36685(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36685   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 331.  

Bogotá  D.C., septiembre catorce (14) de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

La Corporación acomete el estudio sobre los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  sustentación  de  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   IVÁN  JIMÉNEZ,  contra la sentencia de segunda instancia proferida por  el  Tribunal  Superior  de Bucaramanga el 4 de febrero de 2011, confirmatoria de  la  dictada en primera instancia por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la  misma  ciudad  el  13  de octubre de 2010, a través de la cual lo condenó como  coautor penalmente responsable delito de hurto calificado agravado.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio  fueron adecuadamente sintetizados en el fallo del Tribunal en los  siguientes términos:   

“Los   hechos  ocurrieron  en  la Vereda San Pablo del municipio de Lebrija el 14 de febrero de  2003  en  momentos  en  que  Luis  Felipe  Hernández,  trabajador de la empresa  INSERCO  S.A.  se  desplazaba  hacia  la  vereda antes mencionada al mando de la  retroexcavadora  Caterpillar,  modelo  428B  de  1994,  con motor No. 5HK202549,  número  de  serie  y  chasis  7EJ04222, con el objeto de cumplir un contrato de  arrendamiento de la máquina.   

“Empero,  Luis  Felipe  fue  despojado  de ésta por dos personas que lo intimidaron con arma de  fuego  y  lo  internaron  por  varias  horas en el monte, lugar que abandonó al  percatarse  que ya no era vigilado. Seis días más tarde la retroexcavadora fue  recuperada  en  la  finca  El  Porvenir del municipio santandereano de Sabana de  Torres,  donde  la  tenía trabajando Iván Jiménez, persona conocida desde los  inicios   de  la  investigación  como  aquella  que  realizó  el  contrato  de  arrendamiento   de   la   máquina   dando   el   nombre  de  Carlos”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con fundamento en la denuncia presentada por  Luis     Felipe    Hernández    López,  la  Fiscalía  Local  de  Sabana  de  Torres dispuso la correspondiente indagación preliminar,  para  luego  de  practicar algunas diligencias declarar abierta la instrucción.  La  Fiscalía Seccional de Bucaramanga vinculó mediante declaración de persona  ausente  a  IVÁN  JIMÉNEZ,  definiéndole  su situación jurídica con medida de aseguramiento de detención  preventiva  sin  derecho  a libertad provisional como posible coautor del delito  de hurto calificado agravado.   

Una  vez  concluida  la  investigación,  el  mérito  del  sumario fue calificado el 26 de octubre de 2006 con resolución de  acusación  en  contra  del  vinculado,  como  presunto  coautor  del delito que  sustento  la  medida de aseguramiento, amén del punible de porte ilegal de arma  de fuego de defensa personal.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga,  despacho  que  una vez  realizado  el  rito  dispuesto  por  el legislador, profirió sentencia el 13 de  octubre  de 2010, a través de la cual condenó a IVÁN  JIMÉNEZ  a la pena principal de ochenta (80) meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  como  coautor  penalmente  responsable del delito de hurto  calificado  y agravado. En la misma decisión lo absolvió por el punible contra  la seguridad pública.   

A  su  vez,  le  negó  tanto  la condena de  ejecución   condicional   como  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

          Contra   el   fallo   el   Tribunal  la  defensa  interpuso  recurso  extraordinario  de casación y allegó en tiempo el libelo correspondiente, cuya  admisión se examina en esta decisión.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  establecida  en  el  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, el  recurrente   advera  que  los  falladores  cometieron  errores de hecho por  falso  raciocinio  en la apreciación de las pruebas por indebida aplicación de  los  artículos  232,  238  y 277 de la referida legislación, y 239 y 240 de la  Ley 599 de 2000.   

En  el  desarrollo  del  cargo  afirma  que  “al  apreciar  la  prueba  testimonial  del  señor  ciudadano  IVAN  CORZO, y el reconocimiento fotográfico realizado por éste, al  igual  que  del  señor  ciudadano  Luis  Enrique  Montes,  determinantes  de la  sentencia  de  segunda  instancia,  a (sic)  mi  sentir  y  con mucho respeto, trasgredió los principios de la  sana  crítica,  como método de valoración probatoria, al fundamentarse en una  regla  de  la  experiencia  inexistente,  según  la cual el haber trascurrido 7  años  le  era  difícil reconocerlo en fila de personas, en un juicio a priori,  subjetivo  muy  apartado  de la prueba de reconocimiento en fila de personas del  día  10  de agosto de 2010. Determinante de la confirmación de la sentencia de  primera  instancia, trasgredió los principios de la sana crítica, como método  de  valoración  probatoria,  al  fundamentarse  en  una  regla  de  experiencia  inexistente,  según  lo  cual  el reconocimiento fotográfico es plena prueba y  creíble   testimonio  del  señor  ciudadano  Luis  Enrique  Montes”.   

          Luego  de  destacar  apartes  de  las  declaraciones de Luis  Enrique  Montes  Arias,  Luis  Felipe Hernández López, Iván  Corzo    y   Yonis   Erliz  Cuadro,   así  como  de  las  llamadas  telefónicas  contenidas  en  el  Informe  GEA No. 169 del 25 de septiembre de 2003 y lo dicho  sobre   el   particular   en   el  fallo  impugnado,  asevera  que  el  Tribunal  “aplico  (sic)  una  regla de experiencia inexistente, es decir dar credibilidad a  las   descripciones   físicas   de   estos  dos  ciudadanos,  en  perjuicio  de  (sic)   máxima   de   la  experiencia  según  la  cual, la prueba de reconocimiento fotográfico de Iván  Corzo,   y   la   declaración  del  deponente  Luis  Enrique  Montes,  que  son  testimoniales  deben apreciarse bajo los postulados de la sana crítica desde su  coherencia  intrínseca  y extrínseca en cuanto a las circunstancias de tiempo,  modo  y  lugar  detalladas  por  el  testigo  y  las  singulares  propias  de la  declaración”.   

          Más   adelante   señala  que  el  juez  colegiado  “no  aprecio  (sic)  lo  que  la  prueba en forma objetiva dice, porque parte de un supuesto a priori  equivocado,  esto es que las descripciones físicas dadas por los señores Iván  Corzo  y  Luis  Enrique  Montes,  son  coincidentes  y  no  es  tal verdad en la  apreciación  de  estas  manifestaciones  existe  (sic)  muchas diferencias entre las dos declaraciones, y como  estas  no  tuvieron  su respaldo o soporte legal en el reconocimiento en fila de  personas,  el  ad  quem  desconoce  en la práctica la argumentación probatoria  surge el error de raciocinio”.   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto,  el recurrente solicita a la Sala  casar  el  fallo  impugnado,  para  en su lugar proferir sentencia absolutoria a  favor   de   su   representado,  dando  aplicación  al  principio  in dubio pro reo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

De   tiempo   atrás  tiene  sentado  esta  Colegiatura  que en la calificación de las demandas de casación le corresponde  constatar  que los recurrentes formulen los reparos conforme a las exigencias de  lógica  y pertinente argumentación definidas por el legislador y desarrolladas  por  la jurisprudencia, a fin de que este recurso extraordinario no se convierta  en  una  instancia  adicional  a  las  surtidas.  Tales requisitos se orientan a  conseguir  demandas  enmarcadas dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  es decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Colegiatura  en  su  función  constitucional  y  legal  develar o desentrañar el sentido de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los impugnantes en  casación (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

Además,  según  el  artículo  213  de  la  mencionada  legislación  “si el demandante carece de  interés  o  la  demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

         Ahora,   como   el   censor  invoca  la  violación  indirecta  de la ley sustancial derivada de error de hecho por falso  raciocinio,  el cual tiene lugar cuando los falladores  derivaron  del  medio  probatorio deducciones contrarias a las reglas de la sana  crítica,  esto  es, los principios de la lógica, las leyes de la ciencia o las  máximas   de   la   experiencia,   era   su   deber  indeclinable  establecer  qué  dice  en  concreto la  prueba  indebidamente  ponderada,  qué  se  infirió  de  ella  en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el  fallo,  y  lo  más  importante,  indicar  su  consideración  correcta, identificar la  norma  de derecho sustancial que en forma indirecta  resultó  excluida  o indebidamente aplicada.   

A continuación debía el censor demostrar la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada  apreciación  de  aquella  prueba, con el deber de acreditar que la enmienda del  yerro  daría lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses  de  su  representado,  proceder que en este asunto no acometió en debida forma,  pues  se quedó en el simple enunciado del equívoco y en el planteamiento de su  personal percepción del asunto.   

Es claro que en el desarrollo del reproche el  casacionista  cuestiona  la  falta  de  aplicación de las que en su opinión se  erigen  en  “reglas  de  la  experiencia”,  sin  tener  en cuenta que éstas tienen una entidad definida y  no   corresponden   a  simples  percepciones  personales  de  quien  demanda  en  casación.   

Al  respecto  ha  dicho  la Sala1:   

“Las reglas de la  experiencia  se  configuran a través de la observación e identificación de un  proceder  generalizado  y  repetitivo  frente  a  circunstancias similares en un  contexto    temporo   –  espacial  determinado. Por ello, tienen pretensiones de universalidad, que sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones especiales que introduzcan cambios en sus  variables  con  virtud  para  desencadenar respuestas diversas a las normalmente  esperadas y predecibles.   

Así las cosas, las reglas de la experiencia  corresponden     al    postulado    ‘siempre   o  casi  siempre  que  se  presenta  A,  entonces,  sucede  B’,  motivo  por  el cual  permiten  efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los  primeros,  referidos a  predecir  el acontecer que sobrevendrá a la ocurrencia de una causa específica  (prospección)  y  los  segundos,  predicables de la posibilidad de establecer a  partir   de   la   observación   de   un   suceso   final  su  causa  eficiente  (retrospección)”.   

          Conforme  a  lo  anterior,  advierte la Corporación que el defensor  procede  de  manera  desordenada  a cuestionar las pruebas de cargo y a enunciar  supuestas   “reglas  de  la  experiencia”,  pero no explica por qué sus postulados tienen tal condición,  y  de  qué  manera  fueron  quebrantados  de  manera  trascendente  en el fallo  atacado,  circunstancia  por  la  cual  se  advierte que su escrito no guarda el  debido  rigor  en  la proposición y desenvolvimiento del reparo, quedándose en  la  simple  exposición  de  su  percepción  personalísima  sobre el caso, sin  identificar  los  pilares  del  fallo  y  encaminar  su  esfuerzo  argumentativo  demostrativo a derruirlos.   

Además,   si   bien  el  actor  considera  vulnerados  indirectamente  los  artículo 232, 238 y 277 de la Ley 600 de 2000,  encuentra  la Sala que dichos preceptos no tienen la condición de sustanciales,  en  cuanto no definen conductas delictivas o hacen referencia a la punibilidad o  a  la  responsabilidad,  sino  que sólo tienen la virtud de servir como medio o  instrumento  para arribar a los fines de las disposiciones sustantivas, falencia  que  se  desentiende  de la preceptiva contenida en el numeral 1º del artículo  207  de  la  referida  normativa  procesal, según la cual, la casación procede  “cuando   la   sentencia   sea  violatoria  de  una  norma     de     derecho    sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta    inexcusable    (numeral    3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más  para advertir  incorrecciones   lógicas   y   de   fundamentación  en  la  presentación  del  cargo.   

También  se  tiene  que  como  el  defensor  reclama,  sin  más,  la  aplicación  del principio in  dubio  pro  reo, era necesario que señalara la vía de  su  impugnación,  esto  es, si se trataba de violación directa o indirecta. Si  postulaba  la  primera, le correspondía demostrar que el fallador reconoció en  las   consideraciones   de   la  providencia  atacada  la  existencia  de  dudas  trascendentes  de  imposible eliminación sobre la materialidad de la conducta o  la  responsabilidad del procesado y, pese a ello, profirió sentencia de condena  con  exclusión evidente de la disposición normativa que contiene el principio,  cuando le correspondía en consonancia con su exposición absolver.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

Las mencionadas falencias imposibilitan a la  Sala  acometer  el estudio del libelo, pues si éste no corresponde a un alegato  de   libre   confección,   su   presentación  con  base  en  meros  enunciados  inexplicados  y  sin  atenerse  a alguna de las reglas lógicas y argumentativas  que  lo  gobiernan,  obliga  a la Corporación a inadmitir la demanda de acuerdo  con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

         Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,   violación   de   derechos   o  garantías  del  acusado,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le  confiere   el  legislador  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

En  mérito de lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del procesado IVÁN  JIMÉNEZ  conforme  a  las  razones  expuestas.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Sentencia del 28 de septiembre de 2006. Rad. 19888.     

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