36764(28-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36764  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  351  

Bogotá, D.C., veintiocho (28) de septiembre  de dos mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el   defensor   del  procesado  Darcio  Antonio  Serna  Córdoba  contra el fallo del 30 de marzo de 2011, por  medio  del  cual  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Bogotá confirmó  la  sentencia  de  primer grado  emitida  por  el  Juzgado  20 Penal del Circuito de esta ciudad, que condenó al  mencionado   por  los  delitos  de  fraude  procesal  y  falsedad  en  documento  privado.   

H E C H O S  

El  Tribunal  los  resumió  de la siguiente  manera:   

“…  se  tiene  que  Darcio Antonio Serna  Córdoba   fue  comisionado  el  5 de enero de 2005 mediante la Resolución  No.  022 de la fecha como Subgerente Administrativo y Financiero del Hospital de  Fontibón  de  (Bogotá),  por  estar  inscrito en el escalafón de carrera para  ejercer  dicho  cargo,  en  el que se posesionó el 7 de enero del mismo año en  cumplimiento  de  la  Resolución  0002  suscrita  por el entonces gerente de la  referida institución hospitalaria, Dr. Reyes Murillo Higuera.   

Igualmente, se estableció que el día de su  posesión,  esto  es, el 7 de enero de 2005, el acusado solicitó por escrito la  asignación  de la prima técnica a que tiene derecho, la cual le fue reconocida  mediante  Resolución  No.  0016  del  18 del mismo mes y año, sobre el 50% del  salario  devengado, con los siguientes fraccionamientos: (I) 20% por tener cinco  o  más  años  de  experiencia  profesional;  (II)  14%  por el hecho de poseer  título  profesional de abogado de la Universidad Autónoma de Colombia; y (III)  el 16% de capacitación.   

La   investigación  adelantada  permitió  establecer     que     el     porcentaje     reconocido     por     ‘capacitación’   se   originó   en   la   supuesta  especialización  en  Derecho  Público  referida por el procesado en su hoja de  vida.   

Con  posterioridad,  la  Oficina  de Talento  Humano  del  Hospital de Fontibón, en obedecimiento a una directriz tanto de la  Secretaría   Distrital   de   Salud   como  del  Comité  Técnico  del  Centro  Hospitalario,   verificó  la  información  sobre  la  idoneidad  académica  y  profesional  de  sus  empelados, por lo que a través del oficio CTH-0174 del 16  de  marzo  de  2007,  la  Jefe  de  Talento  Humano  solicitó  a la Universidad  Autónoma  de  Colombia  verificar  los títulos profesionales expedidos a Serna  Córdoba.   

En  su respuesta, la Universidad indicó que  efectivamente  el  procesado  obtuvo  el título profesional de abogado el 16 de  diciembre  de  1988,  empero,  frente a la especialización en Derecho Público,  refirió  que  sólo  cursó un semestre, sin que por lo tanto le fuera otorgado  el título de especialista.   

Con  fundamento en lo anterior, la encargada  de  la  Oficina  de  Control  Interno del Hospital inició proceso disciplinario  contra  el  acusado,  al  término  del  cual  compulsó  copias  para que fuera  investigado penalmente por dicho proceder.   

A  pesar de consignar en su hoja de vida que  era  especialista  en  derecho público, el acusado no exhibió el momento de su  posesión  ningún  documento  para  acreditar  tal  calidad, no obstante que la  Coordinadora  de  Talento  Humano  le  había  requerido  en  forma verbal y por  escrito,  reiteradamente,  que  allegara  el  acta  de  grado o diploma: ante su  negativa,  dicha  funcionaria le manifestó que de no presentar la acreditación  respectiva,  procedería  a descontar el 16% reconocido en la prima técnica por  concepto de especialización.   

Darcio  Antonio  Serna Córdoba fungió como  Subgerente  Administrativo  y  Financiero  Código  090,  Grado 5, desde el 7 de  enero  de  2005  hasta  el 2 de mayo de 2007, lapso durante el cual percibió el  50%  de  la  prima  técnica  reconocida. En dicho porcentaje estaba incluido el  rubro  correspondiente  al 16% otorgado por poseer una supuesta especialización  en derecho público.”      

ANTECEDENTES PROCESALES  

1. En audiencia preliminar celebrada el 25 de  junio  de  2007,   la  Juez  39  Penal Municipal con función de control de  garantías    de    Bogotá   le   impartió   legalidad   a   la   imputación  formulada  por  el Fiscal 3º  Seccional  de  la  misma  ciudad  contra Darcio Antonio  Serna  Córdoba  por  los delitos de fraude procesal y  falsedad  en documento privado, cargos que el imputado no aceptó.  Una vez  presentado   el   escrito  de  acusación,   la   audiencia   de   formulación  de  acusación  tuvo  lugar el 24 de agosto del mismo año  ante  el  Juzgado  20  Penal  del  Circuito  de  Bogotá; en ella, el fiscal 149  Seccional    acusó    a  Serna   Córdoba  por  los  delitos   de   fraude   procesal   y   falsedad   en   documento   privado   con  circunstancias   de   mayor y menor punibilidad, al tiempo que retiró  el  cargo por estafa contenido en el escrito de acusación (artículos 289, 453,  58-6-9, 55-1 y 31 del Código Penal).   

La   audiencia  preparatoria se realizó el 19 de diciembre siguiente;  la  del juicio oral se inició  el  5  de  noviembre  de  2008 y -tras numerosos aplazamientos- culminó el 8 de  junio   de   2010,  fecha  en  la  cual  la  funcionario  judicial  anunció  el  sentido    condenatorio    del    fallo  y  corrió  a  los  intervinientes  el  traslado  del artículo  447  de  la Ley 906 de 2004; la  audiencia     del     incidente    de    reparación  integral   tuvo   lugar   el  6  de  julio  de  2010.   

Así las cosas, en audiencia del 22 de julio  de  2010,  la  Juez  20 Penal del Circuito de Bogotá profirió y dio lectura al  fallo,  por  medio  del cual  condenó   a  Darcio  Antonio  Serna Córdoba a las penas  principales  de  100  meses  y  un  día  de  prisión y multa de 400,1 salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes,   así   como   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  69  meses  y  1  día,  como  autor  penalmente responsable de las  conductas  punibles  de  fraude  procesal  y  falsedad  en documento privado, en  concurso,  con  la  circunstancia  de  ‘mayor      punibilidad’  del  artículo  58-9  del  Código  Penal. Así mismo, le negó el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y el  sustituto de la prisión domiciliaria.   

Apelada  la  sentencia de primera instancia,  recibió  confirmación por parte del Tribunal Superior de Bogotá, a través de  fallo de segundo grado del 30 de marzo de 2011.   

Inconforme con lo resuelto, el apoderado del  sentenciado  Darcio Antonio Serna Córdoba  formuló  el  recurso  extraordinario  de  casación  y, de manera  oportuna, presentó la correspondiente demanda.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

A  través  de  un  escrito,  en  el  que el  casacionista  no  precisa  cuántos cargos formula, denuncia que el sentenciador  violó  el  artículo 181, causal tercera, del Código de Procedimiento Penal de  2004, así como los artículos 453 y 289 del Código Penal.   

El  recurrente inicia por plasmar los hechos  del  proceso  de  manera distinta a los reseñados en la sentencia. Es así como  asegura  que  el  hoy  procesado  Darcio Antonio Serna  Córdoba  efectivamente  le  comunicó a la jefe de la  Oficina  de  Talento  Humano  que  no  contaba con el título de especialista en  Derecho  Público,  razón  por  la cual le indicó a la aludida funcionaria que  verificara,  conforme  a  la Ley 909 de 2004, si “hay  equivalencias”,   luego  de  lo  cual  procedió  a  corregir  lo  consignado  en  la  hoja  de vida. Por lo tanto, estima el censor,  “resultaba  insolítico”  que   aquella   le  insistiera  por  escrito  a  Serna  Córdoba,   22  meses  después  de estar devengando la prima técnica, para que  allegara el referido título académico.   

Sigue con el relato de los hechos, precisando  que  la  funcionaria  de  Talento  Humano  le manifestó que bien podía allegar  constancia  de  estar  cursando  la especialización, razón por la cual estimó  saneada  la  situación  cuando  así  lo  hizo;  reprocha  que  aquella hubiera  solicitado  a  la  universidad  correspondiente  la confirmación del título de  especialista,   cuando   el   hoy   sentenciado  ya  había  explicado  que  esa  acreditación no existía.   

Denuncia que en este asunto se ha manipulado  la  prueba  en  contra  del  funcionario Serna Córdoba  y   de  otros  directivos  del  hospital,   en   razón   a   su   condición   de  afrodescendientes;  en  sustento  de  lo  anterior,  menciona  que  luego  de su  posesión  aparecieron en los muros frases desobligantes, a las cuales no se les  ha  dado  la  debida  trascendencia, como también que la Jefe de Talento Humano  expresó  “que  era  jarto y fatigante tener un jefe  NEGRO”  (mayúsculas  en  el original).  Por lo  tanto,  alega,  era  evidente  el  distanciamiento  entre  el  hoy  acusado y la  mencionada  Jefe,  por  lo  que,  en  lo  sucesivo, su relación se limitó a lo  estrictamente  profesional.   Atribuye  el comportamiento de la servidora a  prevenciones   y   malquerencias   por   su   condición   de  afrodescendiente,  “logrando  así  la  señora funcionaria el objetivo  principal   cual   era   verlo   inmerso   en   un   posible  delito”.   

En desarrollo de su inconformidad, anuncia la  formulación    de   un   cargo   único,  a  través  del cual reprocha que el fallador violó el artículo  207,  numeral  primero,  cuerpo segundo, del Código de Procedimiento Penal, por  vía  del  error  de  hecho  en  la modalidad de falso  juicio  de  identidad,  al  aplicar  erróneamente  el  artículo 453 del Código Penal.   

Critica que el sentenciador apreciara que la  información   “falsa”  (expresión  entrecomillada  en  el escrito de demanda) consignada en la hoja de  vida   fuera   determinante   para    inducir   en   error  “a   la   funcionaria  [Myriam  Esther  Hernández  Rodríguez]  para  proyectar el acto administrativo”.   

Precisa  que  el  falso  juicio de identidad  consistió  en  que  el  Tribunal  tergiversó  la  prueba,  toda  vez  que a la  expresión      “Especialista     en     Derecho  Público”,  misma  que  posteriormente fue corregida  por  el  procesado al diligenciar el formato único de hoja de vida, la apreció  como  idónea  para mantener en error a la funcionaria, dándole así un alcance  objetivo  que  no  tiene.  Reseña  que  la  administración sabía que la prima  técnica  no se podía pagar solamente con la información consignada en la hoja  de vida, situación que trató de subsanar 22 meses después.   

Enseguida,  pregona  un  falso  juicio  de  existencia,  por  omitir  el  juzgador el análisis de la hoja de vida en la que  consta  que  Serna Córdoba no  consignó  ser  especialista  en derecho público; de allí se infiere, asegura,  que   aquél   nunca  quiso  engañar  a  la  administración  para  obtener  el  reconocimiento   de  una  prestación.  Predica  el  mismo  yerro  respecto  del  testimonio  de  Estella  Castro Torres, pues este “no  revela  en  sí  misma el valor que se le asigna”, en  la  medida  en  que la deponente expresó que, en su opinión, la no figuración  de   la  especialización  como  soporte  de  la  prima  en  la  correspondiente  resolución, se debió a un error de digitación.   

De  lo  anterior  se  evidencia,  dice  el  casacionista,  que el juzgador no apreció la mencionada declaración conforme a  la    sana    crítica,    la    lógica    y    la  experiencia.   

Califica  como  una  falsa  conclusión  la  apreciación      del     ad-quem,     según  la  cual  a  Darcio  Antonio Serna  Córdoba  se le pagó la prima por razón de tener una  especialización  en  derecho  público;  aduce  que  la  anterior inferencia es  errada  porque  entre  las  dos  circunstancias no existe un nexo de causalidad,  pues   el   pago  se  produjo  como  consecuencia  de  la  equivocación  de  la  administración.   

Con   fundamento   en   las   anteriores  consideraciones,  el  censor  le  pide  a  la  Sala  que case el “injusto               fallo               impugnado”.   

En   un   acápite   que   rotula   como  “Capítulo  segundo”, el  impugnante    acusa   al   Tribunal   de   haber   incurrido   en   violación  directa de los artículos 289  del  Código  Penal  y  181, causal tercera, del Código de Procedimiento Penal.  Dicho  yerro se configuró al apreciar el sentenciador que el documento falso se  usó  para mantener en error a los funcionarios de talento humano y de esa forma  mantener el pago de la prestación indebida.   

En sustento de su inconformidad alega que no  se  probó  que Serna Córdoba  hubiera  entregado  el  documento  apócrifo,  pues  la  deponente Myriam Esther  Hernández  expresó  que lo había recibido de Aleyda Abaunza. Y aún cuando lo  hubiera  entregado,  de  todo  modos  resultaba  inocuo,  pues  no  modificó ni  extinguió  obligaciones  o derechos, dado que fue entregado después de emitido  el  acto  administrativo que ordenó el pago de la prima técnica. Por lo tanto,  concluye,  el  acusado  no  incurrió  en  el  delito  de  falsedad en documento  privado.  Así,  por  inferir  lo contrario, el juzgador incurre en falso   juicio   de  identidad,  pues  le  concede   a   la   prueba,  la  supuesta  acta  apócrifa,  un  alcance  que  no  tiene.   

Con  apoyo  en los anteriores argumentos, el  recurrente  le  solicita  a  la Corporación que case el fallo impugnado y,  en  su  lugar, absuelva a Darcio Antonio Serna Córdoba  del     delito    de    falsedad    en    documento  privado.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Naturaleza del recurso extraordinario de  casación y deberes del demandante   

Antes  de  ocuparse  la  Corporación de los  requisitos  formales  de  la  demanda de casación, estima necesario insistir en  que  en  el  nuevo  sistema procesal, la casación es un medio extraordinario de  control   constitucional   y  legal  con  origen  en  el  artículo  235  de  la  Constitución  Política  y  desarrollado  en  la  Ley  906 de 2004, que procede  contra   las   sentencias  dictadas  en  segunda  instancia  que  ponen  fin  al  juzgamiento  de comportamientos punibles y, al igual que el proceso penal, tiene  por  finalidad  lograr  la  efectividad  del  derecho  material  desconocido, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  sufridos por éstos y la unificación de la jurisprudencia.   

Respecto  de las exigencias que debe cumplir  la  demanda  que  sustenta  la  impugnación  extraordinaria, la Corporación ha  señalado  que  de  los  artículos  183 y 184 se pueden deducir las siguientes:  a) que se señalen de manera  precisa      y      concisa     las     causales     invocadas,     b) que se desarrollen los cargos, esto es,  que  se  expresen  sus  fundamentos y se ofrezca una sustentación suficiente, y  c)  que  se  demuestre  la  necesidad  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso.   

En  contraste,  el  inciso 2° del artículo  últimamente  citado  dispone  que  no  será  seleccionada  la  demanda  que no  demuestre   interés   jurídico   del   impugnante  para  acudir  a  esta  sede  extraordinaria;  prescinda  de  señalar la causal; omita desarrollar los cargos  de  manera  adecuada, o bien cuando de su contexto se advierta que no se precisa  del fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

No  debe  olvidar  el  recurrente  que  la  casación  no  es  un  instrumento para continuar el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado proceso y, por lo tanto, no le está permitido  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del  trámite;  por  el  contrario,  la  demanda  debe  contener  un  razonamiento  claro,  lógico,  coherente  y  sistemático que, con apoyo en las  causales  consagradas  en la ley, demuestre los errores, bien sea de juicio o de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador, conforme a los  parámetros   que   la   jurisprudencia   de   la   Sala  ha  fijado  de  tiempo  atrás.   

2. El caso concreto  

Luego  de  confrontar  las  consideraciones  reseñadas  frente  a  la postulación y sustento de los argumentos plasmados en  la  demanda de casación, desde ya la Corporación adelanta su conclusión en el  sentido    de    que    la    inadmitirá,  toda  vez  que  adolece  de evidentes falencias de postulación y  fundamentación.   

Antes  de entrar a precisar en que consisten  dichas  anomalías,  la  Sala  tiene  que  llamar la atención sobre el evidente  desatino  del  censor  al  plasmar  los  hechos  de  una  manera  distinta a los  reseñados  en  el  fallo  y,  en  todo caso, según su propia interpretación y  conveniencia.   Es  así  que  edifica el cargo o cargos sobre una realidad  distinta  a  la  declarada  judicialmente.  Lo anterior, de entrada, impide  lógicamente  el  éxito  de  la  demanda,  pues  esta  debe partir del episodio  fáctico  tal como el fallador lo concibió, aún cuando su propósito sea el de  que  en  esta  sede  extraordinaria  se  declare  una  realidad  diferente, como  consecuencia    de    la    demostración    de    un    yerro    ostensible   y  trascendente.   

Y si a lo anterior se añade que esa realidad  fáctica  -diversa  a  la demostrada en el fallo- que el recurrente pretende que  aquí  se  reconozca  consiste  en  que  i)  este  proceso  es  el  resultado  de  una persecución desatada en  contra    del    procesado    por    su    origen    racial    y    ii)  que  la  responsabilidad  por el pago  indebido  en  realidad corresponde a la administración que le giró sumas a las  que  no  tenía derecho, el resultado es una inútil apeciación personal de los  hechos  que  carece de toda idoneidad para demostrar cualquier vicio susceptible  de ser corregido en sede de casación.   

Ahora  bien,  como  ya  se  ha  dicho,  los  reproches  formulados  adolecen  de evidentes equivocaciones en su postulación,  toda  vez que el discurso casacional es de tal manera confuso en su redacción y  deficiente  en  su  presentación  metodológica,  que la Colegiatura no atina a  identificar  cuántos  cargos se formulan, es decir, si es un cargo único -como  lo  señala el demandante al inicio del escrito- integrado por varios reproches,  o si se trata de dos o más cargos distintos.   

Por  otra parte, el recurrente tampoco logra  identificar  cuál  es el estatuto procesal sobre el cual funda la demanda, pues  de  manera  indiscriminada  y  simultánea  cita  los  artículos  181 y 207 del  Código   de  Procedimiento  Penal,  sin  precisar  a  cuál  de  los  estatutos  procesales se refiere, es decir si al de 2004 o de 2000.   

La confusión así plasmada permite concluir  que  el  casacionista olvida que la norma procesal que rigió esta actuación es  la  Ley  906  de 2004, de tal suerte que resulta del todo equivocado fundar el o  los   cargos  en  normas del Código de Procedimiento Penal de 2000. Y si a  lo  anterior  se  agrega  la evidente  impropiedad  en  que   incurre     al     insistir,     en    las    distintas  censuras,       que       el      juzgador      violó     la     causal   tercera   de   casación  del artículo  181  del   Código   de   Procedimiento   Penal   bajó   el   cual   se  tramitó  el  proceso,  la  confusión   y   falta   de   lógica   de  la  estructuración  del  argumento  casacional  convierten  a  la  demanda en un escrito francamente  incomprensible.   

Las  falencias  así reseñadas no son meras  formalidades;  por  el  contrario,  la  falta  de  claridad  sobre  el número y  naturaleza  de  los  cargos  le  impediría  a la Corte, si admitiera el libelo,  estructurar  de  manera  lógica  y  coherente  un  fallo  de casación, pues no  sabría  de  qué  manera atender las peticiones formuladas, lo que naturalmente  dificultaría  la  solución  del  caso.   Por  otra  parte,  la ostensible  confusión  sobre  el  estatuto  procesal aplicable al caso le imposibilita a la  Corporación  determinar la concurrencia de los presupuestos de admisibilidad de  la  demanda.  Como  es  sabido,  por  la  expresa  prohibición  que  acarrea el  principio  de  limitación,  a  la  Colegiatura  no  le  está  dado  corregir o  interpretar  la  verdadera  intención  del  casacionista,  razón  por cual las  anomalías  reseñadas  son  más  que  suficientes  para  dar al traste con las  pretensiones del censor.   

Una  segunda  clase de falencias son las que  tienen  que  ver  con  la  fundamentación  del  o  los  cargos;  es así que el  casacionista  viola  el  principio de autonomía de las causales de casación y,  además,  limita  su argumento a enfrentar la apreciación judicial de la prueba  con su personal interpretación de la misma.   

En  efecto, el recurrente alega falsos  juicios  de  identidad por supuesta  tergiversación  de  la  prueba, motivo de casación que lo obligaba a demostrar  de  qué  manera  el  juzgador  tergiversó,  cercenó  o  adicionó el medio de  convicción  con  trascendencia  para  la  sentencia.  Pero rápidamente se  aparta  de  la  vía  de  censura  que  propone  para, en su lugar, criticar las  conclusiones  probatorias del sentenciador; de esta forma, el demandante incurre  en  el error de confundir la prueba con lo probado, pues en lugar de criticar la  manera  en  que  el  sentenciador  plasmó  el medio de convicción –el  falso  juicio  de  identidad es un  error  en  la  contemplación  de la prueba- lo que en realidad denuncia son las  conclusiones obtenidas de aquel.     

Lo  anterior  surge  con  nitidez, cuando el  defensor  toma  algunas  pruebas  y  pretende  que  en esta sede -con fundamento  solamente   en   su  personal  ponderación-  a  la  expresión  “especialista  en  Derecho  Público” y al  error  de  digitación  al  que  hace  alusión la Jefe de Talento Humano, se le  otorgue  un  poder  suasorio  acorde  con  los  intereses  defensivos,  pero sin  acreditar  de  manera fehaciente una tergiversación evidente y trascendente por  parte  del sentenciador. Igual acontece cuando el casacionista, dentro del cargo  que  orienta  como  falso  juicio de identidad, alega que el juzgador violó las  máximas  de  la  sana  crítica,  equivocación  que correctamente desarrollada  correspondería al denominado falso raciocinio.   

En  conclusión, el libelista incurre en una  indebida  fundamentación  porque  enfoca  el  reproche  como un falso juicio de  identidad   y   termina   por  incurrir  en  un  inútil  enfrentamiento  de  la  apreciación  judicial  con  la  suya  propia,  lo  que  ni  siquiera  alcanza a  configurar un regular argumento de instancia.   

Más  adelante, en el mismo escrito, propone  la  violación  directa  de  la ley sustancial; no obstante lo anterior, una vez  más,  se  desvía  de  la  línea  de  ataque  ensayada,  pues  insiste  en  la  configuración  de falsos juicios de identidad y de existencia, razonamiento que  resulta  desenfocado,  pues  la  violación  directa de la ley sustancial supone  necesariamente  que  el  yerro  censurado  (la  aplicación indebida, exclusión  evidente  o  interpretación  errónea de una norma sustancial llamada a regular  el  caso)  no  es  el  resultado  de alguno de los errores de apreciación de la  prueba   (falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  legalidad  o  falso  raciocinio).   

Lo cierto es que el juzgador apreció que al  asegurar   el   hoy  procesado  Darcio  Antonio  Serna  Córdoba   en   su   hoja  de  vida  que  tenía  una  especialización  en derecho público, su posición superior frente a la Jefe de  Talento  Humano,  su  insistencia  por  largo  tiempo  respecto  de  que  pronto  allegaría  el  soporte documental que justificara el pago de la prima devengada  y  la prueba de su mentira allegada por el establecimiento universitario, fueron  para  el  fallador  los  elementos  de juicio que le permitieron concluir que el  acusado  mantuvo  en  engaño  a la administración para así hacerse acreedor a  una   prima  técnica  por  un  porcentaje  superior  al  que  realmente  tenía  derecho.   

Frente  a  dicha conclusión, el demandante,  aparte  de  formular  su  propia  apreciación de la prueba, fundada en que este  proceso  es  el  resultado  de una persecución racial en contra de Serna  Córdoba  y  que la responsabilidad  por  reconocer  a  favor del hoy acusado la prima técnica por un valor superior  al  legal  es  de  la administración, no logra demostrar un error ostensible de  violación  directa  o  indirecta  de la ley sustancial y que, una vez analizado  frente  al  restante  sustento  probatorio  de  la  sentencia,  impida  que esta  mantenga lógicamente su vigencia.   

En           conclusión,  el  cargo  formulado  por el  demandante  adolece de una indebida fundamentación, motivo por el cual, como ya  se  anunció,  la  Corte  dispondrá  su  indamisión  sin  que, por otra parte,  observe  razones  que ameriten superar las falencias reseñadas para cumplir con  algunos de los fines del recurso extraordinario.   

3. Acotación final.  

Toda vez que contra la decisión de inadmitir  la   demanda   de   casación   procede  el  mecanismo  de  insistencia  según  lo  establece  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es  necesario  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite que ha de  regir  ese  instituto  procesal,  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha fijado los  siguientes                lineamientos1:   

a) La insistencia es  un  mecanismo  especial  que sólo puede ser promovido por el demandante, dentro  de  los cinco días siguientes a la notificación del auto pro medio del cual la  inadmite  la  demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decidido.  También  podrá  ser  promovido  oficiosamente  dentro del mismo  término   por   alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación      Penal      –siempre      que     el     recurso     no   hubiera     sido     interpuesto    por     el    Procurador  Judicial–,  el   Magistrado    disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado  voto  en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la  demanda,  o  bien  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia, someter  el  asunto  a consideración de la Sala o no hacerlo, evento este último que se  informará al peticionario en un plazo de quince días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del   proceso   Darcio          Antonio          Serna         Córdoba.   

SEGUNDO:  De conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de  la  Ley  906 de 2004, contra la determinación adoptada en el numeral primero de  esta    providencia    es    viable   la   interposición   del   mecanismo   de  insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                            JOSÉ  LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ               

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ             

                                                                                                             

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                      MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                                                                                                       Permiso   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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