37897(30-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37897  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  425  

Bogotá, D.C., treinta (30 ) de noviembre de  dos mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  apoderado  de  la  procesada Diana Patricia Cardozo  Olmos  en  contra del fallo del 31 de junio de 2011, a  través  del  cual  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Ibagué confirmó  la  sentencia  proferida por el  Juzgado  Penal  del Circuito de Guamo (Tolima), que condenó a la mencionado por  la conducta punible de peculado por apropiación.   

H E C H O S  

El sentenciador de segundo grado los resumió  de la siguiente manera:   

“Los  hechos  jurídicamente  relevantes  ocurrieron  durante  el período comprendido entre el 5 de marzo de 2001 y el 27  de  febrero  de  2002,  cuando  Diana Patricia Cardozo  Olmos,  Subdirectora  del Banco Agrario de la sucursal  de  Natagaima,  Tolima,  solicitó  a  Jairo Charry Conde, cliente de la entidad  financiera,  le  prestara  su cuenta de ahorros No. 6619700075-1 y la libreta de  retiros  con la firma de éste en varios de ellos, luego de lo cual, después de  simular  consignaciones  por  la  suma  de  ocho  millones trescientos mil pesos  ($8.300.000),  y  sin  allegar  los  soportes  respectivos,  los  retiró  en su  integridad.   Similar   procedimiento  aplicó  en  la  cuenta  de  ahorros  No.  6619700288-4,  esa  sí  propia,  a  través  de  la  cual igualmente retiró un  millón   de   pesos  ($1.000.000),  sin  que  existiera  documento  alguno  que  respaldara el ingreso de este dinero”    

A N T E C E D E N T E S  

1. Por los hechos anteriormente referidos, el  13  de  febrero  de  2006.  la  Fiscalía 29 Seccional de Purificación (Tolima)  profirió   resolución   de   acusación  en contra de Diana Patricia Cardozo Olmos  como  autora de las conductas punibles de peculado por  apropiación  y  abuso  de  confianza  (artículos 397 y 249 del Código Penal).  Dicha    determinación    fue   apelada   por   la   defensa   y   confirmada  en  segunda  instancia  por la  Fiscalía  1ª  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Ibagué, a través de  resolución  del  8  de  noviembre de 2006 (fl. 166-172, c. principal)    

La causa fue adelantada por el Juez Penal del  Circuito  de Guamo (Tolima), el cual, luego de aceptar el juicio en su totalidad  el  8  de  septiembre  de  2008  profirió sentencia de  primer  grado,  mediante   la   cual  condenó     a     Diana    Patricia    Cardozo  Olmos   a  las  penas  principales de 55 meses de  prisión,  multa  por valor de $8.300.000 e inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la sanción privativa  de   la  libertad  y,  además,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por igual  lapso,   como   autora  de  la  conducta  punible  de  peculado  por  apropiación  (artículo  397,  inciso  3º,  del  Código  Penal),  al tiempo que le negó el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y el  sustituto  de  la  prisión  domiciliaria.   Así  mismo,  la  absolvió    del    delito   de   fraude  procesal.   

La decisión de condena, tras ser apelada por  el      apoderado     de     la     acusada,      recibió     confirmación  por  parte  de  la  Sala de  Decisión  Penal del Tribunal Superior de Ibagué, en fallo de segundo grado del  30   de   junio   de  2011.   

Inconforme  con  lo  resuelto,  el  defensor  formuló    y   sustentó  oportunamente el recurso extraordinario de casación.    

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  demandante formula dos cargos, así: uno  principal,  orientado  como  violación    directa    de    la    ley    sustancial    y   uno   subsidiario  de  nulidad,  por error en la  individualización  de  la pena. A través de ellos, aspira a cumplir dos de los  fines  de la casación consagrados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, en  particular  la  efectividad  del  derecho  material y la reparación del agravio  inferido   a   la  sentenciada.  Sus  argumentos  se  resumen  de  la  siguiente  manera:   

Cargo principal: violación directa de la ley  sustancial      

Con  apoyo  en  la  causal  de casación que  describe  el  artículo  181  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2004, el  casacionista  denuncia  que  el  sentenciador aplicó indebidamente el artículo  397   del   Código   Penal    y   dejó   de  aplicar  el  249  del  mismo  estatuto.   

En  sustento,  el  censor  critica  que  el  fallador  predicó  equivocadamente  la  condición  de servidora pública de la  procesada  Cardozo  Olmos,  sin  advertir que no tenía una vinculación directa  con  el  Banco Agrario, sino que tenía un contrato individual de trabajo con la  Cooperativa               ‘Conempleos’,  en  virtud  del  cual  fue  ubicada  en  la  sucursal  Natagaima  de  la entidad  financiera.  Por  lo  tanto,  alega,  al no configurarse la calidad exigida para  incurrir  en el delito de peculado, la norma llamada a regular el caso no era el  artículo  397  del  Código Penal, sino el 249 del mismo estatuto, que describe  el delito de abuso de confianza.   

Dice  que  el juzgador omitió considerar el  decreto  1433 de 1983 y la Ley 50 de 1990, norma esta última que dispone que el  vínculo  de los trabajadores temporales se mantiene con la empresa de servicios  temporales  y  no  con  la  entidad donde presten el servicio, según así lo ha  precisado  la  Sala  de  Casación Laboral; lo anterior, agrega, evidencia total  desconocimiento  de la interpretación y aplicación de las normas, todo lo cual  condujo  a  conculcar los principios de tipicidad y legalidad (artículos 10º y  6º  del Código Penal, y 29 de la Constitución Política) y a condenar a Diana  Patricia Cardozo Olmos a una pena y por una conducta más gravosa.   

Alega que “el juez  debió  percatarse  de  que  se  trataba  de  conductas  descritas  en  el  tipo  penal   consagrado  en  el   artículo  105 del Código Penal, para el  Homicidio  Preterintencional”;  así  mismo,  que la  errada  calificación  de  la  conducta   repercutió de manera grave en la  libertad  de  Diana  Patricia  Cardozo  Olmos, “quien  mereciendo  la  pena privativa de la libertad estipulada en el artículo 105 del  Código   Penal,   terminó   condenada   a  55  meses  de  prisión”.    

Con  fundamento en lo anterior, el censor le  pide  a  la  Corte  que  case  la  sentencia  y,  en  su  lugar,  dicte la   condenatoria de reemplazo por el delito de abuso de confianza.   

Cargo subsidiario: nulidad  

Al amparo de la causal tercera de casación,  ‘cuerpo  segundo’, de que trata el  artículo  207 la Ley 600 de 2000, el casacionista denuncia que la sentencia fue  dictada     en     un     juicio     viciado     de     nulidad     ‘como  consecuencia de errores de hecho  manifiestos  y  evidentes  generados en la falsa motivación para incrementar la  pena  impuesta’,  los que  configuraron  la  causal  de  nulidad prevista en el numeral 2 del artículo 306  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  por  desconocimiento  de  los  artículos 3º, 4º y 61 del Código Penal.   

Funda su inconformidad en que el juzgador, al  tasar  la  pena,  incumplió  el  deber de ponderar los aspectos descritos en el  artículo  61  de  la  Ley  599  de  2000  y violó el principio de non  bis in idem, pues reprochó nuevamente  la   conducta   constitutiva  de  delito,  anomalía  que  constituye  la  falsa  motivación  de  la  pena  que pregona. El censor reprocha que de esta manera el  sentenciador  de  primer grado se apartó de la pena mínima del cuarto inferior  de  punibilidad  (48  meses  de  prisión) y, en su lugar, la fijó ‘dentro      de     un     término  medio’  del mismo cuarto,  es  decir  en  55  meses.  Dice  el  impugnante que el fallador violó el debido  proceso,  al desconocer que las sanciones penales deben corresponder a principio  de  necesidad,  proporcionalidad,  razonabilidad  y  retribución  justa. Alega,  además,     que     dicha     irregularidad     violó    el    principio    de  favorabilidad.   

Con sustento en los anteriores razonamientos,  el  recurrente  le  pide  a  la  Sala  que, de no prosperar el cargo precedente,  declare   la   nulidad   de   la   actuación  desde  la  sentencia  de  primera  instancia.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  La Corporación anticipa su decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación,  toda  vez  que  evidentemente  no  cumple  con  los requisitos de  lógica,  claridad,  precisión  y  debida  fundamentación,  consagrados  en el  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000  y  desarrollados  ampliamente por su  jurisprudencia.   

Como enseguida se enseña, con los argumentos  expuestos   en   el  libelo  el  recurrente  pierde  de  vista  que  el  recurso  extraordinario  de  casación  debe  sustentarse  mediante  un discurso lógico,  sistemático  y coherente, sujeto a un desarrollo argumentativo claro y preciso,  que  no deje dudas sobre la materialidad de los yerros susceptibles de denunciar  a  través  de  este recurso extraordinario y su aptitud para derribar las bases  de  la sentencia de instancia, pues, como así lo ha fijado la jurisprudencia de  la  Colegiatura,  el  recurso extraordinario no está  destinado  a  simplemente  enfrentar las apreciaciones de instancia a través de  ponderaciones  diversas, así al recurrente le parezcan  muy  plausibles,  ni  a  denunciar cualquier clase de irregularidad en el debido  proceso  o vulneración de garantías, pues ante irritualidades insustanciales y  de escasa trascendencia el proceso puede mantener su validez.   

Así mismo, con la falta de rigor jurídico,  metodológico  y  argumentativo  en  el  desarrollo de las causales de casación  alegadas,  el  demandante  olvida  que  dicha vía de censura exige una rigurosa  carga  argumentativa  que no se satisface con la mera expectativa de que la Sala  comparta su personal interpretación probatoria.    

2. El libelo, entonces, adolece de numerosas  y ostensibles falencias que impiden su admisión, así:   

2.1.   El  recurrente desconoce el principio de jerarquía de  las  causales de casación, toda vez que incurre en el error lógico de formular  en  primer  lugar, y como principal, un cargo de violación directa y, de manera  subsidiaria,  uno de nulidad, cuando la razón exige que el reproche que acarrea  un  poder  de  invalidación  total  o  parcial de la actuación debe formularse  antes,  como  principal,  frente  a  otro de violación de una norma sustancial,  pues  la  razón  impone  que  de  acceder  a la solicitud de nulidad obviamente  ningún  sentido tiene, y sería imposible por sustracción de materia, entrar a  corregir un error de juicio, el cual supone la validez del fallo.   

2.2.  El  recurrente  equivoca  el  estatuto  procesal que debe regir el  trámite  casacional,  pues  reclama  el  cumplimiento  de los fines del recurso  extraordinario,  según  lo  consagrado  en  el  artículo  180  del  Código de  Procedimiento  Penal  de  2004,  cuando  resulta notorio que el código adjetivo  aplicable  al  caso  es  la Ley 600 de 2000, pues fue durante su vigencia cuando  ocurrieron  los  hechos. Esta falencia lo conduce necesariamente a desconocer el  principio de proposición jurídica completa.   

2.3.   Los   cargos   formulados,   así   hubieren  sido  correctamente  postulados,  adolecen  de graves inconsistencias que refuerzan la convicción de  la Sala para inadmitirlos.   

2.3.1.   En   efecto,  el   cargo  de  violación  directa de la ley sustancial, el cual fue erróneamente formulado al  amparo  de  la  primera  causal de casación que describe el artículo 181 de la  Ley  906  de  2004,  ostenta,  además,  un desarrollo a tal punto desordenado y  carente  de  sentido  que  termina  por  pedirle a esta Colegiatura que   condene   a   la  procesada  por  la  conducta  de  homicidio  preterintencional  y,  en  consecuencia, le imponga la  pena  de  prisión  prevista  en  el  artículo  105  de  la  Ley  599  de 2000.   

En  todo  caso,  el  argumento  que propone,  según  el cual el vínculo de la hoy procesada no era de servidora pública, no  es  más  que  la  insistencia en una apreciación probatoria y jurídica apenas  distinta  a la del sentenciador de instancia, quien, tras analizar la naturaleza  jurídica  (sociedad  de economía mixta) del Banco Agrario y sus trabajadores y  empelados,  el contenido del artículo 20 del Código Penal en asocio con el 5º  del  Decreto  3135 de 1968 y la Ley 50 de 1990, norma esta última que limita al  ámbito   estrictamente   laboral  la  condición  de  la  entonces  funcionaria  Cardozo  Olmos, así como de  hallar,  con  razón,  que  el precedente de la jurisprudencia laboral (el mismo  que  el  casacionista trae a colación en el escrito) no es aplicable al ámbito  penal,  concluyó  que  en  este  caso se cumple con la calificación del sujeto  activo             del             delito1.   Frente   al   razonamiento  judicial,  el impugnante simplemente se limita a insistir en su tesis defensiva,  misma  que ha sido analizada de manera repetida desde la formulación del pliego  de cargos, inclusive.   

2.3.2.   En primer lugar, es necesario señalar que el cargo de  nulidad  (indebidamente  postulado  en  segundo  lugar  y  como  subsidiario del  anterior)  aparece  sustentado sobre una norma inventada por el demandante, pues  esta  Corporación  no  atina a comprender a qué se refiere aquél al apoyar el  reproche  en  el  ‘cuerpo  segundo’  de  la  causal  tercera  de  nulidad,  descrita en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000.    

En similar sentido, aún cuando es cierto que  existen  algunos  motivos  de  casación  que  se proponen por vía de la causal  tercera  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000 y se desarrollan a través de  las  diversas  modalidades  y sentidos de la causal primera, lo cierto es que en  este  caso  particular  el  libelista  omite  todo  desarrollo  de esta clase de  censura  y  se limita a denunciar, sin sustento alguno, que la falsa motivación  constitutiva de nulidad fue el producto de errores de hecho.   

Por  otra  parte, este cargo de nulidad, por  medio  del  cual  el censor pregona la violación del principio del non  bis  in idem y, de manera confusa, una  falsa motivación del proceso  de   individualización   de   la   pena,   carece  de  trascendencia,  toda  vez que, aparte de mencionar sin  apoyo     argumentativo     que     el     juzgador    reprochó    nuevamente  la  conducta  constitutiva  de  delito,  no  demuestra con nitidez de qué manera se configuró la violación al  principio   de   doble   incriminación,   menos   aún   el   de   favorabilidad  que,  lógicamente y dentro  del  contexto de los fallos de instancia, no se observa qué aplicación tuvo en  este caso.   

En  últimas,  la censura se limita reclamar  que  el  fallador  ha  debido  ubicar la sanción privativa de la libertad en el  piso  del  primer  cuarto  de  movilidad  (48  meses)  y no en 55 meses; pero en  desarrollo  de tal crítica, el recurrente no enseña de qué manera el juzgador  de  primer  grado,  al  referirse  a  la  naturaleza  y  gravedad de la conducta  realizada,  a  la  intensidad del dolo de la funcionaria de apropiarse de manera  continua  de  dineros  oficiales,  las  particulares  maniobras  desplegadas por  aquella  para  lograr  sus  fines y al alto cargo que desempeñaba en la entidad  financiera,  dejó  de motivar, dentro de lo razonable, la individualización de  la  pena,  la cual, en todo caso, se ubica mucho más cerca del límite inferior  del cuarto correspondiente (48 meses) que del máximo (66 meses).   

Además  de lo anterior, la petición que el  censor  le  formula  a  la  Sala  resulta  incoherente,  pues  si  acaso hubiese  demostrado  un  yerro en la individualización de la pena, la solución no puede  ser,   como  así  lo  reclama  el  impugnante,  la  anulación  del  fallo  del  ad   quem   y  de  toda  la  actuación posterior, sino su corrección en esta sede.   

4. Conclusión  

Por  las  razones precedentes, la demanda de  casación   formulada   por   el   defensor   de   la   procesada   Diana  Patricia  Cardozo  Olmos adolece de  una indebida fundamentación y, por lo mismo, será.   

CASACIÓN OFICIOSA  

Ha  venido considerando la jurisprudencia de  la  Sala que, en aras de los postulados de pronta y eficaz  administración  de   justicia,  una  vez  inadmitida  la  demanda  de casación, pero   advertida  una  irregularidad  que  atenta contra las garantías de los derechos  fundamentales,  se  impone,  sin  necesidad  de  correr  traslado  al Ministerio  Público,  la  necesidad  de  subsanar  el  yerro de manera inmediata, para así  reparar  el  agravio  inferido,  máxime  cuando  la  Constitución  y la ley le  asignan  a  la  Corte  Suprema  de  Justicia  la función de efectivizar el  derecho   material,  como  así  lo  ha  precisado  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación.   

2.    La  Corte   advierte  que  el  sentenciador violó el principio de legalidad de  las  penas,  pues  impuso  como  pena principal y, de  manera  simultánea,  como sanción accesoria en contra  de  la  procesada  la  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas.  La  violación surge nítida, pues el fallador no advirtió que para  el  caso  del  delito  de  peculado  por apropiación (artículo 397 del Código  Penal)   dicha   medida   está  prevista  como  sanción  principal.  De  forma  concordante,   el  artículo  35  del  mismo  estatuto  precisa  que  configuran  penas  principales  aquellas  privativas  de otros derechos (distintos a la libertad personal) “que   como   tal  se  consagren  en  la  parte  especial”.  De allí que, impuesta la inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  como  castigo principal, no resulta de recibo  imponerla   de   manera  simultánea  como  accesoria,  como  así  lo  hizo  el  ad quem.   

Por  lo  tanto,  con  el fin de corregir la  violación  al  principio de legalidad de las penas y el agravio así inferido a  la  sentenciada, la Colegiatura habrá de revocar el numeral segundo de la parte  dispositiva de la decisión de primera instancia.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         

R E S U E L V E  

PRIMERO: CASAR DE  OFICIO  y  parcialmente  el  fallo  de  instancia.  En  consecuencia,   REVOCAR  el  numeral  segundo  de  la  sentencia  de primer grado. En todo lo demás el fallo  permanece incólume.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

SEGUNDO:  INADMITIR la  demanda  de   casación   presentada  por  el  apoderado  de  la  procesada  Diana Patricia Cardozo Olmos.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                               JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

         

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         AUGUSTO J.  IBÁÑEZ     GUZMÁN                          Comisión  de  servicio   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                JULIO  ENRIQUE   SOCHA   SALAMANCA                                                                                

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Así  lo  ha  concluido  la jurisprudencia de la Sala, al ocuparse de la situación de  los  empleados  del banco Cafetero, así mismo sociedad de economía mixta: cfr.  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 2 de julio de  208,  radicación  No.  28920, decisión que se apoya en la Sentencia de la Sala  de  Casación Laboral del 30 de enero de 2003. Rad. 1908 y decisión de la Corte  Constitucional C-953 del 1° de diciembre de 1999.     

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