36792(02-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36792  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 390.   

Bogotá,  D. C., dos (2) de noviembre de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

Examina la Sala los presupuestos de adecuada  y   lógica   sustentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  representante  de  las  víctimas  contra  la  sentencia del 14 de abril de 2011  mediante  la  cual  el Tribunal Superior de Cundinamarca, al revisar por vía de  apelación  la  sentencia  proferida  el  26  de  octubre de 2010 por el Juzgado  Primero   Penal  del  Circuito  de  Soacha,  confirmó  la  condena  impuesta  a  DAVID    RICARDO   CLAVIJO   BUITRAGO   y  la absolución emitida a favor de YEISON  FELIPE   LEÓN   ZÁRATE,  modificando  las  penas  de  prisión  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  fijadas  al  primero, las cuales estableció en 216 meses, como autor penalmente  responsable del delito de homicidio simple.   

HECHOS  

          Los resumió el Tribunal de la siguiente manera:   

          “En  la  madrugada  del  27  de julio de  2008,  a las 2:30 a.m. aproximadamente, en el peaje de Chusacá del municipio de  Soacha  (Cundinamarca),  se  presentó un altercado entre los integrantes de las  barras  deportivas  de los equipos de fútbol América de Cali y Santa fe, en el  que  el  menor  Juan  David  Pérez Gómez resultó gravemente herido al haberle  sido   ocasionadas   múltiples   lesiones   con   arma   corto   punzante,  que  posteriormente  provocaron  su deceso por anemización aguda. De conformidad con  la   información   preliminar   recopilada  por  la  Policía  Judicial  fueron  vinculados  al  proceso  como  presuntos  autores  penalmente responsables de la  conducta  punible de homicidio agravado los señores YEISON FELIPE LEÓN ZÁRATE  y DAVID RICARDO CLAVIJO BUITRAGO”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar realizada el 28 de  julio  de  2008  ante el Juzgado Cuarto Penal Municipal de Soacha, con funciones  de   control   de   garantías,   se   legalizó   la  captura  de  LEÓN     ZÁRATE     y    CLAVIJO  BUITRAGO.  En  esa  diligencia la  Fiscalía    les    formuló    imputación   por   el   delito   de   homicidio  agravado.   

Por  el referido punible, el juez de control  de   garantías   los   afectó   con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva.   

2.  Oportunamente,  la  Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  contra  YEISON  FELIPE  LEÓN  ZÁRATE      y      DAVID     RICARDO     CLAVIJO     BUITRAGO,     atribuyéndoles  el  punible  de  homicidio agravado, conforme a los  numerales 6º y 7º del artículo 104 del Código Penal.   

3.  Correspondió  tramitar  la  fase  del  juzgamiento  al Juez Primero Penal del Circuito de Soacha, cuyo titular realizó  la  audiencia de formulación de acusación los días 15 de octubre de 2008 y 11  de marzo de 2009.   

4. El Juez celebró la audiencia preparatoria  los  días 14 y 21 de mayo siguiente e instaló el juicio oral el 1º de octubre  postrero,  concluyéndolo  el  26  de abril de 2010, fecha en la que anunció el  proferimiento  de  sentencia  de  condena  contra DAVID  RICARDO  CLAVIJO  BUITRAGO  y fallo absolutorio a favor  de    YEISON    FELIPE   LEÓN   ZÁRATE.   

5. La lectura de la sentencia ocurrió en la  audiencia  que  realizó  el  26 de octubre de 2010, decisión contra la cual la  Fiscalía,  el  represente  de  las  víctimas  y  la  defensa  de  CLAVIJO  BUITRAGO  interpusieron el recurso  de  apelación,  por  cuya  vía  el  Tribunal  Superior de Bogotá confirmó la  condena  proferida  en  contra  del antes mencionado procesado, pero degradó la  acusación  para  pasarla  a  homicidio  simple,  desestimando de esa manera las  circunstancias  de  agravación  atribuidas  por  la Fiscalía. De igual manera,  confirmó  la  absolución pronunciada a favor de LEÓN  ZÁRATE.   

          6.  Contra  el  fallo  de  segundo  grado  la  representante  de las  víctimas  y  el  defensor del condenado interpusieron el recurso extraordinario  de  casación,  que  solamente  sustentó  el primero de los recurrentes, siendo  entonces  declarada  desierta  por  el Tribunal la impugnación promovida por el  segundo.   

LA  DEMANDA   

          Tras   explicar  la  legitimación  que  ostenta  para  recurrir  en  casación  y  la  finalidad de la demanda presentada, la impugnante formula tres  cargos  contra  la  sentencia del Tribunal, todos por violación indirecta de la  ley sustancial.   

          En    el    primer   cargo   denuncia   la  presencia  de  un  falso  juicio  de  identidad,  por  aplicación  indebida del artículo 103 del Código Penal y falta de aplicación  del numeral 6º del artículo 104 ibídem.   

          Para  sustentar  el  reproche señala que el sentenciador de segundo  grado  desfiguró  el  contenido  de  los  testimonios rendidos por Jorge    Andrés    González    Mora   y  David    Ricardo    CLAVIJO    BUITRAGO,  pues a pesar de que tales declaraciones acreditan, conforme a las  reglas  de  la  sana  crítica,  la  voluntad  y  conocimiento  de  DAVID  RICARDO  CLAVIJO  en  el sentido de  causar  con  su actuar mayor sufrimiento a la víctima, el Tribunal no arribó a  esa  conclusión  lógica,  con  lo  cual  dejó  de aplicar la circunstancia de  agravación  contemplada  en  el numeral 6º del artículo 104 del Código Penal  referida  a  obrar  con  sevicia,  contrario  a  como  procedió el a  quo, quien a partir de los elementos de  prueba allegados a la actuación sí aplicó dicha agravante .   

          Según la censora, en las manifestaciones  del  testigo  González Mora,  algunas  de  las  cuales  procede a transcribir, se encuentran diferenciados los  elementos  del  conocimiento  y  voluntad  para  causar mayor dolor. Así, en su  criterio,  con  el  acto realizado por CLAVIJO BUITRAGO  de     “arrebatar”  el  arma al mencionado testigo y dirigirse con ella al  grupo  de  personas  que  indiscriminadamente estaba golpeando y lesionando a la  víctima,  quien  yacía  indefensa  en el piso, se exteriorizó “no  sólo  el  conocimiento  de  lo  que podía hacer con una navaja  (matar)  sino  también  el  deseo  de participar en las agresiones que otros ya  realizaban,     actos     que    muestran    el    deseo    de    causar    más  dolor…”.     

          Considera  que  mayor  razón  para  predicar  la  existencia  de la  sevicia  proviene  del  propio  dicho  de DAVID RICARDO  CLAVIJO,  en  cuanto  admitió  haberse  acercado a la  víctima  cuando un “tumulto de gente” la  golpeaba  en  el  piso,  lanzándole  él  tres patadas. De esta  manifestación  la  libelista  infiere  que aquél se dirigió al grupo en forma  voluntaria  y  con el deseo de agredir al hoy occiso, sin que haya tenido eco en  el proceso su excusa de no haberlo lesionado con la navaja.   

          Lo   anterior,   en   su   sentir,  tanto  más  cuando  el  testigo  González   Mora  enfatizó  acerca  de  la  súplica  del afectado para que no lo hirieran en la cara, ruego  desatendido  por  el  acusado,  quien,  según el declarante en mención, lo vio  cuando  le  daba  “cuchillo por el lado de la cara o  del   cuello”,   denotando   ello   “una intención perversa de causar mayor dolor”.   

          Para  la  casacionista,  las  heridas  en  el cuello y cabeza están  demostradas  a  través  del  acta de inspección del cadáver y el protocolo de  necropsia,  documentos  incorporados  al  juicio  oral  con  los testimonios del  patrullero   Yesid   Bermúdez  Rubiano  y     María    del    Pilar    Chávez  García,  esta  última  médico  forense, quien en el  juicio  oral  habló  de  la  existencia  de  28 lesiones, no obstante que en la  necropsia  se  consignó  el  hallazgo  de  aproximadamente  20 heridas con arma  blanca.   

          Insiste   así   en   que   el   Tribunal   trastocó  las  pruebas,  desconociendo  que el “animus necandi” sí   estaba   acompañado   de  la  intención  de  incrementar  el  sufrimiento  de  la  víctima.  De  esa  manera,  deja  entrever el quebranto de  “las   reglas  de  la  experiencia  y  de  la  sana  crítica”,   según   las   cuales  “cuando   un  sujeto  determinado  previamente  toma  un  objeto  con  capacidad  de lesionar (como una navaja) y dirige su voluntad a agredir con ella  a   otra   persona,   esos   actos  exteriorizan  el  deseo  de  matar  o  casar  daño”  y  “si el agresor  encuentra  a su futura víctima en situación de desprotección, sin posibilidad  de  defenderse,  porque  por  ejemplo,  está siendo golpeada brutalmente por un  número  plural  de  personas,  que  no  solo le propinan patadas y puños, sino  también  puñaladas,  y  el agente decide intervenir en esa agresión en curso,  llevada  a  cabo  por  otros, con sus propios medios (patadas y navaja) con ello  demuestra,  exterioriza que desea, anhela, pretende, quiere causar mayor dolor a  la víctima…”   

             

          Tras  señalar  que el yerro es trascendente, pues como consecuencia  del     mismo     el     ad    quem    profirió   un   fallo  desacertado  e  ilegal,  desprovisto  de  la  agravante  de  la  sevicia,  solicitó  casar la sentencia impugnada y emitir un  fallo acorde con lo probado.   

          En    el   segundo   cargo   predica  también  la  incursión  en  un falso juicio de identidad,  nuevamente  por  la aplicación indebida del artículo 103 del estatuto punitivo  y  falta  de  aplicación  del  artículo  104  ibídem, aun cuando esta vez del  numeral 7º.   

          El  yerro,  de  igual  manera, lo hace recaer en los testimonios del  Jorge    Andrés    González    Mora   y      DAVID      RICARDO      CLAVIJO  BUITRAGO,  en  cuanto no existe simetría entre lo por  ellos  declarado  y  lo  recogido  en  el  fallo,  conduciendo ello a excluir la  agravante    referida   “a   las   condiciones   de  indefensión   o   inferioridad   de  la  víctima”.   

         

          Según  la  censora,  con el primero de esos testimonios corroborado  con  el  segundo  aparece  demostrado,  conforme  lo  analizó  correctamente el  a  quo, que el hoy occiso fue  atacado  cuando se encontraba caído en el piso, como resultado de una actividad  positiva  de  los  agresores  para disminuir las posibilidades de defensa por la  desventaja numérica en que estaba.   

          Al  respecto,  pone  de presente cómo el Tribunal al relacionar las  pruebas  recaudadas en el juicio resaltó apartes del testimonio de González  Mora,  entre  ellos aquel donde  manifestó  que la víctima yacía en el piso cuando fue agredido, circunstancia  dejada  de lado por el fallador al analizar más adelante la responsabilidad del  acusado   y  que,  precisamente,  es  demostrativa  del  aprovechamiento  de  la  situación  de indefensión. Para resaltar tal omisión, la impugnante procede a  transcribir la parte pertinente de la referida deponencia.   

          En  su  criterio,  de  otra parte, las conclusiones del Tribunal son  además  contradictorias,  porque  inicialmente consignó encontrarse plenamente  demostrados  los  elementos  fácticos  y  subjetivos  del  delito  de homicidio  agravado,    pero   a   renglón   seguido   desechó   la   presencia   de   la  agravante.   

          Insistiendo    en    que    la    declaración    de    Jorge   Andrés   González   acredita  el  aprovechamiento  de  las  condiciones  de inferioridad o indefensión, la actora  reclama  valorarlo en conjunto con el rendido por DAVID  RICARDO  CLAVIJO,  quien  aceptó haber propinado tres  patadas  a  la víctima, luego de acercarse al tumulto de gente que la golpeaba,  lo  cual  es  demostrativo  que  su  agresión se inició cuando ésta estaba en  manifiesta  situación  de inferioridad, máxime si aparece también establecido  el hecho de yacer en ese momento en el piso.   

          Cuestiona,   finalmente,   al   ad   quem  por sustentar la desestimación de la agravante con el  argumento  de  que la agresión ocurrió como consecuencia del enfrentamiento de  dos  grupos  de  aficionados,  que  estaban  en posibilidad de repeler el ataque  entre  sí, cuando el propio fallador disertó en el sentido de que Juan  David  Pérez  quedó “rezagado”  del  grupo  del  América  de  Cali,  tras  huir al verse superado en número por los aficionados del Santa fe.  Para  la  libelista,  por  tanto,  resulta clara la presencia en este caso de la  circunstancia  de  agravación  inaplicada,  pues  la víctima no sólo cayó al  piso,  sino que se encontraba sola ante la huída de sus compañeros de afinidad  deportiva.   

          Considera  trascendente  el  error, porque si el Tribunal no hubiese  valorado  equivocadamente  los  medios de prueba, no habría modificado el fallo  condenatorio  en  el  cual  se  condenó  por  el  delito  de homicidio agravado  conforme  al numeral 7º del artículo 104 en mención. Pidió, en consecuencia,  casar  la sentencia impugnada para aplicar al procesado la pena que realmente le  corresponde.   

          En    el    tercer   cargo   aduce  la  errónea  valoración  de  los  elementos  de prueba, que  condujo  a  la falta de aplicación de los artículos 103 y 104, numerales 6º y  7º del Código Penal.   

          Según  la  demandante,  el  yerro  se concretó en la decisión del  ad   quem  de  desechar  el  testimonio  de  Jhon Francisco Rodríguez y  considerarlo  de  referencia,  pues de esa manera “dejó  sin piso la posibilidad de realizar inferencias razonables de  que   el   imputado   (se   refiere   a  YEISON  LEÓN  ZÁRATE)  participó y era responsable de la conducta  investigada”.   

          Al  respecto,  pone de presente cómo el citado deponente manifestó  que  escuchó  al  acusado  LEÓN  ZÁRATE,      conocido      con     el     alias     de     “Yuco”,          “jactarse   de   haberle   propinado  puñaladas  al  hoy  occiso”,  admisión  hecha  al  momento  de  subirse  al bus que  transportaba  a  los hinchas del equipo de Santa fe a la ciudad de Cali. En esas  condiciones,   estima   que   Rodríguez  no  es  un  testigo  de  referencia  sino directo, aun cuando no del  homicidio,    sino   de   las   manifestaciones   posteriores   efectuadas   por  “Yuco”.   

          En   su   criterio,   si   se   hubiesen   tomado   en  cuenta  esas  manifestaciones  posteriores  al  hecho  y,  además, analizadas “a   la   luz   de   los   indicios  confrontados  con  otros  hechos  probados”,   la  decisión  adoptada  hubiese  sido  distinta.  Se refiere a la circunstancia de ser el único con un motivo personal  para  herir intencionalmente al hincha del “deportivo  Cali”  (sic),  en  tanto  la  víctima,  según  los  testigos,  al  parecer participó en la golpiza que momentos antes le propinaron  al  hermano  del  mencionado  procesado, así como a los indicios de presencia y  oportunidad.   

         

          Cuestiona,  por no corresponder a la realidad, la conclusión de los  falladores  acorde  con  la  cual  el  señalamiento hecho por el testigo estuvo  determinado  por  otros,  descalificación motivada sólo por no saber el nombre  de  quien  pronunció  esas  palabras.  Sobre  el  particular,  replica cómo el  testigo  reconoció  en  el  juicio  no  conocer con anterioridad a “Yuco”,  pero  posteriormente supo que  se  trataba  de  éste,  admitiendo  además  con  franqueza  que lo supo porque  “toda  la  gente  estaba diciendo eso”,  manifestación,  en  su  criterio, confundida por los jueces para  concluir  equivocadamente  que  el testigo citado era de referencia.     

          Insiste   así   en   que  Jhon  Francisco  Rodríguez  no  es testigo de referencia sino directo,  por  cuya  razón  bien  puede  valorarse  como un indicio y sumarse a él otros  elementos  sólidos  de  responsabilidad,  como  la declaración de William  Javier  Rodríguez Restrepo, quien  en  entrevista rendida el 28 de julio de 2008 dijo haber visto a “Yuco”  darle  puñaladas  al hoy occiso,  versión  que si bien cambió dos años después en el juicio, tal retractación  puede   analizarse   dando   alcance   a  la  jurisprudencia  emitida  sobre  el  particular.   

          Para  la  impugnante,  la  calificación  como testigo de referencia  impidió  examinar  otras  situaciones,  como las imprecisiones acerca del lugar  donde   estaba   Míller   León  Zárate,  quien  supuestamente  se  encontraba herido por la golpiza de los  hinchas  del América de Cali, pero de acuerdo con el testimonio de González  Mora  fue quien “empujó  al  del Santafé (sic),  lo  que  debidamente analizado hubiese denotado que Yeison Felipe  León  Zárate  al  momento de la agresión dirigida al hoy occiso se ocupara de  atender a su hermano Míller”.   

          También,  añade,  se  hubiese apreciado la afirmación del testigo  Jhon  Francisco  Rodríguez,  conforme  a la cual quien ayudó a Míller a  subir al bus fue un policial y no YEISON  FELIPE,  lo  cual  habría sido tomado como indicio de  oportunidad.   

          En  su  opinión,  de  haberse  analizado en conjunto las anteriores  situaciones,  el  resultado de la sentencia habría sido diverso, descartándose  así  las  dudas  probatorias  a  las  cuales  arribaron los juzgadores, quienes  entonces  incurrieron  en  error  de derecho al no dar la correcta calificación  legal  y  alcance  al  testimonio  de  Jhon  Francisco  Rodríguez. Pidió, por tanto, casar la sentencia para  proferir la condena de rigor.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

Conforme  reiteradamente lo viene señalando  la  Sala,  en  el  modelo  de  enjuiciamiento  regulado en la Ley 906 de 2004 la  admisión  de  una  demanda  de  casación, aparte de su presentación oportuna,  supone  que el actor ostente interés jurídico para recurrir, señale la causal  que  apoya  su pretensión, desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación  y  justifique  la  necesidad  del  fallo de casación de cara al cumplimiento de  alguna  de  las  finalidades  del  recurso,  según así lo tiene establecido el  inciso segundo del artículo 184 de dicha disposición legal.   

          En  el  caso  sometido a estudio, la libelista ostenta interés para  recurrir  y  en  los  tres reproches formulados señaló la causal de casación,  invocando  en  todos  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, es decir,  acude  a  la  causal  tercera  prevista del artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

          No  obstante,  se  observa que la impugnante solamente satisfizo los  demás  presupuestos  requeridos para la admisión de la demanda cuando postuló  el  segundo  reproche,  no  así  en  el  primero  y  tercero, pues en éstos no  fundamentó  adecuadamente  los  cargos de sustentación y tampoco justificó la  necesidad del fallo.   

          En  efecto, en el primer cargo predica  la  existencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad,  anomalía que se presenta cuando el fallador, al apreciar la prueba,  distorsiona  su contenido fáctico para hacerle decir lo que ella no expresa, en  cuanto la cercena, adiciona o translitera.   

La  adecuada sustentación de esa especie de  error  de hecho le exige al censor identificar el medio sobre el cual recayó el  dislate,  realizar  un  cotejo  entre  su  contenido  y aquel que le atribuye el  fallador,  precisando  los  apartes  donde  se  presenta  la distorsión y luego  acreditar la trascendencia del yerro.   

          La  actora  no  acometió  la fundamentación de tales presupuestos,  pues  si  bien  identificó  las pruebas cuya apreciación indebida denuncia, lo  cierto  es  que  no  realizó  el  análisis comparativo entre su contenido y el  asignado  por  el  ad  quem,  omitiendo   de   esa  manera  precisar  cuáles  fueron  los  segmentos  de  las  declaraciones objeto de distorsión.   

          En  realidad,  la censora se limita a transcribir y hacer referencia  a  apartes  de  los  testimonios  rendidos  por  Jorge  Andrés     González     Mora     y    DAVID  RICARDO CLAVIJO BUITRAGO, señalando  que  conforme  a  las  reglas  de  la sana crítica, esas manifestaciones de los  declarantes  acreditan  la  voluntad  y  conocimiento  del  propio  CLAVIJO  BUITRAGO  en el sentido de causar  con  su  conducta  mayor  sufrimiento  a  la  víctima.  Es  más, califica como  “lógica”  la conclusión  así  obtenida,  censurando de esa manera al Tribunal por no arribar a ese mismo  corolario cuando apreció dichas deponencias.   

          En   los  términos  vistos,  es  claro  que  la  libelista  termina  deslizando  el  discurso hacia los terrenos propios del error de hecho por falso  raciocinio,  el cual se configura cuando el sentenciador, al valorar el conjunto  probatorio,  desatiende  los  principios de la sana crítica, integrados por las  reglas  de  la sana crítica, los postulados lógicos y las leyes de la ciencia.  Así  lo  confirma  cuando  al  final  de la sustentación del reproche alude al  desconocimiento  en el ejercicio apreciativo del Tribunal de algunas situaciones  comportamentales  que  cataloga  como  “reglas de la  experiencia y de la sana crítica”.   

          Pero,  aparte  de  la  impropiedad de distinguir entre los conceptos  “reglas    de   la   experiencia”   y     “sana    crítica”,  cuando  las  primeras  son  una modalidad de los principios de la  sana  crítica,  la  demandante  de  todas  maneras  no  realiza ningún tipo de  esfuerzo  argumentativo  por  acreditar la vulneración manifiesta de las reglas  que  señala,  exigencia  de fundamentación requerida en el caso de acudirse al  falso  raciocinio,  quedando el ataque en el plano de una postulación meramente  personal,  la  cual  opone  a  la  valoración  efectuada  por  el  ad   quem,  olvidando  que  ese  tipo  de  discrepancias  probatorias  no  proceden  en  sede  de  casación, dada la doble  presunción   de   acierto   y   legalidad   que   acompaña   a   la  sentencia  impugnada.   

          En  consecuencia,  por  su  inadecuada  formulación  que no permite  evidenciar  la  necesidad  del  fallo  de  casación,  se inadmitirá la primera  censura.   

          En    el   segundo   cargo   la  actora  predica nuevamente la presencia de un error de hecho por  falso  juicio  de identidad, que condujo a la aplicación indebida del artículo  103  del Código Penal y a la falta de aplicación del numeral 7º del artículo  104 ibídem.   

          Este  reproche se admitirá por contener, en términos generales, la  carga  de  sustentación  exigida  legalmente,  siendo  superables  las mínimas  falencias  advertidas  en  el  mismo,  de  conformidad  con lo establecido en el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

En  el tercer cargo  atribuye   al   Tribunal  valorar  erróneamente  los  elementos de prueba.   

Si  bien esta censura también la enmarca en  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, a diferencia de los anteriores  reproches,  en  esta  oportunidad  la  impugnante  no  precisa la naturaleza del  error,  salvo  en  el  caso  del  testimonio  de  Jhon  Francisco  Rodríguez  Soler, en relación con quien al  final  del  sustento  del  cargo  predica  la existencia de un error de derecho.  Pero,  de  todas  maneras,  ni  frente  a ese elemento de prueba ni a los demás  referidos a lo largo de la censura indica la modalidad del yerro.   

En  efecto,  como se recuerda, la violación  indirecta  de  la ley sustancial puede provenir de un error de hecho o de uno de  derecho.  En el primer caso, a su vez, el yerro es consecuencia de la incursión  en  falso  juicio  de  existencia,  en  falso  juicio  de  identidad  o en falso  raciocinio.  Y en el segundo, de irrumpir en un falso juicio de convicción o en  un falso juicio de legalidad.   

Se  insiste, la demandante no precisó ni la  naturaleza  del  yerro  ni  la modalidad del mismo, salvo en el caso del testigo  Rodríguez  Soler,  si  bien  solamente  indicando  que  se  trataba  de un error de derecho. En relación con  este  declarante, se advierte que cuestionó al Tribunal por considerarlo prueba  de  referencia  cuando  en  realidad se trataba de un testigo directo, aunque no  del  homicidio,  sino  de  las  manifestaciones  posteriores  efectuadas  por el  procesado   YEISON  FELIPE  LEÓN  ZÁRATE.   

Entendida la postulación en esos términos,  ninguna  objeción cabe a la clase de yerro aducido por la censora. Ciertamente,  ese  tipo de dislate se denuncia por vía del error de derecho. Ahora bien, como  lo  tiene precisado la Sala, dar a la prueba un valor diferente al que realmente  le  asigna  la  ley, configura un falso juicio de convicción. En tal anomalía,  por  tanto,  habría  incurrido el Tribunal si resultara cierto que atribuyó al  testigo  Rodríguez  Soler la  condición   de  prueba  de  referencia  sin  serlo1.   

No obstante, observa la Sala que en realidad  el  sustento  del  reproche  no  se corresponde con los fundamentos del fallo de  segundo  grado,   inconcordancia  que  conspira  contra  las  exigencias de  precisión  y  claridad propias del recurso de casación. El siguiente aparte de  la sentencia confirma lo dicho:   

“…   JHON  FRANCISCO  RODRÍGUEZ  SOLER  afirma  haber escuchado cuando YEISON FELIPE LEÓN  ZÁRATE  alias  “Yuco” se ufanaba de haber apuñalado al hincha del América  de  Cali,  sin  embargo en su declaración se observan  varios   aspectos   que   no   permiten   dotar   de   plena   credibilidad   la  misma,  por  cuanto  asegura que el procesado realizó  tales  manifestaciones  aun cuando no lo conocía con antelación como lo acepta  en  su  atestación, es notoria su premura en excluir de la escena de los hechos  a  los  alias “Yiyo” y “Sombrilla”, aun cuando no se le indaga sobre los  mismos   y   dice  no  haber  visto  (a)  DAVID  RICARDO  CLAVIJO  BUITRAGO  alias  “Chinche”  el  día de  marras  en  la  riña  que  se  presentó,  lo que evidencia su intención de no  comprometer  la  responsabilidad  de aquéllos en la muerte de JUAN DAVID PÉREZ  GÓMEZ”2 (subraya la Corte).   

Como  se observa, en realidad el juzgador no  consideró   el   testimonio   de   Rodríguez  Soler  como  prueba  de  referencia,  sino que lo desechó al  estimar  que  no ameritaba credibilidad la afirmación según la cual escuchó a  LEÓN ZÁRATE cuando admitió  haber   participado  en  la  agresión  que  culminó  con  la  muerte  del  hoy  occiso.   

La   decisión   del  Tribunal,  entonces,  obedeció   al   mérito  suasorio  que  le  asignó  al  testimonio.  En  estas  condiciones,  le  correspondía  a  la  impugnante,  si aspiraba a demeritar tal  apreciación,  demostrar  que  en  esa  tarea  funcional  incurrió  en un falso  raciocinio.  No  lo  hizo así, pues omitió por completo indicar los principios  de la sana crítica desatendidos por el sentenciador.   

La demandante también cuestiona al Tribunal  por   desestimar   el  testimonio  de  William  Javier  Rodríguez   Restrepo   y  los  indicios  de  móvil,  presencia  y  oportunidad.  Pero no acomete la demostración de error casacional  alguno,  sino  que  se  dedica  a  postular  su  propia visión acerca del poder  persuasivo  de esos elementos de convicción, pretendiendo que su criterio salga  avante  frente  al  del juzgador, lo cual, como ya se dijo, no resulta viable en  sede de casación.   

En  torno  a  la  prueba indiciaria, la Sala  tiene  dicho  que  para  cuestionarla  por  vía  extraordinaria al libelista le  compete  precisar  si  lo  hace  respecto (i) de los medios demostrativos de los  hechos  indicadores,  (ii)  de  la  inferencia  lógica  o  (iii) del proceso de  valoración  conjunto  al apreciar su articulación, convergencia y concordancia  de   los   varios   indicios   entre   sí,  y  entre  éstos  y  las  restantes  pruebas3.    

También tiene dicho la jurisprudencia de la  Sala  que si se opta por lo primero, la impugnación solamente procede, desde la  perspectiva  del  error  de hecho, por vía de los falsos juicios de identidad y  existencia4,  mientras  si  se  cuestiona  el  razonamiento  lógico, el ataque  solamente puede dirigirse por vía del falso raciocinio.   

El  demandante  no  se allanó a cumplir los  anteriores   presupuestos   de   fundamentación,   dedicándose  a  rebatir  la  apreciación  probatoria  efectuada  por el juzgador, sin ocuparse por demostrar  la  incursión  en ostensible yerro valorativo que condujera a la variación del  sentido de la decisión impugnada.   

Este último reproche, por tanto, también se  inadmitirá.   

Se  precisará,  finalmente,  que  contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada         de         la         Sala5.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.                      INADMITIR    el  primer        y       tercer       reproches  de  la   demanda   de   casación   interpuesta   por  la  representante  de  las  víctimas,  de  acuerdo  con las razones expuestas en la  anterior motivación.   

         Según  lo  establecido  en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es        facultad        de       la demandante  elevar petición de insistencia.   

         2.                      ADMITIR     el  segundo    cargo   del  mencionado   libelo   de  casación.   

         Una  vez  se  surta  el  trámite  relacionado  con el mecanismo de  insistencia,  se  fijará  fecha para la realización de la respectiva audiencia  de sustentación oral.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                          AUGUSTO     J.     IBÁÑEZ    GUZMÁN              

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO           JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA                 

                         

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Sentencia del 21 de febrero de 2007, radicación 25920.   

2  Páginas 56 y 57 del fallo del Tribunal.   

3  En  este sentido, sentencia del 4 de abril de 2003. Rad. 14636.   

4 Cfr.  auto del 10 de marzo de 2009, radicación 26572.   

5  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

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