37085(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

Luis Guillermo Salazar Otero  

                                     Aprobado Acta No. 239   

Bogotá,  D.C.,  veintisiete (27) de junio de  dos mil doce (2012).   

ASUNTO  

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda  sustento  del  recurso  de  casación,  instaurado  por el apoderado de  CALIXTO  DOMINGO  RAMOS  PETRO,  contra  la  sentencia  del  17  de mayo de 2011  proferida  por  el Tribunal Superior de Montería, mediante la cual confirmó la  condena  emitida el 11 de marzo del mismo año por el Juzgado Penal del Circuito  de  Cereté, que lo condenó a prisión de doscientos treinta y dos (232) meses,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  período,  al  mismo tiempo que le negó la suspensión condicional de la  ejecución  de la pena y la prisión domiciliaria, al hallarlo autor responsable  del delito de homicidio y lesiones personales.   

HECHOS Y ANTECEDENTES  

El  11  de mayo de  2010,    pasadas     las     siete     de     la     noche,     a    la    sala    de    la  casa de la señora Lida Rosa Galindo Díaz ubicada en la vereda  Tierra  Seca del municipio de San Pelayo, ingresó un individuo accionando un arma  de   fuego   en  cuatro  (4)  oportunidades  contra  Eduardo  Antonio  Martínez  Hernández,   causándole  la  muerte.  Uno   de   los  disparos  impactó  el  brazo  derecho de  la  menor Ketty Esther Martínez Ramos,  quien    junto    con   Cristian   David   Gallego   Galindo    se    hallaba    en    ese   mismo  lugar,   realizando  sus  tareas    escolares.    Como    responsable    del  homicidio de Martínez Hernández y de las heridas de  la menor, fue acusado CALIXTO DOMINGO RAMOS PETRO.   

El  12  de  diciembre  de    2010,  ante el Juez Promiscuo Municipal de San  Pelayo  con  función  de  control   de   garantías,   la   Fiscal  Quince Seccional de Cereté   solicitó   la  legalización  de  la  captura  de  RAMOS  PETRO,  formuló  imputación por  los  delitos  de  homicidio  y  lesiones personales y  pidió     la     imposición    de    medida    de    aseguramiento.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Cargo  único.  Con  sustento  en  la  causal  tercera  del  artículo  181  de  la  ley  906  de  2004, denuncia la violación  indirecta  de  la  ley por error de hecho debido a falso juicio de identidad, en  la apreciación de la prueba testimonial.   

La  censura  señala  que  la  sentencia  se  sustenta  en  el  testimonio  de  Ketty  Esther  Martínez  en  detrimento de la  credibilidad  de  las  declaraciones  de  Cristian  David  Gallego  y  Lida Rosa  Galindo, igualmente testigos presenciales del hecho.   

Con  ese  propósito resume lo dicho por cada  uno  de ellos y por Abel Antonio Villa Guevara, para advertir que a pesar de ser  encontradas  las  versiones  de  los  menores,  el Tribunal acude a “una   especie   de   tarifa   legal  probatoria”    para  reconocerle  plena  eficacia  probatoria al testimonio de Ketty Esther e incurre  en  falsos  raciocinios, traicionando las reglas de la lógica y la experiencia,  para negarles credibilidad a los demás testigos.   

Controvierte el análisis probatorio realizado  por  el  Tribunal  y  señala  que “omitió el deber  legal     de     valorar    responsablemente    estos    testimonios”,  los  que  a  su juicio son eficaces  para  encontrar  la  verdad,  por  lo  que  en  esas condiciones la sentencia se  encuentra  “edificada en  probabilidades”.   

CONSIDERACIONES  

La  demanda  no  reúne  los  presupuestos de  técnica  que  permita  disponer  su  admisión, en razón a que el cargo único  propuesto   contra   la   sentencia   de  segunda  instancia,  fue  postulado  y  desarrollado  sin  la  observancia  de  los  requisitos  formales  y  materiales  previstos   en   los  artículos  183  y  184  inciso  2º  de  la  ley  906  de  2004.   

Es pertinente recordar que aunque la casación  proceda  como  control  constitucional  y legal contra las sentencias de segunda  instancia,  los  requisitos de técnica propios del recurso no han desaparecido,  como  tampoco  la  demanda  mediante  la cual se instaura es un escrito de libre  confección,  en  el  que  resulte  innecesarias  la mención de la causal y las  normas de derecho sustancial vulneradas.   

En  este sentido, el recurso no ha perdido su  entidad  de  juicio  lógico  jurídico,  de suerte que obliga al recurrente a observar las reglas propias que  lo  diferencian  de  los  alegatos  de  instancia, con la proposición de cargos  claros  y  precisos  en  los que los errores sean postulados de manera objetiva,  sin  contradicciones, bajo el supuesto que la interpretación de las alegaciones  hechas         en         la         demanda1,   la   modificación   y  la  readecuación    de    los    reparos,    son    ajenas    a   la   impugnación  extraordinaria.   

Aun  cuando en el cargo único de la demanda,  el  actor postula el error de hecho por falso juicio de identidad y relaciona la  prueba  sobre  la  que  supuestamente  recae  el  vicio,  omite  indicar  si  la  tergiversación  de  la  misma  fue por adición, supresión o alteración de su  contenido material.   

Además,  por  tratarse  de  un  error  en la  contemplación   material  de  la  prueba,  era  imperativo  que  adelantara  su  confrontación  literal con la sentencia para hacerlo evidente; como no cumplió  con ese cometido, el reparo se queda en su simple enunciación.   

De  otro  lado,  en  lugar  de ceñirse a las  exigencias  de  técnica  propias  de  la  impugnación extraordinaria, el actor  optó  por  resumir  la  prueba  para  mostrar que el alcance que el Tribunal le  fijó  fue consecuencia de un falso raciocinio por desconocimiento de las reglas  de  la  lógica  y  de  la  experiencia,  dejando  clara  su  confusión  en  la  proposición del yerro contra la sentencia.   

Así  las cosas, la demanda no es más que un  alegato  de  instancia,  a  través  de  la  cual  pretende que en esta sede sea  acogida  su  visión  particular  acerca del valor probatorio de los testimonios  citados   en  ella,  olvidando  que  en  la  sentencia  amparada  por  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad, la valoración de la prueba del juzgador  prevalece  sobre  la  de los intervinientes, en tanto no se aparte de las reglas  de la sana crítica.   

De ahí, que indistintamente acuse al Tribunal  de  haber  acudido  a “una  especie  de  tarifa  legal  probatoria”,   y  no  comparta  “esos  argumentos  probatorios  pues  no mide con el mismo rasero de  apreciación    de    la    prueba    y    de   la   sana   crítica”,  para concluir que los testimonios a  los      cuales      le      niega      fuerza      probatoria,     “son  eficaces  para  lograr la verdad  procesal,  todas  son coherentes en las explicaciones de lugar, tiempo y modo de  la     ocurrencia     del     hecho”.   

Esto  es,  que  en  lugar de mostrar el error  postulado  y  su  incidencia  en  la  sentencia, en la censura el actor hace una  crítica  generalizada  a  la  forma  en  que  el  Tribunal  apreció  la prueba  testimonial,   para   finalmente   atribuirle   la   omisión  del  “deber     legal     de     valorar  responsablemente”   las  declaraciones,  argumentación  que  resulta  ajena a la casación y que ninguna  relación guarda con la clase de reparo propuesto.   

Por  último, como la sentencia atacada no se  manifiesta  injusta,  ninguno  de  los  motivos  previstos  en el inciso 3º del  artículo  184 de la ley 906 de 2004, permitirá superar los defectos anotados a  la demanda para decidir de fondo.   

En  consecuencia, la Sala no la seleccionará  ni  tampoco  dispondrá  su intervención oficiosa en este asunto, puesto que no  se  vislumbra  la  afectación  de  los  derechos  ni  la  vulneración  de  las  garantías fundamentales de los intervinientes.   

Finalmente,  contra  la determinación que se  adoptará  procede el mecanismo de insistencia previsto en el inciso segundo del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, cuyo trámite a falta de regulación legal  es el siguiente:   

“a-  …  sólo  puede  ser  promovida por el demandante dentro de los cinco (5) días siguientes  a  la  notificación  de  la  providencia que inadmite la demanda de casación u  oficiosamente  provocada  dentro del mismo lapso por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación Penal -en tanto no sean recurrentes- el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o  suscrito la inadmisión.   

b-  La respectiva solicitud puede formularse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados que haya salvado voto respecto a la decisión de  inadmitir  o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  no  haya  intervenido  en la  discusión.   

c- Es potestad del funcionario ante quien se  formula  la  insistencia  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para su revisión y en este caso así lo informará al peticionario  en   un   término   de   quince   (15)   días”2   

.  

En   mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Primero.-   No  seleccionar  la  demanda  de  casación,    presentada    por   el   defensor   de   CALIXTO   DOMINGO   RAMOS  PETRO.   

Segundo.-  Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia.   

Notifíquese  y  devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                    

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO            FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO                    

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                MARIA   DEL   ROSARIO   GONZALEZ   MUÑOZ                                        

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                                                               JULIO      E.     SOCHA     SALAMANCA                                                     

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

                          

NUBIA YOLANDA  NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema de Justicia: radicado: 25.565 del 8 de junio de 2006.   

2Auto,  diciembre  12  de 2.005, radicación 24322; en el mismo sentido, auto, de mayo 4  de 2006, radicación 25006.     

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