36766(01-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36766  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                            Aprobado acta N° 269.   

Bogotá,  D.  C., primero (1º) de agosto de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  fundamentación  de la demanda de casación presentada por el defensor  de  JESÚS  ALBERTO  CONTRERAS  MARTÍNEZ contra  la  sentencia  del 17 de febrero del cursante año, mediante  la  cual  el  Tribunal Superior de Bogotá confirmó el fallo proferido el 19 de  octubre  de  2010  por el Juzgado Octavo Penal del Circuito de descongestión de  la  misma  sede, que condenó al procesado a las penas principales de 3 años de  prisión  y  30  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa,  como  autor  responsable del delito de abuso de confianza calificado.   

HECHOS  

          Los  sentenciadores  de  instancia  declararon  probada la siguiente  situación fáctica:   

          El  14  de agosto de 2000 el Reino de los Países Bajos representado  por  el  Embajador  en  Colombia  y  la  Asociación  de  Veedurías  Ciudadanas  representada  por  JESÚS  ALBERTO CONTRERAS MARTÍNEZ  celebraron un contrato de contribución consistente en  “apoyo  al  fortalecimiento  institucional  y  a las  actividades   de   la   Red   Nacional   de   Veedurías  Ciudadanas  contra  la  corrupción”,   por  cuya  virtud  la  Embajada  en  mención   hizo   entrega   a   la   Asociación   de   Veedurías  la  suma  de  $46.260.000.   

          El  señor CONTRERAS MARTÍNEZ no  aplicó  parte  de  ese  aporte  al  fin  convenido, sino que lo  utilizó  para  gastos  personales suyos, habiéndose apropiado de la suma total  de  $23.319.475,  situación advertida por la Embajada de los Países Bajos ante  las  inconsistencias  de los informes presentados por aquél sobre la inversión  del dinero, conforme a lo acordado en el contrato.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El trámite de la investigación estuvo a  cargo  de  la  Fiscalía  Quinta  Seccional  de  Bogotá,  despacho judicial que  inicialmente   adelantó   investigación   previa,   etapa   ordenada  mediante  resolución  del  29  de  agosto  de 2003. Culminada la misma, dicho funcionario  decretó  en  decisión  del  24 de enero de 2005 la iniciación de instrucción  penal,   en   cuyo   desarrollo   escuchó  en  declaración  de  indagatoria  a  JESÚS   ALBERTO   CONTRERAS  MARTÍNEZ  y Luz Diva Prieto Orjuela.   

2.  Mediante providencia del 17 de junio del  precitado  año,  el instructor resolvió la situación jurídica a CONTRERAS   MARTÍNEZ,  absteniéndose  de  afectarlo  con  medida  de aseguramiento por aplicación favorable de la Ley 906  de 2004.   

3.  El  13  de  julio  siguiente  el  fiscal  delegado  decretó  el  cierre  de la investigación, profiriendo resolución de  acusación  en  contra  de  JESÚS  ALBERTO  CONTRERAS  y    Luz   Diva   Prieto  Orjuela,  al  primero  por  el  punible  de  abuso  de  confianza  calificado  y  a  la  segunda  por falsedad en documento privado. Por  apelación  del  defensor  de  la  esta  última,  la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Bogotá confirmó el pliego acusatorio, según proveído  del 7 de septiembre de 2006.   

4.  Correspondió  adelantar  la  etapa  del  juicio  al  Juzgado  Veintidós  Penal  del  Circuito  de  esta  ciudad, en cuyo  desarrollo  Luz Diva Prieto se  acogió  al  mecanismo  de sentencia anticipada, produciéndose la ruptura de la  unidad   procesal.   Prosiguiendo   la   actuación   respecto  de  CONTRERAS  MARTÍNEZ,  se llevó a cabo las  audiencias  preparatoria  y pública de juzgamiento, tras lo cual el funcionario  judicial   remitió   el  proceso  al  Juzgado  Octavo  Penal  del  Circuito  de  Descongestión,  cuyo titular puso término a la instancia mediante la sentencia  del  19  de octubre de 2010, decisión confirmada por el Tribunal Superior el 30  de  febrero  del  cursante  año  al  desatar  la  apelación interpuesta por la  defensa.   

4. Contra el fallo de segundo grado el mismo  sujeto  procesal  promovió  el  recurso  extraordinario  de  casación, el cual  sustentó oportunamente.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante formula tres cargos contra la sentencia del Tribunal,  todos por violación indirecta de la ley sustancial.   

          En     el    primer    cargo  denuncia  la  presencia  de  un error de hecho por falso juicio de  identidad.  El  yerro  lo  hace  consistir  en  el hecho de dar la sentencia por  sentado  que  la  controversia  surgida  en torno al contrato celebrado entre el  Reino  de los Países Bajos y la Asociación de Veedurías Ciudadanas debía ser  definida  por  el  derecho penal, cuando en realidad, tratándose de un contrato  estándar  de  contribución, en cuyo desarrollo se entregó un avance por valor  de  $46.260.000,  que  en su gasto e inversión debía la contratista justificar  presentando  informes  contables  cada  seis  meses,  su  incumplimiento  genera  exclusivamente una acción de carácter civil.   

          Tras  hacer  referencia  a  la  significación  del verbo rector del  abuso  de  confianza  y  a  su  diferenciación con el delito de hurto, el actor  sostiene  que  el dinero entregado por el Reino de los Países Bajos tenía como  finalidad  apoyar  el  fortalecimiento institucional y las actividades de la Red  Nacional  de  Veedurías  Ciudadanas  en  contra  de la corrupción pública, de  manera  que  no  se  recibió a título no traslaticio de dominio sino a modo de  engranaje  económico  para  el  desarrollo  del  proyecto, cuyas inversiones se  demostraron  con los documentos entregados a través de los informes presentados  por  el procesado, de modo que el objeto contractual se desarrolló y cumplió a  cabalidad.   

Anota  de  esa manera que si el sentenciador  hubiese  valorado  correctamente  el  contrato,  aplicando  en  su análisis las  normas  de derecho civil, habría concluido en la atipicidad de la conducta, por  cuya   razón  pidió  casar  la  sentencia  para,  en  su  lugar,  absolver  al  acusado.   

          En    el   segundo   cargo   predica    el    desconocimiento    del    principio    in    dubio    pro    reo,   en   cuanto  “no   se   logró   demostrar   en  forma  plena  e  indiscutible   la   responsabilidad   de   mi   defendido   sobre   los   hechos  imputados”.   

          Sostiene,  empero,  que en este caso dejó de aplicarse el artículo  7º  del Código de Procedimiento Penal, “porque dada  la  imposibilidad  de  establecer  la cuantía de lo pagado por el Ministerio de  Transporte  se  edificaba  una  duda insalvable que debió resolverse a favor de  los procesados”.   

          Conceptualizando  acerca del principio fundamental cuya vulneración  aduce,   en   cuya   exposición   destaca   que   la   defensa  “ha   demostrado   las   múltiples   hipótesis  alternativas  a  la  responsabilidad  de  las  inculpadas  (sic),  siendo  la  principal la de su inocencia frente al grave cargo de  secuestro   simple   agravado   a   que  los  autos  se  refieren”,  afirma  que  el  Tribunal,  al  condenar  al  procesado sin estar  demostrado  su  compromiso penal, violó en forma directa tanto el artículo 232  del   Código   de  Procedimiento  Penal  como  el  artículo  250  del  Código  Penal.   

          En  tal  virtud,  pidió  casar  la sentencia para, en su reemplazo,  dictar absolución.   

          En    el   tercer   cargo   denuncia  nuevamente  la existencia de un falso juicio de identidad.   

          El  yerro,  en  su criterio, recayó sobre el contrato en cuestión,  pues  el  Tribunal  le dio un alcance distinto al que realmente tiene, es decir,  se  trató  de  un  acuerdo  de  voluntades  en  desarrollo  del  cual  la parte  contratante  entregó  un  aporte  económico  para  que  la  otra realizara una  gestión   con   miras  a  fortalecer  institucionalmente  la  red  nacional  de  veedurías ciudadanas en contra de la corrupción.   

          Para  demostrar  que  en  este  caso  no  se  configura  un abuso de  confianza  el  libelista  cita  jurisprudencia  y  doctrina  relacionada con los  elementos estructurales de ese punible.   

          De  otro lado, aduce que la red de veedurías realizó las gestiones  y  presentó  los  informes  a  los  cuales se obligó. Al respecto transcribió  dichos  informes,  reseñando  cada  una  de  las  actividades  adelantadas para  precisar  luego  que  el  procesado  llevó  un  control  contable de todas esas  gestiones,  sólo  que las facturas fueron rechazadas por la revisora fiscal por  no  cumplir las normas mínimas contables, lo cual no significa que CONTRERAS  MARTÍNEZ  se haya apropiado de  dinero alguno.   

            Tras  poner  de presente cómo el requerimiento de devolución del  dinero  hecho  por la embajada de los Países Bajos al procesado tenía como fin  solamente    asustarlo,    conforme    lo   afirmó   el   señor   Hendrick   Arno   Reinier   Ambrosius   en  ampliación  de  denuncia,  argumentar  que  la  carga dinámica de la prueba no  tiene  cabida  en este caso e insistir en que el convenio de co-financiación se  desarrolló  conforme  a  lo  pactado, concluye que la controversia suscitada en  este  asunto  no  corresponde definirla al derecho penal, pues en ella solamente  están  involucrados  intereses  particulares  que  no interesan al conglomerado  social.   

          Pidió,  en consecuencia, casar la sentencia para proferir, a cabio,  fallo absolutorio.   

         

ALEGATO   DEL   NO  RECURRENTE   

          Oportunamente,  la  Procuradora  318 Judicial II Penal se pronunció  sobre   la   demanda   de   casación   en  condición  de  sujeto  procesal  no  recurrente.   

          Sobre  el primer cargo, acotó que las pruebas recaudadas indican el  actuar  fraudulento  del procesado, y es así como la revisora fiscal se acogió  a  sentencia  anticipada  y  la testigo Claudia Liliana  Bustos  Ordóñez  expresó  que firmó varios recibos  para justificar el gasto de dinero manejado por la Red.   

          Frente  al  segundo  reproche,  replicó  que, contrariamente, en el  proceso   quedó   plenamente   acreditada  la  certeza  de  lo  ocurrido  y  la  responsabilidad del acusado.   

          En  relación con la tercera censura, destacó cómo las pruebas son  demostrativas   de   que   la  conducta  de  CONTRERAS  MARTÍNEZ  estuvo  dirigida  a  apropiarse en provecho  suyo   del   aporte   efectuado   por   la   Embajada,  pues  optó  por  gastar  indiscriminadamente  el  dinero,  retirándolo  en  su  totalidad  en  una  sola  oportunidad de la cuenta de ahorros en la cual fue consignado.   

          Al   respecto,   insiste   en  que  tanto  la  señora  Claudia  Liliana  Bustos  como la revisora  fiscal  Luz Dary Prieto dieron  cuenta  del  manejo  irregular  dado al aporte, al igual que de la renuencia del  procesado  a  cumplir con el mínimo de las normas contables. Es más, añadió,  la  primera  de  ellas  manifestó que por instrucción de éste y su progenitor  prestó  su  firma  en  cuentas de cobro, sin recibir el correspondiente dinero,  mientras   la   testigo  Ingrid  Inés  Forero  Forero  lo desmintió cuando atribuyó a ésta la realización  de unos talleres.   

          Para  el Ministerio Público, finalmente, no puede afirmarse que los  dineros  fueron  entregados  “a título traslativo de  dominio,  y  que por tanto el delito de abuso de confianza no existe, puesto que  se  probó  que  los  mismos  tenían una destinación específica conforme a un  programa  estipulado  previamente  para  el  fortalecimiento de la organización  cívica  que  él  representaba y que tenía como fin, como ya se dijo, la lucha  contra  la corrupción, al punto que se pactó que los dineros sobrantes debían  ser  devueltos  a  la  Embajada, así como que si éstos eran destinados a fines  distintos, debían ser devueltos”.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         La  demanda  instaurada  por  el defensor del procesado JESÚS  ALBERTO  CONTRERAS  MARTÍNEZ será  inadmitida, por las siguientes razones:   

         

De  acuerdo   con lo previsto el inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, el recurso extraordinario de  casación  procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  trata  de delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo máximo exceda de ocho años.   

Ahora  bien,  el inciso tercero de la citada  disposición  faculta  a  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia para  admitir  de  manera  excepcional  las  demandas de casación interpuestas contra  sentencias   de   segunda   instancia   proferidas  por  autoridades  judiciales  diferentes  a las ya mencionadas o relativas a delitos que tengan señalada pena  de  prisión  inferior  a la prevista por el legislador para acceder a esta vía  de  impugnación  extraordinaria o para los no sancionados con pena privativa de  la   libertad,   cuando   ello   fuese   necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  nacional  o  para garantizar derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley.   

         

          En  relación  con  lo  anterior,  la  Sala  ha  sido  insistente en  señalar  que  cuando  se  trata  de  la casación discrecional al demandante le  corresponde     exponer     con     claridad     y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina, bien para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de  qué  manera  la  decisión solicitada tiene la dual  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de guía a la actividad  judicial.  Por  su  parte,  si  la  pretensión  del  casacionista  se orienta a  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e  indicar  las normas constitucionales o legales que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido1.   

         En     el     caso     materia     de  estudio,   el   recurso  sólo  procedía  por  vía  discrecional     o    excepcional,    pues  el  delito por el cual se dictó la sentencia tiene señalada  pena  de  prisión  cuyo  máximo  no  excede  de  ocho (8) años. En efecto, el  ilícito      de     abuso     de     confianza  calificado  está contemplado  en  el  artículo  250  del  Código  Penal  de  2000,  norma  que  lo  sanciona con prisión de tres             (3)   a  seis  (6)                 años2.   

El libelista olvidó la exigencia procesal en  mención,   limitándose   a   invocar   el   recurso   por  la  vía  común  u  ordinaria,   creyendo  tener  pleno  acceso  a  esa  modalidad  del recurso  extraordinario  de  casación,  sin  advertir  que lo procedente era acudir a la  vía excepcional.   

          Por  esa razón, optó por denunciar la existencia de una violación  indirecta  de  la  ley,  sin justificar la procedencia del recurso por alguno de  los  dos  factores  que habilitan la casación excepcional. Es decir, se abstuvo  de  explicarle a la Corte si pretende el desarrollo de la jurisprudencia o si su  aspiración es obtener la protección de garantías fundamentales.   

         La  actora, por tanto, no hizo  ningún esfuerzo para persuadir a la  Sala  sobre  la  necesidad  de admitir el libelo, circunscribiéndose a postular  varios  errores  de juicio,  aspecto      frente  al  cual  la  Corte  tiene  ampliamente   fijado   su   alcance   y   fundamento,  y  si  bien  en   el   segundo   reproche   alude  al  desconocimiento   de   principios   tales   como   el  in   dubio   pro   reo  y  presunción  de  inocencia,  lo   cierto   es   que   los  vincula  al    vicio  in  iudicando planteado    en    la   demanda,   sin  acometer  la  tarea  de  acreditar la vulneración de  esas  garantías  fundamentales  y  la incidencia de dicho quebranto frente a la  decisión   adoptada   por   los   falladores   y   sin   que   el  ataque,   de   otro   lado,  aluda  a  la  existencia  de  defectos  graves  de motivación, única eventualidad en la cual  resulta  dable  afirmar  la  vulneración  de derechos  superiores  por  la  configuración  de  esa clase de  vicios,   como   reiteradamente   lo   ha  dicho  la  Sala3.   

          Más  aún,  los  cargos  en  concreto  formulados  no  se allanan a  cumplir  las  pautas  de  fundamentación  exigidas por la ley procesal y por la  jurisprudencia  de  la Sala, cuya satisfacción resulta insoslayable aún en los  casos  de  casación  discrecional,  como  está previsto en el inciso final del  artículo 205 arriba citado.   

          Al  respecto,  se  observa  cómo en las tres censuras el demandante  denuncia  la violación indirecta de la ley sustancial, precisando en el primero  y  en  el  último  que  ese quebranto proviene de un falso juicio de identidad,  mientras  en  el segundo nada indica al respecto, limitándose a señalar que el  error  se  configura  por  el  desconocimiento de los principios de presunción  de  inocencia  e in dubio pro reo   

          Conforme   lo  tiene  precisado  la  Sala,  cuando  se  acude  a  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  es  deber  del actor señalar el  sentido  de  la  infracción,  mencionando  si  se  trata de error de hecho o de  derecho,  y  en  ambos  casos  indicar  la  modalidad del yerro, es decir, en el  primero  de ellos, falso juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso  raciocinio.  Por su parte, si el ataque lo es por error de derecho, falso juicio  de legalidad o falso juicio de convicción.   

          Como  se  dijo,  tal carga argumentativa no la cumplió el libelista  en  el segundo cargo, pues ni indicó el sentido de la violación ni mucho menos  la  modalidad  del  error.  Es  más,  cambiando  el  fundamento  del motivo del  reproche,  terminó  acusando  al  Tribunal  de  violar  en forma directa la ley  sustancial,  desconociendo  de  esa  forma  el  principio  de  la autonomía que  gobierna  el  recurso  de  casación, conforme al cual el sustento de la censura  debe corresponderse con su enunciación.   

Ahora  bien, como también lo tiene dicho la  Corte,  el  falso juicio de identidad se presenta cuando el juzgador distorsiona  el  sentido  material de la prueba en cuanto la cercena, adiciona o translitera.  Para  su  demostración,  es  deber del actor identificar el medio sobre el cual  recayó  el  dislate,  realizar  un  cotejo  entre  su  contenido y aquel que le  atribuye  el fallador, precisando los apartes donde se presenta la distorsión y  luego acreditar la trascendencia del yerro.   

         

          El  impugnante  omitió  satisfacer  esos  presupuestos  en  las dos  censuras  en las cuales denunció la presencia del aludido dislate. No precisó,  en  efecto,  el aparte de la prueba distorsionado o tergiversado por el juzgador  y  menos  aún  fundamentó  la  incidencia  del  yerro,  acreditando que sin su  concurrencia   el   sentido   de   la   decisión  hubiese  sido  diametralmente  opuesto.   

          En   realidad,  el  censor  no  hace  cosa  diversa  a  postular  su  particular  punto  de  vista  acerca  del  alcance  persuasivo  de  las  pruebas  incorporadas  al  plenario, señalando que las controversias suscitadas en torno  al  contrato  celebrado  entre el Reino de los Países Bajos y la Asociación de  Veedurías  Ciudadanas  son de naturaleza civil, escapando por tanto del ámbito  penal  y,  en  fin,  que la red de veedurías realizó las gestiones y presentó  los informes a los cuales se obligó.   

          Olvida  de  la  anterior  forma  que  ese  tipo  de discrepancias de  naturaleza  probatoria  no  son  admisibles  en sede de casación, pues la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  acompaña a la sentencia impugnada,  impone  dar  prevalencia  a  la  valoración suasoria realizada por el juzgador,  salvo  la  existencia  de  errores  graves en esa tarea funcional, lo cual no se  avizora en este caso.   

En  similar  actitud incurrió el demandante  frente  al segundo cargo, pues pretende que la Corte, sin acreditar la presencia  de  yerro  de  ninguna  naturaleza,  acoja  su  criterio  consistente en que las  pruebas  incorporadas  al  plenario  no  logran demostrar la responsabilidad del  acusado,  pese  a  que  el  Tribunal arribó a conclusión diversa, esto es, que  aquél  se  apropió  para  su beneficio personal de una importante fracción de  los  dineros que ingresaron a la Asociación de Veedurías Ciudadanas, en virtud  del  aporte hecho por el Reino de los Países Bajos a esa asociación cívica no  gubernamental.   

Más aún, la fundamentación de ese segundo  reproche  el  censor  la efectúa con tal descuido que le incluye circunstancias  ajenas  por completo al asunto debatido en este proceso, pues termina predicando  la  falta  de  demostración  de  la  cuantía de lo pagado por el Ministerio de  Transporte,  así  como  la  acreditación  de  la inocencia del procesado en el  ilícito     de     secuestro    simple    agravado,    aspectos    –se  insiste-  que  ninguna  relación  tienen con el presente caso.   

          Los  defectos  de fundamentación advertidos en la demanda conducen,  en suma, a su inadmisión y en ese sentido se pronunciará la Sala.   

         Al  margen  de  lo  anotado,  la  Sala  no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación interpuesta por la defensora de  JESÚS ALBERTO CONTRERAS MARTÍNEZ.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         

                         Impedido   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE  LEMOS                                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JULIO            ENRIQUE            SOCHA            SALAMANCA                 

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Entre   otros,   auto  del  18  de  abril  de  2007,  radicación  26916,  entre  otros.   

2  La  norma  también  establece  como  pena  principal  multa  de  30  a 500 salarios  mínimos  legales  mensuales, pero para efectos de determinar la modalidad de la  casación   solamente   se   tiene   en   cuenta   la   pena   privativa  de  la  libertad.   

3 Cfr.  Sentencia del  9 de febrero de 2006, radicación 26493.     

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