37562(28-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado       acta       No.   279         

Bogotá,    D.    C.,    veintiocho  de  agosto  de     dos    mil    trece.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación presentada por el defensor del acusado JAIRO SABOGAL VIDAL.   

ANTECEDENTES  

1.-  La cuestión fáctica, a que se contrae  la    actuación,    ocurrida    en    Neiva,            Huila,   fue  reseñada   por   la  primera  instancia de la manera siguiente:   

“Da  cuenta  la  actuación  que  la  señora ANA LUCÍA CELIS BAHAMÓN y el señor JAIRO SABOGAL  VIDAL,     procrearon     al     menor     S.S.C.1   

“El  29  de  octubre  de  2002, el Juzgado  Cuarto  de  Familia  de  Neiva, mediante sentencia fijó el valor de ochenta mil  pesos  ($80.000),  como  cuota  alimentaria  que  debería  consignar  el señor  SABOGAL  VIDAL, en la cuenta de depósitos judiciales del Banco Agrario, a favor  de  su  menor  hijo  JAIRO  STEVEN  SABOGAL  CELIS,  cuotas que se incrementaran  anualmente  conforme  al  aumento que el gobierno nacional fije para el salarios  mínimo  legal;  obligación  alimentaria  que  ha venido incumpliendo el señor  JAIRO  SABOGAL  VIDAL, según advierte la denunciante ANA LUCÍA CELIS BAHAMÓN,  más  el informe contable del Juzgado Cuarto de Familia de Neiva, máxime cuando  se  ha  establecido  que el victimario es una persona que no padece enfermedades  que  le  impidan  producir económicamente y por el contrario tiene la actividad  laboral  en  el  mantenimiento  y reparación de motocicletas, sin embargo se ha  desentendido  de  la  obligación  alimentaria para con su hijo, dejando toda la  responsabilidad a la madre del mismo”.   

2.-        El       17   de   marzo   de   2010,    la    Fiscalía    12   Local  con  sede  en Neiva, Huila,            presentó   escrito   de  acusación  en  el  cual  le  imputó  al  incriminado    JAIRO    SABOGAL   VIDAL,   la  realización  del  delito        de       inasistencia  alimentaria,  definido por  el   artículo  233,  inciso  segundo,  del  Código  Penal  de  2000, modificado  por    el    artículo    1º    de    la    Ley    1181   de   2007.   

3.-   Ante   el   Juzgado   Primero      Penal      Municipal  con  funciones    de    conocimiento    de   Neiva, el día  13   de   agosto  de  2010  se  llevó  a  cabo la  audiencia  de  formulación  de  acusación  – en la cual la Fiscalía acusó al  imputado     del     referido    delito-,     el  día   28   de   octubre  siguiente   la   audiencia  preparatoria  donde se resolvió sobre la pertinencia  y   conducencia   de   practicar   las   pruebas   pedidas  por  las  partes  y,  posteriormente,   el  día  26   de   enero   de  2011,  el  juicio  oral.  En  esta  última  fecha,  se     anunció     el    sentido    condenatorio del fallo.   

4.- La sentencia  fue   proferida   el  20  de   mayo        de        2011,  y  con ella se puso fin a la instancia condenando al  acusado     JAIRO    SABOGAL    VIDAL         a        las           penas         principales        de        treinta    y    dos    (32)  meses  de  prisión  y  multa  en  cuantía  de 20 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, así  como  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por término igual al  de  la  pena  privativa de la libertad, al tiempo que  le  concedió  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena, entre  otras  decisiones, como consecuencia de encontrarlo autor penalmente responsable  del        delito        de       inasistencia  alimentaria, a    él  imputado en la acusación.   

5.- Apelada esta  determinación    por    la    defensa  -quien  a  partir  de  manifestar  su inconformidad con la  apreciación   probatoria,   solicitó  revocarla  y  absolver    a    su    patrocinado,    en   cuanto  consideró  ausentes los  presupuestos  exigidos por el Código de Procedimiento Penal para proferir fallo  de  condena-, el Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Neiva,  mediante  providencia del  27  de  julio  de 2011 decidió  impartirle  íntegra  confirmación,  al resolver en  segunda instancia la impugnación interpuesta.     

6.-  Contra esta decisión, en oportunidad la  defensa  interpuso recurso extraordinario de casación mediante la presentación  de       la       correspondiente      demanda2,  sobre  cuya admisibilidad se  pronuncia la  Corte.   

LA DEMANDA  

Después de resumir los hechos e identificar  las   partes   intervinientes   en   el  trámite  y  la  sentencia  materia  de  impugnación,  así  como  de  hacer  un relato de lo actuado en las instancias,  con   apoyo   en   la   causal  tercera    de    casación,    un   cargo postula    el  recurrente  contra  la  sentencia del Tribunal, en el  que       denuncia       la      violación  indirecta  de la ley sustancial debido a errores de hecho  en la apreciación probatoria.   

Sostiene   al   efecto  que  el  Tribunal  desconoció     la     garantía     de    estricta    tipicidad    “por  error  de  derecho”   por  falso juicio de existencia, al tener como probado un  hecho  con  un medio demostrativo no incorporado a la  actuación  y  por  omitir  la  apreciación  de  hechos  probados válidamente,  “violándose  de  contera  los  principios  fundamentales  del debido proceso,  derecho de defensa y el derecho a la presunción de inocencia”.   

Después  de  mencionar  el  contenido  del  artículo  29  de  la  Carta  Política,  algunas disposiciones del Código  Penal  y  del  Código de Procedimiento Penal, así como de traer a colación el  planteamiento  sobre  el  tipo  penal,  realizado por un doctrinante extranjero,  sostiene  que  según las sentencias proferidas por los juzgadores de instancia,  su   defendido   se  encontraba  en  capacidad  económica  de  cumplir  con  la  obligación   alimentaria,   que   alguna   vez   fue   visto  trabajando   en   la  reparación  de  una  motocicleta  en  un  taller, “pero de ello no puede concluirse que ese trabajo  era  permanente,  que  tenía  un  sueldo,  y  que  por  consiguiente  gozaba de  seguridad  social,  es decir que no se puede afirmar probatoriamente que se haya  sustraido al deber alimentario”.   

Anota  que  en  ninguna  parte  del proceso  aparece  medio  demostrativo  que  permita  concluir  la  solvencia  o capacidad  económica  de  su  representado  para  hacer frente a la obligación demandada,  “por  lo  que la conclusión de los juzgadores es equivocada, subjetiva y Asia  (sic)  no  se  puede edificar un juicio de responsabilidad con la contundencia y  suficiencia   para   destruir  el  derecho  fundamental  de  la  presunción  de  inocencia”,   

Agrega  que “los trabajos ocasionales que  cumple  mi  representado  solamente  le  alcanza para satisfacer sus necesidades  mínimas de subsistencia” (sic).   

Concluye, entonces, que los fallos acusados  no  satisfacen  los  presupuestos  para  dictar  una sentencia de condena,   establecidos  en el artículo 372 del Código de Procedimiento Penal, razón por  la  cual  solicita  se  case la sentencia recurrida y absolver a su representado  del cargo que le fuera formulado.   

     

SE CONSIDERA  

1.-  De  tiempo  atrás   la   Corte  tiene  establecido3,    en  criterio  que en esta ocasión se reitera, que la casación no ha sido concebida  como  un  instrumento  que  dé  cabida a la continuación del debate fáctico y  jurídico  llevado  a  cabo  en  un  proceso ya culminado, a manera de instancia  adicional  a  las  normativamente  previstas para el  respectivo     trámite,     sino    que,    por    el    contrario,    corresponde    a   una  sede  única  en  la  que se parte del supuesto que el juicio  ha   terminado  con  la  emisión  de  la  sentencia  de  segunda  instancia y que ésta no solamente  es acertada sino ajustada en  un   todo   al   ordenamiento   jurídico,   cuya   desvirtuación   compete  al  demandante.   

Los intervinientes en la actuación judicial  sólo  pueden lograr dicho propósito a través de la  presentación  de  una demanda escrita, en la que se  identifique  la  sentencia  recurrida, se acrediten la legitimidad y el interés  para  recurrir,  se expresen con claridad y precisión los fundamentos fácticos  y  jurídicos  de  la  pretensión, y se demuestre la objetiva configuración de  uno  o varios de los motivos de casación taxativamente previstos por el Código  de Procedimiento Penal.   

En  el libelo debe demostrarse asimismo, la  necesaria  intervención  de  la  Corte para cumplir, en el caso concreto,   uno  o  más  de  los  fines  inherentes  al  recurso extraordinario, los cuales  aparecen  previstos  por  el artículo 180 del Código de Procedimiento Penal de  2004.  De ninguna otra manera podrían ser entendidas las expresiones contenidas  en  los   artículos  181  y  183  ejusdem,  según las cuales la casación  resulta  procedente  contra  sentencias  de  segunda  instancia  “cuando  afectan  derechos  o  garantías fundamentales”   y  que  en  la  demanda  se  debe  señalar  “de  manera  precisa  y  concisa” las  causales invocadas y sus fundamentos.   

Insiste  la  Corte  en  indicar  que  en el  sistema  procesal  de  que  trata la Ley 906 de 2004 no se exonera al demandante  del  deber  de   cumplir  con unos mínimos requisitos de forma y contenido  que  le  permitan  superar  el  necesario  juicio  de  admisibilidad que por ley  compete  realizar a la Corte. Tanto es esto, que el artículo 184 del mencionado  estatuto  la faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en las cuales  se  establezca  que  el impugnante carece de interés, o cuando no se señala el  motivo  de  casación en que apoya la pretensión desquiciatoria contra el fallo  de  segunda instancia, o se dejan de desarrollar clara y precisamente los cargos  que  a  su amparo pretendió formular, “o cuando de  su  contexto  se  advierta fundadamente que no se precisa del fallo para cumplir  algunas       de       las       finalidades       del       recurso”.   

Entre los mencionados requisitos   establecidos   por   el   artículo   183  de  la  Ley  906  de  2004,                  modificado  por  el artículo 98 de la Ley 1395 de 2010,  se  destaca    que    el    censor    debe  interponer el recurso en la  oportunidad legalmente prevista, esto es dentro de   los  5  días  siguientes  a la última notificación, así como presentar la demanda en  un   término   posterior   común  de  30     días,     y    cumplir   la  carga  de  acreditar  la  existencia de interés para acudir a sede extraordinaria.   

El  demandante  tiene  por deber señalar, además, con absoluta precisión la causal o causales  que  apoyan  su pretensión; enunciar, desarrollar y sustentar de manera clara y  precisa  el cargo o cargos que a su amparo pretenda proponer y; demostrar con la  nitidez  requerida,  que  la  intervención  de la Corte en el asunto particular  resulta  necesaria  para cumplir alguna de las varias finalidades previstas para  el  recurso,  tales  como la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los intervinientes en el proceso, la reparación de los agravios  inferidos   a   éstos,  o  la  unificación  de  la  jurisprudencia.   

2.- En el evento que ahora ocupa la atención  de  la Sala, se observa que dichas exigencias básicas no resultan íntegramente  satisfechas   en   la   demanda  de  casación  que  presenta  el  defensor  del  acusado  JAIRO  SABOGAL  VIDAL.  Los  requerimientos de claridad, concreción y  debida  fundamentación de los ataques, que la lógica del recurso exige, no son  debidamente atendidos en el libelo.   

Lo   que   la  demanda  evidencia,  es  una  entremezcla  de  conceptos  e  ideas  inconexas  que  lo distancian de lo que en  estricto  rigor debe corresponder al ejercicio del instrumento extraordinario de  impugnación  y  sí  por  el  contrario, lo asemejan a un alegato propio de las  instancias,  es  decir no sometido a parámetro lógico o normativo alguno, pues  no  solamente  da en sugerir que en la actuación seguida contra su representado  se  presentó  la  violación  al  debido  proceso  y  el derecho de defensa -en  argumentación  propia  de  la  causal  segunda  o  de nulidad-, nada de lo cual  desarrolla   ni,   por   supuesto,  demuestra  con  el  rigor  exigido  en  sede  extraordinaria,   sino   que  contradictoriamente  -suponiendo  la  validez  del  juicio-,   sostiene  que  se  incurrió  en  error  de hecho por falso  juicio  de  existencia  por  suposición,  cuyo reparo  también deja en el  solo     enunciado,     pues    tampoco    acredita    su    configuración    y  trascendencia.       

El  libelista  dejó    de   demostrar   cómo   el   Tribunal,  con  apoyo  en  la  prueba  practicada  en  el  juicio  oral,   se  equivocó  al declarar establecido,  más  allá de toda duda  razonable,    la    materialidad    del      delito      jurídicamente      denominado      inasistencia  alimentaria, así como la  responsabilidad   penal   del   acusado,     como     autor    en        la        realización        de        dicha             conducta      delictiva,  y      no      la     pregonada     existencia   de   un   motivo   de   ausencia  de  responsabilidad  penal;  como  tampoco la  duda   probatoria  que  invoca, como corresponde proceder cuando se denuncia  la  aplicación  indebida  y  la  consecuente  falta de aplicación de preceptos  sustanciales  por  incurrir  en errores de hecho o de  derecho    en    la    apreciación   en        los        medios       de       convicción.   

En  lugar  de  comprobar  la objetiva configuración de los            yerros  probatorios  que  dice  noticiar,  así  como  la  eventual trascendencia de  unos  tales  desaciertos   en  el  sentido del fallo, se dedica a presentar  particulares  consideraciones  fácticas,  para  anteponerlas  al  criterio  del  Tribunal  expresado  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,  lo  cual escapa a la lógica del recurso  extraordinario.   

Nótese  que   bajo  el  supuesto  de  haberse  incurrido en violación indirecta de la ley  a    causa    de   la   existencia   de  errores  de  apreciación probatoria, el demandante no  solamente  no acredita los errores que dice noticiar, sino que  tampoco  presenta un panorama fáctico distinto del declarado en el fallo, en el  que  se  corrijan los desaciertos que pregona, dejando así sus reparos en solos  enunciados   generales,  toda  vez  que  no  les  da  ningún  desarrollo  ni  demostración con el rigor  exigible en sede extraordinaria.   

En  lugar de proceder a demostrar el yerro,  el  libelista, a la manera de un alegato más propio de las instancias que de la  casación,  se dedica a sostener sin acreditarlo, que la prueba practicada en el  juicio  resulta  insuficiente para edificar en ella una declaración de condena,  pero  no  indica  en  cuáles  medios  de  convicción  se basó el fallador, ni  cuáles  sustentan sus asertos, pues no se sabe qué medios acreditan que “los  trabajos   ocasionales”  que  ejecuta  su  representado,  apenas  le  permiten  subsistir,  suponiendo  que  la  Corte debe conocer o  verificar   la   existencia   y   contenido   de   la   prueba  de  las  labores a que se refiere,  y  además  hacer  los  cálculos  sobre los ingresos  que  ellos  le  reportan así como de los gastos que  debe  realizar,  todo lo cual resulta inaceptable en  tratándose   de   un  instrumento  extraordinario  de  impugnación.   

          

Sucede  además, que no es cierto que en la  sentencia  se  hubieren  supuesto  las  pruebas  que  fundamentan  la declaración de condena, y en lo cual  sustenta   los   reparos   por  falso  juicio  de  existencia  por  suposición. Como resultado de revisar  los  fallos  de  instancia,  se  observa que los juzgadores  ponderaron los  elementos  de juicio que informan sobre la actividad  económica  del acusado, tales como los testimonios de Ana María Bríñez   y  Margarita  Ramón Torres, así como el rendido por el funcionario de policía  judicial   que   llevó   a   cabo  diligencias  de  verificación    del    arraigo   del   enjuiciado,  sobre lo cual ninguna mención se hace en el libelo,  con  lo  cual el presunto falso juicio de existencia  por              suposición,     asimismo    queda   huérfano   de   acreditación,   en   cuanto   carece  de  verificación en el fallo.    

A  fin  de denotar la falta de razón en la  formulación  del reparo,  cabe   resaltar  que  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,   el  sentenciador  expresó:   

“Es evidente que en cabeza del sentenciado  JAIRO    SABOGAL    VIDAL    recae   una   obligación   legal              de      suministrar  alimentos a su hijo JA. ES. SA.  CE.         conforme         lo           dispone        el           numeral        2º            del   artículo              411          del   Código   Civil.    Tampoco  cabe                 duda          que          el           enjuiciado       ha  incumplido  su  obligación legal y moral, tal como lo declara  ANA     LUCÍA     CELIS    BAHAMÓN    -madre    del    reclamante-,  quien  insiste que el denunciado le  adeuda aproximadamente la suma de $4.154.0000.oo.   

“A    su    vez,    se   demostró  la  real  capacidad  económica  del  obligado, pues la  querellante  informó  que  el ajusticiado se desempeña laboralmente como   mecánico  de motos, en los establecimientos de comercio Motos y Motos, Unimotos  y  Sur  Motos; es decir, siempre ha tenido una fuente de ingresos y que con ella  podría cumplir con su obligación alimentaria.   

“Tales  asertos los corroboró ANA MARÍA  BRIÑEZ  y  MARGARITA RAMÓN TORRES, quienes concuerdan en que el sentenciado se  desempeña  como mecánico en diferentes establecimientos comerciales. Del mismo  modo,  puntualizan  en  que  la  relación  afectiva  del  procesado para con su  descendiente es inexistente.   

“Adicionalmente el funcionario de policía  judicial   que  realizó  las  diligencias  de  verificación  del  arraigo  del  encartado,  se  desplazó  al  taller de motocicletas ubicado en la carrera 1ª,  entre  calles  1ª  y  2ª,  en  donde  el mismo sentenciado corroboró que él:  ‘trabaja  allí  como  mecánico’.”   

Este aparte del fallo de segunda instancia,  resulta  elocuente  de la  falta    de    razón    en    el    demandante,    al   postular   errores   de   hecho   por   falsos   juicios  de  existencia  por  suposición.   

       

El  libelista  no  se  percata  que a más de  enunciar  el  yerro,   tenía  por deber realizar un nuevo análisis de los  medios  de  prueba,  los elementos materiales probatorios y la evidencia física  presentados  en  el juicio; valorando los medios que fueron omitidos, cercenados  o  tergiversados,  o  apreciando acorde con los principios técnico científicos  establecidos  para  cada  uno  en  particular  y  las reglas de la sana crítica  respecto  de  aquellos  en cuya ponderación fueron transgredidos los postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  los dictados de experiencia; y  excluyendo  del  fallo  los  supuestos o los ilegalmente practicados o aducidos,  según sea el caso particular.   

Al  no  proceder  de este modo, obviamente no  podía  tomar en cuenta que dicha labor demostrativa debía realizarla de manera  conjunta  respecto  de  la totalidad de los medios discutidos, en confrontación  con   lo  acreditado  por  las  pruebas  debatidas  en  juicio  y  acertadamente  apreciadas,  tal  como  lo  ordenan las normas procesales establecidas para cada  medio  probatorio  en  particular  y  las  que  refieren  el  modo  integral  de  valoración, nada de lo cual siquiera ensaya.   

Es tal entidad la precaria formulación del  reparo,  que  no  indica  de  qué manera habría de  corregirse  en  sede  extraordinaria  el  yerro que pretende noticiar, y cómo la correcta apreciación de  los  medios,  en  conjunto  con  los demás sobre los cuales no concurre ningún  tipo  de desacierto, daría lugar a proferir un fallo en sentido sustancialmente  distinto   al   que   es  objeto  de  censura,  nada  de  lo  cual  demuestra  pese  a que tenía el deber  de  hacerlo, si es que su intención era desquiciar el andamiaje fáctico en que  se sustentó el fallo ameritado.   

Lo  que  en últimas se observa en la demanda  presentada  por  el  defensor  de  JAIRO  SABOGAL  VIDAL, es una discrepancia de  criterios  en  torno  a  la  valoración que en los fallos se hizo de la prueba,  propendiendo   por  la  prevalencia  de sus personales deducciones sobre el  criterio  del  fallador  y  no  una objetiva transgresión a reglas que rigen la  aducción  de los medios o a los postulados que gobiernan la sana crítica en la  apreciación  probatoria,  como  corresponde  acreditar  cuando se acude en sede  extraordinaria  en  orden a denotar la ilegalidad de la sentencia impugnada, con  lo  cual  se  pierde  de  vista  que  en  tratándose de errores de apreciación  probatoria,  éstos  deben ser manifiestos y objetivos, es decir, de tal entidad  que  den  lugar  a  la  intervención  de  la  Corte para corregir la violación  indirecta  de  la  ley  por  el  fallo,  y  no  simplemente  para terciar en las  discrepancias  de  las  partes  con  el juzgador de segunda instancia, tan sólo  porque no compartió los planteamientos de aquellas.   

Lo  que  se  ofrece en la demanda, no es la  intención  de demostrar la existencia de un error demandable en casación, sino  la  exposición  de  un  criterio particular sobre cómo ha debido proferirse la  sentencia  respecto  del  cual no se está de acuerdo con el juzgador, tan sólo  porque  no  se le dio la razón a la defensa cuando ésta acudió en apelación,  lo que de suyo resulta inadmisible en sede extraordinaria.   

Esto  es lo que se establece cuando formula  una  crítica  general  al  mérito  persuasivo  conferido  por el juzgador a la  prueba         testimonial        practicada  en  el  juicio,  y,  tal vez pretendiendo que la Corte  supla  las  deficiencias  argumentativas que presenta y desentrañe la finalidad  que  se persigue con la interposición del recurso, afirma tan sólo, sin llegar  a  demostrarlo en los precisos términos que han sido señalados en el cuerpo de  este  proveído,  que  contrariando las disposiciones  de  procedimiento  que  gobiernan  la  actividad judicial de apreciación de los  medios    de    convicción,    los    juzgadores    prefirieron    las  pruebas  de  cargo frente a las de  descargo.   

3.-  En  síntesis,  la  demanda estudiada no  cumple  las  exigencias mínimas de forma y contenido requeridas para su estudio  de  fondo.  Por tanto, se la  inadmitirá y se ordenará la devolución del  diligenciamiento  al  Tribunal  de  origen, de conformidad con lo previsto en el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004,  pues no se advierte la necesidad de  superar  sus  defectos de forma y contenido para la realización de los fines de  la  casación,  ni  la violación de garantías fundamentales que la Corte esté  en el deber de proteger de manera oficiosa.   

4.- Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia  por  parte del demandante, de conformidad con lo establecido en  el  artículo  184  inciso segundo ejusdem, en la oportunidad, forma y términos  precisados        por        la        Corte4.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada por el defensor del acusado  JAIRO  SABOGAL VIDAL, por  las razones expuestas en la motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS             GUILLERMO            SALAZAR  OTERO                                   JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Se  omite   el   nombre   completo   del   menor  en  protección  de  sus  derechos  fundamentales,  conforme a los artículos 15 y 44 de la Constitución Política,  en  armonía  con los artículos 33, 47 numeral 8 y 193 numeral 7 de la Ley 1098  de 2006.   

2 Fls.  31 y ss. cno. Trib.   

3 Cfr.  auto de casación del 5 de diciembre de 2007. Rad. 28653.   

4  Casación 24322. Auto de 12 de diciembre de 2005.     

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