37033(13-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 227   

Bogotá, D. C., trece (13) de junio de dos mil  doce (2012).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca de la posibilidad de  admitir  la  demanda  de casación presentada por el apoderado de la parte civil  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Bogotá,  mediante  la cual revocó el fallo condenatorio emitido por el Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  de esta ciudad y, en su lugar,  absolvió  a  RAFAEL  MARÍA  APONTE  HERRERA  de los hechos y cargos que por la  conducta   punible  de  estafa  agravada  lo llamó a juicio la Fiscalía General de la Nación.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Julio  Vicente  Sotelo  Bustos  conocía  a  RAFAEL  MARÍA  APONTE  HERRERA,   desde   julio  de  1994,  como  un  gestor  y  tramitador  en procesos adelantados ante la jurisdicción civil. Este último  incluso  le  presentó  al  abogado  José  Reyes  Pinilla  Pino  para que fuera  representado  judicialmente.  Cuando  el profesional del derecho murió en 1998,  APONTE  HERRERA  le  propuso  a  Sotelo  Bustos continuar con el trámite de dos  asuntos  ante los Juzgados 3 y 31 Civiles del Circuito de Bogotá, pero con otro  apoderado.   

A la postre, RAFAEL MARÍA APONTE HERRERA le  inició  a  Julio  Vicente  Sotelo  Bustos  un  proceso  ejecutivo con el fin de  cobrarle     la    suma    de    $35’000.000  por  concepto  de  honorarios.  Sotelo  Bustos,  a su vez,  denunció  penalmente  a  APONTE  HERRERA,  aduciendo  que  le  había extraído  $30’000.000 para llevarle  los  asuntos  civiles,  suma  que le entregó tras haber entendido que tenía el  título de abogado.   

2.   Debido  a  ello, la Unidad   Segunda  de  Delitos  contra  la  Fe  Pública  y  el  Patrimonio Económico de la Fiscalía  ordenó  la  apertura  de la instrucción, vinculó al  denunciado  a  la  actuación  procesal  y,  una  vez  cerrada  la instrucción,  calificó   el  mérito  del  sumario  en  su  contra,  acusándolo  como  autor  responsable  del delito de estafa agravada,  según  lo  dispuesto  en los artículos 356 y 372 numeral 1 del  Decreto  Ley  100  de  1980,  anterior  Código Penal.   

3.  Recurrida  y  confirmada  la resolución  acusatoria por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá  mediante  decisión  de  25 de julio de 2006,  conoció de  la    etapa    siguiente    el   Juzgado          40         Penal    del   Circuito   de   Bogotá,  pero  por  una  medida de depuración adoptada por la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior de la Judicatura, la actuación fue  remitida  al Juzgado Noveno Penal del Circuito de Descongestión de esta ciudad,  despacho  que  condenó al  procesado   por  el  injusto  en  comento          a         30  meses  de  prisión  y  $100.000  de  multa,  así  como a la accesoria de ley y al pago de  perjuicios.   Igualmente,   le   concedió  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena privativa de la libertad por un periodo de prueba de dos  años.   

4.  Apelado     el     fallo    por    la  defensa,       el  Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  la  revocó y, en su  lugar,  absolvió  a RAFAEL MARÍA APONTE HERRERA. De acuerdo con el ad quem, no  se  demostró  engaño  o  artificio  alguno  por  parte  del procesado, pues la  versión  de  Julio  Vicente Sotelo Bustos era contradictoria, además, conocía  que  el  acusado  no  era abogado titulado y, aunque no sabía leer ni escribir,  tenía  experiencia  negociando  con  inmuebles, de donde se desprende capacidad  para entender las implicaciones del arreglo erigido por ambos.   

5.  Contra  el  fallo  de  segundo  grado,  interpuso  el apoderado de la  parte  civil  en  cabeza  de  Julio Vicente Sotelo Bustos el recurso         extraordinario        de  casación.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de la causal primera de casación  (numeral  1  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000), propuso el recurrente un  único  cargo, consistente  en  la  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de un error de hecho  por falso juicio de identidad.   

Sostuvo al respecto que el Tribunal desechó  las  pruebas,  “dándole  valor a unas y desechando  otras   que  realmente  tenían  valor”1.   

A  continuación,  presentó  un  discurso  tendiente  a  demostrar cómo el procesado, por medio de mentiras, engañó a su  poderdante  para que éste le encomendara el trámite ante unos juzgados civiles  del  circuito,  sin ser realmente abogado y obteniendo un provecho ilícito para  él,   así   como   un   correlativo   perjuicio   económico  para  el  sujeto  pasivo.   

Adicionalmente,  reclamó porque el Tribunal  desestimó  la  versión  de  Julio  Vicente  Sotelo  Bustos  alejándose de los  postulados  de  la  sana  crítica,  sin  tener  en  cuenta  que  es una persona  “con  ausencia  total  de  instrucción académica,  fácilmente  engañable”2   y   omitiendo   apreciar   los   medios   de   conocimiento   en   el  contexto  adecuado.   

Agregó  que  le dio valor al testimonio de  Juan  Barcelino  Ortegón  Jiménez  “de una manera  parcializada”3  y descartó los de Marlenne  del   Carmen   Rico   Gutiérrez   y   Susana  García  sin  analizarlas  en  lo  pertinente.   

En consecuencia, solicitó a la Corte casar  el   fallo   del   ad   quem   para   en   su  lugar  confirmar  el  de  primera  instancia.   

INTERVENCIÓN DEL NO RECURRENTE  

Dentro del término de traslado, el defensor  de  RAFAEL  MARÍA APONTE HERRERA pidió el rechazo de la demanda, aduciendo que  no  reúne  los  requisitos  mínimos contemplados en la ley y la jurisprudencia  para su admisión.   

CONSIDERACIONES  

1.  La casación  es  un  recurso reglado y extraordinario que permite cuestionar, ante la máxima  autoridad  de  la  justicia  ordinaria,  la  correspondencia de una sentencia de  segundo grado con el orden jurídico.   

Dicha  confrontación  repercutirá  si  es  descubierto  en  la  providencia  un  error  relevante,  ya sea propuesto por el  recurrente o advertido de oficio por la Corte.   

Una  decisión  ajustada  a derecho, por el  contrario,  es  aquella  que  logra  sobrevivir  racionalmente  a  la  crítica.   

La crítica será intrascendente si no logra  refutar   el   fallo,   es   decir,   si  no  demuestra,  bajo  los  parámetros  jurisprudenciales,  que  riñe  en  aspectos  sustantivos  con  la Constitución  Política, la ley o los principios que las rigen.   

De  ahí  que la demanda de casación nunca  podrá  equipararse a un alegato de instancia, máxime cuando los artículos 212  y  213  de  la Ley 600 de 2000 (Código de Procedimiento Penal vigente para este  asunto)  exigen  una presentación lógica y adecuada a cada una de las causales  establecidas  en el artículo 207 ibídem, así como el desarrollo de los cargos  que   por  los  yerros  in  procedendo  (o  de  mero  trámite)  o in iudicando  (o  de  juicio) haya propuesto el recurrente, con la  demostración de su trascendencia para la decisión adoptada.   

2.    En  el  asunto  que concita la atención de la Corte, el  demandante  no  propuso  un error susceptible de ser atendido en casación, pues  el   único   reproche   por  él  planteado  carece  de  cualquier  fundamento.  Veamos:   

2.1.          Cuando  en  sede  de casación se plantea la violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error de hecho en la apreciación de la prueba, la  Sala  ha  dicho  que  su  configuración sólo puede  obedecer a tres clases:   

La   primera,  el  falso  juicio  de  existencia,  que  se presenta  cuando  al  proferir  la sentencia objeto del extraordinario recurso, el juez o cuerpo colegiado omite por  completo  valorar  el contenido material de un medio de prueba que hace parte de  la   actuación   (y   que,   por  lo  tanto,  fue  debidamente  incorporado  al  expediente),     o  también   cuando   le  concede   valor   probatorio  a  uno  que  jamás  fue  recaudado  y,    por    consiguiente, supone su existencia.   

La   segunda,  el  falso  juicio de identidad, que ocurre cuando el  juzgador,  al  emitir  el fallo impugnado, distorsiona o tergiversa el contenido  fáctico  de  determinado  medio de prueba, haciéndole decir lo que en realidad  no  dice,  bien  sea porque realiza una lectura equivocada de su texto, o porque  le  agrega  aspectos  que  no  contiene,  o  porque omite tener en cuenta partes  relevantes del mismo.   

Y  el  tercero,  falso  raciocinio,  que se  constituye  cuando  el  Tribunal  valora la prueba de  manera    íntegra,    pero    se    aleja  en  la  motivación  del fallo de  los  postulados  de la sana crítica, es decir, de una concreta ley científica,  principio lógico o máxima de la experiencia.   

Por     supuesto,    cualquiera   de   estos  yerros  debe  ser  trascendente,  lo  que  significa  que frente a la valoración en conjunto de la  prueba  realizada  por  el  Tribunal  o   ambas  instancias  (según  sea  el  caso),  su  exclusión tendrá que conducir a adoptar  una decisión distinta a la que fue materia de impugnación.   

2.2.   Aunque  formalmente  propuso  un  falso juicio de identidad por supuesta tergiversación  de  la prueba, a ninguna de las señaladas modalidades de error fáctico aludió  el  apoderado  de  la  parte  civil en la demanda. Simplemente, expuso su propia  apreciación  de la prueba, atinente a la credibilidad que en su opinión debía  otorgarse  a  la  versión de los hechos del denunciante, así como a la de tres  personas  que  declararon durante la actuación procesal, elementos por medio de  los  cuales  adoptó  una  conclusión  fáctica  distinta  a  la  de la segunda  instancia.   

Es  obvio  entonces que el error que debió  haber  formulado el profesional del derecho no era un  falso  juicio  de  identidad, sino un falso raciocinio. Pero aun en el evento de  haber  acertado  en  tal  proposición,  su  planteamiento  estaba  destinado al  fracaso,  porque de ninguna manera se advierte la vulneración o desconocimiento  a    un    principio    lógico,    ley    científica    o    máxima   de   la  experiencia.   

Aunado  a  lo  anterior,  la Sala encuentra  razonable  la  fundamentación  del Tribunal. De acuerdo con el ad quem, no hubo  engaño  o  artificio  alguno,  sino  “mentiras que  adujo  el  denunciante  en  el proceso”4,   pues  “lo  que  existió  entre  Julio  Sotelo  Bustos y  RAFAEL  MARÍA  APONTE  HERRERA fue la celebración de un negocio que conocía y  aceptó       el      querellante”5.   Así  mismo,  que  la  supuesta  víctima, “a pesar de no  saber  leer  y  escribir,  constantemente  se dedicaba a realizar negocios sobre  bienes      inmuebles,     […]     lo  que  evidencia  indicio  de capacidad personal que tenía para  conocer       sobre       el       convenio       que      realizaba”6.   

En  este  orden  de ideas, si lo único que  persiste  a  esta altura de la actuación es una disparidad de criterios, lo que  debe  prevalecer  para  efectos  del  extraordinario  recurso  es  el  acierto y  legalidad  de la sentencia impugnada por encima de cualquier otra consideración  que  no  implique,  sustancialmente,  un  error  susceptible de ser estudiado en  casación,   es   decir,   la   configuración   de   una  de  sus  causales  de  procedencia.   

3. Con base en lo  anterior,  la  Corte  concluye  que el abogado se alejó de los principios de no  contradicción,  sustentación  suficiente, crítica vinculante y coherencia, de  los  cuales  se  desprende que los argumentos deben bastarse por sí mismos para  propiciar,  desde  una  óptica de lo razonable, la existencia de un error capaz  de  deslegitimar  el  fallo  de  segunda  instancia.  Y  como  la  Sala, una vez  examinado  el  expediente,  tampoco  encuentra  vulneración  de  las garantías  judiciales  de  la  parte  civil,  no admitirá la demanda interpuesta contra la  providencia dictada por el juez plural.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda   de   casación   allegada  por  el  apoderado  de  la  parte  civil  contra  la  sentencia de  segunda instancia emitida  por  el Tribunal Superior  del Distrito Judicial de Bogotá.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO         FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                 MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO      JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

                       

       

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio 47 del cuaderno del Tribunal.   

2 Folio  52 ibídem.   

3  Ibídem.   

4 Folio 22 ibídem.   

5 Folio  18 ibídem.   

6 Folio  23 ibídem.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *