36911(05-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     nº  36911   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 315  

Bogotá  D.C., cinco (5) de septiembre de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

La  Corte  acomete  el  estudio  sobre  las  exigencias  de crítica lógica y suficiente sustentación del libelo casacional  allegado  por el defensor del procesado LUIS ALEJANDRO  BELLO  BARRERA contra la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Santa Rosa de Viterbo el 4 de mayo de  2011,  a  través de la cual, luego de revocar el fallo absolutorio proferido el  20  de  enero  de  2010  por  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Sogamoso,  condenó   al   mencionado   ciudadano   como  autor  del  delito  de  homicidio  preterintencional.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  esta  actuación  fueron  sintetizados  en el fallo de segundo grado en los siguientes  términos:   

“El 9 de mayo de  2008,  a  eso  de  las  5:30  de  la tarde, en la tienda de LUIS ALEJANDRO BELLO  ubicada  en  la  Vereda  Primera  Chorrera,  Sector El Papayo, finca El Encanto,  compartían  algunas  cervezas  el  ya  citado y los señores FLORENTINO BELLO y  JOSÉ  DEMETRIO  PÉREZ  LÓPEZ, luego de lo cual, abandona el sitio FLORENTINO,  quien   es   acompañado   a   la   carretera   a   tomar  la  buseta  por  LUIS  ALEJANDRO.   

Tiempo después, al regresar LUIS ALEJANDRO,  como  aún  estaba allí JOSÉ DEMETRIO, más borracho y “cansón”, ordena a  su  esposa  ILMA  DÍAZ  y a su hija ANDREA cerraran la tienda y no le vendieran  más,  ante  lo  cual,  éste  se  torna  grosero  y empezó a darle golpes a la  cocina,  lugar  donde  se  encontraban las damas, hecho que motivó al dueño de  casa  a  tomar  su  cauchera  y  lanzar  con  ella una piedra que impactó en su  cabeza, causándole una lesión.   

Acto seguido JOSÉ DEMETRIO se dirigió a su  casa   de   habitación,   lugar   donde,   al   día   siguiente,  fue  hallado  muerto”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  6  de  abril  de  2009,  ante el Juzgado  Primero  Penal  Municipal  de  Control  de  Garantías de Sogamoso, la Fiscalía  imputó  a  LUIS ALEJANDRO BELLO BARRERA la  comisión  del delito de homicidio preterintencional previsto en  el  artículo  105  del  Código Penal.  Seguidamente, a instancia del ente  acusador  se  le  impuso  medida  de aseguramiento de detención preventiva para  hacerla efectiva en el domicilio del imputado.   

Presentado el escrito de acusación, el 4 de  mayo  de  2009  se  realizó  la  respectiva  audiencia,  en  cuyo desarrollo la  Fiscalía lo acusó del punible de homicidio preterintencional.   

La  etapa  de  juicio  fue adelantada por el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Sogamoso, despacho que una vez surtido el  debate  oral  profirió  fallo  el  20  de  enero  de  2010,  por medio del cual  absolvió  a  LUIS ALEJANDRO BELLO BARRERA.   

Impugnada  la sentencia por la Fiscalía, el  Tribunal  Superior de Santa Rosa de Viterbo la revocó y en su lugar condenó al  procesado  a  la  pena principal de ciento cuatro (104) meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual lapso, como autor penalmente responsable del delito objeto  de acusación.   

Contra la sentencia del Tribunal el defensor  interpuso  recurso extraordinario de casación y allegó en tiempo el respectivo  libelo.   

LA DEMANDA  

El  libelista  formula  dos cargos contra la  decisión  del  ad quem, los  cuales postula y desarrolla en los siguientes términos:   

          1.        Primer cargo: Violación directa de la ley sustancial   

          Con  fundamento  en la causal primera de casación establecida en el  numeral  1º  del  artículo  181  del  estatuto procesal de 2004, el recurrente  aduce  que  se  dejaron de aplicar las normas del bloque de constitucionalidad y  legal  relativas  al  in  dubio  pro reo llamadas  a  regular  el caso. Ello por cuanto las páginas 6 y 7 de  la  sentencia señalan la necesidad de demostrar “la  existencia  de una perfecta relación de causalidad entre la conducta del agente  y  el  resultado  producido”  no obstante lo cual el  fallo  desconoció  el  inciso segundo del artículo 7 de la Ley 906 de 2004 que  obligaba a dictar sentencia absolutoria.   

Una de las garantías procesales consagradas  en  el  artículo  29  de  la  Constitución Política como derecho fundamental,  refiere  el  censor,  es  la presunción de inocencia, figura sobre la cual cita  varias  definiciones  jurisprudenciales  y  doctrinales  a  partir de las cuales  concluye   que   el   principio   del  in  dubio  pro  reo   hace   parte  del  núcleo  esencial  de  dicho  postulado.   

Luego,   en   el   acápite   denominado  demostración  del  cargo,  transcribe  apartes  de  las sentencias de primera y  segunda   instancia   y   compendia  la  actuación  a  lo  largo  del  proceso.  Posteriormente  resume  el contenido de las pruebas recaudadas y se concentra en  los dictámenes médico legales.   

En  tal  sentido,  destaca el impugnante, el  perito  Rafael  Parra Serna,  Director  del  Instituto de Medicina Legal Seccional Boyacá, quien practicó la  necropsia,  ratificó  en  el  juicio  su dictamen sobre la inexistencia de nexo  causal  entre  el  deceso  del  señor Demetrio Pérez  López  y  la  lesión  ocasionada  por  LUIS  ALEJANDRO  BELLO  BARRERA  indicando  que  la  muerte  se  produjo  por “asfixia mecánica  producida   por   BRONCO   ASPIRACIÓN”,  situación  frecuente  en  estado de embriaguez grado III como aquella en la cual se hallaba  el  occiso.   De  igual  manera,  dicho  perito  descartó la existencia de  síntomas   de   anemización   en   el  cadáver  porque  presentaba  livideces  indicativas  de  la  presencia  de  líquido  sanguíneo y los órganos internos  tenían abundante presencia de esa sustancia.   

Contrario  sensu,  considera sin fundamento la experticia rendida  por     el    médico    Pablo    Emilio    Morales  Martínez,  según  la  cual el deceso de Demetrio  Pérez  López  se produjo como  consecuencia  de  la anemia aguda generada por el sangrado masivo derivado de la  herida  en  cuero  cabelludo,  porque  esa  condición  le imposibilitó el acto  reflejo necesario para evitar la broncoaspiración.   

Ello  por cuanto el análisis se cimentó no  en  la  revisión  directa del cadáver sino en el acta de necropsia y el álbum  fotográfico  y  porque,  al ser interrogado en el juicio, no pudo indicar cuál  fue  el  protocolo  seguido  para  emitir  su  dictamen,  ni  los  mecanismos de  carácter técnico utilizados.   

Colige  el  casacionista  que esa experticia  está  basada en “estadísticas no documentadas y en  un  raciocinio  producto del análisis de los elementos materiales probatorios y  evidencia   física,  sin  sustento  CIENTÍFICO  NI  BASADO  EN  REGLAS  DE  LA  EXPERIENCIA,  no  corroborado  por  otros  medios probatorios sino por la simple  injerencia  no  motivada  del  PERITO,  se percata la existencia de un error que  trascendió  y concluyo (sic)  en     que     la    causa    de    la    muerte    se    genero    (sic)  por  un  fenómeno  no PROBADO; NO  DOCUMENTADO;  NO  CORRELATIVO,  inesperado,  en  base  a  puntos  de  partida no  determinados  como  lo  es la presencia de abundante sangre en la almohada y que  conlleva  a  la perdida (sic)  de  la conciencia por anemia (descartada por el otro perito), lo anterior basado  solamente   en   el  álbum  fotográfico  de  las  escenas  del  levantamiento,  desconociendo  que  la muerte no se produjo mientras dormía el occiso (FALTA DE  CONCIENCIA  O  SUB  CONCIENCIA  COMO  LO DEFINE) sino que el suceso se presentó  mientras  caminaba  con  dirección  a  la sala de su casa de habitación lo que  determina   que  sí  existía  conciencia  para  desplazarse  a  pesar  de  que  baso (sic) su conclusión en  la  perdida  (sic)  de esta  (sic)…”   

En  seguida consigna los errores manifiestos  en  que, en su opinión, incurrió el Tribunal, producto de los cuales inaplicó  la  norma del bloque de constitucionalidad y legal llamada a regular el caso: i)  No  dar  por demostrado, estándolo, que existen dos dictámenes contradictorios  entre   sí   sobre   la   causa   probable   de   la   muerte  de  Demetrio  Pérez  López;  ii) Ignorar la  existencia  de  duda  razonable y manifiesta originada en el conjunto de pruebas  recaudadas;  iii) “Desconocer la condición fáctica  sobre  la escena del levantamiento que desvirtúa la posibilidad de que Demetrio  Pérez  se  encontrase  en  un  estado  de  subconciencia  ya  que  la muerte le  sobrevino   cuando   se   desplazaba   por   el   hall  de  su  casa”   lo   cual  descarta  la  anemización  aguda  como  causa  que  imposibilitó    los    actos   reflejos   necesarios   para   evitar   la   broncoaspiración;    iv)   No  dar  por  demostrado,  estándolo,  que  el  procesado  estaba  amparado  por  el principio del non  bis  in  ídem  situación  constitutiva  de  error de  derecho   por   “falso   juicio   de  legalidad  o  excepcionalmente de convicción”.   

          A                    continuación                   “singulariza las  pruebas  ignoradas”  que permitían aplicar la norma  del  bloque  constitucional  y  legal  llamada  a  regular  el caso, así: a) El  Tribunal   ignoró   y   no   analizó   la   existencia   de   dos  dictámenes  contradictorios;  b) Desconoció la prueba de alcoholemia indicadora de un nivel  de  194 ml/100 equivalente a embriaguez grado III, a partir de la cual el primer  dictamen    dedujo   como   causa   de   muerte   la   asfixia   mecánica   por  broncoaspiración;  c)  No  tuvo  en  cuenta  la  prueba documental (álbum  fotográfico)  demostrativa de la  bronco  aspiración  como  causa  de  la  muerte;  d)  Desechó  el protocolo de  necropsia  en  el  acápite  donde  refiere  la existencia de livideces dorsales  generadas  por la decantación de sangre, medio probatorio que descarta la tesis  de  la  anemia  aguda;  e)  Ignoró  la  prueba  recaudada  en  el  “trabajo    metodológico    definida   como   levantamiento   de  cadáver” según la cual el fallecimiento se produjo  cuando    Demetrio   Pérez   López   caminaba,  lo  cual  rompe  con  la  tesis de anemización aguda; f)  Desechó  las  conclusiones  planteadas por los galenos referentes a la ausencia  de nexo causal.   

          Prosigue   cuestionando   el   trabajo   de  valoración  probatoria  efectuado  por  el Tribunal, en particular en torno a los dictámenes periciales  de  los  que  transcribe  apartes que seguidamente comenta conforme a su visión  del asunto.   

Concluye afirmando que el dictamen realizado  por     el    médico    Pedro    Emilio    Morales  Martínez  carece  de  fundamento  porque  coligió la  existencia  del  fenómeno  de  la  anemia  aguda del álbum fotográfico sin la  certeza  de la procedencia del líquido rojizo y sin determinar el porcentaje de  sangre perdida por el occiso.   

Aduce  que  “No  obstante  que  el  señor  juez a quo reconoció la inexistencia del nexo causal  dentro  del  proceso de acuerdo al debatir de la audiencia con prueba legalmente  producida  se  rompió  de  manera  incomprensible  con la existencia de la DUDA  EXISTENTE  EN  TODA  LA  ACTUACIÓN y sin motivo desconoció la norma sustancial  aplicable  LA  PRESUNCIÓN  DE  INOCENCIA  y  como  consecuencia  el señor LUIS  ALEJANDRO  BELLO  BARRERA  fue  condenado cuando en su favor debía aplicarse el  principio del in dubio pro reo”.   

Finalmente,  refiere,  le asiste legitimidad  para  incoar el recurso de casación por la evidente afectación de los derechos  de   su   defendido   ante   el  fallo  de  condena  cuando  estaban  dadas  las  circunstancias   legales   para   absolverlo  en  aplicación  del  in  dubio  pro  reo,  error del fallo que  comporta afectar el principio de verdad material.   

Con base en lo expuesto, el defensor solicita  a   la   Sala  casar  la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  proferir  el  correspondiente fallo de reemplazo.   

2.    Segundo    cargo:    “Manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la cual se ha fundado la sentencia”   

          Afirma   el   censor  que  el  Tribunal  incurrió  en  “violación  directa  de  las reglas de apreciación de la prueba  sobre  la cual fundo (sic) la  sentencia  a  casar (prueba pericial tercer dictamen de medicina legal compuesto  tanto   por   el  informe  técnico  como  de  la  sustentación  en  el  juicio  oral)”,  con  lo  cual  se  configura  la causal del  numeral tercero del artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

          En   la   introducción   del   cargo   el   casacionista   hace  la  manifestación  de  pretender  “demostrar  que,  se  registró  una  violación  directa  del  régimen probatorio, por cuanto, en la  sentencia    del    4    de    mayo    del    año   avante    –REVOCATORIA   del  fallo  de  primer  grado-   el   Tribunal   no  aplico  (sic)    la    aproximación    epistemológica    sobre   conocimiento,  verosimilitud,  comprobación  de  los hechos, al igual que la valoración de la  prueba     sobre     las    reglas    de    la    san    critica    (sic)  (ciencia,  lógica y máxima de la  experiencia)  ni  realizó una argumentación probatoria donde se sujetara a las  garantías  procesales  de  carácter probatorio y las situaciones especiales de  la carga dinámica de la prueba”:   

          Precisa  además cómo la prueba “objeto  del  cargo  y  de la causal invocada corresponde a un tercer dictamen practicado  por  el  Dr.  PEDRO EMILIO MORALES MARTÍNEZ” el cual  califica  como  “contradictorio  a  dos  anteriores  presentados  y  generó  la  incertidumbre  sobre  la  cual se baso (sic)  en  su  momento  la  imputación y  acusación”.   

          En  desarrollo  del cargo indica que la opinión pericial se basa en  el  conocimiento  personal  directo de los hechos por parte del perito o del que  obtiene  al  revisar  el  récord  de  los  mismos,  siendo más sólida la base  obtenida    de    la   primera   fuente,   pues   la   segunda   genera   muchos  problemas.   

          La  existencia de anemia aguda en Demetrio  Pérez  López determinada por el médico Pablo  Emilio  Morales  Martínez a partir  de  la observación del álbum fotográfico, razona, se funda en un hecho que no  hace  parte del material probatorio recaudado, embalado, incorporado, debatido y  probado, a saber la cantidad de sangre perdida por el occiso.   

De  esta  manera,  aduce el casacionista, la  prueba  pericial  se  analizó  por el Tribunal en forma cercenada y parcial, en  sustento  de  lo cual transcribe algunos apartes del fallo de segunda instancia,  seguido  de  sus  comentarios  sobre  los  supuestos  errores  cometidos  por el  juzgador.   

          Reseña  como  errores  en la apreciación conjunta de la prueba, la  ausencia  de  análisis  comparativo  del  tercer dictamen, limitándose a darle  plena    credibilidad    a    la    experticia    rendida    por    Morales  Martínez  elevándola  a prueba  reina   para   condenar   a   LUIS  ALEJANDRO  BELLO  BARRERA.   

          Finalmente  aduce  estar legitimado para acudir a la casación en la  medida  que  la falta de aplicación de las reglas de producción y apreciación  de  la  prueba  comportaron  la condena de su representado a pesar de haber sido  absuelto en primera instancia.   

          Con  apoyo  en  lo  anterior,  el defensor solicita a la Colegiatura  casar  la sentencia atacada, para en su lugar adoptar la pertinente decisión de  reemplazo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Si bien la Ley 906 de 2004 no distingue entre  recurso  de  casación  por  la  vía  común y por la discrecional en cuanto se  marginó  la  exigencia de la cantidad de pena máxima del delito para acceder a  dicha  impugnación,  es  claro  que  corresponde  al  recurrente  demostrar  el  quebranto  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo cual exige contar con  interés   para   impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación  del  recurso y demostrar la necesidad del fallo de casación para  cumplir  alguno de los fines establecidos por el legislador en su artículo 180,  esto  es,  la  efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  adjetiva.   

         Ahora,  en  el  estudio  de  los requisitos de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  corresponde  a  la  Sala  constatar en la formulación y  desarrollo  de  las  censuras  el  acatamiento  de  las  exigencias de lógica y  apropiada  demostración  definidas  por  el  legislador  y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan   a   conseguir   la  presentación  de  la  demanda  dentro  de  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en  cuanto  resulten  inteligibles,  esto  es, precisos y  claros,  pues  no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función  reglada  de orden  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  184  de la mencionada  normatividad  procesal  se inadmitirá el libelo “si  el  demandante carece de interés, prescinde de señalar la causal, no    desarrolla    los    cargos    de   sustentación  o  cuando  de su contexto se advierta que no se precisa del fallo  para  cumplir algunas de las finalidades del recurso”  (subrayas fuera de texto).   

La presentación de la demanda en forma clara  y  precisa  en los términos de esta normativa legal, ha dicho reiteradamente la  Corte,  está  relacionada  con la carga para quien la suscribe, en atención al  carácter  rogado  del  recurso  extraordinario,  de  esbozar una argumentación  razonable,  coherente,  comprensible,  lógica  y  suficiente  en orden a lograr  derruir  el  fallo  del  cual  se  disiente,  tras demostrar que ha incurrido en  errores que afectan su constitucionalidad o legalidad.   

         

Pues  bien,  el  incumplimiento  de  tales  presupuestos  conduce  a  la  Sala  a  inadmitir  la  presente demanda, en tanto  ninguno  de  los  cargos  planteados  satisface  los  presupuestos  de claridad,  precisión  y  coherencia  exigidos  por  la  ley  para el recurso de casación.   

A  continuación se analizarán por separado  cada  una  de  las censuras propuestas y se señalarán las falencias detectadas  que impiden admitir la demanda.   

Primer  cargo,  violación  directa  de  la  ley:   

Puntualizado  lo  anterior,  de  cara  a  la  primera  censura,  encuentra  la  Sala  que  el demandante, de forma insistente,  invoca  la causal primera de casación reglada en el artículo 181 de la Ley 906  de  2004,  esto es, violación directa de la ley, la cual ocurre cuando a partir  de  la  apreciación  de los hechos legal y oportunamente acreditados dentro del  diligenciamiento,  los falladores omiten aplicar la disposición que se ocupa de  la  situación  en  concreto, en cuanto yerran acerca de su existencia (falta de  aplicación  o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los  hechos   probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan  efectos    diversos    o    contrarios    a    su   contenido   (interpretación  errónea).   

En  tal  caso,  sin  importar  la especie de  quebranto  directo de la preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores recae  sobre  la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea  porque se dejó de lado el precepto regulador de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho se ajusta a una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

En  consecuencia,  no  se  debate  allí  la  actividad  probatoria  ni su ulterior ponderación por parte de los funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

Visto  lo anterior, la Sala encuentra que el  libelista  desconoció  la  carga  procesal  de escoger correctamente la vía de  reproche  aplicable  al caso por cuanto la postulación de la violación directa  de  la  ley  sustancial,  como  en  el evento bajo examen, por inaplicación del  principio   del   in   dubio   pro   reo,    según    lo    ha    decantado   la   Corporación1, sólo procede  cuando  en  el  fallo  objeto  de  censura  se advierte la presencia de un grado  importante  de  incertidumbre  por  deducirse así de los medios de convicción,  pero al final, no se reconoce en la sentencia la duda señalada.   

En  el  presente evento, no se satisface tal  condición  porque  el  fallo censurado no plantea la presencia de duda sobre la  existencia  de  nexo  causal  entre  la  conducta del sentenciado y el resultado  lesivo  y,  en  general,  respecto  a  la  configuración del hecho punible o la  responsabilidad del procesado.   

Por el contrario, la sentencia es consistente  al  elaborar una valoración probatoria que en parte alguna admite la existencia  de  incertidumbre  sobre  la  configuración del delito o la responsabilidad del  procesado en la comisión del hecho punible.   

En  tal  sentido,  el  censor  no suministra  ningún  dato  concreto sobre el acápite de la sentencia donde supuestamente se  reconoce  la  existencia  de  vacilación  sobre  alguna  de las categorías del  delito  atribuido  a  LUIS  ALEJANDRO  BELLO BARRERA.  Por el contrario, en el fallo el Tribunal razona de la  siguiente manera:   

“No cabe duda,  pues,   para   la   Sala   sobre   la   existencia   del   delito  de  homicidio  preterintencional.  LUIS  ALEJANDRO con golpe directo  que  dirige  hacia la humanidad de JOSÉ DEMETRIO le causa lesión en la cabeza,  resultado  o  conducta  que  es  dolosa,  pues  no  puede  advertirse  finalidad  diferente   que  herirlo,  es  decir,  causarle  lesiones  personales,  y  ésta  desencadena  la  muerte,  segundo resultado que era previsible y que perfecciona  el delito”.   

Y  en  otro  apartado  señala  “…y  por  supuesto que las pruebas que tuvo en cuenta el perito  y   que  también  la  Sala  debe  auscultar,  como  ya  lo  hizo,  no  dejan  duda que la muerte del señor  JOSÉ  DEMETRIO  PÉREZ  LÓPEZ  fue  producto  del  sangrado  que le produjo la  lesión  que  a  éste  le  infiriera  el  aquí  procesado LUIS ALEJANDRO BELLO  BARRERA”2.(subrayas     fuera     de  texto)   

          Y  si  bien  el  Tribunal en la sentencia aludió al nexo causal, lo  hizo  para  señalar  la  necesidad  de  corroborar  tal  requisito en el evento  analizado,  luego  de  lo  cual  coligió,  con  apoyo  en  el dictamen pericial  elaborado   por   el  médico  Pedro  Emilio  Morales  Martínez, la existencia del mismo.   

En síntesis, el reparo cuya admisibilidad se  estudia,  referido  a la violación directa de la ley sustancial no se adentra a  proponer    un    asunto    de   rigurosa   raigambre   jurídico   –  conceptual, como debía hacerse. Por  el  contrario,  se  encamina  a deplorar que el Tribunal, producto de una errada  valoración   probatoria,   no   haya   aplicado  las  normas  del  “bloque     de    constitucionalidad    y    legal”  referentes al principio del in dubio pro  reo  que según su particular entender debían regular  la situación juzgada.   

A  partir  de  ese planteamiento emprende el  análisis  del  postulado  en cuestión y, posteriormente, del acervo probatorio  recaudado  en  el juicio y de las “pruebas ignoradas  por  el  Tribunal”  para concluir la inexistencia de  certeza  sobre  el  nexo  causal y sobre la responsabilidad del procesado, labor  propia  de  quien  acude  a la causal tercera del artículo 181 de la Ley 906 de  2004  y  no  a  la  primera,  relacionada  con  la  violación directa de la ley  sustancial,  la  cual, se repite, comporta un análisis exclusivamente jurídico  aceptando    las   pruebas   y   la   valoración   que   de   ellas   hizo   el  sentenciador.   

          Con  el referido proceder, el demandante se sustrae a la obligación  dispuesta  por  el legislador de exigir a los recurrentes que el libelo contenga  “de manera precisa y concisa las causales invocadas  y  sus  fundamentos”,  pues confunde las causales de  casación  y  los  desarrollos que son propios de cada una de ellas.   

Este puntual defecto de lógica es suficiente  para  inadmitir  el cargo, pues pese a plantear la violación directa de la ley,  el  censor  encaminó  su  esfuerzo  a  atacar  de manera imprecisa las pruebas,  motivo  por  el cual debió invocar la violación indirecta de la ley y acometer  en debida forma su censura.   

Segundo  cargo,  violación  indirecta de la  ley:   

Ante todo, precísese que la casual invocada  por  el  casacionista  se  presenta  por  la incorrecta apreciación probatoria,  derivada  de  los  denominados errores de hecho y de derecho.  Los primeros  se  originan  en  falsos  juicios  de  existencia, falsos juicios de identidad y  falsos  raciocinios;  los segundos, por su parte, en falsos juicios de legalidad  y  de  convicción.  Sobre la esencia y forma de ataque de los primeros, es  necesario tener en cuenta lo siguiente:   

–  El  falso  juicio  de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando un medio de prueba es excluido de la valoración que efectúa  el  juzgador  no obstante haber sido allegado al proceso en forma legal, regular  y  oportuna  (ignorancia  u omisión) o porque el juzgador lo crea a pesar de no  existir  materialmente  en el proceso (suposición o ideación), otorgándole un  efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente  está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  que se controvierte y en favor del interés que se representa -lo  cual  comporta la necesidad de demostrar que el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

–  El  falso juicio de identidad se verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de la prueba  para hacerla decir lo que ella no expresa materialmente.   

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva, resulta necesario para  quien  propone  esta  clase  de  error, ante todo, individualizar o concretar la  prueba  sobre  la cual se predica el supuesto yerro; luego, evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su sentido.  Acto seguido, se debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  debe  mutarse  a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

–  La última de las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual se configura cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada.  Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

Identificadas  las características de tales  errores  de  apreciación  probatoria,  se advierte que el demandante incurre en  las  siguientes  falencias  que  dan  al  traste con su aspiración, en tanto no  colman  los presupuestos de admisibilidad referidos al comienzo de este acápite  considerativo:   

1. Si bien invoca la violación mediata de la  ley,  no  precisa  qué  norma  sustancial  fue  objeto de vulneración, aspecto  esencial  si  se  considera  que esta causal se configura cuando a través de un  incorrecto  manejo de las reglas de producción y apreciación de las pruebas se  afectan  derechos o garantías fundamentales consagrados en normas del bloque de  constitucionalidad o legal.   

Ello  por cuanto la finalidad del recurso no  es  otra  que  garantizar la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos  y la unificación de la jurisprudencia, por manera que si se presenta una  falencia  en  el  manejo  y valoración de los medios de convicción sin afectar  una  preceptiva  de  orden  sustancial  que involucre tales derechos, la demanda  propuesta carece de sentido.   

Además,  cada cargo del libelo debe atender  el  principio  de  sustentación  suficiente, conforme al cual cada uno de ellos  debe  bastarse  a  sí  mismo  para provocar la anulación del fallo, aspecto no  satisfecho  en  este evento, donde no se enlaza el supuesto yerro probatorio con  un derecho sustancial vulnerado.   

2.  Tampoco  indica  la demanda la modalidad  mediante  la  cual  se  produjo  el  manifiesto desconocimiento de las reglas de  producción  y  apreciación  de  las pruebas. Es decir, no señala si a ello se  arribó  por  errores  de hecho o de derecho, y si ocurrió por los primeros, si  se  originaron  en  falsos  juicios de existencia, falsos juicios de identidad y  falsos  raciocinios,  y  si fue por los segundos, si se trató de falsos juicios  de legalidad y de convicción.   

En  efecto,  en  el  libelo se consigna que  “con este ataque casacional pretendo demostrar que,  se  registró  una  violación  directa  del régimen  probatorio, por cuanto, en la sentencia del 4 de mayo  avante  –REVOCATORIA del  fallo  de primer grado-, el Tribunal no aplicó la aproximación epistemológica  sobre  conocimiento, verosimilitud, comprobación de los hechos, al igual que la  valoración   de   la   prueba   sobre   las   reglas  de  la  san  (sic)     crítica…”.(subraya fuera de texto)   

De  esta manera, el planteamiento del cargo  como   una   “violación   directa   del  régimen  probatorio” constituye una afirmación tan genérica  que   imposibilita  establecer  a  cuál  de  las  modalidades  de  vulneración  indirecta de la ley se refiere.   

3. Con todo, como el actor al parecer finca  su   censura   en   el   falso   raciocinio   al   indicar  que  “el  Tribunal  no  aplico (sic)    la    aproximación    epistemológica    sobre   conocimiento,  verosimilitud,  comprobación  de  los hechos, al igual que la valoración de la  prueba  sobre  las  reglas  de la san (sic)   crítica   (ciencia,  lógica  y  máximas  de  la  experiencia)  ”,  cabe  advertirse que esa modalidad ocurre porque  en  la estimación del medio de conocimiento examinado el juzgador desconoce los  principios  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las máximas de la  experiencia.   

Por  consiguiente,  es  del  resorte  del  recurrente  señalar  qué  demuestra  en  concreto  el elemento de persuasión,  cuál  la  inferencia  extraída  de  él en la sentencia impugnada y el mérito  probatorio  concedido,  pero  también  compete  identificar  la  regla lógica,  científica  o  de la experiencia violada en el fallo y, correlativamente, ha de  expresar  con  nitidez  la apreciación correcta. Además, al actor le asiste el  deber  de  indicar  la trascendencia del error puesto de manifiesto y, por ello,  imperativo  es  acreditar  cómo  la  enmienda del yerro daría lugar a un fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses del procesado.   

En el caso bajo examen el actor no cumplió  con  tal  carga  argumentativa  por  cuanto  centró su demanda en cuestionar la  ausencia  de  sustento  de  la  experticia  rendida  por el médico Pedro   Emilio  Morales  Martínez,  para  recalcar  que  el  Tribunal  no  debió  otorgarle mérito suasorio. Así mismo,  expuso  que el dictamen del galeno Rafael Parra Serna,  por  cuyo  medio  se  descarta  la  existencia de nexo  causal  entre  la  muerte  de  Demetrio Pérez López  y la actividad de su defendido, debió ser acogido por  el sentenciador.   

Es decir, si bien el censor indicó el medio  probatorio  objeto  del  cargo  y esbozó su contenido, así como lo inferido de  él  en  la  sentencia  y  el  mérito  persuasivo  otorgado,  no  determinó el  postulado   lógico,   la  ley  científica  o  la  máxima  de  la  experiencia  desconocidos  en  la  sentencia  ni  señaló cuál debió ser su consideración  correcta  o  cual  fue  la norma de derecho sustancial indirectamente excluida o  indebidamente aplicada.   

Aún  más,  se  empecinó  en  referir, de  diferentes  formas,  que  el  fallador  “no realizó  análisis  comparativo  del  tercer  dictamen  pericial  con los dos dictámenes  contradictorios    entre    si   (sic)   sobre  la  causa  probable  de  la  muerte  de  DEMETRIO  PÉREZ”  aseveración  alejada  de  la  realidad  por cuanto la  sentencia  claramente  se  refiere a los dos dictámenes, sólo que decide darle  credibilidad   y  valor  disuasorio  a  la  experticia  emitida  por  el  galeno  Pedro    Emilio    Morales    Martínez,  situación  que  no  comparte el casacionista, quien toma partido  por  las  conclusiones  emitidas por el médico Rafael  Parra  Serna.  Así,  nótese  cómo  se razonó en la  sentencia   

“En  principio  y dada la profundidad de  las  explicaciones  científicas  de  este segundo perito, dando las razones por  las  cuales  no comparte las conclusiones del dictamen rendido por el Dr. RAFAEL  ANTONIO  PARRA  SERNA, sin más análisis que la propia confrontación entre los  dos  dictámenes,  debe  inclinarse  la  Sala por dar credibilidad al segundo de  ellos,  es  decir, al que, sin desconocer el problema de la broncoaspiración la  relaciona  con  un fenómeno agonal y no con el grado de embriaguez alcohólica,  y  la  muerte  con  una  anemización,  producto  de  pérdida de una importante  cantidad  de  sangre,  secundaria   a la herida abierta en cuero cabelludo,  con  lo  cual  se  asegura  la  presencia  de la relación causa-efecto entre la  lesión que le produjera en acusado y su posterior deceso.”   

“No es razón suficiente para adoptar la  conclusión  del  primer  dictamen  el  que  hubiera  practicado directamente la  necropsia,  pues  en  el  segundo  no  se desconocen esos hallazgos, sino que se  explican  desde  el punto de vista científico…”3.   

En  suma,  el  actor  enfiló  su  arsenal  argumentativo  a  censurar las conclusiones vertidas en el dictamen pericial del  doctor  Morales  Martínez,  olvidando  señalar  las  falencias  del  sentenciador al privilegiar esa prueba  frente    a   la   experticia   del   doctor   Parra  Serna,  esto  es,  no  indicó  las  reglas  lógicas,  científicas o de la experiencia omitidas o tergiversadas.   

De esta manera la censura tan sólo refiere  la  inconformidad  del actor con la decisión del fallador de privilegiar una de  las  experticias  rendidas  al  interior  del  proceso,  pero  no  demuestra  la  existencia  de  vicios  trascendentales  en  la  sentencia que puedan derruir la  doble presunción de acierto y legalidad que la ampara.   

4.   La  ausencia  de  coherencia  en  el  planteamiento   y  sustentación  del  cargo  se  evidencia  aún  más  con  la  aseveración  del  censor según la cual la conclusión del dictamen rendido por  el  médico Pablo Emilio Morales Martínez  sobre la anemia aguda como causa de la muerte se funda en un hecho  que  no  hace  parte  del  material probatorio recaudado, embalado, incorporado,  debatido  y  probado,  referido  a  la cantidad de sangre perdida por el occiso.   

Tal  cuestionamiento  es  propio  de  una  violación  indirecta  de  la  ley por error de derecho en la modalidad de falso  juicio  de  legalidad,  por  manera  que  debió  exponerse  en  cargo separado,  explicando  suficientemente la forma en que se concretó y sus efectos sobre las  conclusiones  de  la  sentencia.  Sin  embargo,  aparte  de su mención, ningún  desarrollo del mismo se hace en la demanda.   

En  suma,  es  claro  que  el  censor no se  acogió  a  las  directrices  ya  señaladas para impugnar el fallo condenatorio  proferido     contra     LUIS    ALEJANDRO    BELLO  BARRERA,  olvidando  que este mecanismo extraordinario  no  fue  dispuesto por el legislador para prolongar el curso de las instancias o  para  simple  y  llanamente  exponer  el  criterio  del  demandante,  sino  para  denunciar  yerros  trascendentes  de  los falladores en la aplicación de la ley  sustancial,  en  la ponderación de las pruebas o en la guarda de la legitimidad  del  trámite,  sin  lo  cual  se  convertiría  impropiamente  en una instancia  adicional a las otras.   

Las  mencionadas  falencias  imposibilitan a la Sala acometer el estudio del libelo, pues si éste  no  corresponde  a un alegato de libre confección, su presentación con base en  meros  enunciados  inexplicados y sin atenerse a alguna de las reglas lógicas y  argumentativas  que  lo  gobiernan,  obliga  a  la  Corporación  a inadmitir la  demanda  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  pues  en  virtud del principio de limitación propio del trámite casacional, la  Corte no se encuentra facultada para enmendar tales equívocos.   

         Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías  de  los  acusados, como para  adoptar  la  decisión de superar los defectos de la demanda y decidir de fondo,  según   lo   dispone   el   inciso   3º   del   artículo  184  de  la  citada  legislación.   

         Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para  aplicar  el  referido  instituto procesal, la Sala ha  definido  las  reglas  que  habrán  de  seguirse  para  tal  efecto4,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por cuyo medio la Sala resuelva inadmitir la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  LUIS    ALEJANDRO    BELLO   BARRERA   por     las     razones    expuestas    en    las    consideraciones  precedentes.   

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Providencias  del  11  de  febrero de 1994, Rad. No. 8275; 17 de agosto de 1994,  Rad.  No.  8740;  10 de junio de 2008, Rad. No. 29564; 19 de agosto de 2009 Rad.  No. 31640; 19 de mayo de 2010, Rad. No. 33567, entre otras.   

2 Cfr.  Folios 13 y 14 sentencia del 4 de mayo de 2011.   

3 Cfr.  Página 12 de la sentencia de segunda instancia.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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