37896(08-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 335   

Bogotá  D.C.,  octubre  ocho (8) de dos mil  trece (2013).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación    presentada   por   el   defensor   del   procesado   LUIS   ARMANDO  PAREDES.   

ANTECEDENTES:  

1. El 26 de abril de  2010  se celebraba una reunión familiar en la casa de habitación de la señora  María  del  Socorro  Narváez, madre de Diana Carolina Palacios Narváez. Hacia  las  4:30  de  la  madrugada,  después  de  que  casi todos los contertulios se  habían  quedado  dormidos,  por  cansancio  y  efectos  del licor, LUIS ARMANDO  PAREDES  se  ofreció  a acompañar a la hija de la anfitriona a su cuarto y una  vez  allí,  contra  la  voluntad  de  la joven, la tocó por todo el cuerpo, la  desvistió  parcialmente  y  logró penetrarla con un dedo de la mano izquierda.  Los  gritos  de  la  víctima  alertaron  a  los  presentes  en el inmueble y el  agresor,   que   en   ese   momento   intentaba   desvestirse,   desistió   del  ataque.   

2.   El 24 de  marzo  de  2011,  tras  la  celebración  de  las  audiencias de formulación de  acusación   y  preparatoria,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Túquerres  (Nariño)  condenó  a LUIS ARMANDO PAREDES a 144 meses de prisión e   inhabilitación  de  derechos y funciones públicas por el mismo término. No se  le concedió la condena condicional ni la prisión domiciliaria.   

3.  El  defensor  apeló  ese pronunciamiento y el Tribunal Superior de Pasto, a través del fallo  recurrido  en  casación,  expedido  el  19  de septiembre de 2011, le impartió  confirmación.   

LA DEMANDA:  

Primer cargo. Nulidad.  

Según el casacionista, se desconocieron a su  defendido   los   derechos  de  debido  proceso  y  de  defensa.  Igualmente  se  transgredió el principio de congruencia.   

No   se   cuenta   en  la  actuación  con  información  relativa  a  la  celebración  de  la audiencia de formulación de  imputación  y  así lo admitió el Tribunal al advertir que ni en el escrito de  acusación  ni  en  la  sentencia  de  primera  instancia  aparecían  datos que  permitieran determinar cuándo y cómo se realizó.   

Esa  omisión  le  impidió  a  la  defensa  “constatar   la   permanencia   de  la  imputación  fáctica”.    Se    le    privó   “de  las  herramientas  necesarias  para  vigilar el cumplimiento del  principio  de  congruencia que rige no sólo entre el escrito de acusación y la  sentencia   sino  también  entre  la  imputación  fáctica  y  el  escrito  de  acusación”.  Esa  circunstancia es relevante, no es  subsanable  y  origina  la  nulidad de la actuación a partir de la audiencia de  formulación de imputación.   

Segundo cargo. Violación indirecta de la ley  sustancial.   

La  sentencia  condenatoria  se  basó en el  testimonio  de  Diana  Carolina  Palacios y en el peritaje sexológico realizado  por el médico Oswaldo Coral Caicedo.   

De acuerdo con el ad  quem,  la  primera  se  limitó  a  manifestar  que el  procesado  la  penetró  “con  los dedos”,  sin  precisar “si ello ocurrió por  vía   anal   o   vaginal”.   Ese   “vacío”   lo  llenó  el  Tribunal  “con  la  respuesta  de  referencia  dada por el médico  legista  quien  declaró  que  la  víctima  le  había  dicho  que  el  agresor  ‘me  metió  el dedo en la  vagina’   ”.   

Esa   declaración   del   “perito  testigo”  constituía una prueba  de  referencia  inadmisible,  al  no  concurrir  ninguna  de  las eventualidades  previstas  en el artículo 438 de la Ley 906 de 2004. Por tanto, al considerarla  el  juzgador  como medio de convicción transgredió las reglas de producción y  apreciación  de  las  pruebas.  Sin  el  error  y  por la falta de claridad del  testimonio   de   la   víctima,   estaría   sin  prueba  la  tipicidad  de  la  conducta.   

Le solicita el censor a la Corte que case la  sentencia  y absuelva a su representado pues “lo más  que  puede  predicarse en este caso” es la existencia  de  duda  acerca  del  hecho  punible  y la responsabilidad penal del procesado.   

Tercer cargo. Violación indirecta de la ley  sustancial.   

María  Elena  Castro,  esposa  del acusado,  participó  en  la  audiencia  de  juzgamiento  como  testigo.  La  defensora le  preguntó,  en  relación con una afirmación de la madre de la víctima, si era  cierto  o  falso  que su cónyuge hubiera realizado comportamientos similares al  que    originó   el   presente   proceso.   Ella   respondió   “que yo sepa, no”.   

De  acuerdo con el Tribunal, “el  sentido  común  y la experiencia exigirían de quien dice está  segura  de  que  su  esposo no ha tenido comportamientos similares a los que dio  cuenta  la  hoy  ofendida, que ante una pregunta tan concreta como aquella de si  es      cierto      o      falso      tales     comportamientos     (sic),  debió  sin titubeos, responder lo  segundo  y  luego  sí podría agregar otro tipo de comentarios. Sin embargo, se  limitó a expresar lo ya registrado”.   

La  respuesta  de  la  declarante,  para  el  censor,  fue  lógica,  serena,  imparcial  y ceñida a la verdad. Atribuirle un  efecto  adverso,  en  consecuencia,  “no se compadece  con  los  postulados de la sana crítica”.  Y se  trata      de      un      error     trascendente     porque     “contribuyó    de   manera  directa  a  que  se  concluyera  en  sentencia condenatoria”.   

Cuarto cargo. Violación indirecta de la ley  sustancial.   

El error de hecho por falso raciocinio aquí  denunciado  por  el  recurrente “tiene que ver con la  contradicción  existente entre el testimonio de la víctima que asevera que fue  penetrada  con un dedo de la mano izquierda del presunto agresor y el testimonio  médico  legal sexológico que determina que no existen signos de penetración o  de  acceso  carnal  violento”, la cual fue planteada  por  la  defensa  y  negada por la segunda instancia a partir de “una  valoración  errada” del testimonio  de la víctima y del dictamen médico legal.   

El     ad  quem  encontró compatibilidad entre los dos medios de  prueba.  El  perito declaró que la víctima presentaba una equimosis leve en la  cara  interna del muslo derecho y que no podía afirmar o descartar la agresión  sexual  como  causa  única  del  hallazgo. Así las cosas, si la equimosis pudo  tener   otro   origen,   no   podía   deducirse  de  la  misma  “la  existencia  de  una  agresión  sexual tal como lo dictaminó el  perito  médico  legal  y  que  en  una  interpretación equivocada concluyó en  sentencia        condenatoria       de       segunda       instancia”.   

La  aplicación de la sana crítica tendría  que  haber  llevado  a la aceptación del argumento de la defensa consistente en  que  la  ausencia  de  lesiones  en  los  genitales  de la víctima señalaba la  inexistencia  del  delito.  Adicional  a lo anterior, si la mujer afirmó que su  agresor   la   trató   con   brusquedad   “resulta  incomprensible  a  la  luz  de  la sana crítica que lo único que exista es una  equimosis leve en el muslo derecho”.   

Pudo ocurrir, como se planteó en el escrito  de  apelación,  una tentativa de acceso carnal, “que  no  se  contempló en ningún momento por el ente acusador y en este sentido hoy  es  difícil  retrotraer  el  camino  para pensar en esa posibilidad”.   

De  no  haber  incurrido  el juzgador en las  transgresiones  aludidas,  LUIS  ARMANDO  PAREDES  no  habría  sido  condenado.   

Le pide el defensor a la Sala casar el fallo  impugnado y absolver a su representado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

1.  En el capítulo  IX  de  la  Ley  906  de  2004  dedicado  a regular el recurso extraordinario de  casación,  exactamente  en  el  inciso  2º  del artículo 184, se contemplaron  cuatro  posibilidades  para  no  seleccionar o admitir una demanda de casación:  carencia  de  interés,  no  señalamiento  de la causal, falta de sustentación  debida  de los cargos y cuando de su contexto se advierta fundadamente que no se  precisa  del  fallo  de  la  Corte  para  cumplir  alguna de las finalidades del  recurso.   

2.  En el presente  caso,  pese  a  ser evidente que el recurrente, en su condición de defensor del  procesado,  cuenta  con  interés  para  discutir  ante  la  Sala  la  sentencia  condenatoria  dictada en las instancias, no consiguió sustentar debidamente los  cargos  de nulidad por incongruencia y violación indirecta de la ley sustancial  propuestos en la demanda.   

3.    En   el  primero, formulado al amparo  de  la causal 2ª del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, se limitó a reclamar  por  el  hecho  de que en la actuación no figuraba la audiencia de formulación  de  imputación  o datos relacionados con lo allí acontecido. La posibilidad de  transgresión  del  principio de congruencia fáctica en esas circunstancias, no  pasa de una simple especulación.   

Pero más allá de incumplir el casacionista  en  la  censura  de  nulidad  con  la  carga de demostrar que se imputaron en la  acusación  unos  hechos  distintos  a  los  atribuidos  en  la  formulación de  imputación,  advierte  la  Sala  que  la  falta  de  registros  de la audiencia  preliminar  en  el  expediente  no  configura una irregularidad sino que, por el  contrario,  se  aviene  con  el  tipo de proceso penal regulado en el Código de  Procedimiento Penal de 2004.   

No  existe razón, en estricto sentido, para  que  el  trámite  previo a la presentación del escrito de acusación realizado  ante  el Juez de control de garantías, lo agregue el Fiscal en el acto complejo  de  la  acusación.  Es  deber de la Fiscalía sí, de acuerdo con el parágrafo  del  artículo  146  de  la Ley 906 de 2004, conservar y archivar esos registros  preliminares.  Pero no tiene la carga de allegarlos con el escrito de acusación  ante  el  Juez competente para adelantar el juicio. El artículo 337 ibídem, de  hecho,  no  los relaciona como parte del contenido del acto procesal con el cual  se da comienzo a la fase del juzgamiento.   

Lo  precedente  es lógico. Si el mandato de  imparcialidad  del  Juez  de  conocimiento implica que nada de lo sucedido en el  trámite  preliminar  contamine  su  juicio,  al  punto  de disponerse que quien  ofició  como Juez de garantías no puede hacerlo como Juez de juzgamiento y que  tampoco  puede  fungir  como tal quien resolvió el recurso de apelación contra  las  decisiones  del  Juez  de  garantías de primera instancia, resulta absurdo  pretender  que  se  entreguen  al  Juez  competente  para tramitar el juicio los  registros  de  las actuaciones anteriores a la formulación de acusación. Claro  está   que  resulta  deseable,  no  obstante,  especificar  en  el  escrito  de  acusación  qué  diligencias  tuvieron lugar antes, cuándo y qué se decidió.   

Significa lo dicho que es carga de la parte o  del  interviniente  allegar  el  respectivo  registro  preliminar,  siempre  que  pretenda algún debate que lo implique.   

Si  la defensa tenía motivos para pensar en  el  presente  caso  que  podía  haberse incurrido en una incongruencia fáctica  entre  la formulación de imputación y la acusación, contaba con el derecho de  pedirle  a  la  Fiscalía  la  información  pertinente  para  el  examen  de la  situación  y,  en  todo  caso,  con  la  posibilidad de pedirle al Tribunal que  incluyera  ese  registro  dentro de los “antecedentes  necesarios” (art. 184 ob. cit.).   

Claramente, pues, en virtud del primer cargo  no hay lugar a la admisión de la demanda.   

4.    En   el  segundo  cargo no consiguió  acreditar  el  demandante ningún error probatorio trascendente del juzgador. Si  la  víctima  expresó  que el procesado la accedió carnalmente “con  los  dedos”, está fuera de lugar el  planteamiento  del  censor  conforme al cual queda sin prueba la tipicidad de la  conducta  por  la  indeterminación  de  si  el abuso de produjo “por  vía  anal  o  vaginal”. Si la joven  afirmó  que  el  agresor  la  penetró  sexualmente  y  el  juzgador le otorgó  credibilidad,   ello  era  suficiente  fundamento  probatorio  para  adecuar  lo  sucedido al punible de acceso carnal violento.   

El   perito  médico,  por  su  parte,  en  concordancia  con los términos  de la demanda, no es testigo de referencia  sino  directo.  Simple  y llanamente declaró en relación con las informaciones  que  conoció  en  desarrollo  del  examen  sexológico  que  le  practicó a la  víctima  y  si  algunas  de  ellas contribuyeron a una mejor composición de lo  sucedido,  en  manera  alguna  ello  sugiere  que  el juzgador haya incurrido en  algún error, de hecho o de derecho, en la apreciación probatoria.   

5.  Admite la Sala  que  en  el  cargo  tercero el  casacionista  consiguió  acreditar  un  error  de  raciocinio  del juzgador. La  respuesta    “que    yo    sepa,    no”  de  la  esposa  del procesado, a la pregunta de si era cierto o  falso  que  su  marido  había  llevado  a  cabo  comportamientos  similares  al  investigado,  no  puede  calificarse de contraria a la experiencia, como lo hizo  el  ad quem bajo el argumento  de  que  debió  contestar  “sin titubeos” que se trataba de una afirmación falsa.   

La  respuesta  dada  por la testigo, eso es  claro,  fue negativa. Y agregó cierta ironía al señalar inmediatamente que si  fueran  ciertos  los  antecedentes “esta no sería la  primera  denuncia”. Así las cosas, como contestó o  como   le   pareció   al   Tribunal   que   debía   hacerlo,   son  respuestas  equivalentes.   

La  falencia  del  reproche  radica  en  la  ausencia  de  demostración de la trascendencia del error. Decir que contribuyó  “a     que    se    concluyera    en    sentencia  condenatoria”  es  una  afirmación  vaga  que no lo  acredita.  Y  no  entiende  la  Sala  de qué manera, suprimiendo ese juicio, se  desvirtuarían los fundamentos probatorios de la condena.   

En  razón  de este cargo, en consecuencia,  tampoco hay lugar a la admisión de la demanda.   

6.   En   la  cuarta censura, por último,  tampoco  logró el casacionista probar el error de raciocinio denunciado y mucho  menos  su  trascendencia.  Se limitó allí, simple y llanamente, a señalar que  la       ausencia       de       lesiones       en      los      “genitales”  de  la  víctima mostraba la  inexistencia  del  delito  de  acceso  carnal  violento  y  que  si la joven fue  sometida  a  trato  brusco, según lo dijo en su declaración, no se comprendía  que sólo presentara una equimosis leve en el muslo derecho.   

Esos  argumentos,  propios de un alegato de  instancia,  no  dicen  nada  acerca  de  la  posibilidad de que el juzgador haya  transgredido  la  sana  crítica  y  específicamente  una regla de experiencia,  máxime  cuando  es  claro  que  no  son  tales  las antes enunciadas pues puede  suceder,  en  casos  de  violencia  sexual, que no queden en la víctima huellas  físicas de la agresión.   

7. Es manifiesto,  entonces,   que   el   casacionista   no   demostró  los  errores  denunciados.  Adicionalmente,  no  se  descubren  en  los  reproches  yerros probatorios de la  sentencia,   ni  los  argumentos  en  los  mismos  expuestos  comprueban  alguna  irregularidad  que  conduzca  a  nulidad,  o  una  incorrección jurídica de la  sentencia,  como  para  excusar  al  impugnante  por  no  plantear  la causal de  casación   de   violación   directa  de  la  ley  sustancial  y  proceder,  en  consecuencia,  a  la  selección de su demanda. Por consiguiente, no hay lugar a  admitirla.  Y  tampoco  a  superar  sus  defectos  para hacer uso de la facultad  oficiosa  contemplada  en  el  inciso  3º  del  artículo  184  del  Código de  Procedimiento Penal de 2004.   

8.  Cabe  advertir,  para  finalizar,  que  contra    la   presente  decisión                 procede  el  mecanismo de insistencia de  conformidad  con lo establecido en la norma acabada de  mencionar,  cuyas  reglas  ha  definido  la    Corte   de   tiempo   atrás   en  innumerables pronunciamientos.   

         

        En  virtud  de  lo  expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado LUIS ARMANDO  PAREDES.   

         Contra    esta    determinación    procede    el    mecanismo    de  insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ               

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                               FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                         MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   MUÑOZ         

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                      LUIS            GUILLERMO           SALAZAR  OTERO                                                     

JAVIER    ZAPATA    ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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