  de bienes del Estado o de empresas o instituciones en que éste  tenga     parte,    independientemente    del    resultado    que    se    pueda  producir.   

Además, dentro de la clasificación anotada,  el  delito  de  peculado por apropiación corresponde a la especie de los puros,  en  tanto  se  limita a describir una conducta sin referencia alguna a un evento  concreto.   

Conviene  señalar  que en contraposición a  esta  clase de tipos, están los de resultado, que se caracterizan por cuanto la  sola  conducta  no  es  suficiente,  pues exigen de la concurrencia de un evento  determinado,  por  tanto,  si  no se realiza el comportamiento, no hay tipicidad  plena, como es el caso del homicidio.   

Igualmente,  el  ilícito  de  peculado  por  apropiación  se  corresponde  con los tipos de ejecución instantánea, pues se  trata  de  uno  de  aquellos  en  los  cuales la realización del comportamiento  descrito se comete en un solo momento.   

En esa medida, es preciso señalar que no le  asiste  razón  a  la  impugnante  cuando  afirma  que el delito de peculado por  apropiación   es   de   “resultado”.   

Llama  la  atención  que sobre este preciso  aspecto,  la  Fiscal  Delegada,  acuda  al  criterio  de  la  Corporación  para  respaldar            su            tesis10,  pero  lo haga sesgadamente,  pues  cita  una  decisión  en  la  cual  en efecto se sostiene que el delito de  peculado  por  apropiación  es de carácter instantáneo y sin embargo se sirve  de       ella      para      predicar      que      es      de      “resultado”.   

Con  todo,  sobre la clasificación del tipo  que  recoge  la  conducta  punible  de peculado por apropiación, en cuanto hace  relación a su contenido, la Corte ha señalado:   

“…cabe  precisar  que  como uno de los  delitos  imputados  a  los  procesados es el de peculado por apropiación, ha de  reiterarse  lo  ya  dicho  por  la Sala en oportunidades pretéritas respecto de  dicha  conducta punible, que por ser un tipo penal de carácter instantáneo, su  consumación  se  produce  cuando el bien público es apropiado, esto es, cuando  mediante  un acto externo de disposición de la cosa o de incorporación de ella  al   patrimonio,   se   evidencia   el   ánimo   de   detentarla”11.   

Ahora,   frente   al   delito   contra  la  administración  pública  que  se  viene  comentando,  la  Corte  igualmente ha  señalado,  en  punto  de la realización de la conducta que describe, que puede  darse  por  vía  de la relación material que tiene el servidor público con el  bien,  o  en  razón de la disponibilidad jurídica que de alguna manera ostenta  sobre el mismo a causa de su competencia funcional.   

En  concreto  ha  expresado  en punto de esa  temática:   

“La apropiación de dineros estatales en  beneficio  de terceros, para este caso los ex trabajadores de la Empresa Puertos  de  Colombia  y  su  apoderado  judicial, no ofrece dificultad alguna; lo que no  ocurre  con la vinculación que el Juez 8º Laboral del Circuito de Barranquilla  tenía  con  tales  dineros.  En  atención a que el instructor concluyó que el  procesado  no  ostentaba  disponibilidad  jurídica  sobre  ellos, con el fin de  lograr  la  necesaria  claridad  sobre  el  punto,  conveniente resulta recordar  algunos pronunciamientos de la Sala que ilustran el concepto.   

En  sentencia de casación proferida en la  radicación  8729,  el 4 de octubre de 1994, con ponencia del Magistrado Gustavo  Gómez Velásquez, se leen las siguientes citas:   

«La expresión  utilizada  por  la  Ley  en  la  definición de peculado y que dice “en      razón      de      sus  funciones”,   hace  referencia  a  las  facultades de administrar, guardar, recaudar, etc., no puede  entenderse  en  el  sentido  de la adscripción de una competencia estrictamente  legal  y  determinada  por  una  regular  y  formal investidura que implique una  íntima  relación  entre la función y la facultad de tener el bien del cual se  dispone  o  se  hace  mal  uso; no significa, pues, que tales atribuciones deban  estar  antecedentemente  determinadas por una rigurosa y fija competencia legal,  sino  que es suficiente que la disponibilidad sobre la cosa surja en dependencia  del  ejercicio de un deber de la función. La fuente de la atribución, en otros  términos,  no  surge  exclusivamente  de  la ley puesto que ella puede tener su  origen  en un ordenamiento jurídico diverso que fija la competencia en estricto  sentido.   Lo  esencial  en  este  aspecto,  es  la  consideración   de  que  en  el  caso  concreto,  la  relación  de  hecho  del  funcionario  con  la  cosa,  que lo ubica en situación de ejercitar un poder de  disposición  sobre  la  misma  y  por  fuera  de la  inmediata  vigilancia  del  titular  de  un  poder  jurídico  superior, se haya  logrado  en  ejercicio de una función pública, así  en  el  caso  concreto  no  corresponda a dicho funcionario la competencia legal  para  su  administración.  Igual  se presentará el  delito  de  peculado  en la hipótesis de que la administración del bien derive  del  ejercicio  de una función nominalmente propia de otro empleado».  (Sentencia  de  3  de  agosto  de  1976).   

«Las facultades  de  manejo  en  el  empleado  público,  que  son las que en este caso considera  ausentes  el  casacionista,  no  solamente  las  otorga  la  ley, el decreto, la  ordenanza  o el acuerdo, sino también las resoluciones, los reglamentos y hasta  la  orden administrativa, cuando los destinatarios son servidores del Estado. De  suerte  que  por  medio  del mandato, entiéndase como contrato o como orden, se  transfieren,  trasladan  o  delegan,  total o parcialmente, esas atribuciones al  mandatario,   quien   por   el   mencionado   encargo  las  ejercita» (Sentencia de septiembre 8 de 1981.  M.P.     Dr.     Fabio     Calderón     Botero)12.   

En  el  entendido  de que la relación que  debe  existir  entre  el  funcionario  que  es  sujeto  activo de la conducta de  peculado  por  apropiación  y  los  bienes oficiales puede no ser material sino  jurídica  y  que esa disponibilidad no necesariamente deriva de una asignación  de  competencias,  sino  que  basta que esté vinculada al ejercicio de un deber  funcional,  forzoso  es  concluir  que  ese  vínculo  surge entre un juez y los  bienes  oficiales  respecto de los cuales adopta decisiones, en la medida en que  con  ese  proceder  también está administrándolos.  Tanto  es así que en sentencias judiciales como las proferidas por el implicado  en  los  procesos laborales que tramitó ilegalmente, dispuso de su titularidad,  de  manera que sumas de dinero que estaban en cabeza de la Nación (FONCOLPUERTOS       –  Ministerio de Hacienda y Crédito  Público),  pasaron al patrimonio de los extrabajadores de la Empresa Puertos de  Colombia  y  del abogado que los representó, siendo indiscutible que el acto de  administración  de  mayor envergadura es aquel con el cual se afecta el derecho  de dominio.   

En   esas   condiciones,   la  competencia  funcional  del  Juez  8º Laboral del Circuito de  Barranquilla,  la  cual  le permitía resolver los conflictos laborales entre el  Estado  y  los  extrabajadores de la Empresa Puertos de Colombia, le confirieron  la  disponibilidad  jurídica de las sumas cobradas por prestaciones laborales a  la  Nación  en  los  casos  a  que  se refiere este proceso, por manera que, la  apropiación  de tales bienes a favor de terceros, se consumó por razón de las  funciones  oficiales  que  cumplía  el procesado, de  donde  se  debe  concluir  que  la  extracción  de  dineros  de  la  Nación no  estructuró    el    delito    de    estafa    sino    el    de   peculado   por  apropiación”    13   (subrayas   fuera   de  texto).   

Así las cosas, frente al caso particular se  tiene  que  de  acuerdo  con  la  reseña  fáctica  que  inicialmente  se dejó  plasmada,   el   procesado   Jaime   José  García  Montes,  en  su condición de Juez Segundo Laboral del  Circuito  de  Cartagena,  el  24  de  marzo de 1995, dictó sentencia en la cual  dispuso  que  la  Empresa  Puertos   de   Colombia   en   Liquidación  pagara  a  Gustavo    Enrique   Camacho   Barrios  la  suma  de  $58.111.623.11,  la  cual  en  razón  de  los  intereses  moratorios finalmente  ascendió          a         $79.783.132,92,   monto   este  que  en  el  mes  de  junio  de  1998  efectivamente se canceló.   

Por tanto, si como se ha explicado, el delito  de  peculado  por  apropiación  es  de carácter instantáneo y en razón de la  competencia  funcional del acusado como Juez Laboral, era de su resorte resolver  la  controversia  suscitada  entre  el  ex  trabajador  de la Empresa Puertos de  Colombia  Gustavo Enrique Camacho Barrios  y  la  misma,  de  allí  se  sigue  que  tuvo  a  su  cargo  la  disponibilidad  jurídica  de  las  sumas cobradas por  concepto  de  prestaciones  sociales a la Nación, pues evidentemente ese fue el  sentido de la decisión que adoptó a través de su sentencia.   

Es  claro entonces, que cuando se dicta el  fallo  se  consuma  el delito de peculado por apropiación, por cuanto en efecto  allí  se  dispone jurídicamente del bien, así que si sólo para junio de 1998  se  consolidó la entrega del dinero, ello se reputa como un acto de agotamiento  de  la  conducta  punible  mas  no  como uno de consumación como lo entiende la  apelante,  quien  incluso  afirma equivocadamente que el proferimiento del fallo  en  este  caso  y  en  cuanto  hace  al  delito  de  peculado,  es  “un           acto           preparatorio           —no        punible—”,  pues   parte   del   suponer   que  el  ilícito  en  cita  es  de  “resultado”, contrariando con ello  no  sólo  la  jurisprudencia  pacífica  de  la  Corte,  sino  el contenido del  artículo  133  de  Decreto Ley 100 de 1980 y del artículo 397 de la Ley 599 de  2000,  pues este último recoge una descripción típica esencialmente semejante  al primero.   

En  esa medida, se reputa paradójico que la  impugnante,  para  demostrar  que  con la sola sentencia no se consuma el delito  contra  la  administración  pública en mención, acuda a una decisión de esta  Sala    que    sostiene    todo    lo   contrario14,  es  decir,  que  basta  la  disposición  jurídica  del  bien  en  razón  de  la competencia funcional del  sujeto agente, sin que sea relevante el agotamiento.   

Lo dicho hasta aquí permite señalar que en  el  caso  particular el delito de peculado por apropiación se habría consumado  el  24  de  marzo  de  1995  al  ser  dictada  la  sentencia  por  el  procesado  Jaime  José García Montes  en  su  condición de Juez Segundo Laboral del Circuito de Cartagena     contra     la     Empresa     Puertos    de    Colombia    en  Liquidación,  toda  vez  que  ordenó que una suma de  dinero   de   ésta   pasara   al   patrimonio   del  ex  trabajador     Gustavo     Enrique    Camacho  Barrios,      como      en     efecto     ocurrió  posteriormente.   

La  anterior situación lleva a concluir que  si  la  conducta punible eventualmente se cometió en la fecha anotada, entonces  la  normatividad  sustancial  a tener en cuenta para determinar la procedencia o  no  para  resolver  la  situación  jurídica  del  acusado,  así como sobre la  posible  imposición  de medida de aseguramiento de detención preventiva u otra  no   puede   ser   la   que   originalmente  se  dedujo,  como  en  adelante  se  verá.   

2.2.   Sobre la procedencia de resolver  en   el   sub  judice  la  situación  jurídica  y  la  eventual imposición de medida de aseguramiento de  detención preventiva u otra:   

De  acuerdo con lo dispuesto en el artículo  354   de  la  Ley  600  de  2000,  la  “situación  jurídica  deberá  ser  definida  en  aquellos  eventos en que es procedente la  detención               preventiva”15  y  de  conformidad con lo  estipulado  en  el  artículo 357 ibídem,  tal  medida  de  aseguramiento,  en punto del caso que ocupa la  atención,  opera  “cuando el delito tenga prevista  pena  de  prisión  cuyo mínimo sea o exceda de cuatro (4) años”.   

A su vez, acorde con lo señalado en líneas  anteriores,  la  norma  sustancial  que corresponde aplicar en este asunto es la  vigente  para  la  época  en  que  se  realizó  la  conducta punible que se le  atribuye  al acusado Jaime  José  García Montes, que  no  es  otra  que  el  artículo  133  del  Decreto  Ley  100  de  1980  con  la  modificación    introducida    por    el    artículo   2º    de    la    Ley    43    de   1982  —mas no con la reforma de la Ley 190  de  1995,  pues esta sólo entró a regir el 6 de julio de este año—,   por   cuanto   se   encuentra  acreditado  que  la  cuantía  de lo presuntamente apropiado fue de $58.111.623.11,  según  se  imputó  y  precisó  en la resolución  acusatoria,  pues  en  efecto  en  el  inciso  segundo  de  la  norma en cita se  prevé:   

“Cuando el valor de lo apropiado pase de  quinientos            mil           pesos16  la pena será de cuatro a  quince  años  de  prisión,  multa  de  veinte  mil  a  dos millones de pesos e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  de  dos  a  diez  años”   

Así las cosas, en principio puede afirmarse  que  es  procedente resolver la situación jurídica en el asunto de la especie,  no  obstante,  en  razón  de  la  entrada en vigencia de la Ley 906 de 2004, se  presentó   la  necesidad  de  establecer  si  en  efecto  ello  seguía  siendo  procedente en casos como el presente.   

Al  efecto,  la  Corte  señaló  sobre  el  particular:   

1.-  Solamente, atendiendo las previsiones  normativas  señaladas  en  el  artículo 204 del Código de Procedimiento Penal  (Ley  600  de  2000), se ocupará y pronunciará la Sala de la puntual queja del  recurrente,  esto es, sobre la negativa del Tribunal Superior de Cali de revocar  la   medida   de   aseguramiento   impuesta   a…  por  el  delito  de  cohecho  impropio…   

(…)  

2.2.-  En  el  caso  concreto, dos son las  normas  que  han suscitado la problemática que amerita el pronunciamiento de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  dando  por  sentado que no hay réplica alguna en  torno  a  la  viabilidad de aplicación de la norma más favorable, a propósito  de  la  expedición  y  vigencia progresiva de la Ley 906 de 2004, tal como esta  Corporación lo ha venido haciendo.   

Tales    disposiciones    son    las  siguientes:   

«Artículo   313.   Procedencia  de  la  detención  preventiva.  Satisfechos  los  requisitos señalados en el artículo  308,  procederá  la detención preventiva en establecimiento carcelario, en los  siguientes casos:   

(…)     

1. En  los  delitos  investigables  de  oficio, cuando el mínimo de la pena prevista por la  ley sea o  exceda de cuatro (4) años».     

Y,  de otra parte:  

«Artículo  315. Medidas de aseguramiento  no  privativas de la libertad. Cuando se proceda por delitos cuya pena principal  no  sea  privativa  de  la  libertad,  o  por  delitos querellables, o cuando el  mínimo  de  la  pena  señalada  en  la  ley  no  exceda  de  cuatro (4) años,  satisfechos  los  requisitos  del  artículo  308,  se podrá imponer una o  varias  de  las  medidas  señaladas  en el artículo 307 literal B, siempre que  sean  razonables  y  proporcionadas  para  el  cumplimiento  de  las finalidades  previstas».   

Para   lograr   una   debida   labor  de  interpretación  en  el  puntual  aspecto  que  trata  la decisión del Tribunal  Superior  de  Cali  y  al  que  se  circunscribe el reclamo del recurrente, debe  partirse  de  la  identificación  del  problema  normativo frente al cual ha de  tomar postura esta Sala de Casación Penal.   

Dicho  problema no es otro que resolver el  interrogante  acerca  de  la  antinomia  o  contradicción  que existe entre los  artículos  313-2  y  315,  pues si se refiere a la primera norma, es claro, sin  discusión  alguna,  acudiendo  a  su  propio  tenor  literal,  es  decir,  a la  exégesis,   que   cuando   el   delito   tenga   una   pena   que  sea  o exceda de 4 años en su mínimo,  procede  la  detención  preventiva,  eso  sí,  satisfechos otros requisitos, y  cuando  miramos  el  artículo  315,  la  norma refiere a que si la pena mínima  no  excede  de  4  años,  satisfechos otros requisitos, procede una medida de  aseguramiento no privativa de la libertad.   

Esta  situación,  bajo  la  lupa  de  la  exégesis  normativa,  no  arroja  a  otra conclusión, en aplicación de simple  lógica  y  racionalidad  en el entendimiento de la disposición, que el límite  de  4  años  ó  48  meses,  se  encuentra  evidentemente  inmerso  en  las dos  disposiciones, lo que genera un contrasentido.   

En  efecto,  un  meridiano  entendimiento  lógico  lleva  a  concluir que 4 años está incluido cuando el legislador dice  que  por  ese  monto  o  uno  superior  procede  la detención preventiva (sea o  exceda)  y,  al  mismo  tiempo,  cuando  dice  que la medida de aseguramiento no  privativa  de  la libertad procede para delitos que su pena mínima no exceda de  4  años,  pues  si  exceder  es  propasarse,  superar,  pasar  de algo, ir más  allá17,  no  exceder  es  lo  contrario,  no propasarse, no superar o no  pasar  de  4  años. Para concretar, exceder es sencillamente 4 años y 1 día y  no exceder es 4 años.   

En  otras  palabras,  al  mismo  tiempo el  legislador  sostiene  que  la  privación  de libertad procede para la pena de 4  años  y  que  para  esa  misma  pena es procedente una medida restrictiva de la  libertad personal.   

(…)  

Así   las   cosas,   el   método   de  interpretación  sistemática surge como propuesta de solución para concretar e  identificar  el  sentido y orientación que el legislador pretendió darle a las  normas  que  atañen  a un determinado instituto de hondas connotaciones como lo  es  la  privación  de  la  libertad  personal en el procedimiento penal, lo que  observa  la Sala como una lamentable imprecisión legislativa producto quizá de  una  confusión en el uso de variados giros gramaticales, generando la necesidad  de  que sea el intérprete el que proceda a integrar el derecho bajo las propias  orientaciones  constitucionales  y legales que como normas o principios rectores  señala la ley.   

Para  solucionar  tal  situación,  quiere  relievar  la Sala precisamente la consagración novísima de una norma en la Ley  906  de 2004, que surge como presupuesto de interpretación legal y que con base  en  su  propio  título  de  “disposición común” a las normas relativas al  “RÉGIMEN     DE     LA     LIBERTAD    Y    SU  RESTRICCIÓN”,   señalado   en  el  Título  IV,  propician  su  utilización como punto de partida para arrojar claridad en torno  a la problemática aquí propuesta.   

Tal  disposición  no  es  otra  que  el  artículo  295, que a pesar de no encontrarse en el título preliminar del nuevo  Código    de    Procedimiento    Penal    que   señala   los   “PRINCIPIOS    RECTORES    Y    GARANTÍAS   PROCESALES”, bien puede ser considerado como tal…   

(…)  

Esta  norma  entrega  herramientas de suma  importancia  para  concluir que, por ejemplo, situaciones en las que se llegue a  la  conclusión  motivada, justificada y, especialmente, razonable acerca de que  pasajes  legales  puedan  ser  oscuros  o  contradictorios,  es necesario que se  interpreten  de  manera  restrictiva, resaltando la excepcionalidad con que debe  ser  vista  la permisión constitucional y legal de autorizar la privación y la  restricción a la libertad personal.   

Norma  evidentemente  que  se edifica como  garantía  en  la labor interpretativa del operador judicial, y que en este caso  se  acude a ella en protección del principio general consagrado en el artículo  28  de  la  Carta  Política,  como  quiera  que la regla general es la libertad  personal  y  no  la  privación o restricción a la misma, que es la excepción.   

3.-   Corolario  de  lo  anterior,  debe  interpretarse  que  en la interrelación de los artículos 313-2 y 315 de la Ley  906  de  2004,  cuando ambas disposiciones coinciden en el límite punitivo de 4  años,   debe  entenderse  que  prevalece  lo  normado  en  la  segunda  de  las  disposiciones,  como  quiera  que  comporta una menor limitación y restricción  que  la  primera a un derecho fundamental, pues permite que se imponga medida de  aseguramiento  no  privativa  de  libertad  a  una  pena  cuyo  mínimo  es de 4  años.   

En  estas condiciones, contrario sensu, en  esta   labor   de   interpretación,  es  posible  concluir  que  la  detención  preventiva,  en  el  evento  del  artículo 313-2, sólo procede, entonces, para  cuando    el    delito    tiene    una    pena    mínima    que    excede     de     4     años    de  prisión.   

4.- Dicho lo anterior, procederá la Sala a  pronunciarse  con  relación  a  este  caso  concreto,  como  quiera  que  en la  actualidad  pesa  contra  el  doctor…  medida  de  aseguramiento de detención  preventiva,   aunque   goza  de  la  libertad  provisional  por  vencimiento  de  términos,  determinando  así  la  verdadera  y  real  situación benéfica que  comporta   la   aplicación   en  ese  particular  aspecto  de  la  Ley  906  de  2004.   

De  la evaluación de los criterios que se  han  señalado,  se  llega  a  la  conclusión  que  lo  procedente es acudir al  artículo  315  de  la  Ley  906 de 2004 cuando permite que se imponga medida de  aseguramiento  no  privativa  de  la  libertad,  sin  embargo,  en  este  caso, no es posible imponer alguna de las figuras señaladas  en  el  literal B del artículo 307 de la misma obra, como quiera que ninguna de  ellas  existía para el momento de la comisión del supuesto hecho delictivo por  el que se acusó a…   

Razones  éstas  por las que procederá la  Sala  a  revocar la decisión del Tribunal Superior de Cali a través de la cual  se  negó  la revocatoria de la detención preventiva y en su lugar se revocará  dicha  medida  que  en  su  momento impuso el Tribunal Superior de Cali, para lo  cual,  conforme al inciso primero de que trata el artículo 354 de la Ley 600 de  2000  deberá  suscribir  una  diligencia  de  compromiso en la que se obligue a  presentarse   ante   la   autoridad   judicial   competente   cuando   así  sea  requerido”.   

Hasta aquí se puede concluir preliminarmente  que    en    efecto,   en   casos   como   el   sub  judice,  no  es  procedente  resolver  la  situación  jurídica  y  así  lo  entendió  la  Sala  de  Decisión Penal del Superior de  Cartagena,  pues  acogió,  en  un  todo,  la  anterior  postura fijada por esta  Corporación.   

No  obstante,  en postura posterior la Corte  apuntó  que  en  situaciones  como  la  presente  sí  es necesario resolver la  situación  jurídica, aun cuando conservó la consecuencia de no imponer medida  de aseguramiento, así se expresó sobre esta temática:   

“El numeral 1° del artículo 354 del la  Ley  600  de  2000  prescribe  que  la situación jurídica debe ser definida en  aquellos   delitos   respecto   de  los  cuales  está  prevista  la  detención  preventiva,  esto  es, cuando se procede por delitos que tengan pena de prisión  cuyo  mínimo  sea  o  exceda  de  cuatro  años,  o  respecto  de alguno de los  ilícitos  enunciados  en  el  numeral  2º del artículo 357, o cuando sobre el  sindicado   pese   sentencia  condenatoria  ejecutoriada  por  delito  doloso  o  preterintencional  sancionado  con  prisión  y  en  los  asuntos  sometidos  al  conocimiento de los jueces especializados.   

(…)  

En  el  mismo  sentido la Ley 906 de 2004,  consagra  en  el  artículo  313-2  que  la  detención  preventiva procede para  delitos cuya pena sea o exceda de cuatro años de prisión.   

Sin  embargo, su artículo 315 determinaba  que  las  medidas  de aseguramiento no privativas de la libertad se aplicarían,  entre  otros,  a  los  delitos  cuyo  mínimo  de  pena  señalada  en la ley no  excediera de cuatro años.   

El estudio de los artículos 313-2 y 315 de  la  Ley  906 de 2004, llevó a la Sala a advertir el contrasentido entre las dos  disposiciones,  pues  mientras  en  la  primera,  las  medidas  privativas  de  la  libertad  proceden,  entre  otros eventos, frente a  delitos    cuya    pena   sea   o   exceda   de   4  años  de prisión, en la  segunda  señalaba que las medidas de aseguramiento no privativas de la libertad  se  aplicaban a delitos cuyo mínimo de la pena “no  exceda de cuatro (4) años…”.   

Esta  divergencia  llevó  a  la  Sala  a  concluir  que  en la interrelación de estas normas,  alusivas  ambas  a una pena mínima de cuatro años como derrotero para imponer,  en   un   caso,   privación   de   la   libertad18  y,  en  otro,  medida  de  aseguramiento   no   privativa   de   tal  derecho19,  prevalecía lo dispuesto  en  la  segunda  de ellas porque, a diferencia de la primera, ésta conlleva una  menor  limitación  y  restricción a un derecho fundamental permitiendo imponer  medida  de  aseguramiento no privativa de la libertad en delitos sancionados con  una  pena  cuyo mínimo es de 4 años, circunstancia por la cual se coligió que  la  detención  preventiva, en el evento del artículo 313 numeral 2º de la Ley  906  de  2004  sólo  procede  para  cuando el delito tiene una pena mínima que  excede  de  4  años  de  prisión20.   

La  aplicación  de esta conclusión a los  asuntos  tramitados bajo los postulados de la Ley 600 de 2000 condujo a predicar  la  improcedencia de resolver situación jurídica en los eventos en que la pena  mínima  del  ilícito  por  el  cual  se  procede no supere los cuatro años de  prisión.   

(…)  

En vigencia de esta postura, el 28 de junio  de  2007  entró  a  regir  la  Ley  1142,  en  virtud  de la cual se superó la  inconsistencia  surgida entre los artículos 313 numeral 2º y 315 de la Ley 906  de  2004,  al  precisarse  en el artículo 28 modificatorio del 315 ídem que las medidas de aseguramiento  no  privativas  de la libertad sólo proceden cuando el delito investigado tiene  una pena mínima inferior a cuatro (4) años prisión.   

(…)  

Esta nueva situación lleva necesariamente  a  la Sala a reexaminar el punto y a replantear su tesis. En efecto, una lectura  de      la      Leyes      600      de     200021,  906  de 200422 y 1142 de  200723  modificatoria  del  tópico  referido,  permite inferir sin duda  alguna,  que la posición del legislador frente a este tipo de conductas ha sido  la  de restringir provisionalmente la libertad, cuando se advierte el compromiso  penal  del  implicado. Acorde con el sistema procesal, dicha decisión se adopta  a  través  de  audiencia  pública  en  los  términos de la Ley 906 de 2004, o  mediante  la  definición  de  situación  jurídica  conforme  la  Ley  600  de  2000.   

En ambos casos, además, puede suceder que  la  privación  de  la  libertad  no se lleve a cabo ante la falta de uno de los  presupuestos  que,  por  separado,  cada  uno  de  los procedimientos procesales  exige.   

(…)  

Ante  estas  posibilidades  jurídicas,  pierde  vigencia  la  tesis  inicialmente  prohijada por la Sala, según la cual  “cuando  dicha  medida  no  puede  imponerse…,  tampoco  resulta  procedente  resolver  situación  jurídica”,  habida  cuenta  que su definición no está  supeditada,  como  se ha visto, a la restricción de la libertad, surgiendo así  la obligación de resolverla.   

(…)  

No  hay  duda,  así, que de omitirse ese  paso  del  esquema procesal no sólo se desvertebra el sistema a seguir (para el  caso,  el  procedimiento  de  la  ley 600 de 2000), que impone la obligación de  resolver  situación  jurídica,  sino  que  también  se limita por esa vía el  derecho    de    defensa    y    de   contera  se  desobedece  el  mandato  29  superior  que  impone el  respeto  a  las  formas  propias  de  cada  juicio, siendo “forma propia” la  definición  de  situación  jurídica”24   

En estas condiciones, la postura asumida con  posterioridad  por la Sala da lugar a concluir que sí es procedente resolver la  situación   jurídica,   contrario   a   lo   sostenido   por  el  a quo.   

Ahora,  en  reciente  decisión25    la  Corporación  volvió  nuevamente sobre la temática y sostuvo que en casos como  el  que  ocupa  la atención, a pesar de que no sea procedente la imposición de  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sí  es viable fijar una  medida no privativa de la libertad, pues al respecto expresó:   

“El   instituto  de  las  medidas  de  aseguramiento  previsto  en  la  Ley  906 de 2004 al resultar más benigno a los  intereses  del  procesado, debe ser aplicado en su integridad, esto es, si no es  procedente  la  detención preventiva a la luz de tal normatividad, sí podrían  serlo  algunas  de las no restrictivas de este derecho, que trae en su artículo  307  Literal B, sin que se vulnere con ello el principio de favorabilidad,   como      lo     tiene     dicho     esta     Corporación     en     diferentes  pronunciamientos26.   

De  no  entenderse  así, como lo hizo el  Tribunal,  se estaría creando una lex tertia dado que sólo se aplicaría de la  Ley  906  de  2004  el  artículo  313, en virtud del cual, no sería procedente  afectar  a… con medida de aseguramiento de detención preventiva, sin tener en  consideración     la     integridad     del     instituto    en    la    citada  normatividad27”.   

El  criterio fijado ahora por la Sala lleva  entonces  a concluir que en el sub judice  no  solo  es procedente resolver la situación jurídica, sino que  es  viable  imponer  una medida de aseguramiento no privativa de la libertad, lo  cual  se ajusta a lo previsto en el artículo 204 de la Ley 600 de 2000, pues la  impugnante es la Fiscalía.   

Así  las  cosas,  como  quiera  que  de la  actuación  procesal  se  desprende  que  el  acusado  Jaime  José García Montes  fue  vinculado  mediante  declaratoria  de  persona ausente y posteriormente fue  capturado,  de  allí se sigue que se requiere asegurar su comparecencia dada la  pena  imponible  y  la  gravedad  de  la conducta, pues se trata de un delito de  peculado  por  apropiación  en cuantía superior a cincuenta millones de pesos,  por   tanto,  se  le  impondrán  las  medidas  no  privativas  de  la  libertad  consagradas  en  el  literal  B, numerales 5º y 8º del artículo 307 de la Ley  906  de  2004,  en  concordancia  con  lo  dispuesto en los artículos 312 y 315  ibídem,  es  decir,  la  prohibición  de  salir  del  país  y la prestación de una caución de dos (2)  salarios  mínimos  legales mensuales a través de título de depósito judicial  que   deberá   consignar  dentro  de  los  cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación  de esta determinación, con lo cual se asegura que no eludirá la  administración de justicia.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

1º.  MODIFICAR la  decisión  apelada  y  señalar  que  si  bien  no  es  procedente  la medida de  aseguramiento  de detención preventiva, sí lo son aquellas no privativas de la  libertad,  por  lo  que se le impone al acusado Jaime  José   García  Montes  las  consistentes  en  la  prohibición  de  salir  del país y la prestación de una  caución  prendaria en cuantía de dos salarios mínimos legales mensuales, como  presunto   autor   del   delito   de   peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros.   

2º.     DEVOLVER    el expediente a la oficina judicial de origen.   

Notifíquese y  cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                     JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO       SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Comisión de servicio  

ALFREDO          GÓMEZ  QUINTERO                              MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

Permiso  

AUGUSTO   IBÁÑEZ  GUZMÁN                                  JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Para   efectos   de  la  imputación  penal,  en  la  resolución  acusatoria  se  aclaró  que la cuantía del delito de peculado por  apropiación  sólo  era equivalente al valor fijado en la sentencia del Juzgado  Segundo laboral, es decir, la suma de $58.111.623.11.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, auto del 23 de mayo de 2001,  radicación N° 9742.   

3  Ha  de  tenerse  en cuenta que la ley procesal penal  vigente  para  la época de la sentencia proferida por el acusado era el Decreto  2700  de  1991,  el  cual  establecía  en  su  artículo  397  que la medida de  aseguramiento    de    detención   preventiva   procedía   para   los      delitos     cuya     pena  mínima fuera o excediera  de  2  años,  norma  que  es  más  gravosa  que  la  prevista en la Ley 600 de  2000.   

4  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, auto del 20 de octubre de  2005, radicación N° 24152.   

5  Ídem.   

6  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, auto del 19 de marzo de  2009, radicación N° 31369.   

7  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 13 de octubre  de 2004, radicación N°. 22141.   

8  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencias del 6 de marzo  de  2003  y  del  30  de  noviembre  de  2006,  radicaciones N° 18021, y 25185,  respectivamente.   

9  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 4 de marzo de  2009, radicación No. 27539.   

10  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, auto del 19 de marzo de  2009, radicación N° 31369.   

11  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 25 de mayo de  2006,  radicación  N°  23698.  En igual sentido, decisiones del 27 de marzo de  2003,  16  de  febrero de 2005, 25 de marzo de 2006, 25 de julio de 2007 y 18 de  marzo  de  2009,  radicaciones  números  17899,  15212,  23698,  27913,  31369,  respectivamente, entre otras.   

12  En  sentido  similar:  Sentencia  del  2 de octubre 1997, radicación N° 11657.  M.P.  Juan  Manuel  Torres  Fresneda.  Sentencia  del  12  de noviembre de 1997,  radicación  N° 9887. M.P. Ricardo Calvete Rangel. Sentencia del 3 de noviembre  de    1998,    radicación    N°10778.    M.P.    Fernando   Enrique   Arboleda  Ripoll.   

13  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 6 de marzo de  2003.   

14  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 13 de octubre  de 2004, radicación N° 22141.   

15  Es   preciso  tener  en  cuenta  que  la  ley  procesal  penal  vigente  para  la época de los  hechos atribuidos al acusado era el  Decreto  2700  de 1991, el cual establecía en su artículo 397 que la medida de  aseguramiento    de    detención   preventiva   procedía   para   los      delitos     cuya     pena  mínima fuera o excediera  de  2  años,  norma  que  es  más  gravosa  que  la  prevista en la Ley 600 de  2000    y    por   tanto   no   se   prefiere   su  aplicación.   

16  Ha  de  tenerse  en  cuenta  que  este  valor  debe  interpretarse  en el equivalente a salarios mínimos legales mensuales vigentes,  según  la doctrina fijada por la Corte Constitucional en las sentencias C-070 y  C-118  de  1996,  acogida  por la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  entre  otras,  en  sentencia del 23 de enero de 2003, radicación N°  19218,  de  manera  que los $500.000 corresponden a 87,71 de aquellos salarios y  en el caso particular los $58.111.613.11 ascienden a 488,60.   

17  Según   el  Diccionario  de  la  Lengua  Española,  Real  Academia  Española.  Vigésima Primera Edición.   

18  Artículo  333,  numeral  2º.   

19  Artículo 315.   

20  Segunda   instancia,    radicación  N° 24152  del   20   de   octubre   de   2005;  únicas     instancias:    radicación  N°   9842,   auto   del   19  de  enero  de  2006;  radicación  N°  19528,  auto   del   20   de   junio  de  2007;  radicación  N°   22019,   auto   del  12  de  marzo  de  2008;  radicación  N°. 26708,  auto del 9 de junio de 2008, entre otros.   

21  Artículos 354 y 357.   

22  Artículo 313 y 315.   

23  Artículo 27.   

24  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 4 de marzo de 2009, radicación N° 27539.   

25  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 11 de mayo de 2011, radicación N° 35900.   

26  Como se ha señalado en autos de 4 de marzo de 2009,  radicación  N° 27539; 22 de abril de 2009, radicación N° 26078; y 13 de mayo  de 2009, radicación N° 22014, entre otros.   

27  Aunque  a  partir de la sentencia de 3 de septiembre  de  2001,  radicación  N°  16837, se permite la integración de la ley tercia,  con algunas restricciones.     

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