36909(09-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36909  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado     acta     Nº281   

Bogotá,  D.C.,  nueve (9) de agosto de dos  mil once (2011).   

V   I   S   T   O  S   

La Sala resuelve acerca de la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  José     Arid    Guzmán,  contra  la  sentencia  dictada  por el  Tribunal  Superior  de  Ibagué,  el  14 de septiembre de 2010, mediante la cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de la misma  ciudad,  el  4 de mayo de 2010, que lo condenó como coautor, entre otros, de la  conducta punible de hurto calificado agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Sucedieron a las 7:30 de la noche del 17  de  marzo  del  2005, en la calle 16 entre carreras 7° y 8°, barrio Interlaken  de  Ibagué,  cuando  la  señora  Rosalba Forero Martínez que caminaba por ese  sector  fue  abordada  por  dos  sujetos  que se movilizaban en una motocicleta,  quienes  la intimidaron con un arma de fuego y trataron de despojarla del bolso,  y  ante  su  resistencia  la  arrastraron  por  la  vía  pública  hasta lograr  quitárselo,  causándole  varias  lesiones, como fue rompimiento de clavícula,  luxación  leve de cadera y laceraciones en diferentes partes del cuerpo, que le  ameritaron  incapacidad  médica  de  25  días; en la bolsa hurtada llevaba sus  objetos  personales,  una  billetera  con  documentos  propios y de sus hijas, 2  celulares, una agenda digital y doscientos mil pesos en efectivo.   

Un mes después, el 17 de abril de 2005, al  leer  el  periódico El Nuevo Día, advirtió que dos sujetos que aparecen allí  como  capturados  fueron  los  mismos  que la atracaron, por lo que de inmediato  amplió  su  denuncia para informar al respecto, estableciéndose que responde a  los    nombres    de    José    Nolbert    Ruiz    Martínez   y   José   Arid  Guzmán”.     

2. Por los anteriores hechos, la fiscalía,  el  20  de  octubre  de  2005,  profirió resolución de acusación contra José  Nolbert     Ruiz    Martínez    y    José    Arid  Guzmán   por   las   conductas  punibles  de  hurto  calificado  agravado,  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego o  municiones  y  lesiones  personales,  providencia que cobró ejecutoria el 28 de  octubre del mismo año.   

3.  El  expediente  pasó al Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Ibagué,  autoridad judicial que el 4 de mayo de 2010,  dictó  sentencia  de primera instancia en la que condenó a los procesados a la  pena  principal  de  111  meses  de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas, como coautores de los  delitos anteriormente citados.   

4. Apelado el fallo por el defensor del otro  coacusado     y    el    procesado    José    Arid  Guzmán,  el  Tribunal  Superior de Ibagué, el 14 de  septiembre de 2010, al resolver el recurso, lo confirmó.   

Contra la anterior decisión los defensores  interpusieron recurso de casación.   

5.  El  28  de  abril  de  2011,  la citada  Corporación  declaró  la  extinción  de  la  acción  penal  por razón de la  prescripción  respecto  de  los  delitos  de  fabricación, tráfico y porte de  armas  de  fuego o municiones y lesiones personales. En consecuencia, condenó a  los  sindicados  a la pena principal de 87 meses de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  la  sanción  privativa  de la libertad, como coautores del  punible de hurto calificado agravado.   

Así  mismo,  declaró  desierto el recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  José  Nolbert  Ruiz Martínez.   

S  Í  N  T  E  S  I  S   D E L   L I B E L O   

         Después   de   reseñar   los  hechos,  los  intervinientes  y  la  actuación   procesal,  procede  a  desarrollar  un  sólo  reproche  contra  la  sentencia,  basado  en  la  causal tercera reglada en el artículo 207 de la Ley  600 de 2000, de la siguiente manera:   

         Único cargo   

         Denuncia  al  Tribunal  de  haber  dictado  sentencia  en un juicio  viciado  de  nulidad,  toda vez que al momento de ser escuchado en diligencia de  indagatoria,  a  su  defendido  se  le  atribuyó  el delito de hurto calificado  agravado,    en    concurso    con   porte   ilegal   de   armas,   “ocasionándole lesiones graves”.   

         Aduce  que  ese  momento procesal era el mejor mecanismo de defensa  que  contaba  José  Arid  Guzmán, en orden a responder las imputaciones hechas  por la justicia.   

         Por  otro  lado,  aduce que se omitió dar aplicación al artículo  338   del   Código   de  Procedimiento  Penal,  en  cuanto  a  la  “calificación     jurídica     provisional”,     puesto  que  no  es  lo  mismo  decir ocasionar lesiones graves que  indicar  la  comisión  de  un  delito  contra  la integridad personal, en tanto  aquellas pueden ser una ofensa de carácter verbal.   

         De  tal  manera,  considera  que  la  fiscalía  sorprendió  a  su  procurado  en la resolución de acusación, cuando formuló pliego de cargos por  el delito de lesiones personales.   

         Por  lo expuesto, depreca a la Corte casar la sentencia impugnada y  consecuentemente,  declarar  la  invalidez  de  todo  lo actuado, devolviendo el  expediente a la fiscalía.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         

1.   La   casación  en  la  Ley  600  de  2000   

Recuérdese   que   dado   el   carácter  extraordinario  de  esta  impugnación, al libelista compete elaborar la demanda  bajo  los  estrictos  parámetros  contemplados  en  la  ley y decantados por la  jurisprudencia.   

Por  tanto,  no  basta  con  afirmar que la  sentencia  o  al  interior  del  proceso  se  cometió  un error de derecho o de  actividad,  dado que impera demostrar la existencia del vicio y su trascendencia  frente a las plurales decisiones adoptadas en el fallo.   

De acuerdo con las decisiones de la Sala, es  bien  sabido  que  el  recurso  de  casación constituye el medio por el cual la  Corporación  revisa  la  legalidad  de  la  providencia. De ahí que la censura  cumpla  con  todas las formalidades estatuidas en el artículo 212 de la Ley 600  de  2000,  toda  vez que en ella se debe señalar, de manera clara y precisa, la  causal  con  la  cual pretende la infirmación del fallo y argumentando cómo el  yerro  de  derecho  o  de  actividad,  según el caso, condujo a resquebrajar la  sentencia.   

Presupuestos   de   lógica   y   debida  fundamentación  de  la  causal  tercera  de casación   

Si  bien  la  Sala  ha  dicho  que es menos  exigente  que  la  demostración  de  las  otras,  lo  cierto  es  que impone al  demandante  proceder  con  precisión, claridad y nitidez a identificar la clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina  la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el límite de la actuación a  partir de la cual se produjo el vicio.   

Así mismo, compete indicar la cobertura de  la   nulidad,   evidenciar   que  procesalmente  no  existe  manera  diversa  de  restablecer  el  derecho  afectado  y  lo  más  importante,  comprobar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo injerencia perjudicial y decisiva en la declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), dado  que   este   recurso   extraordinario   no  puede  fundarse  en  especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones carentes de demostración o en situaciones ausentes de  quebranto.   

Violación del debido proceso y del derecho  de defensa.   

Esta    Corporación    ha    denotado  insistentemente1,  cómo  deben sustentarse los ataques por la violación al debido  proceso o al derecho de defensa:   

Viene afirmando la Sala desde tiempo atrás  que  el  desconocimiento al debido proceso2,    debe  apoyarse       en      cuatro      columnas      primordiales:      (a) la identificación concreta del acto  irregular;    (b)   la  concreción  de  la  forma  como  éste afectó la integridad de la actuación o  conculcó  las  garantías procesales; (c)  la explicación trascendente de por qué es irreparable el daño,  es  decir, demostrando su lesividad y, (d)  el  señalamiento del momento a partir del cual debe reponerse la  actuación.   

Deberá  conjugar  el actor, los principios  que  orientan  la declaratoria de las nulidades y su convalidación, como los de  concreción,  trascendencia,  protección, taxatividad, residualidad, seguridad,  entre  otros,  previstos  en  el artículo 310 de la Ley 600 de 2000, para de la  mano  de  ellos, constatar el grado de afectación, potencialidad y consecuencia  inmediata.   

(…)  

Especificándose,  en  la  violación  al  derecho  de  defensa,  si  es  técnica  o  material,  su  cobertura  o radio de  protección,  las disposiciones infringidas, el estado en el que debe permanecer  la  actuación  y  demostrar  que  los  principios  que  rigen  las nulidades se  hubieren  superado,  a  fin  de  determinar  la  concreta  actuación al haberse  lesionado  tal  garantía  y su especifica incidencia en el juicio. Nada de ello  realizó  el  libelista,  dejando  su  inconformidad  sumida  en  un  ataque  de  instancia, desde luego, insustancial, efímero y precario.   

En consecuencia, si la demanda no cumple con  los  anteriores  parámetros  de  lógica y debida fundamentación, sin duda, la  decisión a adoptar es la inadmisión del libelo.   

Calificación de la demanda  

En el supuesto que ocupa la atención de la  Sala,    respecto   del   único   cargo  que  el  actor  presenta contra la sentencia de segunda instancia  por  la  vía de la nulidad, es claro que lo dejó a mitad de camino, por cuanto  no  presentó  razonamiento  tendiente  en  demostrar  que  la  sistemática que  reglaba  la  Ley 600 de 2000, ordenaba la existencia de una perfecta armonía en  las  calificaciones  dadas  a los comportamientos delictuales en la indagatoria,  resolución de acusación y fallo de mérito.   

Es   decir,   de   las  pocas  hipótesis  argumentativas  que  enuncia no deja entrever desde el punto de vista normativo,  la  exigencia  de esa congruencia en los indicados estadios procesales, toda vez  que  en  la  indagatoria  sólo  se  atribuyó  al  acusado  la comisión de las  conductas  punibles  de  hurto  calificado  agravado  y fabricación, tráfico y  porte  de  armas  de  fuego  o  municiones,  y  no  la  de  lesiones personales,  situación que a juicio del censor, resquebraja el debido proceso.   

Aunado  a  lo anterior, el reproche resulta  inane,  pues  respecto  de  los últimos delitos citados, el juzgador de segunda  instancia  declaró  la  extinción  de  la  acción  penal  por  razón  de  la  prescripción,  dejando  únicamente  la  condena  por la infracción que atenta  contra el patrimonio económico.   

Por   tanto,  deviene  necesariamente  la  inadmisión de la demanda.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo impugnado o dentro de la actuación, se hayan violado otros  derechos  o  garantías  de  los intervinientes, como para que tal circunstancia  imponga  superar  los  defectos  de  la demanda, con el fin de decidir de fondo,  según lo dispone el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    por    el    defensor   de    José   Arid   Guzmán.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

                                                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ                       

FERNANDO  A.  CASTRO CABALLERO                                                                               SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS           

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

                                          NUBIA                                YOLANDA                                NOVA  GARCÍA                                                       

                                              Secretaria   

    

1 Entre  otras providencias, auto del 28 de julio de 2008. Rdo. 29.695.   

2 En el  mismo  sentido, Corte Suprema de Justicia: radicación 16.363 del 30 de julio de  2002.     

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