36683(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     nº  36683   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 225.  

Bogotá,  D.C.,  seis  de  julio  de  dos mil  once.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado ALEJANDRO  SALAS  CHAVERRA,   contra  el  fallo de segunda instancia que profiriera el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  fechado  el  23  de  febrero  de 2011,   mediante  el  cual  confirmó  integralmente la sentencia emitida por el Juzgado  21   Penal del Circuito de esa ciudad el 13 de agosto de 2010, condenando a  su  representado  legal  a   la  pena  principal  de sesenta y dos meses de  prisión,  multa  por la suma de $965.000 e inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por lapso igual a la sanción aflictiva de la  libertad,  en  calidad  de  autor  de los delitos de peculado por apropiación y  falsedad   ideológica  en  documento  público.  Además,  se  obvió  condenar  por   perjuicios  materiales y morales; se negó al acusado el subrogado de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  pero se le  favoreció   con   la   prisión   domiciliaria;  y  se  decretó  cesación  de  procedimiento  por  el  concurso  de  delitos  de  estafa,  también  objeto  de  acusación,  dado que no se cumplió con el requisito de procedibilidad referido  a la querella.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en la sentencia de segundo  grado, del siguiente tenor:   

“Entre  el  18 de abril y el 18 de mayo de  2005,  el  señor  Alejandro Salas Chaverra, cuando se desempeñaba como Jefe de  Oficina  ADPOSTAL  del  barrio  La América de esta ciudad (Medellín, aclara la  Sala),  se  apropió   de  la  suma  de $2.299.100.oo de la liquidación de  encomiendas  al  exterior  realizadas  durante  dicha  época.  Para efectuar lo  anterior,  el  señor  Salas Chaverra le cobraba al cliente el valor correcto de  la  encomienda  que  enviaba  y  en la contabilidad hacía obrar una copia de la  factura  con  valor diferente, deshaciéndose del original. Fue así como de los  $2.299.100.oo,  $965.000.oo  dejaron de ingresar a  las arcas de la empresa  estatal  debiendo  hacerlo, mientras que lo restante, esto es, $1.334.100.oo, se  cobró indebidamente a los usuarios del servicio.”   

DECURSO PROCESAL  

El  13  de  junio  de  2005,  la  Jefe de la  Sección  de Gestión y Control de ADPOSTAL en la ciudad de Medellín, presentó  denuncia  penal  en  contra del Jefe de la Oficina de la entidad en el barrio La  América  de  la ciudad de Medellín, dado que advirtió apropiaciones de dinero  de pago de encomiendas, por la suma de $2.299.100.   

El  15  de  junio  siguiente la Fiscalía 63  Local de Medellín, dispuso la apertura de investigación previa.   

Luego  de  ampliarse  la denuncia y allegada  prueba  de  carácter  documental,  el  21  de  julio  de 2005, la Fiscalía 105  Seccional  de  Medellín, abrió formal instrucción y dispuso vincular mediante  indagatoria a ALEJANDRO SALAS CHAVERRA.   

El  11  de  agosto  de  2005,  tuvo lugar la  diligencia  de  indagatoria.  A  tono  con ello, el 21 de septiembre de 2005, se  resolvió  la situación jurídica del procesado, absteniéndose la Fiscalía de  aplicar  en  su  contra  medida de aseguramiento “por  ausencia de necesidad de la misma”.   

El  7  de  febrero  de  2006, fue cerrada la  investigación.  Consecuentemente,  el  20  de  abril  de  2006, se calificó el  mérito  del  sumario,  profiriéndose  resolución  de  acusación en contra de  ALEJANDRO  SALAS  CHAVERRA,  en  calidad de autor de los delitos de peculado por  apropiación  (en  número  de 6), falsedad ideológica en documento público (8  conductas punibles) y estafa (7 ilicitudes).   

Como quiera que la defensa interpuso recurso  de  apelación, con fecha del 31 de enero de 2008, la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  de  Medellín,  emitió  resolución  de  segunda instancia en la cual  confirma sin objeciones lo decidido por el A quo.   

Ejecutoriada la resolución de acusación el  asunto  le fue repartido, para adelantar la fase del juicio, al Juzgado 21 penal  del  Circuito  de Medellín, oficina judicial que realizó la audiencia pública  de juzgamiento el 18 de febrero de 2010.   

La  primera  instancia  profirió  fallo  de  condena  el  13  de  agosto  de 2010, en decisión que fue impugnada, en recurso  sustentado por el defensor del procesado.   

Acorde con ello, el 23 de febrero de 2011, el  Tribunal  Superior  de  Medellín desató la alzada confirmando en su integridad  lo   decidido  por  el  A  quo,  en  fallo  que  ahora  es  objeto  del  recurso  extraordinario  presentado  por la defensa, el cual se examina en su corrección  argumental y fundamentación lógica.   

LA DEMANDA  

El  casacionista, quien actúa como defensor  del  procesado  ALEJANDRO SALAS CHAVERRA, presenta tres cargos, dos que dice por  errores de derecho y uno por supuesto error de hecho.   

    

1. Cargo primero     

Dice   el   recurrente   que  el  Tribunal  “Incurrió  en  ostensible  error  de  derecho en la  apreciación   de   la   prueba,  por  falso  juicio  de  existencia”.   

Para  desarrollar  el  cargo,  advierte  el  casacionista  que  en  el  proceso declaró el señor Pedro Alirio Llano Lozada,  quien  aseveró  haber  realizado  un  arqueo  a  la  oficina  regentada  por el  procesado,  luego del cual verificó la existencia de un faltante por la suma de  $187.410,  pero  ello  obedeció  a  un  mal  asiento  contable  consecuencia de  restarse dos veces un descuento de ventas.   

En sentir del recurrente con la declaración  en  cita  se  demuestra  que  su defendido no cometió el delito de “prevaricato  por  apropiación”, dado  que  el  faltante  monetario se explica claramente en un error contable, ajeno a  cualquier tipo de apropiación ilícita.   

En  punto  de  trascendencia,  asevera  el  impugnante  que  de  haberse  tomado  en  consideración  la  prueba en comento,  necesariamente   se   habría   desestimado  la  imputación  efectuada  por  la  Fiscalía,  en  cuanto  respecta  al  delito  cometido  contra el patrimonio del  Estado.   

    

1. Cargo segundo     

También dentro del marco del “error  de  derecho en la apreciación de la prueba, por falso juicio  de  existencia”,  el  casacionista  significa que el  Tribunal  dejó  de  considerar el testimonio rendido por el Gerente Regional de  ADPOSTAL,   así  como  la  declaración  del señor Pedro Alirio Llano, el  acta  en  la  cual  se  constriñó  a su representado legal para que pagara los  $187.000,  hallados  como faltante en el arqueo, y lo revelado en la ampliación  de  denuncia  por la señora Gloria Vergara, confirmando la exigencia de pago de  ese  faltante,  todo lo cual demuestra que el acusado fue objeto de persecución  laboral.   

    

1. Cargo tercero     

Señala  el  impugnante  que “El   Sentenciador  incurre  en  error  de  hecho,  en  cuanto  a  la  apreciación,    interpretación    y   sentido   de   las   pruebas”.   

En  sustento  de  su  tesis  el  impugnante  advierte  que  los  documentos  allegados al expediente lo fueron en copias, sin  cumplir  los  requisitos del artículo 259 (no especifica de qué normatividad),  en  cuanto,  no  se  trata  de  copias  auténticas  ni de originales, ni fueron  reconocidos en diligencia de inspección judicial.   

Por  lo demás, agrega el casacionista, esos  documentos  apenas  permiten  inferir  que  la diferencia contable no supera los  doscientos  cincuenta  mil  pesos, lo que faculta concluir que no existe soporte  respecto   a   la   totalidad  de  lo  que  se  le  endilga  al  procesado  como  apropiado.   

Se  pregunta  el  recurrente,  al  efecto:  “cómo hizo la Fiscalía para determinar el peculado  por  apropiación  de  $965.000,  si  los  valores relacionados en las presuntas  facturas    y    consignaciones    no    se   relacionaron   en   los   balances  presentados?”   

Finalmente, como colofón de todos los cargos  propuestos,  el  defensor  del acusado solicita que se case el fallo,  para  que  se  absuelva  a  este de los cargos de peculado por apropiación y falsedad  ideológica en documento público.     

C O N S I D E R A C I O N E S  

En primer término, debe hacerse hincapié en  cómo  la  Corte,  de  manera pacífica y reiterada ha advertido la necesidad de  que  la  demanda  de  casación  comporte  un  mínimo rigor lógico jurídico y  argumental,  pues,  no  se trata de hacer valer una especie de tercera instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primero  y  segundo  grados, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

         Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,   derivados  del compromiso de demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió el fallador, suficiente para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido  que,  de  no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         Y  se  advierte,  no  corresponden  las  exigencias  argumentativas  planteadas   en  la  ley  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  a  simples  reclamos  formales  o  de  estilo,  sino  a  la  perentoria necesidad de que el derrumbamiento de esa doble  condición  de  acierto  y  legalidad  que  rodea  los fallos de las instancias,  discurra  por  caminos  adecuados  de  claridad,  lógica  y sindéresis sin los  cuales,  sobra  recordar,  la discusión deviene en el simple debate de posturas  contrarias  e  interesadas, ya agotado con el proferimiento del fallo de segundo  grado.   

         Y  es ello lo que ocurre precisamente en la demanda que se examina,  pues,   ostensible  aparece  el  interés  del  impugnante  por  contraponer  su  particular  visión  de  lo  que  la  prueba  arroja,  a  la más autorizada del  Tribunal,  utilizando  las  causales   de  casación  aducidas   apenas   como  pretexto  para  cubrir la exigencia legal de precisar el tipo de violación y su  naturaleza,  pero  desviando  completamente  la fundamentación, al extremo que,  finalmente  se  impide  conocer  de  la  Corte  cuál  en concreto es el motivo de  inconformidad  del  casacionista, qué yerro específico se atribuye al Tribunal  o  cómo incide lógicamente  ello en la decisión final.   

         En  la  demanda  que  se  estudia,           el  recurrente,  por lo demás de manera  descontextualizada   y   equívoca,   con   absoluto  desconocimiento  de  los mínimos rigores lógicos que gobiernan cada una de las  causales  de  casación  reguladas  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  confunde   los  errores  de  derecho  con  los  de  hecho,  amalgamándolos  en  imposible  coincidencia  lógica,  para  luego  desarrollar  una  tesis no sólo  precaria  en  su  fundamentación,  sino  ausente de cualquier argumentación de  trascendencia.   

         Previo   a   examinar   de   manera   separada   cada  yerro  postulado,  así  en  todos ellos  se  advierta ostensible el  mismo   tipo  de  error  de  fundamentación,  estima  necesario  la  Sala,  evidente  como  se  hace  el  desconocimiento que tiene el  casacionista  de  los  mínimos  rigores  lógicos  que  gobiernan  el mecanismo  extraordinario  de  impugnación, recordar los criterios generales que signan el  cada uno de los cargos pasibles de presentar.   

         Atinente,   entonces,   a   la   violación   indirecta,   esto  se  dijo1   

“2.  En  efecto,  la violación indirecta de la ley sustancial, vía de  ataque  preferida  por  el  libelista  para  censurar el fallo de segundo grado,  está  ligada  a  la  materialización de vicios de naturaleza probatoria de dos  clases distintas: de derecho y de hecho.   

Los  errores  de  derecho  se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción  consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los   errores   probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

    

1. Cargo primero     

         Es  evidente  que si lo propuesto por el  demandante  es  que  dejaron  de considerarse pruebas  allegadas  de manera legal, regular y oportuna, la vía de ataque necesariamente  remite  al  error  de hecho por falso juicio de existencia por omisión, así lo  diga  propio de un completamente impertinente error de  derecho  que,  se  dijo  en  la  jurisprudencia  transcrita,  sólo opera cuando  se  otorga  valor  de tarifa probatoria a un elemento  que  no  la comporta –o al  revés-,  para  referenciar  el  falso juicio de convicción; o, en los casos en  que  se  otorga  legitimidad  a  una  prueba ilegal, o se le niega esa validez a  aquella   que   sí   la   apareja   –falso juicio de legalidad-.   

         En   el   caso   propuesto   por   el   demandante   es  claro  que  lo  postulado  apunta  a  señalar  que  a  pesar  de recogerse válidamente en el plenario un elemento de  juicio  pertinente,  este  no  fue  objeto de ningún  tipo  de  examen,  dentro de los presupuestos del falso juicio de existencia por  omisión.   

        Empero,    lo    argumentado    por    el   recurrente  se  ofrece,  cuando  menos,  contradictorio,  en tanto, no puede  pregonar  él  que  se  pasó  por  alto verificar lo dicho por el testigo Pedro  Alirio  Llano  Lozada,  vale  decir,  que  se omitió referirse a su testimonio,  cuando  previamente,  al  resumir  lo expuesto en sus fallos por las instancias,  textualmente  se  anotó en el escrito de demanda que la decisión proferida por  el  Ad  quem,  respecto a la documentación aportada, basó su fuerza probatoria  en   que:   “…fue   incorporada   mediante   la  declaración  testimonial de la denunciante que puede dar fe de la existencia de  esa  documentación” y de la declaración de Germán Vélez Agudelo, en lo que  se  relaciona con su recibo (folio 92 a 95) en lo que no hay discrepancia por lo  considerado  por  el  juez  y del testimonio de Pedro  Alirio   Llano   Lozada   quien   le  facilitó  las  facturas  de  venta  a  la  denunciante.”             (Las   negrillas   no   pertenecen  al  original).   

        Entonces,  si se reconoce expresamente que, en efecto, el Tribunal  consideró  la  declaración  del testigo, al punto de soportar una de las tesis  de  condena  en  ella,  mal  puede aducirse que se presentó el yerro propuesto,  esto   es,   un   falso   juicio   de   existencia   por  omisión,  por  obvias  razones.   

        Esa  sola  discrepancia  entre  lo  sucedido  y  lo  efectivamente  ocurrido,  representa  razón  suficiente para la inadmisión del cargo, dada la  inexistencia  absoluta  de  soporte fáctico para el  mismo.   

        Pero,  si  se  verifica  lo  consignado  por los falladores en las  decisiones  atacadas,  fácilmente  puede  advertirse  la  inconsonancia  de  lo  propuesto  por  el  recurrente,  dado  que  allí  se  hizo  amplia y suficiente  mención de lo testimoniado por Pedro Alirio Llano Lozada.   

        En  este  sentido,  para  referirnos  a  lo  dicho  por  el  A quo  –que    comporta  unidad   inescindible   con  el  fallo  de  segunda  instancia,  en  cuanto  recibió  íntegra  confirmación  del  Ad  quem-, en la  sentencia   se  hace  un  resumen  de  lo  sostenido  por  el  declarante  Llano  Lozada2.   

        Ya   luego,  cuando  se  analiza  la  conducta  del  procesado  y,  específicamente,  la forma como se descubrió el desfalco, de manera expresa se  hace  relación al arqueo efectuado por Pedro        Alirio        Llano3.   

        La   segunda   instancia,   como  lo  significó  expresamente  el  recurrente,  también  se  refirió  en  concreto  a  lo  dicho  por el testigo,  referenciando cómo entrego los recibos al investigador.   

        En   fin,  que  la  simple  lectura  objetiva  de  las  decisiones  atacadas,   permite  determinar  la  carencia  de  soporte  fáctico  del  cargo  propuesto por el recurrente.   

        Además,  para  cerrar  el tópico, esa manifestación que hace el  impugnante  en  torno  del  valor  que  debe  darse a lo dicho por el declarante  arriba  citado,  no sólo representa el típico alegato de instancia, interesado  en  ofrecer  un  cariz  favorable  a  la pretensión, sino que se revela  impertinente  y,  desde  luego,  carente de trascendencia,  pues, erradamente parte de la base de que la condena  por  el  delito  de  peculado  por apropiación se soporta en esa inconsistencia  contable  por  la  suma  de  $187.140,  detectada  en el arqueo realizado por el  señor          Llano          Lozada,   pasando   por  alto  que  la  referencia  efectuada  por  las  instancias a ese hecho es sólo accesoria, para  explicar  por  qué  fue  necesario  verificar facturas y consignaciones, en las  cuales sí se radicó el desfalco.   

        En  otras  palabras,  independientemente  de  cuáles  fueron  los  motivos   o   errores   contables   que  desencadenaron  la  detección  de  una  inconsistencia  por  la  suma  de  $187.149,  es  lo  cierto que la acusación y  posterior  condena  no toma en cuenta esa situación, sino  el hecho que el  procesado  cobraba  al  cliente  el  valor  real,  o  en  ocasiones  superior al  establecido,       obviaba       elaborar      la      factura      –o la eliminaba- y consignaba en los  asientos     contables     una    suma    inferior,    apropiándose    de    la  diferencia.   

        En  suma,  el  evidente  desacierto,  ora  en  la  argumentación,  típica  de  instancia, ya en la carencia de soporte fáctico de lo alegado, que  irradia el primer cargo planteado, obliga inadmitirlo.   

    

1. Cargo segundo     

        Similares  errores  de  fundamentación  a  los relacionados en el  cargo  primero,  acompañan  esta nueva crítica del impugnante, partiendo de la  inconsistencia  que  resulta  de  equiparar el error de derecho con el propuesto  falso juicio de existencia por omisión.   

        Además,    nunca   el   casacionista  redondea  su  tesis,  pues,  a  pesar  de  anunciar  que  la  prueba testimonial  demuestra  la  existencia de una supuesta persecución laboral emprendida contra  su  representado legal, elude significar la trascendencia que ello tuvo respecto  de  la  denuncia  y  el  posterior  fallo  de  condena,  en  tanto,  cabe decir,  si  efectivamente pudiera  demostrarse     esa     persecución,  no  necesariamente  implica  que  el  procesado no ejecutara las  conductas punibles por las cuales se le acusó.   

        Incluso,   el   mismo  demandante  parece  dar  la  razón  a  esa  inferencia   cuando   sostiene,   para  soportar  la  presunta  persecución, que en lugar de dar curso al  trámite  regular  acogido  por ADPOSTAL para los casos de supuesto desfalco, en  los  que  se  adelanta  una  investigación interna primero, la empresa decidió  denunciarlo penalmente, de entrada.   

        Desde  luego,  si  el casacionista advierte materializado el vicio  de  omisión  atinente  a que no se examinaron determinados elementos de juicio,  mal  puede  hacer  radicar  esa  violación  en lo dicho por la denunciante o el  gerente  de  la empresa, cuando a la par critica la validez y credibilidad que a  esos funcionarios dieron las instancias.   

        En  un  plano  eminentemente  lógico,  es evidente que si algo ni  siquiera  se  examinó,  no  es  posible hacer sobre ello alguna consideración,  valoración o análisis de credibilidad.   

        Entonces,  lo  que  pretende el recurrente es apenas entronizar su  particular  concepción  de  las  razones  que  motivaron la presentación de la  denuncia  en  contra  del  procesado,  obviando  referirse  a  los  elementos de  juicio que gobernaron la  determinación   de  responsabilidad  o,  cuando  menos,  las  argumentaciones    presentadas    por      las      instancias    para   advertir   digna   de  credibilidad esa denuncia.   

        Desconoce         la  Corte,  en  consecuencia,  por  qué es importante analizar el  tema  de  la  supuesta  persecución  laboral o cómo incide ello en las pruebas  recogidas para determinar la responsabilidad penal del acusado.   

        Por  tanto,  como  a  la  Sala,  so  pena de vulnerar el principio de imparcialidad, le está  vedado  suplir  tan  ostensibles limitaciones discursivas, necesariamente habrá  de inadmitirse el segundo cargo de la demanda de casación.   

    

1. Cargo tercero     

        El  recurrente,  que  dice advertir un error de hecho “en  cuanto  a la apreciación, interpretación y sentido de las  pruebas”, sin precisar a qué tipo de vulneración  se       refiere,      jamás      demuestra  ese supuesto yerro, pues, se  limita  a  relacionar lo  que  el  Tribunal sostuvo respecto a la validez de la  prueba  documental,  para después transcribir el artículo 259 de la Ley 600 de  2000,   concluyendo   de  allí,  sin  realizar  ningún  tipo  de  análisis  o  confrontación  argumentativa, que lo allegado por la denunciante, por lo demás  representante    legal    de    ADPSOTAL    para    el   efecto,   no   comporta  validez.   

        El     Tribunal,    conforme    lo    transcrito    por   el  demandante,  adujo  que  esos  documentos    fueron    presentados    por    la    funcionaria,     quien    da    fe    de    su    existencia,    además            recibieron  corroboración  de   Pedro  Alirio  Llano  y  Germán  Vélez  Agudelo,  y  jamás fueron  controvertidos por el recurrente.   

        Frente  a  ello  nada  dijo el impugnante, limitándose a señalar  que  se  trata  de  copias  de  recibos,  lo  cual en su sentir, controvierte lo  postulado  en  el artículo 259 del C. de P.P., norma examinada de forma aislada  y  descontextualizada,  a más que elude señalar cuál es el efecto concreto de  que    se   trate   de  copias  los documentos, o  siquiera,  cómo  ello  incide  en  la  prueba  recolectada  para  determinar la  responsabilidad  penal  del  procesado,  al punto de obligar modificar o revocar  esa decisión.   

        Las  manifestaciones  que  hace  el  demandante  en torno a lo que  contienen  los  documentos  o  cómo  debe  ser  evaluado ese contenido, ninguna  incidencia  tienen  en  sede  casacional, pues, no remiten a la demostración de  que  las  instancias,  en  el  examen  realizado,  incurrieron en algún tipo de  vicio,  única  forma, se repite, de derrumbar la doble presunción de acierto y  legalidad de que llegan revestidas las sentencias atacadas.   

        No   son   necesarias  mayores  precisiones,  dada  la  ostensible  impropiedad     de    lo    expuesto    por    el    recurrente,    emergiendo    inconcusa     la     inadmisión  no sólo del tercer cargo, sino de la  demanda  en su totalidad,  cuando,  a la par, también la verificación de todo lo actuado permite advertir  que  no  se  materializaron  circunstancias  que hagan  imperiosa la intervención oficiosa de la Corte.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el  defensor  del procesado ALEJANDRO  SALAS CHAVERRA.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Página  contiene  parte resolutiva y firma de 5 Magistrados   

Casación   N°   36.683   –Inadmite demanda-  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                        JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO  A.  CASTRO CABALLERO                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

Página  contiene  firma de 4 Magistrados   

Casación   N°   36.683   –Inadmite demanda-  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597   

2  Página 6 el fallo   

3  Página 12 de la sentencia     

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