35937(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n°  35937   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 225.  

Bogotá D.C., julio seis (6) de dos mil once  (2011).   

VISTOS  

La   Sala  acomete  el  examen  sobre  los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  sustentación  de  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   HÉCTOR  FABIÁN  PEÑALOSA  TORRES, contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá  el  3  de  diciembre de 2010, confirmatoria de la dictada el 3 de septiembre del  mismo  año  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  la  referida  ciudad,  por  cuyo  medio lo condenó como autor  penalmente  responsable del delito de acceso carnal abusivo con menor de catorce  (14) años.   

HECHOS  

En  la  mañana  del  20 de octubre de 2009,  aprovechando    que    María    Inés    Rodríguez  Hernández,  compañera  sentimental  del  procesado a  quien  le  era  confiado  el  cuidado  de  la menor víctima directa del delito,  salió    de    la    residencia,   HÉCTOR   FABIÁN  PEÑALOSA accedió carnalmente a la niña XXXX1,  de  cinco años de edad para  aquella época.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada el 6 de enero de 2010  ante  el  Juzgado Segundo Penal Municipal con funciones de Control de Garantías  de   Bogotá   se  dispuso  la  legalización  de  la  captura  de  PEÑALOSA  TORRES,  oportunidad en la cual  la  Fiscalía  le  imputó  la comisión del delito de acceso carnal abusivo con  menor  de  catorce  (14) años, agravado en razón de lo dispuesto en el numeral  2º  del  artículo  211  del estatuto punitivo, esto es, cuando “el  responsable  tuviere  cualquier carácter, posición o cargo que  le  dé  particular  autoridad sobre la víctima o la impulse a depositar en él  su confianza”, a la cual no se allanó.   

En  la  misma  diligencia  le fue impuesta a  instancia  del  ente  acusador  medida de aseguramiento de detención preventiva  sin derecho a libertad provisional.   

          El  11  de  marzo de 2010 se realizó la audiencia de acusación, en  cuyo  desarrollo  la Fiscalía insistió en los cargos que sustentaron la medida  de aseguramiento, los cuales no fueron aceptados por el procesado.   

La  fase  del  juicio  fue adelantada por el  Juzgado  Tercero del Circuito con funciones de conocimiento de Bogotá, despacho  que  una  vez surtido el debate oral profirió fallo el 3 de septiembre de 2010,  por   medio   del  cual  condenó  a  HÉCTOR  FABIÁN  PEÑALOSA  TORRES  a  la  pena principal de diecinueve  (19)   años   y  seis  (6)  meses  de  prisión  y  a  la  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo   lapso,   como   autor   penalmente  responsable  del  delito  objeto  de  acusación.   

Impugnado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior de Bogotá lo confirmó mediante sentencia del 3 de diciembre  de 2010.   

Contra  la sentencia del Tribunal la defensa  interpuso  recurso extraordinario de casación y allegó en tiempo el respectivo  libelo.   

LA DEMANDA  

El  libelista formula un cargo único contra  la  decisión  del  ad  quem,  “por  error  de  hecho  en  la  apreciación  de las  pruebas,  en  la  valoración  de  las  mismas y su interpretación, la falta de  valoración  de  todas  y  cada  una  de  ellas  en  conjunto  y  conforme a los  principios  de la sana crítica, causal que se pretende demostrar a la luz de la  falta  de  aplicación  del  Articulo (sic)  372,  380  y  381  de la Ley 906 de 2004, circunstancias que llevo  (sic) al funcionario fallador  de  Primera  Instancia  en  el  caso que nos ocupa a concluir en falso juicio de  raciocinio    (sic),   sin  permitirles  (sic) establecer  la   certeza   necesaria   sobre   la  agravación  de  la  conducta”.   

          Advera   que   “en   cada  uno  de  los  testimonios  recaudados,  y  demás  pruebas documentales alegadas al proceso se  podía  establecer  y  colegir  que  no  era  dable al Juez de Primera Instancia  aplicar,  atribuir  el  agravante  al  caso  que  nos  ocupa,  por  lo demás la  sentencia  y/o  fallo  no  tiene  un  soporte  factico  (sic),  de  hecho  ni  de  prueba  que  lo  llevara al  un (sic) juicio de raciocinio  equivocado”.   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto,  el  defensor  solicita a la Sala  “admitir   esta  demanda  de  casación”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  dilucidado la Sala que si bien la Ley  906  de 2004 no distingue entre recurso de casación por la vía común y por la  discrecional  en  cuanto se marginó la exigencia de la cantidad de pena máxima  del  delito  para  acceder  a  dicha  impugnación,  es claro que corresponde al  resorte   del  recurrente  demostrar  el  quebranto  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación  del recurso y demostrar la  necesidad  del  fallo de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  su  artículo  180, esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la unificación de la jurisprudencia, so  pena  de resultar inadmitida la demanda, según lo establece el artículo 184 de  la citada legislación adjetiva.   

         Ahora,  en  el  examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  es  deber  de  la  Sala  constatar  en la formulación y  desarrollo  de  las  censuras  el  acatamiento de las  exigencias    de    lógica    y    pertinente  demostración   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por   la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan  a  conseguir  la  presentación  de  los  libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia  en  la postulación y demostración de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  esto  es,  precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  reglada  de  orden  constitucional  y legal, develar o desentrañar el  sentido   de   confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación.   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  184  de la mencionada  normatividad  procesal  se  inadmitirá el libelo “si  el   demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se advierta que  no   se   precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso”.   

En  el asunto que concita la atención de la  Colegiatura  se  puede  constatar  que si bien el defensor plantea la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  no  se adentra a precisar las razones de su  disentimiento.   

En  efecto,  si la pretensión era denunciar  errores  en  la  ponderación  de  los  medios  probatorios  por  parte  de  los  falladores,  debía  identificar con exactitud el yerro, es decir, establecer si  cometieron  un  error  de  hecho  al  apreciar la prueba, bien sea porque pese a  obrar  en  el  diligenciamiento  no fue valorada (falso juicio de existencia por  omisión);  ya  porque sin figurar en la actuación se supuso su presencia allí  y  la  tuvieron  en  cuenta  en  su  decisión  (falso  juicio de existencia por  suposición);   ora   porque   al   considerarla   distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso juicio de identidad);  también,  cuando  sin  incurrir en alguno de los yerros referidos derivaron del  medio  probatorio  deducciones  contrarias a los principios de la sana crítica,  esto  es,  los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de  la experiencia (falso raciocinio).   

          O  indicar  si  se produjo un error de derecho, en cuanto se negó a  determinado  medio probatorio el valor conferido por la ley o le fue otorgado un  mérito  diverso  al atribuido legalmente (falso juicio de convicción), o bien,  porque  los funcionarios al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente como  legal  aunque  no  satisfacía  las exigencias señaladas por el legislador para  tener  tal  condición,  o  la  descartaron  aduciendo  de  manera equivocada su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley para su práctica o aducción (falso juicio de legalidad).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión)  debía  indicar  la prueba no valorada, cuál es la información  objetivamente  suministrada,  el mérito demostrativo al que se hace acreedora y  cómo  su  estimación  conjunta con el resto de elementos del acervo probatorio  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  del  fallo  censurado,  deberes  cuyo  cumplimiento no acometió.   

          Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses    de    su    procurado,    actividad    no    emprendida    por   el  casacionista.   

Si el objetivo era invocar un falso juicio de  identidad,  era  su  deber identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a  la  prueba, los efectos producidos a partir de ello y, lo más importante, cuál  es  la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo   del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación acreditar materialmente la incidencia del  yerro  en la falta de aplicación o la aplicación indebida de la ley sustancial  en  el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustancial de la sentencia  atacada  con  la  corrección del yerro y la debida valoración de la prueba, en  conjunto con las demás.   

Ahora, si el reclamo se encontraba dirigido a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder no asumido por el censor.   

Tratándose  de la postulación del error de  derecho  por  falso juicio de legalidad, era deber del recurrente identificar el  medio  probatorio  que  tacha  de  ilegal,  indicar  las disposiciones legales o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar la efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado; ora, debía el demandante comprobar la legalidad  de la prueba desechada por el juzgador.   

En  los dos eventos anteriores, también era  de  su  resorte  acreditar  la  trascendencia  del yerro en las conclusiones del  fallo,  esto  es,  demostrar  que  con  la marginación de la prueba que se dice  ilegal,  las  restantes pruebas conducen a una decisión sustancialmente diversa  de  la  atacada,  o  bien,  que con la incorporación del medio de prueba que el  actor  estima  legal,  las  conclusiones  son  distintas de las contenidas en la  sentencia impugnada.   

Igualmente,  si  tenía  el  propósito  de  plantear  un  falso  juicio  de  convicción,  era  su  obligación demostrar la  infracción  de  la tarifa de valoración dispuesta por el legislador, así como  su injerencia en el sentido del fallo, labor que tampoco acometió.   

Como viene de verse, es claro que en evidente  olvido  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad de la que se encuentra  revestido  el  fallo, el casacionista únicamente orientó su esfuerzo a exponer  en  forma  bastante  superficial,  inane  e  indemostrada  su visión global del  asunto  en  el  ámbito  de  la  ponderación  probatoria,  pero sin detenerse a  observar las reglas propias de este medio de impugnación.   

En suma, es claro que el censor no se sujetó  a   las  directrices  para  impugnar  el  fallo  condenatorio  proferido  contra  HÉCTOR  FABIÁN  PEÑALOSA,  olvidando  que  este  mecanismo impugnaticio extraordinario no fue dispuesto por  el  legislador  para  prolongar  el  curso  de  las  instancias  o para simple y  llanamente  exponer  el  criterio de los demandantes, sino para denunciar yerros  trascendentes  de  los  falladores en la aplicación de la ley sustancial, en la  ponderación  de las pruebas o en la guarda de la legitimidad del trámite, dada  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de la cual se encuentra revestida la  sentencia.   

Las  mencionadas  falencias  imposibilitan a  la   Sala   acometer   el  estudio  del  libelo,   pues   si   éste   no   corresponde   a   un   alegato  de  libre  confección,  su  presentación  con base en meros enunciados inexplicados  y  sin  atenerse  a  alguna  de  las  reglas  lógicas  y  argumentativas que lo  gobiernan,  obliga  a  la  Corporación  a  inadmitir la demanda de acuerdo con lo dispuesto en el artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, pues en virtud del principio de limitación propio  del  trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada para enmendar tales  equívocos.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías  del  acusado, como para adoptar la decisión de superar  los  defectos  de la demanda y decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º  del artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  HÉCTOR    FABIÁN    PEÑALOSA   TORRES    por    las    razones    expuestas    en   las   consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                        JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 No se  registra  el  nombre de la niña en aplicación del numeral 8º del artículo 47  del     Código     de     la    Infancia    y    la    Adolescencia.     

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